Daniel 6:10-28

6:10 Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.
6:11 Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios.
6:12 Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones? Respondió el rey diciendo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada.
6:13 Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces al día hace su petición.
6:14 Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle.
6:15 Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado.
6:16 Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.
6:17 Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase.
6:18 Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño.
6:19 El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones.
6:20 Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?
6:21 Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre.
6:22 Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.
6:23 Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios.
6:24 Y dio orden el rey, y fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel, y fueron echados en el foso de los leones ellos, sus hijos y sus mujeres; y aún no habían llegado al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y quebraron todos sus huesos.
6:25 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada.
6:26 De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin.
6:27 El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones.
6:28 Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa.

DANIEL EN EL FOSO DE LOS LEONES


Buenos días. La semana pasada aprendimos que Daniel era un verdadero hombre de fe, íntegro y fiel a Jehová Dios. Cuando sus enemigos intentaron encontrar algo en su contra para acusarle delante del rey Darío, no pudieron hallar una sola falta en Daniel. Él era un hombre realmente íntegro. Aprendimos también acerca de su vida de oración y su relación personal con Dios, que era su secreto para vivir esa vida íntegra y para estar lleno del Espíritu de Dios. Así que yo oro para que cada uno de nosotros pueda tener una relación personal profunda con Dios y una ferviente vida de oración como Daniel, para que seamos también verdaderos hombres y mujeres de fe, fieles e íntegros en medio de esta sociedad pecaminosa, y que así Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

Hoy vamos a ver cómo Daniel es echado en un foso con leones hambrientos, a pesar de su integridad y su vida de oración. Es más, es echado ahí precisamente a causa de su integridad y de su vida de oración. Sin embargo, vamos a aprender también cómo Dios le rescató y se glorificó a sí mismo delante de toda Media y Persia por medio de Daniel. Mi oración es que nosotros podamos comprender que, a pesar de vivir fielmente delante de Dios, pueden llegar grandes tribulaciones a nuestras vidas, pero que Dios está con nosotros, y si permanecemos fieles, Él se glorificará a través de nosotros. Amén.

Algunos piensan que una vez que acepten a Jesús como su Señor y Salvador, y empiecen a vivir como cristianos, las dificultades de la vida desaparecerán y van a vivir muy tranquilos. Sin embargo, nada está más lejos de la realidad. En nuestra vida diaria se pueden presentar muchas situaciones adversas que nos hacen sufrir o que prueban nuestro carácter. Cuando decidimos vivir por la fe, es cuando realmente comienzan las dificultades en nuestras vidas. Jesús nunca prometió una vida fácil a Sus discípulos, al contrario, Él les dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Jua. 16:33). Él les advirtió que tendrían aflicción en este mundo por causa de su fe, pero les pidió que confiaran en Él y tuviesen paz. También, les prometió que Él estaría con ellos todos los días hasta el fin del mundo. (Mat. 28:20).

William Barclay en su cometario del Nuevo Testamento cita a F.R. Maltby que solía decir: “Jesús prometió tres cosas a sus discípulos: que serían completamente intrépidos, absurdamente felices, y que estarían constantemente en tribulación”. Esta es la realidad del cristianismo. Ya no tenemos nada que temer porque Dios está con nosotros, así que podemos ser intrépidos. Sentiremos una inmensa felicidad, aún en medio de situaciones adversas, lo que raya en lo absurdo. Pero, estaremos constantemente en tribulación. ¿Por qué? Porque, así como el oro y la plata son refinados por el fuego, nuestro carácter es perfeccionado en medio de la tribulación. Cada vez que superamos una tribulación por la fe, nuestra fe y nuestro carácter se hacen más fuertes y puros, y nos acercamos más y más a ser como Jesús. 

Esta es la gran lección que aprenderemos hoy en este pasaje bíblico. Daniel era un hombre de fe y de carácter, pero esa fe y ese carácter se forjaron a través de las tribulaciones. Oremos constantemente para que las tribulaciones que vengan a nuestras vidas nos ayuden a crecer y nos convirtamos en verdaderos hombres y mujeres de fe. Amén.

