CONSIDERA LA OBRA DE DIOS

Predicado el día domingo, 12 de septiembre de 2021

Mensaje del libro de Eclesiastés
Palabra: Eclesiastes 7:1-14
Verso Clave: Eclesiastes 7:13-14
Serie - Lect: Eclesiastés - Lec 10
Predicado por: Josue Gutierrez
País/Capítulo:   / Ciudad de Panamá
Tipo: Dominical
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Eclesiastés 7:1-14

7:1 Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento.
7:2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.
7:3 Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.
7:4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría.
7:5 Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios.
7:6 Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad.
7:7 Ciertamente la opresión hace entontecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón.
7:8 Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
7:9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.
7:10 Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.
7:11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol.
7:12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.
7:13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
7:14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.

VERSÍCULO CLAVE

Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció? En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.


Eclesiastés 7:13-14 (Reina Valera Revisada 1960)

CONSIDERA LA OBRA DE DIOS


Buenos días. A partir del capítulo 7 Salomón comienza a responder las preguntas que formuló en 6:12: “Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?” Estas son las preguntas primordiales que se hace el hombre con respecto al significado y propósito de la vida, y cuya respuesta no se halla en las cosas que se hacen debajo del sol. Eso es lo que ha estado buscando el filósofo Salomón en sus experiencias de vida. Y ahora pasará a responder con sabiduría de lo alto, por lo que el tono del libro cambia un poco y se parece más al libro de Proverbios.

En los capítulos siguientes Salomón va a regresar a considerar las cuestiones de las que ya ha hablado: las injusticias y desigualdades de la vida, la vanidad de las riquezas y el honor, el estilo de vida del sabio y del necio, etc., pero ya no con el tono pesimista de la sabiduría humana, sino incluyendo a Dios en la ecuación. De hecho, cierra su libro aconsejando a los jóvenes y concluyendo que el todo del hombre es temer a Dios y guardar sus mandamientos (12:13). Así que de ahora en adelante aprenderemos más de la sabiduría divina que obtuvo Salomón para entender la vida.

Comenzaremos en este pasaje bíblico del capítulo 7 retomando el tema del capítulo 3 acerca de que Dios ha establecido un tiempo para todo, incluso un tiempo de adversidad para que aprendamos y crezcamos. Entonces, aprenderemos que nuestra tarea en la vida no es entender todo lo que estamos pasando, sino entender que estamos en las manos de Dios y que todo lo que nos sucede está bajo su control. Yo oro para que a través de este mensaje cada uno de nosotros pueda aprender a gozar en el día del bien y a meditar en el día de la adversidad. Y que confesemos junto con David: “Mas yo en ti confío, oh Jehová; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:14-15). Amén.   

I.- Lo que es mejor en la vida del hombre (1-12)

Leamos juntos el v.1 por favor. En el primer proverbio de esta sección Salomón hace un juego de palabras. Literalmente en hebreo dice que es mejor el buen nombre (shem) que el buen ungüento (shémen). Además del juego de palabras hay una lección implicada aquí. El buen ungüento, o como traduce la NTV “un perfume costoso”, estaba solo al alcance de los ricos, sin embargo, Salomón nos dice que es mejor tener una buena reputación que ser ricos, y eso no es precisamente lo que piensa la gente que ama el dinero, de los que hablamos en el mensaje de la semana pasada. 

Un ejemplo bíblico de alguien que amaba el dinero era Leví hijo de Alfeo, cuya conversión podemos leer en Mt. 9:9-13, Mr. 2:13-17 y Lc. 5:27-32. Él amó tanto el dinero que arruinó su reputación convirtiéndose en un recaudador de impuestos para el imperio romano, pero al escuchar la voz de Jesús diciéndole: “Sígueme”, él dejándolo todo le siguió. Dejó atrás su amor al dinero y todas sus riquezas para vivir en humildad junto con Jesús. De esa manera, cambió su nombre y su reputación, pasó de ser Leví hijo de Alfeo, recaudador de impuestos, a Mateo el evangelista. Es mejor tener buena reputación entre la gente como buenos cristianos que tener riquezas, así sean bien habidas, para comprarnos buenos perfumes, ropas de marca o carros de lujo.

Leamos nuevamente el v.1b. Aunque pareciera que Salomón está volviendo al tono pesimista de antes al decir que es mejor el día de la muerte que el del nacimiento, en realidad este proverbio tiene mucha sabiduría divina implicada y es muy parecido al del v.8a: “Mejor es el fin del negocio que su principio”. Nos regocijamos mucho en el nacimiento de un bebé, pero nos entristecemos mucho ante la muerte de un familiar o allegado. Sin embargo, Salomón nos dice aquí que el día de la muerte es mejor que el día del nacimiento. ¿Por qué? 

