Daniel 11:2-45

11:2 Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aún habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia.
11:3 Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad.
11:4 Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado, y será para otros fuera de ellos.
11:5 Y se hará fuerte el rey del sur; mas uno de sus príncipes será más fuerte que él, y se hará poderoso; su dominio será grande.
11:6 Al cabo de años harán alianza, y la hija del rey del sur vendrá al rey del norte para hacer la paz. Pero ella no podrá retener la fuerza de su brazo, ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella y los que la habían traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.
11:7 Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su trono, y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará.
11:8 Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá él contra el rey del norte.
11:9 Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra.
11:10 Mas los hijos de aquél se airarán, y reunirán multitud de grandes ejércitos; y vendrá apresuradamente e inundará, y pasará adelante; luego volverá y llevará la guerra hasta su fortaleza.
11:11 Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y saldrá y peleará contra el rey del norte; y pondrá en campaña multitud grande, y toda aquella multitud será entregada en su mano.
11:12 Y al llevarse él la multitud, se elevará su corazón, y derribará a muchos millares; mas no prevalecerá.
11:13 Y el rey del norte volverá a poner en campaña una multitud mayor que la primera, y al cabo de algunos años vendrá apresuradamente con gran ejército y con muchas riquezas.
11:14 En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; y hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán para cumplir la visión, pero ellos caerán.
11:15 Vendrá, pues, el rey del norte, y levantará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y las fuerzas del sur no podrán sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir.
11:16 Y el que vendrá contra él hará su voluntad, y no habrá quien se le pueda enfrentar; y estará en la tierra gloriosa, la cual será consumida en su poder.
11:17 Afirmará luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquél convenios, y le dará una hija de mujeres para destruirle; pero no permanecerá, ni tendrá éxito.
11:18 Volverá después su rostro a las costas, y tomará muchas; mas un príncipe hará cesar su afrenta, y aun hará volver sobre él su oprobio.
11:19 Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra; mas tropezará y caerá, y no será hallado.
11:20 Y se levantará en su lugar uno que hará pasar un cobrador de tributos por la gloria del reino; pero en pocos días será quebrantado, aunque no en ira, ni en batalla.
11:21 Y le sucederá en su lugar un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos.
11:22 Las fuerzas enemigas serán barridas delante de él como con inundación de aguas; serán del todo destruidos, junto con el príncipe del pacto.
11:23 Y después del pacto con él, engañará y subirá, y saldrá vencedor con poca gente.
11:24 Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres; botín, despojos y riquezas repartirá a sus soldados, y contra las fortalezas formará sus designios; y esto por un tiempo.
11:25 Y despertará sus fuerzas y su ardor contra el rey del sur con gran ejército; y el rey del sur se empeñará en la guerra con grande y muy fuerte ejército; mas no prevalecerá, porque le harán traición.
11:26 Aun los que coman de sus manjares le quebrantarán; y su ejército será destruido, y caerán muchos muertos.
11:27 El corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa hablarán mentira; mas no servirá de nada, porque el plazo aún no habrá llegado.
11:28 Y volverá a su tierra con gran riqueza, y su corazón será contra el pacto santo; hará su voluntad, y volverá a su tierra.
11:29 Al tiempo señalado volverá al sur; mas no será la postrera venida como la primera.
11:30 Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contristará, y volverá, y se enojará contra el pacto santo, y hará según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el santo pacto.
11:31 Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.
11:32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.
11:33 Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo.
11:34 Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas.
11:35 También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo.
11:36 Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá.
11:37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.
11:38 Mas honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que sus padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, con piedras preciosas y con cosas de gran precio.
11:39 Con un dios ajeno se hará de las fortalezas más inexpugnables, y colmará de honores a los que le reconozcan, y por precio repartirá la tierra.
11:40 Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará.
11:41 Entrará a la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón.
11:42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto.
11:43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.
11:44 Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos.
11:45 Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.

El fin de los tiempos


Desde la semana pasada comenzamos a estudiar la última visión de Daniel en la cual Dios envió un ser celestial para que le mostrara una profecía acerca del futuro de su pueblo y del mundo. Como les anticipé este sería el tema final de este libro y lo estaríamos estudiando en varias semanas (tres semanas para ser más precisos), de la cual esta es la segunda. 

