JESÚS DIJO: PADRE PERDÓNALOS

Predicado el día domingo, 12 de septiembre de 2021

Mensaje del libro de Lucas
Palabra: Lucas 23:26-56
Verso Clave: Lucas 23:34
Serie - Lect: Lucas - Lec 69
Predicado por: Juan Carlos Vivas Montes
País/Capítulo:   / La Plata
Tipo: Dominical
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Lucas 23:26-56

23:26 Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
23:27 Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él.
23:28 Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.
23:29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.
23:30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos.
23:31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?
23:32 Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos.
23:33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
23:35 Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.
23:36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,
23:37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
23:38 Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
23:39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.
23:40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?
23:41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.
23:42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
23:43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
23:44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
23:45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad.
23:46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.
23:47 Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.
23:48 Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho.
23:49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.
23:50 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo.
23:51 Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos,
23:52 fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
23:53 Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie.
23:54 Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.
23:55 Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.
23:56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

VERSÍCULO CLAVE

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.


Lucas 23:34 (Reina Valera Revisada 1960)

JESÚS DIJO: PADRE PERDÓNALOS


Buen día amadas(os) hermanas(os)! Bienvenidos(as) al Servicio Dominical. Aproximadamente a los treinta y tres años de edad falleció nuestro Señor Jesús. Pero a diferencia de los demás seres humanos, él no merecía morir, sino que siendo completamente inocente fue sacrificado. Por eso, mientras estaba en la cruz, Jesús dijo: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. Y aunque pareciera que en ese momento él hacía referencia solo a aquellos que estaban allí ejecutándole, realmente esta oración era una intercesión por toda la humanidad. 

Sé que la muerte de Jesús genera tristeza en la mayoría de nosotros, y cuando vemos las películas lloramos al ver cómo le mataron, pero hoy aprenderemos que más que un lugar de tristeza, la cruz es un sitio de reconciliación y de victoria. La palabra “perdón” es la palabra clave de este día (no lo olvide) y aunque ciertamente hoy veremos algunos detalles de cómo murió Jesús, principalmente meditaremos en el poder de su perdón. Vamos a ver cómo el perdón de Jesús en la cruz cambio la vida de mucha gente y les dio una nueva oportunidad.

 Quisiera que hoy, todos nosotros experimentemos personalmente el perdón de Jesús en la cruz, y que, así como estos personajes que vamos a ver hoy, también nuestra vida cambie para su gloria ¡Amén!

  1. JESÚS FUE CRUCIFICADO

Leamos el v.26 “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús” Jesús fue apresado en el Monte de los Olivos en la madrugada de un día viernes, mientras se encontraba con sus discípulos en Getsemaní orando. Después de su captura, durante la madrugada, él fue llevado a varios lugares en los cuales le interrogaron, maltrataron e incluso azotaron. La combinación del trasnocho, más la caminata de un sitio al otro, la pérdida de sangre, falta de hidratación y alimentación, debilitaron el cuerpo de Cristo, al punto que, aunque lo estaban obligando a cargar el madero en que iba a ser sacrificado, Jesús no pudo y cayó medio desmallado en la tierra. Por eso los soldados romanos, decidieron escoger a una persona de la gente que estaba alrededor para que le ayudara a cargar la cruz a Cristo, y el hombre elegido fue Simón de Cirene. 

