Marcos 11:1-11

11:1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,
11:2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.
11:3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.
11:4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.
11:5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?
11:6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.
11:7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.
11:8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.
11:9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
11:10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!
11:11 Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.

¡HOSANNA! ¡BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR!


Buenos días. Hoy comenzamos las lecturas especiales de Semana Santa. En esta Semana Santa seguiremos a Jesús en su última semana de vida según nos las narra el evangelista Marcos. Recorreremos con él El Camino de Salvación. Yo oro para que en esta Semana Santa apreciemos en toda su dimensión el precio que Jesús tuvo que pagar por nuestra salvación y que podamos amarle más y agradecerle más por lo que hizo por nosotros. Amén.

En el mundo cristiano se celebra hoy el Domingo de Ramos que marca el comienzo de la Semana Santa. Se le conoce con este nombre precisamente por el evento que aprenderemos hoy, la entrada triunfal en Jerusalén. En la lectura pudieron ver que la gente cortaba ramas de los árboles y las tendían en el camino. Se cree que eran ramas de palmas de dátiles, por eso en inglés se le conoce como Palm Sunday, Domingo de Palmas. En la mayoría de las iglesias litúrgicas este día se celebra con la bendición y distribución de ramas de palma o las ramas de otros árboles nativos. La dificultad de conseguir palmas en climas desfavorables llevó a su sustitución por ramas de árboles nativos, incluidos boj, olivo, sauce y tejo. El domingo a menudo se llamaba por estos árboles sustitutos, como en el Domingo de Tejo, o por el término general Domingo de Ramos.

Las tradiciones ortodoxa, católica, luterana, metodista, anglicana, morava y reformada, distribuyen ramas de palma a sus congregaciones durante sus liturgias del Domingo de Ramos. Los feligreses se llevan estas palmas, a menudo bendecidas por el clero, a sus casas, donde las cuelgan junto al arte cristiano, especialmente cruces y crucifijos, o las guardan en sus Biblias o devocionarios. En el período que precede a la Cuaresma del año siguiente, conocido como carnestolendas, las iglesias suelen colocar una cesta para recoger estas palmas, que luego se queman ritualmente el martes de Carnaval para hacer las cenizas que se utilizarán al día siguiente, el miércoles de ceniza, que es el primer día de la Cuaresma. 

Sin embargo, la mayoría de las iglesias evangélicas no siguen este tipo de ritos ni tampoco las fiestas de estos calendarios litúrgicos. No obstante, nosotros queremos aprovechar esta Semana Santa para acompañar a Jesús en Su última semana de vida y meditar en el camino que Él recorrió para sellar nuestra salvación. En realidad, Dios no quiere una Semana Santa, sino una vida santa. No quiere que tengamos palmas benditas en nuestras casas, sino la gracia de salvación en nuestros corazones, y la luz de Cristo brillando a través de nuestras vidas. Celebremos, pues, este Domingo de Ramos gritando y cantando con los discípulos y la multitud: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Oro para que nosotros podamos entender hoy el significado de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y de estas palabras de la multitud, y se pueda regocijar nuestro corazón también por la llegada del Mesías. Amén.

I.- La búsqueda de un pollino (1-6)

Leamos juntos el v.1a. Marcos hace un giro dramático a su historia con una frase muy sencilla: “Cuando se acercaban a Jerusalén”. Con esta frase él marca el inicio de lo que sería la última semana de vida de Jesús con la llamada entrada triunfal a Jerusalén. Resulta interesante destacar que este evento es tan importante, que se encuentra registrado en las cuatro narraciones del evangelio. Jesús sabía que este sería su último viaje a Jerusalén. Que no regresaría más a Galilea donde había concentrado la mayor parte de Su ministerio. Él lo supo desde antes de salir de Galilea donde Lucas nos dice: “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.” (Luc. 9:51). Jesús afrontó con decisión y valentía su misión de ir a Jerusalén a morir por los pecados de la humanidad y preparó a sus discípulos anunciándoles tres veces que iría a sufrir, morir y resucitar (Mar. 8:31, 9:31, 10:33-34).

