Daniel 7:1-28
7:1 En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto.7:2 Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar.
7:3 Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar.
7:4 La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre.
7:5 Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne.
7:6 Después de esto miré, y he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía tembién esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio.
7:7 Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos.
7:8 Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas.
7:9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.
7:10 Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.
7:11 Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego.
7:12 Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.
7:13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.
7:14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
7:15 Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.
7:16 Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas.
7:17 Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra.
7:18 Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre.
7:19 Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies;
7:20 asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros.
7:21 Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,
7:22 hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino.
7:23 Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará.
7:24 Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará.
7:25 Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.
7:26 Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin,
7:27 y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.
7:28 Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón.
VISIÓN DE DANIEL ACERCA DEL REINO DE DIOS
Buenos días. Después de una breve pausa para la celebración del Día del Niño la semana pasada, retomamos esta semana nuestras lecturas en el libro de Daniel. Ya hemos culminado con la primera sección del libro que contiene historias aleccionadoras de la vida de Daniel y de sus amigos Ananías, Misael y Azarías, donde hemos aprendido acerca de su fe y valentía para mantenerse fieles a Dios y testificar Su poder y soberanía en toda circunstancia, aun en medio de una sociedad incrédula y pecaminosa, y aunque sus vidas corrían peligro. Yo oro para que cada uno de nosotros también pueda tener una fe y una vida piadosa como la de Daniel y sus amigos y podamos testificar y glorificar a Dios con nuestras vidas cada día. Amén.
Ahora entraremos en la segunda sección del libro que es de tipo apocalíptico, y que contiene visiones fantásticas y hasta aterradoras acerca del futuro. Esta es una de las partes más difíciles de interpretar, y por tanto más controversial. Pero no nos centraremos en interpretar los detalles y tratar de establecer líneas temporales acerca del futuro, como muchos han intentado, y aún intentan, en nuestros días. Sino que trataremos de entender la lección general que nos quiere enseñar el Espíritu Santo a través de Daniel con todas estas visiones, que es la soberanía de Dios sobre la Tierra y el triunfo final del bien sobre el mal.
Yo oro para que a través de este mensaje podamos entender la revelación del Señor a Daniel acerca del reino de Dios a través de este sueño. Que podamos ver cómo Dios está en control de la historia, y reveló a Daniel la sucesión de imperios que ocurriría en el mundo; pero como al final el reino de Dios será establecido y el Hijo del Hombre, el Mesías, reinará para siempre con Sus santos, y toda maldad y pecado serán borrados para siempre de la Tierra, y seremos felices para siempre bajo el gobierno santo de Dios.
Yo oro para que cada uno de nosotros tenga el deseo ardiente en su corazón de ser parte de este reino, y que confesemos a Jesús como nuestro Señor y Rey, y trabajemos junto con el Espíritu Santo para establecer el reino de Dios en la Tierra, por medio de vivir vidas santas y predicar el evangelio del reino a los jóvenes universitarios panameños. Y que al hacer esto Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- La visión de Daniel acerca de los reinos del mundo (1-8)
Leamos juntos el v.1 por favor. Este capítulo da un salto atrás en la historia, llevándonos de vuelta al primer año de Belsasar, rey de Babilonia. Esto sería el año 553 a.C., 14 años antes del banquete del capítulo 5 que llevó a la caída de Babilonia. Entonces, Daniel tuvo este sueño después del reinado de Nabucodonosor, pero antes de que el Imperio Babilonio fuera conquistado por el Imperio Medo-Persa. Cronológicamente, este relato se ubica entre los capítulos 4 y 5. Así que en el primer año del rey Belsasar, Daniel, mientras dormía en la noche, tuvo un sueño, una visión extraordinaria y fantástica, y se levantó a escribir lo principal de las revelaciones recibidas.
