TODO ES VANIDAD DEBAJO DEL SOL

Predicado el día domingo, 11 de julio de 2021

Mensaje del libro de Eclesiastés
Palabra: Eclesiastes 1:1-3
Verso Clave: Eclesiastes 1:2
Serie - Lect: Eclesiastés - Lec 1
Predicado por: Josue Gutierrez
País/Capítulo:   / Ciudad de Panamá
Tipo: Dominical
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Eclesiastés 1:1-3

1:1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
1:3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

VERSÍCULO CLAVE

Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.


Eclesiastés 1:2 (Reina Valera Revisada 1960)

TODO ES VANIDAD DEBAJO DEL SOL


Buenos días. Hoy comenzamos un nuevo viaje a través de un libro de la Biblia: Eclesiastés. Un libro profundo, fascinante y controversial dentro del cristianismo. Y antes de comenzar a hablar de él y de su significado quisiera contarles una corta historia. 

Un curioso niño mira con ilusión la vitrina de una tienda magnífica. Entre todos los artículos fascinantes de la tienda, hay una caja adornada de forma espectacular que decía: “Al abrirla hallarás el significado de la vida”. La caja era el artículo más costoso de la tienda porque había pertenecido a una persona muy sabia y rica, y además nadie sabía cómo abrirla. El muchacho estaba resuelto a adquirir aquella caja porque quería descubrir el significado de la vida. Trabajó arduamente durante muchos años, con mucho sacrificio. Algunos días se sentía cansado y no quería trabajar más, pero pasaba por la tienda, miraba la caja y retomaba las fuerzas y el ánimo para continuar. Al cabo de muchos años, logró reunir el dinero necesario y compró la caja. Pero no sabía cómo abrirla. Pasó muchos años intentando abrir la caja de muchas formas posibles, pero no podía. Finalmente, después de años de intentos fallidos e investigaciones, logró abrir la caja. Removió la tapa con mucha ilusión y cuando vio dentro, la caja estaba vacía.

Vacío, fútil, hueco, nada... palabras que describen los sentimientos de desilusión y desencanto. Esta es la vida que muchos experimentan. Luchan por encontrar la “buena vida”, llena de posesiones, experiencia, poder y placer, y al final hallan una vida vacía y sin significado. Tal desilusión termina en desesperación. Esa fue la misma experiencia del autor del libro de Eclesiastés. Este libro es un análisis de las experiencias de la vida y un ensayo crítico acerca de su significado. Es un viaje mental a través de la vida de su autor, y nos explica cómo todo lo que intentó, examinó y probó era “vanidad” —inútil, irracional, sin sentido, necio y vacío—, un ejercicio de futilidad.  

Pero, a pesar de que el tono de Eclesiastés es negativo y pesimista, no debemos concluir que el único capítulo que vale la pena leer y aplicar es el último en donde el autor vierte sus conclusiones. En realidad, el libro entero está lleno de sabiduría práctica (cómo lograr cosas en el mundo y permanecer fuera de problemas) y sabiduría espiritual (cómo encontrar y conocer los valores eternos). Y eso es lo que vamos a aprender a lo largo de este viaje a través de este libro lleno de sabiduría. Yo oro para que Dios nos bendiga a los largo de estas lecturas y nos ayude a descubrir el verdadero significado y propósito de la vida del hombre. Amén.

I.- El Predicador  (1)

Miren el v.1. El libro de Eclesiastés está clasificado dentro de los libros sapienciales o poéticos en la Biblia cristiana junto con Job, Salmos, Proverbios y Cantar de los Cantares. En estos libros se recoge la sabiduría tradicional de los israelitas y la inspiración que Dios les dio para tratar con los temas esenciales de la vida: El sufrimiento, el amor, los problemas de la vida diaria y la naturaleza del Dios de Israel. En ellos se examinan las preguntas cruciales sobre la vida, cuestiones de la vida práctica diaria, la adoración a Dios y las relaciones con los demás. Así que son libros muy útiles para aplicar en nuestro diario vivir. Sin embargo, también son libros difíciles de leer e interpretar por su lenguaje y las formas que usan, ya que presentan la sabiduría de hace más tres mil años con una filosofía del Medio Oriente. 

