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2 Samuel 2:1 - 3:1
2:1 Después de esto aconteció que David consultó a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón.2:2 David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal el de Carmel.
2:3 Llevó también David consigo a los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón.
2:4 Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl.
2:5 Entonces envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura.
2:6 Ahora, pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho.
2:7 Esfuércense, pues, ahora vuestras manos, y sed valientes; pues muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos.
2:8 Pero Abner hijo de Ner, general del ejército de Saúl, tomó a Is-boset hijo de Saúl, y lo llevó a Mahanaim,
2:9 y lo hizo rey sobre Galaad, sobre Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel.
2:10 De cuarenta años era Is-boset hijo de Saúl cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Solamente los de la casa de Judá siguieron a David.
2:11 Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses.
2:12 Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a Gabaón con los siervos de Is-boset hijo de Saúl,
2:13 y Joab hijo de Sarvia y los siervos de David salieron y los encontraron junto al estanque de Gabaón; y se pararon los unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado.
2:14 Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los jóvenes, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense.
2:15 Entonces se levantaron, y pasaron en número igual, doce de Benjamín por parte de Is-boset hijo de Saúl, y doce de los siervos de David.
2:16 Y cada uno echó mano de la cabeza de su adversario, y metió su espada en el costado de su adversario, y cayeron a una; por lo que fue llamado aquel lugar, Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón.
2:17 La batalla fue muy reñida aquel día, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos por los siervos de David.
2:18 Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Este Asael era ligero de pies como una gacela del campo.
2:19 Y siguió Asael tras de Abner, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda.
2:20 Y miró atrás Abner, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Sí.
2:21 Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él.
2:22 Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí; ¿por qué he de herirte hasta derribarte? ¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano?
2:23 Y no queriendo él irse, lo hirió Abner con el regatón de la lanza por la quinta costilla, y le salió la lanza por la espalda, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se detenían.
2:24 Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y se puso el sol cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón.
2:25 Y se juntaron los hijos de Benjamín en pos de Abner, formando un solo ejército; e hicieron alto en la cumbre del collado.
2:26 Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿No sabes tú que el final será amargura? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos?
2:27 Y Joab respondió: Vive Dios, que si no hubieses hablado, el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos desde esta mañana.
2:28 Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no persiguió más a los de Israel, ni peleó más.
2:29 Y Abner y los suyos caminaron por el Arabá toda aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bitrón y llegaron a Mahanaim.
2:30 Joab también volvió de perseguir a Abner, y juntando a todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres y Asael.
2:31 Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, a trescientos sesenta hombres, los cuales murieron.
2:32 Tomaron luego a Asael, y lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Y caminaron toda aquella noche Joab y sus hombres, y les amaneció en Hebrón.
3:1 Hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.
DAVID UNGIDO REY DE JUDÁ
DAVID PROCLAMADO REY DE JUDÁ
Palabra: 2 Samuel 2:1-3:1
V, Clave 2:1 “Después de esto aconteció que David consultó a Jehová diciendo: —¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Jehová le respondió: —Sube. David volvió a preguntar: —¿A dónde subiré? —A Hebrón —le respondió él.”
La palabra de hoy es de David proclamado rey de Judá. A David la vida perseguida llegó a su fin y la nueva dirección le era demandada. En esta palabra encontramos a qué lugar fue guiado David y cómo fue ungido rey de Judá. Un antes y un después de su unción nos dejan ver cómo Jehová lo guía, bendice y fortalece.
Cada día o cada cierto periodo nos encontramos en una realidad que necesitamos tomar una dirección. En general nos cuesta tomar una dirección correcta. La palabra de hoy nos ayuda con este tema. Oro que Dios nos ayude a aprender cómo podemos ser guiados por él e irnos fortaleciendo.
Primero, ¿A dónde subiré? (1). Saúl y sus tres hijos murieron en la batalla. David lloró por Saúl y sobre todo por Jonatán quien le había mostrado un amor sacrificial e incondicional. Y ya llegó un cambio para la vida de David, porque ya se acabó la persecución de Saúl. A David no quedaba más razón para quedarse en Siclag, la ciudad de los filisteos.
