Daniel 6:1-10

6:1 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino.
6:2 Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas diesen cuenta, para que el rey no fuese perjudicado.
6:3 Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino.
6:4 Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él.
6:5 Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios.
6:6 Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey, y le dijeron así: ¡Rey Darío, para siempre vive!
6:7 Todos los gobernadores del reino, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones.
6:8 Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada.
6:9 Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.
6:10 Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.

DANIEL, UN VERDADERO HOMBRE DE FE


Buenos días. Generalmente, cuando pensamos en un hombre de fe, pensamos en alguien que le ha creído a Dios incluso en circunstancias imposibles. Y si bien esto es cierto en la mayoría de los casos, un verdadero hombre de fe no es simplemente alguien que tiene fe en medio de circunstancias desesperantes, sino que es alguien que tiene fe en Dios cada día, y cuya fe se manifiesta en su integridad y su devoción diaria a Dios. Quizás usted no vaya a ser amenazado de muerte por su fe, o no enfrente una cruel persecución, o no tenga que manifestar una fe extraordinaria en Dios para que lo libre sobrenaturalmente de una situación muy difícil; pero usted puede manifestarse como un verdadero hombre de fe o una verdadera mujer de fe en su vida cotidiana. Esta es la lección que aprenderemos hoy a través de este pasaje bíblico.

Si bien hemos visto la gran decisión de fe que Daniel y sus amigos tomaron al llegar a Babilonia y la fe de ellos que no se desesperaron ni traicionaron a Jehová a pesar de las amenazas de muerte de Nabucodonosor, en este pasaje bíblico de hoy vamos a ver que lo que hacía a Daniel un verdadero hombre de fe no era esos impresionantes episodios de su vida, sino su integridad y su comunión diaria con Dios. Nosotros también podemos llegar a ser verdaderos hombres y mujeres de fe, si tenemos una comunión diaria con Dios y actuamos con integridad cada día de nuestras vidas. Yo oro para que podamos vivir santa y piadosamente en medio de esta generación pecadora, por medio de obedecer cada día la Palabra de Dios y de tener una vida de oración profunda con Dios. Y que, al vivir de esta manera, Dios nos pueda usar para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

I.- La vida íntegra de Daniel (1-4)

Leamos juntos el vv. 1-3 por favor. La semana pasada aprendimos cómo Dios sentenció el fin de Belsasar y del Imperio Neobabilónico a manos de Darío el medo, a causa de la sobreabundancia de pecado que hubo en el banquete del rey. Belsasar fue asesinado y su reino fue entregado a Media y Persia por decreto divino. Y a pesar de que Daniel fue nombrado como tercer señor de Babilonia, Jehová preservó su vida, y Daniel serviría también en la corte real medopersa. Ahora en este capítulo vemos cómo fue el inicio del reinado medopersa sobre Babilonia.

Darío el Medo gobernaba sobre Babilonia después de haberla conquistado, mientras Ciro el Persa, quien era realmente el emperador medopersa, se ocupaba de los asuntos en oriente. Para fortalecer su dominio y evitar una sublevación, Darío el Medo decidió dividir a Babilonia en 120 satrapías o provincias. Sobre cada una de las satrapías constituyó un gobernante o sátrapa para que las administrara, así como los gobernadores o alcaldes son constituidos en nuestro país para administrar las provincias o ciudades, de manera tal de atender las necesidades de la población y de administrar los bienes y recursos del gobierno. 

Sobre estos 120 sátrapas colocó el rey a tres gobernadores para que los fiscalizaran, tratando de evitar que éstos le robaran en sus administraciones. Uno de estos tres gobernadores era Daniel, a quién el rey estaba considerando poner incluso sobre los gobernadores, como primer ministro de Babilonia. Es interesante ver cómo un extranjero tenía una posición tan alta dentro del imperio. En realidad, Daniel debió haber sido asesinado junto con el resto de los babilonios de la corte real, pero Darío no lo mató, y un tiempo después está considerando colocarlo como segundo en el reino después de él. ¿Por qué Daniel llegó a ocupar semejante posición? Este pasaje bíblico nos da algunas características de Daniel que nos permiten responder esta pregunta.