Esta es la primera de las cuatro visiones apocalípticas descritas en Daniel 7 – 12, y es la más comprehensiva de todas. Las otras tres visiones entran en más detalle dentro del marco general de esta primera visión y las aprenderemos en las siguientes semanas. Pero aquí Daniel solo escribió lo principal del asunto, no pudo dar más detalle de lo que había soñado, quizá porque los otros detalles no le fueron interpretados, o simplemente porque el Espíritu Santo le permitió solo revelar lo general del sueño.
Muchos cuando estudian e intentan interpretar este sueño y las otras visiones de Daniel, quieren ir mucho más allá de lo que el Espíritu Santo le permitió a Daniel. Y por esto especulan mucho y caen en el error. Si nosotros quisiéramos complementar estas visiones de Daniel y entender un poco más de lo que le ha sido revelado, simplemente tenemos que ir al libro del Apocalipsis de Juan, pues allí el Espíritu Santo ha dado muchos más detalles de esta revelación. De hecho, Dan. 12:4 especifica que estas visiones están selladas hasta el tiempo del fin. Es decir, que, al acercarse el tiempo del fin, serán reveladas. Y esa revelación ocurrió precisamente en Jesucristo y con los escritores del Nuevo Testamento, especialmente en el Apocalipsis de Juan.
Leamos ahora juntos el v.2. El sueño comienza con una visión de Daniel acerca del gran mar y en él los cuatro vientos del cielo combatiendo. El gran mar para los judíos se refería al Mar Mediterráneo que se encuentra en la costa occidental de su territorio y que contrasta bastante en tamaño con los otros dos mares de Israel, el de Galilea y el Mar Muerto, que son mucho más pequeños en extensión. En ese mar veía Daniel a los cuatro vientos combatiendo, esto es una representación de los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. En la literatura apocalíptica el mar representa a las naciones del mundo (Apo. 17:15). Y lo que Daniel está viendo aquí es a los cuatros extremos de la Tierra peleando por el control político del mundo.
Leamos ahora los vv. 3-8. En medio de aquel recio combate, Daniel observa cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, que subían del mar. No emergen al mismo tiempo sino una después de la otra, pues como leemos en el v.17: “Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra.” Representan cuatro imperios que se sucederían uno después del otro, tal como aprendimos en el capítulo 2 con el sueño de Nabucodonosor. Este capítulo es paralelo a aquel, pero aquí en lugar de describir a los imperios como materiales de una estatua, se describen como bestias con características de ciertos animales conocidos, excepto por la última que parece que no puede identificar con ningún animal por lo terrible de su aspecto.
Los animales con los que se identifican cada uno de estos imperios dan cuenta de las características del imperio y nos dan información adicional a la que nos dio ya la interpretación del sueño de Nabucodonosor para ayudarnos a entender a cuáles imperios se refieren. Veamos, entonces, las características de cada una de las bestias y lo que representan.
Leamos nuevamente el v.4. La primera bestia era como un león con alas de águila. El león y el águila son los animales más majestuosos de sus reinos. Al león lo conocemos como “El Rey de la Selva”, y al águila como la reina del cielo. Esto nos habla de un imperio majestuoso. Si lo relacionamos con la estatua del sueño de Nabucodonosor sería la cabeza de oro. Y ya vimos que esa cabeza representaba a Nabucodonosor y al imperio babilónico. El león con alas de águila representa muy bien la majestuosidad e influencia del imperio babilónico. Y lo que sucedió con la bestia también nos permite identificarla con Babilonia, pues fue humillada al arrancarles las alas (ya no se pudo expandir más) y al hacerla pararse y darle corazón de hombre (perder su majestuosidad). Esto último puede representar también la humillación de Nabucodonosor en el capítulo 4. Además, la figura de la bestia es apropiada porque los leones alados eran los guardianes en las puertas de los palacios reales de Babilonia y podemos ver estas antiguas estatuas exhibidas hoy en día en el Museo Británico.
