Mateo 26:30-46
26:30 Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.26:31 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.
26:32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
26:33 Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.
26:34 Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
26:35 Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
26:36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
26:37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
26:38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
26:39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
26:40 Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?
26:41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
26:42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
26:43 Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
26:44 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
26:45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
26:46 Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.
PADRE MÍO, HÁGASE TU VOLUNTAD
Buenos días. Hoy aprenderemos la oración de Jesús en Getsemaní, horas antes de Su arresto. Y veremos un gran contraste entre la oración de Jesús allí y la oración de muchos en las iglesias modernas. Tristemente, en nuestros días, hay una gran tendencia a orar con las frases: “Yo decreto”, “yo declaro”, “arrebato lo que es mío”; y una frase particularmente irreverente, decirle a Dios en oración: “No aceptaré un no como respuesta”. Al decir estas frases, pareciera que no nos importa cuál es la voluntad de Dios. Simplemente queremos que Dios haga nuestra voluntad, independientemente de cuál sea la Suya.
Con respecto a esto, hay un caso reciente muy famoso. El fallecido hermano Julio Melgar, cantante cristiano guatemalteco, fue diagnosticado con cáncer de páncreas. En medio de su enfermedad muchos cantantes cristianos reconocidos y ministros decretaron y declararon sanidad sobre su vida. Varios profetizaron delante de todos que el Señor lo sanaría; y hubo uno que hasta se atrevió a profetizar que Julio vería a sus nietos cantando sobre una plataforma como en la que ellos estaban. Pero hubo una oración particularmente escandalosa en la que se dijo: “No aceptaremos un no como respuesta”. Fueron muy pocos los que se atrevieron a orar diciendo como Jesús: “Padre mío, hágase Tu voluntad”. Y, sin embargo, Dios hizo Su voluntad. A pesar de todas estas declaraciones, decretos y profecías de sanidad, el 19 de abril de 2019 el Señor llamó a Julio a Su presencia. Sinceramente deseo de todo corazón que Julio Melgar esté cantando ahora sus alabanzas a Dios en Su Reino, y que muy pronto también nos unamos a Él a adorar al Señor por la eternidad. Amén.
A través de este mensaje aprenderemos el ejemplo de oración que nos dejó Jesús: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (v.39). Y, “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” (v.42). Oro para que hoy aprendamos que podemos traer nuestras peticiones delante de Dios; podemos traer los deseos de nuestro corazón delante de Él; pero siempre debemos orar diciendo: “Hágase Tu voluntad”. Que nuestro deseo sea siempre hacer la voluntad de Dios, aunque queramos otra cosa. Y que cada área de nuestras vidas glorifique al Señor. Y que Dios pueda hacer Su voluntad sobre Panamá y la convierta en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
I.- Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche (30-35)
Leamos juntos el v.30 por favor. La cena pascual termina con un himno basado en los Salmos conocidos como el Hallel (salmos de alabanza) de Egipto. El Hallel abarca desde el Salmo 113 al 118, y luego el gran Hallel en el Salmo 136. Con respecto a esto comenta Alfred Edersheim: “Probablemente debamos pensar que se trata de la segunda parte de Hallel [Sal. 115 ― 118], cantando algo después de la tercera copa, o también pudo ser el Sal. 136, que en el presente ritual está cerca de la finalización del culto.” Lo que Mateo quiere expresar aquí es que, habiendo terminado la cena pascual, salieron al Monte de los Olivos a las afueras de la ciudad de Jerusalén.
Leamos ahora juntos los vv. 31-32. Mientras iban de camino al Monte de los Olivos, Jesús hizo un anuncio sorprendente: “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche”. La palabra en griego aquí es skandalízo que pueden ver que es muy similar a la traducción que hace la RVR60. Sin embargo, su significado en griego es más amplio que “escandalizar” en español. Por eso, versiones modernas, como la NVI, la NTV y la BLPH, traducen “abandonarán”. Jesús sabía que en esa noche todos Sus discípulos le abandonarían. Y que esto cumpliría la profecía de Zac. 13:7. Cuando Él, el buen pastor, fuese herido, todas Sus ovejas se dispersarían.
