Mateo 24:15-31

24:15 Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),
24:16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.
24:17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa;
24:18 y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.
24:19 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!
24:20 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;
24:21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.
24:22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
24:23 Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.
24:24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.
24:25 Ya os lo he dicho antes.
24:26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis.
24:27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.
24:28 Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.
24:29 E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.
24:30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
24:31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE


Buenos días. La semana pasada aprendimos que este Discurso o Sermón del Monte de los Olivos se originó por la pregunta tripartita de los discípulos en el v.3: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” Aprendimos también que los vv. 4-14 parecen ser la respuesta de Jesús a la última parte de esa pregunta: ¿Qué señal habrá del fin del siglo? Allí, el Señor les dio diez señales del fin de la era presente. Y vimos que esas señales se están cumpliendo y que, por tanto, el fin está cerca. Así que debemos estar preparados para recibir al Rey y perseverar en nuestra fe hasta el fin. Oro para que cada uno de nosotros persevere hasta el fin, y que mientras llegue el Señor prediquemos el evangelio a tiempo y fuera de tiempo, especialmente en la Universidad de Panamá, nuestro campo de misión. Y que el Señor nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

El pasaje bíblico de hoy parece ser la respuesta de Jesús a la segunda parte de la pregunta: ¿Qué señal habrá de tu venida? Veremos las señales que Jesús da para Su Segunda Venida como el Hijo del Hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y mi oración es que a través de este mensaje nuestro corazón se llene de esperanza por la Segunda Venida del Señor. Que podemos anhelar con todo nuestro corazón el regreso de nuestro Salvador para instaurar definitivamente el Reino de Dios en la Tierra y que clamemos a viva voz: ¡Amén! ¡Sí, ven Señor Jesús! 

I.- La abominación desoladora y la gran tribulación (15-22)

Leamos juntos el v.15 por favor. Jesús continúa Su respuesta haciendo referencia a la abominación desoladora en el lugar santo de la que habló Daniel en Dan. 9:27, 11:31 y 12:11. La abominación desoladora en el lugar santo podría entenderse, como la definen Arndt y Gingrich: “como algo detestable que causará la desolación del lugar santo”. En realidad, esta profecía se cumplió en el año 168 a.C. cuando Antíoco IV Epífanes, rey de Siria, invadió Jerusalén y profanó el templo, colocando una estatua de Zeus Olímpico y sacrificando un cerdo a este dios en el altar del continuo sacrificio. Su propósito era erradicar el judaísmo e introducir en Judea la religión y la manera de vivir griega. Esta fue la abominación desoladora que provocó la rebelión de los Macabeos. 

Pero Jesús está hablando de un cumplimiento futuro de esta profecía también. De hecho, hay dos eventos del futuro que serían también abominaciones desoladoras, en el sentido de que el templo sería profanado otra vez. Uno, sería la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.; y el otro, al final de los tiempos, cuando el Anticristo levante una estatua de la bestia y ordene que todos la adoren (Apo. 13:14-15). Como les he dicho antes, algunos interpretan que los vv. 15-22 se refieren exclusivamente al asedio y la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Pero en realidad podemos ver que todo este pasaje bíblico tiene un doble cumplimiento, primero en la destrucción de Jerusalén; y después, también, al final de los tiempos.

El asedio de Jerusalén fue uno de los más terribles de la historia. Jerusalén era, sin duda, una ciudad difícil de tomar, ya que era una ciudad amurallada sobre una montaña. Así es que cuando el ejército romano decidió tomarla, tuvo que asediarla durante meses, esperando que el hambre acabase con la gente dentro de la ciudad y que los grandes arietes que trajeron pudiesen abrir un boquete en algún lugar del muro. De hecho, el asedio empezó con el general Vespasiano, quien tuvo que regresar a Roma para tomar el título de emperador; y terminó con su hijo Tito, quien finalmente tomó la ciudad, quemándola y destruyendo todo a su paso.

Jesús está advirtiendo aquí acerca de este asedio y aconsejando a sus discípulos cómo actuar cuando viesen el cumplimiento de estas cosas. Leamos juntos los vv. 16-22 por favor. En lugar de usar la figura de la abominación desoladora, Luc. 21:20 dice claramente: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.” Y los siguientes versículos son bastantes similares a los que acabamos de leer. Así que aquí Jesús advierte a sus seguidores, diciéndoles qué hacer cuando vieran los ejércitos alrededor de Jerusalén. El consejo que da es totalmente contrario a la lógica de la reacción típica ante un ejército invasor en aquella época. En el mundo antiguo, en el caso de una invasión, la gente dejaba sus casas y posesiones y huía en busca de refugio a una ciudad amurallada como Jerusalén. Este es precisamente el motivo por el que había muros alrededor de las ciudades en la antigüedad. Se construían como una defensa contra los invasores.