Leamos ahora el v.5. La segunda bestia era semejante a un oso que se alzaba más de un costado que del otro, y tenía tres costillas entre los dientes. El oso no tiene la majestad del león o el águila. Es más lento, pero más fuerte, y salvaje que un león. Y este oso en particular tenía un apetito feroz para conquistar, pues se le dio la orden de levantarse y devorar mucha carne. Este oso representa al Imperio Medo-Persa, que sucedió al Imperio Babilónico. En esta alianza, los persas dominaban la relación, por lo que el oso se alzaba más de un costado. La mayoría interpreta que las tres costillas representan sus tres grandes conquistas militares: Babilonia, Egipto y Lidia.
Leamos ahora el v.6. La tercera bestia es semejante a un leopardo con cuatro alas de ave en la espalda y cuatro cabezas. El leopardo es uno de los animales terrestres más rápidos, pudiendo alcanzar los 58 km/h. Y las cuatro alas de ave en su espalda nos dan a entender también que este imperio será un conquistador muy rápido. Estas fueron precisamente las características del Imperio Griego de Alejandro Magno. Con respecto a esto comenta Adam Clarke: “Nada en la historia del mundo tenía igual con las conquistas de Alejandro, quien corría por todos los países, desde Ilírico y el Mar Adriático, hasta el Océano Índico y el Río Ganges; y en doce años subyugó parte de Europa, y toda Asia.” Y las cuatro cabezas del leopardo también nos ayudan a identificarlo con el Imperio Griego pues, después de la muerte de Alejandro Magno, su imperio fue dividido en cuatro partes entre sus generales Casandro, Lisímaco, Seleuco, y Ptolomeo.
Daniel tuvo este sueño en el Imperio Babilonio. Y uno podría haber previsto, especialmente en el reino de Belsasar, que el siguiente imperio sería el Medo-Persa. Pero, ¿cómo Daniel podría saber que el siguiente imperio mundial sería como un leopardo en su levantamiento y prominencia, y que sería dividido en cuatro partes? No había forma humana. Esto demuestra que esto fue una revelación divina. Dios conoce el futuro y revela ciertos detalles de él a través de Sus profetas. Este sueño de Daniel muestra que Dios está fuera del tiempo y puede ver el futuro tal cual ve el pasado. Él está viendo todo el desfile de la historia humana, no solamente la parte que pasa frente a un simple espectador. La prueba de la profecía cumplida es excepcionalmente persuasiva; no es de extrañar que Pedro escribiera: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2Pe. 1:19). El cumplimiento de esta profecía debe hacernos estar atentos a la Palabra de Dios y a esperar la promesa del reino de Dios que veremos más adelante.
Leamos ahora los vv. 7-8. La cuarta bestia era tan espantosa y terrible que Daniel simplemente no la pudo equiparar a ningún animal conocido. Parecía más bien un híbrido entre una máquina y un animal en sus características. Sus grandes dientes de hierro y sus uñas de bronce (v.19) nos hablan de su gran poder destructor. De hecho, en la interpretación del sueño dice precisamente que su alcance destructivo será mundial: “La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará.” (v.23). Además, tenía diez cuernos que “significan que de aquel reino se levantarán diez reyes” (v.24) y ahí mismo dice que el otro cuerno es otro rey que se levantará y que será diferente a los anteriores.
Esta bestia es la más difícil de relacionar con la estatua del sueño de Nabucodonosor. Sin embargo, la bestia misma parece equipararse a las piernas de hierro; y los diez cuernos a los pies de hierro y barro cocido mezclados. Según Archer: “Hay una correspondencia indiscutible entre estos cuernos y los diez dedos de los pies de la imagen del sueño (capítulo. 2), y la mención de los dientes de hierro sugieren las piernas y dedos de los pies de hierro de esa imagen.” Entonces, la bestia representaría el gran poder destructor del Imperio Romano, y los cuernos su influencia posterior en la historia del mundo que persiste hasta nuestros días.