I.- Daniel es echado al foso de los leones (10-20)

Leamos juntos el v.10 por favor. La semana pasada terminamos con este versículo. Y analizamos la lucha espiritual de Daniel y su vida de oración y cómo esto es un ejemplo para nosotros. El día de hoy quise comenzar nuevamente con este versículo porque es el desencadenante de todo lo que sigue en este pasaje bíblico. Como aprendimos la semana pasada, los gobernadores y los sátrapas convencieron al rey Darío para que emitiera un edicto en el cual se le prohibía a toda persona en el imperio hacer petición alguna a cualquier hombre o dios fuera del rey. Sin embargo, ¿qué hizo Daniel cuando supo acerca del edicto? Él continuó orando tres veces al día, abiertas las ventanas de su recamara, como solía hacerlo antes. A pesar de la prohibición real, Daniel tuvo el carácter y la fe para continuar orando de la misma manera que antes. Él no se dejó amedrentar por el edicto, sino que confiaba en Dios y prefería obedecerlo a Él antes que a los hombres. 

La Biblia no siempre es tan descriptiva y muchas veces llega a las conclusiones sin decirnos cómo fue el proceso para llegar a ese punto, y seguramente ese sería el caso con Daniel. Seguramente Daniel no tomó una decisión firme y definitiva de una vez. Él habrá pasado un proceso para llegar a esa decisión de fe de exponer su vida para mantener su integridad y su relación con Dios. Después de todo, Daniel era un ser humano como nosotros. Seguramente le corrió un escalofrío por el cuerpo cuando supo del edicto real. Imagino que Daniel llegó a pensar en no orar durante los treinta días, después de todo, eran solo treinta días. Además, en el Antiguo Testamento no podemos encontrar un mandamiento de Dios que diga que uno debe orar todos los días. 

Sin embargo, en lo profundo de su ser Daniel sabía que necesitaba orar a Dios. No era para él una obligación, sino una necesidad. Como escribieron los hijos de Coré en el Sal. 42:1: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Daniel tenía sed de Dios y de Su Espíritu, que solo podía llenar a través de la oración. Así que, si dejaba de orar durante treinta días, seguramente su alma desfallecería de sed.

Es impresionante como muchos cristianos podemos pasar días sin orar delante de Dios. ¿Acaso podemos pasar un solo día sin tomar agua teniendo el preciado líquido a nuestra disposición? Claro que no. Entonces, ¿cómo podemos dejar pasar un día sin arrodillarnos delante de Dios? ¿Cómo podemos sobrevivir en esta salvaje lucha espiritual sin venir delante de nuestro Dios? Por no llevar una vida de oración constante delante de Dios es que vivimos pecando constantemente como lo hacemos. Que Dios nos ayude a sentir esta sed espiritual y que vengamos a saciarla en oración cada día. Amén.

Al leer el decreto, quizás Daniel podía sentir las fauces de los leones hambrientos abalanzándose sobre su humanidad para comerlo vivo. Sin embargo, él prefería ser despedazado por los leones antes que fallarle a Dios de esta manera. Cada día en el mundo muchos cristianos se enfrentan a esta misma situación, especialmente en el Medio Oriente y en África. Por ejemplo, una oleada de ataques a principios de junio causó la muerte de 80 cristianos en la provincia de Kivu del Norte en la República Democrática del Congo, la mayoría de ellos fueron quemados vivos dentro de sus casas solo por ser cristianos. A pesar de esto, todavía existen muchos cristianos en el Congo que van a sus iglesias a adorar a Dios los domingos, aunque su vida está en peligro. Oremos por ellos, pues ir para la iglesia el domingo es una decisión de fe que puede costarles la vida. Y demos gracias a Dios porque para nosotros acá lo más difícil es levantarnos temprano el domingo para llegar a tiempo para el culto. 

