Josué 9:1-27
9:1 Cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa del Mar Grande delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos,9:2 se concertaron para pelear contra Josué e Israel.
9:3 Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai,
9:4 usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados,
9:5 y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso.
9:6 Y vinieron a Josué al campamento en Gilgal, y le dijeron a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana; haced, pues, ahora alianza con nosotros.
9:7 Y los de Israel respondieron a los heveos: Quizás habitáis en medio de nosotros. ¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros?
9:8 Ellos respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quiénes sois vosotros, y de dónde venís?
9:9 Y ellos respondieron: Tus siervos han venido de tierra muy lejana, por causa del nombre de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todo lo que hizo en Egipto,
9:10 y todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán: a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot.
9:11 Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos; haced ahora alianza con nosotros.
9:12 Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora ya seco y mohoso.
9:13 Estos cueros de vino también los llenamos nuevos; helos aquí ya rotos; también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy largo del camino.
9:14 Y los hombres de Israel tomaron de la provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová.
9:15 Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la congregación.
9:16 Pasados tres días después que hicieron alianza con ellos, oyeron que eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos.
9:17 Y salieron los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a las ciudades de ellos; y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim.
9:18 Y no los mataron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes.
9:19 Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar.
9:20 Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, para que no venga ira sobre nosotros por causa del juramento que les hemos hecho.
9:21 Dijeron, pues, de ellos los príncipes: Dejadlos vivir; y fueron constituidos leñadores y aguadores para toda la congregación, concediéndoles la vida, según les habían prometido los príncipes.
9:22 Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de vosotros, siendo así que moráis en medio de nosotros?
9:23 Ahora, pues, malditos sois, y no dejará de haber de entre vosotros siervos, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios.
9:24 Y ellos respondieron a Josué y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto.
9:25 Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo.
9:26 Y él lo hizo así con ellos; pues los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron.
9:27 Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová eligiese, lo que son hasta hoy.
JOSUÉ ES ENGAÑADO POR LOS GABAONITAS
Buenos días. Una joven cristiana se enamoró de un muchacho inconverso que la cortejaba. Por la insistencia de ella, el muchacho a veces la acompañaba a la iglesia, pero no le interesaba la religión ni tenía un deseo real de tener una relación personal con Dios. Él solamente quería tener una relación sentimental con la chica. Eventualmente se hicieron novios y, a pesar de las diferencias, poco tiempo después el joven le propuso matrimonio. Ella le dijo que solo se comprometería con él si él se comprometía con Dios, se bautizaba y se casaba con ella en su iglesia. El muchacho aceptó las condiciones y comenzó a asistir fielmente a la iglesia, fue bautizado, participó del curso prematrimonial, y finalmente se casaron en la iglesia. La joven pensaba que todo aquello era una gran bendición de Dios y que había ganado a su novio para Cristo.
Sin embargo, la aparente bendición pronto mostró su verdadera naturaleza. Después de la luna de miel, el esposo comenzó a poner excusas para no ir a la iglesia y pronto dejó de asistir por completo. En realidad, él había hecho todo aquello nada más para casarse con ella. La joven seguía asistiendo a la iglesia y oraba para que su esposo se reconciliara con Dios, pero él se negaba a ir y le exigía que dejara de asistir también. Entonces, la joven se dio cuenta de que su decisión de comprometerse con alguien que no compartía su fe, basada en sus propios deseos y no en la dirección de Dios, la había llevado a un camino de dolor y conflicto espiritual. Aunque seguía orando por su esposo y su familia, su historia es un recordatorio de lo que sucede cuando confiamos en las apariencias o en nuestras emociones en lugar de buscar la guía de Dios.
