Nehemías 7:73 - 8:18

7:73 Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del pueblo, los sirvientes del templo y todo Israel, en sus ciudades.
8:1 y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.
8:2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo.
8:3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.
8:4 Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam.
8:5 Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento.
8:6 Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.
8:7 Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar.
8:8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
8:9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.
8:10 Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.
8:11 Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis.
8:12 Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.
8:13 Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley.
8:14 Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo;
8:15 y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito.
8:16 Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín.
8:17 Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande.
8:18 Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito.

EL GOZO DE JEHOVÁ ES VUESTRA FUERZA


EL GOZO DE JEHOVÁ ES VUESTRA FUERZA


Nehemías 7:73b-8:18

V, Clave 8:10 “Luego les dijo: «Id, comed alimentos grasos, bebed vino dulce y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque éste es día consagrado a nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.»


Buenos Días. La semana pasada aprendimos de una palabra dada por Dios a Abraham; ‘Yo soy tu escudo y su galardón será sobremanera grande’ (Gen 15:1). Dios no le prometió eliminar obstáculos, sino ser su compañía y escudo. Esta promesa es igual para todos los que viven en promesa de Dios. Y les da una seguridad inmovible. La palabra de hoy se trata de dónde hallar nuestra fuerza. La edificación del muro de Jerusalén fue acabada (Neh 6:15). El pueblo que vio esa obra imposible pero acabada llegaron a temer de Dios. Este temor cambió completamente la actitud del pueblo hacia la Ley de Jehová y les trae gran gozo. 


Por las cosas que suceden, a su pueblo Dios enseña dónde hallar fortaleza verdadera.   La buscamos, pero fallamos en muchas ocasiones, ya que la buscamos en las cosas equivocadas. Sobre todo Dios nos enseña dónde hallar fortaleza en los momentos quebrantados y tristes. Oro que Dios despierte nuestro temor de él a través de esta palabra para poder vivir en fuerza inquebrantable.  


Primero, pueblo atento a la ley (1-6). La edificación del muro fue acabada el 25 del mes Elul (sexto mes) (6:15). Y pasados 5 días, llegó el mes séptimo (7:73b). El séptimo mes era un mes tan importante para los israelitas, ya que en este mes se festejan tres importantes festividades; al primer día ‘el Año Nuevo’, a los diez días ‘el Día del expiación’, y del 15 al 22 ‘Sucot (Fiesta de los Tabernáculos)’. Así se decía la Ley. “En el mes séptimo, al primero del mes tendréis sábado, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación” (Levítico 23:24). Según el calendario hebreo primitivo, el primer día del séptimo mes era el Año nuevo (Tishrei ‘comienzo’). Al inicio de este mes, Esdras quien era escriba diligente en la Ley de Moisés vino a enseñar la Ley al pueblo (Esdras 7:6,10).


 El 8:1 dice que se juntó todo el pueblo como ‘un solo hombre’ en la plaza. Se juntó toda congregación así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender (2). Además desde el alba hasta el mediodía, oyeron la Ley de Jehová todos atentos (3). Todos los pueblos se humillaron y adoraron a Jehová rostro en la tierra (6). A lo largo del capítulo, podemos entender que el pueblo lloraba durante la oían. 


Aquí vemos la actitud del pueblo notable hacia la palabra de Jehová. Ellos se juntaron como ‘un solo hombre’, ‘así de hombres como de mujeres’, ‘todos los que podían entender’, ‘desde el alba hasta medio día (3)’, y ‘atento (3,5,7)’. Esta palabra nos enseña qué significa ‘estar atento’. ‘estar atento a la palabra’ significa no solo ‘prestar atención momentáneo’, sino ‘una atención dispuesta y constante’. Ellos, incluso niños estaban atentos desde el alba hasta medio día. ¿Quién y qué iglesia hoy día se ponen atentos así horas por oír la palabra? Es casi imposible hallar esta clase de atención en la iglesia contemporánea que no soportan un mensaje más de media hora. 


