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Nehemías 11:1 - 12:47
11:1 Habitaron los jefes del pueblo en Jerusalén; mas el resto del pueblo echó suertes para traer uno de cada diez para que morase en Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en las otras ciudades.11:2 Y bendijo el pueblo a todos los varones que voluntariamente se ofrecieron para morar en Jerusalén.
11:3 Estos son los jefes de la provincia que moraron en Jerusalén; pero en las ciudades de Judá habitaron cada uno en su posesión, en sus ciudades; los israelitas, los sacerdotes y levitas, los sirvientes del templo y los hijos de los siervos de Salomón.
11:4 En Jerusalén, pues, habitaron algunos de los hijos de Judá y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataías hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares,
11:5 y Maasías hijo de Baruc, hijo de Colhoze, hijo de Hazaías, hijo de Adaías, hijo de Joiarib, hijo de Zacarías, hijo de Siloni.
11:6 Todos los hijos de Fares que moraron en Jerusalén fueron cuatrocientos sesenta y ocho hombres fuertes.
11:7 Estos son los hijos de Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo de Joed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maasías, hijo de Itiel, hijo de Jesaías.
11:8 Y tras él Gabai y Salai, novecientos veintiocho.
11:9 Y Joel hijo de Zicri era el prefecto de ellos, y Judá hijo de Senúa el segundo en la ciudad.
11:10 De los sacerdotes: Jedaías hijo de Joiarib, Jaquín,
11:11 Seraías hijo de Hilcías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, príncipe de la casa de Dios,
11:12 y sus hermanos, los que hacían la obra de la casa, ochocientos veintidós; y Adaías hijo de Jeroham, hijo de Pelalías, hijo de Amsi, hijo de Zacarías, hijo de Pasur, hijo de Malquías,
11:13 y sus hermanos, jefes de familias, doscientos cuarenta y dos; y Amasai hijo de Azareel, hijo de Azai, hijo de Mesilemot, hijo de Imer,
11:14 y sus hermanos, hombres de gran vigor, ciento veintiocho, el jefe de los cuales era Zabdiel hijo de Gedolim.
11:15 De los levitas: Semaías hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías, hijo de Buni;
11:16 Sabetai y Jozabad, de los principales de los levitas, capataces de la obra exterior de la casa de Dios;
11:17 y Matanías hijo de Micaía, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, el principal, el que empezaba las alabanzas y acción de gracias al tiempo de la oración; Bacbuquías el segundo de entre sus hermanos; y Abda hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Jedutún.
11:18 Todos los levitas en la santa ciudad eran doscientos ochenta y cuatro.
11:19 Los porteros, Acub, Talmón y sus hermanos, guardas en las puertas, ciento setenta y dos.
11:20 Y el resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas, en todas las ciudades de Judá, cada uno en su heredad.
11:21 Los sirvientes del templo habitaban en Ofel; y Ziha y Gispa tenían autoridad sobre los sirvientes del templo.
11:22 Y el jefe de los levitas en Jerusalén era Uzi hijo de Bani, hijo de Hasabías, hijo de Matanías, hijo de Micaía, de los hijos de Asaf, cantores, sobre la obra de la casa de Dios.
11:23 Porque había mandamiento del rey acerca de ellos, y distribución para los cantores para cada día.
11:24 Y Petaías hijo de Mesezabeel, de los hijos de Zera hijo de Judá, estaba al servicio del rey en todo negocio del pueblo.
11:25 Tocante a las aldeas y sus tierras, algunos de los hijos de Judá habitaron en Quiriat-arba y sus aldeas, en Dibón y sus aldeas, en Jecabseel y sus aldeas,
11:26 en Jesúa, Molada y Bet-pelet,
11:27 en Hazar-sual, en Beerseba y sus aldeas,
11:28 en Siclag, en Mecona y sus aldeas,
11:29 en En-rimón, en Zora, en Jarmut,
11:30 en Zanoa, en Adulam y sus aldeas, en Laquis y sus tierras, y en Azeca y sus aldeas. Y habitaron desde Beerseba hasta el valle de Hinom.
