Jueces 14:1-20
14:1 Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos.14:2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer.
14:3 Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada.
14:4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel.
14:5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él.
14:6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho.
14:7 Descendió, pues, y habló a la mujer; y ella agradó a Sansón.
14:8 Y volviendo después de algunos días para tomarla, se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león; y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas, y un panal de miel.
14:9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el camino; y cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león.
14:10 Vino, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón hizo allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes.
14:11 Y aconteció que cuando ellos le vieron, tomaron treinta compañeros para que estuviesen con él.
14:12 Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta.
14:13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos.
14:14 Entonces les dijo: Del devorador salió comida, Y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días.
14:15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu marido a que nos declare este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos?
14:16 Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado, ¿y te lo había de declarar a ti?
14:17 Y ella lloró en presencia de él los siete días que ellos tuvieron banquete; mas al séptimo día él se lo declaró, porque le presionaba; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo.
14:18 Al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león? Y él les respondió: Si no araseis con mi novilla, Nunca hubierais descubierto mi enigma.
14:19 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma; y encendido en enojo se volvió a la casa de su padre.
14:20 Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él había tratado como su amigo.
JEHOVÁ COMIENZA A USAR A SANSÓN A PESAR DE SU PECADO
Buenos días. Una de las características más impresionantes de nuestro Soberano Dios es Su capacidad para usar aun las peores circunstancias para cumplir Su propósito. Cuando decidí regresar al Camino del Señor después de haberlo abandonado por mi pecado, todavía no sabía bien en qué iglesia congregarme. En medio de esa búsqueda, participé en mi primer Culto Dominical en UBF Caracas. En ese tiempo, el M. Juan Seo estaba predicando la serie del libro de Hechos. Ese domingo correspondió el cap. 7, que narra el martirio de Esteban. La muerte de este gran siervo de Dios fue una verdadera tragedia, consecuencia del celo pecaminoso de los judíos. A raíz de este nefasto suceso, se desató una terrible persecución que obligó a muchos hermanos a abandonar sus casas y familias en Jerusalén para dispersarse a lo largo y ancho del Imperio Romano.
A primera vista, todo esto fue una trágica consecuencia del pecado humano. Sin embargo, nuestro Dios Soberano usó toda esta situación para impulsar el Evangelio fuera de Jerusalén y llevar la Buena Nueva de salvación a miles de personas que aceptaron a Jesús como su Señor y Salvador, incluyéndonos a nosotros hoy en día. Sin la persecución, quizá los hermanos se habrían quedado viviendo cómodamente en Jerusalén y el avance del Evangelio hubiese sido mucho más lento.
Ese mensaje del M. Juan Seo me hizo reflexionar profundamente: todo lo malo que yo había hecho y que me había alejado de Dios, Él lo estaba usando para traerme a UBF y cumplir Su propósito en mí. Dios encauzó mi historia para ponerme en el lugar donde Él quería que le sirviese. Hoy, 22 años después, puedo afirmarlo con total certeza: el Señor transformó el mal en un bien eterno, dándome una preciosa familia y un ministerio misionero entre los jóvenes universitarios panameños. ¡El Señor tornó todo lo malo en algo infinitamente superior a lo que jamás imaginé!
De la misma manera, en nuestro pasaje bíblico de hoy, veremos a Sansón tomar una mala decisión tras otra, sin detenerse a consultar la voluntad de Dios. Sin embargo, el Señor usará toda esta situación para avanzar Su propósito de liberación para Israel. Esto no significa que Jehová apruebe nuestras malas decisiones o sea autor del pecado; significa que Su sabiduría y soberanía son tan infinitas que puede encauzar incluso las fallas humanas para cumplir Su perfecta voluntad.
Yo oro para que cada uno de nosotros contemple hoy la sublime gracia de Dios para nuestras vidas, Quien ha usado nuestras malas decisiones y pecado ― e incluso el pecado de otras personas que nos han herido― para atraernos a Su camino de salvación. Que con corazones llenos de gratitud, le pidamos al Señor que nos ayude a tomar decisiones sabias conforme a Su voluntad, y nos use poderosamente para esparcir el Evangelio en los campus universitarios y convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- El pecado de Sansón: Falta de dominio propio (1-9)
Leamos juntos el v.1, por favor. Nuestro pasaje bíblico comienza con un movimiento tanto geográfico como espiritual: el texto señala que Sansón “Descendió a Timnat”. Timnat era una ciudad ubicada en el territorio asignado originalmente a la tribu de Dan, pero que en aquel tiempo se encontraba bajo la ocupación y control de los filisteos. Este descenso físico de Sansón desde las montañas de Zora representa de forma vívida un descenso en su andar espiritual.
