Josué 19:10-48

19:10 La tercera suerte tocó a los hijos de Zabulón conforme a sus familias; y el territorio de su heredad fue hasta Sarid.
19:11 Y su límite sube hacia el occidente a Marala, y llega hasta Dabeset, y de allí hasta el arroyo que está delante de Jocneam;
19:12 y gira de Sarid hacia el oriente, hacia donde nace el sol, hasta el límite de Quislot-tabor, sale a Daberat, y sube a Jafía.
19:13 Pasando de allí hacia el lado oriental a Gat-hefer y a Ita- cazín, sale a Rimón rodeando a Nea.
19:14 Luego, al norte, el límite gira hacia Hanatón, viniendo a salir al valle de Jefte-el;
19:15 y abarca Catat, Naalal, Simrón, Idala y Belén; doce ciudades con sus aldeas.
19:16 Esta es la heredad de los hijos de Zabulón conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
19:17 La cuarta suerte correspondió a Isacar, a los hijos de Isacar conforme a sus familias.
19:18 Y fue su territorio Jezreel, Quesulot, Sunem,
19:19 Hafaraim, Sihón, Anaharat,
19:20 Rabit, Quisión, Abez,
19:21 Remet, En-ganim, En-hada y Bet-pases.
19:22 Y llega este límite hasta Tabor, Sahazima y Bet-semes, y termina en el Jordán; dieciséis ciudades con sus aldeas.
19:23 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Isacar conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
19:24 La quinta suerte correspondió a la tribu de los hijos de Aser conforme a sus familias.
19:25 Y su territorio abarcó Helcat, Halí, Betén, Acsaf,
19:26 Alamelec, Amad y Miseal; y llega hasta Carmelo al occidente, y a Sihorlibnat.
19:27 Después da vuelta hacia el oriente a Bet-dagón y llega a Zabulón, al valle de Jefte-el al norte, a Bet-emec y a Neiel, y sale a Cabul al norte.
19:28 Y abarca a Hebrón, Rehob, Hamón y Caná, hasta la gran Sidón.
19:29 De allí este límite tuerce hacia Ramá, y hasta la ciudad fortificada de Tiro, y gira hacia Hosa, y sale al mar desde el territorio de Aczib.
19:30 Abarca también Uma, Afec y Rehob; veintidós ciudades con sus aldeas.
19:31 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Aser conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
19:32 La sexta suerte correspondió a los hijos de Neftalí conforme a sus familias.
19:33 Y abarcó su territorio desde Helef, Alón-saananim, Adami- neceb y Jabneel, hasta Lacum, y sale al Jordán.
19:34 Y giraba el límite hacia el occidente a Aznot-tabor, y de allí pasaba a Hucoc, y llegaba hasta Zabulón al sur, y al occidente confinaba con Aser, y con Judá por el Jordán hacia donde nace el sol.
19:35 Y las ciudades fortificadas son Sidim, Zer, Hamat, Racat, Cineret,
19:36 Adama, Ramá, Hazor,
19:37 Cedes, Edrei, En-hazor,
19:38 Irón, Migdal-el, Horem, Bet-anat y Bet-semes; diecinueve ciudades con sus aldeas.
19:39 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
19:40 La séptima suerte correspondió a la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias.
19:41 Y fue el territorio de su heredad, Zora, Estaol, Ir-semes,
19:42 Saalabín, Ajalón, Jetla,
19:43 Elón, Timnat, Ecrón,
19:44 Elteque, Gibetón, Baalat,
19:45 Jehúd, Bene-berac, Gat-rimón,
19:46 Mejarcón y Racón, con el territorio que está delante de Jope.
19:47 Y les faltó territorio a los hijos de Dan; y subieron los hijos de Dan y combatieron a Lesem, y tomándola la hirieron a filo de espada, y tomaron posesión de ella y habitaron en ella; y llamaron a Lesem, Dan, del nombre de Dan su padre.
19:48 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.