Leamos ahora juntos los vv. 11-14. Se reunieron pues los gobernantes y sátrapas y hallaron a Daniel orando en presencia de su Dios. No sería muy difícil descubrir a Daniel pues él tenía su rutina de oración, así que simplemente fueron a ver si él continuaba orando como siempre, a pesar del edicto real. Imaginen que los gobernantes y sátrapas se hubiesen reunido y no hubiesen encontrado a Daniel orando. Sin duda hubiese sido una victoria para ellos porque le habrían quitado esto a Daniel. Pero al encontrar a Daniel en oración como solía hacerlo, esto fue una victoria para Daniel y para Dios, pues Daniel no comprometió su fe por el edicto real.

Obviamente, estos hombres malvados fueron y acusaron a Daniel delante del rey, diciendo que Daniel no respetaba al rey. Ellos dijeron esto para tratar de desatar la furia del rey contra Daniel y que lo mandase a ejecutar inmediatamente. Pero cuán grande sería la sorpresa de ellos que el rey en lugar de enfurecerse, se apesadumbró mucho, y buscaba la forma de librar a Daniel. El rey estimaba mucho a Daniel por su carácter y su integridad. Y sabía que Daniel en realidad no había cometido ningún delito. Así que por eso trabajó diligentemente hasta la puesta del sol para tratar de librarle. 

Sin embargo, ¿qué hicieron los gobernadores y sátrapas? Leamos el v.15. Los hombres pusieron al rey entre la espada y la pared. Ni siquiera el rey tenía suficiente poder para derogar una ley que él mismo había emitido y sellado. No podía evadir la aplicación de la sentencia a Daniel. Es interesante que aún los reyes en aquella época estaban regulados y que había cosas que ni ellos podían hacer, como abolir sus propias leyes. Además, sabiendo que el emperador era realmente Ciro el persa, ellos podían acusar a Darío con Ciro, diciéndole que no estaba respetando las leyes y costumbres de Media y Persia, y Darío podía ser depuesto.

Leamos ahora los vv. 16-17. Al rey no le quedó más remedio que sentenciar a Daniel a ser echado en el foso de los leones por incumplir el edicto real. Con mucha tristeza en su corazón ordenó que Daniel fuese introducido al foso con los leones, y con la poca fe que Daniel había logrado plantar en el corazón del rey, éste le dijo: “El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.” El rey sabía que no podía hacer más que encomendar a Daniel a su Dios. Fíjense que el rey reconocía a Daniel como un hombre fiel a Dios porque le dice que él continuamente servía a Dios. Seguramente, Daniel le habría predicado la Palabra de Dios al rey y por lo tanto éste conocía algo acerca de Jehová. Por eso aún en esa situación, en la que parecía que no había salida alguna, el rey tenía alguna fe de que quizás Jehová podría librar a Daniel de los leones hambrientos como habría escuchado, quizá, que había librado del horno de fuego a los tres amigos de Daniel. 

Francamente, es imposible que una persona que no tenga fe en Dios, tenga, ni siquiera, la esperanza en su corazón de que alguien pueda salir vivo de un foso lleno de leones hambrientos. Así que, indudablemente, este rey tenía alguna fe en Jehová, aunque sea del tamaño de un grano de mostaza, para decir estas palabras a Daniel. Yo tengo que confesar que me sería muy difícil confiar en Dios en semejante situación. He estado en situaciones menos complejas en mi vida y he perdido toda esperanza. 

En medio de mi pecado y de la muy difícil situación que pasamos mi esposa y yo hace unos años atrás, yo perdí toda esperanza de que mi matrimonio y mi vida de fe continuaran. Sentía que ya todo estaba perdido y que no había más gracia de Dios para mí. Pero la gracia de Dios es infinita y nos ha ayudado a continuar con nuestro matrimonio y nuestra misión, a pesar del pecado. ¡Bendito sea el Señor quien tiene la última palabra en cualquier situación de nuestras vidas! Amén.

