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Mateo 27:1-31
27:1 Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte.27:2 Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
27:3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
27:4 diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!
27:5 Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.
27:6 Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.
27:7 Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.
27:8 Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.
27:9 Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel;
27:10 y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.
27:11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
27:12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.
27:13 Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
27:14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
27:15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen.
27:16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.
27:17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?
27:18 Porque sabía que por envidia le habían entregado.
27:19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
27:20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.
27:21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.
27:22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!
27:23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
27:24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.
27:25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
27:26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.
27:27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;
27:28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,
27:29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
27:30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
27:31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
EL REY DE LOS JUDIOS
EL REY DE LOS JUDÍOS
Mateo 27:1-31
V.C. 11,22a “Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y este le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?”
Quiero agradecerles a todos por sus oraciones por mí. La semana pasada estuve muy enfermo, con fiebre y dolor en todo el cuerpo. Por eso, y también para cuidarlos a ustedes, el médico me indicó reposo y no pude participar presencialmente en el Servicio Dominical. Agradezco a Dios por el Mro. Isaac que la semana pasada compartió el mensaje. Después de haber trabajado todo el día en la construcción del nuevo templo, y de dar estudio bíblico, pasó toda la noche preparándolo. Agradezco a Dios porque con este mensaje aprendimos mucho de la oración en Getsemaní de Jesús. Esta no fue una simple oración, sino una en que Jesús nos enseñó el secreto para vencer frente a la tentación. Como vimos, aunque internamente queramos adorar a Dios, nuestra carne es débil, por lo tanto, somos propensos a caer en el pecado; pero si nosotros oramos como lo hizo Cristo, por más que en nuestra carne no queramos obedecer a Dios, la oración será una fortaleza interna que nos permitirá las fuerzas para hacer vencer ¡Amén! Yo doy gloria a Dios por esta enseñanza recibida el domingo pasado, y por todo lo aprendido a lo largo de 26 capítulos en Mateo.
Y esta semana ya entramos en anteúltimo capítulo de este evangelio, donde se relata el sufrimiento y la muerte de Jesús. Pero hoy aun no veremos cómo fue crucificado el Señor; antes nos centraremos en el juicio que se le realizó a Jesús, en que fue condenado a muerte. Lo interesante es que, aunque este juicio estuvo plagado de injusticias, Dios permitió que aún los injustos reconocieran a Jesús como lo que es: el Rey de los judíos. Vamos a aprender qué significa que Jesús sea el “Rey de los judíos”, les adelanto que este título tiene implicaciones no solo para la humanidad, sino para cada uno de nosotros.
Pero antes es necesario que veamos el final de la vida de Judas.
- LA MUERTE DE JUDAS
Leamos los vv.3-5 “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.” Todo el mundo sabe que Judas traicionó a Jesús. Esto lo reconocen aun los no creyentes. Y la mayoría de la gente sabe que por entregarlo él cobró la suma de 30 monedas de plata. Lo que no muchas personas conocen es esto que acabamos de leer: que después de haber ejecutado su traición, Judas se “arrepintió” y quiso devolver este dinero, pero no lo logró. Luego de esto, decidió suicidarse. Así terminó la vida de Judas. Es lamentable, porque él era parte de los discípulos de Jesús, era parte de los apóstoles y se perdió.
Y es necesario que analicemos lo que hizo Judas después que traicionó a Jesús, porque en el versículo leemos que él “se arrepintió” de su error. Pero lo que hizo después (tomar su vida) nos muestra otra cosa. Judas realmente no se arrepintió de su error, él solamente sintió remordimiento. Y digo esto, porque la biblia dice en 2 Corintios 7:10 “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”. Entonces, quiero resaltar 3 cosas que hizo Judas, que muchos de nosotros confundimos con arrepentimiento, pero que no necesariamente lo son:
Primero, confesar el pecado no necesariamente es arrepentimiento. Judas se devolvió y dijo “Yo he pecado entregando sangre inocente”, él confesó su pecado reconociendo que él era pecador. Muchas veces nosotros también confesamos nuestras fallas y reconocemos que somos pecadores ¿pero esto es suficiente para decir que nos hemos arrepentido? ¡En ninguna manera! No todo el que confiesa su pecado está arrepentido, pero todo el que sí se ha arrepentido naturalmente reconoce su falta, sin excusas, solo aceptando su debilidad. La calle está llena de gente que dice arrepentirse de delinquir, pero que no dejan de hacerlo. Las cárceles están llenas de gente que ha reconocido su delito, pero que siguen practicándolo. En la iglesia también hay gente que confiesa su error, y nos conmueve mucho, pero que permanecen en sus pecados. En ningún caso podemos afirmar que ellos se han arrepentido. De esta forma, aprendemos que el confesar el pecado no es el fin, sino parte del proceso.
