Lucas 18:1-8
18:1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,18:2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
18:3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
18:4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
18:5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.
18:6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
18:7 ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
18:8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
OREN SIEMPRE SIN DESMAYAR
Buenos días. Hoy tendremos la cuarta —y última—lectura especial de Año Nuevo, titulada: “OREN SIEMPRE SIN DESMAYAR”. Este año hemos tenido más lecturas especiales de Año Nuevo que en cualquier otro. ¿Por qué? Porque mi plan era estar este fin de semana en Santiago de Chile participando en la Conferencia de Líderes de Latinoamérica. Sin embargo, no pudo ser posible. A pesar de nuestras oraciones y de hacer las diligencias necesarias, no pude obtener la visa chilena a tiempo. Pareciera que Dios no escuchó nuestras oraciones.
Este tipo de resultados puede desanimarnos para orar. Sin embargo, este mensaje trata precisamente acerca de esto: A pesar de que se mantengan o empeoren las circunstancias, y de los resultados contrarios a nuestras oraciones, el Señor nos llama a orar siempre y no desmayar. Aunque parezca demorar la respuesta, debemos seguir orando persistentemente y con fe, pues Dios hará siempre Su buena voluntad en nosotros, y la oración nos fortalece para aceptarla.
Estoy seguro de que esta era la voluntad de Dios. Creo que Él quería que yo estuviese aquí cuidando y alimentando a Su rebaño de Panamá. Si me hubiese ido, ¿qué habría sido de ustedes hoy? La idea era que participasen virtualmente del Culto Dominical de Chile, pero no conté con la diferencia horaria. Allá el culto comenzó a las 7 am. Si yo me hubiese ido, probablemente no se hubiesen congregado aquí hoy. Por eso creo firmemente que esta es la voluntad de Dios: Que estemos aquí reunidos como hermanos adorando Su nombre, escuchando Su Palabra, sirviéndonos en amor unos a otros y teniendo comunión. Amén.
Así que oro para que a través de este mensaje seamos animados a orar siempre, sin desmayar. Que sigamos orando cada día por los deseos de nuestro corazón, y si la respuesta es contraria, la aceptemos con gozo como la buena voluntad de Dios. Que oremos persistentemente, aunque la respuesta de Dios parezca demorar. Que oremos cada día por nuestra fortaleza espiritual y para nuestra fortaleza espiritual, pues la misma oración en la que pedimos, ya nos está fortaleciendo. Que oremos persistentemente por la salvación de nuestras familias, amigos, y de los estudiantes, profesores, y personal de la Universidad de Panamá, nuestro campo de misión. Y que sigamos orando ferviente y persistentemente para que Dios convierta a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- La parábola de la viuda persistente y el juez injusto (1-5)
Leamos juntos el v.1. Este versículo comienza con la palabra “también”, conectando esta parábola con el discurso que Jesús venía dando en el capítulo 17. Allí el Maestro hablaba de la venida del reino de Dios, describiendo los ‘días del Hijo del Hombre’ como tiempos de gran tribulación, rechazo, sufrimiento repentino y juicio divino, similares a los días de Noé y de Lot (17:20-37). El Señor advirtió sobre calamidades y oscuridad. En ese contexto tan serio, Jesús añade inmediatamente: ‘Cuando lleguen estos días difíciles, no se rindan. No desmayen’. ‘Aunque estén rodeados de aflicción, sufrimiento o incluso muerte, sigan orando con perseverancia.’ Por eso, les narra esta parábola que ilustra la necesidad de orar siempre, y no desmayar.
Esta parábola de Jesús tiene una característica particular: Estrictamente hablando, es la única en la que se declara explícitamente el propósito de la misma antes de comenzar la narración: “les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”. No hay otra parábola en el NT que comience de esta manera tan directa. Podríamos mencionar la inmediatamente siguiente, la del fariseo y el publicano (Luc. 18:9-14), que también inicia indicando el propósito y a quién va dirigida (“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros”), pero no es tan explícita en la lección central como esta. Así que me parece que el Señor quería que Sus discípulos entendiesen muy bien el propósito y la enseñanza de esta parábola, de modo que quedase grabado indeleblemente en sus corazones: necesitamos orar siempre y no desmayar. Yo oro para que nosotros también cada día recordemos y vivamos esta necesidad imperiosa de orar siempre, sin desmayar, confiando en que Él escucha y actúa en Su tiempo perfecto. Amén.
Leamos ahora juntos el v.2, por favor. Como era Su costumbre, Jesús ilustra Su enseñanza con elementos cotidianos y conocidos. Comienza diciendo que “Había en una ciudad un juez”. En toda ciudad judía había jueces que mediaban disputas, con autoridad para condenar al culpable o vindicar al oprimido. Este sistema se remontaba a Moisés, quien, por consejo de su suegro Jetro (Éxo. 18), designó jueces para atender los casos menores, reservándose los más complejos.