Primero, Daniel estaba lleno del Espíritu Santo. Leamos nuevamente el v.3. Daniel era un hombre lleno del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios estaba sobre Daniel, de forma tal que él sobresalía en todo. Tenía mayor sabiduría y entendimiento que cualquiera de sus pares, porque no era una sabiduría ni entendimiento humano, sino que provenía de Dios por medio del Espíritu Santo. Santiago 1:5 dice: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” La sabiduría viene de Dios, y aquel que tiene una estrecha relación con Dios y le pide sabiduría, Éste se la da en abundancia. Este era el secreto de la superioridad de Daniel sobre sus pares. No es que Daniel fuese más inteligente que ellos, ni que tuviese mayores capacidades, sino que estaba lleno del Espíritu Santo.

Para destacar en nuestras vidas, necesitamos estar llenos del Espíritu Santo. Muchos se esfuerzan estudiando mucho para ser los mejores. Muchos se esfuerzan mucho en sus trabajos para tratar de destacar por encima de los demás, para agradar a sus jefes y ser promovidos. Pero todo lo que nos esforcemos no vale de mucho, si no estamos llenos del Espíritu Santo. Si solamente nos esforzamos, lo que lleguemos a alcanzar dependerá de la intensidad de nuestro esfuerzo y de nuestra capacidad. Pero si procuramos ser llenos del Espíritu Santo, el Señor en Su gracia puede ayudarnos a ir más allá de nuestras capacidades. 

No quiero que me malinterpreten. No estoy diciendo que no nos esforcemos para ser los mejores. Como cristianos siempre tenemos que esforzarnos para alcanzar la excelencia. Sin embargo, debemos esforzarnos confiando en Dios y buscando Su gloria y no la nuestra. Debemos esforzarnos en la gracia de Dios, dependiendo del Espíritu Santo, para que Él añada lo que nos falte y se glorifique a través de nosotros. Amén.

Segundo, Daniel era una persona íntegra. Leamos juntos el v.4. Daniel era un hombre de carácter. Su relación con Dios le había llevado a ser una persona fiel que respetaba las leyes y que no procuraba su interés personal perjudicando a otros. Daniel no vivía delante de los hombres, sino delante los ojos de Dios. Así que, aunque estaba en una posición donde podía tomar lo que no le pertenecía y enriquecerse del erario público, él no lo hacía, porque para él era más importante acumular riquezas en el reino de Dios que en la Tierra. Aunque estaba en una posición donde podía favorecer a otros, y tener muchos amigos en el imperio para asegurar su carrera política, él no lo hacía, porque para él su carrera espiritual era más importante que su carrera política. 

Aunque sus enemigos buscaron y rebuscaron para tratar de encontrar algo de qué acusarle, no encontraron nada porque Daniel era una persona completamente íntegra. Él no tenía ningún vicio, no tomaba de lo que no era suyo, no traficaba influencias, no se aprovechaba de su posición o privilegios. Todos los sátrapas y gobernantes hacían esto. Pero Daniel era completamente intachable en su trabajo. Siempre llegaba a tiempo a su puesto. Cumplía con todas las horas laborales que le correspondían. Hacía él mismo las tareas que le correspondían, en lugar de delegarlas en otros. Si cometía un error, asumía su responsabilidad, en lugar de tratar de dejar mal a otro. Era realmente una persona completamente íntegra e intachable.

