Josué 22:1-9
22:1 Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas, y a la media tribu de Manasés,22:2 y les dijo: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado.
22:3 No habéis dejado a vuestros hermanos en este largo tiempo hasta el día de hoy, sino que os habéis cuidado de guardar los mandamientos de Jehová vuestro Dios.
22:4 Ahora, pues, que Jehová vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como lo había prometido, volved, regresad a vuestras tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo de Jehová os dio al otro lado del Jordán.
22:5 Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma.
22:6 Y bendiciéndolos, Josué los despidió, y se fueron a sus tiendas.
22:7 También a la media tribu de Manasés había dado Moisés posesión en Basán; mas a la otra mitad dio Josué heredad entre sus hermanos a este lado del Jordán, al occidente; y también a éstos envió Josué a sus tiendas, después de haberlos bendecido.
22:8 Y les habló diciendo: Volved a vuestras tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, con oro, y bronce, y muchos vestidos; compartid con vuestros hermanos el botín de vuestros enemigos.
22:9 Así los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, se volvieron, separándose de los hijos de Israel, desde Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de sus posesiones, de la cual se habían posesionado conforme al mandato de Jehová por conducto de Moisés.
JOSUÉ DESPIDE A LAS TRIBUS ORIENTALES
Buenos días. En nuestro pasaje bíblico de hoy aprenderemos cómo Josué despide a las tribus orientales para que regresen a casa. Después de haber terminado de repartir las heredades a todos los israelitas —incluyendo las ciudades de los levitas—, Josué finalmente despide a los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, a quienes Moisés les había dado su heredad al lado oriental de Jordán. Los despide con una bendición y una amonestación que podemos leer en nuestros versículos clave: “Ahora, pues, que Jehová vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como lo había prometido, volved, regresad a vuestras tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo de Jehová os dio al otro lado del Jordán. Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma.” (vv. 4-5).
En esta amonestación podemos ver la preocupación de Josué por el regreso de las tribus orientales a casa: al estar separados físicamente de sus hermanos occidentales y del tabernáculo en Silo, corrían el riesgo de descuidar a Jehová, Sus caminos y Sus mandamientos. Esto es un reflejo de la importancia de la comunión en la iglesia y los peligros de separarnos de ella. Por eso el autor de la Epístola a los Hebreos nos amonesta también: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:25). Yo oro para que a través de este mensaje seamos amonestados a mantener la comunión con Dios, no solo en la iglesia sino también en nuestros hogares. Amén.
Lamentablemente hoy en día hay muchos que profesan ser cristianos, pero su fe parece limitarse al domingo: alaban al Señor solo en la iglesia, abren la Biblia solamente aquí y se acuerdan de sus hermanos mientras están juntos. Pero el resto de la semana ni oran, ni leen la Palabra, ni meditan en lo aprendido, ni lo aplican, ni recuerdan a sus hermanos, ni testifican de Cristo. Lamento decir que los que viven así no son cristianos realmente, aunque vengan a la iglesia todos los domingos (que tampoco lo hacen), ni aunque ofrenden o diezmen. El verdadero discípulo de Jesús ama a Dios todos los días, anda en Sus caminos y guarda Sus mandamientos.
Yo oro para que cada uno de nosotros sea un verdadero cristiano: que amemos a Jehová nuestro Dios de todo nuestro corazón, de toda nuestra alma, de toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; que busquemos Su rostro cada día en oración y en la Biblia; que meditemos Su Palabra con arrepentimiento al escribir fielmente nuestros testimonios bíblicos cada semana; que no dejemos de congregarnos, sino que anhelemos cada semana estar aquí para adorar y servir junto a nuestros hermanos. Y que al vivir así seamos testigos de Cristo dondequiera que vayamos y el Señor no use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- Josué elogia su fidelidad pasada y les permite regresar a casa (1-4)
Leamos juntos los vv. 1-3, por favor. Después de haberse repartido todas las heredades a cada tribu ― incluyendo las ciudades de los levitas― cumpliendo así Jehová con todo lo que había prometido, Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas, y a la media tribu de Manasés —aquellos que habían recibido su heredad al oriente del Jordán— y elogió su fidelidad al compromiso que habían adquirido con Moisés y con él.
En Núm. 32, Moisés accedió a darles como heredad el territorio del lado oriental del Jordán porque ellos prometieron: “y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar; y nuestros niños quedarán en ciudades fortificadas a causa de los moradores del país. No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad.” (Núm. 32:17-18). Así, ellos recibieron sus heredades de aquel lado del Jordán y establecieron allí sus familias, bajo el compromiso de cruzar el río con sus hermanos y ayudarles a conquistar la tierra de Canaán.
