PAZ, AMOR CON FE Y GRACIA

Predicado el día domingo, 4 de julio de 2021

Mensaje del libro de Efesios
Palabra: Efesios 6:21-24
Verso Clave: Efesios 6:23-24
Serie - Lect: Efesios - Lec 22
Predicado por: Josue Gutierrez
País/Capítulo:   / Ciudad de Panamá
Tipo: Dominical
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Efesios 6:21-24

6:21 Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor,
6:22 el cual envié a vosotros para esto mismo, para que sepáis lo tocante a nosotros, y que consuele vuestros corazones.
6:23 Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo.
6:24 La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén.

VERSÍCULO CLAVE

Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén.


Efesios 6:23-24 (Reina Valera Revisada 1960)

PAZ, AMOR CON FE Y GRACIA


Buenos días. Hoy finalizamos este maravilloso viaje a través de la Epístola a los Efesios. Como les indiqué al principio de este libro, el apóstol Pablo nos ha elevado a las cumbres celestiales, vimos al Padre y a Jesucristo en Su trono, respiramos la atmosfera celestial, y nos ha descendido nuevamente a nuestra realidad para aplicar todo aquello que aprendimos en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Me gozo mucho de haber tenido la oportunidad de meditar profundamente esta carta y oro para que lo que hemos aprendido aquí se quede en nuestros corazones y podamos aplicarlo cada día de nuestras vidas. Amén.

Contrario a la costumbre de Pablo, esta epístola no tiene ningún saludo personal, y esto se explica porque es una encíclica o carta circular para la provincia romana de Asia, como aprendimos en el primer mensaje de esta serie. En lugar de los saludos personales, el apóstol Pablo presenta a Tíquico, el correo o cartero, el hermano que fue encargado para llevar esta carta, y dice que él les haría saber todo lo tocante a Pablo y los que con él estaban. Finalmente, esta epístola concluye casi como comenzó, deseando a los hermanos paz y gracia. Y a estos valores cristianos añade el amor con fe, que veremos en este mensaje que tienen una relación particular entre sí. 

Entonces, hoy aprenderemos la despedida de Pablo en esta carta, quién fue el correo, por qué llevó él esta carta y el deseo de Pablo para los hermanos efesios y para todos aquellos que leyesen esta epístola. Oro para que la paz de Dios sea con nosotros, y que tengamos amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Y que la gracia de Dios sea con cada uno de nosotros. Amén.

I.- Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor  (21-22)

Miren los vv. 21-22. Como les acabo de mencionar, en lugar de sus acostumbrados saludos personales, el apóstol Pablo concluye la Epístola a los Efesios presentando al correo o cartero, es decir al hermano que había sido encargado de llevar esta epístola. Tíquico es un nombre griego que significa “afortunado”. Y vaya que fue una persona afortunada al tener la dicha de servir junto con Pablo, siendo instruido por él. No se sabe mucho acerca de Tíquico sino solo algunas referencias que se hacen acerca de él por Lucas en el libro de Hechos (Hch. 20:4) y por Pablo que lo menciona varias veces en sus cartas (Col. 4:7; 2Tim. 4:12; Tit. 3:12). Pero veamos a continuación qué podemos aprender acerca de este amado hermano y fiel ministro en el Señor. 

Gracias a Hch. 20:4 sabemos que Tíquico era un convertido de Asia Menor, probablemente gentil, por su nombre griego. Y por la forma en que se le menciona junto a Trófimo, puede que sea efesio como él (Hch. 21:29). También Hch. 20:4 nos permite ver que él acompañó a Pablo, junto con los otros hermanos mencionados en esa lista, a llevar la ofrenda para la iglesia en Jerusalén, donde Pablo fue encarcelado. Después de esto, no tenemos más información acerca de Tíquico. Quizás sirvió a Pablo durante todo el tiempo de su prisión, quizás regresó a Asia. Pero, lo que sí sabemos es que Tíquico sirvió a Pablo durante su primer encarcelamiento en Roma, cuando estaba en su casa alquilada, desde donde se escribió y envió esta Epístola a los Efesios. Y quizás estuvo con él desde el principio, pues el propio apóstol dice que Tíquico les haría saber a los hermanos todos sus asuntos y lo que hace (v.21). Así que Tíquico estaba bien informado acerca de la vida y condición de Pablo durante su encarcelamiento en Roma. 

