Mateo 21:1-11
21:1 Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,21:2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.
21:3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.
21:4 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:
21:5 Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.
21:6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;
21:7 y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.
21:8 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.
21:9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
21:10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?
21:11 Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.
¡HOSANNA AL HIJO DE DAVID!
Buenos días. Hoy aprenderemos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Con este pasaje bíblico comienza la última semana de vida de Jesús, lo que conocemos como la Semana Santa. Y, de hecho, la pasada Semana Santa aprendimos la versión de Lucas de este evento, que es mucho más completa, así que esta semana prácticamente lo estamos repasando de forma más resumida. La entrada triunfal en Jerusalén ocurre el Domingo de Ramos. El viernes anterior Jesús sanó a los ciegos cerca de Jericó, y después Él, sus discípulos, y la multitud ascendieron por el camino de Jericó hacia Jerusalén. El sábado Jesús y sus discípulos descansaron, quizás en el hogar de Lázaro, Marta y María en Betania. Y ahora el domingo emprenden el viaje para visitar Jerusalén.
Este evento es tan importante que quedó relatado en los cuatro evangelios (cf. Mar. 11:1-10; Luc. 19:29-38; Jua. 12:12-19). Hasta este punto Juan tiene muy poco material en común con los Sinópticos, con excepción de la alimentación de los cinco mil. Pero los cuatro evangelios registran los acontecimientos de la Semana Santa con mayores detalles que en cualquier otro período de la vida de Cristo. Hoy aprenderemos precisamente cuál es la importancia de este evento y qué aplicación tiene para nuestras vidas. Yo oro para que cada uno de nosotros pueda reconocer a Jesús como el Hijo de David, el Mesías que viene en el nombre del Señor y que aclamemos como la multitud: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Amén.
I.- He aquí, tu Rey viene a ti (1-7)
Leamos juntos el v.1a. Con esta frase Mateo marca el inicio de lo que sería la última semana de vida de Jesús. El Señor sabía que se dirigía a Jerusalén a cumplir con la misión con que había venido a la Tierra: Morir por los pecados de la humanidad. Así, Él se revelaría como el Mesías, el Salvador del mundo. Sabiendo esto, veamos lo que hizo. Leamos ahora juntos los vv. 1b-2a. Cuando vinieron a Betfagé, frente al monte de los Olivos, Jesús envió a dos de Sus discípulos a la aldea de enfrente, de la que no sabemos el nombre. Betfagé no se menciona en el AT, y en el NT solamente en relación con la entrada triunfal. Su nombre significa “Casa de los higos verdes”, muy probablemente por la cantidad de higueras que había allí. Era una pequeña aldea a unos 3 km de Jerusalén que estaba sobre el camino que unía Jerusalén con Jericó, frente al Monte de los Olivos.
El Monte de los Olivos, era un monte de unos 800 m sobre el nivel del mar, que se encuentra al este de Jerusalén, separado de ésta por el Valle del Cedrón. Su nombre se deriva de la gran cantidad de olivos en sus laderas. Y allí se hallaba el huerto de Getsemaní donde veremos a Jesús orar y siendo arrestado más adelante. Estando en este camino Jesús decidió preparar Su entrada a Jerusalén. Veamos a continuación lo que hizo.
Leamos ahora juntos los vv. 1b-3. Jesús envía a dos de sus discípulos en una misión especial. Debían ir a buscar a la aldea de enfrente un asna y un pollino, su cría, que estaban junto al camino. Mateo es el único de los evangelistas que menciona dos animales, el resto solo menciona el pollino. Cabe destacar que solo Mateo y Juan fueron testigos oculares de este hecho; Marcos escribió probablemente las memorias de Pedro; y Lucas investigó diligentemente todas las cosas. Por otro lado, Juan escribió cerca del final de su vida, más de 70 años después de que ocurrieron estos acontecimientos; en cambio, Mateo parece haber sido de los primeros en escribir los hechos y palabras de Jesús; y parece haberlo hecho unos 30 años después de que ocurrieron. Así que sería natural que Mateo recordase este tipo de detalles, que eran dos animales y no uno. Y que el resto se hubiese olvidado de la asna porque sería el pollino quien cobraría protagonismo como veremos más adelante.
