Efesios 2:4-10

2:4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
2:5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
2:6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
2:7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.
2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

DIOS NOS DIO VIDA JUNTAMENTE CON CRISTO


Buenos días. La semana pasada aprendimos la condición en la que se encuentra el hombre natural sin Cristo. Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Incapaces de acercarnos a Dios. Sin vida en nosotros mismos a causa de nuestra naturaleza pecaminosa. Siguiendo la corriente de este mundo pecaminoso que se encuentra bajo la influencia del príncipe de la potestad del aire, Satanás. Siendo hijos de desobediencia porque ni podíamos ni queríamos obedecer la Palabra de Dios, sino que obedecíamos a los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y siendo por naturaleza hijos de ira, es decir, destinados a la condenación. Así está el hombre natural sin Cristo, muerto espiritualmente, muriendo físicamente, siendo desobediente y destinado a condenación.

Pero hoy vamos a aprender lo que Dios hizo cuando estábamos en esa condición: “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo”. Dios que es rico en misericordia y con su gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos en nuestros pecados, aunque no había ninguna esperanza para nosotros, nos dio vida juntamente con Cristo, y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Ésta es la gracia maravillosa de Dios. Nos dio vida juntamente con Cristo y nos dio una nueva identidad, ahora somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. 

Yo oro para que el día de hoy podamos meditar en esta gracia maravillosa que hemos recibido y en esta nueva identidad que Dios nos ha dado, y podamos andar en las buenas obras que Dios preparó de antemano para nosotros con un corazón agradecido y lleno de amor por Él. Amén.

I.- Dios nos vida por su misericordia y su gran amor (4-7)

Miren el v.4. Este versículo comienza con un contundente giro adversativo: 
Pero Dios… Estas dos palabras enfrentan la desesperada condición de la humanidad caída con la iniciativa gratuita y la acción soberana de Dios. Estábamos condenados, pero Dios por su gran amor por nosotros nos tuvo misericordia. Estábamos muertos, y los muertos no resucitan, pero Dios nos resucitó con Cristo. Éramos esclavos de nuestros pecados, en una situación deshonrosa e impotente, pero Dios nos ha levantado con Cristo y nos ha colocado a su diestra, en una posición de honor y poder. Por lo tanto, Dios ha actuado para revertir nuestra condición pecaminosa. Es esencial colocar ambas partes de este contraste juntas, es decir, lo que somos por naturaleza y lo que somos por gracia, la condición humana y la compasión divina, la justa ira de Dios y el amor de Dios. 

Ya en el mensaje de la semana pasada vimos quiénes somos nosotros por naturaleza, pero hoy vamos a ver quién Dios por naturaleza y lo que hizo por nosotros. Aquí en el v.4 nos dice que Dios es “rico en misericordia”. Si bien Dios es santo y justo, y por causa de nuestro pecado nos condena, Él es también rico en misericordia. Es decir, Él no se apresura a aplicar implacablemente el castigo que merece al pecador, sino que con paciencia y amor ha buscado la forma de salvarle.

Nosotros somos su preciosa creación. Él nos creó con amor e hizo todo lo necesario para que pudiésemos vivir felices en este mundo. Después de crearnos, nos puso en un espectacular jardín que Él hizo para nuestro deleite. Nos proveyó de todos los alimentos necesarios. Nos dio su mandamiento. Nos dio una misión y propósito de vida. Nos dio una familia. Se paseaba con nosotros al calor de la tarde por el jardín. Conversábamos con Él cara a cara. Pero, ¿qué pasó? Pecamos contra Dios. Desobedecimos su mandamiento y nos apartamos de Él. Por su santidad y justicia Dios tuvo que castigarnos y nos expulsó del Edén. Y de allí comenzó nuestro descenso vertiginoso hacia la decadencia espiritual. 

Pero Dios no nos abandonaría. En su gran amor y misericordia, Él proveyó un camino de vuelta hacia la vida: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” (Gn. 3:15). Él enviaría a Su Hijo Jesús, la simiente de la mujer, para herir mortalmente a la simiente de la serpiente, Satanás, y sacarnos de debajo de su dominio. Y antes de expulsarnos del Edén, Dios mostró su misericordia para con nosotros vistiéndonos con túnicas de pieles (Gn. 3:21). Aunque merecíamos ser destruidos en ese preciso instante en que pecamos, aunque merecíamos pasar frío y vergüenza fuera del Edén, Dios nos hizo túnicas de pieles y nos vistió. Esto era una muestra de su amor y misericordia por nosotros.