En el pasaje bíblico de hoy aprenderemos una historia parecida donde Josué y el pueblo de Israel fueron engañados por los gabaonitas porque confiaron en lo que veían, sin consultar a Dios. A causa de esto terminaron aliados con un pueblo cananeo contraviniendo la voluntad de Dios. Esto nos enseña que tomar una decisión sin consultar a Dios puede llevarnos a consecuencias dolorosas. Para evitar estos errores, debemos poner a Dios en el centro de nuestras decisiones, buscando Su voluntad antes de actuar. Yo oro para que cada uno de nosotros consulte a Dios antes de tomar cualquier decisión importante, no dejándose llevar por su lógica y emociones, sino siendo guiados por la perfecta voluntad del Señor. Y que, al vivir así, Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- La astucia de los gabaonitas (1-13)
Leamos juntos los vv. 1-2, por favor. Este capítulo comienza con una intimidante amenaza: “todos los reyes que estaban a este lado del Jordán… se concertaron para pelear contra Josué e Israel.” Estos enemigos del pueblo de Dios estaban listos para dejar de lado sus diferencias por un tiempo, y unirse para tratar de derrotar al pueblo de Israel. ¡Imagínense! Una gran coalición de poderosos pueblos guerreros se estaba uniendo para hacer frente a los israelitas. En el 5:1 vimos que el corazón de todos estos reyes desfallecía al oír cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel. Sin embargo, ahora se armaron de valentía para hacerles frente. ¿Qué provocó este cambio de corazón? Probablemente la derrota de Israel en Hai. Antes de Hai los israelitas y su Dios, Jehová, parecían invencibles. Sin embargo, la derrota en Hai demostró que sí podían ser vencidos. Solo necesitaban la mayor fuerza militar que pudiesen reunir, y por eso dejaron de lado sus diferencias para aliarse y hacerles frente.
A primera vista, este capítulo anticipa una gran batalla entre todos los pueblos cananeos y el pueblo de Dios. Pero, no hay evidencia de que esta gran coalición se concretara. Quizá las diferencias fueron insalvables; quizá la logística se complicó por el control que los israelitas tenían de la ruta clave de la cordillera central; quizá Jehová frustró los planes de los enemigos. Como sea, la pretendida amenaza intimidante no se materializó. Nuestra atención es dirigida más bien a un intento totalmente diferente, pero no menos decidido a oponerse y subvertir los propósitos divinos. El resto del capítulo nos relata el engaño gabaonita.
Leamos ahora juntos los vv. 3-6. Los moradores de Gabaón fueron más astutos que todos los demás reyes de Canaán. Aunque era un pueblo grande y poderoso (10:2) que abarcaba cuatro ciudades (v.17), sabían que Jehová había prometido dar la tierra a los israelitas y destruir a todos los cananeos delante de ellos (v.24). ¿Cómo podían competir contra el Todopoderoso Dios que pelea por Su pueblo? Ninguna alianza militar podría detenerlos. Por eso, optaron por la astucia para salvar sus vidas: enviaron embajadores disfrazados como viajeros de tierras muy lejanas para pedir una alianza. Se presentaron con sacos viejos en sus asnos, cueros de vino viejos y remendados, zapatos gastados y recosidos, vestidos harapientos, y pan seco y mohoso, todo cuidadosamente preparado para fingir que venían de un viaje de meses desde tierras muy lejanas. Con esta fachada, llegaron al campamento de Josué en Gilgal y pidieron una alianza, asegurando que no eran enemigos, sino viajeros exhaustos. Su engaño era tan convincente que cualquiera podría haber caído en la trampa, pero ¿lo harían los israelitas?
Leamos juntos el v.7. A pesar del engaño bien orquestado, los israelitas sospecharon que quizás aquellos hombres podían habitar en medio de ellos y les preguntaron: “¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros?” Jehová les permitió hacer alianzas con las ciudades fuera de los límites prometidos, pero les prohibió expresamente hacer alianza con los cananeos: “Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. Luego que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada. Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. Así harás a todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones. Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios.” (Deu. 20:10-18). Pareciera que los gabaonitas conocían esta distinción y por eso se fingieron embajadores de tierras muy lejanas, presentándose como candidatos para un pacto de paz.
Leamos juntos el v.8. Ante las sospechas de los israelitas, ellos respondieron con gran astucia. Hablaron directamente a Josué, declarándose ‘tus siervos’ para ganarse su favor con palabras halagüeñas. Quizá su declaración era sincera. Ellos preferirían ser siervos vivos de Josué que enemigos muertos. Sin embargo, al ser todo parte de un engaño, no deja de parecer una adulación fingida, que, por cierto, pareció surtir efecto en Josué quien los cuestionó aparentemente sin mucha malicia: “¿Quiénes sois vosotros, y de dónde venís?” En otras palabras: ‘¿Cómo se llama su pueblo, y dónde está ubicado?’ Y digo que la pregunta parece no tener mucha malicia porque la respuesta de ellos fue completamente evasiva y, sin embargo, Josué no insistió en preguntar.