 ¿Somos nosotros así? ¿Hacemos todo lo posible por llegar a tiempo a nuestro trabajo? ¿Cumplimos con nuestro horario laboral? ¿Hacemos todo lo que tenemos que hacer y aún más allá? ¿Asumimos la responsabilidad por nuestros errores o tratamos de inculpar a otro? ¿Tratamos bien a nuestros clientes y nuestros compañeros de trabajo? O, si alguien investiga con diligencia, ¿encontrará algo de qué acusarnos en nuestro trabajo o en nuestra vida personal? ¿Hemos tomado ventaja de nuestra posición o de nuestras funciones en nuestro trabajo para hacer algo o para tomar algo que no nos corresponde? Aunque yo trato de ser íntegro en mi trabajo, sinceramente, mis enemigos no tendrían que indagar demasiado para conseguir cosas en mi contra. Como confesó David en Sal. 51:3: “Mi pecado está siempre delante de mí”. Pero les puedo asegurar que ni mi jefa ni mis compañeros de trabajo tienen queja de mí, al contrario, tienen un alto concepto de mi profesionalismo por la gracia de Dios y para Su gloria. 

Como cristianos la gente no debería ni tener sospechas de nosotros de que estamos actuando mal. La gente debería vernos como personas confiables que, no importa lo que nos encarguen, cumpliremos fielmente sin buscar beneficiarnos de ello. Pero, por causa de nuestro pecado, esto es un poco difícil. Sin embargo, nuestra meta debe ser llegar a ser personas íntegras como Daniel, quien amaba a Dios de tal manera que no quería pecar contra Él en nada, al contrario, quería agradarle y glorificarle en cada área de su vida. ¿Quieren ustedes amar a Dios y glorificarle de esta manera? Entonces sean íntegros. Hagan el bien siempre que puedan. Trabajen excelentemente. Vivan honestamente; procurando el bien ajeno antes que el propio. Sean íntegros. 

II.- La vida de oración de Daniel (5-10)

Leamos juntos el v.5 por favor. ¿A qué consenso llegaron los gobernadores y los sátrapas? Ellos se dieron cuenta que no podían acusar a Daniel en cuanto a su trabajo o a su vida personal porque era una persona realmente íntegra e intachable. Así que decidieron buscar algo en su relación con Dios con qué acusarle. Ellos notaron la vida de oración de Daniel delante de Jehová. Tres veces al día, Daniel iba a su cámara y abría las ventanas que daban hacia Jerusalén, donde solía estar el Templo de Jehová, y oraba en esa dirección dándole gracias al Señor y pidiendo por sí mismo, por sus amigos, y seguramente por el rey, sus compañeros y sus subordinados. Así que los gobernantes y sátrapas, sabiendo esto, decidieron usarlo en contra de Daniel. 

Leamos ahora los vv. 6-9. Ellos fueron delante del rey y le propusieron emitir un edicto por medio del cual se prohibía durante treinta días demandar petición a otro dios u hombre, excepto al rey. Es decir, durante un mes, nadie podía pedirle nada a nadie, sino sólo al rey. El rey en su orgullo y soberbia se sintió agradado de la propuesta, porque eso lo convertía en el único dios durante treinta días, así que firmó y emitió el edicto. Según las leyes de Media y de Persia los edictos eran irrevocables. Ni siquiera el propio rey podía revocar el edicto que él había firmado.

El castigo que se propuso por pedir algo u orar a cualquier persona o dios fuera del rey durante los siguientes treintas días, era ser echado en el foso de leones hambrientos que tenía el rey. Es bien conocido que en aquella época se capturaban leones y se encerraban en jaulas para luego liberarlos y cazarlos. En textos asirios antiguos se atestigua que aquellos que quebrantaban pactos eran introducidos en jaulas con animales salvajes, instaladas en la plaza de la ciudad, para ser devorados públicamente. Quizá sería esta pena la que se estaba planteando aquí.