LA HEREDAD DE ZABULÓN, ISACAR, ASER, NEFTALÍ Y DAN: GRAN BENDICIÓN Y PROSPERIDAD EN EL NORTE


Buenos días. En el mensaje de hoy aprenderemos la adjudicación de las porciones a las tribus del norte: Zabulón, Isacar, Aser, Neftalí y Dan ― las cinco tribus negligentes restantes (después de Benjamín y Simeón) que fueron reprendidas por Josué por no obedecer la voluntad de Dios y venir a reclamar sus herencias. Veremos cómo el Señor les concedió territorios muy fértiles y prósperos en el norte de Canaán. ¡Fueron tribus realmente muy bendecidas! 

Desde hace unas décadas existe un movimiento denominado la “teología de la prosperidad” que enfatiza que la prosperidad material y la salud son evidencias de la bendición de Dios que viene como consecuencia de estar en una correcta relación con Él. Y, por el contrario, la pobreza y la enfermedad manifestarían pecado o falta de fe. No obstante, a través de este mensaje aprenderemos que la bendición y prosperidad material no son sinónimos de estar en la correcta relación con Dios. Estas tribus fueron grandemente bendecidas y prosperadas por Jehová; sin embargo, vivieron en desobediencia, aun disfrutando de esa bendición, y eventualmente le dieron la espalda al Señor para adorar a otros dioses. Con todo, Jehová tuvo paciencia con ellas y les permitió disfrutar de Su bendición y prosperidad por mucho tiempo, hasta que, finalmente, sus tribus fueron dispersadas y perdieron su identidad, quedando solo el recuerdo de su nombre en su posesión original.

Yo oro para que cada uno de nosotros pueda reflexionar en el ejemplo de estas tribus. Que amemos más al Dios Que bendice que a la bendición misma. Que, si el Señor nos bendice y prospera materialmente, compartamos esa abundancia con nuestros hermanos, como vimos que hizo Judá en el mensaje pasado. Pero si, por el contrario, es Su voluntad que tengamos escasez o pasemos por enfermedad, adoremos igualmente Su Nombre y nos regocijemos en las bendiciones espirituales que Él nos da: Su Espíritu Santo que nos consuela, Su amor que nos alienta y la esperanza de la vida eterna en el reino de Dios. No equiparemos la bendición de Dios solamente con lo material, ni dejemos al Señor por nada de este mundo. Vivamos buscando la voluntad del Señor. Y que, al vivir así, el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén. 

I.- La heredad recibida por sorteo divino (10-46) 

Leamos juntos el v.10, por favor. La tercera suerte tocó a los hijos de Zabulón, el décimo hijo de Jacob y sexto con Lea. Recibió su heredad antes de Isacar, su hermano mayor. Sin embargo, en las bendiciones proféticas de Jacob y Moisés, el destino de ambos está íntimamente entrelazado, como veremos más adelante. En los vv. 11b-14 se narran con bastante detalle los límites de esta tribu porque se encontraba rodeada por sus hermanos: Isacar al este y sureste, Aser al oeste y noroeste, Neftalí al norte y Manasés occidental al sur. Así no habría disputas posteriores por los límites de cada uno.

A pesar de que en el v.10 los linderos comienzan a delinearse desde Sarid, el Comentario del Contexto Cultural de la Biblia de Walton y Keener señala que, aunque Nazaret no se menciona en el pasaje, los límites y la mayoría de las ciudades parecen irradiar desde esa área donde creció Jesús. El límite septentrional pasa por Rimón, a unos 10 km al nordeste de Nazaret. Sarid (a unos 8 km al sudeste de Nazaret) sirve como punto de orientación hacia el oeste, extendiéndose a lo largo del río Quisón hasta Jocneam. El límite oriental llega hasta el territorio de Isacar, a casi 4 km al sudeste de Nazaret. Se mencionan lugares como Daberat (cerca del monte Tabor) y Jafía (al sudeste de Nazaret). Finalmente, el v.15 incluye ciudades como Catat, Naalal, Simrón, Idala y Belén (la de Galilea, no la de Judá donde nació Jesús), completando las doce ciudades con sus aldeas. “Esta es la heredad de los hijos de Zabulón conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.” (v.16)