Leamos ahora los vv. 18-20. Aquí podemos ver cuánto estimaba el rey a Daniel. No cenó, no fue traído el entretenimiento nocturno como solía hacerse, es más ni siquiera podía dormir. Se pasó la noche en vela pensando en Daniel, su más sabio y confiable gobernante, a quien él quería poner sobre todo el reino después de él. Y cuando los primeros rayos del sol alumbraban el cielo, el rey se levantó apresuradamente, vino al foso de los leones y, después de haberse removido la piedra que cerraba el foso, llamó a Daniel. ¡Cuán grande fe tenía este hombre! Creo que tiene mucha más fe que muchos de los que nos hacemos llamar cristianos. Yo hubiese llorado toda la noche por la pérdida y a la mañana siguiente me hubiese levantado muy temprano para preparar un gran funeral en memoria de Daniel. Pero este rey tenía alguna fe de que Jehová Dios hubiese podido librar a Daniel. Quizás hasta oró delante de Jehová aquella noche para que Daniel no pereciese. 

Leamos nuevamente el v.20. Obviamente, el rey no era un hombre de gran fe. Tenía la voz triste cuando llamó a Daniel porque temía lo peor. Pero el rey podía reconocer que sería Dios quien libraría a Daniel, y llama a Jehová “Dios viviente”. Esto diferencia a Jehová del resto de los dioses. Los otros dioses son dioses de oro, de plata, de bronce, de piedra o de madera, que no tienen vida alguna; pero Jehová es Dios viviente, que vive para siempre y que actúa en las vidas de los hombres. Esto sin duda debió enseñárselo Daniel al rey.

II.- Daniel sale ileso del foso de los leones (21-28)

Leamos juntos los vv. 21-22 por favor. Entonces sucedió lo inaudito. Desde dentro del foso se oyó la voz de Daniel quien saluda al rey como se acostumbraba en aquella época, y que testifica cómo Dios envió su ángel que cerró la boca de los leones para que no le hiciesen daño. ¡Gloria a Dios! ¡Bendito sea el Señor por los siglos de los siglos! Dios de misericordias y poderoso para salvar. Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Él es quien nos rescata y nos sostiene cada día, y por cuya clemencia aún respiramos. Él es Dios poderoso para salvarnos y no hay otro Dios como Jehová Dios nuestro. Amén. 

Daniel experimentó a Dios de una manera muy especial a través de este evento. Muchos de nosotros no queremos pasar por las tribulaciones porque queremos vivir tranquilos. Pero sin las tribulaciones y los problemas es muy difícil experimentar a Dios. Son precisamente las tribulaciones las que nos hacen conocer mejor al Dios que servimos y las que fortalecen nuestra fe. Así que cuando nos encontremos en tribulaciones, no nos quejemos, sino busquemos a Dios, y podremos experimentar Su gracia y Su poder. Amén.

Dios podía evitar que Daniel fuese echado en el foso de los leones, dándole al rey sabiduría para encontrar una manera de romper el edicto. Dios pudo haber matado a los leones antes de que Daniel entrara en el foso para evitarle el sufrimiento a Daniel de estar en medio de leones hambrientos. Dios pudo haber matado o dormido a los leones durante toda la noche mientras Daniel estaba en el foso, para que él no se asustase cuando se le acercase un león. Pero Dios decidió cerrar la boca de los leones para que no le hicieran daño a Daniel. Él no quitó a los leones, ni los alejó de Daniel, sino que los mantuvo bajo control. Pero seguramente ellos se acercarían a Daniel. No sé si Daniel habrá dormido algo aquella noche en medio de los leones. Muy probablemente yo no lo habría hecho, no importa lo cansado que estuviese. Sí, Dios había domesticado los leones para que no le hiciesen daño, pero él aún estaba en medio de una manada de leones hambrientos y tenía que mantener su fe en Dios en todo momento mientras estuviese dentro del foso.