Leamos ahora juntos el v.10. Aquí vemos nuevamente la integridad y fidelidad de Daniel. Sabiendo del edicto que le prohibía orar a Jehová durante treinta días bajo pena de ser lanzado a un foso con leones hambrientos, él no dejó de orar a Dios. Para Él era más importante su relación personal con Dios que su propia vida. Él continuó orando como solía hacerlo antes. Definitivamente él era una persona íntegra y llena del Espíritu Santo. ¿Cómo pudo Daniel llegar a ser una persona íntegra y llena del Espíritu Santo? Precisamente por su relación con Dios y su lucha espiritual. Este era su secreto. Él amaba la Palabra de Dios y amaba la intimidad con Dios, así que oraba mucho y estaba constantemente leyendo la Biblia. Si nosotros queremos ser personas íntegras y llenas del Espíritu Santo como Daniel, debemos amar a Dios y amar su Palabra. Debemos apartar tiempo para leer la Biblia, no solamente en nuestros estudios bíblicos, no solamente en el Pan Diario, sino que debemos buscar más y más la Palabra de Dios. 

Además, debemos pasar mucho tiempo con Dios en oración. Aunque no lo crean a un cristiano se le nota cuando pasa mucho tiempo con Dios, en su forma de hablar y conducirse. Cuando pasamos mucho tiempo en oración con Dios, nuestras palabras y nuestra conducta cambian sorprendentemente. En esta vida tan agitada, resulta difícil apartar tiempo para orar profundamente ante Dios, pero créanme vale la pena. Mi crecimiento espiritual en Venezuela fue gracias a la oración. En Caracas nosotros teníamos Pan Diario juntos en el Centro Bíblico a las 6:00 am. Se compartía un mensaje breve de Pan Diario y como a las 6:30 am teníamos oración matutina. Cada quien se arrodillaba en su lugar, y oraba según pudiese. En un principio era muy difícil para mí orar más de quince minutos, pero después, poco a poco, fui entrando en mayor intimidad con Dios. Comencé a orar 20 minutos, luego, media hora, después, una hora, y una hora y media, y así, hasta que llegué a orar por más de dos horas en las mañanas. Hablaba con Dios. Le adoraba. Le daba gracias. Presentaba mis peticiones. Me arrepentía de mis pecados. Disfrutaba de la presencia de Dios. 

Ahora es más difícil para mí llevar este tipo de vida de oración. En las mañanas tengo que llevar a las niñas a la escuela. Así que solo como Pan Diario como a las 5:45 am, meditando un poco la Palabra y orando apenas unos minutos; y me levanto a prepararme para llevar a las niñas. Pero debo arrepentirme y retomar mi vida de oración. Martín Lutero, el precursor de la reforma protestante, solía decir: “Hoy tengo tantas cosas que hacer, que tendré que pasar las primera tres horas del día en oración”. Lutero era reconocido como un hombre de oración. Se levantaba muy temprano en la mañana para orar, a las cuatro o a las tres de la mañana. Pero cuando tenía muchas cosas pendientes para ese día, en lugar de acortar su tiempo de oración, lo alargaba, porque entonces tenía más cosas que conversar con Dios. Así que, en lugar de recortar su tiempo de oración, se levantaba más temprano todavía, recortando sus horas de sueño. Nosotros nos excusamos en nuestras muchas tareas y en nuestro cansancio para descuidar nuestra relación personal con Dios, pero debemos aprender el ejemplo de Lutero y cuando tengamos muchas más cosas por hacer, entonces debemos orar más. 

A pesar de estar en peligro su vida, Daniel no se ocultaba para orar. Él seguía orando con sus ventanas abiertas como solía hacerlo. Daniel no oraba con las ventanas abiertas para que la gente lo admirara como un hombre de oración, sino para que la gente supiera cuál era la fuente de sus bendiciones y glorificaran a Dios por ello. Siendo una persona con un alto cargo en el gobierno, la gente le admiraría, pero él quería que la gente supiera que la gloria era de Dios y no suya. Él no se avergonzaba de humillarse ante Dios, a pesar de ser un oficial de alto rango en el imperio. Aun cuando su vida estaba en peligro, él quería glorificar a Dios, dejando las ventanas de su recámara abiertas. No debemos avergonzarnos de orar o leer la Biblia en público, pero tampoco debe ser nuestra costumbre hacerlo sólo en público. Pues si alguien se admira y nos reconoce como personas de fe, ya tenemos nuestra recompensa. Pero debemos orar todavía más en lo secreto, de forma que nuestro Padre que ve en lo secreto nos recompense en público.