         Un aspecto importante que aprendíamos en la lectura anterior es que nuestro principal problema no son las aflicciones terrenales, como podríamos pensarlo; sino que la más grande complicación que tenemos que enfrentar es la batalla espiritual contra nuestro adversario el diablo. En ese sentido, aprendíamos, parte de nuestro deber es luchar en oración y ayuno, y esperar que llegue el socorro del Señor en su tiempo. Pero si este es solo parte de nuestro deber, entonces ¿qué más debemos hacer? La respuesta a esta interrogante es precisamente lo que vamos a aprender hoy. A través de la profecía que le dio el ser celestial a Daniel vamos a conocer que el enemigo utilizaría a los gobernantes políticos de las naciones para atacar a los cristianos y tratar de derrumbar nuestra fe, pero veremos que, en medio de esas situaciones, nosotros no debemos rendirnos y traicionar a Dios, sino que nuestra labor es permanecer enseñando la biblia a todos para que no caigan en las garras del diablo, y debemos sostener nuestra fe firme, aún cuando amenacen o atenten contra nuestra vida. 

         Quizá pienses que estamos lejos de los tiempos del fin, y por lo tanto esta información no es relevante, pero al contrario, todo indica que ya estamos en el tramo final de la historia y que el fin se acerca. Por lo tanto no bajemos los brazos, no nos descuidemos, sino que estemos atentos a lo Dios tiene en la palabra de hoy para nosotros y empecemos a practicarlo ya mismo ¡Amén!

  1. LOS CONFLICTOS DEL FINAL DE LOS TIEMPOS

Leamos los vv.2-4 “Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aún habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia. Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad. Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado, y será para otros fuera de ellos.” Si un tema el Señor nos ha enseñado en reiteradas ocasiones en el estudio de este libro, es el orden en que se instalarían los distinto imperios de la historia humana. Personalmente me gusta recordar la estatua que el Señor le mostró al rey Nabucodonosor en sueños (Daniel 2) para resumir este proceso. En esta estatua, cada imperio es representado por un material y en particular los primeros 3 materiales son: el oro, que representaba al imperio babilónico y máximo exponente era el rey Nabucoodonosor. Luego está la plata, que simbolizaba al imperio medopersa, gobernados por Dario de Media y Ciro de Persia. El tercer material era el bronce, que simbolizaba al imperio griego. Y me quiero detener acá, porque precisamente, de la transición entre estos dos últimos imperios es que hablan estos versos que acabamos de leer.

Recuerde que en el momento que el ser celestial de anunció esta profecía a Daniel aún estaba reinando Ciro el persa (Daniel 10:1), es decir que el mundo se encontraba en la parte de plata de la estatua del sueño de Nabucodonosor. Pero ¿qué estaba anunciando el ser celestial? que en el reino Persa, más adelante vendría un rey, que atacaría fallidamente a Grecia y que luego se levantaría un líder griego muy poderoso que en contraparte vencería a los persas y establecería su imperio, sin embargo, como lo dice el v.4, rápidamente este rey dejaría de reinar y su reino se lo repartirían entre cuatro personas, que no serían sus hijos, como comúnmente se hacía. Y como dice que la repartición sería hacia los cuatro vientos, quiere decir que habría un rey que gobernaría el norte, otro el sur, otro el este y finalmente uno el oeste.

Y usted escuchándome quizá piense que esto parece un cuento o una serie ficticia de Netflix. Pero déjeme decirle que las palabras de este ser celestial no tenían nada de ficticias, pues todo esto se cumplió cabalmente. Persia hubo un rey llamado Jerjes (o Asuero) que aproximadamente en el año 480 a.C. atacó a Grecia y falló. Hasta que en año 331 a.C. Alejandro Magno, conquistó al imperio medopersa y estableció al imperio griego como el dominante del mundo. Pero efectivamente, así como decía la profecía, Alejandro magno no duraría mucho, pues murió muy joven, aparentemente porque lo envenenaron, y todo su imperio se lo repartieron entre 4 generales. Al norte quedaron Babilonia y Siria, al sur Egipto, al este Asia Menor y al oeste Macedonia y Grecia. Y yo les pido que pongan sus ojos en los reinos del norte y del sur, porque de ahora en adelante, ellos serán en gran parte los protagonistas.

Pero antes de continuar viendo otros aspectos de la profecía, me gustaría resaltar lo que ya hemos constatado en gran parte del libro de Daniel, y es que Dios es el soberano de toda la historia humana, por lo tanto, no solo sabe lo que va a suceder, sino que lo ha permitido. Esto no quiere decir que él es artífice de la cantidad de atrocidades que hicieron estos imperios, o del pecado que cometemos los seres humanos. Eso no es culpa de Dios, sino que es nuestra responsabilidad. Lo que sí es cierto es que él, pudiendo cambiar el curso de la historia más bien deja que esta fluya, en parte, por respeto a esa libertad de decisión y de actuación que él mismo nos ha dado, y por otro lado, porque él tiene un propósito en todo lo que sucede. No olvidemos que el final de Daniel 2, donde se relata el sueño de la estatua de Nabucodonosor, anuncia que el último reino que se establecerá será el reino de Dios que vencerá a todos los reinos de la humanidad. 

