Hageo 1:1-7
1:1 En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, diciendo:1:2 Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.
1:3 Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo:
1:4 ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?
1:5 Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos.
1:6 Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.
1:7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
MEDITAD BIEN SOBRE VUESTROS CAMINOS
Buenos días. Después de 4 meses estudiando el libro del profeta Daniel, hoy comenzaremos un nuevo libro, mucho más corto, apenas dos capítulos, el libro del profeta Hageo. Es el segundo libro profético más corto después de Abdías. A pesar de esto, está lleno de desafío y promesa, y nos recuerda el llamado de Dios, exhortándonos a meditar en nuestras prioridades en la vida. Las presiones, las demandas, las expectativas y las tareas exigen por todos lados: ¡Haz esto! ¡Tienes que estar aquí! ¡Termina eso! Parece como si todo el mundo quisiera algo de nosotros: la familia, la pareja, el jefe, la escuela, la universidad, la iglesia, etc., etc., etc. Pronto nos quedamos con muy poco que dar. Se nos agota la energía y el tiempo. Nos encontramos corriendo por la vida, atendiendo las cosas necesarias, lo inmediato y lo urgente. Y muy a menudo lo importante lo dejamos cogiendo polvo.
El problema no es el volumen de demandas ni la incapacidad para organizarnos, sino los valores: ¿Qué es realmente importante para nosotros? Nuestros valores y prioridades se reflejan en la manera en que utilizamos nuestros recursos: tiempo, dinero, fuerza y talento. Con frecuencia nuestras acciones contradicen nuestras palabras. Decimos que Dios es el número uno en nuestras vidas, pero luego lo relegamos a nuestra lista de “cosas pendientes”, mientras nos ocupamos en nuestra vida cotidiana. Hace unos 2,500 años se escuchó una voz llamando a hombres y mujeres a corregir sus prioridades. Hageo sabía lo que era importante y lo que debía hacerse y exhortó al pueblo de Dios a responder.
En el año 586 a.C., los ejércitos de Babilonia destruyeron por completo el Templo de Jerusalén. En el 538 a.C., el rey Ciro de Persia decretó que todos los judíos podían regresar a su amada ciudad y reconstruir el templo. Y 50,000 judíos regresaron a Jerusalén liderados por Zorobabel y el Sumo Sacerdote Josué, dispuestos a reconstruir el Templo para adorar a Jehová nuevamente en la Ciudad Santa. Pero se olvidaron de sus propósitos y prioridades a medida que la oposición y la apatía paralizaban la obra. Hageo los llama a “meditar bien sobre sus caminos”. ¿Qué están haciendo? ¿Dónde está su prioridad? Y el mensaje de Dios a través de su siervo Hageo llegó a ser el catalizador para terminar la obra.
Yo oro para que a través de estos mensajes en el libro de Hageo nosotros también podamos meditar bien en nuestros caminos y actuar para obedecer la voluntad de Dios. Que a través del mensaje de hoy cada uno de nosotros pueda meditar bien en cómo está viviendo su vida y cuál es la voluntad de Dios para nosotros. Y que podamos responder a la voz de Dios como lo hicieron Zorobabel, Josué y todo el resto del pueblo, oyendo la voz de Jehová nuestro Dios y temiendo delante de Él. Haciendo Su voluntad y obedeciendo Su Palabra cada día de nuestras vidas. Que la misión de Dios sea la prioridad de nuestras vidas. Amén.
I.- “No ha llegado aún el tiempo” (1-2)
Leamos juntos el v.1 por favor. El rey Darío mencionado aquí es Darío I Histaspes, quien se adueñó del trono de Persia el 29 de septiembre del 522 a.C. después de asesinar al usurpador Pseudo-Esmerdis, también conocido como Gautama. Hageo nos da aquí la fecha exacta en que profetizó esta Palabra de Jehová: “En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes”. Esto sería el 29 de agosto del 520 a.C. Como les mencioné en la introducción, en el 538 a.C. el Rey Ciro de Persia permitió que los judíos regresaran a Jerusalén después de 70 años de exilio. Dos años después, en el 536 a.C. (Esd. 3:8) comenzó la reconstrucción del templo, dirigida por Zorobabel y el Sumo Sacerdote Josué. La obra se detuvo después de dos años, en el 534 a.C., a causa de la oposición de los samaritanos. Y 14 años después viene esta palabra de Jehová por medio del profeta Hageo.
