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2 Samuel 20:1 - 21:22
20:1 Aconteció que se hallaba allí un hombre perverso que se llamaba Seba hijo de Bicri, hombre de Benjamín, el cual tocó la trompeta, y dijo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad con el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!20:2 Así todos los hombres de Israel abandonaron a David, siguiendo a Seba hijo de Bicri; mas los de Judá siguieron a su rey desde el Jordán hasta Jerusalén.
20:3 Y luego que llegó David a su casa en Jerusalén, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y las puso en reclusión, y les dio alimentos; pero nunca más se llegó a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron, en viudez perpetua.
20:4 Después dijo el rey a Amasa: Convócame a los hombres de Judá para dentro de tres días, y hállate tú aquí presente.
20:5 Fue, pues, Amasa para convocar a los de Judá; pero se detuvo más del tiempo que le había sido señalado.
20:6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora más daño que Absalón; toma, pues, tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle para sí ciudades fortificadas, y nos cause dificultad.
20:7 Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos y todos los valientes; salieron de Jerusalén para ir tras Seba hijo de Bicri.
20:8 Y estando ellos cerca de la piedra grande que está en Gabaón, les salió Amasa al encuentro. Y Joab estaba ceñido de su ropa, y sobre ella tenía pegado a sus lomos el cinto con una daga en su vaina, la cual se le cayó cuando él avanzó.
20:9 Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Te va bien, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo.
20:10 Y Amasa no se cuidó de la daga que estaba en la mano de Joab; y éste le hirió con ella en la quinta costilla, y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle un segundo golpe. Después Joab y su hermano Abisai fueron en persecución de Seba hijo de Bicri.
20:11 Y uno de los hombres de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que ame a Joab y a David, vaya en pos de Joab.
20:12 Y Amasa yacía revolcándose en su sangre en mitad del camino; y todo el que pasaba, al verle, se detenía; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura.
20:13 Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri.
20:14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también.
20:15 Y vinieron y lo sitiaron en Abel-bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad, y quedó sitiada; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla.
20:16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oíd, oíd; os ruego que digáis a Joab que venga acá, para que yo hable con él.
20:17 Cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo.
20:18 Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían decir: Quien preguntare, pregunte en Abel; y así concluían cualquier asunto.
20:19 Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel; pero tú procuras destruir una ciudad que es madre en Israel. ¿Por qué destruyes la heredad de Jehová?
20:20 Joab respondió diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que yo destruya ni deshaga.
20:21 La cosa no es así: mas un hombre del monte de Efraín, que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David; entregad a ése solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será arrojada desde el muro.
20:22 La mujer fue luego a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y se la arrojaron a Joab. Y él tocó la trompeta, y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén.
20:23 Así quedó Joab sobre todo el ejército de Israel, y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos,
20:24 y Adoram sobre los tributos, y Josafat hijo de Ahilud era el cronista.
20:25 Seva era escriba, y Sadoc y Abiatar, sacerdotes,
20:26 e Ira jaireo fue también sacerdote de David.
21:1 Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos. Y David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas.
21:2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló. (Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del resto de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento; pero Saúl había procurado matarlos en su celo por los hijos de Israel y de Judá.)
21:3 Dijo, pues, David a los gabaonitas: ¿Qué haré por vosotros, o qué satisfacción os daré, para que bendigáis la heredad de Jehová?
21:4 Y los gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros querella sobre plata ni sobre oro con Saúl y con su casa; ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis, haré.
21:5 Ellos respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros para exterminarnos sin dejar nada de nosotros en todo el territorio de Israel,
21:6 dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos delante de Jehová en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehová. Y el rey dijo: Yo los daré.
21:7 Y perdonó el rey a Mefi-boset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento de Jehová que hubo entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl.
21:8 Pero tomó el rey a dos hijos de Rizpa hija de Aja, los cuales ella había tenido de Saúl, Armoni y Mefi-boset, y a cinco hijos de Mical hija de Saúl, los cuales ella había tenido de Adriel hijo de Barzilai meholatita,
21:9 y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante de Jehová; y así murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron muertos en los primeros días de la siega, al comenzar la siega de la cebada.
