Isaías 9:1-7

9:1 Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.
9:2 El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.
9:3 Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.
9:4 Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián.
9:5 Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego.
9:6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
9:7 Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

GRAN LUZ


GRAN LUZ


Palabra: Isaías 9:1-7

V, Clave 9:6 “Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro; Se llamará su nombre «Admirable consejero», «Dios fuerte», «Padre eterno», «Príncipe de paz»”


Estos días las calles, malls y supermercados están repletos de la masa de gente que andan con ansiedad por regalos para sus seres queridos. Y las luces encendidas iluminan las casas y calles. ¿De dónde vino este festejo de regalos y luces? Estos brillos vienen de arriba. Hay una gran luz tras este momento de festejo terrena. El profeta Isaías vivía en la época tan turbulenta y oscura. Su pueblo vivía en angustia y tinieblas por constante amenaza de guerras. Pero él previó y profetizó de gran luz por venir. Y su profecía apunta directamente al nacimiento de un Niño que ha de traer gran luz a la tierra y para toda generación.    


Viviendo en este mundo tan afanoso e incierto, hay tinieblas que ocupan el corazón de los hombres. Sin luz verdadera nuestra vida queda bajo tinieblas y sequedad. Necesitamos un festejo duradero y fundamental. Y necesitamos ser iluminados en sentido verdadero. ¿Quién es esa gran luz que habla Isaías? ¿En qué sentido es gran luz? Oro que la palabra de hoy 

ilumine nuestro corazón para saber de esta luz que Dios nos regaló en esta Navidad. Amén. 


Primero, Tinieblas y gran luz (1-5). La palabra de Isaías tiene un trasfondo histórico. Cuando la alianza de rey de Israel y rey de siria venía a destruir Judá, el rey y su pueblo de Judá tuvieron gran temor (Is 7:1-2). El norte Israel quería conquistar el territorio de sus hermanos Juda. Pero Dios le hizo prever a Isaías del futuro del norte Israel que venía contra sus hermanos. “Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas.” (Is 8:22) Tal como la profecía, la alianza del norte Israel y Siria fueron destruidos por Asiria y llevaron cautivos. “En los días de Peka, rey de Israel, llegó Tiglat-pileser, rey de los asirios, y tomó a Ijón, Abel-bet-maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad, Galilea, y toda la tierra de Neftalí; y llevó sus habitantes cautivos a Asiria.” (2R 15:29) El norte Israel cayó en destrucción y fue hecho la tierra de los gentiles (9:1). 


Vamos a leer el verso 1 de capítulo 9. “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo en que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.” El norte Israel, la tierra de Zabulón y Neftalí fue llamada ‘Galilea de los gentiles’, por habitantes extranjeros trasladadas. ‘Oscuridad, angustia, la aflicción’ (1) y ‘tinieblas, sombra de muerte’ eran marca de esa región. Eran pesadas sus aflicciones. Pero Isaías proclama que esta aflicción le había tocado ‘livianamente’ a Galilea. Era liviana en comparación con la obra que Dios iba a hacer posteriormente en la tierra de Galilea. 


El verso 1b dice que esa tierra se llenará de gloria. Esa gloria viene de ‘gran luz’. “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz” (2ª). No es simplemente ‘una luz’, sino es ‘gran luz’ que elimina oscuridad y tinieblas en su totalidad (2b). Esta gran luz trae ‘alegría’, una alegría máxima como alegría en la siega y gozo al repartirse un botín (3). Esta gran luz trae ‘libertad’ de su pesado yugo y salvación de su opresor (4). Esta gran luz trae ‘paz verdadera’ de toda guerra sangrienta y del temor de la muerte (5). 


¿A quién se refiere ‘esta gran luz’? Vamos a leer el verso 6a. “Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro.” La palabra dice de ‘un Niño nacido’ (un hijo dado). Según el capítulo 7 de Isaías, este Niño es ‘Emanuel, un Niño nacido de la virgen’. Y San Mateo 1:21 dice que este Niño Emanuel es Jesús. Esta gran luz llegó por este Niño. Físicamente cuando nació este niño, su estrella alumbraba al mundo en el cielo (Mt 2:2,9). Los sabios del oriente pudieron ver su estrella, marcharon y fueron guiados a dónde estaba el Niño. Este Niño inició dar su gran luz a la tierra tan oscura del tiempo de un rey cruel y violento Herodes. 


