Romanos 12:1-2
12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
NO OS CONFORMÉIS A ESTE SIGLO
Buenos días. Hoy tendremos nuestro segundo mensaje especial de Año Nuevo titulado: “No Os Conforméis A Este Siglo” con el versículo clave Rom. 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” ¿Por qué tener un mensaje de Año Nuevo con este versículo? Porque este va a ser el versículo clave del año de nuestro ministerio de UBF Panamá. Mi oración es que ninguno de nosotros se conforme a este siglo, sino que cada uno de nosotros sea transformado por el Espíritu Santo por medio de la renovación de nuestro entendimiento para vivir conforme a la voluntad de Dios. Amén.
La Epístola a los Romanos fue escrita por el apóstol Pablo alrededor del año 57 d.C. y enviada a los miembros de la iglesia en Roma, es decir, a los cristianos que se reunían en las casas en esa ciudad. Aunque este apóstol fue el principal responsable del esparcimiento del cristianismo a lo largo del Imperio Romano, no fundó esta iglesia. Se cree que fue fundada por los judíos convertidos en Pentecostés (Hch. 2:10), quienes al regresar a casa compartieron el mensaje del evangelio con su comunidad. Sin embargo, de alguna manera, la fe alcanzó también a muchos gentiles, quizá gracias a algunos que habían escuchado el evangelio de Pablo en Asia y se establecieron posteriormente en la capital. Cuando el emperador Claudio expulsó de Roma a todos los judíos alrededor del año 49 d.C. (Hch. 18:2), la iglesia quedó compuesta enteramente de gentiles hasta la muerte del emperador, cuando su edicto quedó automáticamente anulado, y los judíos cristianos regresaron a Roma (Rom. 16:3). Así que la iglesia de esta ciudad era una vibrante mezcla de cristianos de orígenes judíos y gentiles.
La extensa epístola a los Romanos es considerada por algunos como la Summa Teológica de Pablo, pues en ella explica magistralmente todo el mensaje del evangelio, incluyendo cómo encajan tanto judíos como gentiles en el Plan de Salvación Universal de Dios. Los capítulos 1 al 11 son enteramente doctrinales, mientras que los capítulos 12 al 16 son la aplicación práctica de esa teología. Así que nuestro pasaje bíblico de hoy es el comienzo de la Teología Práctica de esta carta. Y, ¡vaya forma de comenzar! Con una profunda y sentida apelación a entregar nuestros cuerpos en sacrificio vivo y a no conformarnos a este siglo, sino a ser transformados por la renovación de nuestro entendimiento.
Estamos viviendo en lo que muchos llaman la era posmoderna. Desde finales del siglo XX, con eventos como el fin de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín en 1989, la sociedad se ha vuelto más individualista, globalizada y fragmentada. Predomina el hedonismo: la búsqueda del placer inmediato, la satisfacción instantánea, la revolución sexual, el consumismo y la idea de ‘vivir el hoy’ sin pensar mucho en el mañana o en la eternidad. Las modas se rompen porque cada uno quiere diferenciarse, imponiendo su propio estilo. El relativismo reina: ya no se confía en verdades universales absolutas, por lo que las religiones tradicionales pierden atractivo, y surgen movimientos sincréticos como la Nueva Era o espiritualidades adaptadas al gusto personal.
En medio de este mundo posmoderno, ¿cómo deben vivir los cristianos? Precisamente este es el tema del mensaje de hoy. No debemos conformarnos a las costumbres ni a las tendencias de nuestra sociedad, sino que tenemos que ser renovados en nuestra forma de pensar. Dígale al hermano que tiene al lado: “No te conformes a este siglo”. Mi oración es que cada uno de nosotros viva en santidad en medio de nuestra sociedad posmoderna pecaminosa, que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, viviendo conforme a Su buena, agradable y perfecta voluntad. Y que el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.
I.- Presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios (1)
Leamos juntos el v.1a. El apóstol Pablo comienza esta sección escribiendo: “Así que”. Esto quiere decir que lo que va a escribir a continuación está conectado con lo anterior. Pablo concluye el capítulo 11 diciendo que: “Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (11:32). ¡Todos estaríamos condenados si no fuese por la misericordia de Dios! Entonces alabó la sabiduría de Dios: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (11:33-36).
