Lucas 18:31-43

18:31 Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.
18:32 Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido.
18:33 Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.
18:34 Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.
18:35 Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
18:36 y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.
18:37 Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno.
18:38 Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
18:39 Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
18:40 Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó,
18:41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.
18:42 Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado.
18:43 Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.

JESÚS: EL HIJO DEL HOMBRE, HIJO DE DAVID


¡Muy buenos días amados hermanos! Por la gracia de Dios hoy estudiaremos la parte final de Lucas 18, es decir que, ya emos alcanzado ¾ partes del estudio de este evangelio. Y quiero darle gloria a Dios porque, entre otros aspectos, durante estos meses principalmente hemos conocido más a Jesús. Por mencionar algunos aspectos, hemos aprendido que él es Santo ya que aunque el diablo lo tentó en todo no cayó en pecado; hemos visto que él es Poderoso, al punto que con su palabra sanó muchas personas y hasta resucitó a algunos que habían fallecido; y también hemos visto que él es Misericordioso, no solo porque perdonó pecados a muchas personas, sino que los ayudó aún en los días de reposo. Y así sucesivamente en cada capítulo hemos aprendido mucho de Jesús, y hoy no será la excepción, ya que conoceremos que él es el Hijo del Hombre y el Hijo de David. Quizá a priori usted no comprenda lo que esto significa, pero oro que en el desarrollo de este mensaje usted pueda comprender qué significan estos nombres y la importancia en nuestra vida práctica. Amén.

  1. JESÚS ANUNCIA SU MUERTE 

Leamos los vv.31-33 “Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.” Como lo hemos mencionado en las semanas anteriores, en este tiempo Jesús y sus discípulos se encontraban en camino ►desde Galilea hacia Jerusalén, que si bien era un viaje largo, todos los judíos lo realizaban hasta tres veces al año para participar de las celebraciones religiosas. En este tiempo se aproximaba el tiempo de la Pascua, que era la principal fiesta de los judíos y aunque Jesús y los doce se habían movilizado para celebrar dicha fiesta, como hemos leído en los versos anteriores, el propósito por el cual Cristo iba a Jerusalén era aún mayor: para que se cumplieran todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.

En la biblia encontramos que Jesús es llamado muchas veces “El Hijo del Hombre” y aunque este parezca un nombre cualquiera, no es así; más bien es el cumplimiento de una profecía acerca del Mesías dada en Daniel 7:13,14, donde dice: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” Nosotros debemos saber que, aunque Jesús fue un ser humano como cualquiera de nosotros tenía algo especial, pues realmente era Dios humanado con el fin de salvarnos de nuestros pecados. Jesús tomó forma humana y para ello se tuvo que despojar de su gloria, pero como lo dice la profecía de Daniel, seguía siendo Dios con dominio eterno. Por lo cual, cada vez que se le dice a Jesús “Hijo del Hombre” se resaltan tres aspectos (1) que él es el Salvador prometido (2) que es Dios (3) que realmente fue un ser humano. 

Saber que Jesús es nuestro Salvador y reconocerlo como tal es fundamental para todo cristiano, de hecho, podría decirse que nuestra nueva vida (la vida de fe) comienza a partir de ese momento. Sin embargo he escuchado, inclusive en la iglesia, que algunas personas tienen a Jesús solo como un personaje histórico, otros lo ven como un Maestro (por su gran sabiduría) y muchos lo divisan solo como un profeta. Pero quisiera que hoy quedara claro que Jesús es nuestro Salvador, es ese Mesías que se ha prometido en la biblia, que vino a rescatarnos de la muerte a la que íbamos por ser pecadores. También es necesario que no olvidemos que Jesús es Dios. Dios son tres personas que conforman un solo ser: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y aunque es difícil entender esto, quisiera que en base a la palabra de hoy te lleves la convicción de que Cristo es Dios y por ende es digno de nuestra adoración y su palabra es la palabra de Dios. Pero lo más maravilloso de Jesús, es que, aunque es Dios Santo y Perfecto, se hizo un ser humano como nosotros, y vivió de la misma manera. Es decir que Jesús tuvo las mimas necesidades (comida, vestido, vivienda, etc.), sufrió las mismas tentaciones, pasó crisis, se expuso a las mismas enfermedades, etc. Quizá esto no parezca importante, pero si lo es, porque podemos saber que no tenemos un Dios lejano, sino uno que se acercó y que nos entiende perfectamente en todo lo que vivimos. Así que cuando usted tenga alguna situación, agradable o desagradable, recuerde que Jesús lo entiende, y como él vivió cosas similares, usted puede buscar en su vida y encontrar cómo actuar de manera perfecta. Amén 

