LA VANIDAD DE LAS RIQUEZAS Y EL HONOR

Predicado el día domingo, 5 de septiembre de 2021

Mensaje del libro de Eclesiastés
Palabra: Eclesiastes 5:8 - 6:12
Verso Clave: Eclesiastes 5:10
Serie - Lect: Eclesiastés - Lec 9
Predicado por: Josue Gutierrez
País/Capítulo:   / Ciudad de Panamá
Tipo: Dominical
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Eclesiastés 5:8 - 6:12

5:8 Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.
5:9 Además, el provecho de la tierra es para todos; el rey mismo está sujeto a los campos.
5:10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.
5:11 Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?
5:12 Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.
5:13 Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal;
5:14 las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano.
5:15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.
5:16 Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano?
5:17 Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán y dolor y miseria.
5:18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.
5:19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.
5:20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.
6:1 Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:
6:2 El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso.
6:3 Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él.
6:4 Porque éste en vano viene, y a las tinieblas va, y con tinieblas su nombre es cubierto.
6:5 Además, no ha visto el sol, ni lo ha conocido; más reposo tiene éste que aquél.
6:6 Porque si aquél viviere mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿no van todos al mismo lugar?
6:7 Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su deseo no se sacia.
6:8 Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?
6:9 Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.
6:10 Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre, y se sabe que es hombre y que no puede contender con Aquel que es más poderoso que él.
6:11 Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?
6:12 Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?

VERSÍCULO CLAVE

El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.


Eclesiastés 5:10 (Reina Valera Revisada 1960)

LA VANIDAD DE LAS RIQUEZAS Y EL HONOR


Buenos días. La semana pasada aprendimos acerca de la vanidad de la falsa adoración a Dios. Salomón observó cómo sus correligionarios judíos buscaban el significado y propósito de sus vidas en la religión, pero esa religión no los llevaba a adorar a Dios verdaderamente. Aunque seguían los rituales de sacrificios que se ordenaban en la Biblia, su corazón estaba lejos de Dios. Aunque profesaban la religión judía, la religión que adoraba a Jehová de los Ejércitos, el Único y verdadero Dios, ellos no estaban adorando a Jehová verdaderamente, sino a un dios acomodado a una forma de religión muerta. ¡Dios nos guarde a nosotros de adorar a un dios de religión muerta! Yo oro para que cada uno de nosotros tenga una relación personal con Dios, adorándole en Espíritu y verdad. Que guardemos nuestro pie al venir a este lugar y que nuestra iglesia sea la congregación donde se reúnen los verdaderos adoradores para agradar el corazón de Jehová de los Ejércitos, el Dios que creó los cielos y la Tierra y todo lo que en ellos hay. Amén.

En el pasaje bíblico de hoy, Salomón continúa meditando en la falsa adoración de los hombres, pero ya no buscando adorar a Jehová, el Dios verdadero, sino adorando al falso dios de las riquezas. Jesús mismo también advirtió que no se puede servir a la vez a las riquezas y a Dios diciendo: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mt. 6:24). Así que el que ama las riquezas de este mundo, no podrá servir y adorar a Dios verdaderamente, sino que buscará el significado y propósito de su vida en las riquezas, aun perdiendo su relación con Jehová Dios por ello. Las riquezas serán su dios y le adorarán con todo su corazón. 

Entonces, Salomón nos advierte en este pasaje bíblico que “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto.” (5:10). Si amamos las riquezas de este mundo, serán nuestro dios y le serviremos durante toda nuestra vida y nunca hallaremos verdadera satisfacción. Nunca hallaremos el significado y propósito de nuestras vidas en las riquezas, pero si las amamos, lo seguiremos buscando allí hasta el fin de nuestros días sobre la Tierra. Mi oración es que a través del mensaje de hoy podamos aprender la vanidad de las riquezas y el honor en este mundo. Y que busquemos adorar y servir a Jehová Dios de todo nuestro corazón y hallemos en Él el contentamiento y el significado y propósito de nuestras vidas. Amén.

