Mateo 27:27-56
27:27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;27:28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,
27:29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
27:30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
27:31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
27:32 Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.
27:33 Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,
27:34 le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.
27:35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
27:36 Y sentados le guardaban allí.
27:37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
27:38 Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
27:39 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza,
27:40 y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
27:41 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:
27:42 A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.
27:43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
27:44 Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.
27:45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
27:46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: i Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
27:47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.
27:48 Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber.
27:49 Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.
27:50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
27:51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;
27:52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;
27:53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
27:54 El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.
27:55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole,
27:56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS
Buenos días. Este año hemos tenido una Semana Santa extendida. Este pasaje bíblico de hoy generalmente lo recordamos en Semana Santa. De hecho, esta es la razón por la que se conmemora la Semana Mayor, por la muerte de Jesús en la Cruz, que aprenderemos hoy; y por Su resurrección, que aprenderemos la próxima semana.
En las últimas semanas hemos aprendido los sufrimientos de Jesús previos a la cruz: Su agonía en Getsemaní; la traición de Judas; Su arresto; Su juicio ante el concilio, donde fue acusado falsamente, condenado por un crimen que no cometió, burlado, y golpeado; Su juicio ante Pilato; Los azotes que recibió; el rechazo de Su pueblo, que escogió a Barrabás, y que pidió Su crucifixión; y, finalmente, finalizamos la semana pasada aprendiendo cómo Pilato Lo entregó para ser crucificado.
Jesús ha sufrido en todas las áreas posibles de la experiencia humana. Ha padecido sufrimiento físico, psicológico, emocional y espiritual. Y hoy aprenderemos los últimos sufrimientos de Jesús antes de Su muerte: Las burlas de los soldados romanos y la crucifixión. Yo oro para que a través de este mensaje podamos continuar meditando en la gravedad de nuestros pecados y en el gran sacrificio de amor que Jesús hizo por nosotros. Que podamos ver el gran amor de Jesús muriendo por nuestros pecados en la Cruz. Y cómo esto nos ha abierto el camino al Padre. Yo oro para que cada uno de nosotros acepte este maravilloso regalo de amor de Jesús, y que Le podamos confesar como nuestro Señor y Salvador, como el Rey de nuestras vidas. Y que, haciendo esto, podamos alcanzar la salvación por la sangre de Jesús.
Oro también para que cada uno de nosotros pueda compartir con otros esta gracia salvadora que hemos recibido, especialmente con los estudiantes de la Universidad de Panamá, nuestro campo de misión. Y que, al hacer esto, el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- Burlas de los soldados contra Jesús (27-31)
Leamos juntos el v.27 por favor. Mientras se realizaban los preparativos para la crucifixión de Jesús, la guardia personal de Pilato Lo llevó al pretorio, la residencia oficial del gobernador cuando visitaba Jerusalén, que, como aprendimos la semana pasada, se localizaba en la Fortaleza Antonia, adyacente a la esquina noroeste del Templo. Al llevarlo allí, reunieron alrededor de Él a toda la compañía de soldados, unos 600 hombres, para usarlo como entretenimiento.
Leamos ahora juntos los vv. 28-30. Jesús había sido previamente azotado. Su cuerpo estaba herido y adolorido. Tendría heridas abiertas en Su espalda y, muy probablemente, algunos órganos expuestos. Estaba exhausto de una noche prácticamente sin dormir, hambriento y sediento. Pero estos soldados, sin importarles Su condición, lo desnudaron, y le echaron encima un manto de escarlata. El color escarlata para telas era muy difícil de conseguir y por lo tanto muy costoso, así que solamente los reyes o altos funcionarios lo usaban. Los soldados habrán conseguido un manto viejo de Pilato o habrán usado la capa de un centurión simplemente para burlarse de Jesús. Usaron este manto como imitación burlona de un vestido real.
Para completar la imitación de un atuendo real, pusieron sobre la cabeza de Jesús una corona tejida de espinas, y le pusieron una caña en Su mano derecha, a manera de cetro. ¡Imaginen la saña que hay que tener para tomar unas ramas espinosas y tejerlas como una corona! Aquella corona de espinas debió haber sido incrustada en el cuero cabelludo de Jesús. Las muchas terminales nerviosas allí habrán causado un gran dolor. Jesús, herido y exhausto, y en un profundo dolor, era burlado por los soldados que hincaban la rodilla y le saludaban como a los reyes de aquella época: “¡Salve, Rey de los judíos!, mientras le escupían y le golpeaban la cabeza con la caña para infligir más dolor.
