Mateo 3:13-17

3:13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.
3:14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
3:15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.
3:16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
3:17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

MI HIJO AMADO, EN QUIEN TENGO COMPLACENCIA


Buenos días. La semana pasada aprendimos el comienzo del ministerio de Juan el Bautista. En Mateo, Juan aparece repentinamente anunciando el mensaje de arrepentimiento a orillas del río Jordán en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Y venía la gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la provincia de alrededor del Jordán, para ser bautizados por Juan, confesando sus pecados. Entre ellos venían también los fariseos y los saduceos, los líderes religiosos de aquella época, pero Juan sabía que ellos no venían a bautizarse con un arrepentimiento genuino. Así que los reprende fuertemente diciéndoles: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”. 

Aprendimos, entonces, que el propósito del bautismo de Juan era la confesión de pecados y el arrepentimiento, que la gente cambiara sus mentes y sus vidas, dejando atrás sus vidas y hábitos pecaminosos, para vivir conforme a la voluntad de Dios. Yo oro para que cada uno de nosotros hayamos oído la voz de Dios a través de Juan y que nos hayamos arrepentido sinceramente y hagamos los frutos dignos de arrepentimiento, dejando atrás nuestras vidas pecaminosas para obedecer la Palabra de Dios. Amén.

Hoy aprenderemos que Jesús también vino para ser bautizado por Juan. Desde los primeros tiempos de la Iglesia, muchos han estado perplejos con el hecho de que Jesús viniese también para ser bautizado por Juan. ¿Necesitaba Jesús arrepentirse y ser bautizado? ¿Tenía Jesús pecados qué confesar? ¡No! Jesús no tenía pecado (Heb. 4:15, 7:26; 2Co. 5:21; 1Pe. 2:22). Entonces, ¿para qué vino a ser bautizado por Juan? Eso es precisamente lo que aprenderemos a través de este mensaje, la razón por la cual Jesús fue bautizado por Juan, qué sucedió al ser bautizado y qué tiene esto que ver con nosotros. 

Yo oro para que a través de este mensaje de hoy podamos acercarnos al Jordán junto con Jesús, ver el Espíritu Santo descender sobre Él como paloma, y escuchar la voz de Dios decir acerca de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Y que deseemos de todo corazón y procuremos cada día de nuestras vidas escuchar también la voz de Dios decirnos: “Tú eres mi hijo amado, en quien tengo complacencia”. Que nuestras vidas complazcan y glorifiquen a Dios cada día. Amén.

I.- Jesús vino a Juan para ser bautizado por él (13-15)

Leamos juntos el v.13. El ministerio de Juan estaba en su apogeo y mucha gente venía a él para ser bautizados, arrepintiéndose y confesando sus pecados. Un día, entre la multitud, llegó también Jesús desde Galilea, específicamente desde la ciudad de Nazaret, donde había crecido. En Nazaret Jesús llevaría la vida normal de cualquier joven. Habría crecido aprendiendo el oficio de su padre José, la carpintería. La última mención de José en la Biblia es cuando Jesús tenía doce años (Luc. 2:41-52), por lo que probablemente haya muerto cuando Jesús era joven aún y siendo Él el mayor de sus hermanos, debió haberse hecho cargo de su familia. Así Jesús creció en el anonimato de una vida simple en Nazaret de Galilea.

Pero un día, Jesús decidió caminar entre tres y seis días (dependiendo de si pasó por Samaria o no) para recorrer unos 100 km y llegar al lugar donde Juan estaba bautizando en el desierto de Judea. Jesús no estaba pasando de casualidad por el Jordán. Él tomó la decisión de recorrer todo ese camino para ir a ser bautizado por Juan. No fue causalidad. No fue un accidente. Jesús intencionalmente vino a Juan para ser bautizado. ¿Por qué? ¿Acaso la noticia de Juan bautizando a la gente llegó hasta Nazaret y todos tuvieron curiosidad de ir a ver qué era esto, incluyendo Jesús? No parece probable. Jesús había pasado treinta años de vida privada en Nazaret, esperando con calma el tiempo señalado por el Padre. Y el hecho de que el pueblo se estuviese arrepintiendo y confesando sus pecados, era la señal de que el momento había llegado para que Jesús comenzase su ministerio público.

