Mateo 21:12-27
21:12 Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;21:13 y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
21:14 Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.
21:15 Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,
21:16 y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la alabanza?
21:17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad a Betania, y posó allí.
21:18 Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.
21:19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.
21:20 Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?
21:21 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.
21:22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.
21:23 Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?
21:24 Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.
21:25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
21:26 Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.
21:27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
JESÚS CONDENA LA HIPOCRESÍA
Buenos días. En el pasaje bíblico de hoy nos encontramos con un Jesús muy diferente al que estamos acostumbrados. Generalmente, Jesús es una persona paciente y pacífica, y en este pasaje bíblico parece una persona violenta e impulsiva. Pero hay una razón para el comportamiento de Jesús aquí y eso es lo que aprenderemos el día de hoy: Jesús, como Dios, aborrece la injusticia y la hipocresía. En este pasaje bíblico Jesús nos está mostrando la ira de Dios en acción contra la injusticia y la hipocresía, y Su autoridad sobre el Templo y sobre el mundo. Yo oro para que nosotros no tengamos ninguna hipocresía en nuestras vidas ni tratemos injustamente a otros, sino que seamos amorosos, compasivos e íntegros como nuestro Señor Jesucristo. Amén.
I.- Jesús purifica el Templo (12-17)
Leamos juntos el v.12. Apenas llegó a Jerusalén, Jesús fue directamente al Templo con la multitud que lo aclamaba. Siempre el propósito de Jesús al ir a Jerusalén era visitar la Casa del Padre. Allí se supone que debería acudir la gente para tener comunión con Dios, orando, ofreciendo sacrificios para el perdón de pecados, ofrendas para la adoración a Dios, etc. Era el lugar donde el hombre se encontraba con Dios. Así lo había establecido Jehová en el Antiguo Testamento con el Tabernáculo, que después David quiso convertir en algo más permanente, un Templo, pero que al final fue Salomón quien lo construyó. Ese Templo tenía el mismo propósito del Tabernáculo: Ser el lugar de adoración y encuentro con Dios. Tenía, incluso, los mismos planos que el Tabernáculo conforme a la visión que Jehová le había dado a Moisés, pero era mucho más grande y lujoso.
Sin embargo, aquel primer Templo fue saqueado por Babilonia en el año 598 a.C. y destruido por los mismos babilonios en el año 587 a.C. Luego, el Templo fue reconstruido bajo el liderazgo de Zorobabel en el año 515 a.C. y los judíos adoraron allí hasta el año 167 a.C. cuando Antíoco IV Epífanes hizo cesar el sacrificio perpetuo en el Templo y lo profanó colocando una imagen de Júpiter en el Lugar Santísimo. Después, el templo fue restaurado y purificado por los macabeos en el 165 a.C. Y más tarde, el templo fue reconstruido y ampliado por Herodes el Grande durante la época de Jesús. Este es el Templo que Jesús estaba visitando.
El Templo de Jerusalén era administrado por los sacerdotes bajo el liderazgo del Sumo Sacerdote. Ellos era los que hacían los sacrificios y todos los servicios en el Templo. Y, también, habían colocado a los vendedores y los cambistas en el Atrio de los Gentiles. Aquel atrio en vez de ser usado para que los gentiles pudiesen adorar a Dios estaba lleno de puestos y mercaderías, que apenas la gente podía caminar. Parecía más un mercado que parte del Templo de Dios. Los vendedores vendían toda clase de animales para los sacrificios, bueyes, ovejas y palomas, entre otros (Jua. 2:14). Y los cambistas eran agentes especializados que cambiaban la moneda corriente de la gente por la moneda del Templo, que era la única aceptada por los mercaderes allí y para las ofrendas monetarias. Estos vendedores y cambistas trabajaban para los sacerdotes que tenían el monopolio de toda esa actividad comercial.
