EL LLAMAMIENTO DE LEVÍ

Predicado el día domingo, 31 de mayo de 2020

Mensaje del libro de Lucas
Palabra: Lucas 5:27-32
Verso Clave: Lucas 5:27-28
Serie - Lect: Lucas - Lec 12
Predicado por: Juan Carlos Vivas Montes
País/Capítulo:   / La Plata
Tipo: Dominical
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Lucas 5:27-32

5:27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.
5:28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.
5:29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.
5:30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?
5:31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
5:32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

VERSÍCULO CLAVE

Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.


Lucas 5:27-28 (Reina Valera Revisada 1960)

EL LLAMAMIENTO DE LEVÍ


Cuando estaba preparando este mensaje me encontré un artículo que salió el mes pasado en un conocido wesiteb, en que se expone una lista de varias personas que siendo ricas y famosas decidieron dejarlo “todo” para seguir a Jesús. Un nombre que resalta en ese artículo es el de Juan Luis Guerra ¿lo conocen ustedes? Pocos artistas pueden decir que han ganado 20 premios Grammy y Juan Luis es uno de esos. Él ha sido una persona muy exitosa, se graduó en literatura en la Universidad de Berklee, estudió en un conservatorio y legó a tocar junto a la Filarmónica de Nueva York. Por muchos años se mantuvo en el número uno del ranking tropical de Billboard, y llegó a ser reconocido como uno de los artistas más cotizados en el mercado internacional. Pero un día, el reconocimiento y la ajetreada agenda afectaron su salud, y el estrés le provocó un problema en su visión y en su familia. Pero como él mismo lo relata, el Señor Jesús entró en su corazón cuando dos predicadores le hablaron del Salvador después de una noche de gala, música y triunfos. Él declaró así: “me faltaba paz, ni con todos los premios podía estar tranquilo en un sitio. Sufría de ataques de ansiedad que son horrorosos, horrorosos” Fue así como él se tomó un receso de los escenarios para dedicarse al estudio de la biblia, y comenzó a servir activamente a Dios en una iglesia. Cuando volvió lo hizo cantando música cristiana, donde resalta la canción basada en Deuteronomio “Las avispas” que también le hizo merecedor de un Grammy.

         Lo que me llamó la atención de este testimonio es, que a un hombre que tenía todo lo que los demás quisieran tener, no le fue suficiente para alcanzar satisfacción, peor aún eso por lo que tanto había trabajado se convirtió en causal de sufrimientos, Pero Jesús, en su lecho de dolor lo llamó a seguirlo y él aceptó. En cierto sentido, una historia similar vamos a ver en el pasaje de hoy, porque vamos a aprender del llamamiento de Leví, que era un hombre rico y con muchas comodidades pero que por su trabajo y estilo de vida estaba sufriendo y desagradando a Dios, y aún así Jesús lo llamó, y él sin vacilación aceptó seguirle. Mi oración es que hoy podamos aprender de la actitud decidida de Leví y así como él estemos dispuestos a dejarlo todo por seguir al Señor. Amén 

         Pero si más preámbulo entremos en el pasaje. Leamos el v.27a “Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos,” Nosotros vimos la semana pasada que Jesús estaba recorriendo varias ciudades de Galilea haciendo milagros y predicando el evangelio, y en una de esas ciudades sanó a un leproso que se le acercó. Y también vimos que después sanó a un hombre paralítico. Según Marcos 2:1 este último milagro, ocurrió en Capernaum, que es la ciudad en que Jesús llamó a Simón Pedro a través de la pesca milagrosa, y muchos estudiosos afirman que probablemente la casa que le rompieron el techo para bajar al paralítico era la casa de Pedro. El hecho es, que después de lo que sucedió allí, Jesús salió de la casa, y probablemente mucha gente salió con él, no olvidemos que el lugar estaba repleto, y aunque podríamos pensar que su prioridad era alejarse porque los principales doctores de la ley estaban asechándolo y él acababa de avergonzaros públicamente, dice el v.27 que él puso sus ojos sobre un hombre particular y por inferencia se detuvo allí.

