Deuteronomio 6:1-9
6:1 Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla;6:2 para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.
6:3 Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres.
6:4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.
6:5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
6:6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;
6:7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
6:8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;
6:9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.
ESTAS PALABRAS ESTARÁN EN TU CORAZÓN Y LAS REPETIRÁS A TUS HIJOS
Buenos días. ¡Feliz Día del Padre! ¿Por qué un mensaje del Día del Padre en Deu. 6? ¿Y por qué los versículos claves son el 6 y el 7 en lugar del 5, uno de los versículos más importantes de la Biblia? Porque el enfoque de este mensaje va a estar en lo que los padres debemos hacer con este gran mandamiento: Grabarlo en nuestro corazón y enseñarlo a nuestros hijos. Esto es lo que Dios espera de todo padre en el hogar. Yo oro para que hoy podamos entender esto y que cada uno de los padres amemos a Dios con todo nuestro corazón y enseñemos a nuestros hijos a hacerlo también. Amén
A principios del s. XXI comenzó a tomar forma en los Estados Unidos un movimiento llamado D6 Ministerio Familiar (D6 se refiere a Deuteronomio 6:5-7). Este movimiento se consolidó en 2009 con la primera Conferencia D6, que desde entonces se ha expandido, incluyendo eventos en español para comunidades latinas. Por aquel tiempo, el grupo de investigación Barna compartió la impactante estadística: el 59% de los jóvenes adultos con antecedentes cristianos en Estados Unidos abandonaban la iglesia poco después de la escuela secundaria. Esto se difundió ampliamente a través del libro “You Lost Me” [“Me Perdiste”] del presidente de Barna, David Kinnaman. Esta estadística, en realidad, ya era conocida desde hace algún tiempo, pero lo que inició el movimiento D6 fue que Barna realizó una investigación sobre los adolescentes que permanecieron en la fe, pidiéndoles que identificaran su principal fuente de influencia espiritual que los hizo quedarse. Descubrieron que los padres tenían de 2 a 3 veces más influencia que cualquier programa de la iglesia. Al mismo tiempo, encontraron que solo el 10% de los padres que asisten regularmente a la iglesia con sus hijos leen la Biblia juntos, oran juntos o participan en actos de servicio como familia.
El Dr. Tim Kimmel, en su libro “Conectando la Iglesia y el Hogar”, rastrea el origen de este problema hasta la Revolución Industrial, cuando ambos padres fueron obligados a dejar el hogar para trabajar, y los niños se quedaron solos. Las iglesias iniciaron escuelas dominicales para alcanzar a estos niños perdidos y llevarlos a la fe junto con sus familias. Sin embargo, los padres comenzaron a creer que estos profesionales de la iglesia estaban mejor capacitados para la educación espiritual de sus hijos, dejando de lado la educación espiritual en el hogar.
D6 fue un movimiento de Dios que inspiró a muchos pastores, autores y organizaciones familiares a comprender que nuestra manera de discipular a los niños no seguía el plan de Dios en la Biblia. Deu. 6 establece claramente que el discipulado principal de los hijos ocurre en el hogar. Por tal razón, en UBF enfatizamos mucho las Iglesias Hogareñas y el culto familiar. De hecho, hace dos años tuvimos un foro que nos abrió los ojos acerca de la importancia de la adoración en familia y del discipulado de los hijos en los hogares. Muchos padres cristianos se preguntan: ¿Cómo podemos criar hijos cristianos con una fe sólida en la Biblia en estos tiempos difíciles? Creo que Deu. 6 es la respuesta de Dios: una revolución en la crianza cristiana y la formación espiritual para recuperar los corazones de esta generación.
Lamentablemente, uno de los principales problemas que enfrentan los países latinoamericanos es la ausencia de los padres en los hogares. Muchos niños crecen sin la figura paterna en su crianza, como yo, por ejemplo. No obstante, interesantemente, la Escuela Dominical se originó en el hogar de Susanna Wesley, en ausencia de su esposo, pues ella se preocupaba por la educación espiritual de sus hijos. Y éstos crecieron para convertirse en los grandes hombres de fe: John y Charles Wesley. Así que la ausencia del padre no tiene por qué ser necesariamente un impedimento para discipular a los hijos en el hogar. Sin embargo, este mensaje va dirigido principalmente a los padres que estamos aquí hoy para que entendamos la voluntad de Dios para nosotros y el rol que tenemos en el discipulado de nuestros hijos.