Así que, teniendo en consideración esta gran misericordia de Dios para unos pecadores perdidos como nosotros, ¿qué debemos hacer? Leamos juntos el v.1b. ¡Debemos presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios! Pablo ruega a los romanos, y a cada uno de nosotros, que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo a Dios.
Pero, ¿por qué les ruega? ¿Por qué no les manda, exhorta o invita? Si les hubiese mandado a hacerlo, algunos obedecerían solo por obligación; si los invitaba a hacerlo, no habrían entendido la importancia de esto y lo hubiesen tenido por opcional; si les exhortaba, quizá tampoco entendieran lo necesario que era y algunos podrían hacerlo solo por complacer a Pablo. Así que el apóstol les ruega porque es de suma importancia, y porque debe hacerse voluntaria y deseosamente. Si en verdad hemos recibido las misericordias de Dios y comprendemos la magnitud de esa gracia, debemos anhelar con gran deseo de presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo. Por eso, Pablo ruega por las misericordias de Dios, de lo más profundo de su ser, considerando la gran misericordia que han recibido, que presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.
Pero, ¿por qué nuestros cuerpos? Pablo podía decir ‘vuestras almas’ o ‘vuestro ser’, pero él escribió: “vuestros cuerpos”. Hay cristianos que piensan que el cuerpo no es importante para Dios porque se va a corromper después de la muerte. Así que algunos maltratan sus cuerpos y otros dan rienda suelta a sus deseos. También algunos piensan que por ser salvos a través de la gracia de Jesús pueden cometer pecados ligeramente porque Dios los va a perdonar. Hay hermanos que luchan para no pecar al principio, pero se decepcionan por su debilidad espiritual y abandonan su lucha contra el pecado. Pero debemos entender que nuestros cuerpos están íntimamente relacionados con nuestra parte espiritual.
¿Por qué debemos presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios? Porque el cuerpo es el medio de comunicación de nuestro espíritu con el mundo físico. Lo que pensamos, sentimos y decidimos se manifiesta a través de nuestros cuerpos. Nuestras alabanzas y servicio a Dios se expresan físicamente a través de ellos. También, Satanás ataca nuestros cuerpos con la tentación para que caigamos en pecado. Si nuestros cuerpos están en pecado, se afectan también nuestros espíritus. Nuestro ser integral sufre a causa de nuestros cuerpos débiles ante el pecado.
En 1Co. 6:19 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” Cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros. ¿Dónde? ¡En nuestros cuerpos! ¡Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo! Por eso el apóstol Pablo ordenó a los hermanos diciendo: “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” (Rom. 6:13). Ya no debemos usar más nuestros cuerpos para pecar, sino presentarlos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.
Pero, ¿qué significa presentar nuestros cuerpos en sacrificio? ¿Acaso debemos inmolarnos por la obra de Dios? ¿O montarnos en un altar con un montón de leña y prenderle fuego para quemarnos como sacrificio ante Dios? ¡Por supuesto que no! Allí dice que debemos presentarnos en sacrificio vivo, no muerto. Y, ¿qué más dice? Santo, agradable a Dios. Esto quiere decir que con nuestros cuerpos debemos vivir de manera santa y agradable para Dios. ¿Cómo podemos hacer esto?
Primero, debemos decidir de todo nuestro corazón no pecar. Debemos alejarnos lo más posible del pecado. Si sabemos que algo es una tentación para nosotros, entonces alejémonos lo más posible de ello. Si un hermano siente tentación por el alcohol, entonces debe evitar al máximo consumir ni siquiera un poquito, porque si después de una cerveza no puede controlarse y termina emborrachándose, entonces es mejor que no tome nada; ni que tampoco vaya a fiestas o a lugares donde le inviten a beber. Si a una hermana le tienta un muchacho porque le parece guapo y por la forma en la que le habla, entonces no debe acercarse a ese muchacho. No debe hablarle. Así evita la tentación.
