Gálatas 5:1-6

5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
5:2 He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.
5:3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.
5:4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
5:5 Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;
5:6 porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.

ESTÉN FIRMES EN LA LIBERTAD DE CRISTO


Buenos días. Este pasaje bíblico está claramente conectado con el anterior: por cuanto somos hijos de la libre y no de la esclava, entonces debemos estar firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estar otra vez sujetos al yugo de esclavitud. De hecho, nuestro versículo clave resume los argumentos de Pablo en los capítulos 3 y 4: La libertad dada por Cristo libera a los creyentes de la esclavitud del pecado y de la Ley. También, este es el versículo clave de toda la carta, pues resume el tema principal de ella: Cristo trajo la libertad a los creyentes; ¡en Cristo somos verdaderamente libres! Esto nos lleva a hacernos preguntas importantes: ¿Qué es la libertad? Y, más importante, ¿cuál es esa libertad con la que Cristo nos hizo libres?

La libertad es un concepto filosófico fundamental y multifacético que ha sido objeto de intensos debates a lo largo de la historia, y, desde el punto de vista filosófico, todavía se debate si el ser humano es verdaderamente libre. En líneas generales se define la libertad como la capacidad de un ser para actuar, decidir o pensar sin estar determinado por fuerzas externas o internas que restrinjan su autonomía. Desde ese punto de vista, solamente Dios sería libre, pues es el único ser que puede actuar según Su beneplácito, sin ser determinado por ninguna fuerza externa (circunstancias o presión de otros seres), ni por ninguna fuerza interna (necesidades o impulsos). Sin embargo, algunos filósofos argumentan que los seres humanos somos parcialmente libres si consideramos que, aunque estamos condicionados por el entorno, la biología o la cultura, podemos reflexionar y tomar decisiones conscientes dentro de ciertos límites; es decir, somos libres para tomar decisiones dentro de nuestras limitaciones. Los filósofos deterministas llaman a esto: “la ilusión de libertad del ser humano”.

En nuestro pasaje bíblico, el apóstol Pablo define la libertad como una vida guiada por el Espíritu, en la que el creyente no está atado a reglas externas, sino que actúa en amor y fe movido por el Espíritu. Yo oro para que a través de este mensaje podamos aferrarnos y mantenernos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y que podamos aguardar con esperanza la manifestación plena de nuestra salvación en el reino de Dios. Que movidos por el Espíritu Santo podamos obrar por el amor y Dios sea glorificado en nosotros. Y que viviendo de esta manera el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

I.- Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres (1a) 

Leamos juntos el v.1a, por favor. Podemos ver el vínculo de estas palabras con la alegoría del pasaje anterior, y con el tema de los capítulos 3 y 4, con el uso del conector: “pues”. Considerando que no somos hijos de la esclava, sino de la libre, y que Cristo ha venido a liberarnos del pecado y de la Ley, “estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”. Por Su muerte en la cruz Cristo nos ha hecho libres del pecado y de la Ley, ¿qué debemos hacer nosotros según el v.1a? Permanecer firmes en esa libertad. Es una exhortación, o incluso podríamos decir que es un mandamiento apostólico por el uso del imperativo: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”. ¡Estén firmes en la libertad de Cristo! ¡Permanezcan firmes en la libertad que Cristo!

En la introducción del mensaje les he hablado del concepto de libertad desde el punto de vista filosófico y el concepto de libertad que usa el apóstol Pablo en este pasaje bíblico, y que voy a desarrollar un poco más adelante. Sin embargo, antes de llegar allá, me gustaría referirles otro concepto interesante de libertad que presenta el Dr. John Piper. El Dr. Piper define la libertad plena del hombre de la siguiente manera: “tener la oportunidad, la capacidad y el deseo de hacer lo que te hará feliz por los próximos mil años.” En otras palabras, para él la libertad plena implica tener la oportunidad, la capacidad y el deseo de hacer algo de lo que no te vas a arrepentir nunca, y hacerlo. En ese sentido, dice, hay “cuatro etapas de libertad en el camino hacia la libertad plena que todos anhelamos: la libertad de oportunidad para hacer lo que podemos, la libertad de capacidad para hacer lo que deseamos y la libertad de deseo para hacer lo que nos proporcionará una alegría sin fin.” Entonces, tienen que cumplirse estas cuatro etapas para llegar a la libertad plena.

Supón que quieres alcanzar la tan anhelada libertad financiera de la que muchos hablan hoy en día: Tener la libertad de decidir si quieres trabajar o no porque no tienes deudas y tienes todos los recursos financieros necesarios para vivir por el resto de tu vida. Se te presenta la oportunidad para invertir en un buen negocio y tienes el dinero para hacerlo (libertad de oportunidad); entiendes bien el negocio y sabes todo lo necesario para invertir bien (libertad de capacidad); y, considerando todo, tienes el deseo de hacerlo porque sabes que no te vas a arrepentir y que te va a ayudar a alcanzar tu meta (libertad de deseo); así que inviertes y te hace feliz porque alcanzas tus metas sin remordimientos (Jlibertad plena).

