LA VANIDAD DE LA MONOTONÍA DE LA VIDA

Predicado el día domingo, 18 de julio de 2021

Mensaje del libro de Eclesiastés
Palabra: Eclesiastes 1:4-11
Verso Clave: Eclesiastes 1:9
Serie - Lect: Eclesiastés - Lec 2
Predicado por: Josue Gutierrez
País/Capítulo:   / Ciudad de Panamá
Tipo: Dominical
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Eclesiastés 1:4-11

1:4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.
1:5 Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.
1:6 El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.
1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.
1:8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.
1:9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.
1:10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.
1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

VERSÍCULO CLAVE

¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.


Eclesiastés 1:9 (Reina Valera Revisada 1960)

LA VANIDAD DE LA MONOTONÍA DE LA VIDA


Buenos días. La semana pasada comenzamos nuestro viaje a través del libro de Eclesiastés. Aprendimos que todo es vanidad debajo del sol. “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad” (v.2). Todo lo que hacemos en esta vida, fuera de Dios, es sin propósito, sin sentido, temporal. Esta vida y este mundo son pasajeros y nada de lo que hay aquí ni lo que podamos hacer, podrá satisfacernos verdaderamente. Y eso es precisamente lo que aprenderemos el día de hoy. Nuestra vida en esta Tierra es temporal, muy breve; y la Tierra misma también tendrá su fin. Así que todo lo que hay en este mundo y todo lo que podamos hacer en este mundo es vanidad. Buscamos algo nuevo y con propósito en este mundo, pero nunca lo hallaremos porque “no hay nada nuevo debajo del sol” (v.9). Yo oro para que quitemos nuestra esperanza de esta vida temporal y monótona, y la pongamos en Dios, en Su Palabra y en Su Reino que permanecen para siempre. Amén.

Albert Einstein dijo una vez: “Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro”. Ver la salida y la puesta del sol. Ver el nacimiento de un bebé. Sentir la brisa fresca en el rostro en un día caluroso. Podemos pensar en esto como cosas ordinarias cotidianas, o podemos pensar que son pequeños milagros cotidianos. Hoy vamos a ver que Salomón llegó a un punto de pensar que estas cosas eran cotidianas y fastidiosas de ver. Y con una visión bastante negativa de la vida las describe. Pero cuando ponemos nuestros ojos en Dios y en su propósito, experimentamos cada día como un pequeño milagro. Yo oro para que podamos ver este mundo con los ojos de Dios y podamos ver a Dios presente en nuestras vidas cada día. Amén.

I.- El ciclo sin fin de la vida  (4-7)

Miren el v.4. Salomón medita aquí acerca de la transitoriedad de la vida del hombre. La vida es vana porque es temporal. Una generación va y otra viene. Nace un niño, parece que siempre será un pequeño bebé, pero empieza a crecer. Uno piensa que la infancia durará mucho y disfrutará de su bebé por mucho tiempo, pero pronto descubre que ya es un adolescente. El adolescente piensa que tienes muchos años de vida todavía por delante. Pronto se convierte en un adulto joven. Sin embargo, piensa que tiene mucha juventud delante de sí todavía y ahora tiene libertad para disfrutarla. Se gradúa de la universidad, consigue un trabajo estable, se casa. Y pronto se da cuenta que la juventud está pasando. La nueva familia tiene su propio hijo. “¡Es un hermoso bebé!” – Piensa- “Disfrutaré de él durante mucho tiempo”; pero empieza a crecer, y sin darte cuenta ya es un adolescente. Mientras eso ocurría, has envejecido. Ahora hay canas donde solía haber cabello negro. Tus fuerzas y energía no son las mismas, pero tampoco tu sabiduría. Ya sabes que no vivirás para siempre, al contrario la vida sobre este mundo es muy corta. Quieres disfrutar más con tu familia. Los niños han crecido. Ya se fueron de casa. Ahora ellos están formando su propia familia. Después de una larga vida, digamos 90 años, has visto crecer a tus hijos, tus nietos y has visto nacer a tus bisnietos. Y es hora de partir. Generación va y generación viene.

Miren nuevamente el v.4. “Mas la tierra siempre permanece.” ¿Creía realmente Salomón que la Tierra permanecería para siempre? No. Esta frase declara la permanencia de la Tierra en comparación con lo pasajero de la vida humana. Las generaciones pasan y pasan, pero la Tierra continúa igual. Ningún individuo tiene un efecto permanente sobre el mundo. Y aunque pudiésemos dejar un legado que nos sobreviva, este también sería pasajero porque la Tierra tampoco permanecerá para siempre. 