En este momento de cambio, ¿Qué hizo David? Vamos a leer el verso 1a. “Después de esto aconteció que David consultó a Jehová diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá?” David consultó a Jehová a dónde dirigirse. Volverse a su tierra le habría parecido obvio. Aun así, David humildemente consultó a Jehová. “¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá?” David tuvo confianza solo en Jehová quien es su pastor (Sal 23:1). Además, David hizo su segunda consulta más concreta, preguntando ‘¿A dónde subiré?’ Jehová le respondió que subiera a ‘Hebrón’.
‘Hebrón’ era el lugar dónde había las sepulturas de Abraham, Isaac y Jacob (Gén 23:19; 25:9; 49:30-31; 50:13). Y también era el lugar el cual Caleb conquistó por fe (14:12). Asumiendo, podemos decir que ‘Hebrón’ era el lugar de promesa de fe. Saúl vivió en Gabaa por dónde había sus familias. Pero Dios no le guio a David a Belén su pueblo natal, sino a Hebrón, la tierra de promesa. Y también en Hebrón había los amigos ancianos que le había ayudado en su huida (1 Sam 30:31). Esto también era bueno para la necesidad emocional a David. Dios lo guio en toda consideración minuciosa para bendecirlo.
En 1 Samuel encontramos a David que consultaba a Jehová en varias ocasiones. Para librar la ciudad Keila del ataque de los filisteos David, aun siendo fugitivo, consultó a Jehová y la liberó (1 Sam 23:1-5). Y por sus familias llevadas cautivas, David consultaba a Jehová a poder alcanzar y liberarlas (1 Sam 30). Consultar a Jehová era un hábito de David desde su juventud. “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? / Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.” (Sal 121:1-2) Cuando consultaba a Jehová y procedía, David salía fortalecido y bendecido aún en los momentos desesperados.
Cuando afrontamos los momentos de cambio, antes de tomar decisión necesitamos tomar una pausa y consultar a Dios. Consultar a Jehová no es una actitud religiosa, sino es una cuestión de relación estrecha con él. Es un momento de conocer a Dios y su camino. Es un momento de dejar que él nos guie. Consultar a Jehová y tomar la buena decisión no solo influye a nuestra propia vida, sino también a nuestros hijos absolutamente. Dios inclina sus oídos al clamor de su pueblo y se complace oír y responder las oraciones. “Ésta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.” (1 Juan 5:14)
Algunos cuestionan de qué manera Dios les responde. ¿En voz alta o baja? ¿cómo oír su voz? Y podemos reclamar al Señor porque parece que él no responde. Pero debemos saber que él nos responder siempre. Dios gustosamente nos responde por medio de su palabra, los consejos de sus siervos y las señales que ocurren en nuestra vida. Si no recibimos su respuesta, no porque él no responde, sino nuestra sensibilidad corrupta no puede oírla.
En mi vida personal me acuerdo de los momentos que consultaba a Dios y a veces con ayuno; después de graduarme de la Universidad (¿Qué hago ahora, Señor?), antes de comprometerme con una mujer (¿Con quién me caso?), antes de salir de mi país a otro como misionero (¿Qué hago con mis padres? Soy el hijo mayor), cuando tuvo preinfarto cardiaco (¿sigo la misión o hago otra cosa?). No era sencillo oír su voz y tomar decisión. No obstante, en cada asunto, Dios fielmente me dio una palabra y me guiaba a mi Hebrón. A veces, tomaba una decisión sin consultar a Dios y cruzaba la consecuencia muy dolorosa. Pero por todo este proceso Dios me enseñó a arrodillarme y buscar su guía en mis caminos. Sin duda Dios hará lo mismo con todos nosotros aún más. Disciplinemos a nuestro corazón a consultarle, recibir su respuesta y sujetarnos a su voluntad. Sin duda, Dios nos guía al camino de vida y a nuestro Hebrón. Oro que Dios nos ayude a buscar y encontrar su dirección perfecta cada día y en cada asunto. Amén.
Segundo, David fue ungido rey de Judá (2-3:1). Al ver los versos 2-3, podemos saber que David obedeció la respuesta de Jehová y subió a Hebrón con sus dos mujeres y a los hombres que lo acompañaban, cada uno con su familia. Y podemos ver el cambio de la vida de David allí.
Uno, ungido por los hombres de Judá (4ª). Vamos a leer el verso 4. “Luego vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David como rey sobre la casa de Judá.” Cuando llegó David a Hebrón, él no fue a reclamar que le ungiera rey a los de Judá. Más bien vinieron los hombres de Judá a David y lo ungieron rey sobre la casa de Judá. El propósito de David no era el ser rey, sino el siervo de Dios para servir a Dios y a su pueblo. Por lo tanto, David esperaba su tiempo, estando sujeto todo momento a la voluntad de Dios. David era un hombre paciente.