El apóstol Pablo también describe a Tíquico en el v.21 como “hermano amado y fiel ministro en el Señor”. Esto muestra el aprecio que le tenía y cuánto estimaba su servicio para él y para el Señor. El apóstol le tenía tanta confianza que le encargó llevar esta carta a los efesios y también la de Colosenses (Col. 4:7-8). Además, le envió en otras misiones posteriormente. Podemos ver que le envió por segunda vez a Éfeso unos años más tarde (2Tim. 4:12), y probablemente lo haya enviado a Tito a Creta cerca del mismo período (Tit. 3:12). Así que Tíquico era un fiel ministro en el Señor que obedecía y servía fielmente a su Señor, Jesucristo, y a su pastor, Pablo. Yo oro para que Dios levante muchos Tíquico aquí en UBF Panamá que puedan servir fielmente a su Señor y la misión, predicando la Palabra de Dios en la Universidad Nacional, en las otras universidades de Panamá, y adondequiera que el Señor les envíe. Amén.

Miren nuevamente el v.22. Tíquico no solo era un fiel ministro en el Señor sino que tenía el don de la consolación. Tanto aquí como en Col. 4:8 dice que el apóstol Pablo lo envía a los hermanos para que les consuele o conforte sus corazones. Él debía informar a los hermanos cómo se encontraban Pablo y los que con él estaban en medio de esta penosa situación de cárcel. Quizás alguno reportaría: “Ahí están. En la lucha. Ustedes saben. La cárcel no es fácil. Pablo sigue enfermo. Lucas hace lo que puede con lo poco que tenemos. Comemos cuando hay. Pero, por la gracia de Dios ahí estamos.” ¿Cómo se sentirían si les dan semejante reporte? ¿Se consolarían sus corazones? ¡No! Se angustiarían más por Pablo y los suyos. 

Pero, seguramente Tíquico no era así. Él miraría la voluntad y la gloria de Dios en todo ello. Les hablaría a los hermanos de las bendiciones que han recibido de Dios más que de las carencias que pudiesen tener. Tíquico diría: “Pablo está muy bien, gracias a Dios. Está sirviendo con mucho gozo, a pesar de la prisión y las enfermedades. Muchos vienen todos los días y se convierten al Señor. Dios está haciendo cosas maravillosas a través del ministerio. Cada día se añaden más y más ciudadanos al reino. Los discípulos están creciendo por la gracia de Dios. Dios está proveyendo constantemente para todas nuestras necesidades. Muchos hermanos están sirviendo a Pablo y a los discípulos. ¡Aún los soldados escuchan la Palabra y se convierten! Y escuchamos noticias de todos lados de cómo están creciendo las iglesias. Dios es bueno.” ¡Éste sí es un reporte que consuela y conforta los corazones! 

Lamentablemente tengo que reconocer que yo soy más como el primer tipo de persona. Seguramente ya ustedes saben que el ánimo y el consuelo no son exactamente mis puntos más fuertes. Tiendo a ver y hablar las cosas negativas, antes que las positivas. Tiendo a ver más las circunstancias que lo que Dios está haciendo a través de ellas. Dios me ayude a cambiar mi corazón y mis palabras para ser instrumento de consolación y no de tristeza. Que el Señor me dé espíritu de consolación como a Tíquico y que levante muchos siervos de consolación en nuestro ministerio también. Amén.

Doy gracias a Dios por cada uno de ustedes y por lo que el Señor está haciendo en sus vidas. Cada día alabo y glorifico a Dios por lo que está haciendo en sus corazones. Puedo ver cómo el Señor les está ayudando a crecer como discípulos suyos y como colaboradores del ministerio de UBF Panamá. Oro para que cada uno de ustedes, hermanos amados, pueda ser como Tíquico, un fiel ministro en el Señor, que usen sus dones para el servicio del Señor. Y que a través de su servicio Dios siga expandiendo su reino en Panamá. Amén.

II.- La despedida (23-24)

Miren ahora los vv. 23-24. Esta no es la despedida típica de Pablo en sus cartas. Si leen las despedidas del apóstol en sus otras epístolas, van a hallarlas parecidas al v.24, pero notarán que realmente esta despedida de la Epístola a los Efesios es peculiar. Esto tiene, obviamente, una razón. Como les dije en la introducción de este mensaje, esta despedida se parece mucho al saludo y está relacionada con todo el contenido de la carta. Si resumiésemos el mensaje de Efesios en dos palabras, serían precisamente las dos que resaltan en esta despedida: paz y gracia. La bendición de la gracia es la despedida común de Pablo, y más adelante veremos por qué. Pero veamos a continuación por qué Pablo se despide aquí deseándoles a los hermanos paz y amor con fe. 