Ninguna persona en el mundo ha sido jamás tratada con más cruel desdén y sin merecerlo. ¿Por qué tenían que tratar así a Jesús? Este es un cuadro patético de lo que muchos hacen hoy en día. Dicen reconocer a Jesús como Señor, Rey y Salvador, pero viven vidas pecaminosas que se burlan del sacrificio de Jesús. Cada vez que pecamos, escupimos el rostro de nuestro amado Salvador. Cada vez que damos rienda suelta a nuestros deseos carnales, le golpeamos la cabeza. ¿Hasta cuándo harás sufrir a tan amante Señor? ¿Hasta cuándo te burlarás y pisotearás la sangre de tu Rey? Reconozcamos realmente a Jesús como Rey de nuestras vidas, viviendo en santidad, siendo obedientes a Su Palabra.
Leamos juntos el v.31 por favor. Después de haberse burlado tan cruelmente de Jesús, le quitaron el manto de escarlata, le pusieron Sus vestidos, y lo llevaron para ser crucificado. La marcha hacia el lugar de crucifixión era propaganda útil para Roma. Advertía a los alborotadores potenciales que este era su destino si deseaban retar al imperio. Generalmente un centurión a caballo guiaba la procesión, y un heraldo gritaba el crimen del condenado. Según el Dr. William Barclay: “Al criminal se le conducía a la muerte por un camino lo más largo posible para que pudieran verle y escarmentar en él los más posibles.” Jesús recorrió este camino conocido como “la vía dolorosa”. Veamos uno de los eventos que sucedió en este camino y luego la crucifixión de Jesús.
II.- Crucifixión y muerte de Jesús (32-56)
Leamos juntos el v.32 por favor. Jesús, como la mayoría de los reos de crucifixión, fue forzado a cargar el madero sobre el que colgaría. El peso de la cruz entera era normalmente de 140 kilos, sin embargo, el reo solo cargaba el travesaño, que pesaba entre 35 y 55 kg, según David Guzik. Los postes permanecían en el Gólgota. De todas formas, el peso del travesaño era demasiado grande para el cuerpo malherido de Jesús. Apenas podía caminar y menos podría con 50 kg de madera encima. Así que los soldados hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón, y le obligaron a que llevase la cruz de Jesús.
Cirene era una gran ciudad en el norte de África, en lo que actualmente es Libia, a unos 1,300 km de Jerusalén. Simón era un nombre judío, así que seguramente él era un judío que había crecido en o se había mudado a esta ciudad, y se encontraba en Jerusalén guardando la fiesta de la Pascua. Los soldados romanos podían legalmente requisar el servicio de cualquier persona con solo tocarle el hombro con lo plano de su lanza. Así que Simón de Cirene no tenía más alternativa que llevar la cruz de Jesús.
Seguramente, Simón pensó en ese momento que era su día de mala suerte. La cruz era un objeto maldito y él no querría tener nada que ver con eso. Sin embargo, Marcos identifica a Simón en su evangelio como: “Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo” (Mar. 15:21). Esto quiere decir que Alejandro y Rufo eran conocidos en la Iglesia para el momento en que Marcos escribió su evangelio. Así que pareciera que aquel día terrible, Simón reconoció a Jesús como su Rey. Pareciera que aquello que le había parecido a Simón la mayor vergüenza de su vida, llegó a ser el mejor día de su vida. Y él y su familia se convirtieron después en grandes siervos de Jesús. Yo oro para que también cada uno de nosotros pueda encontrarse profundamente con Jesús al llevar Su cruz en nuestras vidas. Amén.
Leamos juntos los vv. 33-34. Finalmente, llegaron al Gólgota, o “Lugar de la Calavera”. Según Robertson: “El Calvario o Gólgota no se encuentra en el lugar tradicional del Santo Sepulcro en Jerusalén, sino en un sitio fuera de la ciudad, probablemente lo que se conoce ahora como el Calvario de Gordon, un monte al norte de los muros de la ciudad, que desde el monte de los Olivos se ve parecido a una calavera, con las tumbas cavadas en la roca semejantes a las cavidades de los ojos, y en una de las cuales pudo haber sido sepultado Jesús.” Allí se acostumbraba a crucificar a los reos de muerte a la vista de todos los que entraban y salían de la ciudad.
