Juan 1:14-14
1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.Y VIMOS SU GLORIA
Buenos días. Hace unos cinco años aprendimos este versículo como parte de nuestras lecturas de Juan. Sin embargo, hoy he querido compartir con ustedes este mensaje especial porque en la clausura de la Conferencia Internacional, el P. Ron Ward nos pidió que retuviéramos en nuestros corazones una palabra que hayamos recibido durante la Conferencia, y esta fue la palabra que yo recibí. Y oro para que en esta mañana ustedes también pueda recibir esta palabra en su corazón y puedan afirmar también con el apóstol Juan y conmigo: “Y vimos Su gloria”. Amén.
¿Cómo les fue durante estas dos semanas? Sé que guardaron el Día del Señor de forma diferente. El domingo antepasado se conectaron con los hermanos de La Plata, Argentina. Yo también me pude conectar un rato y estuve en comunicación con el M. Juan Carlos que muy amablemente nos colaboró activamente para que ustedes pudiesen guardar el Día del Señor con ellos. Lamentablemente, no pude escuchar su mensaje dominical, pero él me envió su manuscrito. ¿Cómo les pareció el mensaje? ¿Qué aprendieron? ¿Escribieron testimonio? Recuerden que el testimonio bíblico nos ayuda a que la Palabra de Dios quede grabada en nuestros corazones y tenga un mayor impacto en nuestras vidas. De otra manera, puede que se nos olvide lo que aprendimos. Esa es la importancia de escribir cada semana nuestro testimonio bíblico.
Yo no pude escuchar el mensaje del M. Juan Carlos porque salimos a guardar el Día del Señor con nuestros hermanos de Chicago y algunos de los delegados internacionales que estaban llegando para participar en la Conferencia. Allí recibimos una poderosa palabra del Señor en Isa. 55. El P. Mark Vucekovich, pastor del capítulo de Chicago, nos invitó a buscar al Señor mientras pueda ser encontrado. Que si estamos sedientos espiritualmente, si nuestras almas están hambrientas, podemos venir a Jesús y saciarnos en Él gratuitamente, porque Él ya lo pagó todo. Aprendí que no debo poner todo mi esfuerzo y trabajo en las cosas de este mundo, gastando el dinero en lo que no es pan, y mi trabajo en lo que no sacia, sino que debo buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia y todas estas cosas me serán añadidas. Si nos enfocamos en las cosas de este mundo, puede que se nos pase la vida, y ya no tengamos oportunidad para buscar al Señor y alcanzar la salvación. ¡Dios nos ayude a buscar al Señor mientras pueda ser hallado y a saciar nuestras almas en Él! Amén.
Después del Culto Dominical tuvimos un tiempo precioso para compartir con nuestros hermanos venezolanos en Estados Unidos. Pudimos pasar una tarde muy agradable, compartiendo el almuerzo, recuerdos de nuestra comunión en Caracas y nuestras luchas espirituales actuales. Fue un tiempo precioso en el Señor. Y le doy gracias a Dios por darnos esa oportunidad. Sentí que ese fue un adelanto a lo que viviremos en el reino de los Cielos; y un preámbulo a lo que experimentaríamos en nuestra Conferencia Internacional. ¡Ya estábamos comenzando a ver Su Gloria!
A través del mensaje de hoy aprenderemos el testimonio del apóstol Juan que afirmó: “Y vimos Su gloria” y veremos en qué sentido Él y todos los que se encontraron con Jesús, vieron Su gloria. Oro para que cada uno de nosotros pueda ver la gloria de Jesús esta mañana. Amén.
I.- Y aquel Verbo fue hecho carne (14a)
Leamos juntos el v.14a por favor. El apóstol Juan comienza su evangelio identificando a Jesús como el Verbo en el v.1. La palabra griega que se usa aquí es Logos que se podría traducir también como “palabra”, “razón”, “pensamiento”, “argumento”, etc. Tiene muchos significados. Este Logos se encontraba tanto en el pensamiento judío como en el griego. El filósofo griego Heráclito fue el primero en plantear la idea de un Logos alrededor del S. VI a.C. Según la filosofía de Heráclito todo estaba en constante flujo, todo cambiaba constantemente, pero todo este cambio era controlado por el Logos. Para Heráclito, el Logos era el principio de orden bajo el cual seguía existiendo el universo. Luego, los estoicos usaron esta idea. Para ellos el Logos era el alma del mundo, el poder que hacía que todo tuviese sentido, que hacía que el mundo fuese un orden en vez de un caos, el poder que puso el mundo en movimiento y que lo mantiene en perfecto orden.
