Mateo 22:15-22
22:15 Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra.22:16 Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.
22:17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?
22:18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?
22:19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.
22:20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?
22:21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
22:22 Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.
A CÉSAR LO QUE ES DE CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS
Buenos días. Doy gracias a Dios por todo lo que nos permitió vivir y aprender desde noviembre hasta ahora: Nuestra Convivencia: “Y Vimos Su Gloria”, nuestro Culto Especial de Acción de Gracias, nuestro Culto Especial por el Día de las Madres, nuestro Culto Especial de Navidad, la Santa Cena, la Lectura Especial de Año Nuevo de 2024 con el versículo clave de UBF: “Tened Fe en Dios”, y nuestra Conferencia de Coordinadores en Colombia. ¡Gloria a Dios por tantas bendiciones!
Ahora es tiempo de retomar nuestras lecturas en el Evangelio de Mateo. Con el favor de Dios en unos pocos meses terminaremos este libro y nos embarcaremos en una nueva aventura bíblica después de dos años. Pero todavía nos quedan importantes lecciones por aprender en Mateo. Y el día de hoy veremos la sabiduría de Jesús en acción y aprenderemos una lección fundamental para nuestras vidas: Debemos cumplir tanto con nuestras responsabilidades civiles como con las religiosas. Y, de hecho, para ser buenos cristianos, necesitamos ser buenos ciudadanos. No podemos ser buenos cristianos si no somos buenos ciudadanos.
Yo oro para que a través de este mensaje podamos aprender cómo podemos dar a César lo que es de César y a Dios los que es de Dios. Y que nos propongamos ser ciudadanos y cristianos ejemplares en nuestra comunidad. Que la gente pueda ver a Jesús reflejado en cada área de nuestras vidas y Dios pueda ser glorificado en cualquier lugar en que nos encontremos. Y que de esta manera Dios pueda usarnos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.
I.- Dad, pues, a César lo que es de César (15-21b)
Leamos juntos v.15 por favor. En los pasajes bíblicos previos a este, aprendimos tres parábolas que Jesús les enseñó a los fariseos y a la gente que estaba reunida en el Templo. En las primeras dos parábolas Jesús condena la actitud de rechazo de los judíos hacia Él. Primero, con la parábola de los dos hijos, comparando a los fariseos con un hijo desobediente que le dice al padre que sí irá a trabajar en la viña, pero que después no va. Y luego, con la parábola de los labradores malvados, comparando a los fariseos con unos labradores que se apoderaron de la viña de su Señor y mataron a sus siervos y a Su Hijo. Al final de estas dos parábolas nos dice Mateo: “Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.” (Mat 21:45-46).
Esto nos lleva al principio del pasaje bíblico de hoy. Recuerden que estos eventos ocurren después de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y de la purificación del Templo. Los fariseos estaban molestos por las acciones y enseñanzas de Jesús, y consultaron cómo podrían sorprenderle en alguna palabra. Interesantemente, la palabra griega que aparece aquí “pagideúo”, y que se traduce como “sorprenderle”, no se halla en ninguna parte en el griego clásico. Es un término de cacería, que significa “tender una trampa”. Los fariseos estaban buscando la forma de tender una trampa a Jesús para sacarlo de la escena, bien sea metiéndole preso o al menos desacreditándolo delante de la gente.
Veamos que ardid tramaron. Leamos juntos el v.16a. Increíblemente, ¡los fariseos se aliaron con los herodianos para tenderle una trampa a Jesús! Esto es increíble porque no puedo pensar dos más grupos más opuestos que estos. Los fariseos era un grupo religioso celoso por guardar la Ley hasta en el más mínimo detalle. Ellos no estaban interesados en la política como los saduceos. En cierta forma, no les importaba mucho quién gobernara, siempre y cuando les permitieran practicar su religión a gusto. En cambio, los herodianos parecen ser un partido político que apoyaba el gobierno de los herodes, y que no les importaba para nada comprometer la religión judía con tal de mantenerse en el poder. Los herodes eran vasallos de Roma. La dinastía herodiana había sido puesta en el poder en Israel por Roma. Y al pueblo judío no le agradaba eso tampoco porque Herodes “el Grande” no era judío sino Idumeo. Por eso para congraciarse con los judíos, él restauró y amplió majestuosamente el Templo de Jerusalén.
Pero estos dos grupos dejaron de lado sus diferencias y se aliaron para tratar de sacar de escena a un enemigo común. Los fariseos no querían que Jesús les siguiese restando autoridad ante el pueblo, y los herodianos querían evitar que hubiese una revuelta mesiánica que pusiera en riesgo el gobierno de los herodes en Israel. Recordemos que ya Judea estaba bajo el control del Procurador romano Poncio Pilato a causa de las revueltas judías, así que los herodianos no querían perder más territorio o si era posible querían que la dinastía herodiana volviese al poder en Judea.