Miren nuevamente el v.23. Paz sea a los hermanos. La palabra hebrea para paz es shalom. Los hebreos cuando se saludan y se despiden se desean shalom, paz. Pero, esta paz no se refiere a la ausencia de problemas, ni a un estado de completa tranquilidad, sino al bienestar integral de la persona. Los hebreos se saludan y se despiden deseando el bienestar físico, económico y espiritual del otro. Esta es la paz con la que el apóstol Pablo siempre saludaba en sus cartas. Deseaba para los hermanos el bienestar integral que viene de estar en Cristo y de aceptar la voluntad de Dios sobre nuestras vidas. El equivalente actual es cuando nos saludamos o nos despedimos diciendo: “Dios te bendiga”. Eso es lo mejor que podemos desear al hermano: que Dios lo bendiga. Este saludo es muy parecido a shalom. Es desear el bienestar integral de la persona. Que Dios haga su voluntad en su vida y le lleve más cerca de Él. Eso es la bendición.

Sin embargo, al despedirse aquí deseando la paz a los hermanos, el apóstol Pablo nos hace recordar sus palabras en 4:3: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Esta despedida les recuerda a los hermanos que deben hacer todo lo que sea necesario para mantener entre ellos el vínculo de la paz que nos ha dado el Espíritu Santo al derribar la pared intermedia que separaba a judíos y gentiles (2:14-18). Y esta paz, aunque viene del Espíritu Santo, se mantiene con el amor, y por eso su deseo y oración para los hermanos continúa diciendo: “y amor con fe”.

Miren nuevamente el v.23. Aquí hay una construcción particular. El apóstol Pablo está juntando el amor con la fe. Del amor ya hemos hablado antes. Entre todas las palabras griegas para el amor, Pablo ha escogido aquí la palabra ágape, que es el amor incondicional y desinteresado, el amor de Dios. Desea que los hermanos tengamos este tipo de amor los unos con los otros. Que nos amemos como Cristo nos ha amado, y se entregó a sí mismo por nosotros (5:2). Pero ese amor no nace de nosotros mismos. Viene de nuestra fe en Dios. Por eso el apóstol Pablo dice aquí: “amor con fe”. Si realmente tenemos fe en Dios, si realmente creemos en Dios, entonces debemos amarnos unos a otros. En palabras del apóstol Juan: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. […] Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1Jn. 4:16,20) Entonces, si realmente creemos en Dios y le amamos, nos amaremos los unos a los otros. Nos perdonaremos unos a otros. Tendremos amor con fe.

Este “amor con fe”, también podemos interpretarlo como el amor que tenemos por los hermanos con la fe de que Dios está trabajando en sus corazones. Aunque el hermano puede ser difícil de amar por su carácter, o porque me ha hecho daño, o porque no congenia con mi personalidad; tomo la decisión de amarlo y perdonarlo, confiando en que Dios está obrando en él y que crecerá espiritualmente hasta abandonar su conducta pecaminosa que me repele o me hace daño. O, también, decido que voy a amarlo con la fe de que Dios ensanchará mi corazón para amar a todo tipo de persona, incluso a los que me hacen daño. 

Así que, vemos que para amar con el amor de Dios, con el amor ágape, es ciertamente necesaria la fe. Y esto es lo interesante de esta despedida de Pablo. Yo oro para que la paz de Dios sea con nosotros y que tengamos amor con fe, de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Miren nuevamente el v.24. El deseo final de Pablo sí es similar a su despedida habitual. El apóstol siempre se despedía deseando la gracia a los hermanos. No hay nada que nosotros necesitamos más desesperadamente que la gracia de Dios. Es la gracia de Dios la que nos ha abierto la puerta a la salvación. Es la gracia de Dios la que permite que cada día sigan siendo perdonados nuestros pecados. Es la gracia de Dios las que no has llamado para el servicio del Señor. Y es la gracia de Dios la que nos equipa para servirle. Esto es lo que el apóstol Pedro llama: “la multiforme gracia de Dios” (1P. 4:10). En ese pasaje bíblico Pedro nos muestra las múltiples formas que adopta la gracia de servicio, sin embargo el término nos permite definir las múltiples formas que adopta la gracia de Dios en nuestras vidas, como se las acabo de describir: la gracia de salvación, la gracia de santificación, la gracia de llamado al ministerio, y la gracia de servicio, respectivamente.

