Mateo 18:10-14

18:10 Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.
18:11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
18:12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?
18:13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.
18:14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.

SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO


                                         SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO


San Mateo 18:10-14

V, Clave 18:11 “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.”


La semana pasada aprendimos que el mayor en el reino de los cielos es quien se humille como un niño ante Dios. Esta humildad pertenece a nuestro Señor Jesús quien es el mayor de todos. Solo de él recibimos esa virtud como un don celestial en nuestro corazón. Al contrario, respecto a los que hacen tropezar a otros hermanos Jesús dio una advertencia seria.  

En la palabra de hoy, Jesús nos habla de un tropiezo común y frecuente que puede ocurrir en la vida de los creyentes. Y nos enseña por qué no se puede permitir tal tropiezo, aunque parece la cosa muy menor. Oro que Dios nos ayude a tener su óptica hacia nuestros hermanos y también aprender su corazón hacia cada oveja descarriada.   


Primero, no menospreciéis (10-11). Ante la pregunta de sus discípulos ‘¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?’, Jesús les respondió que el mayor en el reino de los cielos no es quien se enaltece encima de otros, sino quien se humille como un niño y sirve a los demás a toda humildad. Jesús considera a tales servidores humildes como el mayor, porque esa humildad es de Jesús quien sirvió a todos. 

Mencionado del mayor, Jesús dio la advertencia fuerte por un tropiezo. “¡Ay (qué malo) del mundo por los tropiezos! … ¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! (7)” Los hombres caídos suelen a divertirse por hacer tropezar a los demás sin ninguna importancia. Esa actitud es el producto de la naturaleza pecaminosa, aún ocurre en la vida de los creyentes. El tropiezo es algo que hace sacudir la fe de uno. Dios no tolera tales prácticas frecuentes y lo juzga con un castigo severo.   


¿Por qué hacer tropezar a un hermano es un pecado grave? Vamos a leer el verso 10. “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.” Continuado del dicho ‘Ay del mundo’, aquí Jesús otra vez da un tono de advertencia, diciendo ‘Mirad (cuidado)’. ‘Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños’. 

Tal vez Jesús vio el menosprecio del corazón de los discípulos el uno al otro tras esa pregunta ‘¿Quién es el mayor?’ Jesús quiso tocar del ‘menosprecio escondido’ en el corazón de sus discípulos. ‘Menospreciar’ es un acto muy frecuente que ocurre entre los hermanos sin consideración seria por su inmadurez; ‘Menosprecio de ojos’, ‘menosprecio verbal’, ‘menosprecio de gesto’, etc. Jesús lo ve como un pecado que no se debe practicar entre los creyentes. 

‘No menospreciéis a uno de estos pequeños’, ¿quiénes son ‘estos pequeños’? ¿A quién se refiere ellos? Según el contexto, podemos entenderlo como ‘los hermanos creyentes pero inmaduros’. (‘a alguno de estos pequeños que creen en mí (6), Si tu hermano peca (15)). ‘el menosprecio’ es un acto que Jesús prohíbe con advertencia, diciendo “Mirad que no menospreciéis.” 


Pues, ¿Por qué no debemos menospreciar a los hermanos? “porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Aquí Jesús nos enseña su óptica hacia con un hermano. Cuando un hermano cree en el Cristo Jesús, aunque él es débil y defectuoso humano y espiritualmente, el espíritu de Dios obra en él o ella y permanece en ellos. Ya son adoptados como un hijo o una hija de Dios quienes serán cuidados, protegidos y guardados por el Padre Dios. Sus ángeles ven el rostro de Dios y comunicará de tal hermano. 

Cuando uno anda menospreciado, esto hará sufrir al Dios Padre directamente. El menosprecio a un hermano es menospreciar directamente a Dios. Ya no es el asunto entre los hombres, sino entre Dios y el hombre. Y jamás Dios estará agradado con su hijo o hija menospreciados. En matrimonio se oye decir “el respeto se gana” o “el amor se gana” y menosprecian el uno al otro. Sea con cónyuge o con hijos o con hermanos, al ser menospreciados por nosotros, Dios sufrirá por ese menosprecio y sentirá ofendido y lo tomará en seriedad. 

Nuestro hermano o hermana tiene un gran valor por su existencia misma ante Dios, no porque ellos hicieron algo digno, sino porque Dios los ama. Los ojos de Jesús miran con gran estima a cada hermano. Es la óptica de nuestro Señor Jesús y debe ser nuestra. Para hacer entender esta visión de Jesús hacia un hermano, él usa una parábola reflejada de lo que Dios hace por los pequeños. 


Segundo, Va por los montes (11-14). Leamos el verso 11. “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.” El menosprecio es contra la obra de salvación. El menosprecio es contra el Padre Dios. El menosprecio es contra la venida del Hijo del hombre Jesús. El Hijo del hombre es una manifestación del aprecio y amor de Dios hacia todos los hermanos.  

“¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? / Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron” (12-13) Cien ovejas son muchas. Pero cada una tiene su propio nombre para el dueño. Todos son importantes para él. Por lo tanto, si se descarría una de ellas, el dueño deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado. Esta oveja puede ser un buen blanco de las fieras en cualquier momento. Entonces, si acontece que la encuentra el pastor, se regocija más por aquella que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Esto no quiere decir que noventa y nueve son menos valiosas que aquella descarriada, sino enfatiza el corazón quebrantado del pastor hacia una oveja perdida.

