Mateo 4:12-25

4:12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;
4:13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,
4:14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
4:15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, alilea de los gentiles;
4:16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció.
4:17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
4:18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
4:19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
4:20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.
4:21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
4:22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
4:23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
4:24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.
4:25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

SÍGANME, Y LOS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES


Buenos días. Una de las grandes preguntas que nos hacemos en la vida es: ¿Para qué estoy en la Tierra? O, ¿Cuál es mi propósito en esta vida? Generalmente, nuestras profesiones responden esta pregunta. Los que han elegido la carrera de médico, por ejemplo, habrán interpretado que están en esta Tierra para ayudar a otros a mantenerse sanos y con vida; los que eligieron ser profesores, para educar a otros; los ingenieros, para construir y dar una nueva forma al mundo; los abogados, para ayudar y defender a otros; etc. Aunque, muchas veces, no escogemos nuestra profesión para responder esta gran pregunta, sino de acuerdo a lo que nos tocó hacer, y todavía nos seguimos preguntando: ¿Cuál es mi propósito en esta vida? 

Jesús estaba muy claro de cuál era el propósito con el cual había venido a este mundo: A salvarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna junto al Padre en el Reino de Dios. Y sabía perfectamente lo que tenía que hacer para alcanzar esto. Así que después de haber sido bautizado por Juan y haber sido tentado en el desierto, Él comienza el ministerio que le llevaría a cumplir su misión en la vida. 

En el pasaje bíblico de hoy aprenderemos cómo y dónde comienza Jesús formalmente Su misión. Pero, más allá de esto, aprenderemos cómo Jesús revela el propósito de sus vidas a cuatro pescadores a la orilla del Mar de Galilea. A dos de ellos, Simón Pedro y Andrés su hermano, les hace un llamado y una promesa que le dan título a este mensaje: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”, o, en español latinoamericano actual: “Síganme, y los haré pescadores de hombres”. 

Oro para que el día de hoy podamos escuchar el llamado de Jesús para seguirle como sus discípulos, aprendiendo sus enseñanzas y su estilo de vida, y que Él pueda cumplir en nosotros esta promesa de hacernos pescadores de hombres. Que a través de este mensaje podamos entender el significado de esta gran misión de ser pescadores de hombres y que podamos hacer como Simón Pedro, Andrés, Jacobo y Juan, y al instante dejar atrás nuestras vidas pecaminosas y seguir a Jesús. Amén. 

I.- El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz (12-17)

Leamos juntos el v.12. Aquí Mateo nos dice que Jesús regresó a Galilea después de que Juan fue encarcelado, y pareciera que esto ocurrió muy poco después de haber sido bautizado; que Jesús salió victorioso de Su tentación y se fue inmediatamente a Galilea. Los evangelios sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, nos muestran este mismo orden de acontecimientos, dándonos esta idea. Sin embargo, entre el v.11 y el v.12 hay un gran salto en el tiempo. El apóstol Juan en su evangelio nos revela lo que hizo Jesús después de haber sido bautizado y tentado y antes de que Juan fuese encarcelado desde Jua. 1:35 – 4:43. ¡Sucedieron muchas cosas antes de que Jesús comenzara formalmente su ministerio público en Galilea! No obstante, los evangelios sinópticos se centran principalmente en el ministerio de Jesús en Galilea, mientras que el Evangelio según Juan se centra en el ministerio de Jesús en Judea, principalmente en Jerusalén. Los cuatro evangelios se complementan para darnos una visión más integral de la vida y ministerio de Jesús. Esa es la razón por la que Dios colocó estas cuatro narraciones evangélicas en la Biblia.   

Leamos ahora el v.13. Al regresar a Galilea, antes de comenzar su ministerio público, Jesús se mudó de Nazaret, la ciudad donde se crio, a la ciudad de Capernaum. Recordemos que antes aprendimos que Nazaret era una ciudad pequeña asentada en las montañas de Galilea, en cambio Capernaum era una ciudad portuaria grande a orillas del Mar de Galilea y una importante ruta comercial para que los de la provincia romana de Siria y los de Decápolis pudiesen llegar al Mar Mediterráneo, y también la ruta entre Damasco y Egipto. Así que había un constante flujo tanto de judíos como de gentiles en esta ciudad, lo que permitiría una mayor audiencia para el mensaje de Jesús. Sin embargo, quizás la razón por la que Jesús se mudó de Nazaret la podemos encontrar en Luc. 4:16-30, y que se resume en el 4:24: “De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra.” Y la razón por la que se mudó a Capernaum es que varios de los que había llamado como sus discípulos antes de comenzar su ministerio público vivían allí (p.ej. Jua. 1:40-42; Mar. 1:21,29). 

