Mateo 11:1-6

11:1 Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.
11:2 Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,
11:3 para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
11:4 Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis.
11:5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;
11:6 y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.

Y A LOS POBRES ES ANUNCIADO EL EVANGELIO


Buenos días. En el pasaje bíblico de hoy vamos a aprender la respuesta que Jesús les dio a los discípulos de Juan con respecto a la pregunta: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” En otras palabras, “¿Eres tú el Mesías?” Como es su costumbre, el Señor no responde directamente cuando se le pregunta si Él es el Mesías, en lugar de eso les mostró las señales que estaba haciendo para que ellos decidieran si creían o no que Él era el Cristo. Estas señales que les mostró eran parte de lo que se esperaba que ocurriese en la era mesiánica conforme a lo profetizado por Isaías, según aprenderemos más adelante. 

Entre estas señales hay una muy curiosa que le da el título a este mensaje: “y a los pobres es anunciado el evangelio”. Parece que esta señal no sigue la sucesión lógica de las otras señales, pues no parece solucionar el problema que tienen los pobres. Viendo la sucesión lógica de las señales, uno podría esperar que dijese: “Y lo pobres son enriquecidos”. Pero dar riquezas a los pobres no es para nada la solución al problema. Lo podemos ver, por ejemplo, con los ganadores de la lotería. Según un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya en España, el 70% de los ganadores de una lotería acaban arruinados al cabo de 5 años porque no tienen una educación financiera y toman malas decisiones con el dinero. Así que enriquecer a los pobres no es la solución.

En Latinoamérica hay un serio problema de pobreza. El 33% de los personas vive en pobreza, eso es unas 209 millones de personas; y entre ellos, unas 86 millones viven en pobreza extrema, es decir viven con menos de $1.25 al día. En Panamá la situación no es tan diferente. Según el MEF, para el año 2019 la pobreza general de Panamá alcanzó un 21% de la población, esto es unas 917 mil personas; de las cuales, un 10% vive en condiciones de pobreza extrema, es decir, unas 428 mil personas. Y esta situación se agudizó en 2020 debido a la pandemia, pero fue mitigada gracias al programa Panamá Solidario. Y esta es la forma en la que la mayoría de los gobiernos latinoamericanos intentan resolver el problema de la pobreza, dando rescates económicos a los pobres para que viven por encima del umbral de la pobreza extrema y se mejoren las estadísticas del país. Pero esta no es la solución real del problema. Esto no soluciona la pobreza a largo plazo.

Entonces, ¿cuál sería la solución? Según los modelos socioeconómicos modernos, la pobreza y la delincuencia se resuelven con educación y generación de empleo, así como la facilitación para el acceso a servicios sanitarios de calidad. Y aunque esto ha podido resolver el problema de pobreza material en algunas sociedades, la solvencia económica ha traído otros problemas en estas sociedades como depresión, altas tasas de suicidios, entre otros. Esto puede resolver la pobreza material, pero no la espiritual.

A través de este mensaje aprenderemos que Jesús nos dice que la verdadera solución al problema de los pobres no es darles dinero, sino darles el evangelio. El evangelio enriquece a la personas más allá de lo terrenal, en lo espiritual. Y esa es la riqueza que realmente vale la pena. El evangelio transforma verdaderamente las vidas de las personas. Y aunque una persona siga siendo pobre materialmente, el evangelio cambia su calidad de vida. Además, donde está el evangelio, la gente comparte y cambia la dinámica social también.

Yo oro para que a través de este mensaje seamos animados a recibir y compartir el mensaje del evangelio a otros. Y que podamos convencernos y convencer a los demás de que Jesús es el Mesías, el Cristo, el Ungido de Dios, que puede transformar completamente nuestras vidas. Y que a medida que les damos el evangelio a los pobres, la nación pueda ser enriquecida y prosperada espiritual y materialmente para que el nombre de Dios sea glorificado. Amén.