Leamos ahora el v.14. El Espíritu Santo le reveló a Juan la identidad de Jesús como el Mesías. Juan estaba perplejo ante la solicitud de Jesús de ser bautizado por él. ¿Cómo sería él digno de bautizar al Mesías si ni siquiera era digno de llevar su calzado (v.11)? ¿Por qué debía ser bautizado Jesús si no tenía pecado? Así que Juan se oponía a bautizar a Jesús. Trataba de disuadir a Jesús porque no le parecía correcto ni lógico bautizarlo, más bien razonaba que Jesús debía bautizarlo a él. Y honestamente, Juan tenía toda la razón. Jesús no necesitaba ser bautizado. El bautismo de Juan era un llamado al arrepentimiento y a la confesión de pecados para recibir perdón, y Jesús no tenía pecado. Además, Jesús era superior a Juan y por lo tanto Jesús debía bautizar a Juan y no al revés. Pero, ¿qué le respondió Jesús?

Leamos juntos el v.15. “Deja ahora”. Quizás es más fácil de entender como lo traduce la BLPH: “¡Déjalo así por ahora!”. Jesús sabía que Juan tenía razón. Él no necesitaba ser bautizado porque no tenía pecado, y más bien Él tenía que bautizar a Juan porque era superior. Sin embargo, le dice que lo deje así como está por ahora. Solo por esta vez, aunque no parece lógico, hay que hacerlo de esa manera. ¿Por qué? “Porque así conviene que cumplamos toda justicia.” O, como traduce la BLPH, “Es menester que cumplamos lo que Dios ha dispuesto.” Es necesario cumplir con lo que Dios ha dispuesto aunque no parezca lógico. Dios ya había establecido que era necesario que Jesús fuese bautizado por Juan, aunque Jesús no tuviese pecado y aunque Él fuese superior a Juan. Muchas veces lo que Dios dispone y hace no parece lógico para nuestro razonamiento, pero tiene un propósito. 

¿Por qué Dios dispuso que naciésemos en el país en que nacimos, en la ciudad en que nacimos, en la familia que nacimos? ¿No pudimos haber nacido en un mejor lugar y de unos mejores padres? ¿Por qué Dios permitió que naciésemos con las características y el carácter que tenemos? ¿Por qué no me hizo más alto, más delgado, más guapo, con un carácter más firme? ¿Por qué Dios permite que algunos niños no nazcan, o que nazcan con enfermedades, o que mueran al nacer? No puedo darles respuestas específicas a ninguna de estas preguntas, pero les puedo asegurar con toda confianza que Dios tiene un propósito en todo ello, aunque no nos parezca lógico.

¿Cuál era el propósito de que Jesús fuese bautizado por Juan? Hay varias posibles razones. Primero, para que fuese manifestado como el Mesías. El apóstol Juan nos revela en su evangelio que Juan el Bautista dijo: “Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.” (Jua. 1:31). Juan el Bautista vino bautizando para preparar el Camino del Señor. Los corazones se estaban arrepintiendo y preparando para aceptar al Mesías. Y el bautismo mismo del Mesías revelaría su identidad por una señal que ocurriría como dice el propio Juan el Bautista: “Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.” (Jua. 1:33-34). Y más adelante, en el v.16 vemos que esto le ocurre a Jesús. Así que el bautismo de Jesús lo manifestó como el Mesías a Israel.  

Segundo, para comenzar Su ministerio público. El bautismo de Jesús marcaba el comienzo de Su ministerio público. Así como el Sumo Sacerdote debía ser lavado en la fuente de bronce antes de empezar su ministerio (Exo. 40:12), Jesús fue lavado por Juan en el Jordán en su bautismo. Claro, en el caso del Sumo Sacerdote ese lavamiento representaba el arrepentimiento y el perdón de sus pecados, pero en el caso de Jesús solo marcaba el inicio de su ministerio como nuestro Sumo Sacerdote santo, inocente y sin mancha (Heb. 7:26).

Tercero, para suceder el ministerio de Juan. Juan se había hecho famoso como profeta en Israel y mucha gente venía a él para ser bautizado porque reconocían que predicaba la Palabra de Dios. De hecho, Juan llegó a tener varios discípulos que estuvieron con él hasta el día de su muerte. Al venir Jesús a ser bautizado por Juan, se estaba identificando con su ministerio y estaba tomando el testigo para continuar la carrera de la predicación del Reino de Dios. Así que el bautismo de Jesús fue la sucesión del ministerio de Juan a Jesús. De ahí en adelante, Jesús se encargaría de llamar a la gente al arrepentimiento y de anunciar la llegada del Reino de Dios. Por esto también era necesario que Jesús fuese bautizado por Juan. 