Pero Jesús no les estaba diciendo esto para reclamarles por su abandono, sino para que ellos supiesen que Él ya estaba anuente de esto. Esto era necesario que sucediese para que se cumpliesen las profecías. Es más, Él les asegura que, a pesar de Su muerte, Él no los abandonaría a ellos, sino que después de que hubiese resucitado, iría delante de ellos a Galilea. ¡Les está dando la esperanza de Su resurrección! De hecho, en español no se puede ver bien, pero Él sigue usando la imagen del pastor y las ovejas aquí. Cuando dice “iré delante de vosotros” la idea es la de un pastor que va guiando el camino delante de las ovejas. ¡Jesús nunca abandona a Sus ovejas, aunque nosotros lo abandonemos a Él”. ¡Bendito sea por siempre nuestro Dios fiel!
Leamos ahora juntos el v.33. Pedro siempre tenía algo que decir. Como siempre, estaba lleno de confianza en sí mismo y en el amor que le tenía al Señor. Lamentablemente, no estaba consciente de su propia debilidad. Él pensaba, como dice en el v.35, que estaría dispuesto a morir con su Señor. Y si bien él sacó su espada e intentó defender a Jesús de la turba que venía a apresarle, luego huyó para no ser apresado junto con Jesús. Con todo, su amor por el Señor, le llevaría a seguirle en su juicio, a diferencia del resto de los discípulos. Y precisamente allí, cumpliría con lo que Jesús predijo acerca de él en el siguiente versículo.
Leamos juntos los vv. 34-35. Jesús predijo que antes de que el gallo cantase, Pedro le negaría tres veces. Resulta increíble la precisión con que esto se cumplió. Pero esto demuestra que ya Jesús conocía de antemano todos los detalles de lo que ocurriría en las próximas horas. Él sabía ya todo lo que padecería aquella noche y al día siguiente. Sería abandonado por sus amigos. Negado por uno de ellos. Juzgado como criminal sin haber cometido falta alguna. Humillado. Golpeado brutalmente. Y finalmente crucificado. Sin embargo, también sabía que resucitaría como les acaba de anunciar. Así que Jesús no enfrentó todo esto en ignorancia, sino con pleno conocimiento, y también con el absoluto deseo de hacer la voluntad de Dios.
Pedro, fiel a su personalidad y autoconfianza, negó la veracidad de las palabras de Jesús diciendo: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré.” Aunque quizás en ese momento esa era su convicción y el deseo de su corazón, la realidad sería muy diferente. Al escuchar las palabras de Jesús, Él debió haberse humillado y aprovechar para pedir fortaleza del Señor para afrontar aquella prueba. No debemos confiar excesivamente en nuestro amor por el Señor o en las disciplinas espirituales que practiquemos. El apóstol Pablo advierte: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1Co. 10:12). Debemos orar siempre al Señor pidiéndole: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mat. 6:13).
En este v.35 podemos ver la influencia espiritual de Pedro en los otros discípulos. Sus palabras llevaron a todos a decir lo mismo. Supuestamente todos estarían dispuestos a morir antes de negar o abandonar a Jesús. Nosotros tenemos más influencia de la que pensamos. Especialmente aquellos que tenemos más tiempo en la iglesia. Debemos tener mucho cuidado con la forma en la que actuamos o lo que decimos, porque nuestros hermanos más pequeños espiritualmente pueden imitar nuestro ejemplo. Debemos seguir el consejo que el apóstol Pablo le da Timoteo: “sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” (1Ti. 4:12).
Los que tenemos más tiempo en la iglesia debemos ser ejemplo para los que vienen llegando. Debemos guardar el Día del Señor fielmente cada semana. Debemos llegar temprano a la iglesia y preparar nuestro corazón para el Culto Dominical, orando, y quizá leyendo la Biblia, o practicando las canciones, antes del culto. Debemos vestir decentemente y con modestia. Debemos hablar santamente, sin vulgaridades ni groserías. Debemos servir a los demás, en lugar de buscar nuestra propia comodidad o beneficio. Si hacemos estas cosas, los que vienen llegando imitarán nuestro ejemplo y seremos una comunidad de amor y servicio donde Dios es glorificado. Amén.