Nuestro Señor Jesucristo declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mt. 24:35). Esta Tierra que vemos ahora no durará para siempre. Esta Tierra está contaminada por el pecado y no cumple con el diseño original con el que Dios la creó. El propósito de Jesús es eliminar el pecado de la creación. Al morir en la cruz por nuestros pecados y resucitar al tercer día, ya ha quitado las consecuencias del pecado de nuestras vidas, y nos ha librado del poder del pecado. Y cuando venga a buscarnos para llevarnos a Su reino, nos quitará de la presencia del pecado también. Así que, cuando sea establecido su reino eterno sobre la Tierra, quitará todo efecto del pecado de sobre ella, dejando sin efecto la maldición: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Gén. 3:17-19). 

Y, ¿cómo hará esto el Señor? 2P. 3:10: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” El fuego del que nos habla el apóstol Pedro puede ser un fuego literal con el que la Tierra será quemada, o puede ser el fuego simbólico del juicio de Dios con el que la Tierra será purificada. Sea como sea, la Tierra como la conocemos dejará de existir y dará paso a 
“cielos nuevos y Tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2P. 3:13). 

Así que, sabiendo que esta Tierra no durará para siempre, ¿cómo nos aconseja el apóstol Pedro que debemos vivir? “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (2 P. 3:11-12). Debemos vivir de forma santa y piadosa, obedeciendo la Palabra de Dios que permanece para siempre, buscando con toda diligencia el reino de Dios y su justicia, y apresurándonos a predicar el reino de Dios a otros también para que podamos estar preparados para la venida del Señor. Amén. 

Miren ahora los vv. 5-7. Aquí, Salomón nos presenta tres ciclos que él pudo hallar en la naturaleza. Ya nos habló acerca del ciclo sin fin de la vida del hombre, ahora nos habla de que la Tierra, aunque es más permanente que el hombre, igualmente está sujeta a ciclos monótonos y sin fin. Primero, nos habla acerca del ciclo del día. Como sale el sol en la mañana, recorre todo el cielo, y luego se pone al atardecer. ¿Y qué hará al día siguiente? Exactamente lo mismo. Saldrá por el este en la mañana, recorrerá todo el cielo, y se pondrá por el oeste al atardecer. Y así lo veremos todos los días que estemos sobre la Tierra. Mientras exista esta Tierra, podemos estar seguros de que nunca dejará de salir el sol por el este y de ponerse por el oeste, cada día. Esta es, también, una muestra de la fidelidad de Dios.

Luego está el ciclo del viento. Este es uno de los ciclos más interesantes que menciona Salomón. Para muchos de nosotros los vientos pueden parecer caóticos, es difícil ver algún tipo de patrón. Pero Salomón en su sabiduría y observaciones notó que algunos vientos son cíclicos y su descripción aquí parece apuntar a los vientos alisios que son vientos cíclicos y que, en el hemisferio norte donde se encuentra Israel, soplan de noreste a suroeste. Esta observación de Salomón está muy adelantada a su época. No fue hasta muchos siglos después que se logró trazar las rutas de los vientos cíclicos. Hoy en día sabemos que el viento sigue sus normas. Todavía el hombre no es capaz de predecir los vientos con exactitud. Sabemos que existe la temporada de huracanes, y podemos monitorear su formación, su intensidad y su ruta; sin embargo, aunque los meteorólogos cuentan con muchos aparatos científicos modernos a su disposición, no pueden trazar con exactitud las rutas de los huracanes ni la intensidad con que azotarán las zonas pobladas porque dependen de muchos factores como la presión, la temperatura, etc. Solo Dios sabe cuándo se formará un huracán, qué intensidad tendrá y la ruta exacta que seguirá.

Finalmente, está el ciclo del agua. Es fascinante también cómo Salomón describe el ciclo del agua. Aunque no lo dice explícitamente, podríamos incluso inferir que habla acerca de la evaporación, la condensación y la precipitación. Sin embargo, sin llegar a especular acerca de esto, podemos ver las sorprendentes observaciones de Salomón al respecto. Él sabe que los ríos corren hacia al mar, y ha observado que el mar nunca se llena, ni se desborda. Y que el agua vuelve al lugar de nacimiento de los ríos, de donde siguen corriendo en el ciclo sin fin del agua. Dios le dio la sabiduría a Salomón para entender también este ciclo, mostrándole cómo mantiene una fuente de agua constante para nosotros en esta Tierra. 