         Aquel hombre era un publicano de nombre Leví. ¿pero qué era un publicano? Este era un término que se usaba para definir a los pecadores públicos. Por ejemplo, según Mateo 18:17 vemos que si alguien que cometía un pecado contra alguien y recibía reprensión de la iglesia y no se arrepentía, era un publicano; las prostitutas también eran consideradas como publicanas, pero más que nada, y en un sentido literal, el término se usaba para llamar a los cobradores de impuestos, que eran funcionarios que recababan los impuestos internos en Israel para pagárselos al imperio romano. Pero ¿cuál era el problema de recoger los impuestos? Desde un punto estricto parece que no habría ningún problema, porque es un trabajo como cualquier otro, pero si hay algunos inconvenientes con esta labor. Lo primero es bastante obvio, el ejercicio de esta profesión era una especie de traición a la patria, porque un israelita le cobrara impuestos a sus propios paisanos, para pagarlos al imperio que los oprimía; pero esto no era lo único, recordemos un verso que vimos hace algunas semanas: Lucas 3:12,13 “Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.” Esto fue lo que le pidió Juan el Bautista a un grupo de publicanos que quisieron arrepentirse para bautizarse, noten que el otro problema es que ellos le cobraban de más a la gente y se quedaban con ese dinero excedente. Pero además, se dice que los publicanos eran muy crueles, porque ellos maltrataban a la gente y si alguien no tenía como pagarles impuestos le quitaban sus propiedades, sus hijos, o lo esclavizaban, sin importar nada. Ellos eran los culpables de gran parte del dolor del pueblo, y de tanta necesidad económica.

         Pero si este trabajo era tan mal visto ¿por qué Leví lo hacía? La biblia no lo dice, pero podemos imaginar algunas razones. Una podría ser la necesidad, probablemente la familia de Leví era muy pobre y él buscando una salida fácil prefirió traicionar a su pueblo y trabajar para Roma. Sin embargo, la necesidad no justifica que él robara a otros. Por eso pienso que una causa más probable podría ser la ambición, quizá Leví quería ser rico, como a muchos de nosotros nos gustaría, pero en lugar de trabajar fuertemente para ganar dinero o inventarse un negocio honrado, prefirió quitarle su dinero a los otros a través de cobrarle los impuestos. Esto implica que Leví era un hombre egoísta y que tenía amor al dinero. Y finalmente creo que Leví podría haber hecho esta labor por deseo de poder, por una parte porque al ser un funcionario que trabajaba para Roma tenía autoridad sobre todos, pero también porque el dinero en sí mismo nos da una sensación de poder, porque con él podemos conseguir muchas cosas, algunos creen equivocadamente que el dinero lo compra todo. 

Y hasta este punto usted podría pensar que esta palabra no tiene mucho que ver con nosotros, porque ninguno acá trabaja para el AFIP (Argentina), ni el SENIAT (Venezuela), ni la DIAN (Colombia), SUNAT (Perú). Pero quiero decirles que aunque ciertamente no nos dedicamos a recabar impuestos, en muchos sentidos si somos como Leví. Porque todos nosotros somos pecadores y muchos de nuestros pecados son públicos. Por ejemplo, cuando tenemos un arranque de ira, o cuando robamos algo o a alguien y los demás lo saben, o mentimos y la gente se da cuenta, o cuando nos embriagamos y nos ven, etc. Debido a estos pecados que son públicos somos como Leví. Pero también somos igual a él en cuando tenemos ambición, amor al dinero, somos egoístas y queremos poder. Más que nada el amor al dinero es un problema que afecta a muchas personas, tanto a pobres como a ricos y que nos empuja a hacer cualquier cosa por obtenerlo, muchas veces sin importarnos el daño que le hagamos a los demás. Por dinero llegamos a romper una relación familia, una amistad, una relación con un hermano en Cristo, inclusive muchas personas escogen el dinero antes que a Dios cotidianamente. Entonces, en este sentido somo Leví y esta palabra es un mensaje personal para cada uno de nosotros. 

         Ahora leamos el 27b,28 “y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió”. Con todo lo que hemos hablado hasta aquí entendemos bien quién era Leví, y también podemos darnos una idea de su situación. Desde el punto de vista económico parece que él no tenía problemas. Él había alcanzado todo lo que buscaba, tenía dinero, buena ropa, buena casa, sirvientes, etc. y tenía poder. Pero desde el punto de vista social ¿cómo estaba él? Obviamente Leví era rechazado por el pueblo, los cobradores de impuestos eran tenidos como la escoria de esta sociedad, y nadie se juntaba con ellos, al contrario, aún los líderes religiosos los excluían. Leví no podía ni siquiera congregarse con sus paisanos porque lo rechazaban. Por eso es que mientras todos estaban en la casa con Jesús, oyendo la palabra de Dios y viéndolo hacer milagros, él estaba afuera en el lugar en que cobraba los tributos públicos. 