Sansón, el hombre consagrado desde el vientre de su madre como nazareo de Dios, camina directamente hacia el territorio del enemigo. Podríamos esperar que un hombre así fuese allí para cumplir la voluntad de Dios e iniciar la liberación de su pueblo, retomando el control de la ciudad para los danitas. Sin embargo, todo parece indicar que simplemente fue a ver cómo vivían los paganos. Y allí, en Timnat, fija sus ojos en una mujer filistea de la que quedó prendado.
Del mismo modo, muchos jóvenes, al crecer y mudarse del hogar de los padres o al ingresar a la universidad, van también a explorar cómo vive esta sociedad apartada de Dios. Algunos incluso empiezan a experimentar con placeres mundanos como el alcohol, el cigarrillo, las drogas y las relaciones fuera del diseño divino, perdiendo así su identidad y su propósito en el Señor. Oremos para que podamos educar a nuestros hijos fortalecidos contra estas tentaciones, y para que Dios nos use para alcanzar a los jóvenes descarriados en las universidades, guiándolos hacia Jesús. Amén.
Leamos ahora juntos los vv. 2-3, por favor. Sansón regresa de Timnat y acude a sus padres para que, conforme a la costumbre de la época, vayan allá a concertar la unión matrimonial con la familia de aquella mujer. En aquellos tiempos, el padre del joven debía ir a la casa de la familia de la doncella para negociar el matrimonio y el precio de la dote. Esta es la razón por la que Sansón no va directamente a pedir él mismo la mano de la joven, sino que les pide a sus padres que se la tomen por mujer.
Manoa y su esposa reaccionaron con justa alarma ante esta petición: “¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos?” (v.3). La Ley de Dios prohibía explícitamente las uniones matrimoniales con los pueblos paganos de la tierra de Canaán (Éxo. 34:15-16; Deu. 7:3-4) para evitar que el corazón de Su pueblo se desviara tras los ídolos. La objeción de los padres de Sansón no respondía a un prejuicio cultural o racial, sino a una preocupación profundamente espiritual: ellos anhelaban que aquel varón, consagrado por Dios desde antes de nacer, se casara a una mujer que adorara a Jehová y guardara sus mandamientos. Además, él no debía emparentar con el pueblo al que Dios lo había llamado a destruir.
Sin embargo, Sansón rechazó la corrección paternal con terquedad e impaciencia diciendo: “Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada.” (v.3b). A él no le importaba la Ley de Dios ni se detuvo a consultar la voluntad del Señor en oración. Sansón vivía impulsado por sus propios deseos: la concupiscencia de los ojos y la complacencia del ego. Así se manifiesta la primera señal de su falta de dominio propio: la incapacidad de someter sus anhelos personales a la autoridad de los mandamientos de Dios y al consejo sabio de la familia.
Leamos juntos el v.4, por favor. Este versículo es la clave teológica de todo el relato. Nos revela que, mientras Sansón actuaba motivado por sus impulsos carnales y su propia necedad, el Dios Omnisciente y Soberano estaba tejiendo Su plan de liberación por encima del pecado humano. ¿Significa esto que Dios provocó el deseo pecaminoso de Sansón por la mujer filistea? ¡De ninguna manera! Stg. 1:13-14 deja absolutamente claro que Dios no tentó a Sansón ni infundió pasiones inmorales en su corazón. Sansón fue atraído y seducido por su propia concupiscencia.
Lo que el texto bíblico enseña es que Dios, en Su infinita sabiduría, providencialmente encauzaría las malas decisiones y la testarudez de Sansón para provocar un conflicto entre él y los filisteos. A diferencia de las épocas pasadas donde Israel clamaba arrepentido y buscaba la liberación del Señor, en este tiempo de esterilidad espiritual la nación se había acomodado complacientemente al dominio filisteo. Se habían asimilado al estilo de vida pagano. Como ni los israelitas ni el propio Sansón tenían intenciones de emprender una guerra santa contra los opresores, Dios usaría los enredos personales de Sansón para quebrar esa coexistencia pacífica con el pecado e iniciar la liberación de Su pueblo. ¡Cuán insondable es la Soberanía y la Sabiduría de Jehová, que puede tomar los hilos torcidos de nuestra necedad y tejer con ellos el tapiz de Su perfecta voluntad! ¡Aleluya!