Pero puede ser que se presente la oportunidad y no tengas el dinero, entonces ya no hay libertad de oportunidad. O, sí tienes el dinero, pero no tienes el conocimiento necesario para invertirlo bien, entonces tienes la libertad de oportunidad, pero no la de capacidad. O, sí tienes el dinero y la capacidad de invertirlo, pero tienes miedo por los riesgos, entonces ya no hay libertad de deseo. O, sí tienes el dinero, la capacidad para invertirlo y el deseo para hacerlo, pero te das cuenta de que es un negocio ilícito, o que le hace daño a alguien, o que no glorifica a Dios, entonces ya no hay libertad plena. Puedes llegar a tener ciertos niveles de libertad, pero no la libertad plena.

Antes de aceptar a Cristo como nuestro Señor y Salvador no tenemos libertad plena. En cuanto al pecado, muchas veces tenemos la libertad de oportunidad, de capacidad y de deseo para pecar, y lo hacemos, pero terminamos con remordimientos, así que no hay libertad plena. En cuanto a nuestra relación con Dios, quizá lleguemos a tener oportunidad de ir a la iglesia o hacer algo por Dios o por otros, pero, sin en el Espíritu Santo obrando en nosotros, no tenemos la capacidad real para relacionarnos con Dios correctamente a causa del pecado, ni el deseo sincero, por lo que nunca tendremos libertad plena para tener una relación correcta con Dios sin Cristo. 

Pero en Cristo Jesús tenemos libertad plena. Su muerte en la cruz nos ha librado del pecado y de la Ley. Si aceptamos verdaderamente a Jesús como nuestro Señor y Salvador, recibimos al Espíritu Santo en nuestras vidas que nos da la capacidad y el deseo para tener una correcta relación con Dios. Nos da la libertad para desechar cualquier oportunidad que se nos presente para pecar, y que no surja en nosotros tampoco el deseo de hacerlo. De hecho, este texto comienza con una declaración clara y refrescante de la voluntad de Dios para nuestras vidas: “Cristo nos hizo libres”. La voluntad de Dios para ti es que disfrutes de la libertad con que Cristo te hizo libre. Que te mantengas firme en ella.

¿Cómo podemos mantenernos firmes en la libertad con qué Cristo nos hizo libres? A través de tener una comunión íntima y constante con el Señor que nos haga amar nuestras disciplinas espirituales y no ser negligentes en practicarlas ni hacerlo por obligación o con pesadez. ¿Tienes tú esta comunión íntima con Dios? ¿Oras cada día para descansar en Él y buscar Su voluntad? ¿Dedicas tiempo a estudiar la Biblia para conocerle más y amarle más? ¿Reflexionas en Su amor y Su gracia y te arrepientes de tus pecados al escribir tus testimonios bíblicos? ¿Tienes un gran gozo y deseo de congregarte los domingos para compartir el amor de Dios con tus hermanos, alabar a Dios juntos y escuchar Su Palabra? Si haces todo esto con gozo y con gran deseo, puedes afirmar sin lugar a dudas que estás firme en la libertad con que Cristo te ha llamado.

En cambio, si te cuesta mucho orar; si te da sueño leer la Biblia y te da pereza estudiarla; si tienes la prioridad en otras cosas en lugar de apartar el tiempo para el estudio bíblico semanal con tu pastor; si te fastidia o “no tienes tiempo” para sentarte a escribir testimonio bíblico reflexionando en el amor y la gracia de Dios para tu vida y arrepintiéndote de tus pecados; si te da pereza levantarte temprano para venir a la iglesia los domingos, o no te parece importante llegar a tiempo para adorar, o vienes simplemente para quedar bien con otros; no estás firme en la libertad con que Cristo te hizo libre. No has sido realmente liberado por Jesús. Necesitas urgentemente arrepentirte y pedirle al Espíritu Santo que ponga en ti tanto el querer como el hacer.

Esta es la función de las disciplinas espirituales, ayudarnos a profundizar nuestra comunión con Dios y a permanecer firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Cuando dejamos de practicar cualquier de ellas, o empezamos a practicarlas por obligación o por costumbre, dejamos de estar firmes y empezamos a tambalear en nuestra libertad. Corremos el riesgo de volver a la esclavitud, bien sea de la Ley (vivir en legalismo) o del pecado. 

Oro para que cada uno de nosotros pueda permanecer firme en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Que podamos practicar deseosamente cada día nuestras disciplinas espirituales. Y que éstas nos ayuden a vivir como creyentes verdaderamente libres, según aprenderemos en la tercera parte de este mensaje. Amén.