11:31 Y los hijos de Benjamín habitaron desde Geba, en Micmas, en Aía, en Bet-el y sus aldeas,
11:32 en Anatot, Nob, Ananías,
11:33 Hazor, Ramá, Gitaim,
11:34 Hadid, Seboim, Nebalat,
11:35 Lod, y Ono, valle de los artífices;
11:36 y algunos de los levitas, en los repartimientos de Judá y de Benjamín.
12:1 Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel hijo de Salatiel, y con Jesúa: Seraías, Jeremías, Esdras,
12:2 Amarías, Maluc, Hatús,
12:3 Secanías, Rehum, Meremot,
12:4 Iddo, Gineto, Abías,
12:5 Mijamín, Maadías, Bilga,
12:6 Semaías, Joiarib, Jedaías,
12:7 Salú, Amoc, Hilcías y Jedaías. Estos eran los príncipes de los sacerdotes y sus hermanos en los días de Jesúa.
12:8 Y los levitas: Jesúa, Binúi, Cadmiel, Serebías, Judá y Matanías, que con sus hermanos oficiaba en los cantos de alabanza.
12:9 Y Bacbuquías y Uni, sus hermanos, cada cual en su ministerio.
12:10 Jesúa engendró a Joiacim, y Joiacim engendró a Eliasib, y Eliasib engendró a Joiada;
12:11 Joiada engendró a Jonatán, y Jonatán engendró a Jadúa.
12:12 Y en los días de Joiacim los sacerdotes jefes de familias fueron: de Seraías, Meraías; de Jeremías, Hananías;
12:13 de Esdras, Mesulam; de Amarías, Johanán;
12:14 de Melicú, Jonatán; de Sebanías, José;
12:15 de Harim, Adna; de Meraiot, Helcai;
12:16 de Iddo, Zacarías; de Ginetón, Mesulam;
12:17 de Abías, Zicri; de Miniamín, de Moadías, Piltai;
12:18 de Bilga, Samúa; de Semaías, Jonatán;
12:19 de Joiarib, Matenai; de Jedaías, Uzi;
12:20 de Salai, Calai; de Amoc, Eber;
12:21 de Hilcías, Hasabías; de Jedaías, Natanael.
12:22 Los levitas en días de Eliasib, de Joiada, de Johanán y de Jadúa fueron inscritos por jefes de familias; también los sacerdotes, hasta el reinado de Darío el persa.
12:23 Los hijos de Leví, jefes de familias, fueron inscritos en el libro de las crónicas hasta los días de Johanán hijo de Eliasib.
12:24 Los principales de los levitas: Hasabías, Serebías, Jesúa hijo de Cadmiel, y sus hermanos delante de ellos, para alabar y dar gracias, conforme al estatuto de David varón de Dios, guardando su turno.
12:25 Matanías, Bacbuquías, Obadías, Mesulam, Talmón y Acub, guardas, eran porteros para la guardia a las entradas de las puertas.
12:26 Estos fueron en los días de Joiacim hijo de Jesúa, hijo de Josadac, y en los días del gobernador Nehemías y del sacerdote Esdras, escriba.
12:27 Para la dedicación del muro de Jerusalén, buscaron a los levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, para hacer la dedicación y la fiesta con alabanzas y con cánticos, con címbalos, salterios y cítaras.
12:28 Y fueron reunidos los hijos de los cantores, así de la región alrededor de Jerusalén como de las aldeas de los netofatitas;
12:29 y de la casa de Gilgal, y de los campos de Geba y de Azmavet; porque los cantores se habían edificado aldeas alrededor de Jerusalén.
12:30 Y se purificaron los sacerdotes y los levitas; y purificaron al pueblo, y las puertas, y el muro.
12:31 Hice luego subir a los príncipes de Judá sobre el muro, y puse dos coros grandes que fueron en procesión; el uno a la derecha, sobre el muro, hacia la puerta del Muladar.
12:32 E iba tras de ellos Osaías con la mitad de los príncipes de Judá,
12:33 y Azarías, Esdras, Mesulam,
12:34 Judá y Benjamín, Semaías y Jeremías.
12:35 Y de los hijos de los sacerdotes iban con trompetas Zacarías hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micaías, hijo de Zacur, hijo de Asaf;
12:36 y sus hermanos Semaías, Azarael, Milalai, Gilalai, Maai, Natanael, Judá y Hanani, con los instrumentos musicales de David varón de Dios; y el escriba Esdras delante de ellos.