Cuando Jesús pronunció estas palabras, los muros de Jerusalén medían 45m de alto. Cuando los romanos atacaron Jerusalén, tuvieron que sitiar la ciudad, e incluso con su poder militar, traspasar aquellos muros les pareció una tarea titánica. El sitio duró varios meses, tanto que al final de la lucha, al Monte de los Olivos ya no le quedaba ningún olivo. Los soldados romanos acampados en el monte habían cortado todos los árboles y los habían quemado para calentarse.

Por eso Jesús les dijo que cuando viesen la llegada de los ejércitos, no fuesen a la ciudad, ni se regresasen a buscar nada. “Huyan a los montes”. Los judíos no siguieron estos consejos de Jesús y al ver el ejército romano se acuartelaron en la ciudad de Jerusalén. Así que cuando Jerusalén cayó y la ciudad fue destruida, más de un millón de personas fueron muertas. Pero los cristianos siguieron el consejo de Jesús y huyeron a los montes y se salvaron. Acerca de esto comenta Eusebio de Cesarea: “Sin embargo, el cuerpo total de la iglesia de Jerusalén habiendo recibido órdenes por revelación divina dada a hombres de reconocida piedad, se trasladó de la ciudad y residió en un cierto pueblo del otro lado del Jordán, llamado Pella.”

Por su parte, el historiador judío Flavio Josefo documentó como testigo presencial los días terribles del asedio y el hambre: “Entonces se extendió el hambre por doquier, y devoró a la gente por casas y familias enteras. Los aposentos altos estaban llenos de mujeres y de niños que se morían de hambre; y las callejas de la ciudad estaban llenas de cadáveres de ancianos; también los niños y los jóvenes vagaban por los mercados como sombras, hinchados por el hambre, y caían muertos donde los pillaba su miseria. En cuanto a enterrarlos, los que estaban enfermos no podían hacerlo, y los que estaban algo mejor de ánimo tenían miedo de hacerlo por la gran multitud de cadáveres y por la incertidumbre que tenían de lo pronto que morirían ellos mismos, porque muchos morían mientras estaban enterrando a otros, y muchos acababan en el ataúd antes de que les llegara la hora fatal. Tampoco se hacía ningún duelo por aquellas calamidades, ni se oían endechas […] Un profundo silencio, y una especie de noche mortal, se cernían sobre la ciudad y cada uno moría con la mirada fija en el templo” (Guerras de los judíos, 5.12.3). También cuenta la historia macabra de una mujer que en aquellos días mató, asó y se comió a su propio bebé (6.3.4). Josefo reporta que 97,000 personas fueron llevados cautivos como esclavos, y 1,100,000 murieron en ese asedio.

Esta gran tragedia hace que muchos interpreten que esta es la gran tribulación de la que se habla en el v.24. Y aunque aquel tiempo fue ciertamente de gran tribulación para los judíos, vendría una tribulación aún peor para ellos después, el Holocausto. Si bien el asedio y destrucción de Jerusalén fue terrible, el holocausto fue aún peor. Los académicos, las agencias gubernamentales y las organizaciones judías han calculado el número de judíos asesinados por los nazis, en unos seis millones. Este trágico período de la historia vio la pérdida de seis millones de vidas judías en Europa a manos del régimen nazi de Adolf Hitler. Para que podamos dimensionar este genocidio, la población judía en Europa en 1933 era de nueve millones, lo que significa que al final del Holocausto, se asesinaron a dos terceras partes de ellos.

Y, sin embargo, el Holocausto tampoco fue la gran tribulación. Viene todavía un tiempo de “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora”. Si esos tiempos que les he descrito han sido terribles, ¿pueden imaginar cuán terrible será esta gran tribulación? Pero, no tenemos que preocuparnos por ello, ni sentirnos ansiosos. Dios está en control de todas las cosas. Y acortará aquellos días por causa de los escogidos.