Ese amor y misericordia de Dios se manifestarían plenamente en Jesucristo: 
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Jn. 3:16). Por su gran amor y misericordia por nosotros, Dios mismo vino a la Tierra en la forma del Hijo, Jesús, y se entregó para morir en la cruz, pagando el precio de nuestros pecados. Aunque merecíamos ser castigados, aunque merecíamos estar muertos, Dios tomó nuestro castigo y Jesús murió en nuestro lugar. Y eso es precisamente lo que nos dice el v.5.

Miren el v.5. ¿Qué hizo Dios aunque nosotros estábamos muertos en pecados? ¡Nos dio vida juntamente con Cristo! Jesucristo murió en la cruz en nuestro lugar. Tomó el castigo de muerte que nosotros merecíamos eternamente. Pero, Él no quedó muerto, sino que al tercer día resucitó. Como Jesús nunca pecó, no debía morir. Así que aunque murió por nuestros pecados, no podía quedar muerto, sino que resucitó. Y cuando Él resucitó resplandeció para nosotros la luz de la vida. Así que cuando reconocemos que somos pecadores y que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, y nos arrepentimos sinceramente, nuestros pecados son perdonados y pasamos de muerte a vida. ¡Dios nos da vida juntamente con Cristo en su resurrección! 

Miren el v.6. Dios nos resucitó juntamente con Cristo. El apóstol Pablo explica en 1Co. 15:22 que “así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” Así como por causa de Adán todos nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, por causa de Cristo todos nosotros hemos sido resucitados espiritualmente. Gracias a Cristo hemos pasado de muerte a vida. El mismo Espíritu que resucitó a Cristo de los muertos, está en nosotros dándonos vida. ¡Dios nos vida juntamente con Cristo y juntamente con Él nos resucitó! ¡Ya no estamos muertos en nuestros delitos y pecados!

Pero eso no es lo único que Dios ha hecho por nosotros. Miren nuevamente el v.6. Así como Cristo resucitó y ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre, así mismo nosotros hemos resucitado con Cristo y estamos sentados con Él reinando en los lugares celestiales. Fíjense que el verbo acá está en pasado: “Nos hizo sentar”. De hecho, toda la acción de Dios para el hombre pecador está expresada aquí en pasado. “Nos dio vida” (v.5), “nos resucitó” (v.6a) y “nos hizo sentar” (v.6b). Todo esto lo hizo Dios en Cristo, y el apóstol Pablo aquí nos une a Él. Así, primero “Dios nos dio vida con Cristo” (v. 5), luego juntamente con Cristo, “nos resucitó” (v.6a) y en tercer lugar “nos hizo sentar con Él en las regiones celestiales” (v. 6b). Estos verbos (‘nos dio vida’, ‘resucitó’ e ‘hizo sentar’) se refieren a tres hechos históricos sucesivos en la obra redentora de Jesús, que se les llama teológicamente resurrección, ascensión y sesión. Todo esto ha sucedido ya para Cristo y para el creyente también.

Cristo está ahora sentado a la diestra del Padre y nosotros también. Pero, ¿no estamos nosotros sentados aquí escuchando este mensaje ahora? Físicamente sí, pero espiritualmente estamos sentados en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Esto quiere decir que espiritualmente ya no estamos bajo el dominio del pecado y del príncipe de la potestad del aire, sino que ya estamos reinando junto con Cristo “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío” (Ef. 1:21). Así que ni el pecado, ni la muerte, ni Satanás tienen más poder sobre nosotros. Al contrario han sido totalmente derrotados en el nombre de Jesús. Amén.

¿Por qué Dios hizo todo esto? Ya hemos hablado de su misericordia y de su amor, y el v.5 también nos habla de su gracia, en la que profundizaremos un poco más adelante. Pero miren lo que dice el v.7. Aquí el apóstol Pablo nos dice que Dios hizo todo esto para mostrar su bondad. Dios es bueno. Y una muestra de su bondad es el plan de salvación que Él ideó. Él no tenía necesidad de salvarnos. De hecho, Él tenía todo el derecho de condenarnos. Si Él hubiese destruido a Adán y a Eva por su pecado, hubiese sido totalmente justo. Si Dios me enviase a la condenación eterna por causa de mis pecados, Él seguiría siendo justo, porque eso es lo que merezco. Pero Dios es bueno. Y en su gran amor y misericordia me salvó sin yo merecerlo. Me dio vida juntamente con Cristo, y juntamente con Él me resucitó y me ha sentado en los lugares celestiales con Cristo Jesús. 