Leamos ahora juntos el v.16b por favor. Los discípulos de los fariseos y los herodianos vinieron a Jesús con palabras aduladoras. Ellos trataban de hacer que Jesús se sintiese halagado y bajase la guardia, respondiendo complacientemente la pregunta que ellos le iban a hacer. Sugirieron que Jesús siempre decía la verdad y no se cuidaba de nadie, esperando que Jesús se sintiese halagado y hablara sinceramente su opinión sin importar las consecuencias. De esta manera ellos esperaban que Él mismo se hiciera culpable de una acusación por medio de una declaración incauta. Se nota que no conocían para nada al Maestro. Él no comprometería ni suavizaría la verdad porque se Le halagase. Tampoco sería tan tonto para dejarse engañar por algunos halagos que estos políticos pudiesen darle.
¿Cuál era la pregunta trampa que ellos querían hacer? Leamos juntos el v.17 por favor. Ellos querían saber la opinión de Jesús si era lícito o no dar tributo a César. Lícito aquí no se refiere a legal. Obviamente, era legal hacerlo porque el César mismo había ordenado el tributo. La pregunta de los herodianos era si estaba permitido por la Ley de Dios dar tributo a un gobernador pagano. William Barclay afirma que había tres impuestos regulares. Estaba el impuesto del suelo, 10% de la producción de grano y 20% del aceite y el vino. Estaba el impuesto sobre la renta, 1% de los ingresos de un hombre. Y estaba el impuesto de capitación, pagado por todo hombre desde los 14 hasta los 65 años y toda mujer desde los 12 hasta los 65 años; este impuesto era de un denario al año. El impuesto que se menciona aquí era el de capitación, y lo podemos ver en la moneda del tributo mencionada más adelante. Según Carson, “Pagar este impuesto era la señal más obvia de sumisión a Roma… los zelotes afirmaban que el impuesto de capitación era una insignia de esclavitud a los paganos que deshonraba a Dios”. Así que la mayoría de los judíos estaba en desacuerdo con pagar este impuesto y lo pagaban de mala gana.
Por tanto, la pregunta que los herodianos Le hicieron a Jesús era un verdadero dilema, una tentación según Sus propias palabras en el v.18. Si contestaba como cualquier judío que no era lícito el pago del tributo, Le acusarían inmediatamente con los oficiales del Imperio Romano de sedición, y con toda seguridad sería arrestado. Pero si, en cambio, decía que era lícito el pago del tributo, Se desacreditaría a los ojos de la multitud y muy probablemente el pueblo dejaría de escucharle, y aún algunos de Sus discípulos podrían abandonarle, como Simón el zelote, por ejemplo. Los herodianos y los fariseos estarían pensando en ese momento que Le habían colocado la trampa perfecta. Parecía que Jesús estaba entre la espada y la pared.
Veamos cómo comenzó Jesús Su respuesta. Leamos juntos el v.18, por favor. Jesús conoce el corazón del hombre. Él sabía la intención de ellos con su pregunta. Ellos no tenían una curiosidad legítima por saber si estarían violando la Ley al pagar el tributo. Solo querían tenderle una trampa al Señor. Y Jesús les manifestó que sabía esto diciéndoles: “¿Por qué me tentáis, hipócritas?” Ellos eran hipócritas porque realmente no creían que Jesús era el Maestro, amante de la verdad que enseñaba con verdad el camino de Dios, como dijeron. Solamente decían estas palabras halagüeñas tratando de hacer que Jesús bajase la guardia. Además, a los herodianos no les importaba si estaba bien o no ante los ojos de Dios pagar el tributo, ellos lo pagarían si eso les permitía seguir teniendo una buena posición social como la que tenían.
Hoy en día también hay mucha gente hipócrita que viene cuestionando a Dios y la Biblia, y nos hacen preguntas acerca de contradicciones aparentes en el texto bíblico o en la persona de Dios. Preguntas como: “¿De dónde salió la esposa de Caín?” “Si Dios es realmente un Dios de amor, ¿por qué mandaría a alguien a sufrir en el infierno eternamente por no aceptar a Jesús?” Detrás de estas preguntas no hay una genuina curiosidad por conocer a Dios o por entender más profundamente Su Palabra, sino la hipocresía de decir que Dios no existe para no aceptar que son pecadores y que necesitan arrepentirse. Aunque respondiésemos todas sus preguntas, igualmente no creerían. Dios nos ayude a tener la sabiduría y amor para contestar este tipo de preguntas y orar por aquellos que nos las hacen para que también puedan conocer a Dios y alcanzar la salvación. Amén.