 Vivimos en una época sin atención merecida a la palabra de Dios. El mundo está atento a la economía, inversión, su propio beneficio, tener más cosas sin cruz. Hase tiempo que este fenómeno tomó lugar en Iglesias. Y nos parece natural. Pero lo critico es que tal corazón sin atención a la palabra de Dios no puede adquirir un buen entendimiento a la palabra de Dios. Dios se les manifiesta su obra gloriosa y gracia de su palabra a quienes prestan su máxima atención en oírla. Mantener atento el corazón es la clave de entrar en el poder de Dios. 


 Un salmista cantó así de su atención a Dios. “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Dios, el alma mía. / Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?” (Sal 42:1-2) Esta clase de sed halla agua viva en las palabras de Dios. Cuando apóstol Pablo predicaba el evangelio en medio de mucha persecución, hubo un pueblo extraordinariamente atento a la palabra predicada. “Estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. / Muchos de ellos creyeron, y de los griegos, mujeres distinguidas y no pocos hombres.” (Hch 17:11-12) Así los atentos a la palabra de Dios hallan la salvación y la dirección correcta en su vida y allí suceden la obra de Dios. 


¿Cómo es nuestra atención a la palabra? ¿Cuánto atentos somos a ella? Yo pensaba que soy una persona atenta a la palabra comparativamente. Pero en medio de problemas personales o ministeriales, fácilmente caía en debilidad y me encerraba para buscar solución en mi propio razonamiento. Y no surgió gratitud en mi corazón. Pero Dios me regañó en medio de oración repetidamente, ‘pon tu atención a mi palabra’. De esta manera Dios me ha dado una disciplina de preguntarme ‘¿Qué dijo la palabra?’.  


La palabra de hoy me redarguye otra vez acerca de la atención genuina. Estar atento a la palabra requiere ‘disposición, paciencia y constancia’. A tales Dios se le manifiesta su gozo y da buen entendimiento. Oro que Dios me ayude a estar atento todos los momentos a su palabra así con disposición y constancia. Oro que Dios nos ayude a estar atentos a su palabra como el pueblo renovado del tiempo de Nehemías.  


Segundo, el gozo de Jehová es vuestra fuerza (7-12). El pueblo atento se humilló y lloraron al oír la palabra. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras y los levitas dijeron a todo el pueblo. “Hoy es día consagrado a Jehová, nuestro Dios; no os entristezcáis ni lloréis” (9) Ellos entendieron por qué pasaron el exilio, la ruina y toda humillación. Y entendieron que Dios es fiel y cumplió su promesa y restauró el muro derribado. “1Sucederá que cuando hayan venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, te arrepientas en medio de todas las naciones adonde te haya arrojado Jehová, tu Dios, 2 te conviertas a Jehová, tu Dios, y obedezcas a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, 3 entonces Jehová hará volver a tus cautivos, tendrá misericordia de ti y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te haya esparcido Jehová, tu Dios.” (Dt 30:1-3) El arrepentimiento verdadero viene del buen entendimiento de la palabra de Dios. La fidelidad de Dios nos hace arrepentirnos genuinamente. Esto era la obra de avivamiento verdadero de nuestro Dios. 


Y también les dijo. Vamos a leer el verso 10. “Luego les dijo: «Id, comed alimentos grasos, bebed vino dulce y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque éste es día consagrado a nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.»” Les dijo que fueran y comieran alimentos grasos, bebieran vino dulce. Era el momento de gozar en vez de llorar. ‘el gozo de Jehová es vuestra fuerza’. Jehová es quien da a su gozo santo que no se compara con nada del mundo a los que oyen su palabra. Ese gozo se da por gracia, tal como Dios les restauró en edificar el muro. El gozo de este mundo es momentáneo, superficial y carnal. Además dijo que compartieran la gracia de Dios a los que no tenían nada preparado. El gozo de Jehová es no solo para uno mismo, sino para todos en su alrededor. 