Jacob los bendijo proféticamente diciendo: “Zabulón en puertos de mar habitará; será para puerto de naves, y su límite hasta Sidón.” (Gén. 49:13). Y Moisés: “Alégrate, Zabulón, cuando salieres” (Deu. 33:18a). Aunque el territorio de Zabulón no limitaba físicamente con el Mediterráneo ni con el Mar de Galilea, estaba fuertemente asociado al comercio marítimo. Saldrían a comerciar a los puertos y se beneficiaban de la Vía Maris, una de las rutas comerciales y militares más importantes del mundo antiguo, que conectaba Egipto con los imperios del norte: Siria, Anatolia (actual Turquía), Mesopotamia y más allá. Así su influencia y actividad se extendía hasta los más importantes puertos de la región, pasando y bendiciendo el territorio de sus hermanos.

Era como Panamá, cuyo Canal extiende su influencia a todo el mundo, siendo un hub comercial para las Américas y para todo el globo. Yo oro para que nuestro país pueda ser un hub espiritual también, enviando misioneros con el mensaje del evangelio a todo el mundo. Especialmente, a los países del Caribe que todavía no tienen un ministerio de UBF. Amén.

Leamos juntos el v.17, por favor. La cuarta suerte correspondió a Isacar, noveno hijo de Jacob y quinto con Lea. Recibió su heredad justo después de su hermano menor Zabulón y sería su vecino al oriente. No se dan los límites completos con tanto detalle como en otras tribus, pero las dieciséis ciudades mencionadas en los vv. 18-22 (Jezreel, Quesulot, Sunem, Hafaraim, etc., hasta Tabor, Sahazima y Bet-semes, terminando en el Jordán) ayudan a delinear su territorio. Este se situaba principalmente en el fértil valle de Jezreel, al este de Zabulón, al norte de Manasés, al sur de Neftalí y con frontera oriental en el río Jordán, al sur del Mar de Galilea. Su frontera septentrional pasaba por el monte Tabor hasta el Jordán. Este valle es conocido como la ruta principal de todo invasor que quisiera conquistar Canaán. 

En esta ubicación estratégica, Isacar estaba expuesta tanto a las influencias de Egipto como del Oriente, lo que cumple con la bendición profética de Jacob: “Isacar, asno fuerte que se recuesta entre los apriscos; y vio que el descanso era bueno, y que la tierra era deleitosa; y bajó su hombro para llevar, y sirvió en tributo.” (Gén. 49:14-15). Los hijos de Isacar fueron muy laboriosos en el campo, cultivando y pastoreando ganados en el valle de Jezreel. Pero esto los llevó a servir como tributarios a otros pueblos cuando eran invadidos. Su destino estaba íntimamente ligado al de Zabulón, como profetiza también Moisés: “A Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres; y tú, Isacar, en tus tiendas. Llamarán a los pueblos a su monte; allí sacrificarán sacrificios de justicia, por lo cual chuparán la abundancia de los mares, y los tesoros escondidos de la arena.” (Deu. 33:18-19). Junto con Zabulón extendían su influencia más allá de su territorio, invitando a los pueblos (y a sus hermanos) a adorar juntos al Señor en su monte (probablemente el monte Tabor) y disfrutando de los beneficios de la Vía Maris: chupando la abundancia de los mares y los tesoros escondidos de la arena.

Yo oro para que el Señor nos dé ese espíritu de servicio y la ética de trabajo de los hijos de Isacar. Y que, juntos como hermanos, podamos ser buena influencia e ir a invitar a los estudiantes de la Universidad de Panamá para que vengan y adoren al Señor aquí junto con nosotros. Amén.