De hecho, Marcos y Lucas destacan que el pollino era un animal “en el cual ningún hombre ha[bía] montado” (Mar. 11:2; Luc. 19:30). Esto parece ser algo importante, pues el Señor sería el primer hombre en cabalgar este animal, mostrando claramente el cumplimiento de la profecía que cita Mateo. Pero antes de llegar allí, podemos ver que la misión de los dos discípulos era hallar los dos animales, desatar el asna, y llevar ambos animales a Jesús. Quizá debían llevar el asna para que el pollino los siguiese más fácilmente, siendo tan joven, todavía seguiría a su madre.
No se nos revela la identidad de estos dos discípulos, quizás ni siquiera eran de los doce apóstoles, o quizás sí. Lo que cabe destacar aquí es que esta misión era bastante increíble y difícil de obedecer. Veamos por qué.
Primero, ¿cómo sabía Jesús que esos animales se encontraban en ese lugar? Los discípulos debían ir a buscar unos animales particulares, sin tener certeza de que los encontrarían. Debían caminar hasta esa aldea y buscar los animales, quizás perdiendo su tiempo y esfuerzo. ¿Cómo sabía Jesús que habría un asna y un pollino en el que nadie había montado junto a ese camino? Se han sugerido varias explicaciones. Algunos opinan que Jesús había hecho los preparativos con respecto al animal en un viaje anterior a Jerusalén, y por eso el dueño había dejado atada el asna junto al camino junto con su pollino, listo para ser recogidos y servir al Señor. Otros piensan que Jesús pudo haber visto los animales estando en el camino, pero esto es muy poco probable. Otra posible explicación es que Jesús en su Omnisciencia Divina, ya sabía que estos animales estaban allí, así como cuando le pidió a Pedro ir al mar y sacar un pez en cuya boca había una moneda suficiente para pagar el impuesto de entrada a Capernaum por los dos (Mat. 17:27). Y que, además, Jesús usa Su autoridad divina para tomar prestado el animal diciendo: “el Señor lo necesita”. Yo me inclino por esta última explicación.
Segundo, los discípulos debían tomarlos sin pedir permiso primero. Jesús les dice que desaten el asna y le lleven ambos animales, y si alguien les preguntaba algo, recién allí le dirían: “El Señor los necesita; y luego los enviará.” Tomar un animal sin permiso califica como hurto y, según la Ley, si se les acusaba de hurto debían pagar el doble (Exo. 22:4). ¿De dónde iban a sacar otros dos animales si les condenaban por hurto? ¿Dónde quedaría su reputación? ¿Por qué no pedir permiso primero? Honestamente no sabemos por qué el Señor no les dijo que pidieran permiso primero. Quizás para que ellos aprendieran a confiar en Él; quizás porque ya había hecho la negociación con el dueño. Como sea, esto era una prueba para la obediencia de estos dos discípulos.
Tercero, ¿para qué necesitaba Jesús estos animales? Los discípulos podían cuestionar para qué el Señor quería un asna y un pollino. Si estaba cansado de caminar, ¿por qué no pedía prestado allí mismo un animal para cabalgadura? ¿Por qué no mejor algo más prestigioso como un caballo? ¿Por qué un asna y un pollino? Lo que Jesús pedía parecía no tener sentido, era riesgoso y requería mucho esfuerzo.
Mateo pasa a respondernos precisamente por qué Jesús necesitaba estos dos animales. Leamos juntos los vv. 4-5. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho en Zac. 9:9: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” Podrán notar que Mateo cita la profecía un poco diferente. Él la cita de memoria y recordando al asna también. Pero lo importante es que de hecho nos muestra por qué Jesús envió a Sus discípulos a buscar estos animales. Él quería entrar en Jerusalén montado sobre el pollino para revelarse como el rey humilde, justo y salvador, el Mesías, que venía a liberar a Su pueblo. No estaba haciendo esto por cansancio o por capricho, sino para cumplir las profecías que habían sido escritas acerca de Él.