Leamos ahora juntos los vv. 9-13. En su extensa respuesta nunca mencionan el nombre ni la ubicación de su pueblo. Solamente dicen: “Tus siervos han venido de tierra muy lejana”. Siguen el discurso adulador, exaltando ahora el nombre de Jehová, Dios de Josué. Se nota su astucia en toda la respuesta. Refirieron lo que Jehová había hecho en Egipto y al otro lado del Jordán, pero no dijeron nada respecto a las recientes victorias en Jericó y Hai pues supuestamente estarían viajando durante ese tiempo y no habrían oído esas noticias. Además, insistieron en la evidencia física de las provisiones viejas, rotas, y mohosas, mintiendo descaradamente que las habían tomado nuevas en sus casas.
Por su respuesta, vemos que los gabaonitas tenían conocimiento de Jehová y aparentemente de Su Palabra también. Creían que Jehová estaba obrando en los israelitas y que cumpliría la promesa de destruir a todos los cananeos delante de ellos y darles la tierra. Por eso querían estar en paz con el pueblo de Israel. Hasta aquí, se parecían a Rahab en su fe. Pero difieren de ella en que se valieron de engaños para lograr sus propósitos. Querían hacer una alianza que les permitiera conservar su tierra y sus vidas. Evidentemente fueron impulsados por el miedo, y por consiguiente recurrieron a la astucia y al engaño. ¿Qué decidirán hacer Josué e Israel? Esta es la cuestión al final del v.13. ¿Se guiarán por la evidencia de lo que ven y oyen, lo que sus sentidos y la deducción lógica parecen decirles? ¿O consultarán a Jehová para conocer Su voluntad? Veámoslo a continuación.
II.- Josué hizo alianza con los gabaonitas (14-27)
Leamos juntos los vv. 14-15. Los israelitas tomaron de las provisiones de los embajadores para inspeccionarlas más de cerca. Seguramente razonaron: “Es cierto. Estos odres están rotos y remendados. Se ve que estos sacos han llevado bastante sol y están envejecidos por un largo viaje. Todo su pan esta realmente seco y mohoso. Definitivamente deben haber hecho un largo viaje.” Nadie cuestionó a aquellos hombres otra vez: “¿Cómo fue que me dijiste que se llamaba tu pueblo? ¿Dónde era que quedaba?” Se dejaron convencer por lo que escucharon y vieron. Confiaron solamente en sus sentidos y lógica.
No consultaron a Jehová. Nadie le preguntó a Dios lo que deberían hacer y esa es la tragedia de la situación. Si el enemigo no puede echar abajo la puerta principal, se deslizará por una entrada lateral con tal de conseguir que el pueblo de Dios no cumpla la voluntad divina. Noten que en el v.15 nos dice que, aunque Josué hizo la alianza de paz con ellos, todos los líderes también juraron. Todos los líderes actuaron dependiendo por completo de sus propias sensaciones y lógica, su propia sabiduría. ¡Ni siquiera oraron! Entraron de una vez en un pacto sellado con un juramento solemne en el nombre de Jehová, el compromiso más serio que se podía hacer.
Podríamos decir: “¡¿Otra vez Josué?! ¿No acaba de perder una batalla en Hai por no consultar a Jehová? ¿Hasta cuándo?” Pero pronto nos damos cuenta de que nosotros somos culpables exactamente de lo mismo. Caemos una y otra vez en los mismos pecados. Cometemos los mismos errores. Nos olvidamos de consultar a Dios. Tenemos una falsa autoconfianza sobre nuestro futuro que nos impide buscar diariamente en oración a Dios para someter cada parte de nuestra vida a Su santa y perfecta voluntad. ¡¿Cuántas veces espera el Señor que lo busquemos, que oremos para que Él dirija nuestros pasos y gobierne nuestra toma de decisiones por medio de la luz de Su Palabra y de Su gracia?! Sin embargo, con cuánta frecuencia Lo excluimos de nuestra vida para ponerla de nuevo bajo nuestro propio control. Probamos el pan mohoso y actuamos neciamente, porque somos engañados por nuestra lógica y nuestro orgullo.