Poco se conoce del profeta Hageo fuera de su corta profecía. Es mencionado brevemente en Esd. 5:1 y Esd. 6:14, en ambas ocasiones en conjunción con el profeta Zacarías. No es mencionado en las listas de los que regresaron del exilio en Esdras, ni hay indicaciones de su parentela o linaje tribal. Tampoco se menciona su ocupación. Además, es la única persona en el AT con este nombre, aunque aparecen nombres similares como: Hagui, en Gén. 46:16 y Núm. 26:15; Haguit, en 2Sa. 3:4; y Haguía, en 1Cr. 6:30. Su nombre significa “el festivo”, por lo que se cree que Hageo nació en un día festivo.
Leamos nuevamente el v.1 por favor. ¿A quién estaba dirigida esta palabra de Jehová? “A Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote”. Zorobabel era heredero al trono davídico, pues era nieto del rey Joacim, también conocido como Jeconías (1Cr. 3:17-19). Fue gobernador de Judá bajo el rey persa Darío I. Había una gran expectativa mesiánica en torno a su persona por su linaje. Indudablemente, algunos esperaban que estableciera el reino prometido y los librara del servicio a Persia. Mientras que sus deberes eran principalmente seculares, se lo describe en Esdras, junto con el sumo sacerdote Josué, como la fuerza impulsora de la reconstrucción del templo de Jerusalén. Por su parte, Josué era el sumo sacerdote al comienzo del período posexílico. Su nombre se deletrea como “Jesúa” en el libro de Esdras (p.ej. Esd. 3:2). Su padre, Josadac, fue llevado cautivo a Babilonia (1Cr. 6:15). Junto con Zorobabel lideró la reconstrucción del Templo de Jerusalén y la restauración de la adoración a Jehová allí. Es poco lo que se sabe de él, y no existen referencias extrabíblicas contemporáneas.
Leamos juntos el v.2 por favor. La palabra de Jehová por medio de Hageo comienza con una referencia a una expresión que se había hecho popular entre los judíos que habían regresado del exilio, según la cual todavía no era tiempo de reconstruir el templo. Desalentados por la oposición de sus vecinos (Esd. 4:1-5,24), el pueblo había llegado a la conclusión errónea de que todavía no era tiempo para que reconstruyeran el templo. Pensaron que todo aquello era una señal divina de que todavía no era el tiempo para hacer esta obra. El pueblo pensaría que, si Jehová no los estaba ayudando a que se llevase a cabo la obra, entonces era mejor que ellos se dedicaran a sus propias cosas, pues había mucho que reconstruir. Sin embargo, en realidad, la raíz de este ánimo de postergación era una indiferencia egoísta para con el Señor. Ellos prefirieron comenzar a acumular riquezas para sí mismos que tener un templo donde adorar a Dios.
Hay dos detalles interesantes en las palabras del Señor aquí. Primero, se nota el desagrado de Dios por este dicho popular al referirse a ellos como “este pueblo”, en lugar de decir “mi pueblo”. Ellos no estaban actuando como el pueblo de Dios, sino como un pueblo más de la Tierra que no conoce a Jehová. Y segundo, podemos ver cómo el profeta Hageo enfatiza las partes importantes de su mensaje por medio de la repetición. En este caso está enfatizando la frase “el tiempo”. Parecía que el pueblo reclamaba un conocimiento de los tiempos de Dios que en realidad no tenían. Ellos pensaron que no era el tiempo de reconstruir el Templo y durante 14 años se dedicaron a acumular riquezas para sí mismos, mientras la Casa de Dios estaba en ruinas.
Me recuerda cuando Jesús les protesta a los fariseos y saduceos diciéndoles: “Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!” (Mat. 16:2-3). Los judíos que regresaron del exilio no podían reconocer tampoco los tiempos de Dios, y utilizaron esta frase como excusa para seguir sus intereses personales, en lugar de trabajar en la misión de Dios.
¿Cuántas veces no sucede lo mismo con nosotros? Muchos dicen que no es su tiempo todavía para seguir al Señor, que cuando Dios toque su corazón, ellos lo seguirán. O, que están muy ocupados ahora, pero más adelante, cuando tengan un poco más de tiempo libre, con gusto se dedicarán a la obra del Señor. Pero nada de esto es cierto. Simplemente son excusas porque no quieren arrepentirse y dejar su vida pecaminosa ahora. No quieren cambiar la prioridad de sus vidas. Es el mismo ánimo de postergación de los judíos. Piensan que pueden disfrutar de la vida sin tener en cuenta al Señor. A éstos les puede ocurrir como el agricultor rico de la parábola de Jesús que decía: “y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Luc. 12:19-20). Esta noche pueden venir por tu alma. ¿Qué excusa pondrás delante del Señor? Arrepiéntete hoy porque mañana puede ser muy tarde.