Es asombroso todo lo que podemos aprender solo de uno de los nombres de Cristo. ¡Gloria a Dios! pero volvamos al pasaje de Lucas, miremos de nuevo los vv.31-33 y recordemos por qué Jesús iba a ir a Jerusalén: para que se cumplieran todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Ya esta era la tercera vez que Jesús anunciaba su muerte (vea Lucas 9:22,44), y aunque en las veces anteriores explicaba lo que iba a suceder, esta era la primera que explicaba por qué “para que se cumplieran todas las cosas escritas…”. Una vez que el hombre cayó en pecado, Dios puso en marca su plan de salvación a través de Jesús y cientos de años antes nos lo hizo saber a través de sus profetas, y aunque la ejecución de este plan sería muy doloroso para Cristo, él decidió entrar en Jerusalén, como una oveja que iba al matadero, para morir por nosotros y resucitar al tercer día por obediencia a la palabra de Dios. Pues los planes de Dios son perfectos para nosotros.

Muchas veces nosotros no entendemos los planes de Dios, tal cual como les pasó a los doce discípulos, el v.34 dice “Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía”. Y hay otras veces que, aunque entendemos lo que Dios quiere, nos cuesta obedecer porque no nos gusta la forma. Sin embargo así como hizo Cristo, nosotros debemos confiar en la palabra del Señor, sabiendo que es lo mejor para nosotros, y obedecerla cabalmente. Aunque esto suponga algunos sufrimientos. No siempre obedecer a Dios es sencillo y placentero, aun así debemos obedecer, porque tenemos seguridad que es lo mejor para nuestra vida. Yo quiero invitarte a revisar tu vida de fe a la luz de este pasaje, y pregúntate si estás cumpliendo con las escrituras como Cristo. Aquellas áreas en que veas que no estás cumpliendo, toma la decisión de cambiar ya mismo. Oro a Dios que te dé sabiduría y dominio propio como el de Cristo para cumplir su palabra. Amén.

  1. LA SANACIÓN DE UN CIEGO

Leamos los vv.35-39 “Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno. Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” ►Jericó era una ciudad que estaba cerca de Jerusalén, aproximadamente a 20 km al Este, la mayoría de los peregrinos pasaban por allí cuando iban camino al templo y Jesús junto con sus discípulos no fueron la excepción. Es en este punto que un hombre especial entra en escena, se trata de un ciego que estaba junto al camino mendigando y que por el ruido de la multitud, más luego de haber preguntado, se enteró que Jesús estaba pasando. La ceguera siempre ha sido una discapacidad terrible, pero en aquel tiempo había algunas complicaciones que si bien la sufren los invidentes de nuestro tiempo, no en tanta medida como los ciegos de aquel momento. Principalmente me refiero al derecho al trabajo. Hoy día los invidentes pueden trabajar en ciertas áreas, incluso hay leyes que les obligan a las empresas a considerarlos dentro de su nómina, pero en aquella sociedad los ciegos no podían trabajar, peor aún, eran considerados como viles pecadores porque estaba la creencia de que ese, así como otros males de salud, eran la consecuencia de un grave pecado cometido por el invidente o por su familia. Por eso es que los ciegos dependían únicamente de las limosnas que les daban las personas y además de lidiar con las complicaciones de no poder ver, también debían soportar el rechazo y mal trato de la gente. Puedo imaginar cuanto sufrimiento tenía este pobre hombre.

Pero el ciego sabía que Jesús podía ayudarlo, seguramente había oído los comentarios acerca de Cristo, de los milagros que había hecho y quizá lo había escuchado predicar en algún momento. Por eso decidió gritar ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y aunque la gente lo callaba, seguía gritando ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” me sorprende como este hombre superó los obstáculos para acercarse a Cristo, porque él tenía dificultades propias de la ceguera (obstáculo interno) y dificultades externas (la multitud), pero él no se frenó y usó lo que tenía para clamar a Dios por ayuda. Esta es una actitud digna de imitar, porque aunque nosotros nos seamos ciegos, también podemos tener obstáculos internos y externos que nos limiten acercarnos a Jesús. En este tiempo, por ejemplo, es muy difícil tener tiempo libre, pues vivimos en un constante estrés, pero ante esa limitación debemos usar inteligentemente el poco tiempo que tenemos para clamar a Cristo. También la sociedad actual e incluso la familia, puede ser como aquella multitud que le pedía al ciego que se callara, ante esta presión nosotros no debemos rendirnos, más bien debemos insistir y pedirle auxilio a Dios con desesperación.

Quiero que miremos un aspecto del grito del ciego, él llamó a Jesús “Hijo de David” ¿qué significa esto? Vamos a leer 2 Samuel 7:12-13 “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.” Si usted lee este capítulo entero, se dará cuenta que en esta parte de la palabra se describen promesas de Dios para el rey David, quien fue rey de la época de oro de Israel. La promesa consistía en que alguien del linaje de David sería El Enviado y que este Mesías no sería rey terrenal sino un rey eterno. En pocas palabras, Dios prometió que el Salvador sería descendiente de David. De manera que cuando el ciego gritó a Jesús “Hijo de David”, estaba haciendo do cosas que todo ser humano debe imitar: (1) reconocer que Jesús es Rey eterno (2) reconocer que Jesús es nuestro Salvador.