I.- La pregunta de los discípulos de Juan (1-3)

Leamos juntos el v.1 por favor. Este versículo es la transición entre el segundo discurso de Jesús en Mateo (que abarca el capítulo 10) y la reanudación del relato. Entre la misión de los doce apóstoles y este episodio que involucra a Juan el Bautista. Según Mateo, Jesús terminó de dar instrucciones a sus discípulos acerca de su viaje misionero, y luego se fue del lugar donde estaba dando las instrucciones a predicar en las ciudades de ellos. Por la traducción en español, podríamos pensar que Jesús se fue a predicar a las ciudades de los discípulos, y esto podría interpretarse, o bien que fue a las ciudades donde ellos vivían, o bien que fue tras ellos a las ciudades donde ellos estaban predicando. Esto último no parece consecuente con el propósito de la misión de los apóstoles, pues Jesús los envió para abarcar más territorio y poder recoger la mayor cantidad de mies posible para el reino de Dios conforme a lo que aprendimos en 9:37-38: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” Jesús revisitando las ciudades donde habían estado los apóstoles no abarcaría más territorio, ni tampoco parece el objetivo de la misión de ellos preparar el camino delante de Jesús a estas ciudades.

David Guzik comenta “Según Bruce, predicar en las ciudades no se refiere a las ciudades de los discípulos, sino a las ciudades de Galilea.” Y esto es consistente con lo que dice 4:23: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.”; y 9:35: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” Así que aquí podemos ver que Jesús envió a sus apóstoles a otras ciudades para recoger la mies del Señor, y Él continuó predicando en las ciudades de Galilea como estaba haciendo.

Leamos juntos ahora los vv. 2-3. Hasta ahora Mateo no nos ha dado detalles del encarcelamiento de Juan, solamente nos dijo en 4:12 que Juan estaba preso y por eso Jesús regresó a Galilea. Y aquí nuevamente nos vuelve a decir simplemente que está en la cárcel, pero no nos dice tampoco por qué. No es hasta el capítulo 14 que nos dará los detalles al respecto. Sin embargo, para interpretar estos versículos, necesitamos saber un poco de detalle acerca de su encarcelamiento. Juan el Bautista era una persona de recio carácter que denunciaba el pecado sin adornos. Y reprendió públicamente a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, por haberle quitado la mujer a su hermano y casarse con ella. Esto era una flagrante violación a la Ley de Dios. Herodes entonces lo encadenó y lo metió a la cárcel, y allí estaba Juan desde el principio del ministerio de Jesús. 

En el v.2 nos dice que mientras estaba en la cárcel Juan oía los hechos de Cristo. No cabe duda que los propios discípulos de Juan (que no estaban presos con él, pero que le servían en la cárcel) le contarían lo que Jesús estaba haciendo. Recordemos que fueron sus discípulos los que cuestionaron a Jesús porque Él y sus discípulos no ayunaban en 9:14. Quizás ellos fueron y contaron a Juan que Jesús no ayunaba conforme a la costumbre de ellos, que andaba comiendo con publicanos y pecadores, que tocaba leprosos inmundos, entre otras cosas. Y esto no era para nada lo que se esperaba de un judío piadoso. Además, los judíos esperaban a un Mesías guerrero que los liberara de la opresión extranjera, y Jesús no parecía estar haciendo eso. Así que la mayoría de los comentaristas opinan que por su situación, por el comportamiento no ortodoxo de Jesús, y porque no era el Mesías que los judíos esperaban, Juan comenzó a dudar si Jesús sería realmente el Mesías. ¿Por qué no hacía nada para sacarlo a él de la cárcel y para liberar a Israel? ¿Por qué se comportaba de esa manera no ortodoxa?

Sin embargo, hay algunos que piensan que en realidad esta pregunta no venía de Juan sino de sus discípulos. Puede ser que cuando Juan y sus discípulos hablaron en la prisión, los discípulos le preguntaron si Jesús era de verdad el Que había de venir, y que la respuesta de Juan fuese: “Si tienen alguna duda, vayan a ver lo que está haciendo Jesús”. Esa es una extraordinaria respuesta. Si alguien se pone a discutir con nosotros sobre Jesús, y a poner en duda Su identidad como Mesías e Hijo de Dios, la mejor de todas las respuestas no sería contestar a unos argumentos con otros, sino decir: “Entrégale tu vida a Jesús, y verás lo que Él puede hacer con ella”. La suprema demostración de Quién es Cristo no se alcanza en el debate intelectual, sino que se experimenta en Su poder transformador.