 ‘el gozo de Jehová es vuestra fuerza’. Aquí ‘la fuerza’ (מעזכם; mauyek) significa ‘refugio, protección’. Cuando gozamos de Jehová, de su salvación y restauración, nos fortalecemos y encontramos seguridad en él. Nuestro Dios para darnos su gozo eterno, nos dio hasta su Hijo. Cristo Jesús dio su vida por nosotros. Los que buscan su gozo en Cristo, allí hallan descanso y visión. Y halla esa fuerza qué él nos derrama por su Espíritu. Si no tenemos visión y fuerza, es porque no gozamos de Jehová, sino de otras cosas. 


 Cuando busco mi gozo en los frutos del ministerio o en algunos hombres o cosas, mi gozo se acaba con el cambio de tales cosas. Cuando busco mi gozo en las ovejas, si ellas andan sin fidelidad, pierdo mi gozo. Cuando andábamos en pecados, no teníamos gozo, ni fuerza verdadera. Pero en Cristo recibimos perdón y restauración. De esta salvación, el gozo verdadero y la vitalidad llenan nuestro interior en momentos difíciles. Los perdonados obtienen la vida y Dios derrama su Espíritu en sus corazones. Oro que Dios y su salvación sean la fuente de nuestro gozo para que podamos llevar una vida fuerte que pueda hacer toda buena obra y servir a otros hasta llevarlos al Cristo.  


 Pues, ¿Cómo los israelitas vivieron ese gozo de Jehová?

  

Tercero, celebración de la Fiesta de los Tabernáculos (13-18). Al día siguiente, se reunieron los cabezas de familia de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, junto al escriba Esdras, para estudiar las palabras de la Ley. Ellos hallaron de la ley la fiesta de tabernáculos en el mes séptimo. Hasta el momento, ellos, viviendo en una ciudad destruida, ni siquiera pudieron leer la ley, pero ahora en un muro edificado, ellos pudieron tener un espacio en corazón para guardar las fiestas de la Ley. 


 La Fiesta de los tabernáculos (Sucot) se guardaban del 15 al 22 del Séptimo mes. Este mes era también el mes de cosecha de primer fruto. A través de celebración de esta Fiesta, el pueblo de Israel pudo recordar la gracia de Dios brindada a sus padres que vivían en el desierto por la salvación y provisión. “Durante siete días celebrarás la fiesta solemne en honor de Jehová, tu Dios, en el lugar que Jehová escoja, porque te habrá bendecido Jehová, tu Dios, en todos tus frutos y en todas las obras de tus manos, y estarás verdaderamente alegre.” (Dt 16:15) “En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, / para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios.” (Lv 23:42-43) Toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y allí habitaron durante una semana de fiesta. Cuando ellos recordaban de la gracia de Dios, hubo gran alegría en sus corazones (17b). 


El gozo de Jehová viene de leer la Ley de Jehová. Al entender y obedecerla, Dios les da la gran alegría a quienes se ponen atentos a ella y la viven. Cuando tenemos temor de futuro o estemos perdidos sin visión y dirección o simplemente sentimos vacíos, hemos de regresar a la gracia de salvación de Dios; recordar y agradecerlo. Si practicamos esa vida agradecida a su gracia, podemos llevar una vida de gran alegría sin importar nuestra circunstancia que nos rodea. Oro que Dios nos dé gran alegría en festejar su gran salvación diariamente. Amén. 


Concluyendo, Dios quiere que su pueblo viva atento a su palabra. Quiere que tengamos una atención vivida y constante. A tales Dios regala un buen entendimiento y abundante gracia en nuestros corazones. Gozar de Jehová, su palabra y salvación es la fuente de nuestra fuerza. Este gozo fue completado y sobreabundó en Cristo. El Cristo es nuestra fuerza en todo momento. Ahora nadie podrá guitarnos este gozo. Oro que podamos llevar una vida atenta a su palabra y gozar de su salvación para que seamos fuertes para toda obra buena en nuestro Dios. Amén. 










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