Tres de los cuernos de la bestia serían reemplazados por un cuerno pequeño que crecería y los arrancaría, y que tenía visión e inteligencia representados en sus “ojos como de hombre” y una boca que hablaba blasfemias. Esto es un evento futuro, así que sería difícil decir quiénes son los tres reyes arrancados, pero el cuerno pequeño sin duda representa al Anticristo, quien al final será derrotado como veremos más adelante. No obstante, los comentaristas liberales lo interpretan como Antíoco IV Epífanes, y para llegar a esta conclusión cambian la interpretación de las bestias desde el oso en adelante. Pero no tenemos tiempo para detenernos a ver y refutar estas interpretaciones.
Esta fue, pues, la visión de Daniel acerca de los reinos del mundo. Veamos a continuación como continúa desenvolviéndose su sueño y cuál es la conclusión a la que podemos llegar por él.
II.- La visión de Daniel acerca del reino de Dios (9-28)
Leamos juntos los vv. 9-10 por favor. El sueño de Daniel se adelanta en el tiempo y ve que se establecen tronos, pero solo alcanza a ver a uno sentado en un trono. El apóstol Juan completa esta visión en Apo. 4:4 diciendo que había veinticuatro tronos alrededor del trono principal, en los que estaban sentados veinticuatro ancianos. Esto es parte de los detalles que Daniel no pudo dar porque estos veinticuatro ancianos representan a la Iglesia de Cristo, y para ese tiempo la Iglesia era un misterio.
Al que está sentado en el trono principal se le llama “Anciano de Días” que es la traducción del arameo attíc yohmín que designa a una persona que acumula muchos días de vida. Esto nos dice que este personaje ha estado mucho tiempo en el universo y que por lo tanto acumula mucha sabiduría y es digno del máximo respeto y reverencia, conforme a la costumbre judía de respetar reverentemente a los ancianos. Y su descripción coincide precisamente con esto. Su “vestido era blanco como la nieve”, lo que nos habla de su pureza y santidad; y “el pelo de su cabeza como lana limpia”, lo que nos habla de su ancianidad y sabiduría.
También se nos dice que su trono era de “llama de fuego”, y las ruedas del trono, “fuego ardiente”. Y de ese trono fluía “un río de fuego”. Esto nos habla acerca del juicio con el que juzgaba. Había un gran juicio emanando del trono de este poderoso juez. “Millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él”, esto quiere decir que tenía gran poder y majestad, y una influencia formidable. Y cuando se sentó el Juez, los libros con todos los hechos del mundo fueron abiertos. Esta descripción no deja lugar a dudas de que esta persona que Daniel vio en su sueño no es otro que Jehová mismo, el Dios Eterno, Santo y Justo, Quien, a pesar de la sucesión de imperios malvados que se levantaba en el mundo, y a pesar de la gran destrucción que dejaban a su paso, estaba en control de todo, y juzgaría a todos estos imperios malvados como veremos a continuación. Y los millares de millares que le servían eran los ángeles ministraban delante de Él; y los millones de millones, los humanos que comparecían ante el juicio de Dios. Daniel está viendo aquí el Día del Juicio Final.
Leamos juntos los vv. 11-12. Mientras Dios estaba sentado en su trono, el pequeño cuerno que había salido de la cabeza de la cuarta bestia profería blasfemias e insolencias. Pero el juicio que salía del trono de Dios acabó con el imperio de la cuarta bestia, destrozándola completamente y entregándola para juicio. También le había sido quitado su dominio a las otras bestias, aunque su influencia permanecía todavía durante cierto tiempo.
Aunque Babilonia fue conquistada y su imperio ya no continúa sobre la Tierra, todavía tenemos parte de su legado hasta nuestros días. Algunas ideas religiosas y prácticas babilónicas sobreviven aún en nuestros días. Igualmente, nuestras leyes tienen influencia del Código de Hammurabi. Igualmente, aunque el Imperio Medo-Persa fue conquistado y reducido a prácticamente nada, mucha de su cultura e influencia subsiste todavía en el Medio Oriente, especialmente en Irán, Iraq y Siria, entre otros. Aunque el Imperio Griego desapareció hace mucho tiempo, su filosofía, arte, lengua, mitología e ideas de gobierno, como la democracia, tienen mucha influencia en nuestros días. Lo mismo hay que decir del Imperio Romano, en cuyo derecho se basa casi toda nuestra legislación. De hecho, en el caso del Imperio Romano su persistencia es aún mayor porque el mundo occidental actual es prácticamente una continuación de su cultura todavía, como lo vimos en los pies de la estatua del sueño de Nabucodonosor y en los cuernos de la cuarta bestia.
