Daniel 4:1-37
4:1 Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada.4:2 Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.
4:3 ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación.
4:4 Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y floreciente en mi palacio.
4:5 Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama, las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron.
4:6 Por esto mandé que vinieran delante de mí todos los sabios de Babilonia, para que me mostrasen la interpretación del sueño.
4:7 Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y adivinos, y les dije el sueño, pero no me pudieron mostrar su interpretación,
4:8 hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño, diciendo:
4:9 Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación.
4:10 Estas fueron las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama: Me parecía ver en medio de la tierra un árbol, cuya altura era grande.
4:11 Crecía este árbol, y se hacía fuerte, y su copa llegaba hasta el cielo, y se le alcanzaba a ver desde todos los confines de la tierra.
4:12 Su follaje era hermoso y su fruto abundante, y había en él alimento para todos. Debajo de él se ponían a la sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y se mantenía de él toda carne.
4:13 Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo.
4:14 Y clamaba fuertemente y decía así: Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle el follaje, y dispersad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas.
4:15 Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra.
4:16 Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
4:17 La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
4:18 Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos.
4:19 Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, quedó atónito casi una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habló y dijo: Beltsasar, no te turben ni el sueño ni su interpretación. Beltsasar respondió y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para los que mal te quieren.
4:20 El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y cuya copa llegaba hasta el cielo, y que se veía desde todos los confines de la tierra,
4:21 cuyo follaje era hermoso, y su fruto abundante, y en que había alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias del campo, y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo,
4:22 tú mismo eres, oh rey, que creciste y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, y tu dominio hasta los confines de la tierra.
4:23 Y en cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo y decía: Cortad el árbol y destruidlo; mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias del campo sea su parte, hasta que pasen sobre él siete tiempos;
4:24 esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey:
4:25 Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere.
4:26 Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino te quedará firme, luego que reconozcas que el cielo gobierna.
4:27 Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.
4:28 Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor.
4:29 Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia,
4:30 habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?
4:31 Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti;
4:32 y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.
4:33 En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves.
4:34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.
4:35 Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
4:36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
4:37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.
TUS PECADOS REDIME
Buenos días. En la última lectura en Daniel aprendimos que Ananías, Misael y Azarías, los tres amigos de Daniel, estaban dispuestos a morir quemados en un horno antes que inclinarse ante la imagen que el rey había hecho. Ellos tenían una fe incondicional de que Dios los podía rescatar del horno de fuego y de la mano de Nabucodonosor, y aunque no lo hiciese, ellos querían permanecer fieles a Jehová. El rey Nabucodonosor alabó a Dios al ver cómo Jehová había rescatado ilesos a estos tres hombres del horno de fuego por la fe de ellos. Pero, aunque Dios le había mostrado varias veces su poder y soberanía sobre el mundo entero, Nabucodonosor no confesaba a Jehová como su Dios personal. Él era orgulloso y arrogante delante de Dios. Aunque podía reconocer Su poder y Su soberanía, no quería aceptarlo como su Dios. Así existe también en nuestros días mucha gente que reconoce el amor y el poder de Dios, pero que no quieren aceptar a Jesús como su Salvador, porque no quieren arrepentirse de sus pecados.
En este pasaje bíblico vamos a ver cómo Dios humilla al rey Nabucodonosor para ayudarlo a reconocer sus pecados y arrepentirse. Mi oración es que nosotros podamos vivir en continuo arrepentimiento ante Dios por nuestros pecados y reconozcamos cada día Su soberanía sobre nuestras vidas, en vez de esperar que nos entrene para entonces arrepentirnos. Y que viviendo de esta forma podamos ser un buen ejemplo para nuestra sociedad y Dios nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- Otro sueño de Nabucodonosor (1-18)
Leamos juntos los vv. 1-3 por favor. Es interesante notar que este capítulo 4 de Daniel no fue escrito por el profeta, sino que parece ser el más notable documento de estado que haya llegado hasta nosotros desde la antigüedad. Parece ser una proclama real de Nabucodonosor que habla con autoridad imperial a todos los pueblos, naciones y lenguas que reconocían su autoridad. Sin vergüenza o excusa esta proclamación exalta al Dios Altísimo (v.2), testificando lo que Dios ha hecho con el rey. Pocos líderes mundiales de cualquier época han superado a Nabucodonosor en dar gloria a Dios o en presentar correctamente Su carácter exaltado. Este pasaje bien podría llamarse “La teodicea del emperador”, el testimonio del encuentro entre Nabucodonosor y Jehová.
