Mateo 9:35 - 10:15
9:35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.9:36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
9:37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.
9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
10:2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;
10:3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,
10:4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
10:5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,
10:6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
10:7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
10:8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
10:9 No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;
10:10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.
10:11 Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis.
10:12 Y al entrar en la casa, saludadla.
10:13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.
10:14 Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.
10:15 De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.
LA MIES ES MUCHA
Buenos días. Con el pasaje bíblico de la semana pasada cerramos la sección de milagros que Mateo colocó en los capítulos ocho y nueve. La primera parte del pasaje bíblico de hoy, 9:35-38, sirve tanto de epílogo a la sección de milagros como de prólogo a la misión de los apóstoles en el capítulo 10. En este pasaje bíblico vemos un resumen de la obra que Jesús hacía en su ministerio en Galilea, su corazón compasivo hacia el pueblo, y un tópico de oración que les da a sus discípulos, y que el mismo comienza a responder en el capítulo 10. Yo oro para que nosotros tengamos ese corazón pastoral de Jesús por las ovejas perdidas y que podamos responder a su tópico de oración, primeramente orando, pero también siendo los obreros que van a la mies del Señor. Amén.
I.- Jesús tenía compasión de las multitudes (9:35-38)
Leamos juntos el v.35 por favor. En los capítulos 8 y 9 hemos aprendido lo que Jesús hizo en la ciudad de Capernaum. Estos capítulos son una muestra de lo que Él hacía en todas las ciudades y aldeas por las que pasaba. Jesús tuvo un ministerio muy activo a lo largo y ancho de Galilea y Mateo lo resume muy en este versículo. El propósito primordial de Jesús al visitar estas ciudades y aldeas era predicar el evangelio del reino, la buena noticia de que el esperado reino de Dios se había acercado. No era el reino que los judíos esperaban, pero es el reino que el mundo necesita. Jesús enseñaba en las sinagogas de ellos el verdadero significado de las Escrituras, y les anunciaba la llegada del reino de Dios muy probablemente como lo muestra Lucas 4:16-21: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” Y precisamente por la compasión que tenía por el pueblo que sufría, y para demostrar que el reino de los cielos se había acercado, y que las Escrituras se estaban cumpliendo, sanaba “toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”.
Leamos ahora juntos el v.36. Jesús veía cada día cómo las multitudes venían a Él, mayormente buscando un milagro. Y aunque su propósito al venir a la Tierra no era simplemente para hacer milagros, Él les ayudaba porque tenía compasión de ellos. La palabra griega que se traduce aquí como tuvo compasión es splanjnízomai, la palabra más fuerte que hay en griego para la piedad. Procede de la palabra splanjna, que quiere decir “entrañas”, así es que describe la compasión que le conmueve a uno en sus entrañas, en lo más íntimo de su ser. Charles Spurgeon comenta al respecto: “La palabra original es una muy notable. No se encuentra en el griego clásico. No se encuentra en la Septuaginta. El hecho es, que fue una palabra acuñada por los evangelistas mismos. No encontraron una en todo el idioma griego adecuado a su propósito, y por tanto tuvieron que crear una”. Es el amor y la compasión de Dios en acción a través de Jesús.
¿Por qué se compadecía Jesús de las multitudes? Leamos nuevamente el v.36b: “porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.” A menudo se compara al pueblo de Israel en la Biblia con un rebaño de ovejas. Las ovejas son animales completamente indefensos. No tienen garras, grandes cuernos o colmillos para defenderse; tienen patas cortas que no les permiten correr rápidamente; tienen muy mala vista, oído y olfato, por lo que no pueden detectar la presencia de peligros hasta que es muy tarde; necesitan estar en rebaños para estar más protegidas y para orientarse; y por encima de todas las cosas, necesitan de un pastor que las guíe y las lleve a donde hay agua y alimento, si no, pueden perderse, caer en hoyos o precipicios, o comer o beber cosas mortíferas. Las ovejas desamparadas y dispersas que no tienen pastor están en riesgo inminente de muerte.