II.- “Meditad bien sobre vuestros caminos” (3-7)
Leamos ahora juntos los vv. 3-4. La palabra de Jehová continúa con una pregunta acusatoria: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” Fíjense nuevamente en el énfasis del profeta Hageo, esta vez en la frase “para vosotros”. Los judíos que regresaron del exilio pensaban que no era tiempo de reconstruir el templo de Dios, pero bien que se habían dedicado a construir y adornar preciosamente sus casas. Muy probablemente habían usado la madera que se había traído para reconstruir la Casa de Jehová para artesonar sus casas. El artesonado es un tipo de techo interior adornado. Los judíos no habían simplemente puesto un techo sobre sus cabezas mientras sobrevivían, sino que habían dedicado mucho tiempo y esfuerzo para tener grandes y hermosas casas adornadas, mientras la casa de Jehová estaba completamente desierta. En el Templo solo habían montado el altar del sacrificio sobre una base y habían echado los cimientos de la casa. Esto demuestra la hipocresía y las prioridades equivocadas del pueblo.
¿Cómo están nuestras casas y cómo está la Casa de Dios? Cada uno de nosotros se esfuerza por adornar y acondicionar su casa. Gastamos bastante tiempo y dinero en embellecer y acomodar nuestros hogares. ¿Y cuántos piensan en el Centro Bíblico? ¿Cuántos nos preocupamos por acondicionar el Centro Bíblico? ¿Cuántos oran para que podamos suplir las necesidades de este lugar? No estoy hablando solamente de los espacios físicos, que por la gracia de Dios le hacemos su mantenimiento y limpieza. Pero, miren, por ejemplo, la pantalla. Nunca la limpiamos ni le hacemos un cariñito. Por otro lado, estamos todavía adorando con videos porque no se ha levantado alguien que diga yo quiero guiar las alabanzas a Dios. Yo me comprometo a preparar una o dos canciones cada domingo para comenzar, y a llegar temprano para practicar. ¿Cuántos están orando para que podamos tener músicos que puedan guiarnos en las alabanzas cada domingo?
¿Cuánto tiempo a la semana nos dedicamos a trabajar y hacer lo que tenemos que hacer, y cuánto tiempo le dedicamos a la obra de Dios? ¿Cuántas horas a la semana vamos a pescar a la Universidad de Panamá? ¿Cuántos estudios bíblicos damos a la semana? No estoy diciendo que tienen que dejar sus trabajos y dedicarse a hacer solamente la obra de Dios. Pero la realidad es que empleamos casi todos nuestros recursos, nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestros talentos y nuestro esfuerzo en construir nuestras vidas en este mundo, y casi no le dedicamos nada de tiempo a la obra de Dios. Por eso la Casa de Dios está desierta.
¿Qué exhorta entonces el Señor por medio del profeta Hageo? Leamos juntos el v.5. ¡Meditad bien sobre vuestros caminos! ¡Piensen bien lo que están haciendo! ¿Les parece que está bien cómo están viviendo? ¿Les parece que sus vidas son agradables al Señor? ¿Estará Dios complacido con ustedes? ¿En verdad están viviendo la vida que Dios planeó para ustedes? ¿Qué pasaría contigo si el Señor viniera en este momento? ¿Vendrías a Él gozoso o avergonzado? ¡Piénsalo! Jehová te invita hoy a reflexionar en tu vida. ¿Realmente estás viviendo de acuerdo a la voluntad de Dios?
Leamos juntos los vv. 6-7 por favor. Aquí Dios les muestra a los judíos las señales de su ambición y de que estaban haciendo las cosas mal. Ellos sembraban mucho para tener mucho fruto y disfrutar de riqueza. Pero, a pesar de lo mucho que sembraban, cosechaban poco como entrenamiento de Dios para que pudiesen ver que tenían mal sus prioridades. Hay quienes trabajan mucho, pensando que cuanto más trabajen, más dinero tendrán. Pero después están muy cansados y apenas tienen lo suficiente. Eso es lo que significa también la última parte del v.6 cuando dice: “y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.” Aunque trabaja mucho, no ve el fruto de su trabajo.