De las lecturas anteriores podemos ver cuán voluble era el carácter de Nabucodonosor. Por su soberbia, muy pronto se olvida de cómo Jehová se ha manifestado en su vida. Primero, en el capítulo 2, reconoció a Jehová como “Dios de dioses, y Señor de los reyes” (Dan. 2:47). Luego en el capítulo 3 hace una estatua de oro y pide que todo el mundo la adore o que sería asesinado y que ningún dios los libraría de su mano. Pero después que son rescatados Ananías, Misael y Azarías del horno de fuego, entonces declara pena de muerte para aquellos que blasfemen contra Jehová, el Dios de ellos. Y ahora aquí en el capítulo 4, vemos a Nabucodonosor ansioso por mostrar la gracia de Dios sobre su vida. ¿De dónde vino este profundo deseo de Nabucodonosor por glorificar a Jehová Dios? ¿Por qué sin vergüenza testifica ante todas las naciones de la tierra que el Dios de los judíos, a quien él había conquistado, es “el Dios Altísimo” y es “Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación”? Eso es lo que aprenderemos en este capítulo.
Por lo pronto, leamos juntos el v.4 por favor. Nabucodonosor estaba tranquilo y floreciente en su palacio. Él se sentía satisfecho con lo que había logrado. Se paseaba por su gran palacio viendo su hermosura y se sentía complacido de lo que había alcanzado. Él tenía un corazón saciado. Cuando el ser humano ha alcanzado muchas cosas: fama, riquezas, poder, etc., se siente satisfecho y se aparta de Dios porque siente que no lo necesita. Por eso es peligroso alcanzar muchas cosas o estar muy cómodos en este mundo, pues pronto podemos olvidarnos de Dios. Nabucodonosor se había envanecido en su orgullo y satisfacción propia con lo que había alcanzado, así que se regocijaba en sí mismo y en lo que poseía. Al ver su palacio y todas las cosas que había alcanzado, él debería alabar a Dios y a agradecerle, pero no lo hizo, sino que se dio a sí mismo el crédito por todas estas cosas. Nosotros debemos tener cuidado de no actuar de la misma manera. Cuando logremos algo o cuando obtengamos cosa alguna, demos siempre gracias a Dios, reconociendo que Él es la fuente de todas nuestras bendiciones. Amén.
Leamos ahora juntos el v.5 por favor. En medio de su envanecimiento Nabucodonosor tuvo un sueño. Como les comenté en un mensaje anterior, Dios se comunicaba con Nabucodonosor a través de los sueños porque él era muy orgulloso y no escuchaba Su Palabra, así que Dios buscaba comunicarle Su mensaje de cualquier manera. Nosotros ya tenemos la Biblia y no necesitamos estar buscando sueños, señales o revelaciones especiales de Dios. Lo que realmente necesitamos es amar la Biblia, leerla constantemente y orar a Dios pidiéndole que nos ayude a entender lo que Él nos dice a través de ella. No busquen sueños en Dios. Él que está soñando es porque está dormido. Más bien, estemos bien despiertos espiritualmente y busquemos la voluntad de Dios para nuestras vidas en Su Palabra viva. Amén.
