Mateo 8:1-17
8:1 Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.8:2 Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
8:3 Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.
8:4 Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.
8:5 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,
8:6 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
8:7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8:8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará.
8:9 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
8:10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
8:11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
8:12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
8:13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
8:14 Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.
8:15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.
8:16 Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;
8:17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
Jesús tomó nuestras enfermedades
¡Feliz día hermanos! Aunque seguimos en aislamiento social, oremos para que Dios nos ayude a empezar bien el penúltimo mes del año 2020 con su abundante palabra. Hoy estudiaremos San Mateo, en este pasaje Jesús muestra su amor y misericordia a través de sanar a muchos enfermos físicos y espirituales. A través de esta obra Jesús nos mostró que él vino a este mundo para tomar nuestras enfermedades y llevar todas nuestras dolencias. ¿Cuáles son nuestras enfermedades y dolencias? Mediante esta palabra oro para que podamos acercarnos a Jesús por la fe y seamos sanados para llevar una vida sana y limpia en nuestro Señor Jesucristo. Amén.
I. Jesús sanó a un leproso (1-4)
L.Vrs1-2 “Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. 2Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Muchos siguieron a Jesús porque habían escuchado las buenas noticias del reino de Dios y vieron sus milagros. Había muchos enfermos que venían a Jesús, entre ellos vino a él un leproso. En aquella época la lepra era una enfermedad considerada como un castigo de Dios. Su síntoma avanza gradualmente y destruye todos los órganos del cuerpo, los dedos, las cejas y la nariz se empiezan a pudrirse y se caen uno tras uno. Su rostro se desfigura totalmente y ya no pueden sentir el dolor a causa de sus nervios muertos.
Según la ley, este leproso no podía entrar a la ciudad ni esconderse entre la multitud. Ellos vivían aislados de la sociedad y tenían que pasar por la calle gritando: “Soy inmundo, aléjense de mi” (Lv.13:45) Pero el violó esta ley y escabulléndose entre la multitud se presentó delante de Jesús. Y le dijo: “Señor, si quieres puedes limpiarme” En realidad no sabemos cómo este hombre llevaba su vida antes de tener la lepra, tal vez su vida fui muy inmoral. Pero el reconocía su realidad ante Dios. Por eso vino a Jesús para preguntar si era la voluntad de Dios ser sanado o no. De alguna manera, el tenía humildad y fe en Jesús.
Entonces, ¿Cómo le respondió Jesús? L.Vr3 “Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció” Extender la mano y tocar el cuerpo de un hombre lleno de lepra era muy peligroso, porque la lepra se transmitía por el contacto físico. Pero, ¿Por qué Jesús extendió su mano y le tocó? Era para llevar la dolencia de su corazón. El estaba herido por el rechazo de la gente. Pero Jesús le tocó para mostrar su amor y su voluntad de limpiarlo. Él toque de Jesús era para sanar su fatalismo y soledad. Nadie ponía esperanza en este leproso, pero el toque de Jesús le dio la esperanza de Dios. Este fue el toque del amor de Dios en su vida.
No solamente le tocó sino también le dijo: “Quiero; sé limpio” Nadie quería acercarse a él, ni mirarlo, mucho menos tocarlo. Pero Jesús lo hizo. Jesús quería ayudarle a ser un hombre normal. ¿Qué milagro sucedió? El Vr.3b dice: “Y al instante su lepra desapareció” Hay poder en la palabra de Jesús, su palabra puede sanar nuestras heridas más profundas. A veces nosotros pensamos que Jesús no va recibirnos por causa de nuestros pecados, por eso no acudimos a él confiadamente. Pero, aquí Jesús nos dice: “Quiero sé limpio” Jesús quiere que vamos a él confiadamente para ser sanados y limpiados de todos los pecados y heridas de la vida. Amén
¿Qué le ordenó Jesús al hombre sanado de lepra? M.Vr4 “Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos” Jesús le pidió que se presentara tranquilamente al sacerdote. Jesús le estaba diciendo: "No hables de esto por toda la ciudad. Más bien, deja que tu vida tranquila y agradecida, no tus palabras, sean las que den testimonio de mí". No hay mayor testimonio que una vida transformada y un corazón agradecido. En especial Jesús le ayudó a tener una comunión con los otros. Jesús anhelaba que se integre en la sociedad y que viva plenamente feliz como un testigo de la misericordia de Dios.
