Mateo 11:20-30
11:20 Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo:11:21 Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.
11:22 Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.
11:23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.
11:24 Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.
11:25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.
11:26 Sí, Padre, porque así te agradó.
11:27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;
11:30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
VENID A MÍ Y YO OS HARÉ DESCANSAR
Buenos días. En el pasaje bíblico de hoy encontramos una de las más preciosas invitaciones de Jesús, que le da título a este mensaje: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Vivimos en una sociedad trabajada y cargada. Toda la gente anda afanada, estresada, exhausta, por diversas cosas o situaciones. Algunos están afanados por su economía, trabajan largas horas para no perder sus empleos o para hacer más dinero; o dedican mucho tiempo a su negocio para que pueda salir adelante. Otros están angustiados o deprimidos porque han perdido a un ser querido o deben cuidar de una persona enferma. Algunos han sufrido un divorcio. Otros batallan para mantener a flote su matrimonio. Hay madres o padres solteros que luchan para sacar adelante a sus hijos. Otros luchan para poder tener un hijo. Algunos se encuentran atrapados en las garras de las sustancias o prácticas adictivas como el alcohol, el tabaco, las drogas o la pornografía. Otros tienen severas discapacidades físicas o mentales. Algunos se enfrentan a la atracción hacia personas del mismo sexo. Otros experimentan terribles sentimientos de depresión o ineptitud. De una manera u otra, muchos están exhaustos y llevan cargas muy pesadas.
Pero en el pasaje bíblico de hoy nuestro Salvador nos extiende a todos esta amorosa invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” ¿Y cómo nos hará descansar el Señor? Él continúa diciendo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (vv. 29–30). A través de este mensaje aprenderemos cómo podemos venir a Jesús y descansar en Él y cuál es el yugo fácil y ligero que Él quiere poner sobre nosotros para que descansen nuestras almas.
Yo oro para que cada uno de los que están trabajados y cargados pueda venir a Jesús, dejando todas sus cargas en Él, y tomando, en su lugar, el yugo fácil y ligero de Jesús para que puedan hallar descanso para sus almas. Que cada uno de los que estamos aquí hoy pueda hallar descanso en Jesús, en Su amor y Su buena voluntad para nosotros. Y que podamos ir y extender esta preciosa invitación a todos los trabajados y cargados allá afuera, de modo que toda Panamá, toda Latinoamérica y el mundo entero, pueda venir a Jesús y Él les pueda hacer descansar. Amén.
I.- Lamento de Jesús por los que no se arrepienten (20-27)
Leamos juntos el v.20 por favor. Jesús comenzó a reprender a las ciudades donde había hecho muchos milagros porque todavía había gente allí que no se había arrepentido. ¡Imagínense! ¡Jesús mismo se había estado paseando continuamente por las calles de estas ciudades predicando el evangelio del reino de Dios y llamando a la gente al arrepentimiento mientras desplegaba el poder de Dios sanando a todos los enfermos, echando fuera demonios y hasta resucitando muertos! ¡Pero ellos no se arrepentían! Algunos lo acusaban de estar endemoniado. Otros, como dice el v.19, de ser “un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.” ¡Qué lamentable como ellos perdían la oportunidad de entregar sus corazones a Jesús y experimentar el poder de Dios en sus vidas!
Aunque el v.20 dice que comenzó a reconvenirles o reprenderles duramente, esto no vino de un corazón enfurecido por el rechazo, porque se ha ofendido su dignidad; sino de una piedad dolorida. Es como la madre o el padre que advierte a su hijo de un peligro, pero el hijo no escucha y resulta herido, entonces la madre o el padre en su angustia le reprende fuertemente por no haber escuchado la advertencia. Jesús está reprendiendo a estas ciudades duramente con dolor en su corazón porque les ha ofrecido la cosa más preciosa del mundo y se la han despreciado. Así que, esta reprensión de Jesús no viene de una dignidad ofendida, sino de un corazón quebrantado. Es un lamento tanto como una seria reprensión.
Leamos ahora juntos los vv. 21-22. Corazín era una ciudad a unos 3 km al norte de Capernaum. Betsaida era una ciudad portuaria al noreste de Capenaum, en la orilla occidental del Jordán, precisamente en el punto en que el río entraba en el Mar de Galilea. Se sabe muy poco acerca del ministerio de Jesús en estas ciudades, pero por la reprensión de Jesús, podemos saber que allí se hicieron muchos milagros, aunque no tenemos ni el más mínimo relato de ellos en los evangelios. Esto nos muestra que las palabras del apóstol Juan al final de su evangelio son muy ciertas: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” (Jua. 21:25). Un pasaje bíblico como éste nos muestra lo poco que sabemos de Jesús; nos muestra —y es algo que debemos tener siempre presente— que en los evangelios no tenemos más que una pequeña selección de las obras de Jesús. Las cosas que no sabemos sobre Jesús son mucho más numerosas que las que sabemos. “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Jua. 20:31).