Y el último bastión del poder satánico sobre el mundo será el que conocemos como el Anticristo. Éste se caracterizará por su forma de hablar jactanciosa y blasfema (Apo. 13:5-6). Pero su influencia y dominio sobre la humanidad no durará para siempre.
Leamos juntos los vv. 13-14. Daniel continuó mirando en su sueño y vio que en las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre. Parecía un ser humano, pero tenía características que no eran de un ser humano, por eso dice “uno como un hijo de hombre”. Éste vino al Anciano de Días y le hicieron acercarse delante de Él. Y el Anciano de Días le dio “dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran”. Es decir, le puso como Señor del mundo. Y Su dominio es eterno, y Su reino no será destruido, sino que permanecerá para siempre.
Daniel miró aquí la llegada del Mesías y el establecimiento del Reino de Dios sobre la Tierra. Esta es la razón por la que Jesús se refirió a sí mismo muchas veces como el Hijo del Hombre. Jesús de Nazaret es este hijo de hombre que Daniel miró venir con las nubes del cielo en su sueño. De hecho, cuando el Sumo Sacerdote Caifás le preguntó a Jesús en Su juicio ante el Concilio si Él era “el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” (Mat. 26:63-64). ¡Jesús dijo que Él era el cumplimiento de esta profecía de Daniel para establecer el Reino de Dios! Y después de Su resurrección, cuando apareció a Sus discípulos les dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” (Mat. 28:18). Declarando que con Su muerte y resurrección se había cumplido esta visión de Daniel.
Jesús es el Hijo de Dios con poder que vino a la Tierra a establecer el reino de Dios. Por eso, Su predicación en la Tierra era: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mat. 4:17). Con Su venida al mundo, Él comenzó a establecer el Reino de Dios en la Tierra. Y después de Su Resurrección y Ascensión, la Iglesia es la manifestación presente del Reino de Dios en la Tierra. Nosotros hoy aquí reunidos somos el testimonio del Reino de Dios para el mundo, junto con todas las iglesias congregadas en este momento.
Pero, claramente podemos notar que todavía el Reino de Dios no ha sido completamente establecido, y que todavía hay mucha influencia satánica en el mundo. Todavía siguen surgiendo y cayendo grandes potencias mundiales que desvían a la gente del Camino de Dios. Sin embargo, cada día estamos más cerca del cumplimiento de estas cosas. Desde la caída del Imperio Romano estamos en el momento de la historia en que la cuarta bestia ha sido asesinada, pero sus cuernos siguen teniendo influencia en el mundo hasta que se levante el Anticristo en el fin de los tiempos y ocurran estas cosas que hemos leído.
Pronto llegará el día en que el Señor Jesús regresará con poder y gran gloria a establecer el Reino de Dios definitivamente en la Tierra y raerá completamente el pecado de la Tierra. “Y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.” (Dan. 7:27). ¿Quieres tú ser parte de este pueblo de los santos y del reino de Dios? Entonces, tienes que confesar a Jesús como tu Señor y Salvador. “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Rom. 10:9-10). Al confesar que somos pecadores y que Jesús murió en la cruz para perdonar todos nuestros pecados, y que resucitó al tercer día para darnos la vida eterna, y que es nuestro Señor y Salvador, pasamos a formar parte del pueblo de los santos que entrará en el Reino de Dios.
Yo oro para que cada uno de nosotros pueda ver la mano de Dios obrando en el mundo, a pesar del aparente triunfo actual del mal. Y que trabajemos continuamente para vivir de acuerdo a los valores del Reino de Dios, y expandiendo el Reino de los Cielos por medio de la predicación del evangelio, y que al hacer esto Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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