Hablando humanamente, al morir ya hemos vivido toda una vida, hemos alcanzado cosas, ya tenemos una identidad formada y todas las experiencias vividas. Ya hemos sufrido todo lo que teníamos que sufrir y ha terminado el sufrimiento en este mundo. En cambio, cuando nace un bebé, lo único que hay son esperanzas, pero todavía no tiene una identidad formada, todavía no ha alcanzado nada en la vida, y ni siquiera podemos tener la certeza de que llegue a alcanzar algo. Y apenas empezarán sus sufrimientos. Así que es mejor el final de un negocio, donde ya sufriste lo que tenías que sufrir y recogiste los frutos; que el principio del negocio, donde no has sufrido todavía y ni siquiera sabes lo que alcanzarás.

Desde el punto de vista cristiano, esto también es cierto. El día de nuestro nacimiento entramos con pecado en un mundo pecaminoso, como lo expresa el salmista David: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” (Sal. 51:5). Sin embargo, al morir, somos quitados de la presencia del pecado. Y si Jesús es el Señor de nuestras vidas, partiremos con Él al reino de Dios. Por lo que el apóstol Pablo dice: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Flp. 1:21) entonces él tenía “deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Flp. 1:23). Así que para el cristiano el día de la muerte es mejor que el del nacimiento porque entraremos en el reino de Dios con Cristo.

Sin embargo muchos se aferran a esta vida y quieren vivir muchísimos años en este mundo y que sus familiares también vivan mucho tiempo, aunque estén sufriendo a causa de una enfermedad terminal, buscamos la forma de alargar sus vidas en este mundo. No obstante, si ellos han aceptado a Jesús como su Señor y Salvador, para ellos es mucho mejor partir con Cristo que seguir sufriendo en este mundo, así que no seamos egoístas ni tengamos temor, sino pensemos siempre en el reino que nos espera después de este mundo.

Leamos ahora juntos los vv. 2-4. Los valores que nos muestra Salomón acá son claramente contrarios a los que busca la gente en este mundo. Ya vimos en el v.1 que la gente prefiere el día del nacimiento antes que el día de la muerte, pero Salomón dice que es mejor el día de a muerte que el del nacimiento. Ahora dice que es mejor estar en una funeraria que en una discoteca. Y cualquier joven aquí diría: “este se volvió loco. ¿Acaso me la voy a pasar mejor en un velorio que en una fiesta?” Pero, es que la pregunta no es dónde nos la pasamos mejor, sino dónde aprendemos más. 

En la casa del banquete todo es risa y alegría, y uno se la pasa chévere y se olvida de las tristezas de la vida. Pero en un velorio la gente está triste y meditabunda. Y es por esto último precisamente que es mejor la casa de luto que la casa del banquete. En la casa del banquete uno no medita en nada, disfruta y hasta puede terminar pecando por el alcohol. Pero en la casa del luto uno medita acerca de la brevedad de la vida, de nuestra identidad y propósito en este mundo. Si viniesen por mi alma hoy, ¿entraría en el reino de Dios? ¿Qué legado estaría dejando en este mundo? Entonces uno sale de allí con más ganas de prepararse para el reino de Dios y de dejar un legado en este mundo también, en lugar de pensar en ir a una fiesta. 

La gente en este mundo tiene el pensamiento: “comamos y bebamos que mañana moriremos” (1Co. 15:32). Pero como dice el apóstol Pablo en ese mismo versículo, este pensamiento se da cuando no hay esperanza en la resurrección de los muertos. Pero si tenemos esperanza en la resurrección de los muertos, en la casa del luto podemos regocijarnos por el que partió con el Señor y dar la esperanza de la resurrección a los dolientes. Es por esto que Salomón dice que el corazón de los sabios está en la casa del luto, mas el corazón de los insensatos está en la casa en que hay alegría. 

Leamos nuevamente el v.3. Nuevamente contraviniendo los valores de este mundo, Salomón dice que el pesar es mejor que la risa. Con esto no quiere decir que debemos andar todo el tiempo con caras largas, sino que no debemos esconder nuestros problemas y sufrimientos detrás de una falsa risa. Hay gente por allí que se le pasa de fiesta y que parece muy alegre, pero ocultan una gran depresión que eventualmente los lleva al suicidio porque no han expresado sus sentimientos adecuadamente. Es mejor llorar cuando hay tristeza, que ignorarla y reír, porque, dice Salomón, que la tristeza enmendará el corazón.