El pueblo de Israel necesitaba líderes espirituales que fuesen sus pastores. En la época de Jesús, no tenían un líder espiritual como Moisés que los guiase, o un rey que los gobernase de acuerdo a la Palabra de Dios, y el Sumo Sacerdote tampoco estaba siendo pastor del pueblo. Pero Dios prometió que cuando Israel no tuviera pastores fieles (líderes religiosos que los guiaran y alimentaran espiritualmente), Él mismo sería su pastor (Eze. 34:11-16). Jesús vino como el buen pastor que daría la vida por sus ovejas (Jua. 10:11). Y aquí lo vemos con un gran corazón pastoral teniendo una compasión sin igual por las ovejas perdidas de Israel.
Dios quisiera que nosotros tuviésemos este corazón pastoral de Jesús por sus ovejas perdidas en la actualidad. Viviendo en una sociedad mayoritariamente cristiana, podemos pensar que la gente cree en Dios y que están siendo apacentadas en las iglesias. Pero la realidad es que muchos se están perdiendo en el pecado y viven sin dirección ni propósito en sus vidas. Aunque dicen ser cristianos; aunque visitan las iglesias; muchos viven en sus pecados y realmente no tienen a Jesús como su Señor y Salvador. Son ovejas perdidas y desamparadas, hambrientas, sedientas y a merced de los lobos rapaces y los leones rugientes. ¡Tengamos compasión de ellas! ¡Oremos constantemente por ellas! ¡Sanemos a la perniquebrada y esforcemos a la débil! ¡Vayamos por ellas para traerlas al redil del Señor! Amén.
Leamos ahora juntos los vv. 37-38 por favor. Jesús quiso comunicar esta compasión a sus discípulos también y les mostró la realidad de cómo estaba su pueblo con una parábola: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” David Guzik citando a Bruce comenta: “El estado de las cosas le sugirió dos imágenes: un rebaño de ovejas olvidado y una mies echándose a perder por falta de segadores. Ambas implican no solo una penosa situación de las personas, sino una negligencia reprobable por parte de sus guías religiosos”. Jesús quería que sus discípulos fuesen los nuevos guías religiosos del pueblo y que tuviesen su mismo corazón compasivo por el pueblo. Les pide que abran sus ojos y vean que la mies es mucha y los obreros pocos, y que rueguen al Señor de la mies que envíe obreros.
La mies es el campo de cereales (trigo, cebada, o cualquier otro cereal) cuando ya está maduro y listo para ser cosechado. En el tiempo de la cosecha se necesitaban muchos obreros que ayudasen a recoger el fruto antes de que se echase a perder. Jesús veía a las multitudes y sabía que ya estaban listas para recibir el reino de Dios en sus corazones. Pero había muy pocos obreros que fuesen al campo a recoger la cosecha del Señor y meterla al granero del reino. Hasta ahora, Él era el único que con la ayuda de sus discípulos estaba tratando de que la gente aceptara y entrara en el reino de Dios, siguiéndole como discípulos. Pero Jesús solo no podía cubrir mucho territorio. Él solo no podía cosechar mucho, por lo que muchos se perderían. Necesitaban más obreros que recogieran en otras partes del campo de Israel antes de que se perdiesen. Por eso Jesús les pide a sus discípulos que rueguen para que Dios, el Señor de la mies, envíe obreros a su mies.
Hoy en día estamos en una situación similar. Hay mucha gente que muere en sus pecados sin recibir el evangelio en sus corazones. Y uno de los campos más descuidados es la universidad. Muchas iglesias están compuestas principalmente de adultos mayores y de niños. Tienen programas de Escuela Dominical donde se les enseña a los niños acerca de Dios. Pero cuando los niños crecen, en la adolescencia se rebelan, dejan de ir a la iglesia, y cuando entran en la universidad aprenden ideas humanistas y evolucionistas que les convencen de que Dios es un mito y que la religión es “el opio del pueblo” según dijo Karl Marx. Así que descuidan o abandonan completamente su relación con Dios. Estos estudiantes universitarios son los futuros líderes del pueblo, serán los abogados, doctores, políticos, artistas, científicos, que moldearán la sociedad.
Dios le dio la visión al Dr. Samuel Lee y a la Madre Sarah Barry para que predicasen el evangelio en las universidades. Y así comenzó UBF, University Bible Fellowship, Fraternidad Bíblica Universitaria, en Corea del Sur en septiembre de 1961. Por eso la visión de nuestro ministerio es predicar el evangelio comenzando por las universidades para transformar nuestra sociedad en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa.