La gracia de salvación, como lo dice su nombre, es la gracia de Dios que nos ha permitido ser salvos por la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Esta gracia es la misma para todos, “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Ro. 10:13). Este es nuestro contacto inicial con la gracia salvadora de Dios. Aunque, hay que destacar que, el hecho de que estemos vivos, y de que tengamos salud, trabajo, y muchas otras cosas en la vida, antes de aceptar a Jesús como nuestro salvador, es ya de por sí una gracia de Dios. Por eso se podría decir que estamos en contacto con la gracia de Dios, aún antes de aceptar a Jesús como nuestro salvador, solamente que esa gracia no nos lleva a la salvación, sino que pospone la condenación, o nos preserva para la posterior salvación.

La gracia de santificación, es la gracia del perdón que recibimos al pecar después de ser salvos. Aunque Jesús ha perdonado todos nuestros pecados pasados y nos ha limpiado, dándonos la entrada en la salvación, cada día pecamos por nuestra humana debilidad, así que cada día necesitamos que la gracia de Dios nos siga perdonando para poder mantenernos en este camino de salvación. Esta gracia también es igual para todos. No importa cuánto pequemos, Dios nos seguirá perdonando. Pero Dios nos guarde de abusar de la gracia del Señor. 

La gracia del llamado al ministerio sí es diferente para cada creyente, pues Dios ha dado un ministerio a cada uno de nosotros. Y ésta está obviamente relacionada con la gracia del servicio, pues Dios nos da a cada uno un conjunto de dones único que nos equipa para ejercer el ministerio al que Él nos ha llamado. Fíjense cuán grande es la gracia de Dios que no solamente nos ha salvado, y nos perdona cada día nuestros sucios pecados que cometemos contra Él, traicionando su amor, sino que además nos ha llamado a servirle y nos ha equipado con dones para hacerlo. ¡Alabado sea el nombre del Señor por su gracia maravillosa! ¡Aleluya!

Miren nuevamente el v.24. Antes de finalizar, quiero que notemos que Pablo desea la gracia para “todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable.” O quizás se traduciría mejor como: “La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible.” (Nueva Biblia de las Américas, NBLA) O, “Y que la gracia acompañe a cuantos aman a nuestro Señor Jesucristo con un amor indestructible.” (Biblia La Palabra Hispanoamericana, BLPH). Esto quiere decir, que el apóstol Pablo está deseando la gracia de Dios para los que aman a Jesús con un amor que no se oxida ni se marchita con el pasar del tiempo.

Muchos no entienden este versículo porque piensan que el apóstol Pablo está hablando de la gracia salvadora. ¿Es esta gracia para los que aman a Jesús? ¿No la recibimos cuando no amábamos a Jesús? ¿O es que acaso Pablo solo quiere que se salven los que aman a Jesús? Pero, es que esto no se refiere a la gracia salvadora, sino a la gracia de santificación. En otras palabras, Pablo está orando para que Dios continúe perdonando a los hermanos a pesar de sus pecados constantes, y que los continúe perfeccionando hasta el día de Jesucristo. Él está orando para que cada uno de nosotros siga siendo perdonado cada día y que ninguno se desvíe del camino de la salvación.

Yo necesito desesperadamente la gracia de Dios cada día. A diario sigo pecando contra el Señor, incluso con pecados que no debería estar cometiendo siendo pastor. Honestamente, no soy digno de ser misionero, y mi familia tiene una idea de cuánto peco cada día. Pero, entiendo que por la gracia de Dios soy lo que soy. Y su gracia sobreabunda cada día en mi vida. Oro para que Dios me ayude a no seguir traicionándolo con mis hechos, palabras y pensamientos. Y que cuando peque, la gracia de Dios me siga perdonando cada día y me ayude a continuar sirviéndole. Amén.

Así que, hermanos míos amados, no me queda más que darle gracias a Dios por permitirnos este emocionante viaje a través de la Epístola a los Efesios y por hablarnos tan preciosamente a través de su Palabra. Mi oración, como la de Pablo, es que la paz sea con cada uno de nosotros, que podamos mantener entre nosotros el vínculo de la paz que el Espíritu Santo nos ha dado. Que Dios nos conceda el amor con fe, para amarnos unos a otros, así como Cristo nos ha amado y dio su vida por nosotros. Y que la gracia de Dios nos acompañe cada día para hacer su obra en Panamá. Que Dios convierta a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa para Su gloria. Amén.

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