Mateo 26:1-16

26:1 Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos:
26:2 Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.
26:3 Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás,
26:4 y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle.
26:5 Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.
26:6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
26:7 vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.
26:8 Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?
26:9 Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.
26:10 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra.
26:11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.
26:12 Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.
26:13 De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
26:14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes,
26:15 y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.
26:16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

JESÚS ES UNGIDO PARA SU SEPULTURA


Buenos días. Hoy comenzamos con el principio del fin de la vida de Jesús en esta tierra. Después del discurso del Monte de los Olivos que aprendimos en el último mes, ahora Jesús les predice a los discípulos Su muerte y comienzan a desencadenarse los sucesos que terminarán en su crucifixión. Hoy aprenderemos cómo Jesús fue ungido en Betania por una mujer que lo amaba muchísimo y que renunció a sus sueños y entregó lo más precioso de su vida a su Señor. Además, veremos la traición más infame de la historia. Uno de los doce apóstoles, Judas Iscariote, que comía del mismo plato de Jesús, y a quien el Señor le confió Su dinero, decidió traicionar al Maestro por treinta piezas de plata.

Yo oro para que no lleguemos a ser como Judas, traicionando a nuestro Señor por cualquier cosa en este mundo; sino que seamos como esta bendita mujer, y que renunciemos a nuestros planes y sueños y entreguemos toda nuestra vida y corazón a nuestro Señor. Y que, de esta manera, el Señor pueda usarnos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa, un pueblo que ama a Dios de todo corazón y que está dispuesto a renunciar a todo con tal de hacer la voluntad de Dios. Amén.

I.- El plan para la muerte de Jesús (1-5)

Leamos juntos el v.1 por favor. Por última vez encontramos la fórmula “cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras” que ocurre al final de los cinco grandes discursos de Jesús en Mateo (Mat. 7:28; 11:1; 13:53; 19:1). Esto nos marca el inicio de la última sección del Evangelio Según Mateo que abarca los eventos relacionados con la muerte y resurrección de Jesús. Y precisamente de esto les habla Jesús a Sus discípulos aquí. 

Leamos juntos el v.2 por favor. En los últimos seis meses, Jesús había predicho Su pasión y muerte a Sus discípulos tres veces (Mat. 16:21; 17:22-23; 20:17-19). Ahora les dice que, en tan solo dos días, en la celebración de la pascua, sería entregado para ser crucificado. Debido a nuestra familiaridad con el relato, la predicción de la crucifixión que hace Jesús podría no sonarnos muy dura, pero habría estremecido a los discípulos. La crucifixión era considerada como la más cruel, más dolorosa y más degradante forma de ejecutar a criminales. Con respecto a esto nos dice el apóstol Pablo: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gál. 3:13), citando Deu. 21:23. Se preguntarían los discípulos entonces: “¿Cómo que el Mesías sería crucificado? ¿Por qué sería maldito? ¿No íbamos a verlo venir con poder y gran gloria para derrotar a los enemigos y entronarse en Jerusalén? Los discípulos debieron haberse sentido muy afligidos y confundidos ante estas palabras de Jesús. Probablemente Jesús lo hizo intencionalmente para disminuir la emoción de ellos después de escuchar en el Discurso del Monte de los Olivos las magníficas predicciones acerca del futuro y malinterpretarlas. Quizá también lo hizo sabiendo lo que ocurría dentro de los muros de la ciudad. 

Leamos ahora juntos los vv. 3-5. En ese preciso momento, los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo, que conformaban el sanedrín, el consejo que gobernaba a Israel en materia religiosa, estaban organizando su complot para matar a Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote Caifás. José Caifás, fue sumo sacerdote desde el año 18 hasta el 36 d.C., un tiempo extraordinariamente largo para un sumo sacerdote durante el imperio romano. En la antigüedad, el puesto de sumo sacerdote había sido hereditario y vitalicio; pero desde que los romanos se habían apoderado de Palestina, los sumos sacerdotes se sucedieron en una rápida serie, porque los romanos los nombraban y deponían según les convenía. Entre los años 37 a.C. y 67 d.C., cuando fue nombrado el último antes de la destrucción del templo, hubo unos veintiocho sumos sacerdotes. Así que el período de Caifás fue extremadamente largo para esa época; debió tener una técnica perfecta de colaboración con los romanos.