I.- Oye Israel: Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón (1-5)
El contexto de Deuteronomio es importante. Deuteronomio significa “Segunda ley” o “segunda proclamación de la ley”. La primera generación de israelitas no obedeció a Dios ni creyó en sus promesas, y murió en el desierto durante los 40 años de peregrinación, a excepción de Moisés, Caleb y Josué. Ahora, a punto de entrar en la Tierra Prometida, Moisés les predica un sermón en las llanuras de Moab a la nueva generación, en el que básicamente les explica lo que significa amar a Dios de forma práctica obedeciendo sus mandamientos. Lo hace para que no repitan el fracaso de sus padres, sino para que reciban la bendición de Dios.
Moisés describe anticipadamente el peligro que corrían los israelitas al entrar en la tierra prometida en los vv. 10-12. Estaban a punto de recibir esta tierra y entrar en casas ¡SIN HIPOTECA! Armarios llenos de ropa que no habían comprado, despensas llenas de alimentos que no habían cultivado, televisores 4K UHD de 86 pulgadas en la pared, consolas de videojuegos, emocionantes centros comerciales llenos de las últimas tendencias y modas. Así que anticipó su tentación de “ir tras otros dioses” o ídolos de la gente que los rodeaba. Imaginen pasar de una vida sencilla en una tienda de campaña en el desierto a verse expuestos de repente a todas las distracciones y el entretenimiento tentador de una sociedad adinerada; por supuesto, podían perder fácilmente la cabeza. Iban a adorar a Dios el fin de semana, pero en realidad los otros seis días de la semana los dedicaban a las cosas modernas, llamativas y divertidas del mundo. Así que les advierte: “luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” (11b-12). Cuando esta generación, que no había conocido otra cosa que la miseria, de repente se volviese económicamente segura y cómoda, iba a haber una gran tentación no sólo de olvidar a Dios, sino de olvidar Su gracia, salvación y provisión.
Nosotros también vivimos en tiempos muy peligrosos. Algunos tenemos un buen sueldo, o dos sueldos, un carro nuevo, una casa y muchas cosas buenas. Podemos fácilmente enamorarnos de los ídolos de las compras, los viajes, la profesión y la vida perfecta para Instagram; estas cosas pueden consumirnos y convertirse en la verdadera fuente de consuelo, alegría y sentido de nuestras vidas. Como los niños israelitas, nuestros hijos nacen nadando en este mar de excesos, hedonismo e individualismo, y pueden fácilmente perder la cabeza y el corazón.
Así que, Moisés, tras recitar los diez mandamientos y anticipando todos estos peligros para el pueblo, comienza con lo que dice en los vv. 1-3, leámoslo juntos por favor. Aquí dice que es posible vivir y prosperar en “la tierra que fluye leche y miel”, pero ¿cuál es la clave? Dice tres veces a lo largo del capítulo que es “temer al Señor” (vv. 2, 13, 24). De hecho, a lo largo del resto del Deuteronomio “temer al Señor” o su equivalente se encuentra 21 veces, y se prescribe como actitud esencial para que los hijos eviten los fracasos de sus padres.
Enseñar este temor de Dios es parte integral de la educación espiritual de nuestros hijos. Leamos juntos nuevamente el v.2. ¿Quiénes tienen que temer a Jehová y guardar todos Sus estatutos y mandamientos? “tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo”. Se trata de construir un legado, de impartir algo tan significativo a nuestros hijos que se convierta en la base de su crianza y que ellos lo pasen a la siguiente generación. Deu. 4:9 dice: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.” Esta es la voluntad de Dios para nosotros, que temamos al Señor nuestro Dios y que criemos a nuestros hijos en el temor del Señor. Este es el legado que debemos dejar en el mundo.
Pero, ¿qué significa “temer al Señor”? Es tener un respeto reverente por Dios como el Creador que está muy por encima de la creación y como el Juez que decide si voy al cielo o al infierno. En la medida en que realmente conocemos a Dios, le tememos, le respetamos, dudamos en pecar. Los cristianos solían ser conocidos como “gente temerosa de Dios”, gente decente y buena que era diferente del mundo que los rodeaba. Un sinónimo de la palabra “temer” en este pasaje es la palabra “oír” repetida en los vv. 3-4. La palabra “shema” en hebreo significa “oír y obedecer”. Por ejemplo, cuando les digo a mis hijas que recojan sus cosas y les pregunto “¿me oíste?”, no quiero que lo repitan, quiero que lo hagan. Cinco veces a lo largo del capítulo 6, Moisés enfatiza que escuchar y temer a Dios es “hacer” lo que Dios ha ordenado (vv. 1, 3, 18, 24, 25).