I.- La vanidad de las riquezas (5:8-17)

Leamos juntos el v.8 por favor. Aquí Salomón regresa al problema de las injusticias de la vida que aprendimos hace un par de semanas. Pero no para volver a meditar acerca de ellas, sino para concluir que no deben sorprendernos. No debe maravillarnos que el rico oprima al pobre, esto es de esperarse por el corazón pecaminoso del hombre y por la red de corrupción que hay en los gobiernos humanos. Cuando Salomón dice que “sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos”, nos está explicando que los corruptos se protegen unos a otros en la estructura gubernamental. El rico oprime al pobre y cuando el pobre va a los tribunales a quejarse no halla justicia porque el rico soborna al juez. Y cuando se apela a una instancia superior tampoco se halla justicia porque el juez superior ya está comprado también, bien sea por una coima del rico o porque le debe un favor al primer juez o al mismo rico. Lamentablemente, así son las sociedades de este mundo. ¿Por qué? Porque el hombre ama más las riquezas que a Dios. 

El actual gobierno de Venezuela, y cualquier gobierno socialista o comunista, es un claro ejemplo de eso. En el año 1999 el pueblo venezolano estaba cansado de los mismos aristócratas en el gobierno, así que alguien del pueblo, Hugo Chávez Frías, gana las elecciones y asciende a la presidencia, empezando a cambiar toda la estructura del gobierno.  Puso a sus amigos pobres en su gabinete gubernamental, y éstos nombraron a su amigos y familiares en diferentes cargos del gobierno. Y toda esa gente empezó a ver que había formas de quedarse con el dinero público sin que nadie se diera cuenta. Y si algún juez o funcionario se daba cuenta, se le daba su parte y éste se quedaba callado. Así esta gente pobre se hizo rica robándose el dinero del pueblo. Y aunque es descaradamente evidente el delito, nadie puede hacer nada porque tienen comprados a los que se suponen que deben hacer justicia. Y lo mismo pasa en Nicaragua, Panamá, Colombia y en todos los países del mundo a diferentes escalas. “sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.”

Pero, debemos recordar que Dios es el que vigila sobre todos. Él está mirando toda la situación y hará justicia. De hecho, Él usa la tierra para hacer justicia también como nos describe el v.9. Leámoslo juntos. Todo lo que consumimos se origina primariamente en los campos. Y es Dios quien decide cuándo lloverá y cuándo los campos darán sus frutos o no. Así que Dios puede utilizar la tierra como elemento de juicio para quitar aún las riquezas de los reyes. Podemos recordar cuando Dios envió las plagas a Egipto por medio de Moisés, Egipto quedó devastado por la mano de Dios y al Faraón no le quedó otra opción que dejar ir al pueblo de Israel. No nos desanimemos por las injusticias de la vida y la corrupción que vemos en nuestro país. Oremos por nuestros gobernantes para que Dios toque sus corazones y se arrepientan. Y si no lo hacen, confiemos en que Jehová es juez justo y Él dará la retribución apropiada en el momento apropiado. Amén. 

 Leamos ahora juntos el v.10. Aquí Salomón nos revela algo que se conoce como el principio de insatisfacción. El que ama el dinero nunca se sentirá satisfecho no importa la cantidad de dinero que tenga. Puede tener todos los millones del mundo. Puede tener mucho más de lo que puede gastar en toda su vida. Pero nunca se sentirá satisfecho. Siempre querrá más. Y esto es así porque está tratando de llenar con dinero un vacío espiritual. Hace unas semanas aprendimos que Dios ha puesto eternidad en el corazón del hombre (Ec. 3:11), y que uno de los significados de esto es que fuimos creados para vivir eternamente con Dios. Pero el pecado nos ha separado de ese propósito original de Dios. Con todo, nuestro corazón sigue anhelando esa eternidad con Dios. Sin embargo, tratamos de llenar ese vacío que nos ha dejado el pecado con diferentes cosas que ya hemos meditado aquí en Eclesiastés: la ciencia, la sabiduría, el trabajo, los placeres, la religión y las riquezas. Pero nada de esto puede llenar ese vacío, solo Dios puede hacerlo. 

Lo interesante es que con el placer y las riquezas siempre pensamos que no nos sentimos satisfechos porque nos hace falta más. Ya aprendimos que con el placer se llega a un punto en el que podemos notar que no nos satisfará nunca. Sin embargo, el que ama el dinero, no se sacia, y sigue buscando más y más dinero tratando de llenar ese vacío. Pero, hermanos míos amados, nunca tendremos suficiente dinero para sentirnos completamente satisfechos. Siempre hará falta más. 