El sueño de Nabucodonosor lo espantó y se turbó por esto. Aunque él no podía entender el significado del sueño, se sentía asustado porque no le daba buena espina lo que había soñado. ¿Qué hizo entonces? Leamos juntos los vv. 6-8 por favor. Nabucodonosor actuó muy parecido a cuando tuvo el primer sueño que estudiamos en el capítulo 2. Él mandó a llamar a todos los sabios de Babilonia, pero ninguno le pudo interpretar el sueño. ¿Por qué ninguno de los sabios de Babilonia podía interpretar el sueño al rey? Porque era Palabra de Dios y sólo los que tienen el Espíritu de Dios la pueden entender. Algunas personas intentan leer la Biblia, pero no entienden nada porque no tienen el Espíritu de Dios en sí mismos que les enseñe. Otros llegan a conclusiones totalmente erradas por la misma razón. Solamente aquellos que han recibido a Jesús en su corazón como su Salvador y han nacido de nuevo, pueden entender bien la Palabra de Dios. Si ustedes sienten que todavía no entienden bien la Biblia cuando la leen, oren a Dios para que les enseñe todas las cosas, y estudien la Biblia con sus pastores cada semana también, y en Su misericordia Dios les hablará a través de Su Palabra y les manifestará Su voluntad para sus vidas. Amén.
Finalmente entró Daniel ante la presencia del rey, y éste le contó el sueño con la esperanza de que el profeta pudiese darle la interpretación, pues lo reconocía como siervo de Dios lleno del Espíritu Santo. Sin embargo, podemos ver que el rey no tenía una relación personal con Jehová, pues continúa llamando a Daniel “Beltsasar”, como el nombre de su dios. Daniel era como el pastor de Nabucodonosor, y aunque el rey no tenía una relación personal con Jehová, Daniel le guiaba hacia Dios. En realidad, la relación entre Daniel y Nabucodonosor es bastante parecida a la relación pastor-oveja. Las ovejas acuden a su pastor, cuando ya no han podido resolver sus problemas humanamente. Su pastor es su última opción. Así, Nabucodonosor acudió a Daniel ya cuando el resto de los sabios de Babilonia no habían podido interpretar el sueño al rey.
Esta no debe ser nuestra actitud. Cuando tengamos algún problema, duda o tentación, acudamos primeramente a Dios en oración, y luego a nuestro pastor para que nos apoye. No intentemos resolver nuestros problemas humanamente, con nuestras propias fuerzas o inteligencia. Siempre es bueno escuchar el consejo del pastor antes de tomar una gran decisión en nuestras vidas. Obviamente, el pastor no puede tomar el lugar de Dios en nuestras vidas. Necesitamos orar y buscar la dirección de Dios primero, y entonces podemos pedir la opinión de nuestro pastor y su apoyo en oración. Para esto ha puesto Dios pastores para que nos guíen. Y para esto también sirven los estudios bíblicos 1:1. No solamente para profundizar la Palabra de Dios juntos, sino para apoyarnos en la aplicación de la Palabra de Dios en nuestras vidas. Tengamos confianza en nuestro pastor y hablemos siempre con sinceridad. Amén.
Veamos a continuación cuál fue el sueño de Nabucodonosor en esta ocasión. Leamos juntos los vv. 9-18. Nabucodonosor vio un gran árbol en medio de la Tierra. Aunque este árbol era grande, continuaba creciendo, de forma tal que su copa llegaba hasta el cielo y se alcanzaba a ver desde todos los confines de la Tierra. Tenía muchas hojas hermosas y también muchos frutos que servían de alimento para toda la Tierra. Además, daba cobijo y hogar para todos los animales de la Tierra. Un ángel descendió del cielo y gritó que derribaran el árbol y que lo podaran completamente, dispersando su fruto y quitando todos los animales de su cobijo. Pero se debía dejar la cepa de sus raíces en Tierra, con atadura de hierro y bronce entre la hierba del campo. Que se mojase con el rocío del campo y que viva entre los animales. Su corazón de hombre sea cambiado por un corazón de bestia, hasta que pasen siete tiempos. Según el anuncio del ángel esto sucedería para que “conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.” (v.17).
Ahora veamos cuál es la interpretación del sueño.