El libro de Eclesiastés comienza presentando a su autor en el v.1 como: “el Predicador”. Antes de hablar acerca de la identidad del autor, veamos un poco el significado del título del libro y de esta palabra “Predicador”. Eclesiastés es la transliteración al español de la palabra griega ekklesiastés con la cual se tradujo en la Septuaginta, la traducción griega del AT, la palabra hebrea Cojelét. Tanto Cojelét, en hebreo, como ekklesiastés, en griego, tienen el mismo significado: “uno que llama o congrega” al pueblo, es decir, se refiere al que se dirige a la asamblea. Así que si tradujésemos estas palabras literalmente al español podríamos usar términos como: “Asambleísta”, “orador”. 

Pueden ver que la RVR60 traduce esta palabra como “Predicador”; por su parte, la NVI y la NTV traducen: “Maestro”; y la BLPH simplemente translitera la palabra hebrea: “Cohélet”. Debido a los varios significados que puede tomar esta palabra dependiendo del contexto, es difícil de traducir al español, pues hay que interpretar el contexto en que se encuentra. Cuando la RVR60 traduce “Predicador” está interpretando que hay un hombre que congrega al pueblo para darle un mensaje de Dios. Cuando la NVI y NTV traducen: “Maestro” interpretan que es alguien que ha reunido al pueblo para enseñarles algo. Y aunque el término “Maestro” parece apropiado, yo iría más allá y traduciría “Filósofo” porque el libro de Eclesiastés es básicamente una disertación filosófica acerca de la vida del hombre y de su significado, y la palabra griega ekklesiastés también se aplicaba a los filósofos que reunían a la gente para darles un discurso o disertación. 

Así que Eclesiastés, el título del libro y el título con que se describe su autor, puede significar: “Predicador”, “Maestro”, “Orador” o “Filósofo”. Y de acuerdo a la naturaleza del libro y de su mensaje me inclino por “Filósofo”. Veamos ahora quién es este filósofo y cuál es la tesis que quiere plantear. 

Miren nuevamente el v.1. El Filósofo se presenta aquí como “hijo de David, rey en Jerusalén.” Y nuevamente dice en el v.12: “Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.” Estas referencias como hijo de David, rey en Jerusalén, y las descripciones que hace acerca de sí mismo a lo largo del libro como su gran sabiduría (1:16), sus riquezas (2:7-8), sus actividades de construcción (2:4-6) y su inclinación a los placeres (2:3) apuntan sin duda alguna a Salomón, hijo de David, el último rey del Reino Unido de Israel. 

Salomón es famoso por su gran sabiduría. Esta sabiduría no la adquirió por la educación que le dio su padre, ni por leer muchos libros, sino que Dios mismo se la otorgó como podemos leer en 1R. 4:29: “Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.” Esta sabiduría le fue otorgada cuando Dios se le apareció en sueños una noche y le dijo que pidiese lo que quisiese y Salomón le pidió sabiduría para gobernar al pueblo. A Dios Le agradó su petición y le dijo: “he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.” (1R. 3:12). Así, Salomón se convirtió en el hombre más sabio que ha existido sobre la Tierra. No ha existido ni existirá alguien más sabio que él según las palabras de Dios que acabamos de leer.

Pero, aunque Dios le dio esta gran sabiduría a Salomón, su corazón se desvió del Señor y lo llevó a buscar y experimentar las diferentes formas de satisfacción que ofrece este mundo. Sin embargo, al final de su vida parece arrepentirse de su desvío del camino de Dios y escribió en el libro de Eclesiastés acerca del mundo que él había experimentado, esperando salvar a sus lectores de la amargura de aprender por medio de la experiencia personal que todo lo que está lejos de Dios es vacío, temporal, hueco y sin significado alguno. 

Éste es, pues, el Filósofo, autor de este libro. El sabio rey Salomón. Veamos a continuación cuál es el mensaje principal de este libro y la tesis acerca de la cual disertará.

II.- Vanidad de vanidades, todo es vanidad (2-3)

Miren el v.2. En este versículo podemos encontrar la palabra principal del libro de Eclesiastés: vanidad. Se repite cinco veces en este versículo y 37 veces en total a largo del libro. Esta palabra se encuentra más veces aquí que en cualquier otro libro de la Biblia. Esto nos dice que el propósito del libro es mostrar que todo en esta vida es vanidad, o como dice Salomón: “vanidad de vanidades”, que significa: “la mayor de todas las vanidades”.

La palabra hebrea que se traduce aquí como vanidad es jébel que significa literalmente: “vapor”. Su significado sería entonces algo que tiene la sustancia del vapor o que se disipa rápidamente como éste. Esta palabra es usada por lo menos con tres sentidos o significados diferentes a lo largo del libro. Veámoslos con un poco de detalle. 