Leamos juntos el v.24. La quinta suerte correspondió a la tribu de Aser, octavo hijo de Jacob y segundo con Zilpa, sierva de Lea. Aunque tampoco se dan muchos detalles de sus contornos, las veintidós ciudades mencionadas en los vv. 25-30, la sitúan en la fértil llanura costera de Acre, al oeste de Zabulón y Neftalí, extendiéndose hacia el norte cerca de los puertos fenicios de Tiro y Sidón. Esta porción de Canaán contenía parte del suelo más rico del país: la franja marítima al norte del monte Carmelo, con abundantes olivares, pastos y acceso a las principales rutas comerciales.

Su ubicación estratégica la hizo una de las tribus más prósperas, tal como profetizó Jacob: “El pan de Aser será substancioso, y él dará deleites al rey.” (Gén. 49:20). Y Moisés: “A Aser dijo: Bendito sobre los hijos sea Aser; sea el amado de sus hermanos, y moje en aceite su pie.” (Deu. 33:24). Su pan era tan abundante y sus manjares tan buenos que era dignos de reyes. Además, al compartir esta abundancia con sus hermanos, era “el amado” de ellos. Tenía tanta prosperidad económica que podía usar su aceite de olivas para lavar sus pies —un signo de lujo y bendición abundante. Sin duda, era muy bendito entre sus hermanos como profetizó Moisés.

Sin embargo, la historia subsiguiente de Aser sugiere que su riqueza y su proximidad a los fenicios lo llevaron a una vergonzosa degeneración. “Y moró Aser entre los cananeos que habitaban en la tierra, pues no los arrojó.” (Jue. 1:32). Las riquezas y los placeres los llevaron a participar de las culturas paganas de los cananeos, y su lejanía del Tabernáculo de Silo los apartó del camino del Señor. En la época del conflicto de Israel con Jabín, rey de los cananeos, no vino a ayudar, sino que “se mantuvo Aser a la ribera del mar, y se quedó en sus puertos” (Jue. 5:17). Se separaron tanto de las otras tribus que su nombre ni siquiera figura en la lista de los jefes que gobernaban durante los días de David (cf. 1Cr. 27:16-22).

Este es un claro ejemplo de lo que sucede con aquellos que aman más la bendición que al Que bendice: Muy pronto se apartan del Camino, tratando de buscar más prosperidad y olvidando a Aquel que nos sustenta con Su diestra poderosa. Algunos hermanos lamentablemente dejan de lado su tiempo personal con el Señor, sus estudios bíblicos con sus pastores o, incluso, el Culto Dominical, por sus trabajos. Si bien es importante ser diligentes y responsables en el trabajo, no debemos dejar que éste nos impida buscar del Señor.

Esta semana me tocó trabajar largas horas otra vez. Sin embargo, no cometí el mismo error que en enero, cancelando algún estudio bíblico con ustedes. El miércoles estudié la Biblia con Cristhian y después que terminamos, seguí trabajando. Lo mismo el jueves con Alejandro. Aunque me tocó trabajar hasta muy tarde esos días, le doy gracias a Dios porque pude priorizar el estudio bíblico con las ovejas en lugar del trabajo. También, le doy gracias al Señor porque me permitió finalizar mi trabajo de esta semana. 

Yo oro para que Dios nos dé a cada uno de nosotros la sabiduría para administrar bien nuestro tiempo y nuestras prioridades. Que busquemos primeramente el reino de Dios y Su justicia, confiando en que el Señor suplirá todo lo que nos falte conforme a las riquezas de Su gloria. Amén.

Leamos juntos el v.32, por favor. La sexta suerte correspondió a Neftalí, sexto hijo de Jacob y segundo con Bilha, sierva de Raquel. Con la descripción de su heredad en los vv. 33-38, podemos ver que este territorio constituía gran parte de la Galilea superior y media, especialmente la zona oriental y septentrional, con fronteras que llegaban al Jordán por el este. La tierra era rica en producciones agrícolas, pastos y terreno variado. Además, tenía dos importantes fuentes de agua: el Mar de Galilea por el sur y el lago Hula por el norte. Pero el mayor privilegio de este territorio lo encontramos en el Nuevo Testamento, pues fue allí donde Jesús pasó la mayor parte de Su ministerio público, como dice Mat. 4:12-13: “Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí”.