Y Salomón nos muestra esto también en el v.11. Leámoslo juntos por favor. Cuando aumentan los bienes aumentan los que los consumen. Un agricultor en aquella época podría pensar: “Si trabajo mucho más duro podría cosechar un poco más este año y aumentar mi riqueza”. Sin embargo, lo que realmente sucedía es que aquel trabajador se agotaba mucho más para obtener un poco más de cosecha, pero casi toda esa cosecha adicional se iba en impuestos al gobierno. Cuando aumentan los bienes, también aumenta el consumo. Esto también podemos verlo en nuestras vidas en la actualidad. A medida que aumentan nuestros ingresos, aumentan nuestros egresos también. Quizás vivíamos ganando $1,000 mensuales. Pero por la gracia de Dios recibimos un ascenso y un aumento y ahora ganamos $1,500 mensuales. Uno podría pensar que tiene más para ahorrar. Pero no es así. Nuestros gastos también empiezan a aumentar porque cambiamos nuestro estilo de vida. Cuando aumentan nuestros ingresos aprovechamos para cambiar de carro, de casa, para remodelar la casa, para meter a nuestros hijos en una mejor escuela, para comprar ropa, para viajar, para salir a comer, etc. Cuando aumentan los bienes, aumenta también el consumo. 

 Leamos juntos el v.12. El trabajador, el que no ama las riquezas, no importa si come mucho o come poco duerme bien porque confía en Dios que le provee para todas sus necesidades. En cambio, el rico, el que ama las riquezas de este mundo, no duerme bien, preocupado en cómo hacer más dinero o preocupado por perder el que ya tiene, porque no tiene puesta en Dios su confianza sino en las riquezas que pueden perderse en un pestañeo. Y a continuación Salomón manifiesta esto también. 

 Leamos juntos los vv. 13-14. Las malas ocupaciones aquí se refieren a malas inversiones o a malgastar el dinero. Toda la riqueza que acumulamos, no importa cuán grande sea, puede malgastarse muy fácilmente o perderse rápidamente por una mala inversión. Un ejemplo de malgastar riquezas rápidamente se puede ver en los que ganan la lotería. Muchas personas alrededor del mundo han ganado millones de dólares en la lotería, pero la gran mayoría de ellas al cabo de un par de años vuelven a ser pobres. ¿Por qué? Porque malgastan su dinero. En cuanto a las malas inversiones, tenemos el caso de la firma de inversiones Lehman Brothers en la crisis financiera del 2008. Era el cuarto banco de inversiones más grande de los Estados Unidos y, sin embargo, debido a las malas inversiones en hipotecas se fueron a la quiebra en 2008 después de más de 150 años de vida. No podemos confiar en las riquezas, no importan cuan grandes sean, porque se pueden desvanecer de un momento a otro. 

Y aunque pudiésemos mantener nuestras riquezas durante toda la vida, ¿qué pasará con ellas cuando muramos?  Leamos juntos los vv. 15-16. Nada hemos traído a este mundo y nada nos podemos llevar. Así mismo como vinimos, partiremos, sin poder llevarnos nada de la riqueza que hayamos podido acumular en este mundo. Y aunque nos entierren con todas nuestras riquezas, como lo hacían con algunos faraones en Egipto, igualmente todo se queda aquí. Los arqueólogos han encontrado y estudian las riquezas de Egipto en las tumbas de los faraones. Los ladrones rápidamente saquearían nuestras tumbas para llevarse nuestras riquezas. ¿Y qué podríamos hacer nosotros? Nada porque este cuerpo ya está muerto y el alma reposa esperando el juicio de Dios.

Así que, hermanos míos amados, no pongamos las esperanzas en las riquezas de este mundo. Estas riquezas son pasajeras y solo nos darían una comodidad momentánea en este mundo. Pero si amamos las riquezas más que a Dios estamos condenándonos a nosotros mismos a vivir eternamente separados de Dios. Es más, Salomón nos dice en el v.17 que el rico ni siquiera puede comer tranquilo, sino que anda en afán y miseria, angustiado siempre por acumular más riquezas y por no perder las que tiene. No amemos el dinero, ni nos afanemos en acumular riquezas. Amemos a Dios y busquemos primeramente Su reino y su justicia y Él nos dará todo lo que necesitamos y nos dará la facultad para disfrutarlo como pasará a describir Salomón en los siguientes versículos. 