¡Gloria a Dios por su sabiduría con la cual estableció todos los ciclos en la Tierra para sostener la vida sobre ella! ¡Bendito sea el nombre del Señor porque nos regala un amanecer y un atardecer cada día, nos da los vientos para refrescarnos y para transportar materiales para otros ciclos, y nos da el agua que necesitamos cada día para nuestras actividades! Amén. 

Veamos a continuación la reacción del hombre necio ante la maravilla divina de los ciclos sobre la Tierra.

II.- No hay nada nuevo debajo del sol (8-11)

Miren el v.8. En lugar de maravillarse con la sabiduría divina de colocar los ciclos en esta Tierra para mantener la vida, el hombre necio encuentra estas cosas monótonas y fastidiosas. El hombre necio ve el orden establecido por Dios como algo aburrido y quiere conocer y experimentar más. El corazón del hombre siempre está insatisfecho en este mundo y por eso busca nuevas experiencias. Es por eso que siempre queremos probar cosas nuevas o ir a lugares nuevos y diferentes para experimentar nuevas sensaciones.

La gente quiere viajar por todo el mundo y ver nuevos lugares y conocer nuevas personas y culturas. Quiere probar nuevas comidas y bebidas. Quiere experimentar nuevas sensaciones y por eso probamos el alcohol y las drogas. Y cuando esto ya no nos satisface, queremos algo más fuerte o intenso. Y por eso muchos jóvenes mueren por sobredosis o terminan en el alcoholismo. Igualmente, los jóvenes han empezado muy temprano sus relaciones sexuales y quieren experimentar con distintas personas. Y como esto ya no les satisface, entonces experimentan con más de una persona a la vez y con personas del mismo sexo. Todo esto viene por nuestro pecado, nuestra desobediencia a Dios, y por la insatisfacción de nuestros corazones. 

Esta vida se hace monótona y fastidiosa cuando intentamos conseguir nuestro propósito y satisfacción en este mundo. Nos levantamos muy temprano para ir a trabajar. Nos cepillamos los dientes. Nos aseamos. Nos vestimos. Preparamos el desayuno. Salimos a batallar con el tráfico. Llegamos al trabajo. Hacemos lo que nos corresponde hacer. Termina la jornada laboral. Batallamos con el tráfico nuevamente. Llegamos a nuestro hogar. Nos cambiamos la ropa. Preparamos la cena, y muy probablemente, el almuerzo del día siguiente. Arreglamos un poco. Seleccionamos la ropa del día siguiente. Y ya se hace hora de ir a dormir. Nos acostamos. Dormimos. Y suena la alarma nuevamente para repetir el mismo ciclo. ¡Y así todos los días! Es por eso que muchos esperan los viernes para salir a beber con los amigos. Y el fin de semana para hacer mandados, limpiar y descansar un poco. ¿25 años de nuestra vida en esto para jubilarnos? Después de 10 años haciendo lo mismo en el trabajo, sientes que nada tiene sentido y trabajas solo porque tienes que hacerlo. “Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar”.

Y Salomón continúa. Miren los vv. 9-11. ¿Pueden notar el hartazgo en su tono? No hay nada nuevo que hacer. Siempre terminaremos haciendo lo mismo. La vida adulta se trata de trabajar para poder vivir. Y cada generación hará exactamente lo mismo que la anterior. De niños, aprendemos y jugamos. De adultos, trabajamos, formamos familias, nos divertimos. De ancianos, nos jubilamos y disfrutamos con la familia. Esa es básicamente la vida del hombre. Cada generación hará exactamente lo mismo. Puede que varíen las formas en las que lo niños aprendan o jueguen. Puede que varíe la forma en la que trabajamos, nos casamos, nos entretenemos. Pero, siempre, siempre, vamos a hacer lo mismo que la generación anterior. 

Pero siempre querremos experimentar nuevas cosas. Y pensaremos siempre que en ellas encontraremos satisfacción. Aunque nuestros padres o abuelos nos digan lo contrario, intentaremos esas cosas para hallar satisfacción. Pero, ¿qué pasará después? Todavía nos sentiremos vacíos. Porque nada hay nuevo debajo del sol. Nada hay en este mundo que pueda satisfacernos verdaderamente.