La Galilea donde Jesús enseñó e hizo muchos milagros abarcaba parte de los territorios asignados a Zabulón y Neftalí, pero los descendientes originales de estas tribus no pudieron contemplar aquello porque, a pesar de la gran bendición y prosperidad de Jehová, “Tampoco arrojó a los que habitaban en Bet-semes, ni a los que habitaban en Bet-anat, sino que moró entre los cananeos que habitaban en la tierra; mas le fueron tributarios los moradores de Bet-semes y los moradores de Bet-anat.” (Jue. 1:33). Esta declaración insinúa que los hijos de Neftalí atribuían poco valor al plan de Dios para ellos. No porque no fueran lo suficientemente fuertes —pues los hicieron tributarios—, sino simplemente porque prefirieron el beneficio económico del tributo antes que la voluntad de Dios de expulsar completamente a los cananeos. 

Esta actitud terminó apartándolos de Jehová, y Él los entregó en manos de los asirios en el 722 a.C., junto con las otras tribus del norte, dispersándolos por el mundo y dejando solamente el recuerdo de sus nombres en estos territorios asignados. Para la época de Jesús, Galilea estaba habitada mayormente por judíos descendientes de Judá, Benjamín y Leví, y una importante población gentil. Así que, a pesar de haber recibido un territorio muy bendito, Neftalí no pudo participar de esta suprema bendición por su desobediencia.

Les insisto nuevamente, amados hermanos, no perdamos la bendición de Dios por buscar nuestro beneficio material antes que la voluntad de Dios. Meditemos bien cuál sea la voluntad del Señor para nuestras vidas y seamos diligentes en obedecerla para que podamos participar de todas las bendiciones que el Señor tiene preparadas para nosotros. Amén.

Leamos ahora juntos el v.40, por favor. La séptima y última suerte tocó a Dan, quinto hijo de Jacob y primero con Bilha, sierva de Raquel. Las diecinueve ciudades mencionadas en los vv. 41-46 dan cuenta de un territorio con potencial fértil en la Sefela costera central, al oeste de Benjamín, extendiéndose desde el arroyo de Sorec por el sur hasta cerca del río Yarkón y el importante puerto de Jope por el norte. Sin embargo, es poco probable que la tribu ocupara más que una fracción de esta área, pues la mayor parte estaba bajo fuerte control filisteo a quienes ellos no expulsaron. No porque Jehová no pudiera darles la victoria —estoy seguro de que, si hubiesen buscado Su voluntad y confiado en Él para la batalla, Él les habría dado el triunfo—, sino porque aparentemente la voluntad de Dios no les resultó atractiva o suficiente. A continuación, veremos qué hicieron en su lugar.     

II.- La heredad tomada por iniciativa humana: el caso de Dan (47-48)  

Leamos juntos el v.47, por favor. Aunque en un principio podría parecer que el territorio asignado a la tribu de Dan no fue suficiente para ellos, y que por fe fueron y conquistaron otro lugar, pero cuando leemos este versículo en la NTV y el relato detallado en Jue. 18, nos damos cuenta de que la realidad es muy diferente. La NTV dice así: “Pero los de la tribu de Dan tuvieron dificultades para tomar posesión de su tierra”. No era que el territorio fuese muy pequeño en sí, sino que tuvieron dificultades para expulsar a los filisteos y amorreos que lo controlaban en gran parte (Jue. 1:34), y así tomar plena posesión de la herencia que Jehová les había dado por sorteo divino. 