II.- El don de Dios de disfrutar las riquezas y la vanidad del honor en este mundo (5:18 – 6:12)

Leamos juntos el v.18. Esta es la tercera vez que Salomón dice estas mismas palabras en Eclesiastés, también podemos encontrarlas en 2:24 y 3:22. Desde el punto de vista humano, no hay nada mejor para el hombre que disfrutar del fruto de su trabajo sobre la Tierra. Comer, beber y divertirse con la familia y amigos usando el dinero que ha ganado por su trabajo. Según la sabiduría humana de Salomón esta es la parte que le ha tocado al hombre sobre la Tierra, como si no hubiese ningún otro propósito para la vida del hombre. Y, de hecho, el hombre sin Dios para esto vive. Pero muchos ni siquiera alcanzan a disfrutar de este mundo porque tampoco Dios se los permite y de eso tratará Salomón de ahora en adelante. 

Pero antes de empezar a hablar de ello, debo aclarar que nuestro propósito en la vida va mucho más allá de disfrutar nuestro corto tiempo en la Tierra. Nosotros estamos aquí con el propósito de preparar el reino de Dios. Prepararnos a nosotros mismos para vivir en el reino de Dios y preparar a este mundo para el establecimiento definitivo del reino de Dios. Disfrutar de la vida en este mundo es una añadidura como Jesús nos explica en Mt. 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Si buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, Dios nos dará el don de disfrutar de los bienes que Él nos permita en su gracia y su sabiduría. De modo que, cualquier cosa que disfrutemos en este mundo, glorifiquemos a Dios por ello como nos aconseja el apóstol Pablo: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1Co. 10:31).

Leamos juntos ahora los vv. 19-20. Dios en su gracia y sabiduría puede darnos bienes y riquezas en este mundo como vemos que algunos hermanos tienen, pero también puede elegir no darnos esto. Sea como sea, todo es don de Dios y debemos aceptar lo que Dios nos permite, sea poco o sea mucho, y glorificarle por ello. Hay personas a las que Dios les permite riquezas y les dan el don de disfrutarlas, esto es una gran bendición. Hay otros a los que Dios no les permite riquezas, pero les da el don de disfrutar lo poco que tiene con agradecimiento, y esto es una gran bendición también. Pero hay los más a los que Dios nos le ha dado riquezas, ni tampoco disfrutan lo que tienen, sino que se quejan contra Dios por hacerles pobres, esto es un gran mal. Pero, Salomón no habla acerca de estas personas aquí, sino de aquellos a los que Dios les ha permitido riquezas, pero aman el dinero más que a Dios y por eso Dios no les ha dado la facultad de disfrutar de esas riquezas. De ellos habla a continuación.

Leamos juntos los vv. 6:1-2. Salomón medita entonces acerca de aquellos a los que Dios les permite riquezas y no les falta nada, pero no les da la facultad de disfrutar de ello. En realidad, esta gente no disfruta de sus riquezas porque aman el dinero y el mucho tener y no se sienten satisfechos a pesar de todo lo que tienen. Así que con amargura en su corazón y gran insatisfacción buscan cómo obtener más sin disfrutar en Dios lo que tienen. Esto es vanidad y mal doloroso, dice Salomón. No tiene sentido que teniendo riquezas no puedan disfrutarlas y es doloroso ver que esto pase. Pero ocurre porque esa persona ama más las riquezas que a Dios. 

La realidad es que las riquezas no garantizan la felicidad. El evangelista Billy Graham en su autobiografía titulada: “Tal Como Soy” dice que “La felicidad no está determinada por la riqueza o la fama, sino por el carácter”. Y luego cuenta: “Ruth [su esposa] y yo tuvimos una vívida ilustración de esto en una isla del Caribe. Uno de los hombres más ricos del mundo nos pidió que fuéramos a almorzar a su lujosa casa. Tenía 75 años y durante toda la comida tenía los ojos aguados, a punto de llorar. ‘Soy el hombre más miserable del mundo’, dijo. ‘Allí está mi yate. Puedo ir a donde quiera. Tengo mi avión privado, mis helicópteros. Tengo todo lo que quiero para hacer mi vida feliz, pero soy tan miserable como el infierno’. Oramos con él, tratando de señalarle a Cristo, quien es el único que le da un sentido duradero a la vida. Luego, esa misma tarde, nos reunimos con el pastor de la iglesia bautista local. Él era inglés y tenía también 75 años, era un viudo que pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando a sus dos hermanas discapacitadas. Estaba lleno de entusiasmo y amor por Cristo y los demás. ‘No tengo ni dos libras esterlinas a mi nombre’, dijo con una sonrisa, ‘pero soy el hombre más feliz de esta isla’.” ¿Cómo un pastor pobre y padeciendo tantas dificultades puede ser tan feliz y uno de los hombres más ricos del mundo puede sentirse tan miserable? Solo uno de ellos halló el significado y propósito de su vida. Esto es don de Dios.