Leamos ahora juntos los vv. 6-7. Ellos hicieron exactamente lo que Jesús les dijo y Le trajeron los animales. Además, pusieron sus mantos sobre ellos, improvisando una cabalgadura, para que Jesús montase el que quisiese. Dios quisiera que nosotros tuviésemos la obediencia de estos dos discípulos. Que, aunque lo que el Señor nos pida no parezca lógico, o requiera mucho esfuerzo, o sea riesgoso, podamos hacer todo como Él nos manda. ¿Cuánto nos cuesta obedecer la Palabra de Dios? ¿No queremos primero entender bien y sopesar todos los riesgos y las consecuencias antes de obedecer? Está bien que seamos prudentes, pero, ¿no son a veces excusas simplemente para no obedecer al Señor? ¿Cuántas veces no te ha dicho el Señor que dejes ese hábito? ¿Cuántas veces no te ha dicho que perdones y ames? ¿Cuántas veces te ha dicho ya que confíes y obedezcas? ¿Cuántas veces nos ha llamado ya al Señor para que vayamos a pescar a la Universidad de Panamá? ¿Y por qué no lo hemos hecho, entonces? ¿Qué estamos esperando? Dios nos ayude a ser obedientes a Su Palabra como lo fueron estos dos discípulos, y que vayamos y hagamos todo lo que nos manda. Amén.
II.- Jesús es aclamado por la multitud (8-11)
Leamos juntos el v.8. Al ver a Jesús sentado sobre el pollino cabalgando hacia Jerusalén, la gente comenzó a quitarse sus mantos y a tenderlos sobre el camino. Y los que no tenían mantos, cortaban las ramas de los árboles, supuestamente palmas, para tenderlas sobre el camino también. Esto sería el equivalente a colocar una alfombra roja para que Jesús pasase. Podemos leer un evento similar en 2Re. 9:13 donde el pueblo hacía esto mismo para proclamar a Jehú como rey sobre Israel. Entonces, con esta acción, los discípulos y la multitud estaban proclamando a Jesús como Rey de Israel. Parece ser que la multitud recordó la profecía de Zacarías y reconocieron a Jesús como el rey justo y salvador que venía humilde a Jerusalén a restaurar el reino de Su padre David. Por eso le estaban reconociendo como rey.
Leamos juntos ahora el v.9. “La gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Las primeras dos frases de esta aclamación vienen del Sal. 118:25-26: “Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos.” Hosanna es la transliteración del vocablo hebreo traducido como “sálvanos ahora” en el Sal. 118:25. Este salmo es parte del “Hallel” que comprende los Salmos 113 – 118 y que, según Walton y Keener: “se cantaba regularmente durante la época de la Pascua y estaría fresco en la mente de todos”.
Esta multitud estaba subiendo a Jerusalén para celebrar la Pascua, así que tendrían en la mente el Hallel que siempre cantaban. Generalmente se cantaba como una súplica por salvación, pero acá lo estaban cantando con gran júbilo porque les parecía cercana su salvación. Ellos vieron a Jesús cabalgando sobre el pollino, se acordaron de la profecía de Zacarías y le aclamaron: “¡Hosanna al Hijo de David!” Pudieron notar que la frase “Hijo de David” no aparece en el Sal. 118:25. Ellos la incorporaron en su aclamación reconociendo a Jesús como el Mesías y rogándole por Su salvación.
Luego, continúan con lo que dice el Sal. 118:26: “Bendito el que viene en el nombre de Jehová”. Ellos estaban reconociendo, entonces, que Jesús es el Mesías que venía en el nombre del Señor para salvarlos. Ellos estaban declarando gozosos que Jesús es el rey que viene en el nombre del Señor, el Mesías que venía a librarlos del Imperio Romano que los oprimía, y que entraría a Jerusalén y tomaría el palacio real y se sentaría en el trono de David, Su padre. Cantaban y se regocijaban pensando que finalmente el reino mesiánico sería establecido y que Israel sería una nación soberana nuevamente.
La última frase: “¡Hosanna en las alturas!” no aparece en el Sal. 118. MacDonald comenta que: “Al clamar Hosanná en las alturas, la muchedumbre clamaba al cielo para que se uniese a la tierra en la alabanza al Mesías, y quizá llamándole a que salvase desde los más altos cielos.” Y Robertson recuerda que esta frase evoca la canción que cantaron los ángeles cuando anunciaron el nacimiento de Jesús a los pastores a las afueras de Belén en Luc. 2:14: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Así que pareciese que la multitud se hacía eco de la hueste angélica, aclamando a Jesús como la buena voluntad de Dios para salvar a la humanidad.