En tiempos de Jesús, los ancianos de la ciudad, sentados a la puerta, resolvían asuntos simples. Pero los casos mayores o más complicados iban a tribunales bajo influencia de Herodes o los romanos, donde a menudo operaban magistrados corruptos. La Ley de Moisés exigía que los jueces temieran a Dios, defendieran al oprimido y actuaran con justicia (Deu. 1:16-17; 16:18-20). Sin embargo, este juez de la parábola “ni temía a Dios, ni respetaba a hombre”; y en el v.6 Jesús lo describe como “juez injusto”.
El Dr. William Barclay comenta: “Este juez parece haber sido uno de los magistrados nombrados por Herodes o los romanos, y que eran ellos mismos un caso; a menos que el demandante tuviera influencia o dinero para sobornar al juez, no podía esperar que se decidiera su pleito. Se decía que estos jueces pervertían la justicia «por un plato de lentejas». Hasta se hacían chistes con su nombre, que era dayyané-guezerot, que quería decir jueces de faltas, y lo cambiaban por dayyané-guezelot, que quería decir «jueces bandidos»”.
Leamos juntos el v.3. Aquí Jesús revela los otros dos personajes de Su parábola: una viuda y su adversario. En la Ley de Moisés, las viudas y los huérfanos eran los ejemplos máximos de personas desvalidas, pues no tenían medio de sustento ni defensor natural. Por eso Jehová mandó: “A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor; y mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.” (Éxo. 22:22-24). Esta es la razón principal por la que Jesús usa a una viuda en Su parábola: representa al más vulnerable, incapaz de pagar soborno o ejercer influencia. No tiene nada más que su persistencia.
Por otro lado, está el adversario de la viuda. La oprime —quizá quitándole herencia, cobrando una deuda injusta o amenazándola de alguna manera. Podemos recordar a la viuda de 2Re. 4:1: “Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.” Tanto aquí como en la parábola, el opresor muestra indiferencia o crueldad hacia la viuda, en lugar de misericordia.
La viuda de la parábola acude al juez clamando: “Hazme justicia de mi adversario.” ¡Esa era precisamente la función de un juez: impartir justicia! En el caso de la viuda de 2Re. 4, podemos ver que Eliseo reconoce el derecho del acreedor, pero actúa con misericordia hacia la viuda. Leamos 2Re. 4:2-7: “Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.”
¡Dios oyó el clamor de aquella viuda y, a través de Eliseo, proveyó milagrosamente aceite suficiente para pagar la deuda y sostener a la familia! Eliseo no fue indiferente a su clamor por justicia y le ayudó a actuar con fe y experimentar el poder de Dios.
Veamos cómo respondió el juez de la parábola a la petición de la viuda. Leamos juntos el v.4a. El juez no quiso hacerle justicia. No era que no pudiera. No era que el caso fuera muy complicado o que estuviera demasiado ocupado. Simplemente, no quiso. La parábola implica que el adversario estaba violentando el derecho de la viuda, y lo justo era restituírselo. Sin embargo, este juez la ignoró. Muy probablemente porque ella no podía sobornarlo, o porque el adversario sí lo hacía. Lo cierto es que estaba siendo cruelmente injusto con una mujer desamparada.
Cuando dice que no quiso hacerle justicia por algún tiempo, no significa que el juez recibió el caso y lo engavetó, olvidándose por completo. Miren lo que sigue. Leamos juntos los vv. 4b-5. No fue que el juez recibió la denuncia y la dejó olvidada bajo una pila de papeles en su escritorio. Esta viuda venía cada día delante del juez con la misma súplica: “Hazme justicia de mi adversario.”
Imaginémoslo: La mujer va al juez: ‘Su Señoría, por favor escuche mi caso. Hágame justicia.’ El juez rechazó su súplica: ‘Váyase, señora. Tengo otras cosas que hacer y no tengo tiempo para usted,’. Al día siguiente, Toc, toc. ‘Señor juez, soy yo otra vez, la señora a la que no escuchó ayer. Por favor, se lo ruego. No tengo ayuda aparte de usted; es la única persona en el mundo que puede ayudarme a recibir justicia, por favor.’ El juez diría: ‘¿Otra vez usted? Le dije que no tengo tiempo. No voy a oír su caso. Deje de molestarme.’ Otra vez, al día siguiente. Toc, toc. ‘Su Señoría, soy yo otra vez. Todo lo que pido es que haga lo que le pagan por hacer. Escuche mi súplica. Atienda mi caso. Hágame justicia de mi adversario, por favor.’ El juez diría: ‘No parece entender, señora. Usted viene aquí con las manos vacías. No me trae ni para la sodita. Yo no temo a Dios, ni respeto a hombre alguno. Déjeme en paz. Váyase y no regrese o la meto a la cárcel por desacato’. Al día siguiente, una vez más. Toc, toc. ‘Su Señoría, ¡por favor! Usted es mi única esperanza; escuche mi caso. Hágame justicia de mi adversario, por favor.’