Entonces, al comienzo de su ministerio, Josué les recordó este compromiso: “Acordaos de la palabra que Moisés, siervo de Jehová, os mandó diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra. Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados quedarán en la tierra que Moisés os ha dado a este lado del Jordán; mas vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y les ayudaréis, hasta tanto que Jehová haya dado reposo a vuestros hermanos como a vosotros, y que ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les da; y después volveréis vosotros a la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés siervo de Jehová os ha dado, a este lado del Jordán hacia donde nace el sol; y entraréis en posesión de ella.” (Jos 1:13-15). “Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés.” (Jos 1:16-17).
Y luego los vimos cruzando el Jordán con sus hermanos: “También los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron armados delante de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho; como cuarenta mil hombres armados, listos para la guerra, pasaron hacia la llanura de Jericó delante de Jehová.” (Jos. 4:12-13). Se quedaron peleando junto con sus hermanos, sin regresar a su casa, todo aquel tiempo, unos siete años, cumpliendo fielmente su compromiso. Por eso Josué les dice con gratitud en el v.2: “Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido mi voz en todo lo que os he mandado.”
Leamos ahora juntos el v.4, por favor. Ahora, como ellos han cumplido su compromiso y Jehová ha cumplido Su promesa dándoles reposo a sus hermanos, Josué los despide para que regresen a sus casas con sus familias después de todo ese tiempo. ¿Se imaginan pasar siete años lejos de su familia sirviendo el propósito del Señor? Pues ellos lo hicieron fielmente, cumpliendo su compromiso delante del Señor. Por eso Josué los elogia.
Yo vine como misionero a Panamá unas semanas antes que María y Victoria, y fueron unas semanas muy difíciles porque las extrañaba muchísimo, aunque hablaba por videollamada con ellas todos los días. Aunque suene exagerado, en ese tiempo llegué a temer que Victoria se olvidase de mí porque no me veía a diario. No puedo ni imaginar cómo sería para los rubenitas, gaditas y Manasés Oriental. Pero a veces el Señor nos llama a hacer ciertos sacrificios de obediencia para Su obra, y así experimentamos Su bendición y crecimiento espiritual.
Aunque ahora tengo a mi esposa y mis hijas aquí, mi mamá, mi hermano y mis sobrinos están en Venezuela. La última vez que fuimos allá en el 2021, mi mamá lloró al ver a sus nietas tan grandes y no poder compartir mucho con ellas. Lo mismo pasa con la familia de María: su mamá, su papá y sus hermanos. Es un gran sacrificio estar tan lejos de nuestras familias, pero sabemos que estamos haciendo la voluntad del Señor y por eso nos regocijamos. Puede que algunos de ustedes también estén sacrificando tiempo con sus familias los domingos porque ellas no vienen a la iglesia. Pero si entendemos que esta es la voluntad del Señor y que podemos agendar nuestro tiempo con ellos después del Culto Dominical, podemos gozarnos en Él y participar de Su bendición. Además, nuestra fidelidad al guardar el Día del Señor puede ser un ejemplo para ellas y moverlas a venir también.
La M. María experimentó algo similar en su vida. Ella estudiaba en la Universidad Central de Venezuela en Caracas, pero su familia vive fuera de Caracas, en un pueblo llamado Araira (sería más o menos como estudiar en la Universidad de Panamá y vivir en Capira). Así que ella tuvo que mudarse a Caracas y viajaba los fines de semana para pasar tiempo con su familia. Pero cuando conoció a Cristo, tenía que regresarse los sábados a UBF Caracas y pasaba menos tiempo con su familia. Sin embargo, eventualmente toda su familia comenzó a venir a la iglesia también, y así pudieron compartir allí. Yo oro para que ustedes también tengan este compromiso con el Señor, y que sus familias puedan venir y compartir con nosotros aquí la gracia y el amor de Dios. Amén.
II.- Josué les amonesta a la fidelidad futura y les despide con bendición (5-9)
Leamos juntos el v.5. Al despedirlos, Josué expresó su preocupación por la separación física de las tribus orientales del resto de sus hermanos y del tabernáculo en Silo. Por eso los amonestó con urgencia a que continuaran siendo diligentes en cumplir la ley que Jehová había ordenado por medio de su siervo Moisés. La lejanía de la congregación y de la comunión con los hermanos aumenta significativamente el riesgo de que un creyente se extravíe del camino de la fe. Por el contrario, la cercanía a la congregación aumenta la probabilidad de que permanezca en comunión con el Señor y viva conforme a la voluntad de Dios.