En un principio, la venta de animales tenía el propósito de servir a los viajeros para que no tuviesen que traer sus animales para sacrificio desde lejos y que después no fuesen aptos para el sacrificio tampoco. El animal para el sacrificio no podía tener ningún defecto, por lo que los sacerdotes debían inspeccionarlos primero, y si no eran aptos no se podían usar para el sacrificio. Pasó, entonces, que ninguno de los animales que los peregrinos traían resultaba apto y entonces tenían que comprarlos en el Templo de todas formas. Obviamente, los mercaderes vendían animales para el sacrificio a precios elevados, aprovechándose de los peregrinos que querían adorar a Dios, y llenando sus bolsillos y los de los sacerdotes.
En el Templo no se aceptaba la moneda corriente porque generalmente estaba asociada a la idolatría. Podía haber sido ofrecida a los dioses, o tener la imagen de algún dios, o la imagen del César. Así que no podían usarse en este lugar santo. Por eso, los sacerdotes acuñaban su propia moneda que era la única que se aceptaba en aquel recinto. Y eran ellos mismos quienes decidían el tipo de cambio. Con frecuencia los cambistas engañaban a los extranjeros que no sabían el tipo de cambio. Así que además de que los mercaderes y cambistas eran deshonestos, abusaban de los que habían ido a adorar a Dios. Y los sacerdotes habían hecho de la religión un negocio muy lucrativo.
Este comercio en la casa de Dios y la estafa a aquellos que querían adorar a Dios llenó de ira a Jesús que “echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas” (v.12). ¿Por qué Jesús hizo esto? ¿Acaso lo habrá hecho por un celo humano por la Casa de Dios? ¿Se habrá llenado Jesús de una ira incontrolable que lo llevó a la violencia?
Leamos juntos el v.13 por favor. Jesús mismo nos da la razón de por qué hizo esto y para ello reúne dos profecías del AT, Isa. 56:7: “mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.” y Jer. 7:11: “¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.” Se supone que el Templo de Jerusalén debía ser una casa de oración para todos los pueblos. Los judíos debían estar intercediendo por el mundo aquí, y deberían convocar a gente de todas las naciones para que viniesen a adorar a Jehová. Pero en lugar de eso, la convirtieron en una cueva de ladrones usándola para su propio beneficio y enriqueciéndose mientras estafaban a aquellos que querían adorar a Dios aquí.
¡¿Cuán triste es esto?! Y lo más triste es que sigue pasando hoy en día. Hay por allí muchas cuevas de ladrones que algunos llamaban iglesias. Sus líderes usan esos lugares para enriquecerse y estafar a la gente pidiéndoles dinero a cambio de oración, consejería o bendiciones y milagros de Dios. Si Jesús entrase a estos lugares, voltearía los púlpitos, las mesas con la mercancía que venden dentro de la iglesia, y los alfolíes llenos de hurto. Por supuesto que las ofrendas y los diezmos son necesarios en las iglesias. Necesitan dinero para operar. Para pagar el salario del pastor si es un ministro de tiempo completo; pagar el alquiler o hipoteca del edificio; pagar personal que tienen contratado; pagar los servicios públicos y el mantenimiento del lugar; y más importante que todo, para servir a los hermanos que están en necesidad. Pero no puede ser que todo lo que se hable en una iglesia sea dinero. Que se recojan dos o tres ofrendas en la misma reunión. Que promocionen o vendan cosas dentro de la iglesia. Eso es una cueva de ladrones.
Gracias a Dios yo tengo mi trabajo. Nuestro ministerio utiliza el modelo de misión autofinanciada, como Pablo. Yo no vivo de los diezmos de la iglesia, al contrario, yo doy mis diezmos cada vez que cobro y mis ofrendas cada domingo. Ustedes son testigos de que a veces nos hemos olvidado, o casi se me olvida, recoger la ofrenda. Y en esas ocasiones he bromeado que yo creo que somos la única iglesia del mundo que se le olvida eso. Gracias a Dios hasta ahora no nos ha faltado para pagar el alquiler o los servicios de este precioso lugar que Él nos concedido, y también hemos podido ayudarles y servirles cuando ha sido necesario. Oro para que Dios nos siga proveyendo cada día para que Le continuemos sirviendo conforme a Su voluntad.