II.- Daniel interpreta el sueño al rey (19-27)
Leamos juntos el v.19. Ante el sueño del rey, Daniel se turbó mucho. Estuvo atónito durante una hora. Él estaba sumamente perturbado por la interpretación del sueño del rey. Esto preocupó mucho al rey, quien moría de la curiosidad por saber cuál sería la interpretación del sueño, sabiendo ya que no se trataba de nada bueno. Por esta razón animó a Daniel a hablar diciéndole: “no te turben ni el sueño ni su interpretación”. Una posible razón por la cual Daniel pudo estar tan preocupado, es porque el rey podía mandarlo a matar por lo negativo de la interpretación para el rey. Sin embargo, Daniel confiaba en Dios y sabía que Jehová podría protegerlo de la mano del rey. Así que lo más probable es que Daniel hubiese quedado estupefacto entendiendo el entrenamiento tan terrible que recibiría el rey. Daniel no estaba preocupado por sí mismo, sino por el rey.
Así que el profeta comienza la interpretación haciéndole saber al rey que él no desea para nada que le acontezca semejante cosa, y que él preferiría que el sueño y la interpretación fuesen para los enemigos del rey. Aunque Daniel estaba preocupado por tener que dar la interpretación del sueño al rey, él no cambió la interpretación ni disfrazó las palabras, sino que proclamó fielmente la Palabra de Dios al rey como veremos más adelante. Aunque la Palabra que tenemos que hablar es a veces difícil, debemos proclamar fielmente la Palabra de Dios sin endulzarla ni disfrazarla. Muchos predicadores no quieren hablar la Palabra completa para no ahuyentar a las ovejas, sin embargo, esto no es correcto. Debemos predicar el amor de Dios y Su deseo de bendecirnos, pero también debemos declarar las consecuencias del pecado, y hablar acerca del entrenamiento de Dios. Debemos predicar el amor y la gracia de Dios, pero también debemos predicar el camino del discípulo.
Aunque la vida de fe es una vida hermosa y gozosa porque finalmente podemos ser libres de nuestros pecados por la sangre de Jesús, y podemos disfrutar de la gracia y de las bendiciones de Dios, también es un camino difícil a través del cual debemos ser entrenados para poder vencer las tentaciones y cambiar nuestras costumbres pecaminosas. Debemos ser moldeados por Dios para poder alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo en nuestras vidas. Y esto, obviamente, no es fácil. No es sencillo construir una hermosa casa a partir de las ruinas de otra casa. Imagínense que compramos una casa en ruinas y queremos construir una hermosa iglesia, ¿creen ustedes que esto será sencillo? Para nada. Es más fácil (y quizá más costoso) derrumbar toda la casa y construir una nueva. Pero Dios tiene que trabajar en nosotros, empezando con lo que somos cuando llegamos a Él.
Veamos ahora la interpretación que Daniel le da al rey. Leamos juntos los vv. 20-27 por favor. En el sueño, el árbol representaba a Nabucodonosor mismo cuyo poder crecía y crecía y era admirado aún desde los confines de la Tierra. Sin embargo, como él se había envanecido, sería cortado de entre los hombres y habitaría con los animales. Nabucodonosor padecería un trastorno mental llamado teriantropía o licantropía clínica, en el cual la persona cree que es un animal y actúa como tal. Muchas veces este trastorno viene acompañado de la ilusión de que se puede adoptar la forma del animal. Una de las formas más famosas de este trastorno es la licantropía, en el cual la persona cree que se puede convertir en un lobo, que es lo que se conoce como el hombre-lobo. Este trastorno mental le duraría al rey siete tiempos, que podrían interpretarse como siete años, o siete meses, o sietes ciclos de tiempo, hasta que reconociera a Jehová como Dios y fuente de todo lo que posee, después de los cuales se le restauraría el reino.
