Hechos 4:32 - 5:16

4:32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.
4:33 Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.
4:34 Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,
4:35 y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.
4:36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre,
4:37 como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
5:1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,
5:2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
5:3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
5:4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
5:5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
5:6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
5:7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
5:8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
5:9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.
5:10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
5:11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
5:12 Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
5:13 De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
5:14 Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres;
5:15 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.
5:16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.

EL ERROR DE ANANÍAS Y SAFIRA


Lectura 7 de Hechos

EL ERROR DE ANANÍAS Y SAFIRA

Hechos 4:32-5:16

V.C. 12 “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.”

Sin duda alguna, una de las enseñanzas que nos deja la iglesia primitiva es la unanimidad. En el capítulo 1 (Hechos 1:14) aprendimos que 120 personas perseveraron unánimes en oración y ruego, en vísperas del Espíritu Santo prometido. En el capítulo 2 (Hechos 2:1) también vimos que el día de pentecostés en que vino el Espíritu Santo, ellos estaban todos unánimes juntos, y en el verso 2:46, después del primer discurso de Pedro, cuando ya eran más de 3000 creyentes, dice que ellos perseveraban unánimes cada día en el templo. De igual modo, la semana pasada, en Hechos 4:24 aprendimos que, luego que Pedro y Juan fueron liberados de su prisión, todos los miembros de la iglesia alzaron unánimes la voz a Dios en respaldo de los apóstoles que eran perseguidos.

En síntesis, hasta ahora hemos visto que la unanimidad consiste en permanecer juntos y orar en mutuo acuerdo. Pero ¿sólo esto es unanimidad? ¡No! La unanimidad es más no honda que esto. Y justo hoy vamos a aprender aspectos prácticos que son el reflejo de la unanimidad de la iglesia de Cristo. Sin embargo, también aprenderemos como el error de una familia, Ananías y Safira, atentó contra la unanimidad de la iglesia. Gracias a Dios que, el apóstol Pedro, lleno del Espíritu Santo, actuó sabia y rápidamente y guardó el ambiente entre ellos. Vamos a ver qué consistieron sus acciones. Estemos atentos, porque la unanimidad de esa iglesia es nuestra meta, no sólo en este año, sino siempre. Aprendamos y practiquemos la palabra de hoy.

  1. TODAS LAS COSAS EN COMÚN

En este tiempo, la iglesia ya estaba compuesta por miles de personas. Solo en el último discurso de Pedro, al menos 5000 varones se habían convertido al cristianismo. Si se suman a las mujeres y los niños, se estima que, en aquel momento, el número los cristianos rondaba las 15000 personas. Esto es casi la mitad de los espectadores que caben en la cancha del equipo de futbol “Gimnasia y Esgrima de La Plata”. Es decir, mucha gente.

Y aunque nosotros sabemos que la convivencia entre 2 personas es difícil, entre estos primeros cristianos estaba sucediendo algo asombroso. Me gustaría que lo veamos literalmente en el v.32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” una vez más, la palabra nos muestra que los hermanos (más de 10 mil personas), estaban viviendo en unanimidad. Y acá podemos ver en qué consiste llevar una vida unánime, como dice el versículo que acabamos de leer: tener un mismo corazón y una misma alma. Pero ¿qué significa eso? La traducción en el lenguaje actual dice “tenían una misma manera de pensar y de sentir”. Pero esta frase “un corazón y un alma” es una frase típica hebrea. En el libro de Deuteronomio la encontramos muchas veces. Y si observamos bien, esta frase es parte del resumen de los mandamientos que nos dio Jesús (Marcos 12:30) “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”. Lo cual quiere decir, que más que pensar y sentir de una misma manera, estos primeros cristianos eran unánimes por cuanto se amaban entre profundamente entre ellos, cumpliendo así, lo que Jesús llamó el segundo gran mandamiento “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Entonces la unanimidad empieza en nuestra fe común en Cristo. Por eso el v.32 aclara que la multitud que estaba unánime eran los que habían creído. Luego, la unanimidad es posible si nos amamos entrañablemente. Con el corazón y el alma. Y finalmente, se manifiesta, en parte, a través de llevar una vida común y en unidad. 

Hay unas corrientes ideológicas seculares, asociadas a la política, que muchas veces son confundidas con esto que mostraron los primeros cristianos. Me estoy refiriendo al socialismo y comunismo. Y la confusión radica en que, esas ideologías plantean una igualdad de condiciones entre todos los habitantes. Sin embargo, si bien, en algún sentido el socialismo y el comunismo lucen iguales a lo que vemos en este pasaje, realmente son cosas diferentes. Y quise aclarar esto, porque yo he llegado a escuchar a algunos dirigentes, decir que Dios es comunista o socialista. Y esto es una gran mentira, porque Dios no es socialista, ni comunista, tampoco capitalista. Dios y su voluntad no pueden ser envueltas por alguna corriente ideológica humana. Además, la vida común de los primeros cristianos es un fruto del Espíritu Santo, no es producto de ninguna agenda política. Por eso, justamente en este tiempo que en nuestro país estamos en período electoral, si bien les animo a que ejerzan su derecho al voto, les aconsejo que no pongan su esperanza en alguna ideología política, no pienses que esa es la solución a todos los problemas, más bien les animo aquí tengan una relación profunda con Dios, para que, llenos del Espíritu Santo, entre nosotros se replique la vida común de los primeros cristianos ¡Amén! ¿y en qué consistía la convivencia de la iglesia primitiva? 