Pero, algunos afirman que el apóstol Juan era discípulo de Platón, pues ven este Logos como el Logos platónico. El filósofo griego Platón basaba su filosofía en la teoría de las ideas. Él hacía una distinción entre el mundo que se puede percibir por los sentidos (mundo sensible), y otro que no se puede percibir por medio de los sentidos (mundo inteligible) donde habitan las ideas. Platón contempla dichas ideas como la estructura, los modelos a partir de los cuales se basan las cosas físicas, que no son más que copias imperfectas de aquellas. Según Platón, cada uno de nosotros es una idea que se cayó del mundo de las ideas, y que está buscando regresar a ese mundo. En el pináculo de ese mundo se encuentra el Logos o la idea superior, el razonamiento puro. Y las ideas se van clasificando en diferentes niveles debajo de ese Logos que es la causa de la existencia de todas las ideas. Cuando caemos al mundo sensible perdemos la memoria de ese mundo de las ideas, pero a medida que nos desarrollamos en este mundo vamos recuperando algunas ideas, y si llegamos a filosofar profundamente quizás nos desarrollaremos a un nivel superior al que estábamos antes y cuando regresemos al mundo de las ideas estaremos más cerca del Logos.
Y tenemos también al filósofo Filón de Alejandría, que era judío, pero su filosofía era griega. Conocía bien las Escrituras y conocía bien la filosofía griega también. Él usaba también la idea del Logos. Para Filón, el Logos era lo más antiguo del mundo, y el Instrumento por medio del cual Dios lo había hecho todo. Decía que el Logos era el pensamiento de Dios estampado en el universo; hablaba del Logos, por medio del cual Dios había hecho el universo y todas las cosas. Decía que la mente humana también estaba estampada con el Logos, y que el Logos era lo que le confería al hombre la razón y la capacidad de pensar y de conocer. Relacionando el Logos con el término hebreo memra que se empleaba en los Tárgums para designar a la manifestación de Dios como el Ángel de Jehová y la Sabiduría de Dios en Pro. 8.
Pero tanto para griegos como judíos, este Logos era una idea impersonal, abstracta. Y acá Juan le asigna una existencia personal como la Segunda Persona de la Trinidad, el Hijo de Dios, que conoceríamos luego con Su nombre humano Jesús, pero que Juan lo identifica en Su Ser preexistente y eterno como el Logos, el Verbo, o la Palabra de Dios, diciendo en el v.1 que este Logos era Dios.
Cuando Juan conoció a Jesús, él no sabía nada de eso. Él vio a Jesús en su forma humana. Él estuvo siguiendo a Jesús durante Su ministerio terrenal viendo solamente algunos destellos de Su gloria, quizás el más significativo de ellos, la transfiguración que aprendimos hace algunas semanas. Pero al escribir este evangelio cerca del final de su vida, él ya había visto a Jesús en diferentes facetas de Su gloria, y lo conocía de una forma muy diferente. Así que decide comenzar su evangelio, mostrándonos dos de esas facetas de la gloria de Jesús, primero, Su gloria divina preencarnada en los vv. 1-5, y después continúa con la gloria de la encarnación en los vv. 9-18. Describiéndola aquí en el v.14, en forma muy sencilla: “Y aquel Verbo fue hecho carne”.
¡Este es uno de los mayores misterios del Universo! ¡El Dios Glorioso, Todopoderoso, Omnipresente, Eterno e Infinito, descendió de Su gloria, y Se confinó en un cuerpo débil y limitado por el tiempo y el espacio! Y aunque esto no parece algo glorioso, es más bien una humillación para Él, es algo glorioso para nosotros que Dios haya venido a habitar entre nosotros, y que haya mostrado Su gloria a la humanidad. De hecho, la frase “y habitó entre nosotros” esconde otro gran secreto que nos revela el apóstol Juan.