¿En qué sentido la lepra es como el pecado? El pecado es como la lepra, porque ensucia el corazón, destruye el cuerpo y carcome el alma. El pecado con el tiempo nos vuelve insensibles. Al comienzo los que pecan se sienten culpables, pero después pierden la sensibilidad espiritual y luego pecan sin conciencia culpable. De esta forma pierden la comunión con Dios y con los prójimos. Hay muchos leprosos espirituales que no tienen una relación personal con Dios y sufren en silencio.
Por eso ¿Cómo podemos ser limpios de la lepra espiritual? L.1Jn 1:7-9 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” Para ser limpios de toda lepra primero tenemos que ir a Jesús y confesar nuestros pecados delante de Dios, si resolvemos nuestros problemas delante de Dios nuestra relación con las personas también se restaura. Este leproso es un gran ejemplo para nosotros, él vino a Jesús con una decisión de fe, superando todos los obstáculos, reconociendo su falta y orando. Entonces, recibió la sanación en Jesús. Solamente la sangre de nuestro Señor Jesucristo puede limpiarnos de todos nuestros pecados. Cuando nos acercamos con valor al Señor y mostramos nuestro ser sucio como el leproso, Jesús aceptará nuestro ser y seremos limpios con su sangre. Amén.
II. Señor, solamente di la palabra (5-13)
L.Vrs5-6 “Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado” Mucha gente venía a Jesús. Pero entre ellos vino un centurión y le rogó por la sanidad de su siervo enfermo. El centurión era un oficial del ejército romano, que tenía 100 soldados bajo su mando. Los soldados romanos eran conocidos por su carácter violento. En esa época el esclavo era tratado como un animal, si se enfermaba lo cambiaba como si fuera un coche usado. Pero este centurión era diferente. Él lamentaba la condición de su criado como si fuera su propio hijo. Por eso el dejó su orgullo romano y vino a Jesús para pedir su misericordia. Jesús se conmovió de su petición y le dijo: “Yo iré y le sanaré” (7)
Pero ¿Qué quiso el centurión que Jesús hiciera? L.Vr8 “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará” Humanamente el centurión era un jefe del ejercito y Jesús un predicador del campo. Pero el no vio a Jesús con ojos humanos sino con ojos espirituales, el vio que Jesús era el comandante del universo. Él vio a Dios santo en Jesús. Al mismo tiempo se vio a sí mismo como pecador vil delante de él. Y dijo a Jesús: solamente di la palabra, y mi criado sanará. Su fe era maravillosa.
¿Cómo pudo él tener esa fe? M.Vr9 “Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Él centurión comparó la autoridad espiritual de Jesús sobre las enfermedades con la autoridad que él tenía sobre sus soldados. Cuando él decía algo sus soldados le obedecían absolutamente. Del mismo modo él creía que Jesús también tenía la misma autoridad en lo espiritual. El Vr8b “Solamente di la palabra, y mi criado sanará. Esta es la fe de “Solamente di la palabra” Oro a Dios para que tengamos este tipo de fe como la del centurión.
L.Vrs10-11. “Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 11Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” Jesús gozó en la fe del centurión y vio la visión de la misión mundial cuando mucha gente del oriente y del occidente van a sentarse con Abraham, Isaac, y Jacob en el reino de los cielos. Pero Jesús se lamentó de la incredulidad de su propio pueblo que no tenía fe y no eran miembros del reino venidero. En este momento, debemos preguntarnos: ¿Tengo la fe del centurión?
L.Vr13 “Entonces Jesús dijo al centurión; Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.” Su petición fue respondida. Jesús sanó al paralitico gravemente atormentado a través de la fe del centurión en su palabra. Aquí aprendemos que Jesús trabaja conforme a nuestra fe. Si tenemos la fe absoluta en su palabra, será hecho lo que nosotros le pedimos. Hay poder en la palabra de Dios. Cuando tenemos la fe en el poder de la palabra del Señor, él levanta a cualquier paralitico espiritual. En este mundo hay muchos paralíticos, aunque físicamente son sanos. Muchos están paralizados por deseos carnales, miedo de fracasar, miedo de ser rechazados. Y sus heridas del pasado. Pero si tenemos la fe del centurión. Jesús nos dirá: “Como creíste, te sea hecho.” Creyendo en el poder de la sanidad de la palabra de Jesús, tenemos que seguir dando el estudio bíblico a nuestros hermanos. Oro que en UBF Bs As se levanten muchos centuriones espirituales.