En nuestro caso en particular, nuestro campo de misión es la Universidad de Panamá. Actualmente hay 93,628 estudiantes matriculados en pregrado en total en todo el país. Para el primer semestre de 2021 había una matrícula de 43,989 estudiantes en la Ciudad Universitaria Octavio Méndez Pereira de la UP. ¡La mies es realmente mucha! Y nosotros somos los pocos obreros que Dios tiene para cosechar su mies. ¿Qué debemos hacer entonces? Primero, debemos rogar al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Y segundo, debemos ir y hacer discípulos en la Universidad de Panamá, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden la Palabra de Dios (Mat. 28:19-20). Estos discípulos se convertirán en obreros que a su vez harán más discípulos, traerán a sus familiares, amigos, compañeros, y vecinos a la iglesia, y así podremos convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Dios. Amén. Entonces, ¡Oremos por más obreros y vayamos a hacer discípulos a la Universidad de Panamá!
II.- Jesús envía doce apóstoles (10:1-15)
Leamos juntos el v.1. Mateo nos muestra inmediatamente cómo Jesús responde a este tópico de oración que le dio a sus discípulos, y escogió a doce de ellos para enviarlos con una misión, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia, que era exactamente lo que el propio Jesús hacía.
Leamos los vv.2-4. Los discípulos que Jesús escogió fueron: Primero, Simón Pedro y Andrés su hermano. Por Jua. 1:35-40, sabemos que Andrés era uno de los discípulos de Juan el Bautista que siguió a Jesús como “el Cordero de Dios”. Además en Jua. 1:41-42 nos dice que Andrés fue a buscar a su hermano Simón para que siguiera a Jesús también, y el Señor le apodó Cefas en arameo, que es Pedro en griego, y que se podría traducir al español como “piedra”. Estos dos eran pescadores al igual que Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, que siguieron a Jesús después del llamado de Jesús que aprendimos en Mat. 4:18-22; y probablemente hubo otro llamado adicional (o quizás es el mismo llamado con más detalles) que se narra en Luc. 5:1-11. Estos discípulos conforman el círculo más íntimo de Jesús y aparecen frecuentemente a solas con Él como en la transfiguración en Mat. 17:1-13, por ejemplo, y en otros eventos importantes (Mat. 26:37; Mar. 5:37; Mar. 13:3).
Luego, está Felipe cuyo llamado podemos leer en Jua. 1:43-44, y quien era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Según Jua. 1:45-46, Felipe invitó a Natanael a seguir a Jesús. Este Natanael es probablemente el Bartolomé (hijo de Tolomé) que aparece en las listas de los doce apóstoles. Después tenemos a Tomás, nombre hebreo que significa “mellizo”. Éste es conocido también como el incrédulo pues según Jua. 20:24-29 fue el único de los apóstoles que no vio a Jesús resucitado en una primera ocasión y dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.” (Jua. 20:25). Y cuando Jesús se le apareció más tarde le invitó a meter la mano en su costado para que creyese (Jua. 20:26-27). Y a Mateo el publicano. Mateo es el único que usa este apodo y el oficio, pues en las otras listas de los apóstoles aparece simplemente como Leví.
Después tenemos a Jacobo hijo de Alfeo, no se lo identifica por nombre en ninguna otra ocasión en los Evangelios ni en los Hechos. Quizás fuera “Jacobo el menor”, cuya madre María estaba entre las mujeres junto a la cruz de Jesús y entre las que fue al sepulcro (Mat. 27:56; Mar. 15:40). Está, Lebeo, por sobrenombre Tadeo. Solamente aquí se le llama con ese nombre hebreo que significa “valiente” u “hombre de corazón [cordial]”, igual que el arameo Tadeo. En Lucas y Hechos se le llama: “Judas hermano de Jacobo” (Luc. 6.16; Hch. 1.13), pero por la traición de Judas Iscariote, se puede pensar que este nombre dejó de usarse. Si seguimos esta identificación, Judas Tadeo será el Judas distinguido por Juan con la frase “no el Iscariote”, quien tomó parte en las conversaciones del cenáculo (Jn 14.22). Y finalmente tenemos a Simón el cananista o zelote, quien era parte de un partido revolucionario que procuraba la independencia de Israel del Imperio Romano. Y a Judas Iscariote, que fue el que entregó a Jesús.