Ciertamente Jesús no tuvo un reinado terrenal, de hecho, no contaba con ejército de militares, ni con palacio, ni con un gran trono rojo. Jesús tampoco tenía bienes materiales, la palabra dice que no tenía ni donde recostar la cabeza. Lo cual nos enseña que el reinado de Cristo no sería de esta tierra, sino que su reinado es espiritual, y como leímos en Samuel, es un reinado eterno. Jesús vino a reinar en nuestros corazones. Por lo tanto, nosotros debemos aceptar a Cristo como nuestro Rey, y esto no es solo decirlo con la boca, sino que en la práctica debemos dejar que él nos gobierne y postrarnos en su presencia. A veces decimos que aceptamos a Cristo como nuestro Rey pero no obedecemos sus mandamientos, o no seguimos su voluntad para nuestra vida, sino que hacemos nuestra propia voluntad. De eso no se trata. Sino de todo lo contrario.

Reconocer que Jesús es nuestro salvador también tiene implicaciones prácticas. Yo creo que todo el mundo sabe de la Cruz de Jesús, y todos saben, al menos teóricamente, que fue para pagar el pecado de la humanidad, sin embargo, pocos hemos aceptado a Jesús como nuestro salvador. Aceptar a Jesús como nuestro Salvador implica reconocernos primeramente como pecadores, arrepentirnos de nuestros pecados y luego aceptar su sacrificio en la Cruz. Hay quienes no se identifican como pecadores, creen que son buenas personas, pero la biblia dice en Romanos 3:10 que: “… No hay justo, ni aun uno;”, por lo cual lo invito a que siempre revise su vida y su día a día porque seguramente encontrará aspectos que lo hacen pecador y merecedor de un salvador.

Seguramente ustedes han escuchado que la confesión de fe consiste en aceptar a Jesús como nuestro Rey y Salvador, y en este hombre (el ciego) vemos un ejemplo. Oro a Dios que si entre nosotros hay personas que no han confesado a Cristo como su Rey y Salvador, en este día puedan hacerlo por medio de esta palabra. Amén

¿Cuál fue el resultado después que el ciego llamó a Jesús? leamos los vv. 40-43 “Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.” aquí podemos ver que tres cosas sucedieron:

Primero, Jesús prestó atención al clamor del ciego. Jesús detuvo su marca y fue donde estaba el ciego, y le dijo “¿qué quieres que te haga?”. La biblia dice que Dios no rechaza al que con corazón arrepentido y quebrantado se acerca a él (Salmos 51:17). Por lo cual nosotros podemos clamar a él libremente, sin temor de ser rechazado por Dios. El Señor tiene mucho trabajo en el mundo, ciertamente, pero aun así atiende personalmente cada una de nuestras oraciones. Sé que muchas veces pensamos “para qué voy a molestar a Dios por esto, esto o esto”, por favor saque esa idea de su cabeza, pues Jesús al contrario de esto está esperando nuestro grito desesperado. Qué le pedirías a Dios si se parara frente a vos en este momento y te dijera: “¿qué quieres que te haga?”. Esos aspectos que te vinieron en primer lugar a la mente son aquellos por los que necesitas más urgentemente clamar. Imita al ciego y con toda confianza busca a Jesús que Él te prestará atención.

Segundo, El hombre fue sanado y salvado. El ciego dijo “que reciba la vista” y Jesús le dijo “Recíbela, tu fe te ha salvado”. ¿notan algo en particular? El ciego no solo recibió la vista, sino que fue salvo. Jesús no solo resolvió su problema físico, sino el más importante, el espiritual. Es importante que nosotros, como el ciego, aceptemos a nuestro Rey y Salvador Jesús, pues los beneficios van mas allá de esta tierra. Son eternos. A veces pensamos que mi situación terrenal actual es lo más urgente de resolver, pero realmente la salvación de nuestra alma es lo más importante. Amén

Tercero, el nombre de Dios fue glorificado. Con este aspecto quiero cerrar el mensaje de hoy, pero no por ser el último es el menos importante, yo creo que todo lo contrario. El ciego después de recibir el favor de Jesús no se olvidó de Dios, sino que más bien comenzó a usar su nueva vida para glorificarle. Seguramente cantaba una canción como la de Marcos Vidal: “Sólo sé que yo era ciego y ahora puedo ver.” Pero esto no fue lo único, sino que como lo acabamos de leer: también todos los que vieron el milagro dieron alabanzas a Dios. 

De esta manera hermanos, oro a Dios que entre nosotros hayan muchos como el ciego de esta historia, que no solo clamemos a Jesús el hijo de David, sino que como aprendimos en la primera parte, le reconozcamos como el hijo del hombre

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