III. Jesús tomó nuestras enfermedades (13-17)
¿Qué problema tenia la familia de Pedro? L.Vr14 “Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre” No sabemos el motivo por el cual la suegra de Pedro se quedó enferma. Probablemente, ella estaba amargada por su yerno. Porque él había dejado todo para seguir a Jesús sin recibir sueldo. Desde que Pedro fue llamado, Pedro ya no trabaja con los pescados, sino decía que era pescador de hombres, solamente seguía a Jesús. Para mantener la casa, su hija debía trabajar. Entonces su suegra se enojó mucho y se quedó con fiebre. Los detalles hay que preguntarle a Pedro después. ¿Cómo ayudó Jesús a la suegra de Pedro? L.Vr15. “y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía” El toque de Jesús que sanó al leproso sanó a la suegra también. Un tiempo la suegra no entendía la vida de fe de Pedro. Pero ahora por Pedro, llegó la gracia de Jesús a ella también. Ahora su casa entera sirve a Jesús. Se convirtió en la iglesia hogareña. Cuando Jesús le tocó, su amargura se fue juntamente con su fiebre, entonces entró en ella indecible alegría y la gracia de Jesús llenó su corazón. Entonces, ella se levantó y servía a Jesús y sus discípulos con comidas ricas (taco mexicano, seviche peruano), aunque físicamente todavía era débil. A partir de ese momento, ella sirvió con su hija. Y desde ese momento su suegra le trató muy bien a su yerno.
¿Qué sucedió después? L.Vr16. “y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;” Después de la cena, en la puerta de la casa de Pedro trajeron a muchos enfermos y endemoniados. ¿A quiénes trajeron? ¡A muchos endemoniados! La casa es el lugar de descanso. Pero con Jesús se convirtió en un hospital. Seguramente muchos gritaban, peleaban y golpeaban la puerta para ser atendidos. Uuuh otra vez la suegra de Pedro se quedaría enferma. Pero estaba Jesús. Por la palabra echó a los demonios y sanó a todos los enfermos.
¿Para qué vino Jesús? L.Vr17 “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” Esta palabra nos enseña el motivo de la venida de Jesús. Jesús vino a este mundo para tomar nuestras enfermedades sobre sí mismo y llevar nuestras dolencias. Este versículo es citado en Isaías 53:4-5 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” La gente tiene muchas enfermedades y dolencias. Hay enfermedades tanto físicas como espirituales. En este mundo no hay nadie sano. De una u otra manera somos enfermos. En el fondo de su corazón, cada persona tiene dolencias por causa de su vida pecaminosa que había llevado y por causa de las heridas de la vida pasada. Ustedes, ¿Qué dolencias y enfermedades tienen? Seguramente tenemos muchas enfermedades y dolencias. Pero la palabra dice que Jesús tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. ¿Creen esto? Sí, yo lo creo. Jesús sufrió y murió sobre la cruz para sanarme. “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”
En conclusión. Hoy aprendimos que Jesús vino para tomar todas nuestras enfermedades y dolencias. Jesús quiere sanarnos, él es nuestro sanador. Existen muchos engaños en nuestra vida, malos hábitos, un vacío interior de nuestro corazón. De ahí empieza toda la vagancia y caída. Sabemos que no debemos hacer así. Pero a veces no tenemos fuerza. Sin embargo, tenemos que acercarnos a Jesús humildemente, de esta manera Jesús puede tocarnos y experimentaremos la sanidad completa. Más que una vacuna contra Covid 19, necesitamos el toque de Jesús, por su sangre derramada en la cruz somos sanos de toda enfermedad física y espiritual. Nadie puede ser sano y limpio por su propia cuenta. Pero Jesús el Creador puede sanarnos. La palabra de Dios es tan poderosa que viene a nuestra vida irresistiblemente como las cataratas del Iguazú. Así echa fuera a todos los demonios. De esta manera todos los corazones son llenos de su Espíritu Santo, y así nadie puede mendigar el amor humano, sino todos seremos limpios como nueva criatura en Cristo Jesús. Oro a Dios para acercarnos a Jesús por la fe y seamos sanados para llevar una vida sana y limpia en nuestro Señor Jesucristo. Amén. Amén. Y Amén.
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