Leamos ahora los vv. 6:3-6. Salomón compara aquí dos situaciones contrastantes. Una que los judíos consideraban muy honrosa y una gran bendición: tener muchos hijos y vivir muchos días; la otra, una deshonra total y una maldición divina, el tener un aborto. Desde el punto de vista de los judíos, que un niño naciere muerto era una gran maldición y deshonra de parte de Dios para una familia. En cambio, un hombre que tenía muchos hijos y llegaba a una edad muy avanzada era muy honrado entre el pueblo como una persona muy bendita por Dios. Sin embargo, Salomón dice aquí que no importa si una persona llegue a tener cien hijos y llegue a vivir dos mil años, si no disfrutó de lo que Dios le dio en esta tierra, un abortivo es mejor que Él. En otras palabras, de nada sirve tener riquezas, fama y honra en este mundo si no hallamos nuestro propósito en Dios, sería mejor que hubiésemos nacido muertos. 

Y, lamentablemente, esta es la situación de muchas personas en este mundo. Desperdician su vida tratando de hallar su propósito en las riquezas y en la honra de este mundo, pero todo esto es vanidad. No tiene sentido ni propósito vivir así. Viven trabajando solo para tratar de saciarse a sí mismos como dice el v.7, pero no hallan ningún propósito ni sentido en esta vida como describen los vv. 8-12. Así se sentía aquel hombre rico que describía Billy Graham. Y así se sienten muchas personas en este mundo porque aman el dinero y las riquezas.

Durante la crisis financiera de 2008 que llevó a la quiebra a Lehman Brothers se incrementó la tasa de suicidios entre los hombres americanos y europeos al ver cómo perdían todo. Hubo un estimado de 4,884 suicidios más que la media del 2000-2007. Esto es lo que sucede cuando el que ama el dinero, lo pierde. Hay un gran sentido de pérdida y frustración y un profundo duelo que puede llevar eventualmente al suicidio. Lo mismo sucedió en la gran depresión económica de 1929. Sin embargo, en la Biblia vemos hombres que tenían todo y lo perdieron de un momento a otro, y sin embargo pudieron seguir adelante, de la mano de Dios. Algunos ejemplos son:  José, el hijo de Jacob; Job; David; y el apóstol Pablo. Se alargaría mucho más este mensaje si hablase de cada uno de ellos, pero voy a destacar solo el ejemplo del apóstol Pablo.

Saulo de Tarso era una persona muy influyente en la comunidad judía. Tenía bienes materiales y honra de parte de ellos. Pero al aceptar a Jesús como el Mesías perdió todos los privilegios y bienes que su comunidad le ofrecía. Sin embargo, él mismo testifica: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Flp. 3:8). Él perdió todo por causa de Cristo, pero consideró que todo lo que había perdido era basura en comparación con ganar a Cristo. Si tenemos a Cristo en nuestros corazones, es más que suficiente, todo lo demás es basura.

Además, Pablo tuvo que padecer mucho por el nombre de Cristo. En 2Co. 11:24-29 hay una lista de sus padecimientos que no vamos a ver ahora, pero entre todos ellos estaba también la escasez. Pablo, una persona que vivía bien antes de aceptar a Cristo, tuvo que padecer hambre, frío, desnudez, estar un día entero como naufrago en altamar, y no se quejaba por ello. Él mismo testifica en Flp. 4:11-13: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Él había aprendido a contentarse y a glorificar a Dios en cualquiera situación que se encontrara, aun en la escasez, porque todo lo podía en Cristo que lo fortalecía para vivir contento.

Yo oro para que cada uno de nosotros aprenda a contentarse con lo que Dios le ha permitido en este mundo. Que no amemos y sirvamos al dinero, sino que amemos y sirvamos a Dios con todo nuestro corazón, disfrutando de los bienes que nos da en este mundo y compartiéndolos con el que padece necesidad. Que acumulemos tesoros en el reino de Dios y no en este mundo. Y que podamos decir como Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Aun vivir en escasez si es la voluntad de Dios. Y, sea que comamos o bebamos, lo hagamos todo para la gloria de Dios. Amén.

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    " Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. "   (RVR 1960)

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