Y ya Jesús nos dijo lo que pasó. Después de un tiempo, el juez dijo para sí: ‘Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, esta mujer me está volviendo loco. Me molesta tanto que le haré justicia, no sea que siga viniendo y acabe por completo con mi paciencia’. ¿Por qué dijo que le haría justicia? ¿Para no ofender al Dios santo? No. ¿Para que no lo consideren injusto? Tampoco. “porque esta viuda me es molesta, le haré justicia”. Veamos qué quiere enseñar el Maestro con esto.
II.- Dios escucha nuestras oraciones y responderá (6-8)
Leamos juntos el v.6, por favor. Este es el punto central que Jesús quiere que captemos de toda la parábola: “Oíd lo que dijo el juez injusto.” ‘Fíjense en lo que está diciendo ese juez injusto’. Él, finalmente, le hizo justicia a la viuda —no porque fuera lo correcto, ni por compasión, ni por temor a Dios—, sino únicamente porque la persistencia de ella le agotó la paciencia. ¡Incluso en este mundo injusto, la persistencia logra resultados!
Ahora hace el contraste decisivo con la persistencia en la oración y la respuesta de Dios. Leamos juntos los vv. 7-8a. Esto no significa que el juez injusto represente a Dios en la parábola. ¡Todo lo contrario! Jesús contrasta al Dios perfectamente justo con este juez humano injusto. Según el Comentario del Contexto Cultural de la Biblia de Walton y Keener: “Esta parábola es un clásico argumento judío del tipo ‘cuánto más’ (qal vahomer): si un juez injusto a quien no le importan las viudas puede hacer justicia, ¿cuánto más no hará el juez justo de toda la tierra, conocido como el defensor de las viudas y los huérfanos?” El juez de la parábola representa a la justicia humana. Los discípulos de Jesús enfrentarían gran persecución y serían encarcelados y asesinados por los jueces injustos de este mundo. En ese contexto, la viuda representa a los creyentes que parecen desamparados en este mundo. Sin embargo, como a la viuda de 2Re. 4, Dios les ayudará milagrosamente. Con esa confianza deben persistir en oración.
“¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?” ¿Cuál sería la justicia que Dios haría a sus escogidos? ¿Acabaría con sus adversarios? En ocasiones. Pero en otras, convertiría a los adversarios en aliados, dándoles la salvación por medio del evangelio. Pensemos en Saulo de Tarso, el mayor perseguidor de la iglesia primitiva, responsable del encarcelamiento y muerte de muchos cristianos. Dios hizo justicia a sus escogidos convirtiéndolo en el apóstol Pablo, quien llevaba en su conciencia todo el mal que había hecho, y confesó: “y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.” (1Co. 15:8-9). Sin embargo, Pablo trabajó incansablemente para la misión: por su ministerio, el evangelio se extendió por Asia y Europa. ¡Esa es una forma de la justicia de Dios!
¿Qué justicia haría sus escogidos? ¿Los libraría de la persecución, la cárcel y la muerte? Algunas veces. Pero en otras, los usaría como mártires para Su obra. Para inspirar fe en muchos otros. Aunque esto no parezca ‘justo’ a nuestros ojos y pueda desanimar a quienes oran por liberación, esta es la justicia perfecta de Dios. Él no ha fallado nunca. Está escuchando el clamor de Sus escogidos día y noche, y los está usando para Su preciosa obra, en Su tiempo y manera soberana. Amén.
“¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.” A veces sentimos que Dios tarda demasiado en responder. Así se sentían muchos cristianos perseguidos del siglo I: esperaban el regreso inminente de Jesús, pero pasaban los años… y nada. Algunos se desesperaban y pensaban: ‘No vendrá. No vale la pena este sufrimiento’. Por eso les escribió el apóstol Pedro: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2Pe. 3:9). El apóstol les recuerda la inmensa paciencia de Dios. No ha regresado todavía porque está aguardando con paciencia a que todos los escogidos se arrepientan.
Hoy en día muchos repiten el mismo argumento: ‘Han pasado más de dos mil años y todavía no ha venido Jesús. No va a venir. ¡Vivamos como queramos!’ Pero justamente en el versículo anterior, 2Pe. 3:8, el apóstol señala: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.” Aunque para nosotros han pasado ya dos mil años, apenas son como dos días para Dios. Él viene pronto, pero no tiene apuro. Sigue esperando pacientemente por tu arrepentimiento. Sin embargo, cuando llegue el día señalado, vendrá; y no podrás entrar en Su reino si no te has arrepentido. Por eso urge la Escritura: “En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2Co. 6:2). ¡Arrepiéntete de tus pecados y acepta a Jesús como tu Salvador hoy mismo! Mañana podría ser demasiado tarde.