Ahora Jesús estaba cerca de la entrada de Jerusalén, dice Marcos que estaba junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos. Betfagé significa “Casa de los higos verdes”, muy probablemente por la cantidad de higueras que había allí. Era una pequeña aldea a unos 3 km de Jerusalén, y estaba sobre el camino que unía Jerusalén con Jericó o cerca de allí. Betania, por su parte, significa “Casa de los dátiles”, también en alusión a la gran cantidad de palmeras de dátiles que estaban allí cerca. Era también una aldea pequeña, hogar de los amigos de Jesús, Lázaro, Marta y María, y donde Él posaba cada vez que iba a Jerusalén. El Monte de los Olivos, era un monte de unos 800 m sobre el nivel del mar, que se encuentra al este de Jerusalén, separado de ésta por el Valle del Cedrón. Su nombre se deriva de la gran cantidad de olivos en sus laderas. Y allí se hallaba el huerto de Getsemaní donde veremos a Jesús orar y siendo arrestado más adelante. Estando en este camino Jesús decidió preparar su entrada a Jerusalén. Veamos a continuación lo que hizo. 

Leamos ahora juntos los v.1b-3. Jesús envía a dos de sus discípulos en una misión especial. Debían ir a buscar a la aldea de enfrente, probablemente Betfagé, un pollino, un asno joven que recién alcanzaba la edad para trabajar, que estaba atado junto al camino y en el cual ningún hombre había montado. Cuando lo hallasen debían desatarlo y llevárselo a Jesús. No se nos revela la identidad de estos dos discípulos, algunos opinan que Pedro era uno de ellos y que por eso le cuenta a Marcos con tanto detalle la misión. Pero la misión que Jesús estaba ordenando era bastante increíble y difícil de obedecer. Veamos por qué. 

Primero, ¿cómo sabía Jesús que ese pollino se encontraba en ese lugar? Los discípulos debían ir a buscar un animal particular, sin tener certeza de que lo encontrarían. Debían caminar hasta esa aldea y buscar el animal, quizás perdiendo su tiempo y esfuerzo. Un animal de esas características muy probablemente estaría dentro del corral, no junto al camino. ¿Cómo sabía Jesús que habría un pollino en el que nadie había montado atado junto al camino en Betfagé? Se han sugerido varias explicaciones. Algunos opinan que Jesús había hecho los preparativos con respecto al animal en un viaje anterior a Jerusalén, y por eso el dueño había dejado atado al pollino junto al camino, listo para ser recogido y servir al Señor. Otros piensan que Jesús pudo haber visto al animal estando en el camino, pero esto es muy poco probable. Otra posible explicación es que Jesús en su omnisciencia divina, ya sabía que este animal particular estaba allí, así como cuando le pidió a Pedro ir al mar y sacar un pez en cuya boca había una moneda suficiente para pagar el impuesto de entrada a Capernaum por los dos (Mat. 17:27). Y que, además, Jesús usa su autoridad divina para tomar prestado el animal diciendo: “el Señor lo necesita”, ya que esta es la única instancia en Marcos donde las palabras “el Señor” son empleadas como una descripción de Jesús, refiriendo a su divinidad. Yo me inclino por esta última explicación.

Segundo, los discípulos debían tomarlo sin pedir permiso primero. Jesús les dice que desaten el animal y se lo lleven. Y si alguien les preguntaba: ¿Por qué hacéis eso? Recién allí le decían que el Señor lo necesitaba, y que luego lo devolvería. Tomar un animal sin permiso califica como hurto y, según la Ley, si se les acusaba de hurto debían pagar el doble (Exo. 22:4). ¿De dónde iban a sacar otro pollino si les condenaban por hurto? ¿Dónde quedaría su reputación? ¿Por qué no pedir permiso primero? 

Tercero, ¿para qué necesitaba Jesús un pollino? Los discípulos podían cuestionar para qué el Señor quería un pollino. ¿Por qué no pedía prestado allí mismo un animal para cabalgadura? ¿Por qué no mejor algo más prestigioso como un caballo? ¿Por qué un asnillo? Lo que Jesús pedía parecía no tener sentido, era riesgoso y requería mucho esfuerzo.

Pero, ¿qué hicieron los dos discípulos? Leamos juntos los vv. 4-6. Ellos hicieron exactamente lo que Jesús les dijo y hallaron exactamente como Jesús les había dicho. Y cuando lo desataban sin pedir permiso, conforme a la instrucción de Jesús, uno de los que estaba allí les cuestionó y ellos les dijeron como Jesús había mandado, y les dejaron llevarse el animal. ¡Qué increíble! ¡Todo pasó exactamente como Jesús lo había predicho! Y estos discípulos obedecieron al Señor al pie de la letra. 

