Hebreos 12:1-11

12:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
12:3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
12:4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;
12:5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.
12:7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
12:8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
12:9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
12:10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

FRUTO APACIBLE DE JUSTICIA


FRUTO APACIBLE DE JUSTICIA


Hebreos 12:1-11

V, Clave 12:11 “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados.


El año 2025 está por culminar. Mirando atrás, encontramos los sucedidos en el camino de vida cosas buenas o dolorosas marcadas en nuestro corazón. Al reflexionarlas, hemos de reconocer que Dios va obrando en nuestro interior, invitándonos al mundo de frutos que él desea que llevemos. Para este propósito Dios tal vez ha disciplinado nuestro interior o desea que sigamos recibiéndola con paciencia el próximo año. Al percatarlo, nos daremos cuenta de que este año es un año tan significativo y puede ser aún más bendecido según nuestra postura y decisión. 


En el mundo los hombres esperan que sucedan cosas mejores el 2026. Pero somos quienes esperamos que seamos mejores personas en Cristo. Hebreos es un libro que fue enviado a los cristianos hebreos que luchaban por fe en el mundo tan hostil al evangelio. Por su fe, ellos sufrían diversas aflicciones por dentro y fuera hasta casi desmayar. Pero el autor les exhorta que se levanten de su lugar y seguir camino de fe para poder llevar los frutos mediante pruebas según su buena voluntad. Oro que esta palabra sea una guía valiosa para este año que esperamos acabar y para el nuevo por dar inicio por fe.   


Primero, la carrera con paciencia (1). En el capítulo 11 de hebreos el autor hablaba de los antepasados de fe que corrieron su carrera por fe en paciencia y ganaron la promesa de Dios al final. Para alcanzar esa promesa todos atravesaron la disciplina de Dios. La disciplina es el sello del amor de quien nos conduce a su reino tan glorioso. 

Leamos el 12:1. “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” Lo que debemos recordar es que no somos solos que corremos carrera de fe, sino tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos: desde Abel hasta todos los profetas. Todos ellos dan sus testimonios y animan y alientan a los que corran la carrera de fe.  


Para carrera de fe, el autor exhorta primero ‘despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia’. ‘todo peso’ es lo que nos estorba o dificulta la carrera con agilidad. Tal vez ‘deseo a riqueza, comodidad y alguna seguridad secular’ puede pesar la carrera. ‘pecado que nos asedia’ es todo tipo de maldades contra la palabra de Dios. El pecado cometido daña gravemente correr la carrera gozosamente. Ninguno que corra la carrea en juego olímpico se pone un vestido de fiesta, sino con una ropa simple, cómoda y eficiente. Así debe ser nuestra vida de fe sin todo peso y pecados. 


También los que corran la carrera de fe deben tener la paciencia. ‘corramos con paciencia’. Nuestra carrera no es un correr de 100metros o 200metros, sino es como un maratón que requiere mucha paciencia. En esta carrera lo importante no es cómo iniciar, sino cómo terminarla o acabarla. Todos al inicio corren con gran energía y entusiasmo, pero no todos a la meta. A la mitad de la carrera, muchos se desvían y abandonan la lucha, olvidando su entusiasmo inicial. Así como la carrera de fe requiere mucha paciencia. 

Sin paciencia nadie puede llegar a la meta. En la carrera de fe las cosas nos meten a prueba. Suceden cosas inesperadas o topamos con las personas que obstaculizan la carrera. Pero el problema no es las cosas o las personas que nos dificultan, sino nuestra paciencia. Las dificultades siempre van a haber en nuestro camino, sea 2025 o 2026. Pero si perdemos paciencia, quedamos atrasados o caídos en camino. La paciencia es clave para poder seguir la carrera. Solo los que llegan hasta el final con paciencia serán ganadores. Si venimos aprendiendo esa paciencia, estamos acabando bien el 2025 y somos bendecidos. Si aún quedamos estancados en alguna situación, no nos preocupemos, porque hay todavía esperanza en nuestra vida.  

  

Segundo, el norte de carrera (2-4). En realidad, la paciencia se agota. En este momento, necesitamos el norte para no quedar estancados. Vamos a leer el verso 2. “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Ahora el autor dice ‘pongamos los ojos en Jesús’. La mira es importante. Cuando tenemos un norte en nuestra carrera, podemos seguirlo pese a que la paciencia se agota. 


Jesús es ‘el autor y consumador de la fe’. Jesús quien nos da fe y nos ayuda a acabar nuestra carrera. Nuestra fe viene de él y termina en él. Él nos sostiene la fe y hace correr la carrera fielmente. Jesús mismo corrió esa carrera. Jesús vino a esta tierra en obediencia, sirvió a todos los pecados en gran paciencia y sufrió la cruz tan dolorosa en toda paciencia. En dolor, el mismo Jesús tenía que llorar en oración para poder acabar su carrera. Al final, Jesús menospreció el oprobio al final y se sentó a la diestra del trono de Dios. En este sentido Jesús es el autor y consumador de fe para todos los que corren carrera de fe. Jesús es nuestro único, verdadero y perfecto norte quien nunca nos deja resbalar (Sal 55:22). Cuando seguimos a este Jesús, podemos llegar a la meta gloriosa de fe. 