Pero si no lo hubiese hecho conmigo, y lo hiciese con ustedes. Él seguiría siendo bueno, aunque yo fuese condenado. Pero si tampoco nos hubiese salvado a ninguno de nosotros, si no hubiese venido Jesús a morir en nuestro lugar, si igual hubiese destruido a Adán y a Eva, Él seguiría siendo bueno por habernos creado. Dios es bueno. Y esta obra de salvación que ha hecho en Cristo lo que hace es mostrar las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros. Amén. 

II.- Salvos por gracia por medio de la fe (8-10)

Miren el v. 8. La palabra gracia aparece tres veces en este pasaje bíblico (vv. 5, 7, 8), pero intencionalmente la he obviado hasta ahora. El v.5 dice que por gracia somos salvos. El v.7 habla de las riquezas de la gracia de Dios. Y este v.8 nos repite que por gracia somos salvos por medio de la fe, y que esto no viene de nosotros porque es un regalo de Dios. ¿Qué es la gracia? La gracia es recibir lo que no merecemos. Nosotros no merecíamos la salvación sino la condenación, pero Dios en su gracia nos ha dado la salvación en Cristo. Y lo ha hecho cuando creímos en la obra de salvación que Él ha hecho en Cristo Jesús.

Así, en este v. 8 aparecen tres palabras fundamentales del evangelio: salvación, gracia y fe. “Salvación” es más que perdón. Es la liberación de la muerte, la esclavitud y la ira presentadas en los vv. 1–3. Más aun, incluye la totalidad de nuestra vida nueva en Cristo: junto con Él se nos ha dado vida, hemos sido elevados y sentados en los lugares celestiales. “Gracia” es la misericordia gratuita e inmerecida de Dios hacia nosotros. Y “fe” es la confianza humilde con la cual nosotros recibimos la salvación por la gracia, creyendo que lo que Jesús hizo en su vida, muerte y resurrección es efectivo para nosotros, y que al aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador recibimos la salvación por la gracia de Dios.

Con el propósito de reforzar esta afirmación de que hemos sido salvados sólo por la gracia de Dios y a través de la confianza en Cristo, Pablo añade dos negaciones a continuación. Miren los vv. 8b-9. Primero, esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios (v.8b); y segundo, no por obras, para que nadie se gloríe (v.9). Algunos comentaristas han tomado la palabra “esto”, en el v.8b, como referencia a la fe que se menciona antes, es decir, entiende que el v.8 dice: “son salvos por medio la fe, y aun esta fe por la que son salvos es regalo de Dios”. Teológicamente esto es cierto. Nunca debemos pensar que la salvación es una especie de transacción entre Dios y nosotros, en la que Él contribuye con la gracia y nosotros contribuimos con la fe. No. Estábamos muertos y tuvimos que ser revividos antes de poder creer. Los apóstoles de Cristo enseñan claramente en todas partes que la fe salvadora también es el regalo de Dios. 

Sin embargo, Pablo no está aquí afirmándolo expresamente, porque la palabra griega que se traduce como “esto” es neutra; mientras que “fe” es un sustantivo femenino. Por lo tanto, debemos tomar “esto” como referido a toda la formulación anterior: “Por gracia de Dios son salvos por medio de la fe, y todo este hecho y experiencia es regalo de Dios para ustedes.” No es un logro propio (“no de vosotros”), ni una recompensa por obras de religión o filantropía (“no por obras”). Por lo tanto, ya que no hay sitio para el mérito humano, tampoco hay sitio para ninguna glorificación humana. La salvación es el don de Dios, “para que nadie se gloríe”. No podemos jactarnos o presumir por nuestra salvación. En el cielo no podremos lucirnos como pavos reales. El cielo estará lleno de las proezas de Cristo y las alabanzas a Dios. Habrá, sí, demostraciones en el cielo. Pero no de nosotros mismos, sino demostración de la riqueza incomparable de la gracia, la misericordia y la bondad de Dios en Cristo Jesús.