Debemos proponernos de todo corazón no pecar. Esto no significa que no lo vamos a hacer. Lamentablemente, somos seres humanos pecaminosos y siempre vamos a caer, de una forma u otra; pero debes hacer tu mayor esfuerzo para evitarlo y presentar tu cuerpo en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Como enseñó nuestro Señor Jesucristo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Luc. 9:23). Debemos negarnos a nuestros deseos carnales, tomar la cruz de misión y seguir el estilo de vida que Jesús llevó. Amén.
Segundo, debemos rendirnos ante el Espíritu Santo. Somos débiles en cuanto a la carne y no hay nada que podamos hacer por nosotros mismos para evitarlo. No hay manera de que podamos luchar humanamente contra el pecado. Lo único que podemos hacer es rendirnos ante el Espíritu Santo. Entregarle el control de nuestra vida y nuestra voluntad. Pero esto tampoco es fácil, requiere disciplina. Debemos llenarnos constantemente de la Palabra de Dios, debemos venir continuamente a Dios en oración, para que el Espíritu Santo tome el control de nuestras mentes y vidas. Para que reaccionemos naturalmente conforme a lo que la Biblia enseña, debemos estar llenos de la Palabra de Dios hasta que salga naturalmente de nosotros. Para que en lugar de gritarle a quien nos está gritando, le digamos con amor: “Dios te bendiga”, debemos estar llenos de la Palabra de Dios y del Espíritu. Así que debemos mantener la disciplina espiritual cada día, teniendo una profunda comunión con Dios, para ser llenos del Espíritu Santo, para rendirnos a Él y que Su fruto se manifieste en nosotros.
Esta es la razón por la cual nosotros tenemos disciplinas espirituales en el ministerio: Para que puedan ayudarnos a rendirnos al Espíritu Santo. Si nosotros cada día comemos Pan Diario empezando el día llenos de la Palabra de Dios y de la oración; Si tenemos estudio bíblico cada semana con nuestros pastores; si les hablamos a otros acerca de la Palabra de Dios en toda oportunidad que tengamos; si nos mantenemos en comunión con Dios cada oportunidad que tengamos a través de la oración; si venimos todos los domingos a este lugar a llenarnos de la Palabra de Dios a través del mensaje, y del amor de Dios a través de interactuar con nuestros hermanos, fortaleciéndonos espiritualmente a través de la adoración y la oración; ¿ustedes creen que tendremos deseo de pecar? Por supuesto que vendrán las tentaciones, pero seguramente podremos estar más blindados espiritualmente para luchar porque nos estamos rindiendo al Espíritu Santo. Si nosotros nos disponemos de todo corazón a no pecar y nos rendimos al Espíritu Santo a través de la disciplina espiritual, entonces vamos a pecar mucho menos porque vamos a estar fortalecidos espiritualmente, entregando nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Amén.
Leamos ahora juntos el v.1c. Presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios es nuestro culto racional. ¿Qué quiere decir “culto racional”? La palabra griega que se usa aquí y que la RVR60 traduce como “racional” es logikos, que significa lógico, genuino, verdadero, espiritual, racional, relativo a la mente y al corazón. La NTV traduce así: “Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Ésa es la verdadera forma de adorarlo.” El culto racional es el culto integral y verdadero. Entonces, presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios es la verdadera forma de adorar a Dios.
Hay hermanos que piensan que están adorando a Dios solo por asistir al Culto Dominical, aunque en la semana viven como cualquier otra persona que no conoce al Señor: pecando deliberadamente, sin mantener una comunión con el Señor, etc. Sí, el Culto Dominical es una buena oportunidad de adorar a Dios, pero la adoración verdadera no está en nuestras bocas que cantan los domingos en la iglesia, sino en nuestra vida diaria de glorificar a Dios a través de presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Aunque vengan a la iglesia todos los domingos sin falta, si no viven una vida entregada a Dios para glorificarle, no están ofreciendo el verdadero culto a Dios. Si no servimos a Dios con nuestros cuerpos, lo usaremos para el pecado. Si no adoramos a Dios con nuestros cuerpos, vamos a adorar al diablo con ellos. No hay territorio neutral. Así que debemos tomar la decisión de adorar a Dios con nuestros cuerpos presentándolos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Amén.
