RODEARÉIS LA CIUDAD

Predicado el día domingo, 29 de agosto de 2021

Mensaje del libro de Josué
Palabra: Josue 6:1-27
Verso Clave: Josue 6:3
Predicado por: Josue Chun
País/Capítulo:   / Santiago
Tipo: Dominical
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Josué 6:1-27

6:1 Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía.
6:2 Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.
6:3 Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días.
6:4 Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas.
6:5 Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.
6:6 Llamando, pues, Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven bocinas de cuerno de carnero delante del arca de Jehová.
6:7 Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.
6:8 Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía.
6:9 Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente.
6:10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis.
6:11 Así que él hizo que el arca de Jehová diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y allí pasaron la noche.
6:12 Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová.
6:13 Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el arca de Jehová, mientras las bocinas tocaban continuamente.
6:14 Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volvieron al campamento; y de esta manera hicieron durante seis días.
6:15 Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces.
6:16 Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad.
6:17 Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos.
6:18 Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis.
6:19 Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová.
6:20 Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.
6:21 Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.
6:22 Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis.
6:23 Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel.
6:24 Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro.
6:25 Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.
6:26 En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.
6:27 Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.

VERSÍCULO CLAVE

Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días.


Josué 6:3 (Reina Valera Revisada 1960)

RODEARÉIS LA CIUDAD


RODEARÉIS LA CIUDAD


Palabra: Josué 6:1-27

V, Clave 6:3 “Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días”


Buenos Días. El hecho de la conquista a Jericó es bien famoso entre los creyentes. ‘gritar y caer la ciudad’ es la imagen sencilla en nuestro corazón. Pero es muy importante saber de los detalles del hecho. 


La palabra de hoy nos enseña los principios bíblicos transversales de cómo derribar y conquistar nuestro Jericó. La ciudad Jericó representa un obstáculo fortificado que nos estorba el avance de nuestra vida de fe. Oro que Dios nos enseñe cómo podemos ser conquistadores de nuestro Jericó mediante la palabra de hoy. 


Primero, Rodeareis la ciudad (1-3) Vamos a leer el verso 1. “Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía.” El pueblo de Jericó vio cómo los hijos de Israel pasaron el Jordán en seco, hicieron la circuncisión y celebraron la Pascua frente sus ojos. Como el verso 1 dice, ‘Jericó estaba cerrada, bien cerrada.’ Esta palabra demuestra el estado del ánimo de ellos como dice 5:1b “desfalleció su corazón y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel”.  Por causa de los hijos de Israel ellos se encontraban en mucho temor y nadie entraba ni salía. Por otra parte, la palabra ‘cerrada, bien cerrada’ da una impresión que la ciudad estaba bien fortificada. Ellos optaron la resistencia defensiva al extremo, hasta que les llegase el apoyo de sus aliados.  


 Según el arqueólogo bíblico ‘Bryant Wood’, la altura de antemuro de la ciudad era de 12 metros y del muro interior era de 14 metros. Además, estos muros tenían una inclinación de 35 grados hacia fuera, para que ningún enemigo pudiera trepar por los muros. En Dt. 1:28b, los exploradores de Canaán hace 40 años atrás dijeron de esas ciudades. “Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo”. Josué ya lo sabía bien, porque fue uno de entre esos doce espías.  


 En este momento, ¿Qué dijo Jehová a Josué? Vamos a leer el verso 2. “Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.” Jehová puntualiza a Josué lo que él no debe olvidar hacia Jericó, diciendo “Yo he entregado en tu mano”. De hecho, Dios ya lo había entregado desde hace 40 años atrás. Pero por la incredulidad del pueblo, estaba retrasada la conquista. ‘Mira’ Dios le hace tener fe y convicción a Josué a la conquista nuevamente. La conquista depende absolutamente de la voluntad de. Jehová quien secó el Jordán le dice que se la había entregado. En Jericó había su rey y sus varones de guerra. Pero Jehová ya se los había entregado a Josué y a los hijos de Israel. Jehová quien es el dueño de toda vida decide y aclara su voluntad a sus servidores. 


No solamente Jehová le entregó Jericó a Josué, sino también le instruye cómo conquistarla concretamente. Vamos a leer el verso 3. “Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días.” La estrategia general de conquistar una ciudad amurallada es el hacer una estructura más alta que el muro y atacarla desde allí o el hacer el sitio a la ciudad hasta que se acabe el agua y la provisión dentro de ella. Pero Dios no dio este tipo de estrategia, sino ordenó a rodear sencillamente la ciudad una vez cada día durante seis días consecutivos, dar siete vueltas a ella al séptimo día y gritar al sonido de bocina.