Leamos ahora juntos los vv. 5-6. De camino a Timnat para concertar el compromiso, ocurrió un evento extraordinario. Por alguna razón, Sansón se apartó de sus padres y, al aproximarse a las viñas de la ciudad, un león joven le salió al encuentro rugiendo. Es significativo notar el lugar donde esto ocurrió: las viñas de Timnat. ¿Qué hacía Sansón por allí solo? Un nazareo tenía estrictamente prohibido acercarse a cualquier producto de la vid (Núm. 6:3-4). Sansón caminaba al borde del peligro al exponerse deliberadamente a la tentación.
Sin embargo, ante la amenaza de este formidable león, “el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón”. Esto quiere decir que la capacitación sobrenatural que Dios le había otorgado —una fuerza sobrehumana— se manifestó en ese instante para librarlo. Este poder no dependía de la pureza espiritual de Sansón, sino del don soberano de Dios para el cumplimiento de Su misión. Con la fuerza concedida por el Espíritu, Sansón despedazó al león únicamente con sus manos. No obstante, guardó el suceso en secreto, sin contarlo ni a sus padres. Este silencio revela una actitud distante y autosuficiente: prefería actuar en solitario y reservarse sus experiencias para sí mismo, en lugar de glorificar a Dios testificando de Su obra.
Leamos juntos el v.7, por favor. Sansón y sus padres finalmente llegan a Timnat y concretan el compromiso porque la mujer “agradó a Sansón”. Nuevamente, no hay búsqueda de la voluntad del Señor ; todo se mueve al impulso de sus deseos carnales. Una vez pactado el compromiso y conforme a la costumbre de la época, Sansón y su familia regresan a su hogar para preparar un lugar para la pareja. Veamos lo que sucede a continuación.
Leamos juntos los vv. 8-9. Tiempo después, al regresar para celebrar las nupcias, Sansón vuelve a desviarse del camino. Quizá movido por la intención de contemplar su trofeo y regodearse en el poder que se le había otorgado, fue a examinar el cadáver del león que había matado. Según Núm. 6:6, una de las restricciones más estrictas del voto nazareo era no acercarse a ningún cuerpo muerto bajo ninguna circunstancia. Tocar un cadáver implicaba la contaminación ceremonial inmediata y el quebrantamiento formal de su voto de santidad.
A pesar de conocer bien esta ley, a Sansón no le importó la ordenanza divina. Al ver el panal de miel dentro del esqueleto, metió la mano, tomó de la miel y la fue comiendo por el camino. No solo pecó deliberadamente al violar su consagración de nazareo, sino que además hizo comer a sus propios padres de esa miel, ocultándoles su origen ceremonialmente inmundo.
Aquí vemos el trágico declive al que conduce la falta de dominio propio: Comienza cediendo a los deseos de los ojos (desear a una mujer pagana). Continúa coqueteando con la tentación en lugares riesgosos (los viñedos). Pasa a la violación abierta de los mandamientos sagrados (tocar el cadáver por un deleite momentáneo). Y culmina contaminando a sus seres queridos y ocultando la falta en hipocresía.
Amados hermanos, la falta de dominio propio es una corrosión silenciosa. Cuando descuidamos nuestras disciplinas espirituales y permitimos que los deseos de la carne dominen nuestras decisiones, terminamos pisoteando nuestra consagración y comprometiendo nuestro testimonio. Sansón tenía un don poderoso, pero un carácter sumamente débil. No cometamos su mismo error. Pidámosle al Señor para que nos fortalezca internamente mediante el fruto del Espíritu Santo —que incluye el dominio propio—, de modo que guardemos nuestros corazones en santidad para Su gloria. Amén.
II.- La soberanía de Jehová: Usarlo a pesar de su pecado (10-20)
Leamos juntos los vv. 10-14. Llegado el momento de la boda, Sansón organizó un banquete, “porque así solían hacer los jóvenes”. La palabra hebrea que se traduce como “banquete” es mishtéh, que significa literalmente ‘beber’. Entonces, en otras palabras, los invitó a beber. Una vez más, Sansón se colocó voluntariamente en medio de un entorno pagano donde el vino corría libremente, exponiendo seriamente otra de las restricciones de su voto de nazareo: la prohibición de participar del fruto de la vid. Y todo parece indicar que cedió a la tentación y quebrantó su voto.