Cuarto, para mostrar su humillación y obediencia. El teólogo Michael Ferrebee Sadler dice que el bautismo fue, después de su muerte, “la mayor evidencia de su sumisión al Padre”. ¿Cómo? “Porque conscientemente se sometió a ser reconocido entre los pecadores como si fuera uno de ellos y recibir la señal exterior de la limpieza del pecado y de la corrupción en los cuales no tenía parte alguna.” Aunque Juan y Jesús sabían que Él no tenía pecado y que no necesitaba ser bautizado para el perdón de los pecados, la gente al ver a Jesús siendo bautizado le tendrían por pecador igual que ellos. Esto era una clara humillación para Jesús. Pero Él lo hizo así para obedecer la voluntad de Dios.    

Quinto, para identificarse con la humanidad pecadora. Aunque la encarnación ya hizo humano al Verbo Divino, Jesús debía identificarse con los seres humanos pecadores en todo sentido, excepto en el pecado mismo. Sin embargo, el bautismo de Jesús le hacía identificarse con los humanos pecadores que necesitaban del arrepentimiento y del lavamiento para el perdón de sus pecados, aunque Él mismo no necesitase de ello. El bautismo de Jesús fue el preludio de la cruz. Él cumplió con “todo deber religioso” para ser un Sacrificio perfecto. Cómo Aquel que no conoció pecado podía identificarse con la humanidad pecadora, es una paradoja que tendrá que continuar siendo un misterio. Pero todo estaba relacionado con su muerte redentora en el Calvario. La teóloga francesa Suzanne de Dietrich lo presenta de la manera siguiente: “Sólo más adelante podrá ser captada la profunda significación de este acto por el cual Jesús se identifica con su pueblo, carga con su culpa y recibe con y para ellos el bautismo del arrepentimiento.” En este sentido algunos alegan que Jesús en su bautismo confesó no sus propios pecados, sino los pecados del pueblo de Israel de forma representativa como lo hiciesen en el AT: Moisés, Esdras, Nehemías, Salomón, Daniel, entre otros. Y que el bautismo de Jesús estaba describiendo su venidero ministerio de muerte y resurrección.

Entonces, Jesús, el hombre perfecto, no tenía que bautizarse, pero aceptó el bautismo en servicio obediente al Padre, para cumplir con lo que Dios había dispuesto, y Dios le manifestó Su aprobación como veremos a continuación.

II.- El Espíritu que desciende y la voz del cielo (16-17)

Leamos ahora los vv. 16-17. El v.15 termina diciendo que Juan finalmente aceptó bautizar a Jesús después de dar su argumento. Y acá el v.16 comienza diciendo que Jesús fue bautizado. Al final, se cumplió lo dispuesto por Dios y Jesús fue bautizado por Juan aunque no parecía haber necesidad de ello y aunque parecía lógico que fuese al revés. Sin embargo, por Su sujeción obediente, Dios manifestó su aprobación hacia Jesús y dio una evidencia contundente de que Jesús era el Mesías prometido. ¿Cómo hizo esto?

Primero, fueron abiertos los cielos. Leamos nuevamente el v.16b. La apertura de los cielos significa que Dios va a mostrar algo o a actuar en la Tierra. Jesús manifestó al comienzo de su ministerio público que: “De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” (Jua. 1:51). El bautismo de Jesús marcaba una nueva era para el mundo. Ahora Dios abría los cielos para que descendiese su Espíritu Santo sobre Jesús, pero esos cielos permanecerían abiertos para que el poder de Dios se manifestase continuamente en la Tierra. Todavía hoy tenemos abiertos los cielos y Dios está derramando sus bendiciones sobre nosotros, principalmente el Espíritu Santo que nos ha sellado para que entremos en el Reino de Dios una vez que Jesús, a través de esos mismos cielos abiertos, vuelva para llevarnos con Él.

Segundo, y descendió el Espíritu Santo como paloma. Leamos nuevamente el v.16b. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús como paloma. Lucas dice: “En forma corporal, como paloma” (Luc. 3:22); es decir, el Espíritu Santo asumió la forma corporal de una paloma y descendió sobre Jesús a la vista de todos. Pero ¿por qué en forma de paloma? A lo largo de las Escrituras la paloma simboliza pureza y castidad (Cnt. 6:9), sencillez y humildad (Mat. 10:16) y belleza (Cnt. 2:4; Sal. 68:13). Entonces el Espíritu Santo descendió sobre Jesús con pureza, humildad y belleza para llenarle de Su poder y Su gracia. Pero más importante que la forma en que descendió, es entender que el Espíritu Santo descendió sobre Jesús para investirlo de poder para Su ministerio y para ungirlo como se ungía al Sumo Sacerdote antes de comenzar su ministerio (Exo. 40:13). Así que Jesús fue lavado y ungido para su ministerio sumo sacerdotal por la humanidad. Y aún más allá de esto, como aprendimos antes, el Espíritu Santo descendiendo como paloma era la señal que Juan el Bautista estaba esperando para conocer y revelar la identidad de quien sería el Mesías (Jua. 1:33-34). Así que el descenso del Espíritu Santo sobre Jesús de esta manera revelaba su identidad como el Mesías, el Hijo de Dios.  