Tampoco buscaba el reconocimiento de los hombres, sino se entregaba a la disciplina de Dios hasta que fuera formado el varón de Dios preparado y disciplinado. Él esperaba el tiempo hasta que los hombres reconocieran su madurez y vinieran voluntaria y gustosamente a ungirlo rey de Judá. Un siervo verdadero de Dios ama a Dios y a su pueblo, dando su vida en su servicio. No busca su propia gloria, sino la gloria de Dios. Un varón o una varona(mujer) de Dios debe ser primero amados por Dios y también amados por los hombres.
Dos, David fortaleció los de Jabes de Galaad (4b-7). Y después de ser ungido, David no actuó como el rey secular que eliminaba a todos los rivales y los amigos del rey anterior. David se enteró que los de Jabes de Galaad habían sepultado a Saúl. Ellos manifestaron su lealtad a Saúl. Pero David no puso una mira envidiosa, sino comprendió el agradecimiento de sus corazones a lo que hizo Saúl. En una ocasión de guerra, Saúl había librado a los de Jabes de Galaad de las manos de los amonitas (1 Sam 11:1-6; 31:11-13). los Jabes de Galaad habían demostrado sus agradecimientos a la vida de Saúl, sepultando sus cuerpos en su territorio.
Comprendiendo sus agradecimientos a Saúl muerto, David los enalteció y fortaleció. “Ahora, pues, que Jehová os trate con misericordia y verdad. También yo os trataré bien por esto que habéis hecho. / Esfuércense, pues, ahora vuestras manos y sed valientes” (6-7ª) De esta manera se mostró que David tenía el corazón de Dios que bendice el corazón agradecido. David era el rey que comprende y bendice el corazón del pueblo.
Tres, David se iba fortaleciendo (8-3:1) Pero Abner, el general del ejército de Saúl tomó a Is-boset hijo de Saúl, lo llevó y proclamó rey sobre todo Israel, excepto Judá. Haciendo así, Abner estaba rebelando contra Dios, porque él también sabía que David era el ungido de Jehová. Por esta causa entre Abner y Joab el siervo de David hubo un conflicto trágico. Entre los hermanos mataron los unos a los otras. Y Asael, el hermano de Joab murió por la mano de Abner. David no estaba presente en este conflicto.
Vamos a leer el verso 1 de capitulo 3. “Hubo una larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, mientras que la casa de Saúl se iba debilitando.” Cuando David consultaba y andaba en su voluntad, se iba fortaleciendo. En cambio, la casa de Saúl se iba debilitando por su desobediencia. En Hebrón David llevaba una vida de promesa. En su corazón había paciencia, agradecimiento, sobre todo la presencia de Dios. Por lo tanto, su vida automáticamente se iba fortaleciendo.
Donde mora el reino de Dios en el corazón, ese lugar o esa vida se va fortaleciendo naturalmente. El carácter del reino de Dios es expansivo, creciente y explosivo. La gloria del reino de David terrenal pereció. Pero hay un reino de Jehová permanente en esta tierra. Su reino se va fortaleciendo más y más. Es el reino del Cristo. Su reino comenzó muy pequeño, pero siglo tras siglo se va expandiendo y fortaleciendo más y más como David se iba fortaleciendo. “Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra, / pero después de sembrado crece y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.” (Mc 4:30-31).
Cuando seamos guiados por el Cristo, nuestra vida se irá fortaleciendo junto con él, porque el reino de Dios está en nuestro corazón y nuestra vida. Nuestra vida es imperfecta como el reino de David. Pero el reino de Cristo es perfecto, verdadero y eterno. Su reino en nosotros seguirá creciendo y con él nuestra vida se irá madurando y fortaleciendo para la eternidad. Oro que Dios nos haga caminar por nuestro Hebrón, para que seamos ungidos por su espíritu y podamos irnos fortaleciendo en él.
Conclusión, Él nos guía a nuestro Hebrón dónde hay la promesa de Dios. Sin temor podemos andar por su promesa. Él nos unge en Cristo y en él nos hace ir fortaleciendo. Oro que seamos siempre guiados por nuestro Dios para que seamos ungidos en Cristo y vayamos fortaleciéndonos cada vez más día a día. Amén.
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