Jesús nació en Belén, pero creció en Nazaret de Galilea de los gentiles. Fue llamado ‘Jesús nazareno de Galilea’. La mayoría de los discípulos de Jesús fueron de Galilea. La gran obra y enseñanza de Jesús fueron en Galilea. Por este Jesús, Galilea que fue la región de los gentiles se llenó de gloria. Como vemos hoy, Galilea se hizo una tierra resplandecida y amada a dónde quieren recorrer todos los creyentes con un gran anhelo. Cuando Jesús vino a esta tierra, no solo Galilea fue resplandecida, sino todo el pueblo que andaba en tinieblas y en sombra de muerte vieron esta gran luz. Cualquier persona que lo cree y sigue ve esta luz llega a vivir en ella iluminada. ¡¡Gloria a Dios por esta gran luz que iluminó nuestra vida que era tan oscura como Galilea de los gentiles!! Entonces, ¿En qué sentido este Niño es gran luz?


Segundo, Se llamará su nombre (6-7). Vamos a leer el verso 6b. “Se llamará su nombre «Admirable consejero», «Dios fuerte», «Padre eterno», «Príncipe de paz»” Mientras el nombre ‘Jesús’ se relaciona con la obra del Niño, estos sus nombres de este verso nos revelan de la esencia de origen del Niño. Pensemos un poco de estos nombres.   


Uno, Admirable consejero. En la versión antigua esta palabra se traducía como ‘Admirable’ y ‘consejero’ separado. Pero en la versión moderna se le traduce como ‘Admirable consejero’. Sea cual sea su traducción no se altera el significado esencial de su nombre. Un consejero verdadero ha de tener una sabiduría admirable que conduce un asunto a la vida. Para ser un buen consejero en este mundo, este debe ser estudiado, experimentado y maduro en integridad. Y debe ser sabio de toda verdad.  


Jesús no es cualquier consejero, sino ‘Admirable consejero’. Cuando Jesús enseñaba a la gente, ellos se admiraban de su enseñanza. “Y se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Mc 1:22), ‘la gente admiraba de su doctrina’ (Mt 7:28), ‘y se admiraban de su doctrina’ (Lc 4:32) Y en los evangelios podemos encontrar cuán admirable respondía Jesús ante las preguntas difíciles de los hombres (Lc 2:47; 20:25-26; 37-38; Jn 8:7).


En Jesús había lleno de espíritu de sabiduría y de inteligencia. “y reposará sobre él el espíritu de Jehová: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.” (Is 11:2) Jesús mismo es el autor de toda sabiduría y de inteligencia. Su enseñanza nos guía siempre a la verdad y la vida admirablemente (Jn 14:6). Solo Jesús puede dar su consejo perfecto y admirable a todos los que lo buscan y aman de verdad. Solo en este Jesús encontramos consejos de vida en nuestro diario vivir.    


 Dos, Dios fuerte. El niño es un ser débil, frágil e indefenso en todo. No tiene que ver nada con el poder. Pero este Niño tiene el nombre ‘Dios fuerte’, porque en su esencia él es el creador y sustentador del Universo. “Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.” (Jn 1:3) Él es Dios fuerte hasta poder destruir la muerte misma. “Destruirá a la muerte para siempre, y enjugará Jehová el Señor las lágrimas de todos los rostros y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra” (Is 25:8) Debemos creer en su poder de salvación que nos salva de todas tinieblas y sombra de muerte. Él es todo poderoso y a su vez es Dios humilde al nacer como un niño. Por su gracia él nos salva.     


Tres, Padre eterno. En hebreo, ‘Padre eterno’ significa ‘Padre igual (אביעד)’. ¿Cómo un niño puede ser ‘Padre siempre igual’? En general un padre es dador de vida física a sus hijos. Y él es protector, proveedor, defensor y sostén de su familia. Aunque un padre físico sea muy bueno y perfecto, este no puede tomar este rol eternamente para sus propio hijos.    


