Mateo 13:31-35
13:31 Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo;13:32 el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
13:33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
13:34 Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba;
13:35 para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.
PARÁBOLAS DEL REINO DE LOS CIELOS (II): DEL GRANO DE MOSTAZA Y DE LA LEVADURA
Buenos días. La semana pasada aprendimos la primera parábola del reino de los cielos, la parábola del trigo y la cizaña. Allí aprendimos que así como el trigo y la cizaña son prácticamente indistinguibles durante las primeras etapas de su crecimiento, los verdaderos creyentes y aquellos que están en la iglesia pero no han nacido de nuevo pueden ser muy difíciles de diferenciar en un principio, por eso es necesario que crezcan juntos hasta que den frutos. Los frutos que dan revelan si son verdaderos creyentes o son hijos del malo. El creyente que da el fruto del Espíritu en su vida muestra que es un verdadero creyente; pero aquel que lleva muchos años en la iglesia y sigue viviendo conforme a las obras de la carne, es un hijo del malo.
También aprendimos que así como el trigo y la cizaña tienen diferentes destinos en la cosecha, el trigo es guardado en el granero y la cizaña se quema en el horno; el verdadero creyente y aquel que no ha nacido de nuevo tendrán diferentes destinos en el Día del Juicio Final. Los verdaderos creyentes entrarán en el reino de los cielos a gozarse con Su Padre; pero los que no han nacido de nuevo y siguen viviendo en las obras de la carne irán al castigo eterno, separados por siempre de la presencia de Dios. Yo oro para que cada uno de nosotros nos arrepintamos de nuestros pecados y nazcamos de nuevo en Jesús y podamos entrar en el reino de los cielos a gozarnos con nuestra Padre Celestial por toda la eternidad. Amén.
Hoy aprenderemos la segunda y tercera parábolas del reino de los cielos. Estas breves parábolas tienen un tema común: El reino de los cielos empieza muy pequeño, pero tiene una gran influencia que permite que crezca mucho y dé muchos beneficios para todo el mundo. Yo oro para que nosotros podamos tener la visión de Dios y no estemos desanimados al ver lo pequeña que es nuestra iglesia, o lo insignificantes que parecemos, sino que podamos tener una gran influencia espiritual en nuestro campo de misión, las universidades panameñas, y que de esa manera podamos ir creciendo poco a poco hasta convertir a toda Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Que cada uno de nosotros pueda ser un buen ejemplo para los que les rodean viviendo conforme a la Palabra de Dios. Amén.
I.- La Parábola del Grano de Mostaza (31-32)
Leamos juntos los vv. 31-32. Mateo nos narra aquí otra parábola de Jesús conocida como “La Parábola del Grano de Mostaza” o “La Parábola de la Semilla de Mostaza”. Es una breve parábola que abarca solo 2 versículos, pero que tiene una importante enseñanza acerca del reino de los cielos. Comienza con la misma fórmula que veremos en todas las parábolas de esta serie de mensajes: “El reino de los cielos es semejante a…” En esta ocasión Jesús asemeja el reino de los cielos a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo y creció como un gran árbol.
¿En qué sentido es semejante el reino de los cielos al grano de mostaza? La clave está en la característica que Jesús resalta de este grano en el v.32a: “el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas”. Algunos dicen que esta comparación de Jesús demuestra que Él no puede ser Dios, pues no conoce a Su propia creación; o que la Biblia tiene errores; pues esta afirmación es falsa. La semilla de mostaza no es la más pequeña de todas las semillas. Hay semillas mucho más pequeñas como, por ejemplo, las semillas de las orquídeas que debían ser conocidas para los judíos. Los granos de mostaza son esféricos y tienen un diámetro de 1 o 2 mm; las semillas de orquídea miden 1 a 2 mm de largo y 0,5 a 1 mm de ancho, lo que las hace más pequeñas.