Cuando llegaron allí, Jesús estaría completamente exhausto y adolorido. Apenas podría mantenerse en pie. Así que le dieron a beber vinagre mezclado con hiel. Esta bebida era una especie de analgésico para disminuir la conciencia de la agonía que le esperaba. Pero Jesús rechazó cualquier droga adormecedora. Él decidió enfrentar el terror espiritual y físico con sus sentidos despiertos. Él tenía que sufrir todo el dolor y angustia, precio de nuestros pecados.
Leamos ahora juntos el v.35a. Con esta breve frase informa Mateo la crucifixión. Algunos opinan que no es necesario entrar en los detalles macabros de este tipo de ejecución, siendo que los mismos evangelios simplemente informan que Jesús fue crucificado sin dar más detalle. Pero, debemos entender que para la época en que ellos escribieron, todos los lectores tenían la imagen asociada a esta palabra muy bien grabadas en su cabeza y, por consiguiente, podían comprender bastante bien el precio que Jesús pagó por nuestros pecados. Sin embargo, este tipo de ejecución no nos es familiar a nosotros, excepto, precisamente, por lo que hemos estudiado acerca de ella, y por los mensajes bíblicos que hemos escuchado. Así que voy a explicarles con un poco más de detalle este tipo de ejecución para que entendamos mejor el dolor y la humillación que sufrió Jesús para pagar el precio de nuestros pecados.
La crucifixión era la forma de ejecución más vergonzosa y dolorosa que se conocía en la antigüedad. Fue inventada por los persas y perfeccionada por los romanos para prolongar al máximo la agonía del reo de muerte, manteniéndolo vivo lo más posible. Algunas víctimas incluso llegaron a vivir lo suficiente como para ser comidos vivos por aves de rapiña o bestias salvajes. La mayoría colgaba de la cruz por días antes de morir de agotamiento, deshidratación, fiebre traumática o probablemente, sofocación.
El reo era colgado en la cruz completamente desnudo a la vista de todos, lo que era especialmente vergonzoso para los judíos de Palestina. Algunas veces la víctima era atada a la cruz con sogas; en otros casos, como sucedió con Jesús, era clavado de manos y pies a la cruz. Clavos de unos 30 cm de largo atravesaban las muñecas de la víctima para fijarlo al travesaño, y un clavo similar atravesaba ambos pies superpuestos, fijándolos al poste. Así que sus manos no estarían libres para cubrir su desnudez, ni para espantar los insectos atraídos por la sangre de sus heridas.
El propio peso de la víctima hacía que su cuerpo quedara en una posición que le impedía respirar. El reo tenía que apoyarse entonces en los clavos de las manos y en los clavos de los pies, para subir y tomar una bocanada de aire. Pero esto era sumamente doloroso, por lo que terminaba volviendo a la posición original; hasta que sentía que se ahogaba nuevamente, y debía apoyarse nuevamente en los clavos. Así podía durar por días, desmayándose unas mil veces, antes de morir de sofocación, agotamiento, deshidratación o del colapso de alguno de los órganos.
Esta fue la terrible ejecución que sufrió Jesús. Aunque más adelante veremos que no duró mucho porque las heridas de los azotes y todo lo que le sucedió en Su pasión, lo llevaron a colapsar en unas horas.
Leamos juntos los vv. 35b-36 por favor. Mientras Jesús estaba colgado en la cruz, sufriendo grandes dolores y luchando para respirar, los soldados al pie de la cruz se repartían sus vestidos. Su túnica era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo (Jua. 19:23), así que, en lugar de partirla en cuatro pedazos para repartirla entre ellos, decidieron echar suertes a ver quién se la ganaba. Así cumplieron la profecía del Sal. 22:18: “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.” Esto demuestra que Dios tenía planeado todo esto hasta el más mínimo detalle. Aún los soldados que no servían a Jehová, fueron usados para cumplir con las profecías. Y luego se quedaron allí sentados guardando a los crucificados para evitar que de alguna manera lograse escapar alguno de ellos.
Leamos juntos el v.37. El título o tablilla del crimen era llevada delante de la víctima o colgada alrededor de su cuello mientras iba camino a la ejecución, y después situada sobre la cabeza en la parte superior del poste. La fraseología de la causa difiere un poco entre los cuatro evangelios. Pero al reunirlas todas, leemos: “Este es Jesús de Nazaret, el rey de los judíos.” Según Juan fue escrita en tres idiomas (Jua. 19:20), latín para la ley romana; hebreo (o arameo) para los judíos; griego para todo el mundo.