Leamos ahora el v.14. Justo después de esta reacción violenta de Jesús, vemos que vienen a Él en el Templo ciegos y cojos para ser sanados, y los sanó. ¿Ustedes creen que si Jesús estuviese lleno de ira humana hubiese podido sanar a estas personas? Stg. 1:20 nos dice: “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Cuando nos dejamos llevar por la ira, no podemos obrar la justicia de Dios. Entonces, si Jesús hubiese hecho esto con ira humana, no hubiese podido obrar la justicia de Dios de sanar a estas personas. Jesús no estaba actuando con ira humana, Él estaba dando una muestra de lo que es la santa y justa ira de Dios. Jesús estaba mostrando la ira de Dios contra el grave pecado que cometía la gente al convertir la Casa de Dios en un mercado.
Leamos ahora juntos los vv. 15-16a. Los principales sacerdotes y los escribas al ver las maravillas que Jesús hacía, se indignaron. Ellos debieron haber alabado a Dios al ver cómo Jesús sanaba a los ciegos y a los cojos, pero no podían porque estaban indignados al ver que Jesús les estaba echando a perder su negocio de venta de animales y cambio de moneda. Además, se indignaban porque todavía había gente aclamando a Jesús: “¡Hosanna al Hijo de David!” Los líderes religiosos judíos no aceptaban a Jesús como el Mesías, aunque entró en Jerusalén montado sobre un pollino, cumpliendo la profecía; a pesar de los milagros que hacía y de la sabiduría con que enseñaba. Ellos querían que Jesús mandase a callar a la gente porque les parecía que aquello también podía conducir a una nueva revuelta por el fervor mesiánico.
Pero Jesús les citó el Sal. 8:2, en la versión griega de la Septuaginta, en el v.16b. Leamos juntos por favor. Los niños y los que maman se refieren a los niños pequeños como Samuel o un poco más grandes. Ellos no tienen mucho conocimiento bíblico o de Dios, pero el salmista dice que Jehová perfeccionó la alabanza en ellos. ¿Por qué? Porque, aunque ellos no cantan con entendimiento, alaban a Dios con sus corazones . De la misma manera, aquellos muchachos que aclamaban a Jesús como el Mesías, como Hijo de David, no entendían realmente lo que Jesús iba a hacer como Mesías. Pero alababan correctamente al clamar: “¡Hosanna al Hijo de David!” ¡Sálvanos ahora, Hijo de David! Jesús salvaría a todos aquellos que Le reconocieran como Mesías después de morir en la Cruz del calvario y resucitar al tercer día. Dios nos ayude a tener un corazón sincero como el de un niño y que sea acepta nuestra alabanza delante de Dios. Amén.
En el v.17 podemos ver que después de esta respuesta, Jesús deja el Templo, y la ciudad de Jerusalén, y se va a Betania, probablemente a la casa de Su amigo Lázaro, y posó allí, como acostumbraría hacer cuando visitaba Jerusalén.
II.- Jesús maldice una higuera (18-22)
Leamos ahora juntos los vv. 18-19. A la mañana siguiente Jesús viene de regreso a Jerusalén. Y en el camino tuvo hambre. Entonces, vio una higuera hermosa, frondosa, que parecía que estaba bien cargadita de frutos, y vino a ella para comerse algunos higos. Pero cuando llegó, la higuera solo tenía hojas. Ni un higuito verde. Así que maldijo la higuera diciendo: “Nunca jamás nazca de ti fruto.” Y enseguida se secó la higuera.