Esto lo podemos ver en los vv.32b,34,35 “y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común (…) Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” Hay dos aspectos que son resaltantes. 

Primero, los creyentes de la iglesia primitiva no tenían amor a lo material. Ya en varios pasajes de la biblia, nosotros hemos aprendido que no debemos amar al dinero ni las cosas materiales. Por ejemplo, en Mateo 6:19 vimos que no debemos enfocarnos en hacer tesoros en esta tierra porque todo lo terrenal es perecedero. Concretamente Dios nos dice “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y ladrones minan y hurtan”. También en Mateo 19 aprendimos que las riquezas pueden ser un estorbo espiritual, como dice el pasaje “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios”. Y así, hemos visto en varias ocasiones que nosotros no debemos amar a las riquezas, porque nadie puede servir a dos señores; siempre aborrecerá a uno y amará al otro (o viceversa). Nadie puede servir a Dios y a las riquezas. 

Pero nosotros no debemos guardarnos del amor al dinero solo por un beneficio personal. Sino que también debemos hacerlo para mantener la unanimidad de la iglesia. En el caso de la iglesia primitiva, ellos vivían tan desprendidos de lo material, que no consideraban propio ni siquiera sus pertenencias. La casa que tenían, consideraban que no era suya sino de todos. Los animales que tenían, consideraban que no era suyo sino de todos. Los terrenos que tenían, no lo consideraban suyos sino de todos. Asimismo, con las de más cosas materiales. Y este desprendimiento, les permitió que ellos vendieran sus propiedades y entregar en el monto recibido a un fondo común, administrado por los apóstoles, quiénes le daban a las personas únicamente lo que necesitaran. Es así como los creyentes en Jerusalén vivían bajo el principio de compartir voluntariamente sus posesiones para fortalecer la unidad y armonía de la comunidad

Yo quiero animarte, a que el día de hoy revise tu corazón biblioteca si tienes amor al dinero y apego a las cosas materiales. Pregúntate si eres capaz de vender algo tuyo para ayudar a aquel que lo necesita. En nuestro tiempo somos muy materialistas, y eso atenta contra la unidad del cuerpo de Cristo, nosotros tenemos que arrepentirnos, y orar a Dios para que nos dé un amor tan grande por nuestros hermanos, que podamos compartir aún las cosas materiales con aquel que lo necesita. Y justamente este es el segundo aspecto.

Segundo, los creyentes de la iglesia primitiva amaban a sus hermanos. Y en este punto me gustaría que recordáramos lo que Dios nos dice en 1 Co 13:3 “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”. Visto el punto anterior, podríamos quedar con la idea errónea de que amar es solo dar nuestros bienes materiales, pero el señor nos enseña en su palabra que esto no es así, porque podríamos inclusive entregar nuestra propia vida por alguien sin amarle. Por eso es bueno que nosotros entendamos que es el amor. Según 1 Corintios 13, el que ama no es orgulloso, ni se cree más que nadie. Es decir, que si alguien ama no se jacta de las propiedades, o el dinero que tenga, orgullosamente. Sino que es humilde y más bien tiene cuidado de no herir al hermano, para que usted no se sienta mal por su escasez. Según 1 Corintios 13, el que ama tampoco es envidioso. Es decir que, el amor no solo debe darlo el que tiene las propiedades, sino que el que no las tiene, también debe cuidarse de la envidia. La envidia es el enojo o molestia por las cosas que tiene el hermano, o las metas que alcanza. La envidia también se refleja cuando alguien codicia lo que tiene el otro. Finalmente 1 Corintios 13 dice que el amor no es egoísta, lo cual quiere decir, como también lo dice Filipenses 2:4, que el que ama no busca su propio beneficio nada más, sino también se preocupa por el bienestar de los otros.

Entonces, amados hermanos, aprendemos que para lograr la unanimidad bíblica, además de creer en Jesús, de estar de acuerdo en oración, y de permanecer unidos físicamente como en esta reunión, es necesario qué nosotros nos desprendamos de los apegos materiales y que amemos a nuestros hermanos genuinamente. Lo cual es visible cuando nosotros somos capaz de dar lo que tenemos para ayudar al que lo necesita. Es hermoso que esta actitud de la iglesia primitiva en Jerusalén, decantó en que se acabó la pobreza entre ellos. Si nosotros replicáramos su conducta, no tendríamos el porcentaje de indigencia tan alto que hay en los países de Latinoamérica. Los políticos nos plantean qué para eliminar el 11% de pobreza que tiene Argentina, la solución está en movimientos económicos, pero si nosotros no obedeciéramos lo que dice esta palabra no haría falta hacer ningún movimiento económico, hoy de igual forma en Jerusalén entre nosotros se habría acabado la miseria. 