II.- La oración de Jesús en Getsemaní (36-46)
Leamos juntos los vv. 36-38. Getsemaní era un jardín/huerto privado en la ladera del Monte de los Olivos. La tradición dice que era una parcela que pertenecía a María, la madre de Juan Marcos (igual que el aposento alto donde cenaron), y que Jesús muchas veces se quedaba aquí cuando estaba en Jerusalén (Luc. 21:37, 22:39). Al parecer, en Getsemaní había un olivar y una prensa de aceitunas, pues su nombre en hebreo significa exactamente eso: “prensa de aceite”. Allí se prensarían y machacarían las aceitunas para hacer el aceite de oliva que serviría como combustible para las lámparas, como alimento y también para la unción. El nombre del lugar parece más que apropiado, pues Jesús iba allí a ser machacado y presionado para cumplir con la voluntad de Dios.
Jesús fue a Getsemaní para orar y prepararse espiritualmente para cumplir con la voluntad de Dios. Dejó a ocho discípulos a la entrada del huerto, llevándose consigo sólo a Su círculo íntimo, Pedro; y Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo; los mismos que presenciaron la transfiguración (Mat. 17:1). Mientras se internaban en el huerto comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera, y desnudó Su corazón a Sus amigos: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (v.38). En otras palabras, Jesús sentía que se moría de tristeza como traduce la NVI: “Es tal la angustia que me invade que me siento morir”. Matthew Poole comenta respecto a esto: “Las palabras en griego expresan el mayor dolor imaginable”. Y les pidió a Sus amigos: “quedaos aquí, y velad conmigo.” Quería que ellos se quedasen en ese lugar y le acompañasen en oración a la distancia. ¡Cuán útiles y necesarios son los compañeros de oración! Acompañemos a nuestros hermanos en oración. Aunque no estemos con ellos allí participando de su sufrimiento y consolándolos, nuestra oración a la distancia puede consolarles en el Espíritu y ayudarles a superar las pruebas y tentaciones.
Leamos ahora juntos el v.39 por favor. Yendo un poco más adelante, Jesús se postró sobre Su rostro y oró diciendo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” “Padre mío” no era una forma común en que los judíos se dirigiesen a Dios. De hecho, el relato de Marcos es más enfático pues dice: “Abba, Padre” (Mar. 14:36). Joachim Jeremias, en su libro Las palabras de Jesús, escribe: “El uso que hace Jesús de la palabra Abba dirigiéndose a Dios no tiene paralelo en toda la literatura judía. La explicación de este hecho ha de encontrarse en la afirmación de los padres Crisóstomo, Teodoro y Teodoreto, de que Abba era la palabra que usaba un niño para dirigirse a su padre, cuya traducción en castellano sería ‘Papá’; era una palabra familiar, cotidiana, que nadie se había atrevido a usar para dirigirse a Dios. Jesús sí. Él hablaba con Su Padre celestial de la manera infantil, confiada e íntima de un hijo pequeño con su padre”. Podemos imaginar a Jesús aquí clamando con gran dolor como cuando nuestros hijos se caen y se golpean y vienen a nosotros corriendo y diciendo: “papi, ayúdame”. Jesús estaba en una gran agonía y necesitaba que su papá amoroso le ayudara en ese momento.
¿Qué le pedía Jesús al Padre? “Si es posible, pase de mí esta copa”. ¿Cuál era la copa que Jesús no quería beber? Con respecto a esto hay cierta controversia, pero no voy a discutirla hoy aquí. Lo que les puedo afirmar es que aquí vemos el lado más humano de Jesús. Aunque Él sabía que tenía que cumplir con la voluntad de Dios, porque para esto había venido al mundo, una gran tristeza y angustia le sobrevinieron repentinamente al prever lo que sucedería. Él sufría pensando en el dolor físico que se avecinaba, en la muerte terriblemente dolorosa que sufriría, y, quizá lo más angustiante, que por primera vez en la eternidad sería completamente separado del Padre cuando tuviese sobre Sí el peso de todo el pecado del mundo.