Así que, como no pudieron (o no quisieron) expulsar a los filisteos confiando plenamente en Jehová, en lugar de venir a Él pidiendo dirección, o pedir ayuda a sus vecinos Judá y Efraín, se rindieron de hacer la voluntad de Dios y un grupo de ellos emigró al norte. La nefasta historia se relata en Jue. 18: Escogieron a cinco hombres valientes de Zora y Estaol y los enviaron a explorar algún territorio donde pudiesen establecerse. Estos llegaron a la casa de Micaía en la zona montañosa de Efraín, pasaron la noche allí y consultaron al levita que Micaía había contratado como sacerdote, quien les dijo que Jehová iba delante de ellos (aunque no estoy muy seguro de la fiabilidad de este hombre, ya que servía a ídolos). Así llegaron a la pacífica ciudad de Lais (que Jos. 19:47 llama Lesem), un pueblo tranquilo y confiado, sin defensas ni aliados. Luego regresaron a sus hermanos y seiscientos hombres armados subieron para conquistarla. En el camino pararon nuevamente en casa de Micaía, robaron sus dioses, se llevaron al levita para que fuera su sacerdote, y conquistaron Lais: mataron a sus habitantes, quemaron la ciudad, se establecieron allí, la renombraron Dan y adoraron a los dioses de Micaía en lugar de Jehová. 

En lugar de aceptar la voluntad de Dios y luchar por la heredad que Él les había dado, fueron a buscar un sitio más fácil y seguro para ellos,bien lejos de la voluntad de Dios, y terminaron adorando a dioses que se ajustaban más a sus propios planes.

Amados hermanos, ¿cuántas veces no hacemos lo mismo? En lugar de ir a la tierra de misión que Dios nos ha dado —la Universidad de Panamá—, en el mejor de los casos nos conformamos con testificar el evangelio a la gente que tenemos a nuestro alrededor, y en el peor de los casos, ni siquiera compartimos el evangelio con nadie. Queremos adorar a Dios a nuestra manera, como mejor nos parece. Pero al hacer eso no somos diferentes a Micaía o a estos danitas, haciendo nuestros propios ídolos. Venimos a la iglesia cuando no nos conviene o acomoda. Servimos a los demás cuando nos conviene o acomoda. Queremos hacerlo todo conforme a nuestra conveniencia o comodidad.

¿Ustedes creen que para mí es cómodo o conveniente darles estudio bíblico cada semana? ¿Creen que es fácil, cómodo o conveniente preparar los mensajes dominicales cada semana? ¿Es cómodo para mí aconsejarles y ver que hacen caso omiso a los consejos y hacen lo que mejor les parezca? Por supuesto, que ustedes tienen su capacidad de decisión. Por supuesto, que no tienen que obedecer a todo lo que yo les diga. Pero debemos aprender a discernir la voluntad de Dios para nuestras vidas y obedecerla. Por eso es que yo hago todas estas cosas, aunque a veces preferiría descansar o hacer algo más. ¿Creen que no me parece sabroso ir un domingo a la playa o a la montaña y relajarme? Pero sé que esa no es la voluntad de Dios para mí. Su voluntad es que yo esté aquí cada domingo adorándole y escuchando Su voz a través de la Palabra. Y es Su voluntad para ustedes también. Pero es su decisión. ¿Lucharán para hacer la voluntad de Dios, o harán como los danitas y buscarán algo más cómodo y seguro que les haga sentirse bien con ustedes mismos?

Yo oro para que esta semana cada uno de nosotros pueda reflexionar en esto. Que no busquemos la prosperidad económica ni nuestra propia comodidad por encima de la voluntad de Dios. Que podamos aceptar la voluntad de Dios para nuestras vidas y luchar por ella, aunque sea difícil. Que podamos apartar cada día el tiempo para orar y leer la Biblia. Que, aunque sea muy difícil, apartemos el tiempo para estudiar la Biblia cada semana con nuestros pastores, y los pastores para estudiar con sus ovejas. Que apartemos cada semana el tiempo para meditar y escribir nuestros testimonios bíblicos con sinceridad y arrepentimiento. Que apartemos el tiempo para ir a la Universidad de Panamá e invitar a los jóvenes a estudiar la Biblia y a venir a adorar junto con nosotros aquí cada domingo. Y que al buscar así la voluntad de Dios, Él nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

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