12:37 Y a la puerta de la Fuente, en frente de ellos, subieron por las gradas de la ciudad de David, por la subida del muro, desde la casa de David hasta la puerta de las Aguas, al oriente.
12:38 El segundo coro iba del lado opuesto, y yo en pos de él, con la mitad del pueblo sobre el muro, desde la torre de los Hornos hasta el muro ancho;
12:39 y desde la puerta de Efraín hasta la puerta Vieja y a la puerta del Pescado, y la torre de Hananeel, y la torre de Hamea, hasta la puerta de las Ovejas; y se detuvieron en la puerta de la Cárcel.
12:40 Llegaron luego los dos coros a la casa de Dios; y yo, y la mitad de los oficiales conmigo,
12:41 y los sacerdotes Eliacim, Maaseías, Miniamín, Micaías, Elioenai, Zacarías y Hananías, con trompetas;
12:42 y Maasías, Semaías, Eleazar, Uzi, Johanán, Malquías, Elam y Ezer. Y los cantores cantaban en alta voz, e Izrahías era el director.
12:43 Y sacrificaron aquel día numerosas víctimas, y se regocijaron, porque Dios los había recreado con grande contentamiento; se alegraron también las mujeres y los niños; y el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos.
12:44 En aquel día fueron puestos varones sobre las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para recoger en ellas, de los ejidos de las ciudades, las porciones legales para los sacerdotes y levitas; porque era grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y levitas que servían.
12:45 Y habían cumplido el servicio de su Dios, y el servicio de la expiación, como también los cantores y los porteros, conforme al estatuto de David y de Salomón su hijo.
12:46 Porque desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo, había un director de cantores para los cánticos y alabanzas y acción de gracias a Dios.
12:47 Y todo Israel en días de Zorobabel y en días de Nehemías daba alimentos a los cantores y a los porteros, cada cosa en su día; consagraban asimismo sus porciones a los levitas, y los levitas consagraban parte a los hijos de Aarón.
DEDICACIÓN DEL MURO
DEDICACIÓN DEL MURO
Nehemías 11:1-12:47
V, clave 12:43 “Aquel día se ofrecieron numerosos sacrificios, y se regocijaron, porque Dios los había recreado con grande contentamiento; también se alegraron las mujeres y los niños. Y el alborozo de Jerusalén se oía desde lejos”
La semana pasada aprendimos que todo el pueblo firmó una fiel promesa de apartarse de idolatría y llevarse una vida encendida a adorar a Dios. Era una solemne promesa ante Dios. Y terminado este acto, quedó un asunto real respecto del muro reconstruido. El problema era que vivía poca gente sobre un muro largo y ciudad espaciosa. La palabra de hoy se trata de qué proceso tomó Nehemías para conservar el muro reconstruido. Hubo la dedicación de gente voluntaria para Jerusalén y luego hizo la dedicación del muro a Dios. ¿Qué significaría dedicar el muro a Dios?
Dios nos reconstruyó el muro de nuestra vida en su misericordia. Lo recibido por Dios queda ser dedicado a él. No solo una vida en la iglesia, sino también ese muro reconstruido que es nuestra vida práctica y cotidiana. ¿Quién puede ofrecerse voluntariamente para servir a Dios? ¿Cómo dedicamos nuestra vida ante él? Oro que Dios nos ayude a aprender por quienes y cómo los muros reconstruidos permanecen en bendición de Dios.
Primero, Uno de diez por suertes (11:1-2). Los jefes del pueblo habitaron en Jerusalén, pero pocos pueblos vivían en Jerusalén. Esto era por el exilio babilónico y las casas de ciudad no habían sido reedificadas, aunque el muro si por la misericordia de Dios. Nehemías 7:4 dice “La ciudad era espaciosa y grande, pero había poca gente dentro de ella, porque las casas no habían sido reedificadas.” Para la protección de ciudad, lo más importante era los hombres que el muro mismo. El muro reconstruido no podía durar sin la gente suficiente ante posibles ataques de los enemigos. Y el resto del pueblo tenía que su heredad en sus propias ciudades y aldeas y en Jerusalén no había viviendas disponibles para vivir.