Pueden ver el caso del actor Robin Williams. Era un grandísimo actor y muy cómico, y todo el tiempo se le veía sonriendo, y de repente lo consiguen muerto en su apartamento porque se suicidó. ¿Quién sabe por qué tomó esta infame decisión? Su familia ahora dice que fue a causa de la frustración y depresión que le producía lo que se creía era Parkinson, pero que la autopsia desveló como demencia con cuerpos de Lewy. Sin embargo, si él hubiese podido canalizar adecuadamente su depresión y frustración quizás hubiese enmendado su corazón y no se habría quitado la vida.

Leamos ahora los vv. 5-6. ¿A cuántos de ustedes les gustan que los regañen? Yo odio que me regañen y por eso trato de hacer las cosas bien para evitarlo. Sin embargo, Salomón nos dice aquí que la reprensión o el regaño de los sabios es mejor que los elogios o las alabanzas de los necios. Si uno peca con una chica, por ejemplo, prefiere contárselo a un amigo que le diría: “Eso… perro… buena esa.”; que contárselo a su pastor que le reprendería con la Palabra de Dios. Pero es mucho mejor escuchar la reprensión de nuestro pastor que nos lleva al arrepentimiento que el elogio del amigo necio que nos lleva a la perdición. La risa del necio que nos elogia por nuestro mal proceder es como el estrépito de los espinos en una fogata, hace mucho ruido, pero tiene poca utilidad porque no arde durante mucho tiempo, ya que se consume muy rápido. Así que esto es vanidad, pasajero y sin propósito. 

Leamos juntos el v.7. El sabio según el mundo puede perder su sabiduría si es oprimido por los ricos o si participa en su opresión al ser sobornado. De la misma manera, el creyente puede perder su integridad si se deja llevar por la presión de grupo o se deja sobornar por los placeres de este mundo. Guardemos nuestra integridad escuchando la Palabra de Dios en lugar de la presión de nuestros amigos que nos invitan a pecar, y evitando la seducción de los placeres de este mundo.

Leamos ahora el v.9. Nos enojamos cuando pensamos que no somos tratados justamente o cuando no nos toman en cuenta. Pero la mayoría de nuestros enojos vienen por malentendidos. No siempre la gente está buscando nuestro perjuicio. Y aunque lo hiciesen, debemos meditar cuál sería la respuesta más adecuada en cada caso. Muy pocas veces el enojo es la respuesta correcta. Sigamos el consejo del apóstol Santiago: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Stg. 1:19). Estemos más dispuestos a escuchar, a meditar y a entender, que a responder y a airarnos por las cosas que nos suceden. Allí reside la sabiduría. 

Leamos juntos el v.10 por favor. A causa de nuestra mala memoria y de la tendencia humana a conservar y engrandecer los buenos recuerdos, muchos piensan que el tiempo pasado fue mejor al que estamos viviendo ahora. Pues al presente, tendemos a realzar los sufrimientos. Así que muchos viven de los buenos recuerdos del pasado, anhelando a aquella época en la que “éramos felices y no lo sabíamos”. Pero eso es pura ilusión. Aquella época también tuvo grandes adversidades, pero ya no las recordamos como tales. No debemos vivir anhelando regresar a un pasado ilusorio que está en nuestra mente, ni tampoco con ansiedad por lo que depara el futuro. Debemos vivir cada día considerando la obra de Dios y entendiendo que no hay mejor día que hoy porque Dios nos da vida y la oportunidad de conocerle mejor. 

Leamos los vv. 11-12. Para el hombre lo mejor sería vivir en este mundo con una buena herencia que nos hayan dejado nuestros padres y una buena educación. Y, hablando humanamente, es lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos. Trabajar para darles una base para el futuro y educarlos adecuadamente para que sepan administrar bien lo que uno les deja y que puedan reconocer y glorificar a Dios en su vida. La herencia material y la sabiduría son escudos que protegen a los seres humanos de las dificultades de este mundo. Si alguien tiene una buena herencia, no tendrá que sufrir para comer ni trabajar con tanto sacrificio. Si tiene sabiduría podrá evitar el sufrimiento que viene de la necedad, tomando buenas decisiones en la vida y evitando el sufrimiento que traen las malas decisiones.

Sin embargo, entre la sabiduría y la herencia, es mejor tener sabiduría. Es decir, que si nos va a faltar una, que mejor nos falte la herencia porque con la sabiduría podemos obtener lo necesario en esta vida, aún para dejar herencia a nuestros hijos. Y además la sabiduría verdadera nos conduce a Dios. De hecho, la palabra que se usa para sabiduría al final del v.12 es diferente a la que se usa en la primera parte. La sabiduría que conduce a la vida es daath, que se refiere específicamente a conocer a Dios y está relacionado con lo que dijo Jesús: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Jn. 17:3). Solo conociendo a Dios, es decir, teniendo una relación personal con Él a través de Jesucristo, podemos alcanzar la vida eterna. Esta es la sabiduría que debemos anhelar en este mundo; estimándola aún más que las riquezas.