Esta agonía de Jesús en Getsemaní la expresa el autor de Hebreos de la siguiente manera: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. (Heb. 5:7-9). Cristo estaba clamando para ser librado de la muerte. Con respecto a esto comenta el Dr. William Barclay: “Ahora estaba seguro de que la muerte Le esperaba. Sentía su fétido aliento en Su rostro. Nadie quiere morir a los treinta y tres años, y menos en la agonía de una cruz. Era su lucha suprema, y el resultado estaba en la balanza. La salvación del mundo estaba en peligro en el huerto de Getsemaní, porque aun entonces, Jesús podría haberse vuelto atrás, y el propósito de Dios se habría frustrado.” Y luego continúa: “Con toda reverencia podemos decir que aquí vemos a Jesús aprendiendo la lección que todos los seres humanos debemos aprender algún día: Aceptar lo que no podemos comprender. Lo único que sabía era que la voluntad de Dios Le llamaba imperiosamente a seguir adelante.”
Jesús cierra esta primera oración en Getsemaní diciendo: “pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Él oraba para que a pesar de Su deseo de no morir tan terriblemente y ser separado del Padre de esa manera, la voluntad de Dios fuese hecha en Su vida. Muchas veces nosotros también nos encontramos en esta lucha para cumplir la voluntad de Dios. Tenemos un deseo que no necesariamente es pecaminoso, pero que tampoco va en la dirección de la voluntad de Dios. Es entonces cuando la fe y obediencia se ponen a prueba. En tales momentos podemos recordar que Jesús pasó por lo mismo en Getsemaní. Es decir, cada persona tiene su propio Getsemaní, y cada persona tiene que aprender a decir como Jesús: “Hágase Tu voluntad”.
Leamos ahora juntos el v.40 por favor. Después de orar, Jesús vino a compartir con Sus amigos y los halló durmiendo. Él tomó consigo a Sus tres discípulos más íntimos que se suponía se preocupaban más por Él y Su bienestar, pero ellos no pudieron orar con Jesús ni siquiera una hora. Estaban tan agotados, que no pudieron mantenerse despiertos. Mientras Jesús clamaba con gran angustia, Sus discípulos roncaban. Con respecto a esto comentó John Trapp: “ellos no solo no lo ayudan, sino que lo hieren con su aburrimiento al deber, y en lugar de limpiar su sudor sangriento, le sacan más de él”. ¡Jesús estaba peleando Su batalla a solas!
Cuando les halló durmiendo, Jesús le dijo a Pedro: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?” Si los tres estaban dormidos, ¿por qué le habló a Pedro? Pues él se había jactado antes con tanta vehemencia que estaría dispuesto incluso a morir con Jesús, entonces el Maestro lo regañó con un poco más de énfasis a él: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?” “¿Supuestamente morirías por mí y no pudiste mantenerte despierto una hora para orar conmigo? ¿Cómo dices que morirías conmigo si ni siquiera puedes hacer este pequeño esfuerzo conmigo?” “¿Cuántas veces no decimos nosotros que serviremos al Señor dondequiera que nos envíe? Le cantamos: “Heme aquí, yo iré”, o “yo lo haré, te obedeceré, sin reservas ni condiciones te serviré”, pero, ¿acaso nos levantamos un poquito más temprano para comer Pan Diario cada día? ¿O nos levantamos un poco más temprano para llegar a tiempo al Culto Dominical? ¿O sacrificamos un poco de nuestro dinero o de nuestro tiempo para servir a alguien? Si no hacemos estas cosas más pequeñas, ¿cómo haremos lo más grande? Si no somos fieles en lo poco, ¿cómo lo seremos en lo mucho? Dios nos ayude a ser fieles en esto poco, para llegar a ser fieles también en lo mucho. Amén.
Entonces el Maestro pronunció otra solemne amonestación. Leamos juntos el v.41: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Jesús usó la somnolencia de Pedro para recordarle las tentaciones que muy pronto enfrentaría. Y con esta amonestación nos da la fórmula secreta para superar las tentaciones: velar y orar. Velar es estar alerta, conscientes de las posibilidades de tentación; ser sensibles a las sutilezas; y estar equipados para la batalla. Porque la tentación ataca por donde somos más vulnerables, no la podemos resistir solos. La oración es esencial porque nos fortalece espiritualmente para contrarrestar el poder de Satanás y nuestras propias pasiones.