         Pero saben algo, esto no era lo la familia quería de Leví, más bien esperaban que él fuera todo lo contrario ¿por qué les digo esto? Por el nombre que sus padres le colocaron. Leví significa “el que une a los suyos”, la esperanza era que él fuese alguien que uniera al pueblo, pero vemos que por su trabajo no estaba cumpliendo con este propósito, sino todo lo contrario, estaba dividiendo a los suyos. Pero además, esto tampoco era lo que Dios quería de este hombre, el Señor tenía otro propósito para él y por eso cuando Jesús salió de la casa en que sanó al paralítico, se detuvo en el banco de los tributos públicos y le dijo “sígueme”. Esta parece ser una simple palabra, pero realmente tiene muchas implicaciones, Jesús quería que Leví se hiciera su discípulo. No solo que caminara detrás de él, sino que aprendiera de aprendiera de su vida y la imitara completamente. 

         Pero imagínense ustedes en la situación de Leví ¿qué le habrían dicho a Jesús si él les dice “sígueme”? yo le habría preguntado muchas cosas como estas: ¿Por qué yo? ¿Para dónde vamos? ¿Por cuánto tiempo? ¿Qué vamos a hacer? ¿Con quién vamos? ¿A partir de cuándo? ¿Con qué (dinero, vehículo)? ¿Qué pasará después? Esta semana en los estudios bíblicos les pregunté a todos qué hubiesen hecho y la mayoría -por no decir todos- me comentó que también le habrían hecho preguntas a Jesús. ¿pero qué hizo Leví? Podemos ver que se levantó y le siguió. Lo cual supone que él confió plenamente en Jesús, por eso no le hizo preguntas, aunque divisaba un seguro incierto. Pero antes de seguir a Jesús, la palabra dice que Leví lo dejó todo. ¿y qué significa “todo”? Leví dejó su trabajo, familia, el dinero, sus bienes materiales, planes, pero más importante: dejó su pecado y malas costumbres.

         Así como Leví, muchas veces nos encontramos desperdiciando nuestra vida en algo que no es nuestro propósito, y no solo hablo de lo que esperan nuestros padres, sino de nuestro propósito en Dios. Yo no sé si alguna vez usted se ha preguntado para qué Dios le dio la vida, y quizá yo no le puedo dar una respuesta muy específica, pero lo que si le puedo decir es que el Señor no nos creó para que amáramos al dinero, ni para que llevásemos una vida de pecado. Dios nos creó para que fuésemos santos y viviéramos para su gloria, esto quiere decir que el plan original de Dios es que tengamos una relación estrecha con él y que lo alabemos en todo. Pero tristemente no es lo que escogimos hacer, sino que en menor o mayor medida nos hemos desviado de nuestro propósito. Pero ¿cuál es la buena noticia de hoy? que Jesús no quiere que sigamos así y por eso nos hace una invitación personal: “sígueme”. Yo sé que esta decisión podría darnos miedo o que muchas preguntas podrían surgir en nuestras cabezas, pero si algo podemos aprender hoy de Leví es que debemos confiar en Jesús, en su plan para nuestra vida y tomar la decisión firme de seguirlo aunque muchas causas lo dificulten. 

         Hemos visto que Leví lo dejó todo para seguir a Cristo, y efectivamente hay muchas cosas que todos los discípulos debemos dejar, como el pecado, los malos hábitos, malas amistades, vicios, etc. Estas son muy obvias, porque son aspectos negativos de nuestra vida. Pero en algunos casos, los que decidimos seguir a Jesús también debemos dejar cosas que son buenas y valiosas, esto va a ser en función del llamado específico que Dios nos dé; por ejemplo, nosotros los misioneros hemos tenido que dejar nuestra familia, nuestros países y cosas que son muy amadas y valiosas. También hay quienes dejan su carrera, riquezas, etc. Pero lo que quiero agregar, es que aunque nuestra decisión específica no implique en cierto momento dejar algunas cosas de nuestra vida, de igual modo al seguir a Jesús debemos cambiar nuestro orden de prioridades y poner en primer lugar a Dios, de manera que no estemos atados a nada en esta tierra. No sabemos si más adelante Dios nos llame a movernos y dejar eso que tanto apreciamos. 