21:10 Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche.
21:11 Y fue dicho a David lo que hacía Rizpa hija de Aja, concubina de Saúl.
21:12 Entonces David fue y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los filisteos, cuando los filisteos mataron a Saúl en Gilboa;
21:13 e hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y recogieron también los huesos de los ahorcados.
21:14 Y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Zela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey había mandado. Y Dios fue propicio a la tierra después de esto.
21:15 Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel, y descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se cansó.
21:16 E Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David;
21:17 mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel.
21:18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos; entonces Sibecai husatita mató a Saf, quien era uno de los descendientes de los gigantes.
21:19 Hubo otra vez guerra en Gob contra los filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, mató a Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como el rodillo de un telar.
21:20 Después hubo otra guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro por todos; y también era descendiente de los gigantes.
21:21 Este desafió a Israel, y lo mató Jonatán, hijo de Simea hermano de David.
21:22 Estos cuatro eran descendientes de los gigantes en Gat, los cuales cayeron por mano de David y por mano de sus siervos.
UNA MUJER SABIA SALVA A SU CIUDAD
UNA MUJER SABIA SALVÓ A SU CIUDAD
Palabra: 2 Samuel 20-21
V, clave 20:22 “En seguida la mujer se dirigió a todo el pueblo con tanta sabiduría, que ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri y se la arrojaron a Joab. Tocó él la trompeta y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda; mientras, Joab regresó a Jerusalén, junto al rey.”
Buenos Días. Ya casi acabamos nuestro viaje del libro Samuel. La semana pasada aprendimos el corazón de Dios hacia un pecador mediante el llanto de David hacia su hijo Absalón. Parecía que se acabó la rebelión. Pero aún no. Cuando terminó la rebelión de Absalón, se levantó otra rebelión posiblemente más grave para el reino de David.
Por esa rebelión una ciudad Abel se queda en peligro. Iba a la destrucción la ciudad sitiada. Pero esa ciudad se salva por una persona. Esta persona era una mujer ordinaria y sabia. Su valentía y sabiduría nos llaman atención a saber quién era ella. Oro que Dios nos ayude a aprender de dónde esa mujer pudo sacar su valentía y sabiduría.
Primero, la sublevación de Seba (20:1-13). David lloraba por la muerte de Absalón tras su rebelión. Dios hizo regresar a David a Jerusalén en su misericordia. En su regreso, los hombres de Judá y los de Israel disputaron quienes fueran los primeros para hacer volver al rey (19:41-43). Tras esta discusión muy violenta, un hombre perverso que se llamaba Seba, hombre de Benjamín tocó la trompeta y dijo “No tenemos parte con David, ni heredad con el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!” Abiertamente Seba se rebeló contra David y su reino. Él ni siquiera lo llamó el rey, sino ‘el hijo de Isaí’. Él menospreció a David y la unción de Dios sobre él. Por su influencia todos los hombres de Israel abandonaron a David para seguir a Seba (2ª). Esta rebelión pudiera hacer más daño al reino de David, porque provocaba una división grave entre las tribus de Israel (6ª).
David ordenó a Amasa a convocar las tropas de Judá para controlar la rebelión de Seba. Pero Amasa no pudo cumplir su misión y fue asesinado por Joab cruelmente (20:8-12). Joab tomó el control del ejercito nuevamente y se dirigió para controlar la rebelión.
Segundo, Una mujer sabia salva a su ciudad (20:14-22). Joab y su ejército llegaron a Abel-Bet-Maacá donde escondió Seba. Era una ciudad ‘Abel’ en región Bet-Maaca. Abel-Bet-Maacá fue una ciudad estratégica en el norte de Israel debido a su ubicación cerca de la frontera con Siria y Líbano. Y fue un punto de encuentro para las tribus del norte de Israel.