Pero la realidad es que el grano de mostaza era proverbialmente pequeño entre los judíos. Cuando querían hacer un símil de algo muy pequeño utilizaban la figura del grano de mostaza, tal como Jesús lo está haciendo aquí. William Barclay afirma que: “los judíos hablaban de una gota de sangre tan pequeña como un granito de mostaza; o, refiriéndose a un punto minúsculo de la ley ceremonial dirían que era una transgresión tan pequeña como un grano de mostaza.” Otra evidencia del uso proverbial del grano de mostaza es que el mismo Jesús usó esta expresión refiriéndose a la más mínima expresión de la fe cuando dijo: “si tuviereis fe como un grano de mostaza…” (Mat. 17:20). Allí Jesús está haciendo referencia a tener una fe muy pequeña, minúscula.
Además, el punto principal de la parábola no es solo el tamaño del grano sino también el crecimiento posterior que tiene: “pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.”. Algunos dicen que está afirmación tampoco es correcta. La mostaza no crece como árbol sino como arbusto, y las aves no pueden hacer nidos en sus ramas.
La variedad más conocida de mostaza en occidente realmente crece como un arbusto de hasta 1.2m. Pero en Israel, la planta de la mostaza llegaba a ser un árbol. El Rev. Thomson dice en su libro “La Tierra y el Libro”: “Con la ayuda de mi guía arranqué una planta de mostaza auténtica que tenía más de tres metros de altura”. Los árboles de mostaza cerca del Mar de Galilea pueden llegar a medir hasta 3m de altura, así que las aves sí podían hacer nidos en sus ramas. Quizás Jesús y su audiencia podían ver uno de estos árboles con aves en sus ramas mientras Él decía esta parábola.
Por otro lado, algunos dicen también que la mostaza no es una hortaliza. Porque definen las hortalizas como aparece en Wikipedia: “un conjunto de plantas cultivadas generalmente en huertos o regadíos, que se consumen como alimento, ya sea de forma cruda o preparadas culinariamente, y que incluye las verduras y las legumbres (las habas, los guisantes, etc.). Las hortalizas no incluyen las frutas ni los cereales.” Pero en ese mismo artículo de Wikipedia se aclara también: “Sin embargo, esta distinción es arbitraria y no se basa en ningún fundamento botánico. La Real Academia Española no reconoce esta taxonomía, y circunscribe esta acepción a los cultivos realizados en un huerto.” Y los judíos realmente sembraban la mostaza en sus huertos, por tanto la mostaza era una hortaliza. Así que no hay nada de contradictorio o errado en la parábola del Señor.
Jesús pudo haber usado un ejemplo más impresionante en Su creación: La secuoya. Una semilla de secuoya mide de 3-4 mm de largo por 0.5 mm de ancho, pero cada semilla puede llegar a crecer como un árbol de más de 100 m de altura. El más alto que se conoce se llama Hyperion y mide 116 m de altura. Pero Jesús usó en Su parábola la semilla más pequeña que Su audiencia conocía y que crecía en un gran árbol. Esto era suficiente para enseñar Su lección: El reino de los cielos comenzaría de forma muy pequeña, casi insignificante, pero crecería de manera formidable.
El reino de los cielos comenzó con Jesús como un diminuto grano de mostaza predicando el evangelio del reino. Luego, como la semilla debe morir para dar paso a la planta, Jesús murió por nuestros pecados en la cruz. Así se comenzó a desarrollar la planta del reino de Dios a través de los discípulos del Señor. Esa planta fue creciendo poco a poco a través de la predicación y el testimonio de los primero cristianos hasta que llegó a convertirse en un gran árbol que beneficia aún a los no creyentes. Muchas organizaciones cristianas alrededor del mundo sirven con amor y ayudan a los necesitados aunque no sean cristianos. El reino de los cielos sigue creciendo y fructificando cada día. Atrayendo a cada vez más personas que a su tiempo se hacen ciudadanos del reino confesando a Jesús como su Señor y Salvador y viviendo conforme a la Palabra de Dios.
Nuestro ministerio de UBF es un gran ejemplo del crecimiento del reino de los cielos como un grano de mostaza. UBF comenzó oficialmente en Corea del Sur en 1961 con el trabajo conjunto de la Madre Sarah Barry el Dr. Samuel Lee. Ellos invitaban a los estudiantes universitarios en Kwangju para estudiar la Biblia 1:1. El primero en aceptar el estudio bíblico fue el Dr. John Jun y después muchos más estudiantes aceptaron la invitación y crecieron como discípulos de Jesús. En 1964, UBF envió la primera misionera a la isla de Jeju, que aunque es parte de Corea está muy al sur y más cerca del sudeste asiático. Luego, en 1968 enviaron 3 enfermeras como misioneras a Alemania. Y así poco a poco siguió creciendo el ministerio hasta convertirse en la organización que envía más misioneros en Corea del Sur, habiendo enviado cerca de 2,000 misioneros a alrededor de 100 países en todo el mundo. ¡Como el grano de mostaza crece de ser una diminuta semilla a un gran árbol, UBF ha crecido desde un puñado de personas a miles de personas en todo el mundo!