¿Cómo se solucionó este asunto de repoblación? Leamos el verso 1b. “pero el resto del pueblo echó suertes para que uno de cada diez fuera a vivir a Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en las otras ciudades.” El resto del pueblo echó suertes para que uno de cada diez fuera a vivir a Jerusalén. Un 10% del pueblo fueron seleccionados a vivir en Jerusalén. Dejarla y venir a un nuevo lugar significaba un gran sacrificio, porque tenían que comenzar desde casi cero para radicarse al nuevo lugar. Esta repoblación pudiera provocar un desacuerdo y resistencia entre los pueblos.
Pero ¿Cómo reaccionaron los hombres tocados por suertes? Leamos el verso 2. “Y bendijo el pueblo a todos los hombres que voluntariamente se ofrecieron para habitar en Jerusalén.” En vez de quejarse o excusarse, ellos voluntariamente se ofrecieron para habitar en Jerusalén. ‘Se ofrecieron voluntariamente a vivir dónde no había casas reconstruidas’. Ellos aceptaron la voluntad de Dios desde su corazón a vivir en Jerusalén, la santa ciudad dónde había el templo de Dios. Era una obra maravillosa de Dios entre el pueblo. Por lo tanto, el pueblo bendijo a tales hombres que se ofrecieron con buena voluntad.
La obra de Dios no se hace sin sacrificio. Y Dios obra por medio de los hombres obedientes y sacrificiales que dejan toda su comodidad y conveniencia humanas. Por medio de tales hombres valientes Dios va cumpliendo su promesa. Abraham podía vivir en la casa de su padre con toda comodidad. Pero cuando Dios lo llamó, él respondió por fe y dejó su tierra establecida y fue a dónde Dios le mandó a quedar (Gen 12:4). En la tierra extranjera Abraham sufrió peligro, discriminación y amenazas. Pero al final recibió la promesa de Dios de ser el padre de muchas naciones en Cristo como el día de hoy. Moisés vivía en el palacio de Egipto como un príncipe. Él pudo vivir con toda comodidad y lujo en el palacio. Pero él decidió a sufrir con el pueblo de Dios en vez de amar la comodidad. Y así sufrió junto con su pueblo para volver a la tierra de promesa. Junto con este sufrir, él recibió la bendición de ver a Dios cara a cara fue usado como un gran líder del pueblo de Dios y el transmisor de la Ley de Dios. Rut la moabita era una mujer extranjera. Ella no era una persona digna de entrar en la bendición de Dios. Cuando su suegro y esposo de Judá fallecieron, su suegra Noemí le mandó solícitamente a volverse a la casa de sus padres. Pero Rut no fue a la casa de sus padres, sino decidió con toda firmeza a ir con su suegra y servir a Dios hasta el día de muerte (Rut 1:16-17). Dios bendijo esta decisión de fe sacrificial de Rut y le hizo ser la bisabuela del rey David.
Dios no usa a quienes calculan para su conveniencia, sino obra con quienes se ofrecen voluntariamente para vivir su voluntad y promesa en sacrificio. Esta vida humanamente parece una perdida. Y deben sufrir y pasar la cruda realidad. Pero Dios quien ve en secreto una decisión de fe, la bendice de su manera sorprendente. Esta bendición no necesariamente es cosas seculares, sino está conectada a la eternidad y al Cristo que es su promesa. En Cristo Jesús Dios puede llamarnos quedar en Jerusalén, la tierra de misión. Dios puede llamarnos a dejar toda comodidad y morar en lugar dónde requiere un sacrificio grande. Dios puede mandarnos a seguir su promesa. Si Dios nos llama a ser entre ese 10% de personas para la santa ciudad, ¿qué le respondemos? ¿Qué decisión nos quedará a tomar? Oro que Dios nos haga ser como esos hombres que se ofrecieron voluntariamente a Dios y como nuestros antepasados de fe quienes vivieron en la tierra de promesa. Amén.