Volviendo a la reprensión de Jesús para estas ciudades, vemos que las compara con Tiro y Sidón, ciudades gentiles al norte de Galilea. Éstas eran ciudades pecadoras contra las cuales habló Jehová por boca de los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel (Isa. 23:1-18; Jer. 25:15, 22; Jer. 47:4; Eze. 26:3-7; Eze. 28:12-22). Sin embargo, nuestro Señor afirma que Corazín y Betsaida se estaban comportando peor que estas ciudades gentiles por su falta de arrepentimiento. Jesús asevera que si los milagros que se hicieron en Corazín y Betsaida se hubiesen hecho en Tiro y Sidón, estas ciudades se habrían arrepentido en cilicio y en ceniza. Cilicio y ceniza era la vestimenta característica del duelo, incluyendo el duelo por arrepentimiento. Cuando alguno estaba muy triste por el fallecimiento de un familiar o por el pecado que había cometido, se quitaba sus ropas, se ponía un saco áspero de cilicio encima, y se sentaba en la tierra a lamentar mientras se echaba ceniza en la cabeza. Esta era una forma de lamento muy amargo que expresaba un profundo dolor.
Así que Jesús está diciendo aquí que Tiro y Sidón se habrían arrepentido profundamente de sus pecados y se hubiesen vuelto con todo su corazón al Señor. Cosa que no estaban haciendo las ciudades judías de Corazín y Betsaida. Por eso, concluye diciendo que “en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón” que para Corazín y Betsaida. O en otras palabras, que la condenación de Corazín y Betsaida era mayor que la de estas ciudades gentiles porque gran luz les resplandeció, pero prefirieron seguir en las tinieblas. Vieron la gloria de Dios en todo su resplandor y no quisieron arrepentirse y aceptar el evangelio.
Leamos ahora juntos los vv. 23-24. Ahora Jesús reprende con mayor severidad a Capernaum. Esta ciudad fue seleccionada por el Señor como Su centro de operaciones. Allí hizo la mayor cantidad de milagros. Por eso dice que la ciudad era “levantada hasta el cielo”. Ninguna ciudad del planeta ha tenido jamás el privilegio de ser testigo de la cantidad de milagros y enseñanzas de Jesús como Capernaum. En ese momento, esta ciudad era la sucursal del Cielo en la Tierra, pues tenía al mismísimo Dios encarnado desplegando todo su poder y autoridad a lo largo y ancho de sus calles. Sin embargo, advierte el Señor que hasta el Hades, hasta lo más profundo de la Tierra, sería abatida a causa de su falta de arrepentimiento. ¿Qué más señales y prodigios tenía que hacer Jesús para que la gente pudiese creer en Él como el Mesías? ¿Con qué otras palabras podía llamarles a volverse a Dios? Pero el pecado de Capernaum al despreciar tan preciosa invitación era mayor que el de Sodoma. ¡Sodoma, la ciudad más pecadora que ha existido! Y, sin embargo, el Señor afirma que si en Sodoma se hubiesen hecho los milagros que se hicieron en Capernaum, no habría sido destruida porque se hubiesen arrepentido.
Algunos quizás pueden estar pensando: “Verdad. ¡Qué malas eran Corazín, Betsaida y Capernaum que ante tantos milagros y enseñanzas de Jesús no se arrepintieron! ¡Bien hecho que el Señor las regañó!” ¿Y tú? ¿Te has arrepentido? ¿Cuántos milagros ha hecho el Señor en tu vida y en aquellos que te rodean? ¿No miras el milagro de cada amanecer? ¿No sientes el milagro que es abrir tus ojos cada mañana? ¿El milagro de que estés aquí hoy? ¿Estás obedeciendo la Palabra de Dios y viviendo una vida arrepentida? ¿O todavía vienes aquí buscando escuchar la Palabra de Dios y recibir algo del Señor mientras continúas viviendo tu vida pecaminosa? Arrepiéntete para que no seas como Corazín, Betsaida y Capernaum. Para que el Señor no lamente sobre ti como lo hizo sobre estas ciudades, sino que más bien Su corazón se alegre de ti. Amén.