La higuera daba higos en junio, y esta historia ocurre antes de la Pascua, más o menos en marzo-abril, por eso, Mar. 11:13 especifica: “pues no era tiempo de higos”. Además, la higuera es uno de los pocos árboles que está en la plenitud de fruto y hoja y flor, todo al mismo tiempo, por ende tampoco debería estar llena de hojas en marzo-abril. Quizás eso fue lo que llevó a Jesús a acercarse a ella, aunque sabía que no era tiempo de higos, pues las hojas eran indicativo de que debía tener algún fruto también.
Esta historia nos plantea una dificultad: ¿Por qué Jesús maldice una higuera por no hacer lo que no podía hacer? El árbol no podía haber producido fruto en marzo-abril, y sin embargo vemos que Jesús lo maldijo por no tener fruto. Pareciera que Jesús andaba de mal humor porque se venía el tiempo de la Cruz y pagó su frustración con aquella higuera. Si leemos que alguien había maldecido una higuera por no dar higos en abril, hubiéramos dicho que era un gesto de petulancia malhumorada, que surgía de una desilusión personal. ¿Fue así? ¿Por eso lo hizo Jesús? ¡Por supuesto que no!
La maldición de la higuera tuvo como propósito impartir una lección divina. La higuera estaba siendo hipócrita al estar llena de hojas y no tener ningún fruto. Desde lejos podía parecer un árbol muy fructífero y útil, pero era nada más pura apariencia, realmente no servía para nada. Jesús estaba advirtiendo aquí a sus discípulos contra la hipocresía. A Dios no le vale nada un cristiano que parezca muy buen cristiano en la iglesia, pero que en su casa o en la calle no lo sea. Dios no tolera la hipocresía. Es peor que ser abiertamente pecador. El pecador público al menos no se anda escondiendo tras una apariencia de piedad para quedar bien delante de la gente. Así que tengamos mucho cuidado, hermanos míos, de andar en pecado oculto, o de continuar en hábitos pecaminosos, pero mostrar una apariencia de piedad delante de la gente. Dios no tolera esto. Él sabe lo que hay en nuestros corazones y nos avergonzará, y no nos permitirá la entrada en Su reino si vivimos así.
Leamos ahora juntos los vv. 20-22. Los discípulos se maravillaron al ver que la higuera se secó de inmediato por la Palabra de Jesús. Es interesante cómo los discípulos todavía se sorprendían porque Jesús pudiese hacer algo. La verdad, es que muchas veces nos pasa lo mismo. Todavía nos sorprendemos cuando Dios hace cosas en nuestras vidas. Si bien, me parece correcto que no perdamos nuestra capacidad de asombro cuando Dios hace algo en nuestras vidas, no debe sorprendernos que Dios haga algo porque para Él todo es posible. Que nuestro asombro no sea porque no teníamos fe de que lo hiciese, sino porque Su poder y Su majestad siguen actuando en nuestras vidas.
Por las palabras de Jesús en los vv. 21-22 podemos ver que el asombro de los discípulos venía de su falta de fe. Pero Jesús les asegura que cualquier cosa es posible para el que tiene fe. No importa lo imposible que parezca, podemos hacerlo si tenemos fe y si es la voluntad de Dios. ¿Ustedes creen que los primeros miembros de UBF en Corea, cuando oraban por la Misión Mundial, llegaron a pensar en algún momento que habría capítulos de UBF en cerca de 100 países alrededor del mundo? Yo creo que en un principio aquello pareció tan imposible como orar para que una montaña se traslade al mar, pero después orando con fe cada día y trabajando para la obra del Señor, se hizo posible por la gracia y el poder de Dios.
¿A ustedes les parece posible que Dios convierta a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa? ¿Ustedes creen que algún día habrá un grupo de estudio bíblico de UBF Panamá en la Universidad de Chiriquí? Viéndonos a nosotros aquí, parece imposible. Ni siquiera tenemos un grupo de estudio bíblico en la Universidad de Panamá. Pero si tuviéremos fe y no dudáremos, y si lo pidiésemos en oración, creyendo, Dios lo hará. ¡Dios convierta a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa! ¡Dios nos ayude y nos esfuerce para establecer estudios bíblicos grupales en cada una de las facultades de la Universidad de Panamá! ¡Dios nos ayude a alcanzar cada universidad de Panamá para Su gloria! Amén.