Joab y su ejército vinieron y sitiaron en Abel-bet-maaca y pusieron baluarte contra la ciudad (20: 15ª). Todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla. Según la ley, Joab primero tenía que proclamar la paz antes de combatir una ciudad (Dt 20:10). Pero Joab se apresuró para derribar la muralla de la ciudad, aunque era una ciudad de Israel. ¡Cuán desesperada habría sido esta ciudad!
Pero ¿Qué sucedió en este momento tan crucial? Vamos a leer el verso 16. “Entonces, una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: “Oíd, oíd; os ruego que digáis a Joab que venga acá, para que yo hable con él”. Se levantó y alzó su voz no un hombre fuerte, sino una mujer sin nombre. Ella atrevió a llamar a Joab para hablar con él. ¡Qué valiente es esta mujer! Joab se acercó a la ciudad y la escuchó. Finalmente Joab retrocedió y le dijo a ella que lo que él buscaba era un solo hombre, Seba. Y ella persuadió a todo el pueblo con tanta sabiduría y le arrojaron su cabeza a Joab. Así la paz llegó tanto a su ciudad como al reino de David.
Aquí tenemos que fijarnos a esta mujer.
Uno, ella era una mujer ordinaria, pero valiente (16-17). La Biblia no dice de su nombre, sino solo ‘una mujer sabia’. Ella era no era una mujer distinguido en la ciudad. Era una mujer ordinaria. Parece que el pueblo de Abel no entendía muy bien por qué Joab iba a destruir su ciudad. Era un momento de terror y desesperación. No era fácil que una mujer pudiera hacer algo para la salvación de su ciudad. Pero esta mujer, aunque era una mujer ordinaria, tuvo valentía extraordinaria a llamar al comandante del ejército y abrió la puerta a conversar con él.
La obra esperanzadora comienza por valentía. Dios usa tal valentía, sin importar el género de uno. Somos hombres y mujeres ordinarios. Además somos débiles, deficientes y muy limitados. Sentimos impotentes humanamente en una situación en peligro. Pero cuando miramos al Dios y nos arrodillamos en oración, él nos da una valentía extraordinaria. Y Dios nos pone como hombre y mujer sabios que puedan cambiar la situación. Es lo que testificamos muchas veces en su gracia. Oro que Dios nos ponga como esta mujer sabia en nuestro hogar, iglesia y ciudad. Amén.
Dos, ella era fiel y pacífica a Jehová (18-21). ¿De dónde obtuvo esa valentía esta mujer sabia? Vamos a leer los versos 18-19. “Volvió ella a hablar y dijo: Antiguamente solían decir: “Quien pregunte, que pregunte a los de Abel.” Y así concluían cualquier asunto. / Somos de las más pacíficas y fieles ciudades de Israel. ¡Y tú procuras destruir una ciudad que es madre en Israel! ¿Por qué destruyes la heredad de Jehová?” Ella le recordó a Joab que Abel era la ciudad de los sabios tal cómo ella. Así ella le hace prestar atención a su hablar. Ella declaró que Abel es una de las más pacíficas y fieles ciudades de Israel y heredad de Jehová. Aún ella le regaño a Joab, diciendo “¿Por qué destruyes la heredad de Jehová?” Su argumento puso a Joab alerto en temor a Jehová y le hizo detener su ataque agresivo a la ciudad. Joab le propuso que entregara a Seba para retirar de la ciudad.
Cuando ella dijo ‘somos de las más pacíficas y fieles ciudades de Israel’, quiso decir que ella misma es una mujer pacífica y fiel a Dios. La valentía de ella provino de esta vida ‘pacífica y fiel a Jehová’. Cuando ella tuvo esta relación con Dios en su vida, fue tan valiente ante la ciudad y todo ejercito de Joab.
Tres, ella era sabia (22). Aunque ella persuadió a Joab, ella tenía que arriesgar su vida para entregar a Seba quien tenía a sus seguidores en la ciudad. Pero ¿cómo ella salvó su ciudad? Vamos a leer el verso 22. “En seguida la mujer se dirigió a todo el pueblo con tanta sabiduría, que ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri y se la arrojaron a Joab. Tocó él la trompeta y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda; mientras, Joab regresó a Jerusalén, junto al rey.” Ella en seguida se dirigió a todo el pueblo con tanta sabiduría. ‘tanta sabiduría’ implica que no era fácil persuadir y convencer al pueblo. Seba tenía a sus seguidores y tal vez si ella no logra persuadir la ciudad, pudiera morir por la mano de Seba. Pero ella con paciencia y con toda sabiduría logró a convencer el pueblo y a entregar a Seba a Joab.