Leamos juntos los vv. 4-5. Acerca de este mandamiento dijo Jesús: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” (Mar. 12:30). Así que lo más importante que debemos hacer en nuestras vidas es amar a Dios por encima de todas las cosas. Claramente en el contexto del pasaje, amar no es solo una sensación cálida y reconfortante, sino obedecer sus mandamientos. El mismo Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Jua. 14:15). Cuando amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas, obedecemos Su Palabra. ¿Estás tú amando a Dios de esta manera? ¿Estás realmente obedeciendo Sus mandamientos?
Este amor a Dios es la base para educar a nuestros hijos. Si les enseñamos a obedecer por miedo, solo aprenderán una religión muerta y el legalismo que eventualmente despreciarán. Pero hay que enseñarles por qué obedecemos y tememos a Dios: Por Su amor que ha sido derramado en nosotros. El asombroso amor, la gracia y la misericordia de Dios hacia nosotros cuando aún éramos pecadores han cautivado nuestros corazones y nuestras vidas. En los vv. 20-25, Moisés instruye que cuando sus hijos pregunten —eso es lo que llamamos un momento de enseñanza— “¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os mandó?”, debieran decirles que el Señor los sacó de la esclavitud en Egipto con mano poderosa y mandó “que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días”. Temer y obedecer a Dios es nuestra respuesta a la gracia de Dios. ¡Dios nos manda temerle “para que nos vaya bien todos los días”! Cuando conocemos a Dios quien envió a su Hijo unigénito para librarnos de la esclavitud del pecado y de Satanás, tememos y obedecemos a Dios de corazón con alegría y de buena gana. Amén.
II.- Estas palabras estarán en tu corazón y las repetirás a tus hijos (6-9)
Leamos juntos el v.6, por favor. Moisés dice que los padres primeramente deben tener estos mandamientos profundamente arraigados en sus corazones. Esto implica que los padres deben tener una vida devocional profunda y estudiar la Biblia con sinceridad para estar equipados para enseñar a sus hijos. Los niños verán si Dios es real para nosotros. ¿Ven nuestros hijos que la adoración es muy importante para nosotros? ¿O nos ven ansiosos por salir rápidamente de la iglesia o por terminar rápidamente la adoración familiar para ir a donde realmente queremos estar? ¿Ven ellos que fácilmente nos saltamos la adoración cuando hay algo “mejor que hacer”? ¿Es la devoción familiar, la lectura de la Biblia y la oración, algo que fácilmente podemos dejar de lado cuando estamos demasiado cansados, o que olvidamos porque estamos ocupados haciendo otras cosas? Tus hijos no creerán que amas a Dios porque lo dices, lo creerán por lo que te ven haciendo.
¿Cómo quieres que crezcan tus hijos? ¿Como hombres y mujeres de Dios, o como personas afanadas por prosperar en este mundo? ¿Qué les estás enseñando? ¿Qué ejemplo les estás dando? Es importante el ejemplo que les damos. Por eso en los siguientes versículos Moisés se va a enfocar en la enseñanza práctica de los hijos.
Leamos juntos el v.7a. Gran parte de la educación es obra de expertos. Si nuestros hijos quieren aprender piano, les conseguimos un profesor de piano; si quieren danzar, los llevamos a una escuela de danza; si quieren fútbol, los inscribimos con un entrenador. Enviamos a nuestros hijos ocho horas diarias a expertos para que aprendan las habilidades prácticas necesarias para tener éxito en este mundo. Pero ¿quién es responsable de la educación espiritual de nuestros hijos? ¿Es la iglesia? ¿Buscamos un maestro bíblico para nuestros hijos? Dios es muy claro: “Ustedes, padres, deben enseñar a sus hijos”. Dios manda a los padres ser los principales educadores espirituales de sus hijos. Deben repetir la Palabra de Dios a sus hijos.
La palabra “repetirás” en hebreo significa también: “afilar, perforar, grabar”. La idea detrás de esta palabra es enseñar una y otra vez, como al afilar un cuchillo. Tenemos que repetirle una y otra vez las historias de la Biblia y los mandamientos del Señor. El otro sentido de esta palabra, “grabar” como hacer un grabado en madera, implica que no solo les hemos dicho, sino que les hemos explicado profundamente por qué, hasta que deja una huella duradera en la cosmovisión de nuestros hijos. Sin embargo, las impresiones más profundas que dejamos en ellos no provienen de nuestra enseñanza oral, sino de lo que enseñamos con nuestro ejemplo.