Segundo, Dedicación del muro (12:27-47). En 11:3-36, dando importancia a la población de ciudad, Nehemías tuvo escritos los nombres que vivieron en Jerusalén y también los de otras ciudades. Y en 12:1-26, él enlista los nombres de los servidores del templo, de los sacerdotes y levitas. Así Nehemías organizó el pueblo de Israel para cuidar el muro y servir a Dios en el templo según corresponde. Y vemos que Nehemías guio al pueblo con una excelente liderazgo con el enfoque de servir a Dios. En especial Nehemías organizó los cantores levitas conforme al estatuto de David, no según su parecer “Los principales de los levitas eran: Hasabías, Serebías, Jesúa hijo de Cadmiel, y sus hermanos estaban frente a ellos, para alabar y dar gracias, conforme al estatuto de David, varón de Dios, durante su turno de servicio (24)”
Terminada esta repoblación en la ciudad y clasificación de los ministros del templo, Nehemías materializó la dedicación del muro a Dios. Para esto primero purificó los servidores, el pueblo y el muro (30). E les hizo subir sobre el muro y recorrerlo en vez de rodearlo (31). Un grupo liderado por Esdras subieron al muro y recorría en toda parte sur. Y otro grupo liderado por Nehemías por toda parte norte. Así los dos grupos se encontraron en el templo de Dios. Mientras caminaban sobre los muros, los cantores cantaban las alabanzas en ‘alta voz’, haciendo memoria de la gracia de Dios sobre la reconstrucción y agradeciendo y orando por la protección del muro (40-42). ¿Qué sucedió, cuando dedicó el muro de esta manera? Vamos a leer el verso 43. “Aquel día se ofrecieron numerosos sacrificios, y se regocijaron, porque Dios los había recreado con grande contentamiento; también se alegraron las mujeres y los niños. Y el alborozo de Jerusalén se oía desde lejos” Dios recreó a los que dedicaron el muro con grande contentamiento, incluso las mujeres y los niños. El regocijo verdadero y grande contentamiento vienen solo de la vida dedicada a Dios quien es la fuente de toda bendición.
Lo que nos llama atención es dedicar ‘el muro’. En general la ceremonia de dedicación se relacionaba con el templo. Cuando Salomón terminó de construir el templo de Dios, hizo una ceremonia grande y solemne de dedicación del templo (1R 8). Con la reconstrucción del templo iniciado por Zorobabel, Esdras el sacerdote lo dedicó a Dios (Es 6:16-17). Así que ‘el templo de Dios’ era el tema de dedicación a Dios. Pero, esta vez la ceremonia se trataba del ‘muro’. La dedicación solemne del muro aparece en la biblia la única vez aquí. La dedicación del muro significa dedicar su vida práctica y cotidiana.
El muro reconstruido de Jerusalén puede representar nuestra vida en el sentido de reconstrucción por la misericordia de Dios. El muro de nuestra vida estaba totalmente destruido por nuestros propios pecados. Vivíamos una vida desordenada sin Dios y nuestro muro iba siendo destruido más. Vivíamos una vida completamente indefensa contra el ataque de los enemigos y toda condenación. Pero por su gran misericordia, Dios lo hizo ser reconstruido. Si es por su misericordia, no debemos volver a la vida pasada. Más bien en agradecimiento, debemos dedicarlo ante Dios. Una vida santificada, recorrida en alabanza hasta ser dedicada por completo a Dios nos vuele el regocijo y un grande contentamiento. Solo en esa vida dedicada en alabanza hay una comunión personal con el Cristo quien nos rescató.
Dedicar nuestro muro a Dios es una ceremonia necesaria día a día. Nuestra propia vida, nuestro hogar, nuestro trabajo y nuestra iglesia son los muros reconstruidos en Cristo. Estos muros pueden permanecer solo por la protección de Dios. Si Dios no proteja los muros reedificados, esos muros se harán un blanco fácil de los enemigos violentos y crueles. En cambio, si dedicamos nuestra vida cotidiana a Dios, entraremos en el regocijo y grande contentamiento que vienen de él y viviremos seguros en nuestra tierra de promesa. Amén.
En conclusión, Dios usa a los hombres que se ofrecen voluntariamente en sacrificio de su comodidad. En Cristo Dios nos hace recorrer sobre los muros que él hizo reconstruir. Hay que dedicar no solo una vida en iglesia, sino la vida práctica. Quien hizo reconstruirlos, cuidará, protegerá y hará que sea una ciudad santa que manifiesta su gloria. Y nos traerá un gran contentamiento. Oro que Dios nos haga ese pueblo que se ofreció voluntariamente, dedicando muros día a día ante su presencia. Amén.
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P. Hugo Hurtado (VE)
( 20 de noviembre de 2020 )
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