Hay diversas posturas con respecto a si la Iglesia sufrirá o no la gran tribulación. Están los pre-tribulacionistas que dicen que Jesús raptará la Iglesia antes de la gran tribulación. Están los mid-tribulacionistas que dicen que Jesús raptará a la Iglesia en medio de la gran tribulación, así que solo sufrirán una parte. Y están los post-tribulacionistas que dicen que la Iglesia pasará por la gran tribulación. El v.22 parece apoyar esta última postura. Aunque los detractores lo interpretan de otra manera.

 Honestamente, es muy difícil apoyar tajantemente una postura. Todas ellas tienen pasajes bíblicos en que se apoyan y explicaciones para los otros pasajes. Yo mismo me he situado en uno y otro bando a lo largo de mi vida de fe. Pero lo que sí les puedo decir con certeza es que si fuese la voluntad de Dios que Su Iglesia pasase por la gran tribulación, podemos recordar las palabras del apóstol Pablo en Rom. 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Y un poco más adelante: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Rom. 8:37-39). Así que, sea cual fuere la voluntad de Dios, perseveremos hasta el fin confiando en Sus promesas. Amén.

Podemos ver entonces que Jesús, al hablar del fin de los tiempos, enfocaba a la vez acontecimientos cercanos y futuros, como lo hacían los profetas del Antiguo Testamento. Muchas de estas cosas ya han acontecido o están sucediendo como aprendimos la semana pasada, y muchas están todavía por venir. Pero Dios está en control de todas las cosas y ya nos ha advertido acerca de ellas. Él no olvidará a Su pueblo. Esto es todo lo que necesitamos saber acerca del futuro para alentarnos a vivir en santidad hoy. Sigamos corriendo con paciencia esta carrera de la fe, “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. (Tit. 2:13). Amén.    

II.- Las señales de la venida del Hijo del Hombre (23-31)

Leamos juntos los vv. 23-25. Jesús advierte nuevamente a Sus discípulos acerca de los falsos cristos y falsos profetas que vendrán incluso haciendo grandes señales y prodigios para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. Ya hemos visto cuán serio ha sido este tema a lo largo de la historia y cuán serio es aún hoy en día. Especialmente, la aparición de falsos profetas. Hoy en día hay muchos por allí, supuestamente predicando la Palabra de Dios, pero al examinarlos bien, se ve que muchos mensajes atractivos y entretenidos no están de acuerdo con el mensaje de Dios en la Biblia. Y para poder discernir la mentira entre la verdad hace falta conocer bien la Biblia. Debemos amar la Palabra de Dios y estudiarla profundamente, con oración, y también leyendo los comentarios de maestros bíblicos reconocidos. No nos dejemos engañar por sermones entretenidos ni por huecas filosofías humanistas y positivistas. Aun si pareciese que hacen milagros y señales. Prestemos el oído solamente a los maestros y predicadores cuyos mensajes son extraídos de la Biblia, y no aquellos que utilizan un versículo bíblico para dar su propio mensaje u opinión. Esto es tan importante que Jesús lo dice dos veces en este discurso. “Mirad que nadie os engañe.” (v.4)

Leamos ahora juntos los vv. 26-28. Jesús llama a sus seguidores a no ir a buscar al Cristo en lugares apartados (desiertos) u ocultos (aposentos). El Mesías no vendría de forma oculta o secreta, sino que como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Todos lo verán llegar. Será indiscutible que es Él. Así como se sabe, aun desde lejos, que hay un animal muerto en un lugar cuando se ve a un grupo de águilas (o en el caso de Panamá, de gallotes) revoloteando en el cielo y descendiendo en un sitio, de igual forma, el regreso de Cristo será claramente evidente, de cerca y de lejos. “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” (Apo. 1:7).

Entonces, aquí Jesús habla directamente de Su Segunda Venida. Pero en el Nuevo Testamento no se usa nunca la frase “Segunda Venida”. La palabra griega que usa para describir la vuelta de Cristo en gloria es Parousía. Esta palabra se ha transliterado al español y a otras lenguas como un sinónimo de la Segunda Venida de Jesús. Es muy corriente en el resto del Nuevo Testamento, pero en los evangelios este es el único lugar en que aparece (en los vv. 3, 27, 37, 39). Lo interesante es que es la palabra griega corriente para la llegada de un gobernador a su provincia, o de un rey a sus súbditos. Describe una llegada en autoridad y en poder, o como dice el v.30: “con poder y gran gloria”. 