Piensen en esto: Nuestros hijos tendrán recuerdos de nosotros que serán la base de su educación. ¿Cómo quieren que los recuerden sus hijos? Ojalá quieran que sus hijos tengan grabada en su mente la imagen de ustedes leyendo la Biblia temprano en la mañana, que los recuerden con claridad orando a Dios, que los recuerden cantándole al Señor con todo el corazón, que recuerden una vida de servicio al prójimo, cuando se pregunten qué tipo de vida quieren vivir. Yo quiero que mis hijas me recuerden como un hombre que ama y sirve a Dios y a su familia, y que ellas deseen con todo su corazón amar y servir a Dios y a sus familias como su papá lo hizo.
Piensen en esto: Si nuestros hijos vienen todos los domingos a la iglesia, reciben 104 horas de adoración y enseñanza en la iglesia al año, pero tienen un promedio de 3,000 horas con sus padres. ¿Dónde creen que hay más oportunidad de discipulado? Sin embargo, con demasiada frecuencia ese tiempo en casa no se pasa de manera significativa, sino frente a una pantalla. Yo sé que después de un día estresante de trabajo solo queremos distraernos para aliviar el estrés. Pero, entonces, significa que solo vivimos para trabajar, no trabajamos para vivir. ¿No es nuestra familia la razón por la que vamos a trabajar? Lo que sea que hagamos fuera de casa, es nuestro segundo trabajo. En casa, está nuestro primer trabajo más crucial, ser padres. Otra persona podría hacer lo que sea que hagamos en el trabajo, pero solo nosotros podemos ser mamá y papá para nuestros hijos.
Si queremos grabar el amor de Dios en el corazón de nuestros hijos, debemos hacerlo desde pequeños. Una vez que crecen, su corazón se va endureciendo y es mucho más difícil. Numerosos estudios han demostrado que la mayoría de los cristianos aceptaron a Jesús entre los 4 y los 14 años, lo que ha dado lugar al término popular en el ministerio infantil: la ventana de los 4 a los 14 años. En particular, durante los primeros 5 años de vida ocurre gran parte de la formación más importante en la vida de un niño, por lo que los años preescolares son tan cruciales. Pero entre los 4 y los 14 años, los niños son más enseñables y pueden creer fácilmente en Dios y desarrollar una cosmovisión cristiana. La cosmovisión que un niño forma a los 14 años suele ser la que mantendrá durante el resto de su vida. Tenemos la mayor probabilidad de guiar su corazón hasta los 14 años. Después de eso, tenemos hasta los 18 años, que se van o se consolidan como adultos.
En su libro, “Criando a un José moderno”, Larry Fowler relata haber entablado una conversación durante un viaje en avión con un padre que era planificador a largo plazo para su empresa. Le preguntó: “¿Qué te gustaría poder decir de tus hijos cuando tengan 30?” Tras una pausa muy significativa, el hombre dijo: “Bueno, terminar la universidad, tener una buena carrera, estar felizmente casado” y una larga lista de cosas por el estilo. Entonces Larry le preguntó: “¿Qué te causaría realmente dolor si tuvieras que decir eso de tus hijos cuando tengan 30?”. La respuesta del padre fue inmediata: “Si se hubieran perdido”. Como ahora sabía que estaba hablando con un padre cristiano, preguntó Larry: “¿Me estás diciendo que eres un planificador a largo plazo en el trabajo, pero nunca has hecho ningún plan para la formación espiritual de tus hijos en casa?”. “Ah, tienes razón”, dijo el hombre. “Necesito llegar a casa y hablar con mi esposa”.
Muchos padres se sienten mal preparados como para discipular a sus hijos en casa, pero aquí es donde entra en juego la iglesia. El papel de la iglesia, como Moisés en este pasaje, es dirigir, inspirar y equipar. Estamos aquí para ayudarte; no estás solo, estamos juntos en esto. Por ahora estamos orando para ver cómo podemos ayudar más eficazmente a nuestros niños en la iglesia. Lamentablemente el espacio es pequeño y los obreros pocos. Pero queremos hacer algo más para que los más pequeños puedan recibir mejor la Palabra de Dios. Por favor apóyennos en oración, y si tienen alguna idea, déjenme saber. Mientras tanto, les podemos dar ideas para discipular a sus hijos en casa, si las necesitan. Hay muchos recursos en línea que también pueden ayudarlos.