Pero Mateo ve en la mudanza de Jesús el cumplimiento de una profecía. Leamos juntos los vv. 14-16. Mateo cita aquí Isa. 9:1-2. En realidad ésta tampoco era conocida en su época como una profecía mesiánica, Isaías profetizaba el regreso de los exiliados de Babilonia a través de esta ruta. Pero nuevamente Mateo hace la interpretación cristológica de una profecía veterotestamentaria. Zabulón y Neftalí eran dos de las tribus de Israel que junto con Aser les fueron asignados sus territorios en lo que luego se conocería como Galilea. Eran el camino del mar porque conectaban la nación de Israel con el Mar de Galilea. Y se le conocía como Galilea de los gentiles porque después de la invasión Asiria este territorio estuvo habitado principalmente por no judíos. No fue hasta después de la rebelión de los Macabeos en el S. II a.C. que se recuperó este territorio para Israel y fue habitado por judíos nuevamente, aunque muchos gentiles vivían y comerciaban en esta provincia.

Así que, desde la invasión Asiria en el s. VIII a.C., este territorio estuvo asentado en las tinieblas de la destrucción, la tragedia, la tristeza y de la vida pecaminosa de los gentiles. Comenzó a ver la luz con el regreso de los exilados en Babilonia en los tiempos de Esdras y Nehemías, pero la luz le resplandeció verdaderamente cuando Jesús, la luz del mundo, vino a vivir y predicar el evangelio del reino en este territorio. Galilea fue el centro principal de la predicación de Jesús mientras estuvo en la Tierra. No hubo un lugar en la Tierra donde la luz del mundo pasase más tiempo que en Galilea de los gentiles. No hubo un lugar de la Tierra donde Jesús predicase el evangelio durante más tiempo que aquí. Y no hubo un lugar en la Tierra donde Jesús hiciese más milagros y prodigios que en esta región de sombra de muerte. Por lo tanto, a los que estaban en tinieblas, a los que estaban asentados en sombra de muerte, la luz del evangelio y de la vida les resplandeció a través de Jesús. 

¿Cómo les resplandeció a ellos la luz? Leamos juntos el v.17. Jesús trajo la Palabra de luz y vida a esta región, predicando el arrepentimiento. Ya habrán notado que el contenido de la predicación de Jesús era exactamente el mismo que de Juan el Bautista (3:2). No es posible que llegue la luz a nuestras vidas, si no nos arrepentimos, si no cambiamos nuestras mentes y nuestras vidas y salimos de la vida oscura de pecado que estamos llevando. Antes de que Jesús llegue a nuestras vidas cada uno de nosotros somos como Galilea de los gentiles, asentados en tinieblas, viviendo en sombra de muerte; pero si escuchamos la voz de Jesús y nos arrepentimos y salimos de nuestra vida pecaminosa, veremos gran luz. ¡La luz del evangelio cambiará completamente nuestras vidas! ¡La luz de la vida eterna resplandecerá en nosotros! Y podremos entrar a vivir para siempre en el reino de Dios. ¡Arrepiéntete! ¡Sal de tu vida de pecado! Porque el reino de los cielos se ha acercado. Amén.

II.- Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres (18-25)

Leamos juntos los vv. 18-19. Jesús andaba por la orilla del mar de Galilea y había allí dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, que estaban trabajando como pescadores. Ellos hasta ahora habían vivido como pescadores, quizás porque su padre, también era pescador. La vida del pescador es una vida simple. Ellos saldrían cada noche al mar a pescar lo necesario para sus familias y para intercambiar en el mercado por víveres en la mañana siguiente, luego irían a dormir un poco, pasar tiempo con su familia, y regresar nuevamente al mar en la noche. Ellos vivían el día a día, sin ninguna ambición adicional. No había nada más que hacer. Trabajar hasta que los hijos fuesen mayores, retirarse, y depender luego de los hijos ¿Les suena conocido este estilo de vida?