Miren el ejemplo de la iglesia primitiva: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” (Hch. 2:44-47). La voluntad de Dios era que permanecieran juntos y en comunión constante, testificando a su comunidad de tal manera que Él añadiera cada día a los que habían de ser salvos.
Por esta razón existen las iglesias locales: la idea es que en cada comunidad haya un lugar donde los vecinos puedan adorar juntos los domingos y servirse mutuamente durante toda la semana. Lamentablemente, por las divisiones en la iglesia visible y por el pecado humano, en muchas comunidades no hay iglesias doctrinalmente sanas o estas no están cumpliendo adecuadamente su función. Como resultado, la comunidad no vive en comunión, no adora unida ni se sirve según el llamado del Señor.
Por otro lado, existen ministerios con un llamado más específico, como el nuestro, que está enfocado en la misión universitaria. Nuestro enfoque no está en la comunidad residencial alrededor, sino en la comunidad universitaria —muchos de cuyos miembros viven lejos del campus, lo que dificulta la comunión y el servicio mutuo. Este es un caso muy similar al de las tribus orientales: separadas de las occidentales y del tabernáculo por el río Jordán y varios días de camino. Entonces, ¿qué les amonesta Josué que deben hacer mientras están en sus casas, lejos del santuario?
Leamos nuevamente el v.5b. Los verbos que describen lo que las tribus orientales debían hacer para mantener su relación con Dios y guardar Su ley forman una secuencia muy intencional y progresiva. No son una lista aleatoria de acciones, sino que se construyen unos sobre otros, describiendo una relación completa y creciente con Jehová. Veámoslos con detalle y aprendamos cómo se aplican también a nuestra propia vida.
Primero, que améis a Jehová vuestro Dios. Este es el punto de partida y el fundamento de todo. Josué evoca directamente el gran mandamiento de Moisés en Deu. 6:5: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” Sin amor genuino a Dios no hay comunión real posible. Amar a Dios no es solo un sentimiento pasajero o una emoción tibia; es una decisión consciente, activa y total: ponerlo en primer lugar por encima de todo —familia, trabajo, placeres—. Cuando Jesús fue preguntado cuál era el mandamiento más importante, respondió exactamente lo mismo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.” (Mat. 22:37-38). Esto sigue siendo fundamental para nosotros hoy.
Y así como para tener una relación profunda con otra persona necesitamos pasar tiempo con ella y conocerla, para amar a Dios necesitamos pasar tiempo con Él y conocerlo mejor cada día. Esto lo hacemos principalmente a través de la oración y del estudio de la Biblia. De ahí que en nuestro ministerio tengamos el Pan Diario y los estudios bíblicos como herramientas que nos ayudan a conocer a Dios más íntimamente y a amarle cada día con mayor profundidad. Aunque en la semana no estemos congregados físicamente en la iglesia, podemos —y debemos— profundizar nuestro amor a Dios en nuestros hogares, tal como las tribus orientales debían aprender a amarle en sus casas al otro lado del Jordán, lejos del tabernáculo en Silo.
¿Estás amando a Dios de esta manera? ¿Es Él la prioridad en tu vida? ¿Estás pasando tiempo con Él a través de la oración y el estudio bíblico?
Segundo, y andéis en todos sus caminos. Aquí “andar” se refiere a la forma en la que vivimos y nos conducimos en la vida diaria. Cuando realmente amamos a Dios, nuestro comportamiento, decisiones y hábitos cotidianos se alinean con Su voluntad porque deseamos agradarle. Es como cuando estás enamorado de una persona: procuras evitar lo que le molesta y buscas hacer lo que le agrada. De la misma manera, si amamos a Jehová, viviremos como Él quiere que vivamos: haciendo lo que le agrada.
Las tribus orientales no debían adoptar el estilo de vida de las naciones que las rodeaban, sino seguir el camino que Dios había ordenado para Su pueblo santo. Igual nosotros: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2). No debemos vivir como el mundo vive, sino hablar, actuar y decidir como Jesús lo haría en nuestro lugar. ¿Estás andando así en tu hogar, trabajo o estudios?
Tercero, que guardéis sus mandamientos. Si amamos a Dios y andamos en Sus caminos, entonces guardaremos Sus mandamientos. Guardar la Palabra no es solo cumplir reglas por obligación, sino atesorarla y obedecerla como expresión externa de nuestro amor. Es la prueba visible de que amamos al Señor y andamos en Sus caminos. Como dijo Jesús a Sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Jua. 14:15). Y más adelante añade: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama” (Jua. 14:21). Si no estamos guardando Sus mandamientos en la vida diaria, entonces no estamos amando a Dios ni andando en Sus caminos como Él desea. ¿Estás tú obedeciendo los mandamientos del Señor en tu vida diaria?