Segundo, revertir el error y resarcir el daño no necesariamente es arrepentimiento. En este caso Judas devolvió a los líderes espirituales las 30 monedas de plata que le habían pagado. En nuestro caso, al sentir remordimiento, muchas veces también queremos reversar lo que hemos hecho. Si hemos mentido, queremos decir la verdad; si hemos robado, queremos devolver lo que tomamos; y así sucesivamente. En otras ocasiones también queremos resarcir el daño que hemos hecho, por ejemplo, si le rompimos algo a alguien, lo queremos reparar; si por nuestra culpa dos personas se pelearon, intentamos que ellos se reconcilien, etc. Y todo esto está bien. De hecho, les animo a que siempre que se equivoquen y sea posible revertir el error o resarcir el daño, que lo hagan; pero no crean que esto es estrictamente el arrepentimiento, porque no necesariamente lo es. Y un buen ejemplo es que algunas veces por ley, los jueces obligan a los infractores a pagar servicio comunitario, y mucha gente lo hace, pero por obligación. Algunas veces la gente quiere deshacer lo que hizo mal y reparar el daño, no porque esté arrepentido, sino por otros motivos (por obligación, porque le conviene, porque otro se lo pide, etc.)
Tercero, reconocer a Jesús no necesariamente es arrepentimiento. Cuando Judas dijo “Yo he pecado entregando sangre inocente”, reconoció que Jesús era santo y que no merecía estar preso. Esto es buenísimo. Reconocer quien es Jesús es necesario para nuestras vidas de fe. Nosotros debemos reconocer/confesar que él es Santo, que es Dios, que es el Mesías, etc. Pero hacer este tipo de confesiones no necesariamente implica que nos hemos arrepentido, pues mucha gente reconoce a Dios y viven en sus delitos y pecados. Por ejemplo, muchos chorros antes de ir a robar le piden a Dios que los ayude ¿eso es arrepentimiento? ¡No! Asimismo, mucha gente dice yo sé quién es Dios y creo en él, pero realmente no están arrepentidos.
Entonces ¿qué es verdaderamente el arrepentimiento? Leamos de nuevo 2 Corintios 7:10 “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” la clave del arrepentimiento está en el fruto, nosotros podremos sentirnos tristes por nuestro pecado, podemos confesarlo, podemos reversar lo que hicimos y resarcir el daño, pero si no damos frutos de arrepentimiento (Mateo 3:8), entonces todo eso es un engaño. Y con “frutos de arrepentimiento” me refiero a frutos que glorifiquen a Dios, todo lo contrario de lo que hicimos al caer en el pecado.
Y una cosa importante al arrepentirnos es, que debemos ir a Jesús en busca de perdón, confiando en su misericordia. Todo lo contrario a lo que hizo Judas. Él confió en su auto justicia y se condenó a sí mismo. Tengamos cuidado con esto, porque nosotros no somos Dios, por lo tanto, nuestro deber es arrepentirnos y luchar para dar frutos de arrepentimiento a Dios, pero en ningún momento nuestra competencia es juzgarnos y condenarnos. Ni a nosotros, ni a nadie más.
- JESÚS ES SENTENCIADO A MUERTE
Te invito a leer el v.11 “Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y este le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió” Jesús fue capturado en Getsemaní en la madrugada. Luego de eso tuvo dos juicios, el primero fue un juicio religioso, llevado a cabo inmediatamente por los líderes judíos. En este juicio Jesús fue declarado culpable, pero ellos no pudieron decretar pena de muerte, porque en ese tiempo ellos eran una colonia del imperio romano, y esta pena era una atribución que Roma se la reservaba. Por eso al amanecer, los líderes judíos llevaron a Jesús ante las autoridades romanas, en este caso, ante Pilato, quien era el gobernador, porque por causa de la Pascua, él estaba en Jerusalén.
Y cuando Pilato estuvo frente a Jesús, le hizo una pregunta “¿Eres tú el Rey de los judíos?” y Jesús le dijo: “tu lo has dicho” lo cual era un modo de afirmación. Pilato le preguntó esto a Jesús porque a él como romano no le importaba ninguna razón religiosa para condenar a muerte a Cristo, pero revelarse contra el rey sí era una causa de muerte. Y esta fue la oportunidad idónea para que al Señor se le diera el título que él merecía. Esta no era la primera vez que Jesús era llamado el “Rey de los judíos”, después de nacer, los sabios del oriente preguntaron a Herodes “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?” (Mateo 2:2a). Y que Jesús recibiera este título no solo significaba que él era la autoridad sobre el pueblo de Israel, principalmente representaba que él era el Mesías prometido en la biblia que estaba esperando el pueblo de Israel.