II.- Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento (2)
En el v.2 el apóstol Pablo explica cómo podemos dar nuestro culto racional a Dios. Primero lo presenta de forma negativa (lo que no debemos hacer), y luego de forma positiva (lo que debemos hacer en su lugar). Comencemos, pues, por lo que no debemos hacer. Leamos juntos el v.2a. ¿Qué significa conformarse a este siglo? Es seguir las corrientes pecaminosas de nuestro tiempo en lugar de luchar contra ellas. Es aceptar los pensamientos equivocados de este mundo dejando la verdad de Dios. Es ser influidos por el pecado de esta época, en lugar de influir nosotros espiritualmente como la luz del mundo y la sal de la tierra. Como les mencioné en la introducción, vivimos en la era posmoderna caracterizada por el egoísmo, la búsqueda de placer, la liberalidad sexual y el consumismo. Entonces, los cristianos no debemos conformarnos a estas cosas.
Los salmones suben contra la corriente del río para llegar a la parte más alta y poner huevos en agua dulce alta y limpia. Aunque es muy difícil, ellos se esfuerzan porque saben instintivamente que es lo mejor. Los cristianos deben ser como salmones que nadan contra la corriente de este siglo. Lamentablemente, muchos que se llaman a sí mismos cristianos viven conforme a las malas influencias de este siglo.
¿Cuáles son esas malas influencias? El apóstol Juan advierte: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” (1Jn. 2:16). Estamos viviendo en un mundo donde la gente es insensible ante el pecado del deseo carnal. Si un joven o una joven quiere guardar su virginidad hasta casarse, sus amigos se burlan de él o ella. Incluso en algunas iglesias ya no se enseña en contra de las relaciones premaritales. La corriente del pecado es tan grande que hasta las iglesias cristianas lo aceptan tácitamente. Muchos pastores no tocan este tema porque no quieren que los hermanos se sientan incómodos y se vayan de su iglesia. En este sentido la iglesia está conformándose a este siglo. En muchos cristianos, no hay ninguna diferencia apreciable en lo que respecta al divorcio, al aborto y a la moralidad sexual. Opinan igual que el mundo.
Vemos lo que hace el mundo y queremos ganarnos su aprobación. No queremos ser rechazados. No queremos ser marginados. Por eso, permitimos que las normas y costumbres de nuestra cultura dicten nuestro comportamiento, en lugar de que lo haga la Palabra de Dios. ¿Entienden ahora por qué el apóstol Pablo ruega? Él conoce esta trampa. Sabe que existe una enorme presión sobre nosotros para que nos conformemos o adaptemos a este mundo. ¡Les ruego por las misericordias de Dios que no se conformen a este siglo!
En este siglo, cuando el pecado prevalece, debemos recordar esta Palabra de Dios: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Necesitamos ser transformados espiritualmente por medio de la renovación de nuestro entendimiento. La renovación espiritual viene del arrepentimiento genuino ante Dios. Esto está relacionado con el nuevo nacimiento del que Jesús habló a Nicodemo en Jua. 3:3: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Solamente por el nuevo nacimiento podemos ser transformados en nuevas criaturas como explica Pablo también en 2Co. 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
¿Estás tú en Cristo? ¿Has nacido de nuevo? ¿Ya no amas al mundo ni las cosas que están en él? Si no hemos sido transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento, si no hemos nacido de nuevo, entonces no podemos entrar en el Reino de Dios.
Cuando somos transformados en Cristo por la renovación de nuestro entendimiento, llegamos a conocer la buena voluntad de Dios para nosotros. Comprendemos cómo Él quiere que vivamos en este mundo de forma agradable y perfecta para Él. Entonces, rindiéndonos al Espíritu Santo, podemos glorificar a Dios con nuestras vidas y con nuestros cuerpos.
Amados hermanos, no se conformen a este siglo, sino que, por medio del arrepentimiento constante, mantengan su lucha espiritual rindiéndose al Espíritu Santo. Seamos Luz del Mundo y Sal de la Tierra para iluminar y dar sabor a Panamá. Presentemos nuestros miembros como instrumentos de Dios para que Él pueda usarlos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa comenzando desde la Universidad de Panamá. Amén.
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