Y nosotros también hemos sido testigos de un crecimiento similar en Venezuela. Cuando mi esposa fue a su primera convivencia en UBF Caracas en el año 1996 no llegaban a 10 personas. Cuando yo llegué al ministerio en el 2004, serían unas 30 personas en el Culto Dominical. Pero antes de venir como misioneros a Panamá en 2011, el capítulo de Caracas tenía en promedio 90 participantes en el Culto Dominical cada semana. Y hoy en día UBF Venezuela tiene cinco capítulos en todo el país: Caracas, Valles del Tuy, Maracaibo, Mérida y Margarita. Siendo Caracas y Valles del Tuy los más grandes.
No debemos desanimarnos al ver que somos una iglesia pequeña. El reino de los cielos siempre comienza de forma modesta. Pero luego el Señor añade cada día a la iglesia los que han de ser salvos y el ministerio crece y beneficia cada vez más a su sociedad. Tengamos fe y sigamos orando y predicando la Palabra y poco a poco nuestro ministerio crecerá hasta ser un gran árbol que sirve a muchos. Amén.
II.- La Parábola de la Levadura (33-35)
Leamos juntos el v.33 por favor. Esta es la más corta de las parábolas de Jesús. En el texto griego original solo tiene diecinueve palabras. Está basada en la más común de las actividades que cualquier niño habrá crecido viendo en la cocina de su casa, y está dicha con la menor cantidad posible de palabras. Pero contiene una profunda lección acerca de los misterios del reino de los cielos. Está bastante relacionada con la anterior y probablemente por eso Mateo las colocó juntas. Pero es poco probable que hayan sido pronunciadas al mismo tiempo.
Vemos que comienza con la misma fórmula de las parábolas de esta serie: “El reino de los cielos es semejante a”. Esta vez el Señor asemeja el reino de los Cielos a la levadura que una mujer escondió en tres medidas de harina. Esto debió haber sido bastante impactante para la audiencia. En el pensamiento judío, la levadura representaba una mala influencia, pues los judíos asociaban la fermentación con la putrefacción, y entonces para ellos la levadura traía corrupción. Una de las ceremonias de la preparación de la Pascua consistía en buscar minuciosamente y quemar todos los restos de levadura o de pan leudado que hubiera en la casa, aun las migas del suelo.
¿Por qué Jesús asemejaría el Reino de los Cielos a la levadura? Puede que intencionalmente escogiera esta imagen, no solo por el significado que tiene y que veremos un poco más adelante, sino para generar un cierto escándalo en la gente al oír que el Reino de los Cielos se comparaba con la levadura; ese escándalo despertaría interés y atención. De hecho, es interesante que esta es la única ocasión en que la levadura se usa con una connotación positiva en el NT. En el resto del NT se usa siempre con connotaciones negativas como por ejemplo el propio Jesús en Mat. 16:6, y Pablo en 1Co. 5:6-8 y Gál. 5:9.
Pero Jesús no lo hizo solo por el escándalo sino por las características de la levadura. William Barclay razona que “la levadura tiene una influencia transformadora.” Si usted hornea pan sin levadura, éste queda duro y seco, y no parece nada apetitoso. Pero al incorporar levadura a la masa, el pan queda suave y esponjoso, y resulta más apetitoso. Al introducir la levadura se origina una transformación en la masa; y la llegada del Reino de los Cielos causa una transformación en la vida de la persona. En el caso de la levadura esa transformación es solo aparente. La levadura al fermentar en el horno libera dióxido de carbono que infla la masa, y por eso el pan queda esponjoso. También altera un poco el sabor. Pero la transformación que hace el reino de Dios al llegar a una persona, sí es real y profunda.