A veces sucede lo mismo en nuestras vidas. El Señor nos pide cosas que no entendemos, que no nos parecen lógicas y que son difíciles de obedecer. Yo estaba sirviendo en Caracas en una fraternidad y en el Departamento de Pan Diario con la P. María. Íbamos juntos a la UCV y al IPC a pescar y dar estudios bíblicos. Preparábamos juntos el libro de Pan Diario. Comenzamos a hacer un plan de lectura bíblica con la fraternidad, pero la mayoría de las veces solo asistíamos nosotros dos. Ella me daba estudios bíblicos. Y orábamos juntos para que ella se casara. Y un día el M. Juan Seo me preguntó qué opinaba yo de casarme con la P. María porque servíamos muy bien juntos a Dios. Al principio pensé que era una broma. ¿Casarme yo con mi pastora? ¿Casarme yo en ese momento? Apenas tenía 22 años, no tenía trabajo, no había terminado la universidad, ella era mayor que yo en edad y espiritualmente, y yo estaba luchando contra el deseo de amor humano, por lo que había decidido no verla a ella con otros ojos sino como mi pastora. No me parecía lógico. Pero el M. Juan Seo me pidió que orara para ver si era la voluntad de Dios.

Así que comencé a orar preguntándole al Señor si era Su voluntad que me casara con mi pastora a pesar de todas las barreras que yo veía. Yo pensaba que no era para nada lógico, que las condiciones no eran óptimas. Yo necesitaba madurar más, graduarme de la universidad, tener un trabajo estable para mantener a mi familia. ¿Con qué iba a pagar la boda? ¿De qué íbamos a vivir? Y aunque en verdad servíamos bien a Dios juntos, ¿cómo saber si éramos compatibles? Todo esto rondaba mi cabeza, mientras oraba como un desesperado. En mi oración me daba cuenta que solo estaba viendo la parte humana. ¿Y si esta era la voluntad de Dios? ¿Y si yo decía que no porque estaba pensando en lo humano y en lo material, y perdía a la mujer que Dios había creado para mí? Todo esto me hacía dudar de cuál decisión tomar. Así empecé a orar más y más pidiéndole al Señor que me diese señales para ver si era su voluntad. Comencé a pedir ciertas señales particulares que el Señor fue mostrando poco a poco. Y aunque en mi mente seguía renuente pensando que no eran las condiciones óptimas, finalmente fui convencido de que era la voluntad de Dios que me casara con María. Y decidí obedecer aún contra mi propia lógica.

Y creo que ya ustedes saben cómo termina la historia, nos casamos. Pasamos muchas dificultades en nuestro matrimonio. Al principio yo no me sentía para nada cómodo porque María pagó toda la boda y trabajaba, mientras yo terminaba mis estudios. Ella me mantuvo durante varios años hasta que finalmente pude graduarme y conseguir trabajo. Pero Dios ha sido bueno con nosotros y nos ha ayudado en todas las cosas y nos ha usado para Su misión hasta ahora. Gracias a nuestra obediencia para casarnos por la fe, Dios se ha glorificado en nosotros hasta este día. Cuando obedecemos a Dios aún contra nuestra propia lógica o sentimientos, Él se glorifica de una forma maravillosa. Así que no duden en obedecer a Jesús cuando les pide hacer algo, aunque no les parezca lógico. Y si tienen dudas si es la voluntad de Dios, hagan como yo y oren como desesperados hasta que Dios les revele Su voluntad. O hagan como Gedeón y yo y pidan señales del Señor. Pero una vez que el Señor les haya revelado Su voluntad, no duden nunca en obedecerle.

Veamos a continuación cuál fue el resultado de la obediencia de estos dos discípulos.

II.- Jesús entra a Jerusalén montado en un pollino (7-11)

Leamos juntos el v.7. Los dos discípulos cumplieron su misión y trajeron el pollino a Jesús. Improvisaron una cabalgadura con sus mantos y Jesús se sentó sobre el animal para entrar cabalgando en él a Jerusalén. De pronto todo el ambiente alrededor cambió. Veamos cómo reaccionó la multitud al ver a Jesús sentado sobre el pollino.