A pesar de que sabía que era una tentación, Jesús respondió la pregunta de ellos. Pero antes de responderla, les hizo una petición y una pregunta. Leamos juntos los vv. 19-21a, por favor. Jesús les pidió que Le mostrasen la moneda que se usaba para pagar el tributo, esto es un denario de plata. Y una vez que se la trajeron les preguntó, “¿De quién es esta imagen, y la inscripción?” Y ellos “le dijeron: De César”. En el denario de plata que se usaba para pagar el tributo estaba acuñada la imagen de Tiberio Augusto César, el emperador romano de ese momento. Y la inscripción en la moneda decía: “Tiberio César, hijo del divino, Augusto”. Así que la imagen y la inscripción eran del César. Esto lo usó Jesús como base para responder la pregunta de ellos.
Leamos juntos el v.21b. Acuñar moneda era una señal de soberanía. Tan pronto como un rey subía al trono acuñaba su propia moneda. Y esa moneda se consideraba propiedad del rey cuya imagen llevaba. Como la moneda llevaba la imagen del César, entonces le pertenecía a él, así que la respuesta de Jesús fue: “La moneda es del César, devuélvansela. Dadle a César lo que le pertenece” Los judíos gozaban de los beneficios que les ofrecía ser parte del imperio romano como: seguridad pública, había soldados romanos desplegados a lo largo y ancho del imperio para evitar la invasión de bárbaros y la proliferación de delincuentes; los sistemas de acueductos; las carreteras; entre muchos otros beneficios. Y para poder costear todo esto, eran necesarios los impuestos. Así que los judíos le debían esto al César y por eso debían pagar el tributo.
En Su inmensa sabiduría, Jesús nunca estableció reglas ni normas. Él establecía principios. Por eso Su enseñanza es atemporal, siempre vigente. Aquí está estableciendo un principio sumamente importante: Como cristianos debemos cumplir tanto con nuestros deberes civiles como con nuestros deberes religiosos. Todo cristiano tiene una doble nacionalidad. Es ciudadano de su país de nacimiento y/o residencia permanente. A ese país le debe muchas cosas. Le debe la seguridad frente a personas sin ley que solamente puede proveer un gobierno organizado; le debe todos los servicios públicos. Para poner un ejemplo, pocas personas son lo suficientemente ricas como para tener su propio sistema de iluminación, o de limpieza, o de provisión de agua potable. Estos son servicios públicos. Y todavía más: la educación pública, los hospitales públicos, la jubilación, entre otros. Esto coloca al cristiano en una deuda de obligación. Porque el cristiano es una persona de honor, debe ser un ciudadano responsable. El fallar como ciudadano es también fallar como cristiano. El cristiano tiene un deber para con el César en compensación por los beneficios que le aporta el gobierno del César.
Esto lo enseñaron también los apóstoles. Pablo escribe a los romanos: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.” (Rom. 13:7). Debemos pagar nuestros impuestos, sin importar si el gobierno se los roba. Nuestra responsabilidad es pagar el impuesto, y si no lo pagamos, rendiremos cuentas delante de Dios. Y el que se lo robe, rendirá también cuentas a Dios. También escribió el apóstol Pedro: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos […] Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.” (1Pe. 2:13-15,17). Debemos someternos a los gobernadores y orar por ellos como aprendimos en la lectura especial de 1Ti. 2:1-8 el año pasado. Todo esto es parte de dar a César lo que es de César.
Como cristianos debemos ser ciudadanos ejemplares. Debemos pagar nuestros impuestos. Cumplir con todos nuestros deberes civiles. No debemos tirar basura en la calle. Debemos respetar todas las leyes, incluidas las de tránsito. Y cuando haya elecciones, debemos ir a votar con mucha oración. Ahora que se avecinan las elecciones en mayo, oremos desde ya para que Dios le dé sabiduría y temor de Dios al pueblo para votar por un candidato que realmente ame al país y le quiera servir, y no por aquel que le compre el voto con una bolsa de comida o con un bono. Oremos por la misericordia de Dios para Panamá. Amén.
Personalmente, siempre he creído y aceptado este principio, e intento siempre ser un ciudadano ejemplar. Intento estar al día con mis obligaciones fiscales y con los servicios públicos. Trato de respetar las leyes en la medida de lo posible. Trato de sacar mi revisado y placa cuando me corresponde; y mantener todos mis documentos en regla. Intento respetar a los gobernantes, aunque por algún tiempo fue muy difícil respetar los gobiernos de Chávez y Maduro en Venezuela. No que ya sea perfecto; ni que ore y bendiga todo el tiempo a Maduro, pero al menos ya no lo maldigo, y entiendo que Dios sigue siendo Soberano y que por alguna razón permitió que ellos estuviesen en el poder. De igual manera, debemos ser con el presidente Laurentino Cortizo y el PRD. Aunque podamos tener algunas críticas hacia este gobierno, no los maldigamos, bendigámoslos y oremos siempre por ellos.