►Simón de Cirene era un peregrino, él iba solo de paso, pero casualmente entre tanta gente, lo tomaron a él. Podríamos pensar que fue muy desafortunado, pero yo creo todo lo contrario, pienso que él fue el único hombre en toda la historia que supo el verdadero peso de la cruz, fue el único que tuvo el privilegio de ayudar a Jesús en su misión para rescatar a toda la humanidad. Sin embargo, también creo que hoy los seres humanos tenemos una labor análoga a la que recibió Simón de Cirene en aquel entonces. Ciertamente no se trata de cargar un madero, pero si tenemos la oportunidad de apoyar a Jesús en otras áreas (como la predicación del evangelio) para que otros sean salvos. Puede que las responsabilidades que recibamos en Cristo sean pesadas, incluso podríamos llegar a sentir que mayor fortuna hubiera sido no haberlas recibido, pero así como hemos dicho de Simón de Cirene, también debemos pensar de nosotros. Si Dios nos da una responsabilidad en su plan de salvación de toda la humanidad, sintámonos bendecidos y privilegiados, y seamos como Simón, que no solo llevó en silencio y con responsabilidad la cruz que le dieron, sino que siempre lo hizo siguiendo a Jesús, fíjese que el verso que acabamos de leer dice al final: “tras Jesús”. En este punto de este pasaje es bueno que nosotros pensemos en la labor que Dios nos haya dado dentro de su obra, y que meditemos sinceramente varias cosas (1) ¿cómo percibes esto? ¿Cómo un privilegio-bendición o como una carga? (2) ¿estás cumpliendo con esa labor responsablemente? (3) ¿estás imitando a Jesús o lo estás haciendo a tu manera? Mi oración es que todos podamos sentirnos privilegiados, ser responsables e imitar a Jesús ¡Amén!

Sigamos leyendo el pasaje, leamos el v.33 “Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.” En Jerusalén había un lugar específico donde se realizaban las crucifixiones, era el conocido Monte Calvario o también llamado Lugar de la Calavera. Allí los soldados romanos llevaron a Jesús, y junto con él crucificaron a dos delincuentes que también habían sido condenados a muerte. La crucifixión era considerada una muerte maldita, muchos médicos que la han analizado concuerdan que era muy vergonzosa, dolorosa y desesperante. ►Al condenado se le desnudaba en público y para fijarle a la cruz, se le atravesaban sus manos y pies con unos grandes clavos a la madera, en ese proceso se rompían muchos nervios, lo que producía un fortísimo dolor en todo el cuerpo. Pero la persona no moría a causa de estas heridas, sino que fallecían ahogadas, porque por tener sus brazos en posición elevada les costaba respirar y para hacerlo debían apoyarse en los clavos y levantarse para tomar una bocanada de aire. Naturalmente cada respiro generaba un agudo dolor en sus extremidades, por eso llegaba el momento en que el que estaba sobre la cruz se cansaba y por no poder respirar se moría.

Me duele mucho pensar en la cruz, y no puedo imaginar lo que sufrió Jesús. Lo que usted y yo hoy podemos hacer en un segundo y sin dolor, respirar, a él le costaba un montón ¿qué habría hecho usted en esa situación? miremos lo que hizo Jesús v.34 “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.” Jesús podía haber buscado una forma de bajarse de la cruz, podía tomar venganza de sus verdugos o simplemente podía haber hecho silencio y concentrarse en su situación, que era bien crítica; pero como vemos, él dijo:  “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Como les decía al principio, el Señor no solo rogó perdón por aquellos que lo estaban sacrificando, sino que pidió por toda la humanidad. Jesús oró a Dios Padre que nos perdonara de nuestros pecados para que fuéramos libres de la maldición del pecado.

La biblia dice que después que el hombre pecó se rompió nuestra relación con Dios. A partir de ese momento nosotros no pudimos verle más y nuestra vida dejó de ser eterna y comenzamos a morir. ►En términos gráficos era como que, si nosotros estuviéramos de un lado de un abismo y Dios y su reino del otro, sabíamos que él estaba allí pero no podíamos acceder a él. La única forma de hacerlo era a través de un puente, y ese puente fue la cruz de Jesús. Es gracias al perdón que recibimos en la cruz que podemos tener vida nueva con esperanzas en el reino de los cielos. Es gracias al perdón que recibimos en la cruz que podemos acercarnos a Dios y tener una relación con él. Insisto, es gracias al perdón de Jesús que podemos ser libres de las ataduras del pecado.