Leamos nuevamente juntos el v.14a, por favor. “…y habitó entre nosotros”. La frase griega que aparece aquí significa literalmente: “Y levantó su tienda (o tabernáculo) entre nosotros”. Esto es una clara referencia al Tabernáculo de Jehová en el Éxodo. Fíjense que en el v.1, el apóstol Juan está haciendo una conexión entre Jesús y el Génesis con la frase “En el principio”. Aquí en el v.14 hay una conexión con el Éxodo. En el AT Dios habitó entre Su pueblo en el Tabernáculo; en el NT Dios optó por habitar entre su pueblo de una forma mucho más personal al convertirse en un ser humano. En el AT al quedar terminado el tabernáculo, la gloria Shekinah de Dios llenó toda la estructura (Éxo. 40:34); al encarnarse el Verbo, la presencia gloriosa de la deidad quedó incorporada en Él (Col. 2:9). En el Tabernáculo, la gloria de Dios no era completamente visible al pueblo, ellos solo veían ciertas manifestaciones de la gloria de Dios, sin embargo, sabían que la gloria de Dios habitaba en ese lugar; de la misma manera, en Jesús la gloria de Dios estaba velada por Su humanidad, pero aun así el pueblo pudo ver destellos de la gloria de Dios en Jesús, el verbo encarnado. Y Juan testifica que ellos vieron Su gloria.
II.- Y vimos Su gloria (14b)
Leamos juntos el v.14b. ¿En qué sentido vio Juan la gloria de Dios en Jesús? Como les comenté antes, Juan vio la gloria de Dios en Jesús en diferentes facetas. Acabamos de ver cómo con sus ojos espirituales pudo discernir la gloria de Jesús como el Verbo, la Segunda Persona de la Trinidad de Dios, antes de Su encarnación. También, aunque no estuvo en Su nacimiento, ni tampoco lo menciona, describe sencillamente la gloria de Su encarnación en el v.14a, que ya tratamos en la sección anterior. Sin embargo, Juan también pudo ver la gloria de Dios en Jesús en Su ministerio terrenal y todavía más allá. Analicemos esto a continuación con un poco más de detalle.
Primero, la gloria de Jesús en Su bautismo. El bautismo de Jesús fue un evento único. El Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma, y la voz del Padre habló desde los cielos diciendo: “Este es mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17). Y aunque Juan no narra este hecho como lo hacen los sinópticos, sí lo menciona como parte del testimonio de Juan en 1:32-34.
Segundo, la gloria de Jesús en Su carácter Santo. Aunque la deidad de Jesús fue velada en carne humana, vemos destellos de Su gloria divina en Su carácter. Los discípulos y las multitudes que rodeaban a Jesús Le vieron desplegar los atributos o características de Dios: amor, gracia, bondad, benignidad, paciencia, misericordia, sabiduría, verdad y más. El carácter Santo de Jesús no tenía comparación con el de ningún hombre, y Sus discípulos seguramente se maravillaban de esto. Además, la sabiduría de Sus enseñanzas también era incomparable. Él era definitivamente la Palabra y Sabiduría de Dios hechas carne.
Tercero, la gloria de Jesús para perdonar pecados. Esta gloria de Jesús la abarcamos en la Conferencia Internacional con el mensaje del P. John Fatoyimbo en Luc. 5:17-26. Jesús demostró que tenía poder para perdonar pecados, haciendo que el paralítico pudiese caminar. El apóstol Juan también nos muestra esta gloria de Jesús a través del testimonio de Juan el Bautista cuando dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jua. 1:29).
Cuarto, la gloria de Jesús para sanar y hacer milagros. También en el mensaje del P. John Fatoyimbo vimos esta gloria de Jesús al sanar al paralítico. Pero sabemos que Él hizo muchas otras sanidades y milagros. Nada de esto puede hacerse por medios humanos, sino por el poder de Dios solamente. El apóstol Juan también testifica esta gloria de Jesús en el principio de su evangelio con el relato de las bodas de Caná y concluye ese milagro diciendo: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.” (Jua. 2:11).
Quinto, la gloria de Jesús para cambiar vidas. De esto se trató mi mensaje en la Conferencia Internacional. Vimos cómo la gloria de Jesús transformó completamente la vida de Leví, de un publicano a un apóstol. El apóstol Juan también testifica esta gloria de Jesús en el principio de su evangelio, con el llamamiento de los primeros discípulos en 1:35-51. Y también vemos cómo transformó las vidas de Nicodemo en el cap. 3, de la mujer samaritana en el cap. 4, de la mujer adúltera en el cap. 8, y un larguísimo etcétera de vidas que cambió.
Sexto, la gloria de Jesús en Su transfiguración. Como les mencioné antes, tres de sus discípulos, entre ellos el propio Juan, pudieron dar un vistazo a la gloria divina de Jesús en Su transfiguración. Aunque esto fue algo momentáneo, les ayudó a recuperar su fe en Jesús como el Mesías enviado por Dios. Y solamente sería apenas un adelanto de lo que luego vería el apóstol Juan en el Apocalipsis.