Esta última opinión me parece más consistente con la experiencia de Juan el Bautista con Jesús. Juan estaba lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre (Luc. 1:15). Tenía una relación especial con Dios Quien le había revelado: “Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.” (Jua. 1:33). Así que Juan declaró con convicción: “Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.” (Jua. 1:34). Y también: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jua. 1:29). Ningún judío asociaba al Mesías con un cordero, así que Juan debía haber dicho esto por el Espíritu Santo. Además, Juan estaba claro que su misión ya había terminado: “Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” (Jua 3:28-30). Por lo tanto, Juan podría ver su encarcelamiento como parte del plan de Dios.

No obstante, también es posible que a pesar de toda esta experiencia de Juan con Jesús y con Dios, le asaltase la duda al ver su condición y lo que Jesús estaba haciendo. Así que cualquiera de las dos interpretaciones de por qué se hizo esta pregunta a Jesús es perfectamente posible. De hecho, hay una tercera interpretación que presenta la Biblia de Estudio Mundo Hispano: “Juan cuestiona porque tiene un conflicto de interpretación, no de fe. En su mente profética, y de acuerdo a su mensaje, el ministerio de Jesús simplemente no encaja. Tiene el mismo conflicto que los profetas del AT, quienes profetizaban pero no tenían idea de cómo y cuándo se iba a cumplir.”

Sea como sea, esta pregunta hace que Jesús responda mostrando las evidencias de su mesiazgo. Aquí se nos dejan evidencias incontestables acerca de la identidad de Jesús como el Mesías.  

II.- La respuesta de Jesús (4-6)

Leamos juntos el v.4. En lugar de contestar abiertamente que Él era el Mesías, Jesús les dice a los discípulos de Juan que fuesen y le dijesen lo que oían y veían. No hay nada más poderoso para sustentar nuestra fe que lo hemos visto y oído, o en otras palabras, lo que hemos experimentado. Estos discípulos de Juan debieron quedar completamente convencidos acerca de Jesús al ver y oír todas las cosas que Él hacía. No hay nada como la experiencia personal para convencernos acerca del señorío de Jesús sobre nuestras vidas. Si Juan era el que dudaba, estos discípulos serían testigos fieles para fortalecer su fe o para que entendiese la obra del Mesías. Y si los que dudaban eran los discípulos de Juan, entonces Juan tuvo razón al enviarlos de esta manera porque toda duda habría sido despejada de sus mentes y corazones. Si tienes dudas acerca del poder del evangelio para cambiar tu vida, ven y experiméntalo. Como dice el cantante Funky en su canción “Sigue Corriendo”: “Son millones lo que han tratado y han quedado asombrados con los resultados, y es que está comprobado y además garantizado, si no funciona te devolvemos tus pecados.” 

Leamos ahora juntos el v.5. Estas eran las cosas que los discípulos de Juan habían visto y oído: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”. Todas estas eran las señales que ocurrirían en la era mesiánica según el profeta Isaías. Isa. 35:5-6 nos habla acerca de las sanidades. Isa. 26:19 acerca de la resurrección de los muertos. E Isa. 61:1 acerca de la predicación del evangelio a los pobres, donde se les llama “abatidos” y “quebrantados de corazón”. Así que Jesús nos les dijo directamente que Él era el Mesías, pero les mostró que en Él se estaban cumpliendo las profecías. Además, como le dijo Nicodemo a Jesús: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” (Jua. 3:2). Pero era mucho más que un maestro, era el Mesías, el Cristo, el Ungido de Dios, el Salvador.

Como les dije en la introducción del mensaje, se puede ver un orden lógico en todas las señales, en el cual Jesús está resolviendo el problema, deshaciéndolo: “los ciegos dejan de ser ciegos porque ahora ven; los cojos dejan de ser cojos porque ahora andan bien; los leprosos dejan de ser inmundos porque ahora son limpiados; los sordos dejan de ser sordos porque ahora oyen; los muertos dejan de estar muertos porque han sido resucitados; y los pobres dejan de ser pobres porque ahora les es anunciado el evangelio”. Siguiendo el patrón, uno pensaría que debería decir que los pobres son enriquecidos porque esa es la forma en la que se supone que se resuelve la pobreza. Pero ya les he dicho que la mayor riqueza es la recepción del evangelio. Y esa es la forma de resolver su problema, poniendo su esperanza en las riquezas celestiales y no en las terrenales.