Por lo pronto, vayamos a la segunda parte,

II.- No estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud (1b-4) 

Leamos ahora juntos los el v.1b, por favor. Un yugo se refiere a un instrumento de madera que se usaba para unir a dos animales para trabajar juntos en el campo. Los judíos se referían al “yugo de la ley” como una cosa buena y la esencia de la religión verdadera. El hombre tenía que enyuntarse con la Ley, trabajar junto con ella, dejando que lo guíe, para poder tener la correcta relación con Dios. Pablo usa esta idea y la convierte en algo negativo: “el yugo de esclavitud”. Este yugo de esclavitud no hace más que cargarnos y agotarnos. Nos esforzamos para tirar del arado de Dios, pero el yugo de la esclavitud nos restringe, agota y frustra. En lugar de ayudarnos a obedecer a Dios y a tener una correcta relación con Él, hace que sea pesado el servicio a Dios y que nos enfoquemos en las cosas externas más que en las internas. Nos esclaviza a tener que estar atentos a una lista interminable de leyes y regulaciones. 

Cuando dejamos de estar firmes en la libertad con la que Cristo nos ha hecho libres, incluso algo tan precioso como las disciplinas espirituales, se vuelve algo pesado y tedioso. Venir a la iglesia se convierte en una obligación, una carga. La oración y el estudio de la Biblia no nos ayudan a superar el agotamiento del día, sino que se convierten en cargas que nos agotan más. El Pan Diario se convierte en una actividad rutinaria para la cual ni siquiera apartamos el tiempo, sino que la hacemos en cualquier momento del día y de cualquier forma, simplemente para cumplir. Escribir testimonio se convierte en algo molesto que hacemos superficialmente para salir del paso, para quedar bien con nuestro pastor o con los hermanos, sin reflexionar verdaderamente en lo que Dios nos ha hablado a través del pasaje bíblico, ni arrepentirnos de nada genuinamente, ni tomar verdaderas decisiones de fe. Esa es la vida del que no está firme en la libertad con que Cristo lo hizo libre. Es un yugo de esclavitud.

Leamos juntos los vv. 2-3, por favor. Pablo habla ahora desde su autoridad apostólica. No cita una Escritura veterotestamentaria porque no hay ninguna que diga esto. Pero lo que dice es completamente cierto y bíblico, y ahora es Escritura neotestamentaria: “yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.” Si alguno se circuncida como declaración de disposición a someterse a la Ley, ahora está obligado a guardar toda la Ley. De nada le aprovechará la obra redentora de Cristo. Jesús vino a hacer lo que ninguno de nosotros puede hacer: obedecer perfectamente la Ley de Dios; vivir una vida santa que glorifica a Dios. Aunque quisiéramos, no podríamos hacer esto por nosotros mismos. Pero Jesús murió en la cruz para librarnos de la esclavitud del pecado y de la Ley, de modo que todo aquel que confíe en Su obra vicaria, pueda tener la correcta relación con Dios a través de Él. No obstante, si uno decide someterse a la Ley en lugar de la fe en Cristo Jesús, entonces no puede aprovechar la obra vicaria de Cristo, sino que está obligado a hacer lo mismo que Jesús hizo: cumplir perfectamente toda la Ley. 

En otras palabras, Pablo nos está diciendo que no hay un camino intermedio. No puedo someterme a la Ley y esperar que Cristo complete lo que me falta en Su gracia. O estoy bajo la Ley o estoy bajo la gracia en Cristo, no hay camino intermedio. Si alguno se circuncida, entonces está tomando el camino de la Ley y tiene que guardarla toda, por tanto, no puede aprovechar la gracia de Cristo. Si alguno toma el camino de la gracia de Dios en Cristo Jesús, entonces no necesita circuncidarse, ni guardar las ceremonias de la Ley, sino que el Espíritu Santo le ayudará a obedecer la ley moral de Dios, y a vivir una vida santa y agradable a Dios a través de Cristo.  

Pablo va más allá y habla directamente a aquellos que empezaron confiando en la gracia de Dios a través de Cristo, y después se circuncidaron para tratar de justificarse a sí mismos a través de las obras de la Ley. Leamos juntos el v.4, por favor. La palabra griega que se traduce “desligasteis” significa “separarse” o “cortarse de”. Y la palabra “caído” significa “perder el agarre firme a algo”. Pablo está diciendo con claridad que cualquier intento de justificarse por la Ley equivale a rechazar la salvación solo por gracia a través de la fe. Quienes fueron alguna vez expuestos a la verdad del evangelio de gracia y después dan la espalda a Cristo con la intención de justificarse por guardar la Ley, se separan irremediablemente de Cristo y pierden la oportunidad de ser salvos por la gracia de Dios. Su deserción de Cristo y el evangelio de gracia solo prueba que su fe nunca fue genuina. 