Y esto lo entendemos mejor cuando vemos el relato del Apóstol Juan, de este mismo encuentro de Jesús y Pilato. Miren lo que dijo Jesús además de lo que ya hemos leído: Juan 8:36 “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.” Mucha gente, en aquel tiempo, creía que Jesús había venido a esta tierra a gobernar políticamente, pero Jesús nos deja claro que, si bien él es el Rey, su reino no consiste en lo mismo que los gobiernos de esta tierra. Es completamente diferente. (1) El reino de Jesús es espiritual, no es terrenal. Mucha gente confunde esto, y piensa que Jesús vino con fines humanos, pero él vino a establecer un reino espiritual. En este sentido, más que sobre un terreno, (2) Jesús ha venido a gobernar en nuestros corazones, y para que esto sea posible, nosotros debemos abrirle la puerta de nuestro corazón al Señor, esto es aceptar y adoptar a Jesús como nuestro Rey, lo cual implica que nosotros creamos en él y su palabra, y que lo obedezcamos. Mucha gente cree en Dios, pero no deja que Dios gobierne en su vida, porque prefieren hacer su propia voluntad antes que la voluntad del Padre ¡Esto es un error! Si usted ha aceptado a Jesús como su rey, debe obedecer su palabra ¡Amén! (3) El reino de Jesús es eterno. Todos los gobiernos de este mundo tienen fecha de caducidad, pero el reino de Cristo es un reino eterno. Él instaurará con nosotros el reino de los cielos, y ese reino será para siempre. Y esto es una excelente noticia, porque con Jesús no nos va a pasar lo que sucede con los gobiernos de este mundo, que nos decepcionan, son de corta duración, y muchos de ellos corruptos. El reino de Jesús es eterno y perfecto.
Y es fundamental revisar si en la práctica “Jesús es nuestro Rey”, y es claro que lo primero que debemos hacer es ver si le hemos aceptado como tal. Si no lo hemos aceptado como nuestro Rey, hoy es un buen día para hacerlo en tu oración personal. Pero luego, es menester adoptarlo como nuestro Rey. Aquí es donde la mayoría de nosotros fallamos, porque vivimos guiados por nuestra propia voluntad y no obedecemos la voluntad de Dios. Solo basta que revisemos nuestras acciones y nos preguntemos si cada una obedece a la palabra y voluntad de Dios. Si en algún área de tu vida no estás dejando que Dios reine, haz cambios, no olvides que todo lo que Jesús sufrió en este tiempo que estamos estudiando en Mateo, fue por ti ¡Gloria a Dios!
Leamos los vv.24-26 “Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.” Jesús estuvo varias veces frente a Pilato, la cronología que se puede construir en los evangelios nos indica que al menos en 2 ocasiones lo interrogó Pilato. Y este gobernador tuvo información suficiente para tomar una buena decisión, (1) aunque la gente acusaba a Jesús de rebelde, él era totalmente pacífico contra sus captores (v.14). (2) Dios le reveló a la esposa de Pilato en sueños que Jesús era justo (v.19) y (3) él mismo sabía que Cristo era justo (v.24). Sin embargo, Pilato se lavó las manos. Esto quiere decir que tomó la decisión que le pedía la gente y se auto libró de toda responsabilidad.
Y muchas veces nosotros también somos como este hombre. Porque constantemente tenemos que tomar la decisión entre Jesús otras cosas, y por querer agradar a este mundo o a otras personas, como él, terminamos lavándonos las manos y condenando al Señor. Y prestemos atención a las causas del error de Pilato, porque son análogas a las que estamos expuestos nosotros. Pilato quiso agradar a dos señores, por una parte, quería soltar a Jesús y a la vez quería agradar al pueblo y a Roma. Pero agradar a dos señores es imposible. Por eso él se vio obligado a tomar una decisión ¿y qué decidió? prefirió el poder político de este mundo, antes que a Jesús. Eligió agradar al mundo (Roma, líderes y pueblo) más que a Dios. Él menospreció las varias indicaciones que Dios mismo le dio y siguió su propia voluntad
¿Qué vas a hacer vos? Debes tomar una decisión. El mundo te va a presionar para que rechaces a Jesús, pero Jesús espera que vos elijas por él y lo entrones en tu vida. Haz a Jesús rey de tu vida aunque el mundo se enoje, esa es la mejor decisión que puedes tomar. Reconozco que no es fácil, pero si estamos dispuestos, Dios nos ayuda con su Espíritu, con su palabra, con Pastores y con y hermanos que nos llevan a los pies de Jesús. Oro a Dios que nosotros no nos lavemos las manos, sino seamos opuestos a Pilato ¡Amén!
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