Primero, pasajero. Salomón considera la naturaleza transitoria de la vida, semejante al vapor que se disipa rápidamente (Ec. 9:9). Así lo podemos ver interpretado también en Stg. 4:14: “Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” La vida del hombre sobre este mundo es a lo sumo ochenta años, ¿qué esto con respecto a la eternidad? ¡Nada! Como un vapor que se disipa. Es solo un pestañeo. Entonces, ¿por qué nos afanamos solo por disfrutar de este corto período de tiempo? ¿Por qué buscamos acomodarnos tanto en este mundo?

Esta vida es solo un puente hacia nuestro verdadero hogar, el Reino de los Cielos. Solo estamos de paso. Nadie construye su casa sobre un puente, ¿verdad? Ni tampoco nadie va de vacaciones a un puente. Cuando mi familia y yo vamos hacia el interior, siempre estamos fascinados por los puentes sobre el canal: El Puente de Las Américas y el Puente Centenario, que son los únicos dos que hemos transitado. Las niñas toman fotos y observan emocionadas mientras pasamos por el puente. Pero, eso es todo. No nos quedamos en el puente disfrutando. Ese no es el destino, solo el tránsito hacia el verdadero destino. Así es nuestra vida en este mundo. No es el destino. Es el tránsito. Entonces, ¿por qué detenernos tanto a acomodarnos y a disfrutar como si fuese el destino? 

Segundo, fútil o sin propósito. Este significado se enfoca en la condición maldecida del universo y los efectos que tiene sobre la experiencia terrenal del hombre. Podemos ver este significado en Ec. 2:11. Y lo más probable es que Pablo estuviese pensando en esto también cuando escribió: “Porque la creación fue sujetada a vanidad…” (Ro. 8:20). Todo lo que hacemos en este mundo, fuera de Dios, no tiene significado ni valor para la eternidad, no tiene propósito. Y contrasta bastante con la creación de Dios, cuando dice: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.” (Gén. 1:31). Cuando Dios acabó su creación todo cumplía con su propósito. Pero, cuando el hombre introdujo el pecado en el mundo, todo se hizo fútil y sin propósito, toda la creación fue sujeta a vanidad.

¿En qué nos enfocamos en esta vida? ¿En estudiar? ¿De qué nos servirá el título en el reino de Dios? ¿En trabajar? ¿De qué nos servirá el dinero en el reino de Dios? ¿En disfrutar de los placeres de la vida? ¿Cómo nos llevará esto al reino de Dios? ¿En disfrutar con la familia? ¿Nos ayuda esto a alcanzar algo para el reino de Dios? Y no quiero que me malinterpreten, es necesario hacer todo esto también. Es necesario estudiar y obtener un título universitario para alcanzar mejores condiciones laborales. Es necesario trabajar para tener el sustento en este mundo. Es necesario disfrutar sanamente: una película, un viaje, un día de playa, una reunión con los amigos, etc. Y es muy necesario disfrutar de tiempo en familia. Pero, esto no puede ser nuestro enfoque en este mundo. Podemos hacer todas estas cosas, pero nuestro enfoque tiene que ser el reino de Dios. El propio Señor Jesús nos dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mt. 6:33). Y: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mt. 6:19-21). ¡Enfoquémonos en el reino de Dios y hagamos tesoros allá mientras estamos en esta Tierra! 

Tercero, incomprensible o enigmático. Así se consideran las preguntas sin respuesta de la vida, principalmente las respuestas que el hombre no puede alcanzar con sus conocimientos, sino que se encuentran en el alto pensamiento y sabiduría de Dios. Un ejemplo de este significado es Ec. 2:26. ¿Por qué Dios escoge a algunos para darles unas cosas y a otros no? ¿Por qué Dios permite que unos nazcan en pobreza y otros en riqueza? ¿Por qué algunos niños nacen en el Chorrillo y crecen con muchas carencias, y otros nacen en buenas barriadas y tienen más oportunidades? Es vanidad el reflexionar estas cosas. Nunca las vamos a entender. Solo Dios conoce las respuestas a estas preguntas y Él tiene un propósito en todo ello. Así que no malgastemos nuestro tiempo reflexionando en ello y quejándonos contra Dios, sino usemos nuestro tiempo y los dones que Dios en servirle.

Estos son, pues, los tres significados con los que Salomón emplea la palabra jébel, que se traduce como vanidad: algo pasajero; algo fútil o sin propósito; o algo enigmático, incomprensible o sin sentido. Mientras que en cada caso el contexto determinará en cuál significado se está enfocando Salomón, el significado de vanidad que más se repite es este último “incomprensible” o “imposible de conocer”, refiriéndose a los misterios de los propósitos de Dios. Así, este v.2 podría leerse: “El mayor de los sinsentidos, dijo el Filósofo; el mayor de los sinsentidos, todo es sin propósito.”  