Dios tiene el poder para quitar todos nuestros problemas. Dios tiene el poder para eliminar toda tentación y pecado de nuestro alrededor. Dios tiene el poder de asegurarnos una vida tranquila en este mundo. Pero no lo hace. No lo hace para que nosotros aprendamos a confiar cada día más en Él. Para que nosotros podamos crecer espiritualmente. Quizás algunas cosas pueden parecernos injustas. Por ejemplo, Dios libró a Daniel de los leones, pero no a los cientos de cristianos que murieron descuartizados por leones en el circo romano. Dios libró a Daniel de los leones, pero no libera a los cristianos que son asesinados hoy en día en África, India y el Medio Oriente. Pero, ¿saben ustedes por qué Dios permite todo esto? ¿No? Yo tampoco. Solo Dios sabe. Pero lo que sí podemos saber es lo que les dijo Pablo a los romanos en su carta: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Rom. 8:28). Dios nos ama y tiene un propósito y un plan para todo lo que sucede. Él permite las cosas para nuestro propio bien, aunque en un principio no nos parezca. 

Yo crecí con rencor contra Dios por haberme hecho crecer sin padre. Yo quería tener un padre en mi vida que me enseñara a volar una cometa, que me enseñara a manejar bicicleta, que me enseñara a jugar béisbol, como lo tenían mis amiguitos. Pero Dios permitió que las cosas fuesen así. Esto originó mi rebeldía contra Dios y contra la sociedad. Esto me llevó a ser dependiente del amor humano. Pero ulteriormente, esto también me permitió conocer a mi Padre Celestial que nunca me ha abandonado y que nunca me abandonará. Que estuvo allí para no dejarme morir de hambre cuando mi mamá no tenía dinero para comprar comida. Que estuvo allí cuando estaba enfermo y me ayudó a sanar. Que estuvo allí cuando estuve hospitalizado por haberme lanzado imprudentemente de un carro en movimiento, y que me permitió salir bien de esa situación. Y que está aquí hoy con cada uno de nosotros en las situaciones que podamos estar pasando. Amén. 

Cada una de las cosas que nos han sucedido en la vida, las que nos suceden ahora y las que nos sucederán en el futuro, son oportunidades para que conozcamos más a Dios, para que crezcamos más en la fe y para que vayamos pareciéndonos cada día más a Jesús. Así que cuando estemos pasando por alguna tribulación en la vida, pensemos en Daniel en el foso de los leones, y creamos que Dios puede librarnos de esa situación. Pero pensemos también como los tres amigos de Daniel ante el horno de fuego, que, aunque no nos librare, como les sucedió a los cristianos en Congo, no le fallaremos. Pues, es mejor perder la vida confiando en Dios, que preservar nuestras vidas y vivir pensando que hemos negado a Dios. Amén.

Leamos ahora juntos el v.23 por favor. El rey se alegró en gran manera de presenciar aquel gran milagro de Jehová. ¡Daniel había pasado toda la noche en un foso de leones hambrientos y salió completamente ileso! ¡Los leones no le habían hecho ni un solo rasguño! ¿Cuándo se ha visto algo semejante? Y el rey Darío sabía que este gran milagro sucedió porque Daniel “había confiado en su Dios” y mantuvo su relación personal con Él, a pesar de la prohibición.

Entonces el rey decidió tomar venganza de “aquellos hombres que habían acusado a Daniel, y fueron echados en el foso de los leones ellos, sus hijos y sus mujeres; y aún no habían llegado al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y quebraron todos sus huesos.” (v.24). Esto muestra que aquellos leones sí eran salvajes y sí estaban hambrientos, y que lo que había sucedido con Daniel era realmente un milagro divino.

Luego el rey Darío escribió una ordenanza a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra para que todos temiesen y temblasen ante la presencia del Dios de Daniel; porque Él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. Él salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; y ha librado a Daniel del poder de los leones. (vv. 25-27). Darío alabó grandemente a Jehová por esta gran salvación que había hecho. Aunque el rey no era creyente, pareciera que ahora confesaba que Jehová es Dios. Y esto es lo último que sabremos de Darío en el libro de Daniel.

Yo oro para que la mano de Dios sea evidente en nuestras vidas también y que muchas personas, al ver cómo Dios nos ha salvado y transformado, puedan también alabar a Dios y confesar a Jesús como su Señor y Salvador, y que así Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

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