Con respecto a la actitud de Daniel ante el edicto escribió Charles Spurgeon: “Supón que la ley de las tierras fuera proclamada, ‘Ningún hombre debiera de orar durante lo que quedaba del mes, so pena de ser echado al foso de los leones,’ - ¿cómo orarían muchos de ustedes? Pienso que habría un escaso número en las reuniones de oración. No, ¡pero la asistencia a las reuniones de oración es bastante escasa hoy! Pero si estuviera la pena de ser echado a la fosa de los leones, temo que las reuniones de oración se pospondrían por un mes, debido a asuntos urgentes, y muchos tipos de compromisos.” Aunque no hay ningún edicto amenazante, nuestro tiempo de oración es escaso. ¿Cómo sería si se prohibiera la oración bajo pena de muerte? Entonces, probablemente la abandonaríamos por completo, porque ya hoy estamos mostrando que amamos más nuestras vidas que la comunión con Dios. ¡Este debe ser un tópico de arrepentimiento!

Daniel oraba tres veces al día. Esto para nada es una regla de Dios en cuanto a la oración. No hay ninguna parte de la Biblia que diga que debemos orar tres veces al día. Sin embargo, era parte de la disciplina espiritual de Daniel, y no es un mal ejemplo a seguir. No obstante, es muy difícil que en nuestros trabajos, antes o después del almuerzo, consigamos un lugar para arrodillarnos a orar. Así que no se preocupen por cuántas veces al día deben orar, ni por cuánto tiempo. Si no preocúpense por hacer de la oración un hábito en sus vidas y por reconocer a Dios cada instante de su día. 

De hecho, el apóstol Pablo nos exhorta en 1Ts. 5:17: “Orad sin cesar”. Esto no quiere decir que vamos a pasar todo el día arrodillados orando, sino que debemos llevar una actitud continua de oración. ¿Cómo es esto? Debemos reconocer la mano de Dios en nuestras vidas y glorificarle por Su actuar en nosotros. Por ejemplo, nos levantamos en la mañana y le damos gracias a Dios por despertar a un nuevo día. No estoy hablando de arrodillarnos en nuestra oración matutina como siempre hacemos, sino simplemente abrir los ojos y decir: “gracias Señor por un día más de vida. Guárdame de la tentación el día de hoy y ayúdame a glorificarte en todo lo que haga”. ¿No es esto una oración? ¿Cuánto tiempo duraría? Mucho menos de un minuto.

Esta acción podemos repetirla a lo largo del día. Por ejemplo, vamos saliendo tarde para el trabajo porque nos deleitamos mucho en nuestra oración matutina, y no conseguimos la llave, entonces decimos: “Señor, ¿dónde dejé la llave? Ayúdame a conseguirla.” ¿No es esto una oración? Esto podemos repetirlo cientos de veces al día. Esto sería una vida de oración sin cesar. No es necesario pasar todo el día arrodillados, pero si es necesario arrodillarse al menos una vez al día. Tampoco podemos vivir sólo de oraciones sueltas durante el día. Debemos igualmente apartar un tiempo para entrar en intimidad con Dios. Y bueno fuese que lo hiciéramos en la mañana al levantarnos y en la noche antes de acostarnos.

En conclusión, Daniel era un hombre de fe íntegro y lleno del Espíritu Santo porque tenía una relación personal profunda con Dios y amaba a Dios y a su Palabra aún por encima de su propia vida. Si nosotros queremos ser verdaderos hombres y mujeres de fe, debemos seguir el ejemplo de Daniel y tener una relación íntima y profunda con Dios por medio de la oración y de la obediencia a la Palabra, de modo que podamos vencer la tentación y vivir como personas íntegras en esta sociedad pecaminosa, de manera tal que Dios pueda usarnos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

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