Según Jua. 19:19-22, Pilato escribió esto para vengarse de los judíos por obligarlo a crucificar a Jesús. Ellos querían que Pilato corrigiese: “No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.” (Jua. 19:21). Pero Pilato no quiso. Ellos sintieron que esto era falso, porque no creían que Jesús era el rey de los judíos; y también creían que era humillante, porque mostraba el poder de Roma para humillar y torturar incluso al “rey de los judíos”. Y aunque quizás esta fue en verdad una burla de Pilato para los judíos, la realidad es que el título describe perfectamente la causa por la que Jesús fue crucificado, por ser Rey de los Judíos.
Este es un título mesiánico. Lo que significa que Jesús es el Mesías. No significa que Jesús sea solo Rey de los Judíos, sino que Él es el Mesías que los judíos estaban esperando. Aunque no vino en la forma en que lo estaban esperando, como un rey; ni tampoco para lo que le estaban esperando, para libarlos del yugo del imperio romano; Él vino como el Rey humilde a librar a toda la humanidad del yugo del pecado y de la muerte. Él no entró a Jerusalén armado con un ejército para librar a los judíos del imperio romano, sino armado de la verdad y el amor para morir en la cruz para librar a toda la humanidad del imperio del pecado y de la muerte. Así que todos debemos confesar que Jesús es nuestro Rey y Él perdonará todos nuestros pecados y nos pondrá en la correcta relación con Dios.
Leamos juntos el v.38 por favor. Jesús fue crucificado en medio de dos malhechores. Probablemente fueran insurrectos con Barrabás. Si es así, podríamos pensar que Jesús estaba muriendo en la cruz que había sido preparada para Barrabás. Esto sería bastante significativo porque Jesús estaría literalmente muriendo en lugar de Barrabás, simbolizando precisamente Su muerte en lugar de cada uno de nosotros. Además, este cuadro cumple con la profecía de Isa. 53:12: “por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.” Jesús, siendo inocente, fue contado con los pecadores, para llevar nuestro pecado.
Leamos ahora juntos los vv. 39-44. Aun los que pasaban por el camino se mofaban de Jesús de manera inhumana. Le echaban en cara la acusación de que Él había pretendido tener poder para destruir y reedificar el templo. Le decían: “Si eres Hijo de Dios ¿por qué no demuestras tu poder divino descendiendo de la cruz?” Los líderes religiosos judíos también le escarnecían; pero, sin querer, dijeron una profunda verdad: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar” (v.42). Era exactamente así. Si Él hubiera salvado Su propia vida, nosotros todavía estaríamos muertos en nuestros pecados. Pero al entregar Su vida en la cruz por nosotros, nos ha regalado esta gran salvación.
La crueldad de estos hombres se manifiesta aún más en su insinuación en el v.43 de que Dios el Padre no quería a Jesús. Aunque, ciertamente, el Padre Le había dado la espalda a Jesús, por así decirlo, y lo dejaba morir solo. Esto era parte del precio de nuestra redención. Y, según Mateo, aun los malhechores crucificados con Él, le injuriaban. Pero, por Luc. 23:39-43 sabemos que solo uno de ellos lo hacía. Como sea podemos ver aquí el cumplimiento de las palabras de Jua. 1:11: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” Igualmente, el cumplimiento de varias profecías en los Salmos, como Sal. 22:17; Sal. 31:11-13; Sal. 35:15-21, entre otros.
Leamos juntos el v.45 por favor. Según Mar. 15:25 la crucifixión comenzó a la hora tercera, las 9 am, la hora del sacrificio de la mañana. Y ahora a la hora sexta, pleno mediodía, el sol se oscureció hasta la hora novena, las 3 pm, la hora del sacrificio de la tarde. No se sabe exactamente qué causó aquellas tinieblas. Quizás un eclipse, aunque es muy poco probable; o, lo más probable, grandes nubes negras que se cernieron en el cielo tapando completamente la luz del sol. Lo cierto es que todo aquello era claramente de índole sobrenatural. Era imposible un eclipse en plenilunio; y también semejantes nubes en plena primavera. La naturaleza entera estaba de luto por lo que sucedía en El Calvario. El Creador del Universo agonizaba sobre una cruz.