Los hermanos que son independientes aquí han tomado la decisión de no trabajar los domingos (que son días de buenas ganancias) para guardar el Día del Señor. Y creo que han visto la mano del Señor proveyéndoles. Igualmente, han decidido apartar una noche a la semana para estudiar la Biblia con sus pastores, lo que Dios también ha bendecido. No solo materialmente, sino más aun espiritualmente. Establezcamos adecuadamente nuestras prioridades y apartemos el tiempo para servir al Señor. Apartemos el domingo para venir acá a adorar al Señor. Apartemos unas horas en la semana para estudiar la Biblia con nuestros pastores y escribir testimonio bíblico.
El Señor continúa en el v.6 mostrando las señales de la ambición del pueblo y del entrenamiento de Dios para ellos, diciéndoles que, aunque logran satisfacer sus necesidades de alimento, bebida y abrigo, realmente no están satisfechos. Siempre quieren más y no les alcanza para más. El avaro siempre quiere más y nunca está satisfecho. Pero el que tiene al Señor como su prioridad está contento con lo que el Señor le da. Por eso, repite el profeta Hageo en el v.7: “Meditad sobre vuestros caminos.” Tienen que reflexionar y darse cuenta de que tienen incorrectas sus prioridades y por eso no están saliendo bien las cosas.
Cuando mi familia y yo nos vinimos a Panamá como misioneros no traíamos sino $3,500 en el bolsillo, siete maletas y la promesa de un trabajo para mí. No teníamos absolutamente nada aquí. Ni casa, ni carro, ni familia que nos ayudara, excepto los misioneros Baek que nos apoyaron muchísimo. La empresa nos pagó un aparthotel por un mes. Y los misioneros Baek nos acogieron en su apartamento durante un tiempo después de eso, mientras conseguíamos un apartamento que pudiésemos pagar. La realidad es que no podíamos pagar un apartamento solo con mi salario, y María no consiguió trabajo durante nueve meses. La M. Susanna nos ayudó a conseguir un apartamento donde nosotros pagábamos la mitad de la renta y la iglesia pagaba la otra mitad porque acondicionamos la sala para hacer el Culto Dominical.
Mi trabajo era muy demandante. Casi todos los días salía muy tarde en la noche. Así que no tenía tiempo para ir a la Universidad a pescar. Apenas podía darles estudio bíblico a algunas ovejas de las que estaban aquí y colaborar con el M. Juan Baek para predicar el mensaje dominical con cierta frecuencia. Esta situación persistió por muchos años. Tenía miedo de que me botaran del trabajo y no tener cómo quedarme en Panamá, pues mi visa y mis ingresos dependían de la empresa. Hasta que medité en mis caminos. ¿Qué estoy haciendo? ¿A qué vine a Panamá? ¿Vine como misionero, o como trabajador de esta empresa? Me arrepentí y comencé a apartar más tiempo para ir a la Universidad de Panamá a pescar y para dar estudio bíblico fielmente a las ovejas que estaban.
La situación no cambió mucho. Las ovejas que estaban en la iglesia se fueron. Y a pesar de los esfuerzos para ir a la Universidad, no conseguía nuevas ovejas. María sí tuvo algunas ovejas con las que tuvo varios estudios bíblicos. Pero en el Culto Dominical estábamos solamente María, Victoria, María Celeste y yo. Esto me desanimó mucho. Hasta que vinieron Gabriel y Sharon. Dios me animó un poco más para continuar sirviendo la obra de Dios. Y después me animó más todavía cuando Gabriel invitó a Darío y a Karen. Y poco a poco Dios ha ido ayudándonos a tener la iglesia que tenemos hoy en día.
Dios ha bendecido a nuestra familia porque hemos puesto nuestra prioridad en Él y en Su obra. Dios ha bendecido nuestro ministerio trayéndolos a ustedes aquí y permitiéndonos servirle con la Palabra y con el amor de Dios. Pero todavía faltan muchas cosas por hacer. Todavía estamos muy lejos de convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Pero oro para que a través de este mensaje cada uno de nosotros pueda reflexionar cómo está viviendo y que podamos arrepentirnos y vivir conforme a la voluntad de Dios. Que no vivamos solo para nosotros mismos, sino que podamos vivir para servir la obra de Dios conforme al propósito con que el Señor nos ha llamado. Que podamos ir a la Universidad de Panamá y conseguir nuevas ovejas entre los estudiantes allí. Y que poco a poco el Señor nos ayude a convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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