La lista de los doce discípulos de Jesús no nos proporciona muchos detalles, tal vez porque no eran muy impresionantes. Jesús llamó a personas de diferentes oficios: pescadores, recaudadores de impuestos, activistas políticos, pero a nadie con un gran currículo como para ser un líder religioso. Los doce discípulos eran hombres comunes y corrientes. Hoy, muchas personas piensan que solo cierto tipo de persona es digna de seguir a Cristo, o solo cierto tipo de cristianos son los que pueden servir en un ministerio en la iglesia, pero esa no fue la actitud del Maestro. Dios puede usar a cualquiera por insignificante que parezca. Él usa personas ordinarias para llevar a cabo su obra extraordinaria. Como escribiría luego el apóstol Pablo: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1Co 1:26-28).
¿Para qué escogió Jesús a estos doce discípulos? Leamos juntos el v.5a. Jesús envió a estos doce discípulos a una misión especial. Esta es la razón por la que en el v.2 se les llama apóstoles. La palabra griega que se usa aquí es apóstolos, que significa “uno enviado en una misión”. Jesús comisionaría a estos doce discípulos en una misión particular aquí, y luego les daría la Misión Mundial. Veamos a continuación con qué misión particular los envió en esta ocasión.
Leamos juntos los vv. 5b-7 por favor. Los doce apóstoles debían ir a predicar el evangelio del reino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. No debían ir todavía por camino de gentiles ni entrar en las ciudades de los samaritanos, sino predicar la llegada del reino de Dios solamente en las ciudades y aldeas de Israel. Este fue el orden que Dios estableció para la Misión Mundial como podemos ver en Hch. 1:8: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Además, podemos ver que la predicación de los doce apóstoles sería la misma de Jesús: “El reino de los cielos se ha acercado.” (cf. Mat. 3:2).
Leamos ahora juntos el v.8. Para respaldar su anuncio de la llegada del reino de Dios, los discípulos harían las mismas obras que el Maestro estuvo haciendo a lo largo y ancho de toda Galilea. Esto es porque Jesús les dio de Su Espíritu Santo para que ellos tuviesen este poder y autoridad para predicar el reino de Dios. Ese mismo Espíritu es el que está en nosotros hoy en día. Y aunque quizás no veamos este tipo de milagros actualmente, gracias al Espíritu Santo podemos predicar la Palabra de Dios con poder y ver el milagro de las vidas cambiadas en personas que nunca pensaríamos que se convertirían en discípulos de Jesús. Un ejemplo perfecto, es este servidor que si no fuese por el poder del Espíritu Santo jamás hubiese podido cambiar mi vida, ni hubiese sido comisionado como misionero y pastor, ni tuviese el poder para predicar este mensaje. ¡Bendito sea el nombre del Señor que nos ha dado poder y autoridad con Su Espíritu Santo! ¡Que Su nombre sea siempre glorificado! Amén.
Fíjense que en el v.8b dice que “de gracia recibisteis, dad de gracia.” Esto quiere decir que los discípulos no podían cobrar por sanar a las personas o por enseñarles la Palabra de Dios. En aquella época había médicos y exorcistas ambulantes que cobraban por estas cosas, pero el Señor les advierte a sus discípulos que este poder les había sido dado gratuitamente y que por tanto debían ministrarlo también de forma gratuita. De la misma manera, nosotros damos estudios bíblicos y oramos por las personas de forma gratuita. Nunca les cobraremos por ningún servicio que hagamos, pues de gracia hemos recibido y daremos de gracia, y el Señor nos seguirá bendiciendo. Amén.