¿Cuál es el propósito de la vida de la gente en este mundo? Estudiar una buena carrera universitaria, graduarse y conseguir un buen empleo. Comprar un buen carro, una casa, casarse y tener hijos. Trabajar para mantener la familia, que los niños puedan estudiar en buenas escuelas, luego entren en buenas universidades, se gradúen y consigan buenos empleos y formen sus propias familias. Y luego de unos 25 años trabajando, jubilarse y disfrutar nuestra vejez con nuestros hijos y nietos. Hay una variante millennial del propósito de la vida. Estudiar en la universidad o en algún buen curso, graduarse, trabajar en una buena empresa y/o emprender, conseguir una persona con quien compartir la vida mientras puedan ser felices juntos (sin casarse), satisfacer los instintos paternales con una mascota, y disfrutar la vida mientras tanto viajando por el mundo. 

Estos propósitos de vida se asemejan al de los pescadores. Son aspiraciones para sobrevivir o para sobrellevar la vida en este mundo de la mejor manera posible. Quizás alguno quiera hacer algo más allá, algún invento o aplicación que revolucione el mundo, haciéndolo mejor; participar en o fundar alguna organización para ayudar a los animales, la naturaleza o a alguna minoría violentada; ser político para ayudar a su comunidad; escribir un libro o hacer un proyecto que pueda aportar algo para el futuro; etc. Pero nada de esto da un propósito de vida real. Al terminar la vida, muchos terminan con una sensación de que les faltó hacer algo más. Así hayan escrito muchos libros; hayan hecho algo por sus comunidades, o por las minorías violentadas, o por la naturaleza; así hayan vivido “buenas” vidas, levantando sus familias y dándoles mejores oportunidades a sus hijos de las que ellos mismos tuvieron; no mueren satisfechos. Esto es, porque nada de esto es el verdadero propósito de la vida en este mundo.

Jesús halló a unos pescadores haciendo su trabajo y ¿qué hizo? Leamos nuevamente el v.19. Él los llamó a un propósito superior. Les hizo un llamado y una promesa. Primero, les llamó diciendo: “Venid en pos de mí”, o en español latinoamericano actual: “Síganme”. Jesús llamó a Simón Pedro y a Andrés para ser sus discípulos. ¡Cuán grande privilegio recibían estos hermanos pescadores al ser llamados como discípulos de Jesús! En aquella época los maestros judíos tomaban como discípulos a los jóvenes que veían más capaces y que pudiesen también sostener su ministerio, pues los maestros eran sustentados económicamente por sus discípulos. Simón Pedro y Andrés no parecían material para discípulos, no parecen ser estudiantes destacados ni tener los medios económicos para sustentar a Jesús, sin embargo Él los escogió y los llamó para ser sus discípulos, y además les hace una gran promesa.

Segundo, “y os haré pescadores de hombres”. Junto con su llamado, Jesús les hace una promesa: “si me siguen como discípulos, yo los haré pescadores de hombres”. Hasta ese momento ellos habían vivido como pescadores de peces. Su trabajo consistía en ir al mar en el tiempo apropiado, lanzar la red y halarla de vuelta a la barca con los peces que hubiesen quedado atrapados en ella. Sin embargo, Jesús le está llamando para un trabajo superior. Ya no pescarían más peces, sino personas para el reino de Dios. Ya no echarían redes para pescar, sino que echarían la Palabra de Dios a la multitud para traer a aquellos que serían salvos por creer en el evangelio del reino. Ya no vivirían la vida simple y sin propósito real de los pescadores, sino que ahora vivirían una emocionante vida como pescadores de hombres para el reino de Dios.  

Así como Simón Pedro y Andrés, sin Jesús vivimos según nuestro parecer y sin un verdadero propósito. Estamos haciendo lo que queremos o lo que podemos para vivir, pero sin un propósito verdadero. Y Jesús nos hace el mismo llamado que le hizo a estos pescadores: “Venid en pos de mí”, “síganme”, “sean mis discípulos”. ¿Qué significa ser discípulos de Jesús? Los discípulos estaban en todo tiempo con su maestro aprendiendo sus enseñanzas y su estilo de vida, para que ellos después pudiesen pasar esas enseñanzas a las siguientes generaciones. Como discípulos de Jesús somos llamados a estar siempre con Jesús también en oración y aprendiendo sus enseñanzas y estilo de vida en la Biblia. Tenemos que cambiar nuestra forma de pensar y vivir para adecuarla a lo que la Biblia nos enseña. Si estamos viviendo en pecado, debemos arrepentirnos,  abandonar esa vida pecaminosa y vivir de la forma en la que Biblia nos dice. Eso es ser un verdadero discípulo de Jesús.