Entonces, aquellos que buscan la justificación por las obras de la Ley, no pueden alcanzar la salvación por gracia a través de la fe. Se han separado completamente de Cristo y, por tanto, no pueden aprovechar la gracia que Él imparte. Este es el peligro de caer en el legalismo. Si dejamos de creer que somos salvos solo por gracia, y pensamos que nuestras obras pueden contribuir en algo en nuestra salvación, entonces nos estaremos separando de Cristo y estamos en peligro de caer de la gracia. Amado hermano, nada de lo que hagas o dejes de hacer, puede hacerte más o menos salvo. La salvación es por gracia al poner nuestra fe en la obra vicaria, expiatoria y redentora de Cristo en la cruz. Así que no necesitas hacer nada para tu salvación, solo confiar en Jesús quien ha hecho todo para que puedas ser acepto delante de Dios.

Por supuesto que esto no quiere decir que después de haber recibido a Jesús como nuestro Salvador vamos a vivir vidas pasivas, o que podemos hacer lo que queramos, como seguir pecando, porque eso no me va a ser más o menos salvo, el apóstol Pablo ahora nos va a mostrar cómo viven los creyentes verdaderamente libres en Cristo.

III.- ¿Cómo viven los creyentes verdaderamente libres? (5-6)

Leamos los v.5. El creyente verdaderamente libre en Cristo no confía en sus propias obras para ser justificado delante de Dios, sino que por el Espíritu aguarda por la fe la esperanza de la justicia. El Espíritu Santo ayuda al creyente a esperar confiadamente el reino de Dios. Creemos por la fe que somos salvos, aunque todavía no hemos alcanzado la plenitud de esa salvación. Esta plenitud de salvación se manifestará cuando entremos en el reino de Dios. Por ahora es una esperanza bienaventurada. Pero esta esperanza no es un deseo sin fundamento. No es como el que espera ganarse la lotería. Nuestra esperanza es un anhelo fundamentado en la promesa de Dios: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Rom. 10:9). Esa es la promesa de Dios. Por tanto, con fe confesamos a Jesús como nuestro Señor y creemos en nuestro corazón en Su resurrección, y esperamos la manifestación plena de la salvación que nos ha prometido. 

¿Confiesas tú a Jesús como tu Señor? ¿Crees que Él murió en la cruz para perdonar todos tus pecados? ¿Crees verdaderamente en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos? ¿Realmente los crees? ¿Estás viviendo como una persona que realmente cree estas cosas? O, ¿solamente como una persona que lo dice de la boca para afuera? Yo oro para que cada uno de nosotros viva realmente con la esperanza bienaventurada del reino de Dios en su corazón, y que seamos verdaderos testigos de la resurrección de Jesús cada día de nuestras vidas. Amén.

Leamos ahora juntos el v.6, por favor. En Cristo Jesús, la circuncisión no añade ningún valor. No importa si somos circuncisos o incircuncisos; si éramos judíos o gentiles. Lo que importa es si realmente tenemos fe en la obra vicaria de Cristo en la cruz. Si realmente tenemos fe en que somos salvos solo por gracia, por la obra perfecta de Cristo en la cruz. 

Pero esa fe no es solo una confesión de labios o una creencia intelectual. Se manifiesta en nuestras obras de amor para Dios que el Espíritu Santo produce en nosotros. Un creyente verdaderamente libre en Cristo muestra su amor a Dios por medio de sus palabras y conducta. El Espíritu Santo le impulsa a vivir alabando a Dios con su boca, agradeciéndole por lo que ha hecho en su vida, y testificando a otros acerca de Jesús. El Espíritu Santo le impulsa a servir a otros con amor como Jesús sirvió. El Espíritu Santo le impulsa a practicar sus disciplinas espirituales con gozo y amor por la gracia que ha recibido en su corazón, para que pueda conocer más y más a Dios, amarle más, y glorificar Su nombre.

¿Eres un creyente verdaderamente libre en Cristo? ¿Está el Espíritu Santo impulsándote a vivir este estilo de vida? ¿Estás testificando de Cristo a otros? ¿Estás sirviendo con amor a otros? ¿Estás firme en la libertad con que Cristo te ha hecho libre? Yo oro para que el Señor nos ayude a arrepentirnos y a permanecer firmes en la libertad con que Cristo nos ha hecho libres. Que el Espíritu Santo produzca en nosotros tanto el querer como el hacer, de modo que nuestra fe obre por el amor y Cristo sea formado en nosotros. Que al vivir de esta manera, y testificar a Cristo entre los estudiantes de la Universidad de Panamá, Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

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