Séptimo, la gloria de Jesús que da vida. Aun en su ministerio terrenal, Jesús mostró Su gloria que da vida al resucitar a tres personas: la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naín y a Lázaro. De estos tres, Juan registra solo la resurrección de Lázaro, mostrando a través de ella que Jesús es la resurrección y la vida.
Octavo, la gloria de la crucifixión de Jesús. Esta gloria también la aprendimos en la Conferencia Internacional a través del P. Phillip Brown. Aunque el evento en sí mismo parece más trágico que glorioso, las palabras finales de Jesús: “Consumado es”, son un clamor de victoria. Con su muerte, Jesús venció el poder del pecado y de la muerte sobre nuestras vidas, comprando nuestra salvación. Y esa victoria y gloria se hacen más evidentes con la siguiente manifestación de la gloria de Jesús.
Noveno, la gloria de Jesús resucitado. La gloriosa resurrección de Jesús sí nos muestra más evidentemente la gloria de Dios. Ahora el cuerpo del Señor no era limitado y débil como en su encarnación, sino glorioso. Además, la resurrección de Jesús manifiesta la gloria de la cruz: su efectividad para perdonar nuestros pecados y reconciliarnos con Dios. Además, nos da la esperanza de ser resucitados en gloria nosotros también junto con Cristo. Ante la resurrección del Señor y la esperanza de nuestra resurrección podemos exclamar gozosamente como el apóstol Pablo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1Co. 15:55).
Décimo, la gloria de Jesús que viene pronto. Este fue precisamente el mensaje dominical por parte del P. William Larsen. Jesús resucitado después de 40 días ascendió a la gloria de Su Padre en el cielo, en donde se encuentra actualmente. Y de allí vendrá pronto a restaurar la creación a su gloria original. El apóstol Juan pudo ver la gloria de Jesús ascendido y la describe magníficamente en Apo. 1:12-16: “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.” Ya su aspecto no tiene nada que ver que el de Su encarnación, sino que es glorioso nuevamente. Y volverá pronto para glorificar a todos aquellos que hemos sido transformados por Su gloria.
Esta lista no pretende ser exhaustiva. Es solamente mi meditación acerca de la gloria de Dios manifestada en Jesucristo. Pero seguramente habrá otros aspectos en que la gloria de Dios se manifestó en Jesús. Lo importante es que cada uno de nosotros meditemos cómo se ha manifestado la gloria de Jesús en nuestras vidas y meditemos entonces si realmente hemos visto la gloria de Dios.
Ya les he testificado cómo mi vida está siendo transformada por la gloria de Jesús. He visto la gloria de Dios cada día de mi vida, pero a veces paso por alto ciertas manifestaciones de Su gloria, porque no tengo un corazón sensible. El hecho de que ustedes estén aquí hoy, y la transformación que el Señor está haciendo en sus vidas en una clara manifestación de Su gloria. Cuando un estudiante acepta recibir estudio bíblico y comienza a vivir de acuerdo a las enseñanzas del Señor, es una manifestación de Su gloria. Este Centro Bíblico en el que estamos hoy, que parecía imposible conseguir, es una clara manifestación de Su gloria. La obra maravillosa que hizo en nuestra Conferencia Internacional congregando a más de 2,300 personas, y tocando las vidas de muchos, es una clara manifestación de Su gloria. La victoria que me dio con mi mensaje en la Conferencia internacional, aunque no hablo del todo bien el inglés, es una clara manifestación de Su gloria.
Aunque no he tenido el placer de ver cara a cara a mi Salvador todavía, ¡He visto Su gloria! Y no solo en la Conferencia Internacional, la veo cada día en mi casa, en mi trabajo, con ustedes. Hermanos míos, ¿han visto ustedes Su gloria en sus vidas? Si no la han visto, ¿qué están esperando?, vengan y experimenten la gloria de Jesús que perdona los pecados y transforma las vidas. Si ya has visto la gloria de Dios, confesemos todos juntos a toda voz: ¡Hemos visto Su gloria! Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[13.Ago.2023]_Especial-UBF-Panamá_(JUA_..14)-Mensaje.pdf
|
FOROS UBF ESPAÑOL
-
M. Marcos Kim (AR)
( 20 de noviembre de 2020 )
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...