A estas alturas uno podría imaginar que Pablo ha terminado su argumento y está listo para pasar a otro tema. Pero no, está decidido a no dejar su tema hasta que lo haya expuesto de tal manera que no haya equívoco posible. Así que añade una afirmación más positiva, decisiva y gloriosa. Miren el v.10. “Somos hechura suya”. Pablo ya ha declarado que la salvación no ha sido un logro nuestro. Pero ahora aquí nos afirma que es el logro de Dios. ¿Qué somos ahora? Somos hechura de Dios. La palabra griega que se usa acá para hechura es poiēma, que significa literalmente: “algo que es hecho”, “un producto de alguien”. Estábamos muertos. Estábamos hechos pedazos. Pero Dios nos ha recogido de nuestra inmundicia y nos ha hecho nuevos en sus manos. Fíjense que la palabra griega poiema está relacionada etimológicamente con la palabra castellana “poema”. Ahora en Cristo somos poema de Dios. Somos Su obra de arte, Su obra maestra. Creados (en gr. ktisthentes) en Cristo Jesús. Ambas palabras griegas, poiema y ktisthentes, hablan de creación. Hemos sido creados nuevamente en Cristo Jesús. 

¿Para qué nos ha creado Dios en Cristo Jesús? Miren nuevamente el v.10. “Para buenas obras”. No es que nosotros seamos pasivos e inertes. Algunos críticos siempre han pensado esto, y han considerado que la doctrina paulina de la salvación sólo por la gracia nos predispone, en realidad, a continuar en el pecado. Están completamente equivocados. Las buenas obras son indispensables para la salvación, pero no como su fundamento o como un medio, sino como su consecuencia y evidencia. No somos salvos por las obras, sino creados en Cristo Jesús para buenas obras. Estas buenas obras Dios las preparó de antemano, es decir, ya Él las diseñó en una eternidad pasada, y nos hizo para que anduviésemos en ellas.

Podemos ver entonces que las buenas obras que hacemos en Cristo tampoco son mérito nuestro, ya Dios las diseñó y nosotros simplemente debemos andar en ellas. ¿Cuáles son estas buenas obras? Pues, son muy diversas. Se refieren a todas aquellas obras que nos llevan a desarrollar o administrar los dones espirituales. Van desde la devoción personal: el estudio de la Biblia, la oración, la meditación y el arrepentimiento por medio del testimonio bíblico; pasando por la devoción comunitaria: congregarse, la adoración congregacional, el servicio en la iglesia, el discipulado, la oración comunitaria, el estudio bíblico grupal; hasta la vida social: la evangelización, el servicio comunitario, las obras de caridad; etc. Toda buena obra que hagamos en Cristo en realidad no viene de nosotros, sino que ya Dios las preparó de antemano y nosotros simplemente debemos andar en ellas.

Así que, este pasaje bíblico termina como comenzó, con nuestro andar humano, una frase idiomática hebrea para referirse a nuestra manera de vivir. Primero andábamos en “delitos y pecados”, en los que el diablo nos manipulaba; ahora andamos en “buenas obras” que Dios ha preparado de antemano para que hiciésemos. Es un contraste entre dos estilos de vida (mundano y cristiano), y detrás de ellos dos señores (el diablo y Dios). ¿Qué hace posible tal cambio? Que Dios nos dio vida en Cristo por su misericordia, amor, gracia y bondad.

Yo oro para que cada uno de nosotros recordemos cada día esta gracia maravillosa que hemos recibido de Dios y que tengamos esta identidad como hechura Suya, andando en las buenas obras que Él preparó de antemano para nosotros. Evangelizando, discipulando y ministrando con los dones que Él nos dado. Y que así podamos vivir la vida abundante que Jesús vino a darnos y que cada vez más personas puedan pasar de muerte a vida por la gracia de Dios. Que Panamá se convierta en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.

ARCHIVOS PARA DESCARGAR



FOROS UBF ESPAÑOL

SUGERIMOS LEER

MÚSICA QUE EDIFICA

SÍGUENOS EN LAS REDES SOCIALES

ACERCA DE UBF

La Fraternidad Bíblica Universitaria (UBF) es una organización cristiana evangélica internacional sin fines de lucro, enfocada a levantar discípulos de Jesucristo que prediquen el evangelio a los estudiantes universitarios.

UBF MUNDIAL

Puede visitar el sitio de UBF en el mundo haciendo clic en el siguiente enlace (en inglés):

SUSCRIPCIÓN BOLETÍN

Ingrese su dirección e-mail para recibir noticias
e invitaciones a nuestras actividades