Y es bueno tenerlo presente porque una de las grandes cosas que la gente le reclama a Dios es por qué deja que sucedan eventos tan feos como guerras, asesinatos, violaciones, dictaduras, etc. incluso mucha gente no sigue al Señor porque tiene este tipo de quejas contra él. También hay gente que cuando está en medio de la prueba le cuesta confiar que Dios está al mando y se desesperan. Entonces, oro a Dios que por medio de nosotros, el mundo entero pueda aprender que el caos de la tierra no es culpa del Señor, sino culpa de nuestras malas decisiones y que todos nosotros, aunque vivamos en caos y dificultad, podamos confiar plenamente en el reino de Dios.

Ahora leamos el v.11 “Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y saldrá y peleará contra el rey del norte; y pondrá en campaña multitud grande, y toda aquella multitud será entregada en su mano.” En cierto sentido, la primera parte de la profecía que acabamos de ver, no era una noticia para Daniel, tampoco lo era para nosotros. Porque en anteriores ocasiones (ver Daniel 8) ya el Señor había revelado lo que sucedería entre el imperio medopersa y Grecia. Pero lo subsiguiente de esta profecía si es algo nuevo para todos. Más específicamente ¿de qué estamos hablando? A la guerra entre las naciones del imperio griego, específicamente entre el reino del norte (Siria) y el reino del sur (Egipto). Aunque al principio estas naciones intentaron asociarse, porque el rey del sur le concedió a su hija como esposa al rey del norte, esto no salió bien, porque esta chica fue asesinada y a partir de allí ellos vivieron enemistados y en conflicto por generaciones. Esto es lo que vemos entre los vv.5 y 35. Y aunque la palabra de hoy ciertamente es una profecía, yo hablo en pasado porque en la historia ya todos estos hechos se han cumplido.

         Y usted se preguntará, por qué entre tantos versos he elegido en este caso para leer el v.11. La razón es porque allí vemos una de las causas, y probablemente la principal, por las cuales este conflicto se alargó por tantas generaciones ¿cuál es? La ira. Antes de esta parte, el reino del norte había tratado de invadir el reino del sur, pero no había podido hacerlo y se retiró (v.9). Sin embargo, este intento de invasión molestó mucho al rey del sur, por esa furia (o íra) decidió responder el ataque y mató a todo el ejercito enemigo y seguramente muchas personas más. La ira es un asunto del que todos nosotros debemos tener mucho cuidado. Es inevitable sentir ira, porque Dios nos ha dado sentido de justicia, pero si estamos airados debemos cuidar lo que hacemos porque esto nos puede llevar a cometer pecado. Por eso Efesios 4: 26,27 dice: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” en sentido figurado, al diablo le encanta susurrarnos al oído para darnos malas ideas cuando nosotros estamos molestos. “no te dejes, date a respetar” “demuéstrale quien es el que manda”, etc. Cosas como estas nos dicta el enemigo cuando estamos molestos. Pero nosotros no debemos darle cabida, porque si no, nos pasa lo que le aconteció al rey del sur. Dejándose llevar por su ira produjo una gran desgracia. Hermano(a) querido(a), cuando algo te moleste, recuerda que tu reacción puede afectar gravemente a los demás, y haz uso del consejo que Dios nos ha dado en Proverbios 17:14b “Deja, pues, la contienda, antes que se enrede.” [Deja la contienda antes de que se enrede]. Esta es una dirección importante, más aún si sos el líder: si sos padre, jefe, líder de fraternidad, hermano mayor, tío, etc. 