Los filisteos, sospechando del poderoso joven israelita y aprovechando las costumbres locales, asignaron a treinta jóvenes como “compañeros” o guardias durante la festividad para vigilarlo y asegurarse de que no promoviera ninguna rebelión en la ciudad. Sansón, movido por el orgullo, la vanidad y la codicia, decidió desafiar a sus acompañantes confiado en su propia astucia. Les apostó treinta vestidos de lino fino y treinta mudas de ropa de fiesta a que no podrían resolver su acertijo en el transcurso de los siete días de la boda.
El enigma planteaba lo siguiente: “Del devorador salió comida, y del fuerte salió dulzura.” (v.14). La adivinanza se basaba en la experiencia secreta que solo Sansón conocía: la miel extraída del león muerto. Nadie podía resolverlo mediante la lógica o la sabiduría general, pues hacía referencia a un suceso secreto que, para colmo, involucraba el propio pecado de Sansón al haber tocado un cadáver. Sansón buscaba avergonzar a los filisteos y obtener riqueza material a costa de su propia transgresión a la Ley. Así transcurrieron tres días, y los invitados filisteos se sentían profundamente frustrados al no poder resolver el enigma.
Leamos ahora juntos los vv. 15-18. Por la forma en que el autor de jueces narra los hechos, la cronología resulta desafiante. Al punto de que los traductores judíos que vertieron el Antiguo Testamento al griego en la Septuaginta modificaron el inicio del v.15, cambiando “al séptimo día” por “al cuarto día”, intentando conciliarlo con el verso anterior. Sin embargo, no es necesario alterar la traducción, asumir que el enigma se planteó días antes del banquete o añadir más días a la festividad, como sugieren algunos intérpretes. Basta con tomar todos los detalles descritos y organizarlos en su secuencia correcta.
Sansón plantea el enigma en el primer día. Al intentar descifrarlo, los filisteos rápidamente notan la dificultad y recurren a la mujer de Sansón para sacarle la respuesta. Desde el inicio del banquete, ella apela a la manipulación emocional, llorando y suplicándole a Sansón que le revele la solución, diciéndole con insistencia: “Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo.” Desde el primer momento, Sansón le deja clara su negativa a revelarle la respuesta: “He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado, ¿y te lo había de declarar a ti?”
Para el tercer día, los filisteos se habían rendido en su intento de resolverlo por sí mismos y comenzaron a presionar con mayor dureza a la mujer. Ella, a su vez, lloraba intensamente ante su marido para que le desvelara el misterio, sin obtener respuesta. Finalmente, al séptimo día, los filisteos amenazaron a la mujer de forma extrema: “Induce a tu marido a que nos declare este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos?” Esta amenaza hizo que su llanto e insistencia fueran insoportables, terminando por colmar la paciencia de Sansón, quien acabó revelándole el secreto. Ella, de inmediato, traicionó su confianza y les dio la solución a los filisteos.
Justo antes de la puesta del sol del séptimo día, cuando vencía el plazo, los hombres de la ciudad se presentaron ante Sansón con la respuesta victoriosa: “¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león?” Sansón comprendió al instante que había sido traicionado por su propia esposa y respondió indignado con un proverbio popular: “Si no araseis con mi novilla, nunca hubierais descubierto mi enigma”. Como señala el Comentario Bíblico Beacon, esta era una expresión vulgar para denunciar cómo los filisteos recurrieron a la intimidad y al vínculo de su esposa para manipularlo y arrancarle el secreto. La manipulación emocional y el engaño destruyeron por completo aquella celebración. Sansón descubrió amargamente que los compromisos con el mundo pagano solo traen dolor, humillación y quebranto.
Leamos juntos nuestro versículo clave, el v.19. Llegamos al clímax narrativo del capítulo. Humillado, traicionado y acorralado por la apuesta que debía pagar, la ira de Sansón se encendió. Pero en ese preciso instante de crisis provocada por el pecado y la necedad de los hombres, el texto declara: “Y el Espíritu de Jehová vino sobre él “. ¡Qué despliegue tan asombroso de la soberanía de Dios! El Espíritu Santo no vino sobre Sansón para aprobar su matrimonio prohibido, ni para disculpar su falta de dominio propio, ni para bendecir su estallido de ira. El Espíritu vino sobre él para cumplir la promesa divina hecha en Jue. 13:5: “él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos.”
Sansón descendió a Ascalón —una de las cinco ciudades de la pentápolis filistea, ubicada en la costa del Mediterráneo—, mató a treinta filisteos, tomó sus prendas finas y pagó la apuesta a los que descifraron el enigma. Con este acto ejecutó el juicio de Dios sobre treinta opresores del pueblo de Israel y quebrantó definitivamente la alianza de paz y el compromiso que pretendía entablar con el enemigo. Dios usó la ira, la traición y la crisis personal de Sansón para encender el fuego del conflicto que iniciaría la liberación de Su pueblo.