De hecho la salvación que viene con la recepción del evangelio, es algo que no tiene precio. Nadie, ni con todo el dinero del mundo, podría comprar la salvación. Ni Elon Musk, ni Jeff Bezos, ni Bill Gates, ni Mark Zuckerberg con todas sus riquezas juntas podrían llegar a comprar la salvación. Así que cuando recibimos el evangelio y aceptamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, tenemos algo mucho más valioso que cualquier riqueza en este mundo. Por eso dice el apóstol Pablo en 2Co. 6:10 que los cristianos andamos “como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.” Al predicar el evangelio estamos enriqueciendo a los pobres con una riqueza muy superior a cualquiera de este mundo. Y aunque pareciese que no tenemos nada en este mundo, teniendo el evangelio en nuestros corazones, lo poseemos todo. Entonces, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.” (Mat. 6:19-20). ¡Reciban el evangelio en sus corazones para resolver su pobreza espiritual y predíquenlo a otros para enriquecerlos también! Amén. 

Leamos ahora juntos el v.6 por favor. El verbo griego que se traduce aquí como “halle tropiezo” es skandalizo que podemos relacionar fácilmente con escandalizar, que es otra posible traducción al español. Lo que Jesús está diciendo aquí es que es muy feliz el que no se escandalice o tropiece con lo que Él está enseñando o la forma en la que está haciendo las cosas. Si pensamos que Juan el Bautista dudó porque Jesús no estaba haciendo lo que se esperaba del Mesías, entonces podemos entender esto como una reprensión para él. Sin embargo, el teólogo William MacDonald comenta: “El versículo Mat. 11:6 no debería ser interpretado como una reprensión a Juan el Bautista. La fe de cada uno tiene que ser en ocasiones confirmada y fortalecida. Una cosa es sufrir un lapso temporal de la fe, y otra muy diferente es tener un tropiezo de carácter permanente en cuanto a la verdadera identidad del Señor Jesús. No se puede tomar un solo capítulo y convertirlo en la historia entera de la vida de alguien. Si tomamos la vida de Juan en su totalidad, podemos ver un registro de fidelidad y de perseverancia.” 

En realidad Jesús está llamando bienaventurados a aquellos que aceptan sus palabras y acciones y le reciben como el Mesías. Hay muchos que lamentablemente al oír algunas enseñanzas de Jesús tropiezan con ella y dejan el camino de la fe. Por ejemplo, alguno puede tropezar con lo que aprendimos la semana pasada de que debemos amar más a Jesús que a nuestra familia; o que debemos tomar la cruz, si no, no somos dignos de Jesús. Pero no debemos tropezar o escandalizarnos de las palabras de Jesús, debemos obedecerlas. Aunque a Juan, a sus discípulos, o a algunos de los judíos no les pareciesen bien las enseñanzas o las formas de conducirse de Jesús, ellos debían dejar de lado lo que creían saber acerca del Mesías y aceptar y obedecer lo que Jesús enseñaba. ¡Aceptemos y obedezcamos la Palabra de Dios aunque vaya en contra de nuestro pensamiento, de nuestras costumbres o de nuestra comodidad! Amén.

En conclusión, Jesús les demostró a los discípulos de Juan su identidad como el Mesías, no por sus palabras, sino por las obras que hacía. Jesús sigue haciendo estas señales hoy en día con la predicación del evangelio. Cuando se predica el evangelio: Se abren los ojos a los que están ciegos a la verdad acerca de sí mismos, acerca de sus semejantes y acerca de Dios; se les afirman los pies a los que nunca fueron suficientemente fuertes para mantenerse en el camino de Dios; quedan limpios los contaminados con la enfermedad del pecado; empiezan a oír los que eran sordos a la voz de la conciencia y de Dios; resucitan a una vida nueva y hermosa los que estaban muertos en el pecado; y los pobres heredan las riquezas del amor y la gracia de Dios. ¡Aleluya!  

Yo oro para que nuestros ojos y oídos sean abiertos; para que nuestros pies permanezcan firmes en el camino de la fe; para que seamos limpiados de todo pecado y seamos resucitados a una nueva vida en Cristo; y para que prediquemos el evangelio en la Universidad de Panamá y a todos los que nos rodean, de modo que muchos puedan ser enriquecidos en la gracia de Dios y que Panamá se pueda convertir en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.

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