Leamos ahora juntos el v.46 por favor. Cerca de la hora novena, Jesús clamó con gran dolor: “Elí, Elí, ¿lama sabactani?” “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” A esa hora, Jesús ya tenía sobre sí todo el peso del pecado de la humanidad, al punto de que Él mismo se había convertido en el pecado como dice el apóstol Pablo en 2Co. 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado”. Dios no puede estar en la presencia del pecado. Así que, por primera vez en toda la eternidad, la Santa Trinidad de Dios se separó. El Padre y el Espíritu Santo abandonaron por completo al Hijo.
Nadie, jamás, ni siquiera el más vil de los pecadores, puede decir que ha sido abandonado ni un instante por Dios. Si el Padre quitara los ojos de nosotros, aunque sea por un instante, seríamos completamente destruidos. Pero Jesús experimentó verdaderamente lo que es la completa soledad. Aquella aciaga hora, sobre aquella cruz, Jesús estaba absolutamente solo. Jesús puede entender todas nuestras heridas y dolores porque Él lo sufrió todo.
De niño yo tenía un gran sentido de abandono por haberse ido mi padre de casa. Y aunque tenía a mi mamá y a mi hermano, yo quería a mi papá. Y más importante que a mi mamá y a mi hermano, tenía a mi Padre Celestial cuidando de mí. Cuando mi papá se fue repentinamente, sin aviso alguno, mi mamá no trabajaba y muy pronto se nos acabó la comida. A todos nos daba fiebre por el hambre. Pero mi Padre Celestial estaba con nosotros, y por medio de algunos vecinos, mi mamá consiguió algo de comida y no nos morimos de hambre. También mi mamá logró conseguir un trabajo. Además, ella no tenía suficiente para pagar el alquiler del apartamento y los servicios, pero mi Padre Celestial movió el corazón del dueño del apartamento y nos permitió vivir un tiempo sin pagar el alquiler hasta que mi mamá pudo pagar.
Por otro lado, yo era muy distraído y travieso, y me la pasaba jugando en la calle, por lo que en varias ocasiones fui arrollado o casi arrollado por carros, y una vez me lancé de uno en movimiento. En cualquiera de esas ocasiones pude haber muerto, sobre todo en la que me lancé, pero mi Padre Celestial me guardó en todas ellas, y aquí estoy hoy delante de ustedes por la gracia y el amor de mi Padre Celestial, y por la muerte vicaria de Cristo en la cruz.
Sea lo que sea que hayas sufrido o estés sufriendo, Jesús puede entenderte perfectamente porque Él sufrió en todos los ámbitos posibles de la experiencia humana. Y sufrió todo esto para poder consolarte y sanarte. Solo tienes que venir a Jesús y traer todos tus pecados y heridas, y todo tu dolor; y Él los cambiará en gracia, perdón, amor, gozo, paz y salvación. Amén.
En los vv. 47-49 podemos ver que los judíos se confundieron y pensaron que Jesús estaba llamando al profeta Elías por la similitud fonética de “Elí” y “Elías”, y por la creencia de que Elías vendría con el Mesías. Uno de los soldados pensaba que Jesús deliraba por el dolor y le ofreció nuevamente el vinagre analgésico para mitigar su dolor.
En los vv. 50-53 vemos que Jesús finalmente murió, y tras Su muerte ocurrieron una serie de eventos sobrenaturales, entre ellos, el más destacable, “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (v.51). Este era el velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo en el Templo de Jerusalén. Este velo simbolizaba la imposibilidad del hombre de acercarse a Dios a causa del pecado. Pero, con Su muerte en la cruz, Cristo nos ha dado libre acceso al Padre en el nombre de Jesús. Lo único que necesitas hacer es confesar que eres un pecador y que aceptas el sacrificio de Jesús en la cruz por tus pecados, aceptándolo como tu Señor y Salvador, y como el Rey de tu Vida.
¿Aceptas tú a Jesús como tu Rey? ¡Puedes acércate entonces libremente al trono del Padre y sentarte en Su regazo! Yo oro para que cada uno de nosotros aceptemos a Jesús como nuestro Rey, como nuestro Señor y Salvador, y vivamos cada día obedeciendo Su Palabra para Su gloria. Amén.
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M. Esteban Cho (BO)
( 18 de diciembre de 2020 )
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