Miren ahora el v.3. Como les dije antes, Eclesiastés es la tesis de Salomón. Y este v.3 presenta el problema que él abordará en su tesis: ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? O como traduce la NVI: “¿Qué provecho saca el hombre de tanto afanarse en esta vida?” Pueden ver aquí que el significado de “debajo del sol” es la vida del hombre sobre la Tierra, esto en contraste con la vida eterna o la vida “más allá del sol”, como dice el himno. 

Esta frase “debajo del sol” también es clave, pues se repite unas treinta veces a lo largo de este libro. Y es que el filósofo Salomón está disertando en Eclesiastés acerca del significado de la vida del hombre en este mundo. En su gran sabiduría ha analizado todo el andar del hombre sobre la Tierra, y con su gran poder y riquezas ha experimentado todo lo que el hombre puede hacer en esta Tierra. No existe nadie que pueda analizar mejor toda la experiencia del hombre sobre la Tierra que Salomón, el hombre más sabio que ha existido y existirá, y que tuvo a su alcance experimentarlo todo: Poder, riquezas, fiestas, el placer con las mujeres, el éxito, el trabajo, los estudios, las amistades, etc. Y, ¿cuál fue su conclusión después de experimentar todo aquello? La que nos presenta en el v.2: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.” O, como lo interpreté anteriormente: “El mayor de los sinsentidos, dijo el Filósofo; el mayor de los sinsentidos, todo es sin propósito.” 

Nada de lo que hacemos en esta vida, fuera de Dios, tiene significado o propósito en sí mismo. Todo es vano, vacío o temporal. Ni los estudios, ni el trabajo, ni las fiestas, ni el alcohol, ni las drogas, ni los amigos, ni el placer carnal, ni el poder, ni la fama, ni el éxito en este mundo, ni cualquier entretenimiento. Nada podrá satisfacernos en este mundo. Nada podrá darle sentido a esta vida. Como concluye Salomón en Ec. 12:8: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.” 

Entonces, ¿qué podemos hacer en este mundo que tenga sentido, propósito y que nos satisfaga? Esta es la conclusión final de la tesis de Salomón: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” (Ec. 12:13). Ese el resumen de todo el libro. Es la única esperanza de la buena vida y la única respuesta razonable del hombre, tener fe y obediencia al Dios soberano. Él lleva a cabo de manera satisfactoria todas las actividades debajo del sol, cada una de ellas a su tiempo de acuerdo a su plan perfecto. Aquellos que se niegan a tomar a Dios y a su Palabra seriamente están condenados a una vida vana.

A lo largo del libro de Eclesiastés, Salomón hace un enfoque muy sincero de la vida. Todas sus declaraciones acerca de la vanidad de la vida están ahí con un propósito definido: guiar a la gente a buscar la verdadera felicidad únicamente en Dios. Él no está tratando de destruir toda esperanza, sino de dirigir nuestras esperanzas hacia el único que verdaderamente puede cumplirlas: Dios. A lo largo del libro, Salomón confirma el valor del conocimiento, las relaciones, el trabajo y el placer. Pero todo en su debido lugar y tiempo. Todas estas cosas temporales de la vida deben verse a la luz de lo eterno. 

Eclesiastés nos muestra que ciertos caminos en la vida nos conducen a un vacío. Este libro profundo nos ayudará a descubrir el verdadero propósito de la vida. Dicha sabiduría nos puede salvar de la vacuidad que resulta de una vida sin Dios. Eclesiastés nos enseña que el significado de la vida no se encuentra en el conocimiento, ni en el dinero, ni en el placer, ni en el trabajo, ni en el éxito en este mundo. La verdadera satisfacción surge al saber que lo que estamos haciendo es parte del propósito de Dios en nuestras vidas. Este es un libro que nos puede ayudar a librarnos de la carrera por el poder, la aprobación y el dinero, y puede acercarnos más a Dios. 

Yo oro para que a través de este libro podamos entender que nada en este mundo puede satisfacernos en realidad. Que todo lo que hacemos en este mundo es vanidad, vacío, fútil, sin propósito, temporal. Y que solo podemos hallar valor en esta vida buscando el reino de Dios y su justicia y trabajando para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para la gloria de Dios. Amén. 

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