II.- Dad a Dios lo que es de Dios (21c-22)
Leamos ahora juntos el v.21c. Así como el denario de plata llevaba la imagen del César, el hombre fue creado a imagen de Dios como podemos leer en Gén. 1:27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Así que, como la moneda le pertenecía al César y debía dársele, cada uno de nosotros pertenece a Dios y debe entregar por completo su vida a Él. Cuando Dios creó al hombre a su imagen y semejanza los bendijo diciendo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” (Gén. 1:28). Él los creó con el propósito de que llenaran la tierra de personas que le glorifiquen y que cuiden de Su creación para Su gloria.
“Fructificad y multiplicaos” sigue siendo la misión de Dios para nosotros. Como le pertenecemos a Él por tener Su imagen, tenemos que darle lo que Le corresponde. Primeramente, teniendo hijos y criándolos en el camino del Señor, estas son nuestras primeras ovejas que tenemos que discipular; pero Jesús renovó esta misión en Mat. 28:19-20a: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Debemos ir y hacer discípulos a todas las naciones. No podemos ir personalmente a todas las naciones, pero Dios nos ha dado a cada uno un campo de misión. En nuestro caso, nuestro campo de misión es la Universidad de Panamá conforme al llamado que nos ha dado el Señor en UBF Panamá. Dar a Dios lo que es de Dios implica, además de cultivar nuestra relación con Dios por medio de la oración, estudio de la Biblia, Pan Diario, Culto Dominical y el testimonio bíblico; ir a hacer discípulos en la Universidad de Panamá.
Me arrepiento porque no estoy dándole a Dios todo lo que Le pertenece. Aunque cada día como Pan Diario, cada semana preparo y doy estudios bíblicos, y también preparo y predico los mensajes dominicales, todavía me falta ir a hacer discípulos a la Universidad de Panamá. Y veo que Dios está trayendo mucho este tema frente a mí. Fue el mensaje de clausura de nuestra convivencia. También ha salido en varios mensajes. Y también lo recibí en la Conferencia de Coordinadores en Colombia. Por eso me arrepiento y oro para que Dios me dé la sabiduría para administrar mejor mi tiempo e ir a la universidad nuevamente a pescar. Oro para que Dios también toque sus corazones con esta Palabra y podamos ir a hacer discípulos en la Universidad de Panamá. Amén.
Algunos comentaristas asocian esto también con la parte económica. Interpretan que Jesús está diciendo que se deben cumplir con las obligaciones económicas con el gobierno y también con la iglesia. Que los cristianos deberían ser fieles con su diezmo y sus ofrendas para sostener la obra de Dios. Esta también es una forma de dar a Dios lo que es de Dios. Mucha gente disfruta de los beneficios de su iglesia, pero no aportan fielmente su diezmo y sus ofrendas. Algunos se excusan diciendo que el diezmo era del AT y que en el NT no vemos a nadie dando diezmo a los apóstoles. Si bien en el Nuevo Testamento no vemos la figura del diezmo, la realidad es que todos los hermanos aportaban mucho más que el 10% para la iglesia. En la iglesia de Jerusalén daban todas sus posesiones materiales a los apóstoles para que las repartiesen entre todos. Después de la diáspora, solo daban sus ofrendas, pero igualmente eran superiores al 10%. Hoy en día, ofrendamos muy poco. Por eso las iglesias han vuelto a enseñar el diezmo para que demos por lo menos el 10% de nuestros ingresos para Dios como Él ordenó en el AT.
Gracias a Dios, nuestra iglesia se ha podido mantener hasta ahora con los diezmos de mi familia y de los hermanos que aportan fielmente también. Yo oro para que Dios nos siga proveyendo lo necesario económicamente y que podamos dar a Dios también lo que le pertenece, no solo el diezmo o la ofrenda, sino nuestra vida entera. Amén.
¿Estás dando a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios? ¿Estás cumpliendo con tus deberes civiles y siendo un ciudadano ejemplar? ¿Estás cultivando tu relación con Dios a través de la oración, el estudio de la Biblia, el Pan Diario, guardando el Día del Señor y escribiendo cada semana tu testimonio bíblico? ¿Estás yendo a hacer discípulos a la Universidad de Panamá? ¿Estás aportando fielmente tus diezmos y ofrendas para la obra de Dios? Que Dios nos ayude a dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios y que de esa manera podamos hacer la voluntad de Dios; y Él nos use para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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M. Juan Carlos Vivas (AR)
( 23 de julio de 2021 )
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