El disfraz y la adulación siguen siendo utilizados entre los enemigos con mayor frecuencia para hacernos claudicar en cuanto a la voluntad divina revelada y los principios que se requieren en nuestra vida como pueblo suyo redimido. En nuestras relaciones personales, en nuestra vida de iglesia, en nuestros hogares y familia, así como en nuestro negocio y vida profesional, estamos bajo la constante presión de no seguir la Palabra de Dios en completa dependencia y obediencia; en vez de ello, se nos incita a hacer alianzas con personas que pueden parecer impactantes y encantadoras, pero que nos conducirán más y más lejos de la voluntad divina. No debemos ignorar las artimañas del diablo. No debemos olvidar jamás que las apariencias pueden ser engañosas; y, de hecho, lo son con mucha frecuencia.
Cuando tomamos nuestras decisiones basándonos en el pan mohoso, en lugar de consultarle al Señor, estamos sujetos a enfrentarnos a un rudo despertar. Y éste llega con gran rapidez como podemos ver en el v.16. Leámoslo juntos, por favor. Tan solo tres días después de aquella alianza, el horror de la realidad golpea a los israelitas. Los gabaonitas son, en realidad, sus vecinos, y viven entre ellos. Gabaón ha sido identificada con la moderna el-Jib, localizada a casi 10 km al noroeste de Jerusalén y a unos 12 km al suroeste de Hai. Según el v.17, los gabaonitas parecen haber representado una coalición de cuatro ciudades: Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim, siendo Gabaón probablemente la principal.
Leamos juntos los vv. 17-21, por favor. El nefasto hallazgo se hizo cuando los israelitas exploraban la región para atacar las otras ciudades cananeas. Allí supieron que los embajadores con los que habían hecho alianza representaban a estas cuatro ciudades vecinas y no las pudieron atacar a causa del juramento. Esto hizo que el pueblo murmurase contra sus príncipes porque habían hecho alianza con los cananeos y los estaban obligando a desobedecer el mandamiento de Dios de acabar con todos ellos. Sin embargo, ellos habían jurado por Jehová que no los matarían, y aunque aquel juramento había sido hecho bajo engaño, serían culpables ante Dios si lo violaban como lo expresa Lev. 5:4: “O si alguno jurare a la ligera con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquiera cosa que el hombre profiere con juramento, y él no lo entendiere; si después lo entiende, será culpable por cualquiera de estas cosas.”
Definitivamente, Josué y los príncipes de Israel habían cometido un grave error al hacer la alianza con los gabaonitas. Pero al haber jurado por Jehová que no los matarían, tenían que cumplir su palabra. El juramento no se anuló a causa del engaño de los gabaonitas. Por eso, los líderes asumen la responsabilidad por lo ocurrido en el v.19. Añadir otro error quebrantando el juramento solemne que habían hecho “por Jehová Dios de Israel” no había arreglado las cosas. Este es, de hecho, el primer acto de sabiduría del capítulo. Como aclara el v.20, si quebrantaban el juramento, estarían sujetos a la ira de Jehová porque Su nombre se había implicado en el proceso.
El honor de Jehová está en juego y Su nombre mismo implica que es el Dios que cumple fielmente cada una de Sus promesas. Matar a los gabaonitas habría equivalido a insinuar que no se podía confiar en la palabra de Jehová, que Su carácter es caprichoso y Sus acciones impredecibles. Su nombre no debe ser pisoteado por las necias equivocaciones de Su pueblo. Israel no tiene alternativa. Para los gabaonitas significaba que habían salvado la vida, pero su futuro sería de servidumbre.
Leamos ahora juntos los vv. 22-23. Josué se sintió defraudado. Inocentemente había confiado en la palabra de los embajadores. Así que, en su frustración, y para que su cumpla la Palabra de Dios, maldice a los gabaonitas a ser esclavos de Israel para siempre. Al convertirlos en leñadores y aguadores, está regresando al texto de la ley de Moisés (Deu. 20:10, 19). La principal necesidad de leña y agua era para el ministerio del tabernáculo, pero el v.27 implica que su servicio sería mucho más amplio, suplirían de leña y agua a toda la congregación. Así los gabaonitas se convirtieron en un pueblo subordinado dentro de Israel.