Y al decir que “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Jesús está reconociendo que los discípulos tienen el deseo piadoso de hacer la voluntad de Dios, pero que también les es imposible hacerlo por sí mismos a causa de su humana debilidad. Y la carne aquí no solamente se refiere a la naturaleza pecaminosa, sino también a nuestros cuerpos físicos. Muchos de nosotros seguramente queremos levantarnos temprano a comer Pan Diario o para llegar temprano a la iglesia los domingos; o queremos quedarnos despiertos un rato para orar; pero simplemente no podemos por el cansancio. La única manera de fortalecernos en esta debilidad, es mantenernos conscientes de que estamos en medio de una gran batalla espiritual y que nuestra arma es la oración. El soldado que está en la guerra, bajo el furioso ataque del enemigo, aunque esté muy cansado no puede dormirse porque muere. Así que hace todo lo necesario para mantenerse despierto, estando alerta de los ataques. Así debe ser el cristiano. No nos descuidemos a pesar del cansancio físico, pidamos la fortaleza de Dios a través de la oración. Amén.
Leamos ahora juntos el v.42. Después de amonestar a los discípulos para que le acompañasen en oración, Jesús regresó al lugar donde estaba para continuar Su batalla espiritual. Fíjense que el tópico de oración cambió un poco. Primero pedía en el v.39: “si es posible, pase de mí esta copa”, ahora pide en el v.42: “si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Jesús estaba empezando a aceptar que no había otra manera de salvar al mundo sino a través de esa terrible muerte en la cruz y la separación espiritual momentánea del Padre. Precisamente los discípulos dormidos le mostraban que ellos solos no podrían salvarse de ninguna manera. Y nuevamente al terminar de orar, regresó a ellos, y a pesar de Su amonestación previa, los halló durmiendo nuevamente “porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.” (v.43) Definitivamente, el ser humano necesitaba al Salvador.
Leamos ahora juntos el v.44 por favor. Después de encontrarlos dormidos otra vez, Jesús fue y siguió orando con el mismo tópico anterior. Ahora la lucha era para aceptar la voluntad de Dios. Lo que vemos que finalmente sucede. Pues un Jesús completamente distinto, ya no angustiado y triste, sino valiente y resuelto, despertará ahora a Sus discípulos.
Leamos juntos los vv. 45-46. Jesús vino a Sus discípulos nuevamente y les despertó diciendo: “Dormid ya, y descansad”. Esta aparente exhortación, en la RVR60 parece inconsistente con las palabras del v.46: “Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.” Se han ofrecido varias explicaciones. Robertson compendia varias de ellas: “Esto constituye «una ironía llena de pesar» (Plummer) o una concesión llena de reproche: «Por lo que a mí respecta podéis dormir y reposar indefinidamente; ya no necesito más de vuestro interés activo» (Bruce). Puede ser una pregunta entristecida, como lo traduce Goodspeed: «¿Todavía estáis durmiendo y reposando?» Así también Moffatt.” Cualquiera de ellas es plausible. El caso es que Jesús ya aceptó la voluntad de Dios y no necesitaba más de la compañía en oración de Sus discípulos quienes seguramente descansarían bastante en los próximos días debido a su agotamiento físico y la tristeza que les embargaría por la muerte de Jesús.
Había llegado ya la hora de Jesús y sería entregado en manos de pecadores como se los había predicho ya. Pareciera que Él podía percibir como subía la ladera del monte Judas el traidor con una turba armada que venía a apresarle. Y allí comenzaría entonces el acto culminante de la redención de la humanidad y el sacrificio del verdadero cordero pascual. La lucha de la cruz fue ganada primero en oración en Getsemaní. Y de la misma manera, Pedro falló en la tentación posterior porque falló en velar y orar. La batalla espiritual a menudo se gana o se pierde antes de que llegue la crisis.
Yo oro para que cada uno de nosotros pueda luchar espiritualmente para hacer la voluntad de Dios, como lo hizo Jesús. Que velemos y oremos para no caer en la tentación. Y que busquemos siempre la voluntad de Dios en nuestras vidas a través del estudio bíblico y la oración. Y que de esta forma, el Señor nos fortalezca espiritualmente y nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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