Leamos juntos ahora el v.8. La gente comenzó a quitarse sus mantos y a tenderlos sobre el camino. Algunos otros arrancaban ramas de las palmeras a su alrededor y la tendían en el camino para que Jesús pasase. Esto sería el equivalente a colocar una alfombra roja para que Jesús pasase. Podemos leer un evento similar en 2Re. 9:13 donde el pueblo hacía esto mismo para proclamar a Jehú como rey sobre Israel. Entonces, los discípulos y la multitud estaban proclamando a Jesús como Rey de Israel. 

¿Qué los llevó a reaccionar de esta manera? La profecía de Zac. 9:9: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” Al ver a Jesús cabalgando sobre el pollino hijo de asna, ellos pudieron recordar esta profecía de Zacarías y reconocieron a Jesús como el rey justo y salvador que venía humilde a Jerusalén a restaurar el reino de su padre David. Y por eso también comenzaron a cantar con gozo. 

Leamos juntos los vv. 9-10. “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!” Este cántico es tomado del Sal. 118:25-26, uno de los Hallels o alabanzas que cantaban los peregrinos cuando subían a Jerusalén a las fiestas, especialmente a la pascua. Allí al principio del Sal. 118:25 se puede leer en hebreo hõshï"ãh-nã" que se traduce: “Oh Jehová, sálvanos”. Este era un ruego por salvación a Dios que se convirtió en una alabanza a Dios con la esperanza de que Él salvase a su pueblo. Aquí los discípulos y la multitud cantaban con gozo y esperanza de que Jehová los salvase por medio del Mesías del Imperio Romano que los oprimía. Ellos entendían que Jesús era el Mesías que entraría a Jerusalén y tomaría el palacio real y se sentaría en el trono de David, su padre. Y por eso cantaban y se regocijaban pensando que finalmente el reino mesiánico sería establecido y que Israel sería una nación soberana nuevamente.

Veamos lo que hizo Jesús al entrar en Jerusalén. Leamos juntos el v.11. Jesús no armó una revolución armada y se dirigió al palacio a reclamar la soberanía de Israel bajo su gobierno. Sino que fue al Templo a adorar a Dios y miró todas las cosas alrededor, probablemente la corrupción que había dentro del propio templo y que al día siguiente limpiaría. Pero ese día, después que estuvo en el templo y miró todo alrededor, regresó con sus discípulos a Betania a dormir donde su amigo Lázaro. El pueblo se habrá sentido muy decepcionado. Pensarían: “Tanto alboroto por nada”. Seguramente muchos de ellos siguieron a Jesús buen rato a través de todo el Templo, esperando alguna señal para comenzar la revolución, pero nada. Quizás esta sea la razón por la que veremos el viernes a esta misma multitud que gritaba: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”, gritar: “¡Crucifícale!” Cuando Dios no actúa como nosotros esperamos, tendemos a decepcionarnos. Pero Él sabe lo que es mejor para nosotros. Debemos confiar en Él.

Esta visita de Jesús al Templo cumplió todavía otra profecía que decía: “y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Mal. 3:1). Jesús llegó repentinamente al templo en medio de esta algarabía, siendo el mensajero del nuevo pacto de Dios con los hombres. Siendo el Mesías que los judíos tanto anhelaban, pero que no reconocieron porque llegó de forma inesperada. Dice el cantante Marcos Vidal que Jesús llegó al mundo: “Como nieve en verano”. Pero, de todas formas, llegó a cumplir con la misión que Dios le encomendó: librar a la humanidad de sus pecados. Así que de todas formas nosotros podemos regocijarnos y cantar: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” ¡Bendito el nombre de Dios que nos ha salvado a través de Su Hijo Jesucristo! ¡Amén!

En conclusión, la mayoría de las veces Dios hace las cosas en las formas que no esperamos, y muchas veces Su voluntad es difícil de entender y obedecer, pero tenemos que confiar en la buena voluntad de Dios para nuestras vidas y obedecerle. Tenemos que aceptar que la voluntad de Dios es mejor que nuestros planes, metas o sueños. Jesús no era el Mesías que Israel estaba esperando, sino el Mesías que Dios había planeado en su infinita sabiduría y amor con nosotros. Regocijémonos y cantemos dando gracias a Dios diciendo: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” Alabado sea nuestro Dios por su gran amor con que nos amó y por enviar a su Hijo a morir por nuestros pecados. ¡Que el Señor nos ayude a amarle y a obedecer Su voluntad revelada en la Biblia, a pesar de que no podamos entender muchas veces! Amén.

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