Por lo tanto, lo primero que te aconsejo es que, si nunca lo has hecho, en oración te arrepientas de tus pecados y aceptes el sacrificio que Jesús hizo por nosotros como paga de nuestro pecado. Esto es una decisión personal y hoy es un buen tiempo para que lo hagas. Gracias a Jesús, ya la paga por nuestro pecado está hecha, solo resta que vos la aceptes.  Si esto has hecho, te felicito, sos salvo por la gracia de Dios. Solo resta que vivas ahora conforme a esta nueva vida que tenemos en Jesús. Ahora bien ¿cómo es esta vida? La solemos llamar vida de fe y tiene varios aspectos a considerar, sin embargo, teniendo en cuenta lo que acabamos de leer: que Jesús pidió perdón por nuestros pecados, te quiero mencionar tres aspectos que debes considerar.

Primero, debes ser libre de toda culpa. Muchas personas, aunque aceptan el sacrificio de Jesús en la cruz, y aunque han recibido el perdón del Señor de sus pecados, siguen viviendo con culpa. A veces esta culpa proviene de nuestros pecados antes de conocer a Jesús, otras veces por errores que cometemos después. Pero quiero que sepas amado(a) hermano(a), que no vale la pena que te sigas lamentando por eso que hiciste, ya Jesús pagó por eso y te perdonó. No invalides el sacrificio de Cristo sobre tu vida, disfruta de la gracia de este perdón. Pues Dios mismo dice en Isaías 43:25 “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” ¡Gloria a Dios por su gracia maravillosa!

Segundo, sé libre de las ataduras del pecado. Aunque nosotros hayamos aceptado a Jesús como nuestro salvador, y aún después de haber recibido el perdón de nuestros pecados, hay un peligro: retroceder a nuestra vida de pecado. Yo no te voy a mentir diciéndote que con solo arrepentirte y aceptar el perdón de Jesús ya todo está hecho. ¡No es así! la realidad es que a partir de ese momento inicia un proceso de santificación, es decir que hay un esfuerzo que debes hacer para ir abandonando esos malos hábitos que traías antes de conocer a Cristo. Lo que es muy importante es que comprendas que, en la cruz, Jesús cortó esas cadenas de pecado que te ataban y que sos totalmente libre. El diablo te tentará muchas veces para que vuelvas a caer en lo mismo, y quizá caigas algunas veces, pero debes luchar en Dios, sabiendo que él con su perdón te libró de esas ataduras del pecado. Esto es un tema de confianza. No es lo mismo luchar sabiendo que somos libres a hacerlo conscientes que tenemos una atadura. Y esto me recuerda el caso de los elefantes. Cuando yo era chico e iba al circo, veía que ►un elefante tan grande y fuerte estaba atado con una soga pequeñita y no se escapaba ¿sabe por qué? porque aunque tiene la fuerza para hacerlo, él sigue pensando que esa cuerda era tan grande como cuando él era chico y no lucha por ser libre. No seas como el elefante que no lucha pensando que no tiene escapatoria, sino sé libre porque Jesús ya cortó tus cadenas. No vuelvas a tu pecado, porque Jesús ya te perdonó.

Tercero, perdona a otros de la misma manera que Jesús te perdonó. A veces pensamos que el perdón es algo unidireccional, de arriba hacia abajo, pero debemos saber que realmente es bidireccional, porque horizontalmente también debemos perdonarnos. Unos a otros debemos perdonarnos. Marcos 11:26 dice: “Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.” Puedo entender que el tamaño de la ofensa que hayas recibido sea muy grande, por tanto, te cuesta perdonar a esa(s) persona(s), pero considerando la palabra de hoy quiero animarte a que mires a Jesús e imites lo que él hizo. Jesús sufrió humillaciones, abandono, injusticia, pobreza, abusos, traiciones, etc. No hay algo que vos hayas recibido que Jesús no haya recibido igual o mucho peor. Pero mira lo que él hizo: el dijo: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. Yo te quiero animar a que hoy hagas una oración similar a esta, y que pidas misericordia por aquellos que te han ofendido. Y así como Dios te ha perdonado, hazlo vos también. No le desees más el mal a esa persona, no te enojes cuando la recuerdes, no pierdas tu paz guardando un rencor, de eso también Jesús nos hizo libre con su cruz. Amén