Si somos verdaderos discípulos de Jesús, viviendo según sus enseñanzas, entonces predicaremos a otros el evangelio, y a medida que las personas escuchen el evangelio y crean, entonces vendrán al reino de Dios también. De esta manera, Jesús nos está convirtiendo en “pescadores de hombres”. Cuando somos verdaderos discípulos de Jesús, viviendo conforme a Su Palabra, nuestro propósito de vida cambia. Ya no vivimos solamente para nosotros mismos y para sobrevivir o prosperar en este mundo, sino que vivimos para la gloria de Dios, haciendo Su obra de predicación del evangelio. Esta es la forma en la que Jesús nos hace “pescadores de hombres”.

Para ser “pescadores de hombres” no tenemos que ser pastores, misioneros o evangelistas, solo basta con que recibamos el evangelio profundamente en nuestros corazones y comencemos a compartirlo con otros. Mientras más vivamos el evangelio del reino nosotros mismos, más fácilmente compartiremos el evangelio con otros, y más probablemente ellos aceptarán la Palabra de Dios. Pero esto no viene de nosotros, es Jesús a través del Espíritu Santo el que hace esta obra en nosotros y a través de nosotros. Nosotros no nos convertimos en discípulos de Jesús por nosotros mismos, Él nos convierte en sus discípulos cuando escuchamos su llamado, nos levantamos y abandonamos nuestra vida de pecado. Nosotros no nos convertimos en pescadores de hombres, Jesús lo hace, a medida que vamos creciendo como verdaderos discípulos.

Jesús te está llamando hoy para que seas su discípulo. Él te hace el mismo llamado y la misma promesa que les hizo a Simón Pedro y a Andrés. ¿Cómo respondes a este llamado de Dios? Veamos cómo respondieron estos dos pescadores. Leamos juntos el v.20. Al instante, ellos dejaron lo que estaban haciendo y siguieron a Jesús. Esta es la forma en la que debemos responder hoy a este llamado de Jesús. Hoy. Ya. Ahora mismo. Debes arrepentirte de tu vida pecaminosa y abandonarla completamente. Deja toda tu vida pecaminosa atrás y sigue a Jesús.

En los vv. 21-22, vemos que Jesús llamó también a Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, para ser sus discípulos. Ellos también eran pescadores y trabajaban juntos con Simón Pedro y Andrés en las barcas de su padre. Ellos también “dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” (v.22) Ellos abandonaron su trabajo y su familia para seguir a Jesús. El Señor no te está pidiendo hoy que abandones tu trabajo o tu familia (a menos que eso te esté haciendo llevar una vida pecaminosa), Él te está pidiendo que abandones la vida pecaminosa que estás llevando y que le sigas como su discípulo. Él quiere darle un verdadero propósito a tu vida y hacerte pescador de hombres, un predicador del evangelio que traiga almas al reino de Dios. Él no solo quiere perdonar tus pecados y darte la vida eterna, sino darte un verdadero propósito de vida con la misión más grande de todas: predicar el evangelio y hacer discípulos de Jesús.

¿Quieres aceptar hoy este llamado de Jesús? Lo primero que debes hacer, si no lo has hecho, es aceptar a Jesús como tu Señor y Salvador con la oración de fe. Luego, debes salir de tu vida de pecado; debes sacar de tu vida todo aquello que te hace pecar contra Dios. Además, tienes que estudiar la Biblia profundamente para aprender bien y aplicar las enseñanzas de Jesús en tu vida; para esto debes aprovechar tu tiempo al máximo leyendo la Biblia, y preferiblemente establecer un estudio bíblico 1:1 con un pastor que ya haya aprendido también de otro; también, escribir testimonio bíblico para meditar bien en lo que has aprendido y aplicarlo a tu vida con arrepentimiento. Igualmente, debes comer Pan Diario cada día y orar para profundizar tu comunión con Dios, y venir cada domingo a la iglesia a tener comunión con otros creyentes y a escuchar el mensaje dominical. Si haces todo esto con un corazón sincero delante de Dios, serás un verdadero discípulo de Jesús y Él te hará un pescador de hombres para la gloria de Su nombre. 

Y así como en los vv. 23-25, Jesús y sus discípulos recorrieron toda Galilea predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y dolencia, tú mismo irás con Jesús y con nosotros a la Universidad de Panamá y pescaremos a los estudiantes para darles estudio bíblico 1:1, de forma tal que ellos también puedan crecer como discípulos de Jesús y pescadores de hombres. De esta manera, convertiremos a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.

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