Rodear la ciudad es ‘hacer clara la meta en sus corazones’. Dios quiere que ellos rodearan esa meta Jericó, caminando en derredor. Estando lejos o distante de la meta, jamás puede obtener la ayuda de Dios para su conquista. 


Según mi experiencia, el rodeo trae el resultado sorprendente a veces. Como un misionero autofinanciado en México, luchaba a adquirir un local comercial de muy buena ubicación. Pero yo era un extranjero y sin mucha capital. Además, otros grandes empresarios estaban negociando y peleando para obtener ese local. Humanamente no vi mucha posibilidad de adquirirlo. Solo yo oraba por ello, rodeando. Me presentaba al dueño varias veces con saludos amorosos y documentos ordenados. Yo no esperaba que pudiera contratarlo. Sin embargo, sucedió un milagro que un día el dueño me llamó y me concedió ese local por el cual Dios ayudó a autofinanciarme en abundancia posteriormente. Esta experiencia me enseñó a rodear siempre la meta que Dios me entrega. 


Si no rodeamos, perdemos la meta concreta en nuestro corazón, al igual que la ayuda de Dios. Oro que comencemos a rodear nuevamente la meta que Dios nos entrega a conquistar en nuestra vida de fe. 


Segundo, El Arca de Jehová en medio. Cuando Dios ordenó a Josué rodear Jericó, le dio una indicación. Vamos a leer los versos 8-9. “Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía. / Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente.”  Fijemos el orden de la marcha. Primero los hombres iban delante, después los sacerdotes, tocando las bocinas y el arca de Jehová y después los seguía la retaguardia. Así que el Arca de Jehová iba en medio de los que marchaban. 


Al rodear una meta, sea el ministerio o algún trabajo o un asunto personal, es fácil hacerlo solo con una pasión propia o ambición humana. Pero siempre debe haber Dios en medio del corazón. Dios debe ser el centro de esa marcha. Solo cuando llevamos una vida Dios céntrica, Dios puede obrar en la vida de tales personas. 


Tercero, Siete días y siete vueltas. (4) Vamos a leer el verso 4. “Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas.” En el capítulo 6, el término ‘siete(séptimo)’ se repite 12 veces; ‘siete sacerdotes’, ‘siete bocinas’, ‘siete vueltas’. El termino ‘siete’ tiene un significado especial en la biblia. Dios creó los cielos y la tierra y descansó el séptimo día (Gen. 2:2). Naamán, el general del ejercito de siria tenía que bañarse en el Jordán siete veces para ser sanado (2 Reyes 5:14). En apocalipsis 1:20 se menciona ‘las siete estrellas’, ‘los siete candeleros’, etc. Así que ‘Siete’ tiene un significado bíblico de ‘perfección’ y ‘santidad’. 


 Que siete sacerdotes dar la vuelta durante siete días, incluyendo siete vueltas al séptimo día significa que Dios pide a su pueblo la obediencia de fe completa. No es fácil dar la vuelta de esta manera completamente. El séptimo día Josué y su pueblo tenían que rodear Jericó desde el despuntar el alba (15). Es muy fácil desistirlo si no ven nada en el muro con dos o tres vueltas. Pero Dios pide a cumplir siete días y siete vueltas. Dios pide la obediencia de fe completa. De esta obediencia, el autor de Hebreos dijo así. “Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.” (Heb. 11:30) Oro que Dios nos ayude a aprender esa obediencia de fe completa. 


Cuarto, No gritaréis (10-14). Vamos a leer el v10. “Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis.” ‘No gritaréis’, ‘ni se oirá vuestra voz’, ‘ni saldrá palabra de vuestra boca’. Estas palabras son una repetición por enfatizarlo. Generalmente lo que sale de la boca de los hombres es la palabra de incredulidad y quejas en la situación difícil. El pueblo de Israel habría podido arrojar varios interrogantes al dar la vuelta. ‘¿Para qué damos tantas vueltas a Jericó, si ni una grieta parece a unas vueltas?’. Además, los pueblos de Jericó estaban observando lo que hacían los hijos de Israel y ellos se habrían burlado de ellos, diciéndoles ‘sois locos, ‘¡suban y peleemos!’. A tales provocaciones, era muy fácil irritarse y responder emocionalmente, ofendiendo la santidad de Dios. Si hablan las cosas humanas o incrédulas, Dios no puede trabajar entre ellos. 