  II.- Mira la obra de Dios (13-14)

Leamos juntos el v.13. Salomón nos aconseja mirar o contemplar la obra de Dios. Los seres humanos no podemos hacer más que maravillarnos ante lo que Dios está haciendo en nuestras vidas y en las vidas de los otros. Cuando miro la obra que Dios está haciendo en mí, en cada uno de ustedes y en nuestro ministerio, me maravillo de la gran sabiduría y del poder de Dios. Cuando veo lo amplio que es nuestro Centro Bíblico, la cantidad de estacionamientos que tenemos a nuestra disposición y lo cerca que estamos de la Universidad de Panamá, de la estación del metro de la Iglesia del Carmen y de las estaciones de Metrobus, me asombro de lo que Dios hace. Aunque orábamos pidiendo todas estas cosas, creo que Dios nos dio más de lo que imaginábamos. ¿Podríamos estar más cerca de la Universidad? Sí. ¿Podría ser más grande nuestro Centro Bíblico? Difícilmente con nuestro presupuesto. Pero sé que este Centro Bíblico vino de la mano de Dios y de la obra que Él está haciendo en UBF Panamá. Así que contemplemos maravillados lo que Dios está haciendo y sigamos participando de la obra que Dios está haciendo en nosotros y a través de nosotros. Amén. 

Leamos ahora el v.14. Considerando que no podemos cambiar lo que Dios ha hecho, lo único que nos queda como seres humanos es vivir con agradecimiento la vida que Dios nos ha dado. Salomón nos aconseja a gozar en el día del bien, es decir, a disfrutar cuando Dios permita que nos vaya bien; y en el día de la adversidad debemos considerar o meditar lo que Dios está haciendo. Esto es lo más difícil. Fácilmente podemos disfrutar cuando nos va bien, pero cuando vienen las adversidades, tendemos a quejarnos y a preguntarle a Dios por qué. Pero no debemos meditar el porqué, sino el para qué: ¿Qué me quiere enseñar Dios a través de esta situación? ¿Qué necesito aprender?

El año pasado cuando comenzó la Pandemia ninguno de nosotros podía ver o entender lo que Dios estaba haciendo. ¿Por qué Dios permite esta situación? ¿Por qué Dios permite que las iglesias estén cerradas y no podamos adorar juntos como siempre? Ustedes saben que yo quería que siguiésemos yendo a nuestro apartamento a tener nuestro Culto Dominical. Pero Dios tenía otros planes. Quizás si no hubiese sucedido la Pandemia estaríamos todos sin cubrebocas adorando en nuestro apartamento hoy y seríamos todavía los mismos. Pero gracias a la Pandemia, Dios nos permitió la bendición de compartir la Palabra con otros hermanos. Pudimos recuperar nuestra relación con Carol en Costa Rica; pudieron participar los hijos de nuestra hermana Sharon, Mary y Frank; pudimos compartir con los misioneros Baek y sus hijos nuevamente; se incorporaron al Culto Dominical en Línea, el Dr. José, Carlos, Javier y la sra. Yasmín. También nos visitaban más frecuentemente las familias de Darío y Karen, así como sus compañeros de trabajo y otros conocidos. A pesar de la adversidad de la Pandemia pudimos experimentar el río de Dios fluyendo aun por las pantallas.

Y gracias a la necesidad del distanciamiento social, pude ver la visión de Dios de tener nuestro Centro Bíblico independiente de nuestro apartamento. Y acá tenemos suficiente espacio para todos nosotros. Así que los invito a todos los que están en línea a venir y participar con nosotros aquí y que adoremos juntos el maravilloso nombre de Dios, meditando en las obras que hace cada día en nosotros y a través de nosotros.

No sabemos si para mañana Dios tiene preparado un día de bien o de adversidad, pero sí sabemos que Dios nos ama y tiene un plan para nosotros y que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien (Ro. 8:28). Dios ha hecho esto así para que dependamos de Él y no de nuestras circunstancias o de nuestros propios recursos. Así que pongamos toda nuestra confianza en Dios y confesemos junto con David: “Mas yo en ti confío, oh Jehová; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:14-15). Amén. 

Yo oro para que cada uno de nosotros halle su contentamiento en Dios. Que podamos gozarnos en Dios en el día del bien y que podamos meditar el propósito de Dios en el día de la adversidad. Y haciendo así podamos ir creciendo en fe y sabiduría siendo preparados para el reino de Dios. Y que podamos trabajar para establecer el reino de Dios en esta tierra, convirtiendo a Panamá en un reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.

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    " Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. "   (RVR 1960)

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