Cuarto, y le sigáis a él. El verbo hebreo aquí implica aferrarse a Él personalmente: lealtad absoluta, dependencia total y una relación cercana e íntima con Dios. Cuando le amamos, vivimos conforme a Su voluntad y obedecemos su Palabra, entonces tenemos una relación cercana con Él y mostramos nuestra dependencia de Él. Esto es exactamente lo que Jesús enseñó en la parábola de la vid y los pámpanos: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Jua. 15:5). Las tribus orientales debían aferrarse a Jehová incluso al regresar a sus hogares lejanos; nosotros debemos hacer lo mismo: permanecer en Él cada día para dar fruto abundante. ¿Estás tú pegado a Jesús en tu vida diaria? ¿Le sigues cada día?
Quinto, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma. Cuando vivimos todo lo anterior —amando, andando, guardando y aferrándonos—, esto culmina en servirle con entrega total. Para las tribus orientales, el servicio se limitaba a sus ofrendas, su vida diaria y ayudar a su prójimo en sus hogares —no podían servir en el santuario, reservado para sacerdotes y levitas. Pero nosotros, por la gracia del Señor, tenemos el privilegio de servirle de muchas formas tanto en nuestra vida diaria como en la iglesia. Como hemos aprendido en nuestro versículo clave de UBF Panamá de 2026, debemos presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es nuestro culto racional (Rom. 12:1). ¡Nuestra vida entera debe servir al Señor!
¡Amemos a Jehová con todo nuestro corazón, de toda nuestra alma, de toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas! ¡Vivamos cada día conforme a Su voluntad, tomando cada decisión a la luz de Su Palabra! ¡Obedezcamos todos Sus mandamientos! ¡Aferrémonos a Él y sigámosle! ¡Sirvámosle de todo corazón! ¡Amén!
Leamos ahora juntos los vv. 6-7, por favor. Después de amonestarles solemnemente, Josué los despidió con bendición, y ellos se fueron a sus tiendas para prepararse para emprender el camino de regreso a sus hogares al otro lado del Jordán. Pero el v.7 nos aclara que no solo las tribus orientales fueron bendecidas y enviadas, sino que también la otra mitad de Manasés, la occidental, recibió la misma bendición de Josué antes de regresar a sus propias heredades en este lado del Jordán.
Leamos juntos el v.8, por favor. Jehová bendijo la fidelidad de estas tribus con muchas riquezas materiales: mucho ganado, plata, oro, bronce y gran cantidad de vestidos, todo obtenido como botín de guerra. Así que, antes de partir, Josué les exhortó a compartir estas bendiciones con sus hermanos al otro lado del Jordán —aquellos que se quedaron en sus hogares: jóvenes, ancianos y los que no eran aptos para la batalla. Vemos nuevamente esta hermosa lección: a quienes Dios ha bendecido abundantemente, les pide que sean generosos y compartan con otros. Seamos, pues, generosos, y compartamos con otros las bendiciones materiales y espirituales que Dios nos ha dado.
El pasaje bíblico cierra en el v.9 con las tribus orientales —Rubén, Gad y la media tribu de Manasés— apartándose físicamente de sus hermanos en Silo y regresando a sus hogares al otro lado del Jordán. Así como ellos partieron, cada uno de nosotros regresará hoy a sus hogares: algunos más cerca, otros más lejos. Pero sin importar la distancia, yo oro para que cada uno de nosotros haya recibido hoy esta amonestación de parte de Jehová. Que sin importar donde estemos — en el hogar, en el trabajo, en la universidad o en cualquier lugar— que cada día le amemos de todo corazón, andemos en todos Sus caminos, guardemos Sus mandamientos, le sigamos a Él y le sirvamos de todo nuestro corazón y de toda nuestra alma. Y que al vivir así, el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[1.Mar.2026]_Dominical-UBF-Panamá_(JOS_22..1-9)-Mensaje.pdf
|
|
[23.Feb.2026]_Dominical-UBF-Panamá_(JOS_22..1-9)-Cuestionario.pdf
|
¿Desea ver el cuestionario asociado a este mensaje?
Ver CuestionarioFOROS UBF ESPAÑOL
-
P. Verónica Ramírez (SV)
( 18 de diciembre de 2020 )
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...