Leamos juntos los vv. 25-27. A pesar de que muchos habían rechazado la preciosa invitación de Jesús en estas ciudades, varios otros la habían aceptado. Jesús alaba a Su Padre, Señor del Cielo y la Tierra, por Su sabiduría al revelar el evangelio. Aquellos que se creían sabios y entendidos, que creían tener un conocimiento especial de las Escrituras, como los escribas y los fariseos, habían rechazado a Jesús. Sin embargo aquellos que no eran muy doctos en las Escrituras, pero que tenían un corazón humilde como el de un niño, habían recibido la revelación del evangelio. Esta revelación no es posible a través del estudio profundo de la Biblia o de la Teología, sino al llegar a conocer a Jesús como el Señor y Salvador. Si bien, el estudio profundo de la Biblia y de la Teología son herramientas útiles para comprender las Escrituras y para conocer a nuestro Dios, es solamente a través de entregar nuestro corazón a Jesús y de vivir en comunión con Él y con el Padre a través del Espíritu Santo, que realmente podemos recibir la revelación del evangelio y entender profundamente las riquezas de la gracia que hemos recibido.
Así que no se preocupe tanto por intentar entender todo lo que dicen las Escrituras, ni por tratar de conocer intelectualmente a Dios, sino más bien ocúpese en obedecer lo que ha entendido de las Escrituras hasta ahora y en tener comunión con Dios a través de la oración y de la lectura frecuente de la Biblia. Si hace esto, Jesús le revelará lo que necesita saber para arrepentirse y glorificar Su nombre con su vida. Amén.
II.- La invitación de Jesús a llevar su yugo y descansar en Él (28-30)
Leamos juntos el v.28 por favor. A pesar de que muchos habían rechazado Su llamado al arrepentimiento, Jesús seguía llamando a la gente a venir a Él para descansar. Él sabía que había muchos que estaban trabajados y cargados, es decir, que estaban exhaustos y llevaban un peso encima que prácticamente no podían cargar. Una de las principales cargas que llevamos los seres humanos y con la que no podemos, es la carga del pecado. El rey David lo expresa así: “Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.” (Sal. 38:4). El pecado es una carga muy pesada que nos agobia, dificulta nuestro andar en esta vida y nos impide acercarnos a Dios. Jesús sabía esto muy bien y por eso nos invita a venir a Él. Él vino a la Tierra a quitarnos esa carga tan pesada de sobre nosotros y clavarla junto con su cuerpo en la cruz. De esta manera, si venimos a Él confesándole nuestros pecados y aceptándole como nuestro Señor y Salvador, Él nos quita esa pesada carga de pecado, dándonos el perdón por Su gracia. Así que, si sientes que ya no puedes más con tu carga de pecado, ven a Jesús, confiesa todos tus pecados ante Su cruz, acéptale como tu Señor y Salvador, y obtén el descanso espiritual que tu alma necesita.
También podemos sentirnos exhaustos y cargados por los afanes de la vida. Según un estudio reciente, el dinero y el trabajo son las cosas que más estresan a la gente. En medio de una economía volátil, la gente se estresa porque no sabe si podrá mantener su empleo o si el dinero que gana le alcanzará para suplir sus necesidades. Mucha gente considera que el dinero es lo más importante del mundo, y se preocupan sin cesar por su trabajo porque piensan que depende de ellos el conservarlo. Pero no consideran que es Dios quien les da la salud y el trabajo para que puedan sustentarse. Y no importa cuán seguros se sientan con su trabajo y con el dinero que ganan, de un minuto a otro Dios podría quitarles esas cosas en las que confían y su mundo se derrumbaría. Necesitamos recordar cada día que Dios nos ama y que es Él quien nos provee de todas las cosas necesarias. Y que si algún día algo llegase a faltar, esto también está dentro de la voluntad de Dios y todo lo que hace tiene un buen propósito para nosotros aunque no lo podamos ver.
Así que, como aprendimos hace unos meses: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mat 6:31-33). Vengan a Jesús trayendo todas sus preocupaciones y pónganlas sobre Él y descansen en Su buena voluntad. No depende de nosotros. No importa cuánto nos preocupemos, hay cosas que no podemos cambiar. Descansemos en la soberanía de Dios y en Su amor y buena voluntad para nosotros. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué muramos y nos vayamos al Cielo con Él? Busquemos primeramente a Jesús y obedezcamos Su Palabra y Él nos dará todo lo que necesitamos. Amén.