Esta es la razón por la que a este pasaje bíblico se le conoce como “La Entrada Triunfal en Jerusalén”. Jesús estaba entrando en la Santa Ciudad con el coro de una multitud que lo aclamaba como el Mesías, como el rey que venía de parte del Señor. Sin embargo, lamentablemente esta multitud no entendía realmente la misión que Jesús venía a hacer como el Mesías. Ellos pensaban que Él conquistaría Jerusalén en ese momento y establecería a Israel como una nación soberana nuevamente. Pero esto estaba muy lejos de lo que sucedería en los próximos días. Jesús se manifestaría como el Mesías sufriente de Isa. 53. Y sería crucificado como el Rey de los Judíos según veremos en Mat. 27:37.
Como Jesús no era el Mesías que ellos esperaban, muchos de esta multitud se decepcionarían de Él y varios de los que aclaman aquí: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Gritarían más adelante: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!” El Señor nos guarde de tal emocionalidad en nuestras vidas. Que cuando proclamemos a Jesús como nuestro Rey y Salvador podamos hacerlo con conocimiento y con sinceridad de corazón. Amén.
Precisamente, la ignorancia de esta multitud con respecto a Jesús y Su identidad se refleja en los siguientes versículos. Leamos juntos por favor los vv. 10-11. Cuando Jesús entró con la multitud en Jerusalén la conmoción era muy grande. La gente escuchaba el clamor de la multitud y preguntaba quién era aquel que estaba entrando y que las multitudes estaban proclamando como el Mesías. “Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.” La gente ni siquiera entendía lo que estaban haciendo o diciendo. ¿Era Jesús un profeta o el Mesías? Ellos estaban aclamándole como Hijo de David, como Mesías, pero aquí lo refieren como un profeta nada más. Además, ellos pensaban que Jesús era de Nazaret de Galilea porque allí se crio. Pero, ¿saldría el Mesías del Nazaret de Galilea? ¡No! Él vendría de Belén de Judea según la profecía de Miq. 5:2. Así que, si Jesús fuese realmente de Nazaret de Galilea, Él no podría ser el Mesías. Pero ya hemos aprendido que Él nació en Belén de Judea para cumplir las profecías según nos testificó Mat. 2:1-6, y, por tanto, Él es el Mesías, nuestro Salvador.
Dios quiere que cada uno de nosotros también podamos reconocer a Jesús como el rey de nuestras vidas. El rey tiene completa autoridad sobre su pueblo. Lo que dice debe hacerse, aunque al pueblo no le parezca. Si Jesús es el rey de nuestras vidas, debemos obedecerle incontestablemente. No hay lugar para la discusión. Si nos dice algo en Su Palabra debemos hacerlo. De otro modo, Él no sería realmente el rey de nuestras vidas, sino un consejero al que escuchamos si nos parece. Lamentablemente, esto es Jesús para muchas personas. Escuchan la Palabra de Dios como un consejo que pueden tomar si les parece, pero si no, piensan que pueden hacer lo que mejor les parezca.
Muchos que se llaman a sí mismos cristianos, viven de esta manera. Si nos les parece perdonar a alguien, no lo perdonan, aunque Jesús dice que debemos perdonar. Si un fin de semana quieren hacer algo: ir a la playa, ir al interior, pasar tiempo con su familia, lo hacen, aunque la Biblia diga que no debemos dejar de congregarnos. Algunos no comparten el evangelio con otros ni los discipulan porque piensan que es suficiente con ir a la iglesia de vez en cuando y vivir sin hacerle daño a nadie, aunque Jesús mandó a ir y predicar el evangelio, y hacer discípulos a todas las naciones. Dios nos ayude a ser verdaderos cristianos cuyo Rey es Jesús, y que obedezcamos toda la Palabra de Dios y vivamos para la gloria de Su nombre cada día de nuestras vidas. Amén.
En conclusión, ¿es Jesús tu Rey y Salvador? ¿Le proclamas públicamente tu Rey? Dios nos ayude a proclamar a Jesús como Rey diciendo: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Pero diciéndolo con conocimiento y sinceridad de corazón, y no como esta multitud. ¡Que el Señor nos ayude a aceptarle como el rey de nuestras vidas y a obedecer siempre Su voluntad revelada en la Biblia! Que podamos ir a hacer discípulos en la Universidad de Panamá y que de esta manera Él pueda convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.
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