Aquí el autor introduce del fruto que corren carrera de fe con paciencia.  


Tercero, fruto de carrera (5-11). Vamos a leer los versos 5 y 6. “y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: «Hijo mío, no menosprecies la disciplina (8) del Señor ni desmayes cuando eres reprendido por él, / porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.»” Dios al que ama, disciplina y azota a todo el que recibe por hijo. La disciplina es la prueba del amor verdadero. Cuando pasamos diversas aflicciones, nuestra fe se pone a prueba ante Dios. Nuestros padres nos disciplinan porque nos ama. Sin embargo, los padres seculares disciplinan a sus hijos como a ellos les parecen. Son disciplinas egoístas. 


Se escuchó en una noticia que una madre disciplinaba a su hijo para que tuviera buen rendimiento escolar. Al final, su hijo sacó la mejor nota de su colegio. Pero su mamá no quedó satisfecha con eso, sino le dijo a su hijo ‘Quiero que seas el mejor al nivel nacional, no solo del colegio’. Esta no es una disciplina de amor, sino muy agoísta y torcida. Sin embargo, los hijos les obedecen a tales padres con carga mental. Sin embargo, nuestro Padre celestial no nos disciplina según su parecer, sino por lo que nos es provechoso realmente. 


De todas maneras, toda disciplina causa tristeza. Ninguna disciplina es dulce y agradable, sino amarga y dolorosa en algunos sentidos. La disciplina de Dios también puede traernos tristeza humana. Pero siempre Dios nos hace dar fruto muy precioso que da vida. ¿A qué fruto se refiere esto?


Vamos a leer los versos 10 y 11. “Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. / Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados.”


Como dice esta palabra, hay propósito de la disciplina de Dios. Mediante su disciplina Dios quiere que participemos de su santidad. Dios permite conflictos a sus hijos para moldear carácter, purificando y santificando poco a poco. Los que esquivan la disciplina de Dios no crece y queda siempre al mismo nivel de madurez. Pero los que reciben las contradicciones, dificultades, problemas interpersonales, enfermedades dolorosas como la disciplina de Dios llegan al crecimiento y la madurez espiritual cada vez más. Cuando los llevamos a Dios en oración con constancia, sin darnos cuenta Dios allí moldea nuestro carácter a su santidad. 


Jesús constantemente había disciplinado a sus discípulos; hambre, servir a la gente, tempestad y persecución, etc. Estas disciplinas no fueron agradables para ellos, más bien ellos actuaban según su emoción o incredulidad y toda naturaleza humana caída con frecuencia. Pero quien les da la disciplina también es quien sostiene a los que la reciben. Apóstol Pedro dijo a los cristianos en aflicción de esta manera. “6 Por lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1P 1:6-7)   


El proceso es doloroso y triste, pero al final nos da un fruto apacible de justicia. ‘Fruto apacible de justicia’ puede decirse ‘fruto de paz y justicia’. Los que son ejercitados en la disciplina de Dios alcanzan la paz de Dios. Esta clase de paz se adquiere solo a través la disciplina entre los que la reciben ante él. Apóstol Pablo dice “Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. / Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil 4:6-7) 


La paz de Dios viene de la relación estrecha con Dios. Si llevamos todo en oración y ruego ante nuestro Dios, su santidad nos cubre, nos da paz inefable y derrama su fuerza de amor que nos hace superar todo. Su santidad se hace nuestra justicia en nuestro corazón y semblante. Esta vida es la vida deseable para todos los que corran la carrera de fe en verdad. Los que llevan este fruto apacible de justicia pueden correr su carrera en constancia sin importar las circunstancias que les rodean. 


¿De qué cosas se acuerdan como disciplina en 2025? Tal vez pueden ser incontables. En 2026 también van a surgir aflicciones iguales o nuevas. Lo que Dios quiere es que lleguemos a su santidad en pensar, hablar y actuar con amor santo. Solo los que han sido ejercitados o se entregan en disciplina y oración pueden dar fruto apacible de justicia. No deseemos una vida sin problemas que no existe, sino deseemos llevar ese fruto en nuestro corazón y dispongamos nuestro corazón a correr nuestra carrera bien acabada este año. Oro que Dios nos haga cada vez más llevar esa santidad, paz y justicia en nuestro vivir y así para poder recibir el año nuevo en gran esperanza. Amén.     


Concluyendo, es necesario despojarnos de todo peso y pecados para nuestra carrera de fe. Y la corramos con paciencia. Pongamos nuestros ojos en Jesús quien es el autor y consumador de fe. Sobre todo, enfrentemos las aflicciones como la disciplina del Padre quien nos hace llevar el fruto de santidad que es paz y justicia. Estos frutos nos liberan de toda circunstancia y ayudan a mantener en vida gozosa. Oro que Dios nos purifique cada vez más para que alcancemos al fruto apacible de justicia en Jesús a este final del 2025 y en adelante. Amén.  

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