  1. EL PODER TRANSFORMADOR DE LA CRUZ

Mucha gente vio la crucifixión de Jesús, y en este pasaje está la evidencia de cómo puede cambiar una vida gracias al perdón de Jesús en la cruz. Lamento no tener mucho tiempo para hablarles en detalle de cada uno, pero quiero al menos mencionarlos para que tengamos varios modelos que nos animen a ir a y experimentar la cruz de Jesús. 

Primero, la cruz cambió la vida Simón de Cirene.  Nosotros vimos hace rato que él ayudó a Jesús a cargar la cruz. Según Marcos 15:21 él era padre de Alejandro y de Rufo. Veamos Romanos 16:13 “Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía.” Fíjense que el apóstol Pablo, años más adelante se refiere a Rufo como “escogido en el Señor”, es decir que gracias al encuentro de Simón de Cirene con Jesús en la cruz, su familia creyó en Cristo, fueron salvos y usados en la obra de Salvación. 

Segundo, la cruz cambió la vida de un malhechor. Leamos los vv.40-43 “Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” A los lados de Jesús condenaron a dos malhechores, después de estar crucificados, uno de estos se burló de Jesús diciéndole: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” y la respuesta del otro malhechor es la que acabamos de leer. Fíjense ante la cruz de Jesús este hombre aceptó que se había equivocado y por eso merecía el castigo, también reconoció que Jesús era Rey, porque le dijo “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” y en esta misma frase también manifestó fe en la segunda venida de Cristo. Gracias a todo esto, él fue salvo, por eso Jesús le dijo “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Este malhechor no tuvo tiempo de hacer muchas cosas (bautizarse, predicar, resarcir su daño, etc.), pero solo al arrepintiéndose y creyendo en Jesús como su salvador recibió la vida eterna. 

Tercero, la cruz cambió la vida de un centurión. Un centurión era el jefe de 100 soldados romanos, esos mismos soldados que en v.36 dice que se burlaban de Jesús y le habían lacerado. Podríamos imaginar que para ser el jefe de este tipo de personas el centurión debía ser alguien muy cruel, e injusto, pero miren lo que dice el v.47 “Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.” El centurión, después de presenciar la crucifixión de Jesús y de ver todas las señales que acontecieron (eclipse, temblor, etc.) dio la Gloria a Dios y reconoció a Cristo como el verdadero y justo.

Cuarto, la cruz cambió la vida de José de Arimatea. Leamos los vv.50-52 “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.” los que mencioné antes no eran discípulos de Jesús, ante la cruz de Jesús ellos recién creyeron y sus vidas cambiaron, pero el caso de José de Arimatea es diferente. Él sí creía en Jesús, pero por miedo a lo que le fueran a hacer los otros líderes del concilio, era un cristiano secreto. Sin embargo, después de ver la crucifixión de Jesús José de Arimatea tuvo el valor de revelar su fe y él junto con Nicodemo (Juan 19:39), otro cristiano secreto, sepultaron a Cristo Jesús.

De esta forma vemos como arrepentirnos frente a la cruz de Jesús y aceptar su sacrificio tiene un poder sin igual no solo sobre nuestras vidas, sino sobre los que nos rodean. Vemos como no solo transforma vidas de delincuentes públicos, sino que también ayuda a los cristianos secretos a tener valor. Por esto hermano(a), te pido que no desestimes la palabra que hoy hemos recibido sino te invito a que la guardes en tu corazón y vivas por ella. Especialmente te pido que practiques las tres cosas que vimos en torno al perdón (1) sé libre de toda culpa (2) sé libre de las ataduras del pecado (3) perdona a otros de la misma manera que Jesús te perdonó ¡Amén!

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    " Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. "   (RVR 1960)

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