Leamos ahora los vv. 9-10. Jesús les da unas instrucciones bien particulares a sus discípulos para este viaje misionero. No debían llevar nada de dinero, ni oro, ni plata, ni cobre. No debían llevar nada de provisiones para el viaje: “ni de alforja para el camino”, esto quiere decir que no debían llevar pan ni vino para el camino. Ni tampoco debían llevar túnicas o calzados de repuesto por si se les rompían los que llevaban puestos. Ni tampoco un bordón o bastón para apoyarse. Y finaliza explicándoles que la razón de esto es “porque el obrero es digno de su alimento.” Ellos debían confiar enteramente en la provisión divina para este viaje misionero. Esto no quiere decir que todos debemos salir como misioneros en esta condición, o vivir sin ahorrar o sin tener un seguro médico o de vida, ni provisionarnos para una salida. Esta fue una instrucción para este viaje particular nada más. Pues más adelante el Señor les dice: “Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una.” (Luc 22:35-36). Estamos en el tiempo en que debemos confiar en la provisión de Dios, pero también tener nuestros ahorros, seguros y provisiones que el Señor también nos permite.
Leamos ahora juntos los vv. 11-15. Jesús les dio una estrategia para su misión. En cualquier ciudad o aldea donde entrasen tenían que hallar a alguien que fuese digno, esto quiere decir alguien que estuviese dispuesto a recibir a los discípulos y el mensaje que ellos traían. Cuando hallasen a alguien con estas características, debían quedarse en esa casa hasta que fuese el tiempo de partir a otra ciudad o aldea. Esta estrategia tenía un doble propósito. Primero, los discípulos establecerían un Centro Bíblico donde la gente podía venir a escuchar la Palabra de Dios y a recibir la sanidad que necesitasen. Segundo, esta casa les proveería del alimento y el alojamiento necesario a los discípulos.
Cuando ellos entrasen en la casa debían saludarle como era costumbre de ellos diciendo: “Shalom” que era el deseo del bienestar espiritual, físico y económico para esa familia. Si la casa era digna, es decir, si recibía a los discípulos y su mensaje, entonces la bendición de Dios vendría sobre esa casa, primeramente con su salvación, pero también con la sanidad y la prosperidad económica. Pero si no recibían el evangelio del reino, no vendría ninguna bendición sobre esta casa. Y si nadie en la ciudad o aldea estaba dispuesto a recibir el evangelio del reino, entonces los discípulos debían ir a la puerta de la ciudad y sacudir el polvo de sus pies contra ella.
Sacudir el polvo de los pies era una costumbre de los judíos al pasar por caminos de gentiles o samaritanos. Cuando ellos abandonaban ese camino para entrar en la tierra santa de Israel, ellos sacudían el polvo de sus pies pues decían que ni siquiera el polvo de los gentiles y samaritanos era digno de entrar en la Tierra Santa. Así que cuando los discípulos sacudiesen los pies contra ellos, estarían diciéndoles que los consideraban como gentiles o samaritanos, y que ni siquiera el polvo de aquella ciudad debía entrar en la tierra santa de Israel. Esto era una gran señal de reprobación para los que no quisieron recibir el evangelio del reino y ellos lo entenderían muy bien.
Jesús finalmente advierte a los que no reciben este mensaje que “en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.” El pecado que ellos estaban cometiendo era mucho mayor que el de Sodoma y Gomorra porque ellos conocían las Escrituras y rechazaban el reino de Dios. El Señor nos guarde de rechazar jamás el evangelio, sino que más bien recibamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador y obedezcamos fielmente Su Palabra. Amén.
Con estas palabras Jesús les estaba avisando a los discípulos que podría haber lugares donde no les recibieren a ellos ni a su mensaje. Esto era de esperarse. Pero ellos no debían desanimarse porque la gente no les estaba rechazando a ellos, sino al evangelio del reino. De la misma manera, cuando vamos a predicar el evangelio, habrá gente que nos rechace y no quiera escuchar la Palabra de Dios. Pero no debemos desanimarnos porque no nos están rechazando a nosotros, sino a Dios. Tampoco debemos sacudir el polvo de nuestros pies contra ellos, sino orar por ellos para que Dios tenga misericordia y en algún momento reciban el evangelio y se salven. Amén.
En conclusión, la mies es mucha y los obreros pocos. Hay mucha gente allá afuera que necesita escuchar el mensaje del evangelio, especialmente entre los jóvenes estudiantes de la Universidad de Panamá que es nuestro campo de misión. Oremos fervientemente para que el Señor envíe obreros a su mies y vayamos a hacer discípulos, enseñándoles que obedezcan la Palabra de Dios. Haciendo así, podremos llegar a convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa, un país que envía misioneros por todo el mundo cumpliendo la Gran Comisión de Jesús. Amén.
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