- INICIO
|- MENSAJES
|- CHILE
|- SANTIAGO
|- JOSUE CHUN
Lucas 18:31-43
18:31 Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.18:32 Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido.
18:33 Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.
18:34 Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.
18:35 Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
18:36 y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.
18:37 Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno.
18:38 Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
18:39 Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
18:40 Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó,
18:41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.
18:42 Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado.
18:43 Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.
RECIBE LA VISTA
RECÍBE LA VISTA
Palabra: San Lucas 18:31-43
V, Clave: 18:42 “Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado”
En la palabra de hoy aparecen dos tipos de ciego; un ciego de Jericó y los discípulos. El primero, aunque con su ceguera física, pudo ver que Jesús era el Mesías que pudiera dar la vista. Y los discípulos, a pesar de que seguían a Jesús, no entendían su anuncio de la muerte por la tercera vez. Finalmente, el ciego de Jericó recibe la vista y su salvación.
Nosotros que seguimos a Jesús, podriamos andar en la ceguera espiritual como los discípulos de Jesús sin entendimiento a su palabra. La palabra de hoy nos mostrará cómo fue la fe persistente del ciego de Jericó y la reacción de Jesús a su clamor. Oro que podamos recibir la vista que Jesús quiere darnos a través de la palabra de hoy.
Primero, Anuncio de la muerte (31-34). Jesús iba a Jerusalén y por la tercera vez había anunciado a sus discípulos de su muerte. Vamos a leer los versos 31-33. “Tomando Jesús a los doce, les dijo: —Cuando lleguemos a Jerusalén se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del hombre, / pues será entregado a los gentiles, se burlarán de él, lo insultarán y le escupirán. / Y después que lo hayan azotado, lo matarán; pero al tercer día resucitará.” Repetida tres veces esta palabra, esto implicaba que esta palabra tenía la gran importancia la cual Jesús quería que fuera grabada en el corazón de sus discípulos. Jesús sabia todo lo por venir; arresto, burlas, insultos, escupidos, azotes, matanza y hasta resurrección gloriosa. Era un camino sumamente doloroso para el Hijo de Dios glorioso. Sin embargo, Jesús se dirigió voluntariamente a este camino para cumplir todas las escrituras sobre sí mismo. Jesús vivió esos momentos intensos durante su vida mesiánica. Para tener un buen entendimiento de toda su enseñanza, debemos considerar la lucha de su corazón hacia su muerte.
Los discípulos de Jesús tenían que entender esta palabra de Jesús y consolarle su corazón por medio de oración. Sin embargo, aún los discípulos nada comprendieron de estas cosas, porque esta palabra les era encubierta y no entendían lo que se les decía. Ni siquiera tenían interés de entender su anuncio. Aunque ellos eran sus discípulos, eran los ciegos espirituales que no pudieron ver quien era Jesús verdaderamente.
Segundo, Clamor persistente de un ciego (35-40). Ahora miren el versículo 35. Jesús se acercaba a Jericó. Jericó estaba ubicada a tan solo 25 kilómetros de Jerusalén. Jericó era la primera ciudad conquistada en la tierra de Canaán en los tiempos de Josué. Y en el tiempo de Jesús, Jericó era una ciudad de paso para llegar los viajeros a Jerusalén desde el este, de la otra orilla del río Jordán, o desde el norte, de distintos lugares de Galilea. Jesús también pasaba por este camino a llegar a Jerusalén.
Junto al camino, un ciego estaba sentado mendigando. La ceguera le habría sido un motivo de mendigar. Se dice que un ciego es más miserable de entre todos los discapacitados, porque vive en la oscuridad sin saber por dónde andar y qué ocurre delante. En su vida, no puede haber alguna dirección, ni visión. Imaginamos que aquellos días los ciegos no tenían ningún valor para su sociedad. Pero a este ciego miserable, le llegó una noticia de luz. Él oyó que pasaba Jesús nazareno por allí. Él habría oído de todos los milagros que había hecho Jesús en otros lugares. El corazón del ciego se despertó y se encendió con una llama de esperanza.
Él comenzó a gritar hacía por dónde pasaba la gente. “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” En sus repetidos gritos pidiendo ayuda, el ciego se dirigió a Jesús como “Hijo de David” Esta palabra de grito tenía cargada de implicaciones. David era recordado como el mejor rey de Israel. Así fue durante su reinado, unos mil años antes de Jesús, cuando la nación alcanzó su mayor independencia política. Las generaciones posteriores miraron con nostalgia la época de David y esperaron una figura como él, un “hijo de David”, que viniera y reinstaurara la libertad y el prestigio que la nación había gozado en sus tiempos. Muchas de las representaciones del anhelado mesías estaban influidas por las imágenes de David. Con pocas palabras, ‘Hijo de David’ implicaba ‘el Mesías (Cristo) esperado’ Este ciego confesó que Jesús es el Cristo prometido.
Entonces, Los que iban delante lo reprendían para que callara. “Cállate, ciego mendigo”. Era fácil desanimarse por la reprensión de gente. Pero este ciego no desistió de gritar, sino gritaba aún más fuerte. “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Él gritó como quien necesitaba el rescate desesperadamente. Y él persistió en gritar más y más. Sus gritos eran los gritos de fe y confianza.
¿Qué hizo Jesús? en el verso 40, Jesús se detuvo ante los gritos del ciego. Y mandó a traerlo a su presencia. Jesús responde a los que confiesan genuinamente que Jesús es el Hijo de David, el Cristo. Jesús no puede negarse a sí mismo. Cuando uno confiesa y le llama “mi Cristo”, Jesús como el Cristo debe responder, porque lo es. Y uno debe apelar siempre a su misericordia. San Mateo 9:13 dice “Id, pues, y aprended lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificios”, porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” La confesión sincera y apelar a su misericordia en persistencia son claves de lograr la detención de Jesús a nuestra vida.