Leamos juntos los vv. 24-25. Los gabaonitas parecen aceptar de buena gana su castigo. Como les dije antes en el mensaje, era mejor ser siervos vivos que enemigos muertos. Ellos sabían que habían hecho mal al engañar a Josué y a los israelitas, pero se justificaron con la Palabra de Dios: “Como fue dado a entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto.” Ellos creyeron que Jehová les daría la tierra a los israelitas y que destruiría a todos los cananeos delante de ellos, y por eso obraron así. Se valieron de los mejores medios que sus mentes no regeneradas pudieron imaginar para obtener misericordia: La astucia y el engaño. Pero, finalmente, se rindieron incondicionalmente; diciendo: “Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo.”
En el v.26 vemos que Josué “los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron”, a costa de su humillación personal delante del pueblo. Sin embargo, la historia indica que Dios favoreció lo que Josué dispuso. Los gabaonitas nunca se sublevaron contra los israelitas, sino que fielmente les proveyeron de agua y leña principalmente para el servicio en el Tabernáculo. Además, 95 gabaonitas regresaron del exilio babilónico con Nehemías para ayudar a reconstruir la ciudad (Neh. 3:7; 7:25). Esto no quiere decir que todo fue bueno. Ellos también generaron problemas a los israelitas. En el próximo capítulo veremos que los israelitas tuvieron que ir a defenderlos de una coalición de reyes del sur, teniendo que pelear una batalla que no les correspondía ni les ayudaba a avanzar la conquista; y en 2Sa. 2:1-2 nos dice que hubo hambre tres años consecutivos durante el reinado de David porque Saúl mató a algunos de los gabaonitas. En este último caso, no son responsables directos del problema, pero sí indirectos.
Con esto quiero destacar que una decisión y un compromiso poco sabios tuvieron continuas repercusiones para ambos pueblos a lo largo de los años. Así que deberíamos ser particularmente cautelosos con respecto a confiar en nuestro juicio, ya que las apariencias pueden ser engañosas y nuestras propias perspectivas son parciales y limitadas. Esta es una de las razones por las que la Biblia nos dice que no juzguemos a las personas por lo que vemos. Sólo el Señor puede conocer el corazón. Por tanto, “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” (Pro. 3:5-6).
Consultemos siempre al Señor antes de tomar una decisión importante. Decisiones como: ¿Qué carrera universitaria estudiaré? ¿Con quién me casaré? ¿Dónde viviré? ¿Debería tomar este trabajo? ¿Debería dejar mi trabajo actual? No deben ser tomadas a la ligera, ni confiando en nuestra propia prudencia o lógica. Deben ser consultadas muy concienzudamente con Dios para discernir Su voluntad. Recuerden los medios a través de los cuales Dios se comunica con nosotros hoy: Primero, la Biblia. Su voluntad general revelada; en ocasiones podemos encontrar respuestas a situaciones específicas de nuestras vidas. Segundo, la oración. A través de ella podemos recibir convicción con respecto a alguna alternativa. Pero no les recomiendo fiarse exclusivamente de esas convicciones porque nuestro corazón es engañoso y podríamos estar siguiendo nuestros deseos como una convicción divina. Tercero, el Espíritu Santo. Él nos da convicción y nos guía a toda verdad. Pero también debemos ser cautelosos de no estar siguiendo nuestros propios deseos. Cuarto, a través de otros santos. Bien sea por un mensaje bíblico, un consejo pastoral o el consejo de algún hermano. Quinto, a través de las circunstancias. Igualmente hay que ser muy cuidadosos para discernir la voluntad de Dios. Todo debe ser contrastado con la enseñanza de la Biblia.
Yo oro para que cada uno de nosotros use estos medios para consultar a Dios antes de tomar decisiones importantes en su vida. Que ninguno se fie de su lógica, sentimientos o propia prudencia, sino que busquemos cada día la voluntad de Dios en cada área de nuestras vidas. Que el Espíritu Santo nos ayude a discernir el engaño del mundo para vivir conforme a la voluntad de Dios, y que al vivir de esta manera el Señor se glorifique en nosotros y nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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