Precisamente por eso, el consejo debió haber llegado a la conclusión de que no debían matar a Jesús durante la fiesta para que no se hiciese alboroto en el pueblo, pues lo que menos toleraban los romanos eran los desórdenes sociales. Si había un alboroto, Caifás podría perder el puesto. En el tiempo de la Pascua la atmósfera de Jerusalén estaba de lo más cargada. Como se recordaba la liberación de Egipto, el pueblo tenía un gran sentido nacionalista, y cualquier chispa podría iniciar una revolución incendiaria. Además, la ciudad estaba abarrotada de gente. Según el historiador Flavio Josefo, se hizo un censo en una pascua por aquella época y arrojó que habría en Jerusalén más de dos millones de judíos sacrificando sus corderos y comiendo la pascua. Así que Caifás habría decidido que no se ejecutase el plan durante las fiestas para evitar el alboroto.

Pero una cosa era el plan de ellos y otra muy diferente el plan de Dios. Jesús ya sabía que sería crucificado durante la pascua, aunque sus verdugos pensaban que no sería así. ¿Cómo sabía Jesús esto? Porque la fiesta de la pascua desde su concepción apuntaba a Jesús y Su sacrificio redentor por la humanidad. Así como en la primera pascua los corderos fueron sacrificados para redimir a los primogénitos de Israel, Jesús sería sacrificado para redimir a Su pueblo, de modo que ya Dios no tomaría en cuenta los pecados de aquellos que aceptaran el sacrificio vicario de Cristo. Así que Jesús sería el cordero pascual sacrificado en aquella fiesta por toda la humanidad. Por eso Juan el Bautista lo presenta como: “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jua. 1:29).

Por lo tanto, si aceptas a Jesús como tu Señor y Salvador, Él limpiará todos tus pecados y te salvará de la condenación eterna. Así que te invito a que lo aceptes como tu Señor y Salvador (si no lo has hecho todavía) y que empieces a vivir a una vida santa y agradable a Dios por medio de obedecer Su Palabra. Yo oro para que todos nosotros lleguemos a ser salvos aceptando el sacrificio vicario de Jesús. Amén.

II.- Un gran amor y una gran traición (6-16)

Leamos ahora juntos los vv. 6-7. Mateo hace un salto en la narración y ahora nos encontramos en Betania, una aldea a unos 3km de Jerusalén donde Jesús solía posar cuando venía a guardar las fiestas a Jerusalén. Jesús solía quedarse en la casa de sus amigos Lázaro, Marta y María, pero aquí se nos dice que estaba en la casa de Simón el leproso. No se sabe con exactitud quién sería este hombre. Simón era un nombre muy común en esa época, entre los doce apóstoles dos llevaban este nombre: Simón Pedro y Simón el Zelote. Pero el apodo “leproso” de este Simón indica que debió haber padecido lepra, aunque ya no en ese momento porque los leprosos eran inmundos y no se les permitía socializar con las demás personas ni vivir en las ciudades. Así que esto nos sugiere que este hombre fue sanado de su lepra por Jesús y que ahora Lo había invitado a cenar a Él y a Sus discípulos como muestra de su agradecimiento.

Este pasaje bíblico es paralelo con Mar. 14:3-9 y Jua. 12:1-8. El relato de Marcos es casi exactamente el mismo que el de Mateo; pero Juan da otros detalles interesantes. Por ejemplo, Juan no menciona quién era el anfitrión de la cena, pero da la impresión de que se trataba de la casa de Lázaro, Marta y María. Así que algunos han llegado a concluir que Simón era el padre de ellos o, quizás, el esposo de Marta. Esto parece plausible al hacer una armonía de los evangelios. Además, el relato de Juan añade el detalle significativo de que la mujer que ungió a Jesús fue nada menos que María, la hermana de Marta y de Lázaro. Por alguna razón ni Mateo ni Marcos nos dan este detalle. Leamos nuevamente lo que hizo María.