Tercero, hubo una voz de los cielos. Leamos nuevamente el v.17a. La voz de los cielos era evidentemente la voz del Padre, sobre todo porque dijo: “Este es mi Hijo amado”. Dios mismo rompió el silencio y expresó Su satisfacción desde los cielos. Cabe destacar aquí la presencia de la Santísima Trinidad. El Hijo obedeciendo sumiso la misión encomendada, el Espíritu Santo ayudando al Hijo a cumplir con Su sagrada misión y el Padre expresando su complacencia por la obediencia del Hijo. ¡Toda la Trinidad de Dios estaba comprometida en el rescate de los pecadores! ¡Bendito sea el Señor que en su infinita sabiduría y amor ha provisto un camino para que nosotros los pecadores pudiésemos llegar a Él! ¡Aleluya!  

¿Qué dijo el Padre desde los cielos? Leamos nuevamente el v.17b. Aquí hay dos frases que son el cumplimiento de profecías mesiánicas. Primero, este es mi Hijo amado. Esta frase apunta al Sal. 2:7: “Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.” Dios estaba reconociendo a Jesús como su Hijo Unigénito, el Único Hijo engendrado por Dios para cumplir la misión mesiánica de salvar al mundo de sus pecados. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Jua. 3:16). Dios nos amó tanto que envió a su único Hijo engendrado, Jesús, a morir por nuestros pecados para darnos la vida eterna. Y el bautismo de Jesús era el inicio del cumplimiento de esa misión.

Segundo, en quien tengo complacencia. Esta frase apunta a Isa. 42:1: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.” Aquí Jesús es identificado como el siervo escogido de Dios para cumplir la misión mesiánica. Este siervo es mencionado muchas veces en Isaías y quizás la mención más conocida es como el siervo sufriente en Isa. 53. Jesús sufriría por los pecados de la humanidad. Sería “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isa. 53:3); “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. (Isa 53:5-6).

Por esto el Padre se complace en Él. Porque obedeció hasta la muerte. Porque 
“siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Flp 2:6-8). Jesús se humilló a Sí mismo, despojándose de su condición y poder divinos para tomar forma de hombre. Y estando en condición de hombre se humilló en su bautismo y en su muerte por obediencia al Padre.

¿Se complace Dios en tu vida? Deberías aprender de Jesús. Como amonesta el apóstol Pablo: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Flp. 2:5). Debe haber en nosotros la misma mente de obediencia que hubo en Jesús. Debemos obedecer a Dios aun cuando eso signifique humillarnos y renunciar a la lógica de nuestro propio pensamiento y a nuestros propios sentimientos. ¿Por qué tengo que perdonar a esa persona que me hizo tanto daño? Porque es la voluntad de Dios y debo obedecer. ¿Por qué debo abandonar la vida que llevo si estoy cómodo en ella y me parece la forma más lógica de vivir? Porque es una vida pecaminosa que desagrada a Dios y debes vivir para agradar a Dios. Debemos arrepentirnos de nuestros pecados, de nuestro orgullo y de nuestro propio pensamiento y vivir obedientes la vida agradable a Dios. Así complaceremos al Padre.

Les puedo asegurar que para Jesús no fue fácil venir a este mundo y limitarse en un cuerpo humano. Padecer hambre, sed, sueño, cansancio, dolor, tristeza, todas estas cosas totalmente ajenas a Dios. Tener que humillarse a bautizarse como si fuese un pecador. Pero Él hizo todo esto por amor y obediencia al Padre y por amor a nosotros. Tampoco fue fácil para Juan renunciar a su lógica y a sus sentimientos para bautizar a Jesús, pero Él lo hizo en obediencia a Dios. De la misma forma, cada uno de nosotros debería tener esta mente que hubo en Cristo Jesús y en Juan, y abandonar nuestras vidas pecaminosas aunque sintamos que nos humillamos a nosotros mismos al hacerlo y aunque no nos parezca lógico lo que Dios nos pide. Sigamos el ejemplo de Jesús y seamos obedientes al Padre para escuchar la voz de Dios decirnos también: “este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”. Amén.

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