Leamos ahora juntos el v.7b. Aquí están algunas de las oportunidades en las que podemos repetir la Palabra de Dios a nuestros hijos. Primero, estando en tu casa. Debemos enseñar la Palabra de Dios a nuestros hijos en casa. Esto no se refiere solamente a tener estudio bíblico con ellos, sino a pasar tiempo con ellos y mostrarles el amor de Dios a través de nuestras vidas también. La visión que nuestros hijos tienen de su Padre Celestial está altamente influenciada por la relación que tienen con su padre terrenal. Muchas veces, ven a Dios como ven a su padre. Si su padre es duro y violento, tienden a pensar que Dios es un ser castigador y temible; si su padre está ausente del hogar, tienden a pensar que Dios es distante e indiferente hacia ellos también; pero si tienen un padre amoroso, verán a Dios también como su amoroso Padre Celestial. Cuando estemos en casa con ellos, mientras jugamos y hablamos de la vida, surgirán oportunidades para hablar informalmente de Dios, aprovechémoslas.
Segundo, andando por el camino. Cuando estemos llevándolos a algún lugar, o caminando con ellos, aprovechemos para hablar de Dios también. Aprovecha ese tiempo conduciendo. Puedes comer Pan Diario con tus hijos cuando los llevas a la escuela. O pones música cristiana que los lleve a alabar a Dios o a preguntar acerca de Dios. O simplemente conversa con ellos acerca de Dios. Hay muchas maneras creativas de aprovechar ese tiempo.
Tercero, al acostarte y cuando te levantes. Hablemos con nuestros hijos al acostarnos y al despertar. Podemos hacer un devocional familiar por la noche. Podemos comer Pan Diario con ellos por la mañana. Aprovechemos nuestro tiempo en casa para hablar con nuestros hijos acerca de Dios y de la vida de fe.
Noten cómo este v.7b enfatiza el hablar constantemente con nuestros hijos. Necesitamos tener muchísimas conversaciones significativas. Muy pocos padres hablan con sus hijos. Estudios en los Estados Unidos reportan que los padres hablan con sus hijos un promedio de 20 minutos al día, unas 121 horas al año. Pero los estudiantes pasan alrededor de 1,270 horas al año en la escuela. Si no tomamos la iniciativa de formar la visión del mundo de nuestros hijos, las escuelas y el mundo, les garantizo, no desaprovecharán la oportunidad de llenar ese vacío. ¡Hablemos con nuestros hijos!
Los vv. 8-9 dicen que debemos atar la Palabra de Dios en nuestras manos, ponerlas en nuestras frentes y escribirlas en los postes y las puertas de la casa. Los judíos tomaron esto bastante literal y se pusieron tefilín o filacterias en los brazos y en la frente, y mezuzá en los marcos de las puertas, todo lleno de pequeños rollos con este pasaje bíblico y otras escrituras. ¿Es eso lo que Dios nos está diciendo que hagamos? Podemos criticar su interpretación literal, pero lo cierto es que los judíos tienen un hermoso patrón de enseñanza de la Biblia a través de muchas tradiciones familiares. Recitan públicamente las escrituras y enseñan a sus hijos la Biblia cada semana y durante las fiestas. Nosotros también podríamos colocar versículos bíblicos en la pared o en las puertas, pero el verdadero énfasis es que la Biblia debe integrarse en todas las actividades de nuestra vida cotidiana. No necesitamos forzarlo en cada situación hasta el punto de que los niños solo nos escuchen hablar de la Biblia. El enfoque de estos versículos es que nuestro mandato supremo en la vida es amar a Dios tan completamente que hablar de Él sea algo muy natural en la vida cotidiana.
Yo oro para que cada uno de nosotros ame a Dios con todo su corazón, con toda su mente, con toda su alma y con todas sus fuerzas. Que podamos enseñar la Palabra de Dios a nuestros hijos cada día, a través del Pan Diario, los devocionales familiares, el estudio bíblico, el Culto Dominical, y en toda oportunidad. Que podamos mostrar el amor de Dios en nuestras vidas, amando a nuestras esposas y a nuestros hijos, y siendo hombres íntegros que aplican la Palabra de Dios en su vida. Y que nuestros hijos puedan crecer con la Palabra y el amor de Dios en sus corazones, mostrando a sus compañeros en la escuela cómo vive un verdadero cristiano. Y que de esta manera Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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Dr. Myles Munroe (137 pág)
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