Aquí notemos la expresión de Jesús ‘va por los montes’. Esto es para buscar la que se había descarriado. El pastor no queda en su comodidad, sino se levanta y mueve por una oveja descarriada. ‘Ir por los montes’ significa ‘un sacrificio inestimable’. Andar por los montes es cansador y agotador. Además no hay garantía de que la encuentre. Pero el pastor no se rinde hasta encontrarla. Cuando la encuentra, se regocija en gran manera. 


Ese pastor que va por los montes se refiere a Jesús y esa oveja perdida es nosotros pecadores. Nuestra vida estaba perdida en pecado y vagaba sin dirección. Andábamos por acá y por allá, buscando por dónde regresar al pastor. En medio de las olas pecaminosas del mundo, podíamos terminar nuestra vida en miseria. Fuimos un blanco fácil del diablo. Pero nuestro Dios envió a su Hijo quien es nuestro buen pastor Jesús a hallar y salvarnos. 


Jesús como el Hijo de Dios glorioso no tenía necesidad de ser como uno de nosotros. Pero Jesús dejó toda su gloria y comodidad y se humilló a ser como uno de los hombres. Jesús vino a esta tierra dónde había lleno de los descarriados. Jesús andaba por Samaria para encontrar a una mujer samaritana que era su oveja perdida (Jn.4:4). Jesús andaba por la tierra de los gadarenos para salvar a un endemoniado (Mr. 5:1-2). Jesús buscaba a Pedro perdido tras su negación de tres veces a él (Jn.20:15). Jesús buscaba a Pablo perdido quien perseguía la iglesia y lo halló en el camino al Damascus (Hch. 9:4-5). Jesús andaba por los montes para servir la multitud, pasando todo sufrimiento. Jesús sufrió tanto por todos nosotros descarriados, finalmente dio su vida en la cruz.   


Jesús quiere que conozcamos este corazón de Dios hacia un hermano perdido y seamos un buen pastor por sus ovejas descarriadas. ‘Buscar a una oveja, encontrarla y servirla’ demanda un sacrificio enorme del tiempo, material y esfuerzo. ¿Quién puede hacerlo? Solo los que entienden y tienen el corazón de Dios pueden hacerlo. Solo iglesia que tenga ese corazón del pastor puede hacerlo. Nuestro tiempo es oro, dinero y esfuerzo también. Pero damos nuestro oro por una oveja, porque Jesús lo hizo por mí. 


Los montes pueden ser varios; campus universitario, trabajo, colegio, vecindario, etc. Dios puede mandarnos a cierto monte o por los montes; lugar dificultoso. No hay un monte que no demanda un sacrificio. Cada día estamos enviados a cierto lugar como un monte. Lo importante es que tengamos el corazón de Dios hacia una oveja descarriada. Sin esto lo que hacemos no vale nada. 


Si Dios estima tanto a uno de los hermanos pequeños, ¿Cuánto más estimaría a una persona que busca por los montes por su oveja perdida? ¿Cuánto valoraría nuestro Dios a su obrero que tenga el corazón quebrantado del pastor? Daniel 12:3. “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” El mismo Jesús dice así en San Mateo 24:45-47 “¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? / Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. / De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.” Realmente Dios los amará y recompensará con la gloria incomparable a su sufrimiento (Rom.8:18). Esforcémonos y oremos a ser tal obrero que tenga el corazón de Dios, sirviendo al menos a una oveja que necesite nuestra ayuda desesperadamente.  


Este corazón del pastor no pertenece a nosotros, sino a Dios y al Cristo Jesús. Las universidades aquí en Chile son como los montes para mí. A miles de personas he predicado, pero los frutos son muy pocos. Los rechazos de los jóvenes son los vientos fríos que hacen retraerse mi corazón. ‘¿Para qué hago este andar con mi tiempo y juventud valiosos en esta tierra?’ La palabra de hoy me direcciona nuevamente en permanecer en esta tarea del pastor, porque fue el corazón de Dios hacia mi vida perdida y es su anhelo hacia una oveja descarriada. Gracias a Jesús por su salvación hacia mi vida pecador. Si no hubiera esa búsqueda de Jesús por mí, mi vida no existiría como ahora. Oro que yo pueda tener su corazón y buscar por los montes hasta encontrar a su oveja perdida aquí en chile. Amén. 

 

En conclusión, Dios envió a su hijo para encontrar a una oveja descarriada. Nuestros hermanos son una de tales ovejas que son comprados a precio de la vida de Jesús. Por lo tanto, jamás debemos menospreciar a un hermano o una hermana por ningún motivo.

Jesús vino a este mundo para buscar a nuestra vida que estaba descarriada en pecados. Jesús sufrió tanto para encontrar y salvarnos por los montes del pecado. Y nos halló y se regocijó. Así debe ser nuestro corazón hacia nuestro hermanos y ovejas. Oro que podamos ser quienes tengan el corazón de Dios hacia un alma perdida e ir por los montes hasta poder encontrar y salvarla para nuestro Dios. Amén. 



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