Vemos otro ejemplo en Abraham. Salió de Ur de los caldeos con la promesa de que Dios le daría un hijo. Pasaron diez años… y nada. ¡Diez años! Demasiado tiempo, ¿verdad? Parecía que Dios no cumpliría Su promesa. Así que Sara le dio a su criada, Agar, para que tuviese un hijo con ella. ¡Y nació Ismael! ¡Qué gran alegría! ¡Jehová cumplió Su promesa por medio de la sierva! Entonces, Abraham se dedicó a ser el papá de Ismael. No leemos más nada de su relación con Dios hasta trece años después. Entonces, Jehová le recuerda nuevamente Su promesa de que le daría un hijo y le da el pacto de la circuncisión. Dos años después, Jehová visitó a Sara quien quedó embarazada a los 90 años, siendo Abraham de 100 años de edad. ¡25 años después de la promesa inicial! ¡¡¡25!!! ¿Tardó Dios? Para Abraham seguramente sí. Pero fue exactamente en el tiempo perfecto de Dios. Él nunca tarda.
Hay también un ejemplo moderno inolvidable: George Müller, pastor y misionero del siglo XIX que sostuvo más de 10,000 huérfanos en Bristol, Inglaterra, solo por fe y oración, sin pedir dinero. Llevaba un diario con más de 50,000 peticiones de oración específicas contestadas. Pero lo que más admiro es que oraba diariamente por la conversión de cinco amigos. Según sus propios relatos y biografías: El primero se convirtió tras 18 meses orando por él todos los días. El segundo, después de 5 años más. El tercero, después de otros 6 años. Los dos últimos —hijos de un amigo de juventud— no se convirtieron en vida de Müller, aunque oró por ellos ¡más de 52 años! Sin embargo, poco después de su muerte en 1898, ambos entregaron su vida al Señor. ¡Qué testimonio tan conmovedor de orar siempre y no desmayar!
Amados hermanos, inspirados por esta parábola y estos ejemplos, ¡Oremos siempre y sin desmayar! Oremos cada día, fervientemente, por la salvación de nuestros familiares y amigos. Oremos por los estudiantes, profesores y todo el personal de la Universidad de Panamá, nuestro campo de misión. Y oremos persistentemente para que Dios convierta a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria.
Leamos juntos el v.8b, por favor. Jesús cierra esta parábola con una pregunta que suena extraña y hasta inquietante: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” El Dr. John MacArthur comenta al respecto: “Esto indica que al regresar, la fe verdadera escaseará y será poco común en comparación, como en los días de Noé (Luc. 17:26), cuando solo ocho almas fueron salvas. El período antes de su regreso estará marcado por la persecución, la apostasía y la incredulidad.”
Por otro lado, el Dr. R.C. Sproul discurre en el hecho de que Jesús no supiese la respuesta a esta pregunta y asevera: “Cuando Jesús dijo que había algo que no sabía, eso no era una manifestación de su omnisciencia divina, era una manifestación de las limitaciones de su conocimiento humano. Este pasaje era la naturaleza humana hablando. En cuanto a su naturaleza divina, sabía muy bien si habría fe en la tierra cuando viniera, y sabía quién la tendría y quién no. En cuanto a su naturaleza humana, se preguntaba.”
Por su parte, A.T. Robertson en su Comentario Al Texto Griego del Nuevo Testamento dice: “No está claro si esta oración es también una pregunta o una afirmación positiva. No hay manera de decidirlo. Ambas formas tendrían sentido, aunque no el mismo. El empleo de ära antes de heuresei parece indicar una pregunta esperando una respuesta negativa, como en Hch. 8:30 y Rom. 14:19. Pero aquí ära viene en medio de la oración en lugar de cerca del comienzo, una posición insólita para un ära inferencial o un ära interrogativa. Globalmente, el ära interrogativa es probablemente lo correcto, significando que se pone en tela de juicio que el Hijo vaya a encontrar una fe persistente como ésta de la viuda.”
Entonces, entiendo que esta pregunta no es solo retórica para el futuro lejano; es un desafío directo a los discípulos: ‘¿Tendrán ustedes fe para esperar Mi venida? ¿Persistirán en oración sin desmayar, aunque parezca que tardo?’ Amado hermano, te pregunto: “¿Orarás siempre sin desmayar? Si Jesús viniera esta misma noche, ¿hallaría fe en tu casa? ¿La hallaría en tu corazón? Yo oro para que respondamos con un sí rotundo. Que oremos siempre y sin desmayar esperando la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo y creyendo que Él nos usará para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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M. Marcos Kim (AR)
( 20 de noviembre de 2020 )
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