III.- Los judíos cuestionan la autoridad de Jesús (23-27)
Leamos juntos por favor el v.23. Cuando Jesús entró al Templo nuevamente al día siguiente, y enseñaba a la multitud, vino una comitiva de los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo a interrumpir Su enseñanza y preguntarle: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” Ellos se consideraban a sí mismos la autoridad del pueblo de Israel y ninguno de ellos le habían conferido autoridad alguna a Jesús para enseñar, hacer milagros, ni mucho menos, purificar el templo como lo hizo. Ellos esperaban atraparle en Sus palabras, contestase como contestase. Si afirmaba tener autoridad en Sí mismo como el Hijo de Dios, le acusarían de blasfemia. Si afirmaba tener autoridad de parte de hombres, lo desacreditarían. Si pretendía autoridad de Dios, lo desafiarían.
Leamos ahora los vv. 24-25a. Jesús sabiendo sus intenciones, les responde con una pregunta: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?” Si ellos le respondían esta pregunta, Él les diría con qué autoridad hacía todo esto. William MacDonald comenta respecto a esto: “Por el bautismo de Juan se debe comprender el significado del ministerio de Juan. Por tanto, la pregunta venía a ser: «¿Quién autorizó a Juan a llevar a cabo Su ministerio? ¿Qué credenciales tenía él de parte de los conductores de Israel?». La respuesta era evidente: Juan era un hombre enviado por Dios. Su poder procedía de una dotación divina, no de una comisión humana.” Así que Jesús podría usar el ejemplo de Juan el Bautista para aseverar que Él mismo también había sido divinamente comisionado y no necesitaba ninguna autorización de ellos.
Leamos ahora juntos los vv. 25b-27a. Los sacerdotes y ancianos se vieron en un dilema. Si admitían que Juan había sido enviado por Dios, quedaban atrapados. Juan había dado testimonio a los hombres de que Jesús era el Mesías. Si la autoridad de Juan era divina, ¿por qué no se habían arrepentido y creído en Cristo? Por otra parte, si ellos decían que Juan no había sido enviado por Dios, temían al pueblo porque la mayoría reconocía que Juan era profeta de Dios. Si ellos hubiesen contestado correctamente que Juan había sido enviado por Dios, habrían tenido la respuesta a su propia pregunta: Jesús era el Mesías, del que Juan había sido el precursor y con esa autoridad venía haciendo todas las cosas. Pero, se rehusaron a hacer frente a los hechos, y alegaron desconocimiento, “dijeron: No sabemos”. Ellos no se atrevían a decir sinceramente de dónde provenía la autoridad de Juan. Seguían con su hipocresía.
Así que Jesús les dijo en el v.27b: “Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.” ¿Para qué iba a decirles lo que ya sabían, pero no estaban dispuestos a admitir? Esto, además, le dio pie para enseñarles dos parábolas que ilustran la actitud hipócrita de ellos y el plan que tenían para Jesús. Pero esas las aprenderemos la próxima semana.
En conclusión, Jesús es el Hijo de Dios con poder, comisionado por el Padre para venir a la Tierra y enseñarnos con Sus Palabras y ejemplo cómo debemos vivir los hombres. Él siempre vivió para hacer la voluntad de Dios. Aun en la purificación del Templo y en la maldición de la higuera, Él estaba haciendo la voluntad de Dios de mostrarnos cómo se siente el Señor y lo que hará ante la hipocresía y la injusticia. Aceptemos la autoridad de Jesús como el Señor y Salvador de nuestras vidas. Arrepintámonos de cualquier injusticia o hipocresía, y vivamos con integridad y sinceridad delante de Él. Entonces, Él nos ayudará a dar mucho fruto para Su Reino y a vivir para la Gloria de Dios. Continuemos, también, orando con fe y trabajando para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.
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