¿Cuál es el consejo de Daniel para el rey? Leamos nuevamente el v.27. Daniel no solamente le interpretó el sueño al rey, sino que le dio una aplicación al mensaje de Dios para su vida. Daniel pudo simplemente dar la interpretación del sueño y ya, pero viendo el entrenamiento que recibiría el rey por su pecado, él le dio una dirección para tratar de aplazar lo más posible el cumplimiento de esto: “tus pecados redime”. Daniel declaró valientemente delante del rey que él era un pecador. Todos somos pecadores, pero a nadie le gusta que lo señalen como tal. De hecho, mucha gente critica a la iglesia porque dicen que los evangélicos creen que todos son pecadores menos ellos. Sin embargo, esto no es cierto, todos somos pecadores, incluso nosotros. “La iglesia no es un museo de los santos; sino un hospital para pecadores.” Morton Kelsey. La única diferencia entre aquellos que no han nacido de nuevo, y nosotros, es que nuestros pecados han sido redimidos por la sangre de Cristo. Y en señal de agradecimiento estamos hoy aquí reunidos para aprender de Dios y para alabarle por Su gracia para nosotros. Sin embargo, igualmente somos pecadores y muchas veces fallamos. Lo que debemos hacer es venir constantemente a la sangre de Jesús y lavarnos de nuestros pecados. Amén.
El arrepentimiento es la única forma en la que los pecadores podemos restaurar nuestra relación personal con Dios. El arrepentimiento de nuestros pecados y el abandono de nuestras costumbres pecaminosas es la única manera de pasar más rápidamente por el entrenamiento de Dios. Cuanto más tardemos en arrepentirnos, más tiempo pasaremos en el entrenamiento de Dios. Pero eso no quiere decir que, si nos arrepentimos una vez, ya no tendremos que pasar más por el entrenamiento de Dios. Todavía nos falta mucho para llegar a ser como Jesús. Por lo tanto, todavía nos queda mucho entrenamiento por delante. Sin embargo, esto no debe desanimarnos, al contrario, cada vez que pasamos por un entrenamiento estamos más cerca de llegar a ser como Jesús. Amén.
III.- El cumplimiento del sueño (28-37)
Leamos los vv. 28-33 por favor. Parece que el rey siguió el consejo de Daniel durante algún tiempo. Pero doce meses después se cumplió el sueño que el rey había tenido. Pareciera que el rey luchó un tiempo con su pecado, pero ya después se cansó de luchar, y se entregó a él. De modo que, al año, le llegó la sentencia por su pecado. Por su orgullo e infatuación, Dios entrenó al rey y vino sobre él la teriantropía o licantropía clínica, y el rey comenzó a actuar como un buey, comiendo hierba y andando por el campo. Esto nos enseña que la lucha espiritual no es algo temporal, sino que dura toda la vida. Debemos luchar cada día, cada hora, cada minuto, contra nuestro pecado. Porque si dejamos de luchar, aunque sea un minuto, caeremos en la tentación y le fallaremos a Dios. Pero, ¿qué hay que hacer cada vez que caigamos? El apóstol Juan nos da la respuesta en 1Jn. 2:1: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” Debemos acudir a Jesús y lavarnos en su sangre por medio del arrepentimiento genuino. Amén.
Leamos ahora los vv. 34-37 por favor. Cuando se cumplieron los siete tiempos, Nabucodonosor alzó sus ojos al cielo, reconociendo de dónde provenía su ayuda, y su razón le fue devuelta. Por lo cual, bendijo al Dios Altísimo y glorificó al Eterno. Así él finalmente reconoció a Jehová como la fuente de todas las bendiciones y como el Dios soberano sobre su vida. No sabemos si esto sería la conversión de Nabucodonosor, o si habrá permanecido fiel a Jehová hasta la muerte, pues esto es lo último que la Biblia nos relata acerca de él. Sin embargo, podemos aprender de su vida que, si no nos arrepentimos, tendremos que pasar por el entrenamiento de Dios hasta que nos arrepintamos. No seamos, pues, como Nabucodonosor, sino escuchemos la voz y el consejo de Dios hoy, arrepintámonos de nuestros pecados y vivamos vidas santas y agradables a Dios, glorificando al Señor y dándole gracias por todas las bendiciones que nos da y reconociendo Su soberanía sobre nuestras vidas. Amén.
En Una Palabra: Mis pecados han sido redimidos por la sangre de Jesús.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[23.Jun.2024]_Dominical-UBF-Panamá_(DAN_4..1-37)-Mensaje.pdf
|
|
[17.Jun.2024]_Dominical-UBF-Panamá_(DAN_4..1-37)-Cuestionario.pdf
|
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...