¿Cómo es nuestra oración ante Jesús? ¿Estamos realmente persistentes en clamar? ¿Clamamos hasta que Jesús se detenga y nos responda? Si vemos cuán fiel es uno en clamar y orar a Dios, podemos saber si él tiene una fe madura o no. Solo la oración persistente y clamores constantes pueden hacer que Jesús se detenga a nuestro lado. En este sentido, soy incrédulo y ciego espiritual que falla en hacer detenerse Jesús en clamores persistentes. En la palabra aprendo esa persistencia del ciego de Jericó que se acercaba a Jesús desesperadamente y sin rendirse. Practiquemos una y otra vez este clamor con cada asunto para que experimentemos la detención y reacción de Jesús con nosotros. Oro que sea nuestra oración el clamor del ciego de Jericó. “Hijo de David, mi Cristo, ten misericordia de mí”.
Tercero, ¿Qué quieres que te haga? (41-45). Cuando llegó el ciego a Jesús, ¿Qué le dijo Jesús? Le preguntó, diciendo. “¿Qué quieres que te haga?” ¿No sabría Jesús qué era lo que quería? ¿Por qué se lo habría preguntado Jesús? Jesús quiso que él clarifique su deseo concreto ante él. Él habría podido pedir a Jesús el dinero o algo de comer. Pero el ciego respondió. “Señor, que reciba la vista.” Él pidió la vista. Él creyó que Jesús pudiera dar la vista necesitada.
Vamos a leer el verso 42. “Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado.” Entonces, Jesús le dijo “Recíbela, tu fe te ha salvado.” La respuesta de Jesús era sencilla. “Recíbela”. ¿Quién puede decir así? cuando Jesús le dijo “Recíbela”, no se demoró volverse su vista a él. Él pudo ver el mundo. Él se salió del mundo de la oscuridad a la luz. Ya no necesitaba mendigar, ya que pudo ver por dónde caminar y qué hacer. La dignidad del hombre volvió a su vida.
No solamente recibió su vista física, sino también su vista espiritual. Cuando recibió la vista, él vio a Jesús. Jesús le dijo “tu fe te ha salvado”. Cuando recibió su vista física, sus ojos espirituales también se abrieron y pudo ver al Hijo de David, el Cristo por delante. Él siguió a Jesús, glorificando a Dios (43).
“Recíbela”. Esta palabra nos habla que Jesús es el creador quien creó los ojos. Y este Jesús puede abrir los ojos de ciego para poder ver su creación. Este Jesús puede dar la vista a los pecadores a ver a su salvador. Este Jesús puede dar la vista a sus discípulos que no entendían el anuncio de la muerte en la cruz. Solo Jesús puede devolver la vista a todos los ciegos. El propósito final de esta vista es para ver al Cristo quien da la salvación. ‘Recíbela’. Nadie puede comprar esta vista con el dinero, sino solo la recibe por gracia en Jesús.
“Recíbela” Jesús nos otorga esa vista en su palabra santa. San Mateo 5:8 “Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios.” La sangre de Jesús nos vuelve la vista espiritual a poder ver al Dios encarnado. En este Jesús día a día vamos experimentando que vemos el reino de Dios más claro que antes. Y la vista que Jesús nos da nos guía a llevar una vida de clase más elevada cada vez. ¿Qué queremos que Jesús nos haga aquí en chile? La respuesta del ciego debe ser nuestra “Que reciba la vista”.
Yo fui un ciego. No conocía al Cristo, ni la salvación. La oscuridad densa dominaba mi corazón hasta 20 años. No tenía un propósito de vida, ni dirección, ni visión verdadera. El miedo a la muerte siempre me perseguía y vivía una vida inerte por dentro. Pero Dios tuvo misericordia de mí y él me dio la vista a través de su palabra. Su palabra me hizo ver al Cristo quien murió en la cruz por mis pecados. Me quebré y me arrepentí mucho de mis pecados ante el Cristo padecido en mi lugar. Su luz me llenó a poder ver su mundo hermoso y su gloria día a día.
Sin embargo, como los discípulos de Jesús, ando con la ceguera cuando me dejo llevar por la secularidad o por la incredulidad en el ambiente frio de chile. Y además, prácticamente mi vista física iba debilitándose y buscando la Biblia de letras más grandes. “¿Qué quieres que yo te haga?” con esta palabra Jesús me estaba regañando mi incredulidad y mi poca visión. Jesús puede darme una vista nueva a poder verle en mi vida. Reconozco que soy un ciego espiritual que no ve al Cristo muchas veces y desisto a clamarle. Humildemente pido al Señor “Señor, que reciba la vista”. Oro que Dios me dé la vista que necesitamos para servir su obra de luz.
Conclusión, cuando hacemos clamores persistentes en fe, Jesús se detiene y nos responde en su misericordia. Y purifica nuestro deseo por preguntar “¿Qué quieres que te haga?” Y nos da la vista que necesitamos, diciendo “Recíbela”. Oro que podamos recibir esa vista que él quiere darnos y así crecer y madurar para poder ver al rostro del amado Cristo día a día. Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[8.Oct.2023]_Dominical-UBF-Chile_(LUC_18..31-43)-Mensaje.pdf
|
FOROS UBF ESPAÑOL
-
P. Verónica Ramírez (SV)
( 18 de diciembre de 2020 )
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...