Pero, antes de que intentemos suicidarnos por la depresión de pensar en esto, quiero decirles que sí hay una cosa nueva que podemos hacer bajo el sol. Podemos obtener el nuevo nacimiento. Jesús dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Jn. 3:3). El nuevo nacimiento es lo nuevo que podemos hacer en este mundo para hallar el significado de nuestras vidas. Cuando nacemos de nuevo, podemos hallar el verdadero significado y propósito de esta vida. Aunque este mundo es monótono y vano, a través del nuevo nacimiento podemos entrar en el reino de Dios que es eterno y con propósito, ¡aun viviendo en este mundo! 

Y, ¿cómo podemos nacer de nuevo? Rom. 10:9: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Debemos confesar con nuestras bocas que Jesús es el Señor y creer en nuestro corazón que su muerte puede perdonar nuestros pecados y que su resurrección nos ha dado vida eterna. Cuando hacemos esto, Dios nos hace nuevas criaturas: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2Co. 5:17). Siendo nuevas criaturas por el nuevo nacimiento, empezamos a vivir para el reino de Dios, obedeciendo la Palabra de Dios. Cuando hacemos esto conseguimos el verdadero significado y propósito para nuestras vidas. Aún en medio de la monotonía de este mundo, hallaremos verdadera satisfacción porque viviremos con un propósito.

El rey David, padre de Salomón, al observar el mismo mundo monótono que su hijo, escribió la siguiente canción: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; Y éste, como esposo que sale de su tálamo, se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, Y su curso hasta el término de ellos; Y nada hay que se esconda de su calor. (Sal. 19:1-6)”. Desde el punto de vista del hombre sin Dios ni propósito en este mundo, los ciclos maravillosos que Dios creó son monótonos y fastidiosos. Pero desde el punto de vista del hombre que vive con el propósito de Dios, toda la creación es una muestra del amor y el poder de Dios. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Rom. 1:20).

Un grupo de obreros trabajaba en un gran edificio que estaba tomando muchos años en hacerse. Una persona se acercó a preguntarles cómo se sentían de trabajar allí. Uno de ellos les contestó: “Bueno… es un trabajo muy grande. Llevamos mucho tiempo en esto y todavía falta. Estoy muy cansado. No veo la hora de terminar” Otro dijo: “Es bastante trabajo y muy pesado, pero gracias a Dios tenemos trabajo y puedo alimentar a mi familia”. Y el último dijo: “Estoy muy emocionado de ser parte de esta obra tan maravillosa. Estoy trabajando duramente para terminar de construir este hospital que ayudará a muchos niños sin recursos. Estoy muy emocionado de ser parte de algo tan grande e importante.” La diferencia entre los tres obreros, es que el primero no sabía ni para qué estaba trabajando, así que tenía un punto de vista pesimista de su trabajo. El segundo, pensaba que el único propósito de su trabajo era llevar el alimento a su hogar, pero tenía un punto de vista más positivo. Sin embargo, el último sabía cuál era el propósito de su trabajo y por eso trabajaba con más ánimo. 

Aunque estamos en un mundo monótono y vano. Esta vida no es el propósito sino el medio para prepararnos para la vida eterna. Estamos en este mundo para preparar el reino de Dios, preparándonos a nosotros mismos para vivir en el reino de Dios y trabajando para que otros también puedan alcanzarlo. Ese es el verdadero propósito de la vida. Y mientras no estemos trabajando para este propósito, nunca estaremos realmente satisfechos. Es esta vida podremos encontrar satisfacción pasajera en los placeres, en el trabajo, al obtener nuestro título universitario, al formar una familia, etc. Pero nada de eso durará para siempre. Lo único que dura para siempre es la Palabra de Dios y su reino y a eso debemos aferrarnos y para eso debemos trabajar. 

Yo oro para que cada uno de nosotros deje de buscar su propósito en esta vida y en este mundo. Que entendamos que este mundo es pasajero, monótono y vano. Y que lo único por lo que vale la pena vivir es para el reino de Dios. Que cada uno de nosotros haga las cosas que debemos hacer en este mundo: estudiar, trabajar, formar familias, disfrutar de las cosas de esta vida, pero que lo hagamos para la gloria de Dios y con la mirada puesta en Su Reino. Y que haciendo esto podamos encontrar nuestro propósito en Dios ayudando a convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén.

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