Yo creo que el punto central de la enseñanza de Jesús en esta parábola es la gran influencia de la levadura. Solo se necesita un poco de levadura para leudar una gran cantidad de masa. Así traduce la NVI: “«El reino de los cielos es como la levadura que una mujer tomó y mezcló en una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa.»” Tres medidas de harina son una gran cantidad de harina. Según la Biblia de Estudio Faithlife estas tres medidas representan unas 50 libras de harina. Jesús no especifica en su parábola la cantidad de levadura que usó la mujer, pero sabemos que solo necesitamos una pequeña porción de levadura para leudar la masa. Solo se necesita 1g de levadura por cada 100g de harina. ¡La levadura solo representa el 1% de la mezcla y sin embargo leuda toda la masa! ¡Esa es una gran influencia!
Aquí está la conexión con la parábola anterior. Puede que el reino de los cielos parezca pequeño en comparación con la gran cantidad de gente que no cree, pero su influencia es enorme. Pensemos en los inicios de la iglesia. Aquel Día de Pentecostés habían solo 120 personas orando en aquel aposento alto. Ellos fueron los que recibieron el Espíritu Santo y comenzaron la era de la iglesia. El alboroto generado por los discípulos predicando en diferentes lenguas por obra del Espíritu Santo atrajo a una multitud incrédula. Y el apóstol Pedro les dio un gran discurso evangelístico que concluyó de la siguiente manera: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hch. 2:37-38). Y, “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.” (Hch. 2:41). Empezaron solo 120 discípulos y aquel día se unieron tres mil más.
Y la historia continúa de la siguiente manera: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” (Hch. 2:42-47). Esos tres mil discípulos todavía eran pocos en comparación con toda la gente que había en Jerusalén, pero fíjense cómo eran como la levadura escondida en tres medidas de harina. Esa gran influencia espiritual que tenían por su estilo de vida cristiano, amando, sirviendo, compartiendo, hacía que “el Señor añad[iese] cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”
Nosotros somos muy pequeños y aparentemente insignificantes para llegar a convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Pero si vivimos vidas verdaderamente cristianas, si amamos, si servimos, si compartimos, nuestra influencia espiritual puede ser tan grande como para cambiar esta nación. Solo tenemos que creerle y obedecerle a Dios y seguir testificando con nuestras palabras y con nuestras vidas. John Wesley dijo una vez: “Denme cien hombres que no teman más que al pecado y no deseen más que a Dios, y cambiaré el mundo.” Si odiamos el pecado y amamos a Dios con todo nuestro corazón podemos convertir a Panamá, a Latinoamérica y a todo el mundo. Amén.
Cuando nació UBF en Corea nadie pensó que ellos podrían crecer tanto e influir tanto en su sociedad. ¿Quién podría creer que la visión que Dios les dio al Dr. Samuel Lee y a la Madre Sarah terminaría siendo algo tan grande 60 años después? ¿Quién podría creer que Corea del Sur podría pasar de ser un país destruido por la guerra a ser el segundo país que envía más misioneros alrededor del mundo, y que UBF sería la organización que envía más misioneros en ese país? Pero así es el reino de los cielos. Yo oro para que nosotros podamos tener fe como un grano de mostaza y sigamos orando por Panamá e yendo a la universidad a pescar, y testificando en todo lugar en que nos encontremos con nuestras palabras y nuestro estilo de vida. Amén.
En los vv. 34-35 Mateo reitera el cambio de estrategia de Jesús para la predicación del evangelio a la multitud. Ya no les hablaba sino solo por parábolas “porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden”, como dice en el v.13. Mateo ve en esto el cumplimiento de la profecía de Asaf en el Sal. 78:2. Así que el cambio de estrategia de Jesús no solamente vela la verdad del oído perezoso, y revela a aquellos que tienen deseo espiritual, sino que también es parte del cumplimiento de las profecías acerca del Mesías. ¡Dios nos dé los oídos espirituales atentos y nos revele los misterios del reino de los Cielos, de manera tal que nosotros podamos compartirlos con otros, y el reino de los Cielos pueda crecer mucho en Panamá y convertirse en un gran árbol que influencie y beneficie a muchas personas, y que el Señor pueda añadir cada día a nuestra iglesia los que han de ser salvos! Amén.
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