Otra carga pesada que puede agotarnos son las obras religiosas para la salvación. Y de esto los judíos sabían mucho. Jesús acusó a los escribas y los fariseos diciéndoles: “Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.” (Mat. 23:4). Para un judío, la religión era una lista de reglas interminables. Vivían en un laberinto de normas que regulaban todas las situaciones de la vida. Se tenía que estar escuchando constantemente: “No hagas eso”. Era un yugo pesado que se ponía sobre el cuello de la gente.
Un yugo es una estructura de madera que se coloca sobre el lomo de los animales de tiro para hacer que tiren en forma conjunta. Los yugos simples constaban de una barra con dos lazos de soga o cuero que se colocaba alrededor del cuello de los animales. Los yugos más elaborados tenían varas conectadas en el medio con las que los animales tiraban los arados u otros implementos. Los judíos usaban la palabra yugo con el sentido figurado de someterse a algo. Hablaban del yugo de la Ley y el yugo de los mandamientos que era el yugo de Dios. Con esto querían decir que los judíos tenían que someterse a los mandamientos de Dios.
Pero los escribas y fariseos habían hecho el yugo de la Ley más pesado con la cantidad de regulaciones adicionales que colocaban por su interpretación. Así que la gente estaba cansada y cargada de intentar seguir el camino de Dios. Muchos simplemente desistían y hacían apenas lo básico. Otros lo intentaban fervientemente pero terminaban exhaustos tratando de cargar semejante yugo. Por esta razón Jesús va a ampliar su invitación en los siguientes versículos.
Leamos juntos los vv. 29-30. Jesús invitaba a sus oyentes a cambiar el yugo de los fariseos y escribas por el suyo, diciendo que Su yugo es fácil y ligera Su carga. La palabra fácil es chrêstós en griego, que se puede traducir como útil, agradable, bueno, confortable, cómodo y servible. El sistema religioso legalista era una carga severa, su yugo era pesado y lastimaba. Pero el yugo de Jesús es agradable, bueno, confortable, porque se construye sobre una relación personal con Dios mediante el Espíritu Santo que mora en nosotros. El yugo de los fariseos eran los mandamientos de Dios con las pesadas interpretaciones de ellos. El yugo de Jesús son los mandamientos de Dios que Él mismo nos ayuda a cargar.
Los yugos eran usados generalmente para ayuntar dos animales. Había una costumbre de ayuntar un animal experimentado con el joven para que le ayudara con la carga y le guiase. Cuando nos colocamos el yugo de Jesús, Él mismo nos está ayudando con las cargas y nos está guiando al otro lado del yugo. Por eso se hace fácil su yugo y ligera su carga. Pero si no aceptamos realmente el yugo de Jesús, sino que queremos aceptar una parte de la Palabra de Dios y otra no. Si queremos seguir por nuestro propio camino, siguiendo nuestro propio pensamiento y nuestras emociones, entonces hallaremos que el yugo no es fácil y que la carga se hace pesada porque ese ya no es el yugo de Jesús, sino uno que nosotros mismos estamos adaptando.
Por eso dice Jesús en el v.29a: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Necesitamos aprender de Jesús que es manso y humilde de corazón. ¿Cómo se manifestaba la mansedumbre y humildad de corazón de Jesús? En que “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Flp. 2:6-8). Jesús vino a este mundo a entregar su vida por nosotros para perdonarnos de nuestros pecados. Y cuando se enfrentaba ante el destino cruel de la cruz, no quería pasar por eso y oró “diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Luc. 22:42). La mansedumbre y humildad de corazón de Jesús se manifestaron en Su deseo de hacer la voluntad del Padre, incluso cuando ésta era contraria a Su propio deseo. Para poder llevar el yugo fácil y ligero de Jesús en nuestras vidas debemos aprender esto mismo. Debemos procurar hacer la voluntad de Dios aunque sea contraria a nuestros deseos o pensamiento.
Yo oro para que cada uno de nosotros venga a Jesús y tome su yugo, negándose a sí mismo, tomando su cruz cada día y siguiendo a Jesús, y que podamos decir como David: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.” (Sal. 40:8). Que busquemos deseosamente la Palabra de Dios y la obedezcamos cada día. Y que de esta manera podamos descansar en Jesús, confiando en la soberanía, el amor y la buena voluntad de Dios, sabiendo que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien (Rom. 8:28). Y que invitemos a otros a venir a descansar en Jesús por medio de confesar sus pecados y vivir vidas agradables a Dios, de modo que Panamá se convierta en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa, un pueblo que descansa en la Palabra de Dios y que lleva el yugo de Jesús. Amén.
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