Leamos juntos nuevamente el v.7 por favor. Por las diferencias culturales se nos puede pasar por alto el gran significado que tuvo este acto. El alabastro era una variedad muy fina de mármol, extraído de Egipto, el cual podía ser trabajado para elaborar delicados envases para guardar perfumes costosos. Mateo no nos dice qué perfume contenía, pero Juan nos dice que era “nardo puro, de mucho precio” (Jua. 12:3). También Marcos y Juan nos dicen que los discípulos calcularon el valor del perfume en trescientos denarios (Mar. 14:5; Jua. 12:5) ¡casi un año de salario de un jornalero! 

Pero hay un valor mucho más allá del monetario. Este perfume era el ahorro de toda la vida de las vírgenes en Israel. Ellas cargaban sus vasos de alabastro como collares y cuando tenían algún dinero iban al mercado y compraban gotas de perfume para llenar el frasquito. Este perfume estaba reservado para su desposorio. Una vez que un hombre venía y desposaba a la virgen, el desposado se iba durante un año a preparar la casa donde vivirían; mientras que la joven virgen se bañaba con ese perfume todos los días durante ese año para ser agradable a su marido en la noche de bodas. Así que ese vaso de alabastro de perfume representaba el sueño de aquella mujer de casarse algún día y era su bien más preciado.

Cuando María vino y rompió su vaso de alabastro de perfume sobre Jesús, ella renunció completamente a su sueño de casarse y entregó a su Señor lo más precioso que tenía en la vida. No hay un sacrificio más significativo que una mujer pudiese hacer en esa época. Esta fue la forma en la que María le dijo a Jesús: “Te amo con todo mi corazón. No hay nadie en mi vida con quien sueñe estar más que contigo. Te entrego todos mis sueños y planes para que se haga Tu voluntad en mi vida.” Ese día ella entregó por completo su vida a Jesús. Esto vino de un corazón completamente enamorado.

Pero veamos cómo lo interpretaron los discípulos. Leamos juntos los vv. 8-9. Los discípulos se enojaron mucho. “¿Para qué este desperdicio? … Podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.” Y tenían razón. Aquella mujer pudo haber ungido a Jesús con un poco de perfume en la cabeza y en los pies como era costumbre hacer en aquella época a los invitados antes de sentarse a comer, y después entregar el resto a Jesús para que lo usara para Su ministerio. Era el mismo sacrificio de ella, pero no habría tanto desperdicio. Parecía totalmente innecesario lo que ella hizo. Un poco de perfume era suficiente para ungir a Jesús. Pero hay una gran diferencia entre la economía del sentido común y la economía del amor. El sentido común obedece los dictados de la prudencia; pero el amor obedece los dictados del corazón. Para el corazón enamorado ningún sacrificio era suficiente. Ella quiso derramar todo su amor sobre Jesús.

Además, había cierto amor al dinero en la reacción de los discípulos. Resulta lógico porque estamos hablando de hombres que pasaban mucha hambre y aquel perfume era suficiente para suplir de pan por mucho tiempo. Cuando pensaban en los pobres, seguramente ellos encabezaban esa lista de pobres que podían ver satisfechas sus necesidades con el dinero de la venta de ese perfume. A causa de esto, ellos no podían ver el corazón de amor con que María hizo aquello; ni mucho menos el gran significado que Jesús halló en aquel acto.

Leamos ahora juntos los vv. 10-13. Los discípulos seguramente pensaron que Jesús regañaría a María y apoyaría el planteamiento de ellos. Era cuestión de sentido común. Pero para su sorpresa, ¡Jesús los regañó a ellos!: “¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra.” Jesús no vio aquello como un desperdicio sino como una buena obra para con Él. Si bien es cierto que aquello se pudo haber usado para ayudar a los pobres, ellos tendrían pobres siempre para ayudar, pero a Jesús no lo tendrían por mucho tiempo. Él ya les había revelado a sus discípulos que en dos días moriría. Y ahora interpretó este acto de amor como la preparación de Su cuerpo para la sepultura. El gran regalo desinteresado de amor de María Le llevó a mirar hacia Su sepultura donde Su cuerpo sería ungido con una gran cantidad de aloes aromáticos para ralentizar la putrefacción y enmascarar los hedores de ella. 