 Pero, Jesús nacido en esta tierra es el Padre eterno sin cambio siglo tras siglo. Él lo es para todo el pueblo y todas las naciones que lo creen y aman. Jesús nos da la vida nueva, nos cría con su palabra, nos protege del poder de los malignos, y nos guía a por dónde caminar hasta llegarnos al Dios Padre para siempre. Si alguien no tiene padre carnal o lo tiene perdido, alégrese. Tenemos nuestro Padre igual y eterno y nos acercamos en oración “Abba, Padre”.   


Cuatro, Príncipe de paz. ‘Paz’ es ‘Shalom’, en hebreo significa ‘bienestar’, ‘prosperidad’. La paz viene desde la relación correcta con Dios. Podemos ganarla solo y cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón profundamente. Jesús les había dicho a sus discípulos en esa misma noche antes de su propia muerte.  “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.” (Jn 14:27) y después de su resurrección, se les apareció y dijo. “Shalom (paz a vosotros)” (Jn 20:19,21,26)


Tal como vemos, en el mundo no hay paz genuina. Siguen conflictos y guerras sangrientas y miserables en todas partes del mundo. La paz que da Jesús no es la paz momentánea que proporciona un político por su habilidad, sino es duradera, espiritual, fundamental y además muy personal. Esta paz no se puede comprar por dinero, sino se adquiere de él cuando entregamos nuestra vida en sus manos. Esta paz domina nuestro corazón cuando tenemos una relación estrecha con Jesús. Esta paz se culminará a nivel universal, cuando él retorna a este mundo. ¡Qué paz existe en este mundo como esta!  


Entonces, ¿Qué tiene que ver estos nombres con nosotros que vivimos en actualidad?


 Tercero, un niño nos ha nacido (6ª y 7). Vamos a leer el verso 6ª otra vez. ““Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro”. La palabra dice repetidamente en énfasis ‘Nos ha nacido’ y ‘Nos ha sido dado’. Este Niño nos ha nacido y nos ha sido dado. Él nació por mí y por usted. El ángel del Señor dijo a los pastores del lugar nacido del Niño así. “Pero el ángel les dijo: —No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: / que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.” (Lc 2:10-11) El Niño nació a nosotros. En otra palabra Dios nos dio un regalo que es su propio hijo. 


Sin este Jesús somos tinieblas. Hacemos cosas de tinieblas, viviendo en el mundo de tinieblas. Aún dentro de la comunidad de la iglesia uno puede vivir esas tinieblas, si no anda por esta gran luz del Niño nacido. Jesús es gran luz. Cuando dejamos entrar esta luz en nuestro corazón, ya no andaremos más en tinieblas y seremos resplandecidos por su gloria. Él nos será “«Admirable consejero», «Dios fuerte», «Padre eterno», «Príncipe de paz»” Estos nombres serán tesoros grabados en nuestros pechos, cuando él nace y crece en nuestro corazón. ¡¡Gloria a Dios!!


 Leamos v7. “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”. Lo dilatado de su imperio y la paz no tiene límite. Está ya dispuesto y confirmado en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová que dejó profetizar por el profeta ahora cumplió su palabra y va cumpliendo por nuestra vida día a día. Oro que desde ahora y para siempre su gran luz nos conduzca para que andemos en su máximo gozo, reflejada su luz hacia los que andan en tinieblas. 


Conclusión, Fuimos esclavos de las tinieblas y aflicciones. Fuimos Galilea de los gentiles. Vivíamos en tinieblas y hacíamos cosas de tinieblas. Pero su gran luz nos resplandeció por el Niño. Por él vamos siendo iluminados de esta gran luz, creciendo en ella y reflejándola hacia las tinieblas. Este Niño nos trae todo en nuestra vida y se nos hace ‘admirable consejero’, ‘Dios fuerte’, ‘Padre eterno’ y ‘Príncipe de paz’. Oro que el Niño nazca nuevamente en nuestro corazón y su gran luz nos ilumine a andar en su luz esta Navidad y para siempre. Amen. 

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