Sin duda ella habría persuadido la ciudad que David es el ungido de Jehová y su ciudad debe sujetarse a la voluntad de Dios hacia con David. Además ella y su ciudad habría reconocido cómo eran tan valientes los de Joab en combate. De todas maneras por sus muchas sabiduría ella salvó a su ciudad y trajo paz al reino de David según la voluntad de Jehová.
Esta mujer sabia nos hace recordar la palabra. “La blanda respuesta quita la ira (Prov 15:1a)”. “Tomó el sabio la ciudad de los fuertes y derribó la fuerza en que ella confiaba (Prov 21:22)”. También recordamos que una mujer Abigail con su sabiduría persuadió a David a no derramar sangre y salvó a todos los varones de su casa (1 Sam 25:23-31). También recordamos de Rahab por su temor a Jehová y sabiduría salvó toda su casa de la destrucción de su ciudad Jericó (Jos 2). Así en la Biblia aparecen mujeres sabias que salvaron la vida por su sabiduría y fe.
Dios busca a una persona sabia para salvar a una ciudad. “«Recorred las calles de Jerusalén, mirad ahora e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis un solo hombre, si hay alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo lo perdonaré.” (Jeremías 5:1)
¿Cómo podemos ser tales hombres y mujeres que salva a su cuidad o las almas perdidas? Lo común entre esa mujer sabia y nosotros es que somos personas comunes y ordinarias. Pero podemos ser personas pacíficas y fieles a Dios como lo era ella. Cuando llevamos una buena relación con Dios y nos hacemos su heredad, de él proviene toda valentía y sabiduría para salvar la ciudad.
Jesús nos hace pacíficas y fieles a nuestro Dios. En su sangre, cada vez más nos hace pacíficas y fieles a nuestro Dios. En Jesús adquirimos la sabiduría que necesitamos. Simón Pedro era un pescador sin educación. Pero en Jesús, él se hizo un gran predicador hasta hacer arrepentirse 3 mil personas a la vez. Y escribió su epístola de mucha sabiduría. Apóstol Pablo confesó así. Colosenses 2:2-3 “Lucho para que sean consolados sus corazones y para que, unidos en amor, alcancen todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo, / en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”
La valentía verdadera y toda sabiduría viene de Dios cuando nos hacemos pacíficas y fieles a él en Cristo. En Cristo Jesús Dios seguramente nos hace mucho más valientes y sabios que esa mujer sabia. Oro que Dios use nuestra vida ordinaria para que seamos instrumentos preciosos de Dios para su obra de salvación en Cristo como esta mujer sabia.
En capítulo 21, se dice que hubo hambre en los días de David durante tres años consecutivos. Jehová dijo a David que el hambre vino por causa de Saúl quien no guardó el pacto entre los israelitas y los gabaonitas cuando los Israelitas iban conquistando la tierra de Canaán. Saúl ignoró el juramento que hizo Israel con los gabaonitas ante Jehová. Dios busca su pago a la desobediencia de uno, tarde o temprano. Por la solicitud de los gabaonitas, los siete hijos de Saúl murieron ahorcados y Dios fue propicio a la tierra después de esto (21:14b).
Conclusión, Dios usó a una mujer ordinaria y sabia para salvar a su ciudad. De igual manera Dios usará nuestra vida ordinaria cuando tengamos una vida pacífica y fiel a él en Cristo Jesús. En Jesús seremos verdaderamente hombres y mujeres sabios si le seguimos con todo corazón. Oro que Dios nos use como esa mujer sabia a salvar a nuestra familia y nuestra ciudad. Amén.
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M. Marcos Kim (AR)
( 20 de noviembre de 2020 )
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