Por supuesto que María no estaba pensando en esto. Jamás se le habría ocurrido pensar que estaba ungiendo el cuerpo de Jesús para la sepultura. Ella simplemente quiso mostrar de la forma más significativa posible su amor por el Maestro. Con respecto a esto comenta Charles Spurgeon: “Ella probablemente no sabía todo lo que su acto significaba cuando ungió al Señor para su sepultura. Las consecuencias del acto más simple hecho para Cristo pueden ser mucho más grandes de lo que creemos… Ella demostró que había, al menos, un corazón en el mundo que sabía que nada era demasiado bueno para su Señor, y que lo mejor de lo mejor debía ser dado a él”. Sucede a menudo que nuestros sacrificios de amor tienen muchas mayores repercusiones de las que pensábamos que tendrían. Incluso si ella no entendía el significado completo de lo que hizo, el acto de María dijo algo que los discípulos no dijeron ni hicieron. Ella le dio a Jesús el amor y la atención que merecía antes de Su gran sufrimiento. Y su amor sacrificial se recuerda todavía hasta el día de hoy.

Cuando pienso en sacrificios de amor recuerdo a la Madre Sarah Barry. Aunque ella era un joven hermosa y adinerada que podía haber disfrutado de una vida tranquila con una hermosa familia en Estados Unidos, decidió ir como misionera a una Corea devastada por la guerra. Y allá tuvo que hacer muchos sacrificios para servir a los jóvenes universitarios coreanos junto con el Dr. Samuel Lee. Ella amaba tanto a Jesús y la misión que también quebró su vaso de alabastro de perfume sobre Jesús y se dedicó por entero a la Misión Mundial universitaria, tanto que ni siquiera llegó a casarse y tener una familia, aunque podría haberlo hecho. Pero Dios le ha dado muchos hijos espirituales que la aman, la cuidan y la sirven ahora que está muy mayor y no puede hacer muchas cosas por sí sola. 

También recuerdo el sacrificio del M. Juan Seo. Él fue buen estudiante y se graduó en Corea como abogado. Su sueño fue siempre llegar a ser juez. Esto era algo muy difícil de lograr. En Corea tienen que estudiar muchísimo para presentar el examen para ser jueces. Pero mientras estaba preparándose para esto, recibió el llamado para la misión a Venezuela. Él no sabía ni siquiera dónde quedaba Venezuela. Él no hablaba ni un poquito de español. Pero al recibir el llamado para la misión, él quebró su vaso de alabastro de perfume, renunciando a su sueño de ser juez y yendo a Venezuela como misionero. Allá no podía ejercer el derecho, así que en cierto sentido todos sus sacrificios y desvelos para estudiar fueron un desperdicio. En Venezuela tuvo que esforzarse mucho para aprender un nuevo idioma y una nueva cultura, totalmente distinta a la suya. También tuvo que sufrir mucho invirtiendo y fracasando en varios negocios para tratar de sustentar a su familia, mientras servía sacrificialmente la obra de Dios. Pero Dios lo bendijo mucho levantando discípulos de Jesús en Venezuela y después de tantos fracasos le dio un negocio exitoso que lo ayudó a sustentar a su familia. Ahora está sirviendo en el capítulo de Nueva York.

Mi familia y yo también hemos quebrado nuestro vaso de alabastro de perfume para Jesús. Dejamos nuestra amada iglesia en Caracas donde servíamos muy felices con nuestros hermanos, y dejamos a nuestras familias allá también, y nos vinimos a un pequeño ministerio en Panamá a colaborar con los misioneros Baek. Por la gracia de Dios vine con un trabajo en el que ganaba algo de dinero, pero era un trabajo muy demandante. Tenía que quedarme en la oficina casi todos los días hasta la madrugada para terminar los reportes, lo que hacía difícil ir a la universidad a pescar. Mi esposa tampoco tenía trabajo, así que teníamos que vivir con mi salario. 