  1. EL REY DEL NORTE Y EL PUEBLO DE DIOS

Leamos los vv.29-31 (NVI) “En el momento preciso, el rey del norte volverá a invadir el sur, aunque esta vez el resultado será diferente, porque los barcos de guerra de las costas occidentales se opondrán a él y le harán perder el valor. Entonces retrocederá y descargará su enojo contra el santo templo. En su retirada, se mostrará bondadoso con los que renegaron de él. Sus fuerzas armadas se dedicarán a profanar la fortaleza del templo, y suspenderán el sacrificio diario, estableciendo el horrible sacrilegio.” Ahora les hablaré de un evento particular que tendría lugar entre esas constantes batallas entre el reino del norte y el reino del sur. Y que se cumplió mientras Antioco IV Epifanes era el rey en el norte. Un día el reino del norte intentó invadir al sur, en la anterior batalla el norte había salido victorioso, pero en esta ocasión no podría ganar, porque encontró una fuerte oposición de otros barcos, tuvo miedo, y decidió retirarse. Pero mientras él iba en el camino, se desvió a Jerusalén y concretó un plan que tenía tiempo pensando (v.28): como acabamos de leer, saqueó Jerusalén, profanó el templo, detuvo los sacrificios y contaminó el santuario al sacrificar allí cerdos para los dioses paganos. Sacrificar un cerdo en el templo era el peor insulto que un enemigo podía hacer a los judíos, porque la ley de los judíos los cerdos eran inmundos y no debían tocarse ni comerse, mucho menos sacrificarlos como una ofrenda. Esta fue la situación gravísima que generaría el rey del norte. Pero veamos qué sucedería con los creyentes en ese momento.

Leamos los vv.32-35 “Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo. Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas. También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo.” Si observan en detalle, en este pasaje se pueden identificar dos tipos de personas, ambos con conductas muy diferentes. El primer grupo son los “violadores del pacto”, estos son aquellos que se dejarían confundir por este rey, obviamente porque recibieron algunos favores. El v.39 explica cuáles eran estos “beneficios”, dice que el rey les daría honor a los que traicionaron a Dios, dándole altos cargos políticos y también bienes materiales (tierras). Por lo tanto podemos inferir que los violadores del pacto serían aquellos que poniendo su mira en esta tierra, prefirieron beneficios terrenales, antes que los celestiales. El otro tipo de personas que vemos acá, son los “sabios” ¿quiénes fueron ellos? Aquellos que a pesar de los ataques y la seducción del rey del norte, para que ellos dejaran su fe, prefirieron permanecer fieles a Dios. Fíjese que estas personas predicaron en el momento de la invasión, aunque era el tiempo más peligroso, ellos continuaron instruyendo a las personas en la palabra de Dios. Pero irónicamente, a ellos les fue mal humanamente, porque fueron perseguidos y asesinados y en el momento difícil nadie los quiso ayudar. Aunque parezca una paradoja, Dios permitió esta dificultad para que ellos fueran purificados, porque es en el momento de la prueba que se sabe cuanta fe tenemos y cuando más crecemos. 

Y debemos preguntarnos ¿cómo es posible que una persona pueda soportar los ataques del diablo, y las tentaciones, sin desertar? La respuesta está en los versos que acabamos de leer, donde dice “mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”. Precisamente, mientras más conocemos a nuestro Dios, mas firme es nuestra fe, y si tenemos bien claro a quién seguimos, nadie nos engañará ni nos seducirá como el rey del norte hizo con los violadores del pacto. No les voy a mentir diciéndoles que es fácil elegir por Dios en el momento de la persecución, pero lo que nos enseña la palabra es que esto será muy natural en la medida que conocemos más a nuestro Dios. Así como de un naranjo no esperamos recibir manzanas, tampoco podemos esperar que una persona que conozca bien al Señor lo niegue. Al contrario, como dice esta palabra, se esforzará y actuará. Porque tampoco es correcto quedarnos de brazos cruzados. [Esfuérzate y Actúa]

Por todo esto que hemos hablado, los historiadores ubican a Antioco Epifanes como el anticristo profetizado en la biblia, sin embargo, entendemos que la profecía posiblemente también anuncia un anticristo “final”, que replicaría esta conducta: de prohibir/atacar la alabanza a Dios, de perseguir a los creyentes y de tratar que muchos abandonen su fe. y de las cosas que quiero remarcar para el final, ya hemos hablado de la primera, y es las dos posibles conductas que podemos tomar ante el anticristo, puedes decidir ser un “violador del pacto” o un “sabio” ¿qué preferís hacer? sin duda esta palabra nos prepara para los eventos futuros del fin, y aunque quizá veas ese tiempo lejos, si quieres ser un sabio hay varias tareas que debemos obedecer desde ya mismo: la más fundamental es conocer a Dios, eso lo hacemos a través de tener una relación profunda con él en oración y lectura de la palabra. Otra labor es predicar en todo tiempo. 

Y lo segundo que quiero citar del final último verso de este pasaje, que hemos elegido como verso clave porque es la promesa hermosa de que, aunque en cierto momento pareciera que el anticristo y el mal va a ganar, porque todo le sale bien, allí se nos promete que el bien prevalecerá. V.45b “mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.” En Jesús tenemos garantía de que el anticristo y el diablo serán vencidos eternamente y no habrá quien les ayude ¡Amén!

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