Leamos el v.29 “Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.” Ahora vamos a hablar de lo que hizo Leví después de su decisión de seguir a Cristo. Como vemos él hizo un banquete. Lo cual puede parecer insignificante, pero al contrario, es un hecho muy importante, en que aprendemos varios frutos que dio Leví, y que todos los discípulos debemos dar después de tomar la decisión de seguir a Jesús. 

Lo primero de resaltar es el gozo, este banquete una celebración porque Leví estaba muy alegre. Probablemente él se había resignado a llevar esa vida triste en que se había metido, pero el llamado de Jesús le dio un nuevo color a su vida, y cambió su tristeza en gozo. Este mismo sentimiento lo tuvo el Salmista, quien expresó (Salmos 30:11) “Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.” El gozo que experimentamos en Cristo Jesús es especial, no es una simple alegría, es una mezcla de paz, emoción y tranquilidad, es un sentimiento de esos que no se pueden explicar bien con palabras, pero que nos acompañará toda la vida, aunque estemos en pruebas, porque es un fruto espiritual. 

Otro fruto que dio acá Leví fue el servicio; sabemos que él no cocinó ni limpió, muy probablemente él tenía sirvientes que lo hicieran, pero pagó por todo eso y puso sus bienes a la orden de Jesús. El servicio es un acto de agradecimiento automático cuando somos beneficiarios de la gracia de Dios, ya en Lucas hemos visto otro ejemplo de alguien que sirvió a Jesús cuando él la salvó: la suegra de Pedro (Lucas 4:38-41). Si nosotros hemos decidido seguir a Jesús y no estamos sirviéndole en algo estamos fallando, no estamos siendo agradecidos con él, y tenemos que revisarnos y cambiar. Es una tentación ser un discípulo pasivo, pero no debemos ser egoístas, el llamado es servir a Dios de cualquier manera. Tampoco debemos servir al mínimo, vean que Leví no hizo cualquier reunión, sino un gran banquete.

¿Saben cuál fue el tercer fruto que dio Leví? La predicación. En el v.29 dice que en este banquete había mucha compañía de publicanos y de otras personas que estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos ¿quién los invitó a ellos? ¡Leví! Cuando conocemos a alguien importante es natural querer que otros le conozcan e invitarlos. Por ejemplo, si alguien acá fuese amigo de Messi nos lo haría saber, y si Messi (Argentina) va algún día a su casa a cenar, es muy probable que invite a la mayor cantidad posible de gente para que lo conozcan también, lo mismo sería con Falcao (Colombia), Paolo Guerrero (Perú) y Arango (Venezuela). Pero Leví no invitó a sus amigos para que se hicieran un video con Jesús y lo subieran a Tik tok, él quería que ellos conocieran a la persona que le dio una nueva oportunidad, procurando que ellos también tuviesen esa chance de salir de esa vida triste. Y esta debe ser nuestra intención al mostrar a Jesús, que otros tengan la misma oportunidad que nosotros tuvimos. 

Finalmente leamos los v.30-32 “Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” No me voy a detener mucho en este asunto, porque la semana que viene vamos a hablar de los escribas y fariseos. Solo quiero resaltar que no todo el mundo se alegra cuando decidimos seguir a Jesús, hay algunos que nos van a juzgar y muchos se van a oponer. Sobretodo aquellos que conocen nuestro pasado nos van a señalar, y van a decir: ¿después que hicistetal cosaahora te hiciste evangélico? he visto muchos que juzgan a los que eran delincuentes y que luego aceptan seguir a Jesús, pero acá el Señor nos enseña, que así como un médico, él no vino a buscar a los “perfectos y santos” sino a los que nos hemos equivocado para que procedamos al arrepentimiento.

Y haciendo énfasis en esta palabra termino el mensaje de hoy: “arrepentimiento” porque en resumidas cuentas este fue el punto clave en la conversión de Leví. Y ciertamente hoy hemos visto que Jesús nos invita a seguirle y que nosotros debemos dejarlo todo para hacernos sus discípulos, esto fue lo que hizo Leví, pero esto no habría sido posible si antes Leví no se hubiese arrepentido de sus pecados. Jesús vino a llamarnos al arrepentimiento, es decir, a dejar nuestros pecados y también ir en dirección contraria a estos. Por eso oro que cada uno de nosotros personalmente hoy se arrepienta del mal que hemos hecho y decidamos seguir a Jesús y darle muchos frutos. Aún los que hemos aceptado este llamado, oro que hoy podamos renovarlo y hacer estas primeras obras: gozo, servicio y predicación. 


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