Después los misioneros Baek se tuvieron que ausentar por la enfermedad de la misionera y tuvimos que servir solos a las ovejas. Pero algunas de ellas se fueron del ministerio. Luego los misioneros Baek fueron llamados a servir en Venezuela y quedamos acá solos con las ovejas. Intentamos servirles con amor, pero poco a poco se fueron yendo tras sus pecados. Hasta que quedamos completamente solos. Fue un tiempo muy difícil. 

Pero yo seguí derramando mi perfume para Jesús, sirviendo el Culto Dominical con amor y yendo a pescar a la Universidad de Panamá. Dios recibió nuestro perfume y los trajo a ustedes para alegrar nuestros corazones y servirle con mayor ánimo. Dios nos ha bendecido mucho en Panamá, a pesar de lo difícil del comienzo, y seguimos derramando nuestro perfume para Él.

Si ustedes renuncian a sus sueños, planes y metas para hacer la misión, Jesús recibirá con gran alegría sus sacrificios y los bendecirá como lo ha hecho con todos nosotros. Pero deben buscar hacer la voluntad de Dios en sus vidas y no las suyas propias. Tristemente muchos “cristianos” solo quieren ir a la iglesia a recibir la bendición de Dios. Quieren que Dios bendiga sus sueños, metas y planes; pero no quieren hacer la voluntad de Dios. Por esta razón, cuando las cosas no van como ellos pensaban, traicionan a Jesús para ir a hacer lo que piensan que es mejor, como lo hizo Judas.  

Leamos juntos los vv. 14-16. Según Mateo y Marcos la unción de Jesús en Betania fue lo que catalizó la traición de Judas. Seguramente Judas no andaba muy contento con las declaraciones de Jesús acerca de Su muerte y resurrección. ¿Cómo iba a ser Jesús el Mesías, si iba a ser crucificado? Él veía como que así no obtendría su anhelada posición en el reino de Dios con Jesús. Y la gota que derramó el vaso de Judas fue ver que Jesús no regañó a María, sino que apoyó aquel desperdicio de dinero. Así que se escabulló a Jerusalén y les preguntó a los principales sacerdotes cuánto le darían por entregarles a Jesús. Y ellos le pesaron treintas piezas de plata. Este era el precio de un esclavo (Exo. 21:32) y en Zac. 11:12-13 estaba profetizado que sería el precio que pondrían al Mesías. Con respecto a esto comentó Matthew Poole: “Aunque, por lo tanto, Judas era lo suficientemente avaro como para haber pedido más, y es como la malicia de estos consejeros los hubiera podido orillar a dar más, sin embargo, así fue ordenado por el consejo Divino. Cristo debe ser vendido barato, para que sea más valioso para las almas de los redimidos”. Y también dijo John Trapp: “Por una cantidad tan pequeña vendió este traidor a tan dulce Maestro”.

Muchos suelen juzgar duramente a Judas Iscariote por semejante traición. Pero no se dan cuenta que también traicionan a Jesús por mucho menos de lo que Judas lo hizo. Dijo Spurgeon: “Sin embargo, muchos han vendido a Jesús por un precio menor que el que recibió Judas; una sonrisa o una burla han sido suficientes para inducirlos a traicionar a su Señor” ¿Cuántos no pecan por la sonrisa de una mujer o un hombre? ¿Cuántos han abandonado el camino del Señor a causa de un hombre o una mujer? O, ¿cuántos no abandonan al Señor cuando sienten que su vida no está yendo como la planearon? ¿Cuántos se apartan del Señor simplemente por las burlas de sus familiares o amigos? Dios nos ayude a no ser como Judas, que traicionemos Su precioso amor por cualquier cosa, sino que seamos como María entregando toda nuestra vida, todo nuestro corazón, todos nuestros sueños, planes y metas, por amor al Señor. Amén.

Y cierro este mensaje con otra cita de John Trapp: “El nombre de María ahora huele igual de dulce en toda la casa de Dios como una vez lo hizo su perfume; mientras que el nombre de Judas se pudre, y lo hará por toda la posteridad”. Que nuestra vida sea perfume agradable delante del trono de nuestro Dios. Amén.

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