‘No gritar’ no quiere decir ‘rodear como mudo y sordo’, sino ‘concentrar a la presencia de Dios’. Ellos en vez de gritar, tenían que escuchar la bocina de cuerno de carnero. Vamos a escuchar el sonido de esta bocina tan especial. Esta bocina representa ‘la presencia de Dios’ junto con el arca de Jehová. En vez de gritar, ellos tenían que mirar a Jehová, escuchando su voz. Es decir, rodearla en oración silenciosamente. 


Cuando callan y oran, superando todo pensamiento humano y negativo y las burlas de enemigo, la presencia de Dios se aumenta más y más y los obstáculos se menguan. Así se puede formar un ambiente para la obra poderosa de Dios. Luchar a oír la voz de Dios mediante adoración y palabra se ve una cosa trivial humanamente. Pero el acto de adoración y pan diario fiel, negando nuestra condición humana, la presencia de Dios llega a formar su lugar en nuestro corazón y Dios podrá traernos la gran victoria a su tiempo.  


Quinto, Gritad (15-27). Pero los hijos de Israel no deben callarse permanentemente. Deben gritar cuando Dios ordena que griten. Vamos a leer el v15-16. “Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces / Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad.” Cuando dieron vuelta a la ciudad siete veces y los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad. Y el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron. Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos. Jericó, siendo la primera ciudad en Canaán, fue consumido por completo como un sacrificio ante Dios. 


Cuando Dios dice ‘gritad’, su pueblo debe gritar con toda fuerza. Es proclamar ‘la victoria’ en convicción, sin dudar nada si el muro cayera o no. La proclamación de victoria antes que lo suceda es importante. Esta proclamación no es solo un vocerío, sino es una proclamación de fe y obediencia. Tenemos que proclamar a mi mismo primero, y hacia los obstáculos. 


Viviendo en este mundo lleno de problemas y en nuestra debilidad física y espiritual, muchas veces nos quedamos debilitados y derrotados, pese que oramos mucho. Tenemos que aprender el proclamar por la fe contra los enemigos por delante. Nuestra proclamación no se base en nuestra propia fuerza o propia convicción, sino en el triunfo hecho por Cristo en la cruz. Debemos proclamar continuamente que el Cristo ya nos dio la victoria en su cruz sobre el poder del pecado y la muerte. Romanos 8:32. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?” Así también, Apóstol Pablo gritó en 1 Co. 15:55 “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” Cuando proclamamos por fe, los muros de nuestro Jericó se van a derrumbar frente a nosotros. Oro que Dios nos ayude a experimentarlo cada vez que se necesite. 


¿Cuál es nuestro Jericó que obstaculiza nuestros pasos de fe? Puede ser el ministerio que no se levanta, o algún problema económico, o educar a los hijos que no crecen como deseamos, o mi carácter o habito que no se han cambiado, o algún obstáculo que nos duele al pensarlo durante largo periodo. Sea cual sea mi Jericó, debemos creer que Jehová nos ha entregado en Cristo. Cuando rodeamos siete días y siete vueltas en oración silenciosa, a su tiempo nuestro Jericó que parezca que nunca fuera conquistada será derribada totalmente.  


Vamos a leer el verso 23. “Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel.” Aunque ese día llegó la destrucción para los hombres de Jericó, no todos perecieron. Rahab quien había escondido a dos espías y todos los que se encontraban en su casa fueron salvos por la misericordia de Dios. La salvación de Dios se llega a todos los que lo esperan siempre. 


Conclusión, Resumamos los principios bíblicos de la conquista de Jericó. Primero, rodear mi Jericó / Segundo, rodearla con Dios en medio / Tercero, rodearla con la obediencia de fe completa (siete días y siete veces) / Cuarto, rodearla oyendo la bocina de Dios / Quinto, gritar con convicción al tiempo de Dios. Estos principios bíblicos son transversales. Oro que Dios nos haga conquistadores de nuestro Jericó fortificado en nuestra marcha de fe.  





  




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