Leamos ahora juntos los vv. 19b-20. El capítulo concluye con una nota triste sobre las consecuencias humanas del pecado. Sansón, lleno de indignación, abandonó a su mujer y regresó a la casa de su padre. En su ausencia, el padre de la joven la entregó en matrimonio al padrino de la boda, uno de los que Sansón había tratado como amigo. El intento de este juez de buscar la felicidad fuera de los límites de la voluntad de Dios terminó en traición, violencia y el colapso de su matrimonio. De forma similar suele terminar todo aquello que tratamos de emprender al margen de la voluntad del Señor.
Aunque Dios en Su soberanía usó todas estas circunstancias para avanzar Su plan redentor, Sansón sufrió amargamente las consecuencias naturales de su falta de dominio propio. Dios es infinitamente sabio para encaminar el mal hacia el bien, pero el pecado siempre deja cicatrices profundas en la vida de quien lo practica. Por esta razón, no debemos confiarnos pensando que Dios puede usarnos a pesar de nuestra desobediencia, o que podemos pecar impunemente solo porque Él nos perdonará. Si bien es cierto que Dios en Su gracia perdona y restaura, inevitablemente enfrentaremos las consecuencias de nuestros actos, las cuales pueden llegar a ser muy dolorosas o, incluso, fatales.
Amados hermanos, Jue. 14 nos presenta un retrato impactante del contraste entre la fragilidad y necedad del hombre, y la insondable soberanía de Dios. Al meditar en este texto, el Señor nos llama a extraer tres aplicaciones vitales para nuestras vidas hoy:
Primero, Dios es absolutamente Soberano sobre nuestras historias. Ninguna falla personal, ningún error del pasado y ninguna tragedia provocada por las malas decisiones humanas está fuera del control del Dios Todopoderoso. Al igual que con el martirio de Esteban en Hch. 7, o con la traición y el lío matrimonial de Sansón en Jue. 14, o como en mi propio testimonio personal al regresar al Señor hace 22 años, Dios tiene el poder absoluto de redimir el mal y convertirlo en un instrumento para Su gloria. Si hoy te sientes abrumado por errores del pasado o por situaciones difíciles que han surgido a causa de malas elecciones, no caigas en la desesperación. Arrepiéntete delante del Señor, rinde tu vida a Él y confía en que Su gracia es infinitamente más poderosa que tus fallas. Él es capaz de restaurar tu vida y encaminar todas las cosas para el bien de los que le aman (Rom. 8:28).
Segundo, el don de Dios exige dominio propio y consagración. Sansón fue dotado de una fuerza física extraordinaria por el poder del Espíritu Santo; sin embargo, carecía de control sobre sus propios afectos, sus ojos y sus emociones. Su vida es una advertencia solemne: el talento, los dones espirituales o la fuerza física jamás podrán sustituir al carácter piadoso. Dios nos ha llamado a una vida de santidad y consagración. En nuestras vidas como creyentes y como siervos en la obra misionera, no podemos buscar la complacencia en las pasiones del mundo. La falta de dominio propio destruye familias, invalida testimonios y trae amargura al corazón. Pidamos en oración que el Espíritu Santo no solo nos dote de poder para servir, sino que transforme nuestro carácter, produciendo en nosotros la templanza y el autocontrol necesarios para guardarnos puros hasta el fin. Amén.
Tercero, Jesucristo es nuestro perfecto Libertador. Finalmente, la historia de Sansón señala por contraste la necesidad de un Libertador superior. Sansón fue un juez impulsado por sus pasiones carnales, que salvó a Israel de forma parcial y en medio de sus propias crisis personales. En contraste perfecto, nuestro Señor Jesucristo es el Santo de Dios, sin mancha y con absoluto dominio propio. Cristo no cedió jamás a la tentación en el desierto; guardó la Ley en perfecta obediencia, se entregó voluntariamente por amor y pagó con su muerte en la Cruz del Calvario el precio completo por nuestra liberación eterna, resucitando al tercer día para darnos la victoria definitiva sobre el pecado, el diablo y la muerte.
Rindamos hoy todas nuestras decisiones y talentos a los pies de Cristo. Pidámosle perdón por nuestras faltas de dominio propio y consagrémonos de todo corazón a Su servicio. Oremos fervientemente para que el Espíritu Santo venga con poder sobre nosotros y que, usando nuestra obediencia fiel a la misión universitaria, Dios convierta a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.
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