Y Jesús habla aquí de Su Segunda Venida como la venida del Hijo del Hombre. Este es un título mesiánico derivado de la profecía de Dan. 7:13-14: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” Los judíos esperaban al Hijo del Hombre que venía con autoridad divina a establecer el reino de Dios en todo el mundo. Y eso es lo que Jesús hará en Su Segunda Venida. Así que por eso se asocia a Sí mismo con esta profecía para que Sus discípulos entendiesen que Su Segunda Venida sería con autoridad, poder y gloria.

Leamos juntos el v.29 por favor. Pero antes de Su Segunda Venida, Jesús predice que habrá un gran cataclismo cósmico en el que “el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas”. Algunos, como William MacDonald, interpretan esto literalmente. Él dice: “Al finalizar la Gran Tribulación habrá terribles conmociones en el cielo. El sol se oscurecerá, y por cuanto la luz de la luna es sólo un reflejo de la del sol, la luna no dará su resplandor. Las estrellas caerán del cielo y los planetas se saldrán de sus órbitas. Es innecesario decir que estas vastas convulsiones cósmicas afectarán al clima, las mareas y las estaciones de la tierra.” Los que interpretan así, entienden que esta será la Segunda Venida de Jesús para acabar con este mundo y establecer o el reino milenial o el reino de definitivo de Dios, dependiendo de su interpretación del milenio.

Otros, como R.C. Sproul, interpretan esto como un lenguaje apocalíptico figurativo. Sproul comenta: “En la profecía del Antiguo Testamento hay un útil patrón que queda demostrado en los capítulos 13 y 14 de Isaías. Allí leemos vívidas descripciones del juicio divino sobre Babilonia y Edén que efectivamente aconteció en la historia. Cuando los profetas describían el juicio de Dios, decían cosas como: ‘Ese día las estrellas y los luceros de los cielos no darán su luz; el sol se oscurecerá al amanecer, y la luna no dará su resplandor’ (Isaías 13:10), y ‘Se vendrá abajo todo el ejército de los cielos, como cuando se caen las hojas de las parras y de las higueras, y los cielos mismos se enrollarán como un pergamino’ (Isaías 34:4). Suena muy similar al lenguaje de Jesús, ¿verdad?” Su punto aquí es que el juicio a Babilonia ocurrió y el sol, la luna y las estrellas siguieron brillando. Y el cielo no se enrolló como un pergamino, ¿cierto? Así que entiende que “el lenguaje del juicio divino suele comunicarse con metáforas [… y] Jesús emplea el mismo tipo de lenguaje cuando advierte a sus seguidores sobre lo que está por venir.”

Otra vez, no hay manera de zanjar esto definitivamente. Francamente podría ser uno u otro. Honestamente, me convence más la interpretación del Dr. Sproul, pero no puedo descartar un cataclismo cósmico en el que Dios limpie y reordene el Universo. Lo importante es saber que Jesús cumplirá las profecías en Su Segunda Venida y cambiará completamente el orden del mundo y de todo el Universo para establecer definitivamente el Reino de Dios.

Leamos ahora juntos los vv. 30-31. No es claro lo que Jesús quiso decir con “la señal del Hijo del Hombre”. Podrían ser algunas señales visibles antes de la Segunda Venida. O podría ser que la aparición del Hijo del Hombre en el cielo es la señal de que ha llegado el fin; en cuyo caso sería el cumplimiento de Dan. 7:13-14. Yo me inclino por esta última. Entendiendo que Él aparecerá visiblemente en el cielo, viniendo en las nubes, con poder y gran gloria para reunir a Sus escogidos de todos los rincones de la Tierra y establecer el reino de Dios. Nuevamente hay aquí un lenguaje altamente apocalíptico, juntándose profecías como la de Dan. 7:13-14, de la que ya hablamos, Zac. 12:12 e Isa. 27:13. Y estos versículos se repiten en Apo. 1:7, que también les había citado ya.

¡Maranatha! ¡El Señor viene! Y viene sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria para establecer el Reino de Dios. ¿Estás preparado para Su venida? Yo oro para que cada uno de nosotros pueda estar preparado, arrepintiéndonos de nuestros pecados, aceptando a Jesús como nuestro Señor y Salvador, naciendo de nuevo, y viviendo en santidad, obedeciendo Su Palabra. Que no lamentemos con las naciones de la Tierra que no le han aceptado, sino que nos alegremos y nos regocijemos con Su venida. Que digamos junto con el Espíritu: “Ven”. “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” (Apo. 22:17,20).

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