Hay muchos ejemplos contemporáneos de sociedades que han logrado esto. Me gustó mucho cuando el pastor Martín Kim, me contó cómo era la vida en el seminario en que él estudio en Boston.  Me duele escuché sentí que hoy en ese campus la vida era un reflejo de esta iglesia primitiva. Ellos compartían lo muebles entre el uno y el otro, al punto que no había necesidad de comprar muebles nuevos. También tenían tiendas donde se compartían comida que consumo pronto, y muchos de los que no podían comprar comida, tenían resuelta la alimentación de esta manera. Hola a Dios que nosotros en nuestra iglesia también podamos ser un reflejo de la iglesia primitiva en este sentido. ¡Amén!

  1. ANANÍAS Y SAFIRA MINTIERON A DIOS

Muchos hombres y mujeres en la iglesia primitiva vivieron de la forma ejemplar que hasta ahora hemos hablado. Uno que se menciona en este pasaje es José (en adelante llamado Bernabé), este hombre tenía un terreno¿Qué hizo con él? El v.37 dice que lo vendió y el dinero que obtuvo lo entregó íntegramente a los apóstoles. Sin duda, Bernabé es un gran ejemplo, de hecho, Dios lo honró tanto que aparece en la palabra. Bernabé fue un ejemplo de amor y entrega, pero también de verdad. Pero hubo una familia, compuesta por hombre llamado Ananías y su mujer Safira, que también tenía un terreno, y también lo vendió, y aunque ellos entregaron “dinero” de esta venta, no fueron tan ejemplares como Bernabé ¿por qué?

Leamos los vv.3,4 “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.” Resulta que Ananías quiso hacer lo mismo que Bernabé, y le dijo a Pedro que le estaba entregando todo el dinero íntegramente, pero la realidad es que él y su mujer se habían quedado con una parte. Nadie estaba obligando Ananías y Safira a vender su propiedad, tampoco era obligatorio que entregaran todo el dinero. El problema aquí es que ellos mintieron creyendo que podían engañar a Dios.

Muchas veces nosotros también somos como Ananías y Safira, y mentimos al decir que estamos dando todo a Dios, y sólo le estamos dando una parte. A veces decimos que le estamos dando todo nuestro esfuerzo, y sólo le estamos dando una parte. A veces mentimos diciendo que tiene todo nuestro corazón y sólo le estamos dando una parte. A veces decimos que estamos orando y no lo estamos haciendo. A veces decimos que le estamos dando el diezmo y sólo le damos una parte. A veces decimos que estamos luchando contra un pecado y realmente no lo estamos haciendo. Muchas veces, ante la iglesia, hacemos ver que le damos a Dios más de lo que realmente le estamos entregando. Y esto es un gravísimo error. Porque realmente no estamos engañando al hombre sino a Dios. En el v.5:9 dice que esto es tentar a Dios. Esta es una obra del diablo. Noten que Pedro le dijo a Ananías “…por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…”

Obviamente esto, como todo pecado, tiene consecuencias. Primeramente, rompe la unanimidad. La semana pasada veíamos que cuando Dios obra, hoy el diablo quiere destruir lo que ha hecho Dios, y para eso vimos que usa aquellos líderes falsos. Pero hoy aprendemos que también puede usar a los que están dentro de la iglesia ¿vos te vas a dejar usar por Satanás? ¡En ninguna manera esto acontezca entre nosotros! Pero no sólo por el bienestar del colectivo, sino por la vida de cada uno de nosotros. Porque la segunda consecuencia de este pecado en la muerte. Y quizá no ocurra físicamente como le ocurrió a Ananías. Lo que sí te garantizo, es que si intentas engañar al Espíritu Santo, la consecuencia es el castigo eterno. 

No lo intenten hermanos, porque nadie puede engañar al Espíritu Santo, no hay nada que nosotros podamos ocultar de Dios. Él lo revela. Y los siervos de Dios que tienen el Espíritu de Dios, como Pedro, disciernen estas mentiras. A veces uno no dice nada, porque es paciente y espera que el hermano se arrepienta. Pero otras veces créame que nosotros los pastores tenemos que enfrentar la mentira tal como lo hizo Pedro en esta ocasión. En ese momento hoy la situación será muy vergonzosa.

Yo le digo a los matrimonios de nuestra iglesia, que vean el ejemplo de Ananías y Safira. Y si su esposa(o) lo quiere llevar al pecado no lo permita. Los esposos estamos para llevar al otro a la Vida (Dios) no para llevarlo a la muerte. Lastimosamente en este caso, por ponerse de acuerdo para hacer el mal, ambos fueron muertos. Lo cual trajo consigo temor. Dice el v.5:11 “Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas”. Pero es de temor no se refiere a un pavor hacia Dios. No es el miedo que le tenemos a un chorro, o qué le tenemos a un desastre natural. Este temor significa respeto

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